«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

martes, 15 de noviembre de 2016

Refutando las razones de los socialimperialistas soviéticos para invadir Afganistán


«Para justificar sus acciones, los amos de Moscú dan principalmente dos razones:

1) Habían sido convocados por el «pueblo» afgano para ayudarle, y se habrían visto por tanto obligados a cumplir con su compromiso de prevenir una evolución de los acontecimientos similar a los de Chile.

2) La seguridad de la Unión Soviética estaba en riesgo porque los imperialistas tenían la intención de transformar a Afganistán en su base.

Estos son los pretextos que el prosoviético Partido Comunista Alemán (PCA) nos está vendiendo aquí, presuponiendo en todo momento claro, que la Unión Soviética sigue siendo un país socialista. Pero incluso siendo verdad que fuera socialista, estos malos pretextos no justificarían sus acciones.

Ciertamente, en determinadas ocasiones, puede ser el deber de un Estado socialista dar su ayuda fraternal a otro país socialista, que cuando una revolución socialista victoriosa se vea amenazada por la interferencia externa agresiva se asista con armas y tropas para ayudar. Esto también se aplica si se trata de un país vecino no imperialista, cuando un Estado independiente es atacado por una potencia imperialista.

¿Pero se dieron estas condiciones en Afganistán? No. ¿Afganistán fue atacado por un país imperialista? No. ¿Era un país socialista hermano? Por supuesto que no. ¿Se estaba defendiendo la revolución socialista amenazada? Tampoco.

¿Qué pasó en Afganistán en abril de 1978? Sucedió simplemente un golpe de Estado militar apoyado y controlado por la Unión Soviética, y poco después fue «elegido» Presidente de Afganistán Babrak Karmal que –al igual que sus predecesores– llamó a las tropas socialimperialistas soviéticas a que ayudasen contra el pueblo afgano.

El golpe de Estado afgano, como cualquier otro golpe de Estado, fue rechazado por los comunistas. Después de todo, un golpe de Estado es una puesta de escena desde arriba y no usa al pueblo en la revolución. El hecho de que en Afganistán este gobierno surgiera de un golpe de Estado que fue apoyado desde el exterior por la Unión Soviética, ya explica el hecho de que las grandes masas no solo no participaran, sino que provocara la resistencia armada. No importa el hecho de que en este caso muchas de estas fuerzas fuesen apoyadas por los imperialistas estadounidenses y chinos.

Incluso si la Unión Soviética fuera verdaderamente un país socialista, tendría que condenarse su acción en Afganistán. Ahora, la Unión Soviética, no es un país socialista, sino una superpotencia socialimperialista, lo que viene claramente para refutar su segundo argumento expresado: La seguridad de la Unión Soviética estaba en riesgo porque los imperialistas tenían la intención de transformar a Afganistán en su base.

¿No explica también el imperialismo estadounidense que «su seguridad en el Medio Oriente está en riesgo» debido a que «la Unión Soviética apoya al terrorismo» y en base a eso actúa? Ciñéndonos a estas excusas imperialistas que uno y otro usan, la Unión Soviética podría invadir prácticamente todos los países fuera del Pacto de Varsovia. Para ellos en particular, los únicos requisitos son:

En primer lugar, que el «pueblo» llame a la Unión Soviética a intervenir y segundo que la Unión Soviética «sienta amenazada su seguridad». Sin embargo, cuando el «pueblo» llama, y cuando se ve «amenazada» su seguridad es algo que determina cuando quiere la propia Unión Soviética». (Ernst AustAlemania no debe convertirse en un campo de batallas; Recopilación de citas de Ernst Aust sobre la cuestión alemana y sobre el revisionismo alemán, 1981)

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