domingo, 28 de febrero de 2021

¿Qué es eso de que China es un «imperialismo pacífico»?; Equipo de Bitácora (M-L), 2021

«Lenin constestaba con sarcasmo a Kautsky:

«Resulta, entonces, que los monopolios en la economía son compatibles con un comportamiento no monopolista, no violento y no anexionista en la política». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Imperialismo fase superior del capitalismo, 1916)

Tras recibir nuestra respuesta –que hacía hincapié en su anacronismo histórico y útil para recordar las archiconocidas tesis leninistas sobre la guerra entre imperialistas– Gouysse pasó a matizar el significado de su efusivo folleto proimperialista. Aún así, su exposición no logra ocultar su nueva forma de pensar:

«Me has entendido mal, camarada: China ya es una potencia imperialista importante, casi dominante. (...) La imperial china es hoy pacífica y tercermundista, y un día será menos pacífica... Si estalla una guerra interimperialista –suicida para Occidente, cuya burguesía, creo, va a convertirse en una burguesía compradora–, los marxistas-leninistas no apoyarán a ninguno de los dos bandos, pero harán todo lo posible para aprovechar las hostilidades para transformar la guerra imperialista en una revolución socialista. Si no estalla una guerra así, China desarrollará su capitalismo a escala mundial durante algunas décadas, con la explotación «pacífica» de numerosos países. Y los marxistas-leninistas tendrán que mostrar a la gente que fue un plan de larga data, lo que hice en 2010 con «El despertar del dragón». (Vincent Gouysse; Facebook, 25 de octubre de 2020)

No creemos que se trate de un malentendido producido por el choque lingüístico; nuestras críticas están basadas en sus obras originales en francés y, además de contar con personas que dominan lo suficiente el idioma, sus frases, desde luego, no dejan lugar a dudas, como tampoco lo hacen sus contestaciones posteriores en inglés o castellano.

Si China es una potencia imperialista –dominante en muchos campos, como demostró en su documentación– y si no habría que apoyarla en una guerra interimperialista con EEUU, ¡perfecto! En esto estamos de acuerdo. Pero, ¿a santo de qué la comparación en su último artículo del campo socialista de 1950 –y la Guerra de Liberación de Corea– con una futura guerra interimperialista entre China y EEUU? Además, ¿a cuento de qué afirmar que, en la futura guerra interimperialista sino-estadounidense, China contará «con todas las naciones que se oponen al colonialismo occidental»? ¿Acaso China es la representante de los pueblos oprimidos? ¿EEUU lo es acaso de los pueblos a los que somete China? Curioso... ¡¿en quién depositará su fe para liberarse del «colonialismo» –neocolonialismo, para ser más rigurosos terminológicamente hablando– los gobiernos de países como Venezuela, que son esquilmados económicamente y dominados políticamente por ambas potencias?! Como se ve, este discurrir es sumamente ridículo. El señor Gouysse se acorrala en sus propias contradicciones que apestan al kautskismo de viejo cuño.

«Los cárteles internacionales muestran hasta qué punto se han desarrollado los monopolios capitalistas y cuál es el objetivo de la lucha entre las distintas asociaciones capitalistas. Esta última circunstancia es la más importante, ella sola nos muestra el sentido histórico-económico de lo que está ocurriendo, pues las formas de la lucha pueden cambiar y cambian constantemente dependiendo de diferentes causas relativamente específicas y pasajeras, pero el fondo de la lucha, su contenido de clase, no puede cambiar mientras existan las clases. Se comprende que los intereses de, por ejemplo, la burguesía alemana, a cuyo bando se ha pasado Kautsky en sus razonamientos teóricos –como veremos más adelante–, dicten la conveniencia de ocultar la esencia de la lucha económica presente –el reparto del mundo–, de subrayar tal o cual forma de dicha lucha. Kautsky comete el mismo error. Y, por supuesto, no se trata sólo de la burguesía alemana, sino de la burguesía mundial. Los capitalistas no se reparten el mundo por su particular maldad, sino porque el grado de concentración alcanzado les obliga a seguir por ese camino para obtener beneficios; y se lo reparten «proporcionalmente al capital», «proporcionalmente a la fuerza», porque otro procedimiento de reparto es imposible en el sistema de la producción mercantil y del capitalismo. Pero la fuerza varía de acuerdo al grado de desarrollo económico y político. Para comprender lo que está ocurriendo es necesario saber qué cuestiones se resuelven con los cambios de fuerzas. Pero saber si dichos cambios son «puramente» económicos o no económicos –por ejemplo, militares– es algo secundario que no puede hacer variar en nada la concepción fundamental de la época actual del capitalismo. Sustituir el fondo de la lucha y de los acuerdos entre las asociaciones capitalistas por la forma de esa lucha y de esos acuerdos –hoy pacífica, mañana belicosa, pasado mañana otra vez belicosa– significa rebajarse al nivel de un sofista». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Imperialismo fase superior del capitalismo, 1916)

Nos insistía también en que:

«[China] No busca un papel hegemónico, en el sentido militar». (Vincent Gouysse; El despertar del dragón, 2010)

¡Vaya! Cuánto se parecen esas declaraciones a lo que nos cuentan nuestros revisionistas prochinos:

«Cuáles son los «otros imperialismos» que compiten con este? Como latinoamericano preguntaría a los cultores de la teoría de la «pluralidad de imperialismos» que por favor me digan cuantas bases militares tienen rusos y chinos en América Latina y el Caribe». (Atilio A. Boron; Las izquierdas en la crisis del imperio, 2016)

«En este contexto, dijo [José Luis] Centella, cobran el máximo valor las propuestas de coexistencia pacífica planteadas por China desde sus inicios y ahora puestas en valor por el presidente Xi Jinping». (Xinhua Español; Entrevista: China tendrá papel importante en nueva etapa histórica, dice presidente Partido Comunista de España, 2019) 

¿Quién se puede creer esto? Solo un necio. Lo cierto es que China en sus aspiraciones por convertirse en una potencia imperialista, primero regional y luego mundial, ejerció diversas intervenciones militares a mediados del siglo XX y financió conflictos armados en los sucesos ya mencionados:

«Un ejemplo de cómo interviene China es el Zaire, donde domina la camarilla más sangrienta y más rica del continente africano acaudillada por Mobutu. En los últimos combates que se desarrollaron en el Zaire, acudieron inmediatamente en ayuda de Mobutu, asesino de Patricio Lumumba, los marroquíes del reino jerifiano de Marruecos, acudió la aviación francesa, acudió asimismo China. La ayuda dada por los franceses es comprensible, porque con su intervención defienden las concesiones y los consorcios que poseen en Katanga, a la vez que defienden a sus gentes, así como a Mobutu y su camarilla. Pero los revisionistas chinos ¿qué buscan en Katanga? ¿A quién asisten? ¿Acaso auxilian al pueblo del Zaire oprimido por Mobutu, por su camarilla y por los concesionarios franceses, belgas, norteamericanos y otros? ¿No será que también ellos ayudan a la sangrienta camarilla de Mobutu? El hecho es que la dirección revisionista china socorre a esta camarilla no de manera indirecta, sino muy abiertamente. Para que esta ayuda sea más concreta y ostensible, mandó allí al ministro de Asuntos Exteriores Juan-Jua, envió expertos militares, asistencia militar y económica, actuando así de manera antimarxista, antirrevolucionaria. Su intervención tiene las mismas características que las del rey Hassán de Marruecos y las de Francia. (...) China asume la defensa de los diversos dictadores que dominan a los pueblos y que con todos los medios a su alcance, incluido el terror, reprimen los esfuerzos de los revolucionarios, del proletariado y de los partidos marxista-leninistas por la liberación nacional y social. Con estas posturas ha tomado el camino de la contrarrevolución. Disfrazándose con el marxismo-leninismo, trata de hacer ver que supuestamente exporta a los diversos países la idea de la revolución, pero de hecho está exportando la idea de la contrarrevolución. Con esto ayuda al imperialismo norteamericano y a las camarillas fascistas en el poder». (Enver Hoxha; Imperialismo y revolución, 1978)

Nadie que haya leído esta obra puede afirmar que China era –o es– un apoyo para los pueblos. Ejemplos no nos faltan, podemos hablar de sus operaciones conjuntas con los Estados Unidos en Angola y Afganistán, o de su actual presencia en Ladakh –de la que hablaremos más adelante–, pero nos conformamos con este ejemplo del «internacionalismo de China» en los años 80, cuando apoyó a la junta militar proestadounidense en El Salvador:

«El gran levantamiento de la lucha del pueblo del El Salvador contra la dominación antipopiular instalada por la junta por parte del imperialismo estadounidense se intensifica cada día que pasa. (…) El 14 de abril de 1980, la edición de Pekín Informa, los revisionistas chinos niegan completamente la naturaleza del golpe de octubre de 1979. En cambio, escribieron que se estableció una nueva junta en el El Salvador a la cual «Estados Unidos dio la bienvenida», desde que ella prometió la «permisión de la existencia de varios partidos, el respeto a la libertad de expresión y llevar a cabo reformas económicas y sociales». ¡Qué conmovedor! El sangriento imperialismo estadounidense, potencia que durante 43 años ha colaborado con las clases reaccionarias salvaderñas para oprimir despiadadamente y explotar a las masas trabajadoras es «bienvenido» porque la junta prometió llevar a cabo «reformas». Esta encantadora línea, que viene de los campeones del «tercer mundo», es exactamente la línea con la que Carter trató de engañar a la gente. Estados Unidos instaló esa junta porque era la única oportunidad de mantener su dominación en El Salvador contra la creciente marea de lucha genuina por su independencia. (…) Una vez embelleció y cubrió el rol del imperialismo estadounidense, luego Pekín Informa habló rápido sobre por qué la junta no había realizado sus «reformas económicas y sociales», y porque, sin embargo, continúa atacando salvajemente al pueblo. Ellos escriben, «Paralizados por el ala derecha de las fuerzas del ejército», sin embargo, la junta «cumplió sus promesas» (¡) También, ellos dijeron «las organizaciones armadas antigubernamentales» ocuparon edificios, etc. dificultando llevar a término esas reformas. ¡Que relato fantástico! ¡La junta habría llevado a cabo las reformas   si no hubiera estado «paralizada» por el ala derecha del ejército y la lucha del pueblo! En realidad, este régimen ha estado trabajando para eliminar a cualquiera que alzase la voz contra el ala derecha fascista. La presente junta no ha tenido nunca más interés en cumplir sus promesas que cualquier otro títere del imperialismo estadounidense». (The Worker’s Advocate Vol. 10, No. 4, 10 de julio de 1980)

Si China realizaba esta labor cuando apenas era una potencia regional en ascenso, imaginemos a qué se ha dedicado desde que entonces que ocupa su trono entre las potencias mundiales. 

Hablemos del conflicto en Darfur, al suroeste de Sudán, donde China ya «enseñó músculo» frente al resto de potencias competidoras:

«El conflicto armado desatado en Sudán del Sur en 2013 supuso un cambio de rumbo: por primera vez, China lideró las negociaciones diplomáticas para pactar un alto al fuego y participó en el despliegue de tropas en el continente. Ni siquiera la muerte de dos soldados rebajó el compromiso con la misión de paz.

De hecho, mientras Europa y Estados Unidos insisten en su política aislacionista, China ha multiplicado por 25 el número de efectivos en las operaciones de paz, el 75% de las cuales están en África, y es ya el miembro permanente del Consejo de seguridad que más cascos azules aporta y el décimo segundo entre todos los países del mundo. Sin sus tropas, misiones como las de Malí o Sudán del Sur serían insostenibles.

Un parapeto humanitario que permite justificar sus actuaciones en el continente. A las operaciones clandestinas, apoyando movimientos insurgentes en Chad a principios de los 2000 o regímenes amigos en Uganda o Zimbabue, se ha sumado en los últimos años su papel como suministrador de armamento. Desde 2016, China es ya el principal exportador de material bélico en África Subsahariana, con el 27% de las exportaciones: según el Instituto Español de Estudios Estratégicos, 35 países africanos, el 68%, emplean equipamiento militar chino, que cuenta con tres plantas de producción de armas ligeras en Sudán, y fábricas de munición en Zimbabue y Malí». (Gara; De la deuda trampa al expansionismo militar, 22 de abril de 2019)

Gouysse denunció la injerencia y el apoyo político, económico y militar de China a estos regímenes y guerras reaccionarias:

«En Sudán, el petróleo descubierto en la década de 1970 no comenzó a explotarse allí hasta finales de la década de 1990, época en la cual las ambiciones internacionales del joven imperialismo chino exigían la conquista de nuevas fuentes de suministro de productos energéticos y mineros. (...) China y Rusia han apoyado financiera y materialmente al gobierno central sudanés, el cual apoyó o al menos permitió actuar a las milicias árabes en este conflicto. Sí, ¡pero no es de extrañar que el imperialismo chino proteja las decenas de miles de millones de yuanes de inversión que ha realizado en Sudán. En 2006, 13 de las 15 mayores empresas extranjeras que operaban en Sudán eran chinas. En 2007, las exportaciones de petróleo suministraron a Sudán más del 90% de su superávit comercial y el 83% del petróleo exportado se destinó a China, lo que representa el 8% de sus importaciones de petróleo. (...) He aquí un discurso al que acostumbran las potencias imperialistas para justificar su control sobre sus áreas de influencia exclusiva: «ayudamos a los países que explotamos a progresar». ¡Pero los pueblos han experimentado durante más de un siglo el tipo de desarrollo que puede traer el dominio de los países imperialistas sobre los países dependientes! ¡Y qué decir de los resultados de este desarrollo capitalista semicolonial cuando varias comunidades se reagrupan en el seno de un mismo estado! Hablar del desarrollo de Sudán en general es negar la existencia de fuertes contradicciones internas inducidas por tendencias separatistas en la periferia y por el resentimiento de las poblaciones africanas negras hacia los antiguos traficantes de esclavos [negreros] y los grandes terratenientes árabes. También es negar el hecho de que el poder económico y político está en manos de una burguesía compradora reclutada entre la comunidad árabe sudanesa. Son estas contradicciones las que los imperialistas instrumentalizan para servir a sus intereses. En este conflicto interimperialista «latente», donde dos potencias imperialistas se oponen por grupos étnicos interpuestos, son obviamente las masas populares sudanesas las que han pagado un alto precio y soportan el peso de la guerra que libran dos burguesías imperialistas en competencia para averiguar cuál logrará colocar sus peones burgueses-compradores y, por lo tanto, quién se beneficiará del saqueo de las riquezas de Sudán. (...) A pesar de las reiteradas presiones internacionales de Estados Unidos y sus aliados para denunciar la complicidad china en el éxodo y el «genocidio» de las poblaciones africanas negras de Darfur, el imperialismo chino no ha dejado nunca de apoyar al gobierno central sudanés y en 2008 parecía estar en una posición sólida para ganar este pulso. (...) Al final, lo que hay que recordar es que, en Darfur, el imperialismo estadounidense y sus aliados como bomberos pirómanos que habrían rociado de gasolina una llama y luego vendrían a actuar como salvadores en el momento de apagar el incendio- no han sido menos culpables que el imperialismo chino por la violencia cometida desde el inicio de las hostilidades. (...) El desarrollo del capitalismo suscita rivalidades entre naciones y entre comunidades de diferentes orígenes en un mismo territorio. La tarea de los comunistas es la de no permitir que la burguesía dé, a conflictos que deberían ser guerras de clases que oponen la minoría explotadora a la mayoría explotada, las formas de «guerras de razas», «de naciones» o «de civilizaciones». oponiendo a la minoría explotadora a las masas. explotado. Los marxista-leninistas no deben permitir que la burguesía incite a las masas explotadas a matarse entre ellas mismas en nombre de los intereses de tal o cual camarilla burguesa». (Vincent Gouysse; Imperialismo y antiimperialismo, 2007)

El nuevo Gouysse, pues, ha decidido dejar de lado deliberadamente la realidad como la teoría leninista sobre el imperialismo. Si reconocemos que la burguesía china alcanzó el estadio monopolista en el sentido imperialista hace décadas, ¿qué otra política puede tener entonces si no una agresiva –más allá de que esta conduzca finalmente o no a la guerra abierta en cada caso concreto–? ¿Acaso cree que Rusia, Francia o los EEUU resuelven todos sus conflictos con por la vía militar, o que están en disposición de hacerlo cuando les venga en gana? Esto es muestra de una flagrante incomprensión de la geopolítica y los tempos de la diplomacia burguesa.

Para empezar, el actual peso comercial de China en el mundo capitalista es harto evidente, y esto le reporta una capacidad de influencia enorme sobre el resto de países:

«Como ejemplo, los dos mapas que acompañan esta información. Según datos de la OMC y el Fondo Monetario Internacional (FMI), el país asiático le ha dado la vuelta en dos décadas a todo el globo. En 2000, Estados Unidos era el primer exportador mundial y estaba por encima de China en la mayoría de países. Entonces, éste último solo «ganaba» a su rival norteamericano en regiones como Cuba, Paraguay, ciertos países africanos y el sudeste asiático. Ya entonces se estaba gestando su hegemonía pero no alcanzaba el nivel de 2019. Ahora, EE.UU. ha perdido toda África salvo dos países, también toda Asia, solo conserva Francia, Reino Unido, Canadá y México de entre grandes potencias y América Latina está en proceso de «conversión» hacia China. Los asiáticos han batido a Estados Unidos a golpe de exportación. Acoso y derribo para introducir sus productos baratos, subvencionados. Y también para atraer tejido empresarial a su país. La llamada deslocalización, es decir, que las compañías multinacionales se instalen en su región para fabricar más barato y en condiciones laborales inferiores a Occidente». (ABC; China, la fábrica del mundo que factura 78.852 dólares al segundo, 23 de diciembre de 2019)

El parasitismo y la especulación del imperio chino a través de la inversión de capital también es algo que se hace notar fuertemente:

«El gobierno chino atribuye este crecimiento de la demanda de IED chinas en el exterior a: 1) la recuperación económica y los procesos de industrialización en el mundo; 2) la capacidad de China –que es segunda economía del mundo, primera en comercio de bienes y en reservas internacionales); 3) la política de inversiones, como el proyecto «un cinturón, un camino», conocida como nueva Ruta de la Seda; 4) la iniciativa de las empresas a salir al exterior, para utilizar el mercado y los recursos internacionales en pos de sus beneficios, debido a la restructuración interna de la economía china (17).  En cuanto a la distribución regional, Asia absorbió 74,4% del total de la IED china, seguida por América Latina y el Caribe (8,6%) y América del Norte –Estados Unidos y Canadá– con 7,4% de la IED china en el mundo. En este ámbito, la novedad ha sido la caída de las inversiones chinas en Europa, representando sólo 4,9% del total. En comparación con el año 2014, las IED chinas hacia el continente asiático creció 27,5%; mientras que hacia Europa decreció 34,3% (18). El 50,4 por ciento de las IED chinas es realizada por Empresas de Propiedad Estatal; mientras que el restante 49,6 por ciento a través de otras distintas formas de empresas. El flujo de las IED chinas en ALC se caracteriza por seguir concentrado en paraísos fiscales. (...) En 2015, las IED chinas hacia ALC fueron dirigidas principalmente al sector de servicios de leasing y negocios (47,7%); servicios financieros (18,3%); minería (9.6%) y comercio mayorista y minorista (7,6 %) (20)». (Eduardo Daniel Oviedo; Inversiones de China, Corea y Japón en Argentina. Análisis general y estudio de casos, 2017)

¿Qué política económica practica china entonces? ¡La misma que el imperialismo británico aplicaba en 1914!:

«Hay que hacer empero una tajante distinción entre las operaciones financieras y el simple intercambio de mercancías. El comercio que se basa en un completo sistema de crédito es mucho más provechoso para las clases inversoras que el simple intercambio entre naciones que se hallan a un mismo nivel de desarrollo económico. Si enviamos a Francia carbón galés y obtenemos a cambio flores artificiales, el capital rinde un doble beneficio: el beneficio de los propietarios ingleses de las minas de carbón y el beneficio de los explotadores franceses. Pero si prestamos dinero a Argentina, con el que este país nos compra raíles de acero y después exporta carne para vendérnosla a fin de poder amortizar los intereses del empréstito, el beneficio del capital será triple: el beneficio de la industria del acero inglesa, el beneficio del comercio argentino de carnes y el beneficio de los banqueros e inversores ingleses. Este tercer beneficio es el más apreciado por nuestra clase social ociosa, y el objetivo del imperialismo es desarrollar el tipo de comercio que requiere esta base crediticia, es decir, el comercio con naciones deudoras más débiles». (Henry Noel Brailsford; La guerra del acero y del oro, 1914)

Entonces, si aceptamos que en nuestra época:

«La exportación del capital, como fenómeno particularmente característico a diferencia de la exportación de mercancías bajo el capitalismo no monopolista, guarda estrecha relación con el reparto económico y político-territorial del mundo». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; El imperialismo y la escisión del socialismo, 1916)

De esto se deriva que:

«El imperialismo es el dominio del capital financiero de un pequeño grupo de países sobre el resto del mundo. Por esta causa, con el crecimiento de la capa de rentistas, los países imperialistas se transforman en estados rentistas parasitarios, que dominan y explotan a los otros países y que extraen superbeneficios fabulosos de las colonias y de las semicolonias». (Luis Segal; Principios de economía política, 1940)

Si sumamos lo anterior a la índole de las «mejoras» que el «ejército chino ha sufrido» –de las cuales hemos hecho un brevísimo esbozo–, ¿realmente el nuevo Gouysse y sus compañeros prochinos piensan que este ejército es un cuerpo de «defensa y paz», como dice Pekín? ¿No son capaces de darse cuenta de que las fuerzas armadas chinas no son más que otra baza para chantajear otras naciones o que, llegado el momento, China, en caso que lo necesite, usará de –nuevo– sus fuerzas armadas para proteger su comercio e inversiones? Gouysse ignora el pasado afirmando en el presente que estas agresiones –las más abiertas, que incluyen una guerra a gran escala–, solo ocurrirán en «un futuro». Así se consolida como cómplice de las fechorías de Pekín.

El problema de Vincent Gouysse no sólo radica en su incomprensión de la dinámica del imperialismo, sino que ahora ignora adrede toda la historia de China, caracterizándola como un imperialismo que se ha formado y discurre de «forma pacífica»:

«Hoy en día, las personas y los trabajadores oprimidos solo pueden ver más favorablemente el surgimiento pacífico del imperialismo chino frente a la persecución de políticas reaccionarias». (Vincent Gouysse; China «comunista»: mitos y hechos principales, ¡de Mao a Xi, 2020)

Esto es algo que los revisionistas de las cuatro esquinas del globo sostienen, siendo la única diferencia en sus postulados la gradación de su caracterización de China. Unos consideran que China «es un país socialista e internacionalista», otros solo lo consideran «un país capitalista pero antiimperialista», y otros que «es una potencia imperialista alternativa a otras potencias más agresivas». Como decíamos, a distintos grados de oportunismo, distintas tesis: 

«Hoy, todavía existe el riesgo de que la agitación contrarrevolucionaria vuelva a empezar y todavía existe el peligro de que la línea revisionista y procapitalista se haga con la dirección del Partido Comunista de China». (Ludo Martens; De Tian'anmen a Timișoara, 1994)

«Visto desde este punto, los errores y desviaciones actuales chinas, a pesar de la gravedad que han alcanzado, han sido un mal menor, un riesgo calculado que corren conscientemente los chinos con el fin de evitar otros males mayores». (Partido Comunista de España (reconstituido); Temas de formación marxista-leninista, 1989)

«Declarar a China como enemigo imperialista contradice todos los hechos objetivos». (Red Roja; Nº18, junio de 2019)

«Ahora, desde la concepción leninista, China es una potencia imperialista, acomete el imperialismo contra otros países. La única característica que China no posee con respecto a la ideología del imperialismo es la agresividad militarcolonial que Lenin endilgaba a esos países. Por ello, por su no militarización y lo «amistoso» de los convenios, y la no «injerencia en las políticas internas». (Manuel Sutherland; Comentarios, 15 de febrero de 2015)

¿Qué responder a todo esto?:

«En nuestros días, es todavía más criminal salir con estas excusas sobre China, cuando es un país socialimperialista que ha iniciado guerras de castigo contra terceros, cuyo irredentismo se manifiesta en la forma de constantes reivindicaciones territoriales –choques fronterizos incluidos–, un discurso chovinista y expansionista, operaciones de chantaje y soborno a las camarillas de los países neocoloniales y asentamiento de bases militares en el extranjero; esto sin olvidar que es uno de los mayores inversores de capital del mundo, especialmente en los países africanos y latinoamericanos». (Equipo de Bitácora (M-L); Estudio histórico sobre los bandazos oportunistas del PCE (r) y las prácticas terroristas de los GRAPO, 2017)

Volviendo al tema que nos concierne, afirmar que China es un imperialismo «pacífico»... es una broma de mal gusto. Significa desnaturalizar la esencia del imperialismo capitalista, ¡además es mentir a los pueblos sobre la historia reciente del país!:

«Nuestro amigo revisionista, el señor Sutherland, en su osada ignorancia dice que «China no se mete en asuntos internacionales», que no ejerce un papel agresivo en su política exterior. La invasión del Tíbet en 1950, la guerra sino-india de 1962 por reivindicaciones territoriales, las propias reivindicaciones territoriales de Mao Zedong sobre Mongolia exterior cargando la culpa una vez más a Stalin, el apoyo a guerrillas proestadunidenses como el UNITA en Angola, a Mobutu en el Zayre, los créditos dados a Pinochet en 1974, el apoyo político-económico a los maoístas camboyanos, los «Jemeres Rojos», tanto durante su mandato como después junto con la CIA para contrarrestar la influencia del Vietnam favorable al socialimperialismo soviético. Las entrevistas entre Mao Zedong y Kissinger preguntando sobre la ayuda estadounidense en caso de una próxima guerra con la Unión Soviética. Sin olvidar los comentarios belicistas de los líderes chinos durante la década de los 70 clamando por una guerra de Europa y Estados Unidos contra la Unión Soviética sin sonrojo alguno. Las advertencias a los países de la OTAN para reforzarse militarmente e integrar a España y Portugal en la Comunidad Económica Europea de cara a la ya mencionada guerra contra la Unión Soviética en Europa. La intervención china de Vietnam en 1979, guerra que fue calificada por el líder revisionista chino Deng Xiaoping simplemente como una «guerra de castigo» contra los vietnamitas por haber derribado a su socio Polt Pot en Camboya. Podríamos continuar con los ejemplos [de los esfuerzos de China por «mantener la paz y los intereses progresistas de los pueblos»], pero lo estimamos innecesario dados los ya mencionados; es un hecho pues que la historia nos demuestra sin lugar a duda que la China revisionista no ha sido precisamente un país pacífico de no injerencia sino todo lo contrario». (Equipo de Bitácora (M-L); Las perlas antileninistas del economista burgués Manuel Shuterland; Una exposición de la vigencia de las tesis leninista sobre el imperialismo, 2018)

No solo eso, sino que bajo la infame teoría de los «tres mundos», China se dedicó durante décadas a azuzar a los gobiernos capitalistas del bloque de los EEUU para que atacasen al bloque de la URSS –importándole bien poco que sería el proletariado el encargado de pagar los platos rotos–:

«Cuando la Alemania de Guillermo II atacó a Francia e Inglaterra, la II Internacional llamó a la «defensa de la patria» burguesa tanto por parte de los socialistas alemanes como de los franceses, a pesar del carácter imperialista de la guerra que libraban las dos partes. Es sabido cómo Lenin condenó esta actitud y lo que dijo contra las guerras imperialistas y acerca de su transformación en guerras civiles. Hoy los chinos, cuando se pronuncian por la defensa de la «Europa Unida», actúan del mismo modo que la II Internacional. Instigan la futura guerra nuclear que las dos superpotencias quieren desatar, y a pesar de que esta guerra entre las dos superpotencias sólo puede tener un carácter imperialista, hacen llamamientos «patrióticos» a los pueblos de Europa Occidental y a su proletariado, para que dejen de lado las «pequeñas cosas» que los oponen a la burguesía –y estas «pequeñas cosas» son la opresión, el hambre, las huelgas, los asesinatos, el paro forzoso, la salvaguardia del poder burgués– y se unan con la OTAN, con la «Europa Unida», con el Mercado Común Europeo de la gran burguesía de los consorcios, y combatan a la Unión Soviética, es decir, les llaman a convertirse en carne de cañón al servicio de la burguesía. ¡Ni la propaganda de la II Internacional lo hubiera hecho mejor! Pero la dirección china, ¿qué aconseja que hagan los pueblos de la Unión Soviética y de los otros países revisionistas miembros del Tratado de Varsovia y del COMECON? ¡Nada! Con su silencio les dice: «¡Permanezcan donde están, luchen y derramen su sangre por la sanguinaria camarilla del Kremlin!». ¡¿Se trata de una actitud leninista?! ¡No! Esta línea del Partido Comunista de China es antiproletaria, belicista. Los chinos no están porque se haga una lucha en los dos flancos, contra las dos superpotencias imperialistas, a fin de frustrar sus planes de guerra de rapiña; no quieren que se trabaje para hacer que, si la guerra estalla, se transforme en una guerra civil, en una guerra justa. Nosotros nos atenemos precisamente a esta enseñanza leninista, por eso los chinos nos acusan de que, supuestamente, ¡¡nos hacemos ilusiones sobre la paz y llevamos agua al molino de los soviéticos!!». (Enver Hoxha; Los revisionistas chinos atacan por la espalda al Partido del Trabajo de Albania; Reflexiones sobre China: Tomo II, 8 de enero de 1977)

Si el lector quiere más información, le instamos a que vuelva a consultar las fuentes disponibles. Véase nuestro capítulo: «La de los «tres mundos» y la política exterior contrarrevolucionaria de Mao» de 2017.

Durante las últimas décadas, la «afable» China ha empezado a colocar bases militares fuera de su territorio –Yobuti, sus planes en Pakistán, El Salvador–, la presencia económica y sus chantajes Camerún, Afganistán, Corea del Norte, Vietnam–, reivindicaciones territoriales –Japón, India– y la explotación de recursos en contra del medioambiente –Bolivia, Nicaragua–. Con tal de no extender esta obra en demasía, instamos a que el lector repase una a una estas cuestiones, si así lo desea, en la documentación pertinente. Véase nuestro capítulo: «China como un «país pacífico que no se mete en asuntos externos» de 2018.

Las tesis de Gouysse sobre China entrañan otra contradicción antimarxista: creer que un país capitalista, en la era de los monopolios, puede establecerse como potencia imperialista sin «conflictos» –esto es, de forma pacífica–. 

Para comprender cómo se formó el capitalismo en cualquier país, instamos a Gouysse a recapitular y leer el capítulo «La llamada acumulación originaria» de la obra de Marx «El capital» de 1867; la obra de Lenin «Imperialismo fase superior del capitalismo» de 1916; la obra de Joan Comorera: «La nación en una nueva etapa histórica» de 1944; y la obra de Enver Hoxha «Imperialismo y revolución» de 1978. Decimos esto ya que parece haber olvidado –si es que ha llegado a conocer– ciertas leyes socio-económicas del capitalismo. Claro que él aludirá a que el «imperialismo chino progresista» tiene ciertas «particularidades» –¡ay, las benditas particularidades!– que hacen que se formase «pacíficamente». Bien, le instamos entonces a que repase en qué descansa la explotación interna y externa de la actual China con un poco de información. 

Véase nuestro capítulo: «China como un «país pacífico que no se mete en asuntos externos» de 2018.

Véase el capítulo: «La política socialimperialista de los gobernantes chinos no es casual, es un reflejo de su política opresiva y explotadora en el interior» de 2018.

Es importante aclarar esto, ya que: 

«Es fundamentalmente erróneo, antimarxista y anticientífico, separar «la política exterior» de la política en general, ni qué hablar de oponer la política exterior a la interior. Tanto en política exterior como interior, el imperialismo tiende hacia la violación de la democracia, hacia la reacción». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Una caricatura del marxismo y el economicismo imperialista, 1916)

Todas estas actitudes de la China actual que se recogen en nuestros documentos pueden parecer pacíficas a ojos de quien cree que las únicas guerras y tensiones que genera el imperialismo son las invasiones a gran escala, pero Lenin ya explicó que uno de los rasgos distintivos del imperialismo contemporáneo que permitía diferenciarlo del antiguo colonialismo de la Edad Moderna, era el que la invasión financiera hubiese ganado importancia como método de dominación, reduciendo la prominencia de las costosas operaciones militares –otrora el método de subyugación predilecto–. Estas ahora sólo tienen lugar cuando falla el método de la guerra comercial –entre otras vías–.

China no ha necesitado plagar el globo de bases militares para dominar gran parte de la economía actual, ya que, recordemos:

«El conocimiento exacto del reparto físico de la tierra no es suficiente. No nos revela el secreto del poder monopolista. Italia por ejemplo, poseía extensas colonias y a la vez era un país dependiente, en gran medida, del capital monopolista internacional. La característica esencial del capitalismo monopolista no es la exportación de mercancías, sino de capital, convertirse en un rentista tacaño, de ahí la ley leninista de la descomposición y parasitismo progresivo del capital–. Por lo tanto, hay que establecer, con la mayor exactitud posible, el reparto económico del mundo, el cual no corresponde [muchas veces] al reparto físico». (Joan Comorera; La nación en una nueva etapa histórica, 1944)

El caso de las recientes tensiones comerciales entre China y Australia –por poner un ejemplo de cientos– son una viva imagen de esta tesis del leninismo. Para situarnos en contexto: Australia es, quizás, uno de los países del mundo cuya economía muestra una mayor dependencia de China. Australia exportaba productos a China bajo unas condiciones tan favorables que viraron la política comercial de la isla, alejándola de las manos de socios como Japón, Europa, EE.UU., etc. para caer en una relación casi monógama con quienes les ofrecían las mayores ventajas: el gigante asiático. Esto no significa que China haya tenido un aliado apacible:

«En los últimos tiempos, Canberra ha expresado su preocupación por los derechos humanos en Xinjiang y Hong Kong, ha prohibido a la empresa china Huawei construir la red 5G de Australia y ha debatido las acusaciones de que Pekín interfiere en los asuntos internos. Esta fricción no es exclusiva de Australia. Canadá, Japón y Corea del Sur, entre otros, han experimentado un retroceso económico de China, supuestamente por razones políticas. Pero la dependencia económica de Australia de China es mayor que la de muchas naciones. Durante la última década, China ha sido el mayor socio comercial de Australia y ahora representa el 32,6% de sus exportaciones». (BBC; China impone un arancel del 80% a la cebada australiana durante los próximos cinco años en medio del impulso global para la investigación del coronavirus, 17 de junio de 2020)

Este mismo año 2020, Australia criticó el papel de China en la contención de la pandemia de coronavirus, a lo que China –que, como gigante imperialista, no puede tolerar el daño a su marca comercial– respondió de forma brusca: imponiendo una tarifa del 80% a la cebada proveniente de Australia, encareciéndola en el mercado a casi el doble de su precio y causando que los compradores viraran hacia los productos de otros países, anulando las ventas de cebada australiana –su tercer producto más exportado y un pilar de sus finanzas– e instaurando el reino del terror en el corazón de Oceanía. 

Tampoco nadie en su sano juicio dirá que China carece de planes belicistas. ¿A qué se debe, entonces, su novísima y flamante reestructuración del mal llamado Ejército de Liberación Popular (ELP)? ¿A la autodefensa frente al malvado imperialismo? Su doctrina militar de combate anfibia, altamente ofensiva, la reestructuración de sus secciones, la compra de armamento de características puramente ofensivas nos dice como son las cosas. Aquí el lector comprenderá que cuatro soldados dotados de armas antitanque, antiaéreas y una gran cantidad de explosivos, es decir, una gran capacidad de destrucción del entorno, no son indicador de una revisión de las fuerzas armadas que se sostenga sobre una doctrina defensiva.

De modo que el imperialismo chino no es, ni mucho menos, pacífico. Pero sus defensores más afanados –que no dudarían en discurrir durante horas sobre las virtudes pacifistas de Xi Jinping y Huawei– no dudan en desterrar este discurso de la paloma y la ramita de olivo para llenarse el pecho de orgullo cuando nos ilustran sobre la magnanimidad del Ejército Chino:

«Arriba [en la imagen], dos aviones no tripulados de reconocimiento supersónicos WZ-8 presentados durante el desfile militar para conmemorar el 70 aniversario de la independencia de la República Popular China el 1 de octubre de 2019. Washington, obviamente, tiene una visión muy negativa de la rápida puesta al día cualitativa y cuantitativa china, ante la cual parece estar completamente impotente». (Vincent Gouysse; EEUU como el campeón del ultraliberalismo… de repente de convirtió en el campeón mundial del proteccionismo económico, ¡demasiado tarde!, 2 de mayo de 2020)

Atendiendo a los datos del Banco Mundial, en 2018, China gastó un 1,8% de su PIB en gasto militar, una inversión que, en proporción, está al nivel de potencias imperialistas como España, con un 1,2%, Francia, con un 1,8% y muy lejos de países como EEUU, con un 3,4%, Rusia, con un 3,8%, Argelia, con un 6% o Arabia Saudí con un 7,8. Ahora, ¿Cuánto destina en números absolutos? Atendiendo a los datos oficiales del gobierno chino, unos 176 mil millones de dólares algo que ubica a China solo por detrás de los Estados Unidos, cuyo gigantesco presupuesto en defensa ronda los 718 mil millones de dólares. 

Esta tendencia de China ha ido in crescendo en los últimos años:

«El presupuesto militar de China crecerá este año, según ha puesto de manifiesto el primer ministro chino, Li Keqiang, un 7,5%. Un aumento más moderado que el año pasado, cuando alcanzó el 8,1%, y bastante más modesto que las cifras de dos dígitos en que subió hasta 2016. Pero, con todo, sigue aún por encima del incremento del PIB previsto para este año, entre el 6 y el 6,5%. En comparación, el gasto chino en Seguridad Pública –oficialmente– solo crecerá un 5,6%, para quedar en 179.780 millones de yuanes –23.652 millones de euros–». (El País; El gasto militar de China continúa su aumento por encima del PIB, 6 de marzo de 2019)

Solo China y EEUU ocupan más de la mitad de la inversión global en Defensa:

«El gasto militar de EE UU aumentó el año pasado por primera vez desde 2010. La Administración de Donald Trump elevó la inversión en Defensa un 4,6% respecto al año anterior hasta alcanzar los 649.000 millones de dólares –581.000 millones de euros–, un 36% del total mundial, que creció hasta su máximo histórico. Washington y su rival estratégico Pekín suman por primera vez más de la mitad de la inversión global en Defensa, según los datos que publica este lunes el Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz (SIPRI)». (El País; El gasto militar mundial escala a su máximo por el impulso de EEUU, 29 de abril de 2019)

¡Si estos son los rasgos distintivos del imperialismo pacífico chino que sostiene Gouysse menuda estafa! Cabe tener en cuenta que cada vez más parte del PIB es destinado a su ejército hipermodernizado, atestado de soldados y que ya cuenta con bases militares fuera de su territorio. ¿Para qué necesita bases en el extranjero un ejército cuyo supuesto propósito es, a diferencia de EEUU, defender a China de amenazas externas? ¿Para hacer de policía del mundo, como los EEUU? ¿Para ayudar a los pueblos contra los EEUU? Oh, entendemos, parece que recuerdan muy bien los argumentos que usó en su día Brézhnev.

De hecho, abandonemos la mera palabrería y busquemos ejemplos de las más recientes y caritativas misiones de paz del Ejército Chino.

En un pacífico acto de reminiscencia de la sangrienta guerra entre India y China –1962–, que comenzó con una serie de disputas sobre la Línea de Control que separa ambos países y la invasión china de la India, los imperialistas chinos están copando hoy esa misma línea, con más de 20.000 efectivos militares cuyo objetivo es el de amedrentar a una importante potencia imperialista regional y reforzar sus posiciones en un suelo que no les pertenece.

«La última disputa fronteriza entre China e India puede haber involucrado principalmente riñas y maniobras de tropas en el terreno, pero ha sido una guerra total en los medios de comunicación de los respectivos países». (CNN; La disputa fronteriza entre India y China se está convirtiendo en una guerra mediática total, 19 de junio de 2020)

No contentos con este risueño encuentro internacionalista con sus camaradas indios, los pacíficos imperialistas chinos protagonizaron otra aventura fraternal en un archipiélago perteneciente a China desde la batalla de las Islas Parecelso entre los chinos y Vietnam del Sur –1974–. Para demostrar su amor por los pueblos y la paz, respondieron a las tensiones territoriales desplegando bombarderos en la Isla Woody, que está en control chino desde 1956 y desde la que desataron la invasión del archipiélago hace treinta y seis años. Los vietnamitas, molestos porque el archipiélago era parte de su territorio, y después de que Vietnam del Norte derrotara a los Estados Unidos y Francia definitivamente, no esperaban que China, supuesta aliada de los pueblos, hubiese aprovechado la coyuntura para sustraer con mucha paz y amor un archipiélago entero de su territorio. Taiwan, por su parte, reclamaba su autoridad sobre el enclave al haberle pertenecido brevemente durante la década de 1940. ¡Qué historia tan llena de fraternidad y amor por la paz! Un medio de comunicación prochino decía:

«Una foto que circula en las redes sociales chinas parece mostrar a uno de los bombarderos más avanzados de China, el H-6J, en el aeródromo de la pequeña isla Woody, un asentamiento chino en crecimiento en las islas Paracelso. Al respecto, el portal web The Drive informó el miércoles que el aterrizaje de un bombardero H-6K en Woody Island en 2018 causó bastante revuelo, pero si es del H-6J, sería la primera vez que se estaciona un bombardero tan pesado en la región. (...) El mar de China Meridional es una extensión muy disputada del océano Pacífico. Pekín reclama casi un 90 % del territorio; mientras que varios países, entre ellos Filipinas, Vietnam, Malasia y Brunéi, mantienen también reivindicaciones territoriales al respecto». (Hispan TV; Pekín despliega un bombardero pesado en mar de la China Meridional, 12 de agosto de 2020)

¡Minucias! ¡Autodefensa!». (Equipo de Bitácora (M-L); La deserción de Vincent Gouysse al socialimperialismo chino; Un ejemplo de cómo la potencia de moda crea ilusiones entre las mentes débiles, 2021)

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