«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

lunes, 4 de agosto de 2014

La situación internacional; Georgi Dimitrov, 1948

El siguiente capítulo del informe de Georgi Dimitrov al Vº Congreso del Partido Obrero (comunista) Búlgaro de 1948, es un repaso de la situación internacional para entender los cambios producidos en la situación mundial desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Se explicará, que pese a que la Segunda Guerra Mundial fuera consecuencia de las propias contradicciones inherentes al capitalismo, y fuera provocado por sus propios regímenes, el resultado no fue la aniquilación de la Unión Soviética socialista, sino que al igual que en la Primera Guerra Mundial, a fin de cuentas lo único verídico fue la aniquilación o el considerable debilitamiento de estos regímenes. Por tanto Dimitrov fue testigo de un relevo de una serie de regímenes capitalistas que cayeron en favor del socialismo y de muchos países imperialistas que perdieron sus posiciones en las colonias en favor de varios países colonizados que creaban sus Estados independientes. Pero también fue testigo presencial de la formación de un nuevo bloque imperialista redibujado tras la caída de países del Eje, formado por países como Francia, Inglaterra, y liderado con gran diferencia sobre todos los demás por Estados Unidos. Ya explicamos que supuso el Plan Marshall para los propios aliados estadounidenses tras la Segunda Guerra Mundial. 

Se explicará qué significó para las masas trabajadoras búlgaras la política exterior de su reaccionario gobierno durante la Segunda Guerra Mundial y el papel de la Unión Soviética como aliado del gobierno revolucionario durante y después de la guerra en temas como: consolidación del fin del monarco-fascismo, mantenimiento de las necesidades básicas de la población, apoyo en los foros internacionales al nuevo gobierno búlgaro, etc. Se verá, como la política exterior búlgara tenía un mismo papel firme y claro desde que en 1942 los comunistas comandaran al Frente de la Patria agrupando a todas las masas para conseguir unos objetivos mínimos que garantizaran la soberanía e independencia del país tras el cese de la guerra.

Por supuesto también se hablará de los temas candentes de ese ya lejano 1948; como la traición del revisionismo yugoslavo encabezado por Tito, la independencia de Corea del Norte, la lucha del Partido Comunista de Grecia contra el monarco-fascismo y sus aliados anglo-estadounidenses, la lucha del Partido Comunista de China contra el Kuomintang auxiliado por Estados Unidos, las luchas por la independencia de Birmania, Indochina, etc.

En resumen, es un punto de vista marxista-leninista muy similar al esgrimido por Bolesław Bierut un año después: 

«La presente formación del mundo tiene cortes claros. Los que defienden el poder del pueblo, que quieren la felicidad y el éxito para el pueblo, los que son patriotas genuinos y quieren la prosperidad y la soberanía de su país, estos son los campeones de la paz, la democracia y el socialismo. Los que quieren las explotación y opresión de los trabajadores, el regreso de los terratenientes y capitalistas, quienes son los adoradores del dólar, y que a pesar de su fraseología nacionalista son los más puros cosmopolitas que están traicionando la independencia de sus países. Esa es la línea de demarcación social y política en nuestros días». (Bolesław Bierut, Dos mundos, dos caminos, 1949)

Esta visión marxista-leninista del mundo, echaría por tierra la visión revisionista del mundo propagada por Tito sobre los «países no alineados», o la visión de Mao Zedong de los «tres mundos».

El documento:


IV
La situación internacional

Dos hechos básicos caracterizan la época presente:

1. la crisis general y desintegración del sistema capitalista, y

2. el crecimiento continuo y evidente prosperidad del socialismo en la Unión Soviética.

La crisis general del capitalismo es la consecuencia lógica de su propio desarrollo. Mediante el desarrollo de las capacidades productivas de la sociedad a una medida sin precedentes, el capitalismo se enredó en contradicciones que no puede resolver. La Primera Guerra Mundial marcó el comienzo de la época de la crisis general del capitalismo. La revolución de octubre de 1917 en Rusia arrebató del sistema capitalista mundial una sexta parte del globo. El capitalismo no sólo dejó de ser el único sistema universal de la economía mundial, sino que perdió su antigua capacidad de recuperación.

La Segunda Guerra Mundial, la cual fue preparada por todas las fuerzas de reacción internacional y precipitada por los agresores fascistas, profundizó y afiló la crisis general de capitalismo. Como durante la anterior guerra, el resultado neto era un debilitamiento considerable del mismo capitalismo.

La destrucción de los centros principales de agresión mundial como eran los Estados fascistas, privó a la reacción internacional de sus cabezas de puente –Alemania, Italia y Japón– para su lucha contra la Unión Soviética y el socialismo, así como de ir contra la clase obrera y el movimiento nacional de liberación.

La autoridad internacional y el poder de la Unión Soviética aumentaron tremendamente. Este acto fue consecuencia de su heroica lucha en la que no sólo defendió su propia libertad e independencia, sino que también liberó a los pueblos europeos de la política exterior de las potencias imperialistas. La Unión Soviética jugó un papel decisivo para la civilización actual al ganar la guerra contra los agresores y salvar al planeta entero de los bandidos fascistas. Se mostró al mundo que las fuerzas del socialismo y su democracia son invencibles. La Unión Soviética se convirtió en un factor decisivo en la política internacional. Es un pilar de la paz y de la seguridad de las naciones, de su libre desarrollo hacia el progreso y la democracia genuina. La Unión Soviética quiérase o no, es una barrera infranqueable para la realización de los oscuros planes de la reacción internacional, que desea lanzar de nuevo a los pueblos a un nuevo holocausto.

Tal como al acabar la Primera Guerra Mundial terminó dejando a una Rusia fuera del sistema mundial capitalista, al terminar la Segunda Guerra Mundial y con la debida derrota del fascismo, muchos Estados del Oriente y Sudeste Europeo empezaron a separarse del sistema capitalista. Siendo estos Estados liberados por el ejército soviético, se les permitió a todos ellos determinar sus propios destinos mediante la libre decisión de sus pueblos, además, cuando quisieron, recibieron la desinteresada ayuda de la Unión Soviética durante la posguerra.

La crisis del sistema colonial, agravado por la Segunda Guerra Mundial, condujo a un poderoso auge del movimiento de liberación nacional en las colonias y países dependientes, los cuales amenazaron la retaguardia del sistema imperialista. Los pueblos coloniales ya no desean vivir a la vieja manera, y han aumentado su decisión por el establecimiento de Estados independientes.

A lo largo de todo el mundo capitalista, la guerra provocó una pauperización sin precedentes de las masas, un aumento del desempleo, la miseria y  el hambre, y claro está, la agudización de las contradicciones de clase, ya que la burguesía se esfuerza en todas partes de cargar el peso principal de la guerra y las dificultades de la posguerra sobre la espalda de los trabajadores. Al mismo tiempo con el fin de la guerra emergió un gran aumento de la mano de obra internacional.

Después de la destrucción de los agresores fascistas, el centro de la reacción mundial recayó con todo mérito en los Estados Unidos. Los proyectos de Hitler para esclavizar el mundo, los cuales fueron un fiasco como se vio en la última guerra, fueron reemplazados por los proyectos de los imperialistas estadounidenses para la dominación mundial. Estos proyectos aventuristas para la esclavitud económica, política e ideológica de Europa y el mundo entero son dirigidos contra los intereses vitales nacionales de la mayoría aplastante de naciones y pueblos. Es por ello que los Estados Unidos incitan los ávidos apetitos de los imperialistas y la oligarquía financiera, debido a su miedo al crecimiento del socialismo y la democracia popular por el resto del mundo, creen que esta es su mejor carta.

Bajo la bandera de la llamada «democracia occidental»; el  imperialismo estadounidense está tratando de imponer a los países europeos su régimen, basado en la omnipotencia del dólar y de la dominación de un puñado de monopolios. Su objetivo es convertir a las Naciones Unidas en un instrumento de su política expansionista con la cual viola el principio de soberanía e igualdad de las naciones miembros de esta organización. El imperialismo estadounidense está tratando de esclavizar y debilitar a los pequeños países pretendiendo construir un bloque imperialista en contra de la Unión Soviética, las democracias populares y los movimientos revolucionarios de los pueblos coloniales que luchan por su libertad. Obviamente para ejercer dicho objetivo en el presente y en el futuro está llevando a cabo una imprudente política de aumento de la fabricación de armamentos. Además, los imperialistas anglo-estadounidenses mantienen una descarada injerencia en los asuntos internos de otros Estados y pueden ser vistos por todas partes apoyando a los elementos reaccionarios y abiertamente fascistas aunque sepan previamente que tales elementos han sido ampliamente rechazados por el pueblo.

Pero el bloque anglo-estadounidense creado a raíz de la Segunda Guerra Mundial –con Inglaterra ahora jugando un papel secundario–,  no puede ser una alianza duradera y estable. Las contradicciones entre los dos principales Estados del actual imperialismo mundial –Estados Unidos y Gran Bretaña–, así como entre otras naciones capitalistas, están obligadas a incrementar las más agudas contradicciones entre sí en la lucha por los mercados y zonas de influencia.

La principal diferencia de hoy entre el campo democrático y el reaccionario en la arena mundial, entre los belicistas y los partidarios de una paz democrática duradera, es la actitud hacia la Unión Soviética, esa es la piedra de toque.

La Unión Soviética se resiste decididamente a todos los ataques de los imperialistas y a todos los intentos de asustar a las naciones con el chantaje de las bombas atómicas. En la búsqueda de una política bien probada de una paz y colaboración amistosa entre los pueblos, la Unión Soviética cuenta con el admirable y probado respaldo de su creciente poder económico y político, con su invencible ejército soviético, y con el no menos importante apoyo incondicional de la clase obrera y de los trabajadores de todo el mundo, que tienen como la propia Unión Soviética, un interés permanente en la preservación de la paz. Los planes de los agresores e instigadores de una nueva guerra están por tanto condenados al fracaso.

Precisamente, revelando los planes de los instigadores de una nueva guerra mundial, el Camarada Stalin recientemente declaró lo que puede resultar de esta política aventurera. Aquí está como él lo explicaba:

«Esto sólo puede terminar con la caída vergonzosa de los instigadores de una nueva guerra. Churchill, el principal instigador de una nueva guerra, que ya ha tenido éxito en privarse a sí mismo de la confianza de su pueblo y de las fuerzas democráticas del mundo por dicha actitud. Este mismo destino les espera a todos los demás instigadores de la guerra. Los horrores de la guerra están muy recientes en la mente de las personas y de las fuerzas sociales en favor de la paz que son numerosas, es por todo esto que los alumnos de Churchill, los que intentan como él difundir e instigar una guerra de nuevo no lo tendrán fácil». (6) (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; La política de agresión y preparación de la guerra, 1948)

Ya hace largo tiempo que  los pueblos eran instrumentos ciegos y desvalidos en las manos de las camarillas dirigentes capitalistas. Pero ahora los pueblos pacíficos de ambos hemisferios se movilizan cada vez más en defensa de la paz, la democracia y la cultura mundial; en el frente del mundo de antiimperialista, encabezado por la gran Unión Soviética, cuyas fuerzas crecen continuamente, va tomando una forma cada vez más clara. Ahora cuando los imperialistas son bastante imprudentes como para amenazarnos con la bomba atómica, todos los pueblos ven en la Unión Soviética al guardián principal de paz mundial y defensor de civilización ante la barbaridad capitalista. Los pueblos pacíficos aprendieron una lección del duelo existente entre las fuerzas de guerra y paz cuando tuvieron presencia en la asamblea general de las Naciones Unidas. Rechazando las propuestas soviéticas para la prohibición de armas atómicas y para una reducción inmediata de los armamentos de las cinco grandes potencias, los imperialistas anglo-estadounidenses quedaron expuestos ante los ojos del mundo entero como los enemigos de la paz internacional.

No sólo los pueblos de la Unión Soviética y las democracias populares son los que están a favor del frente de la paz, sino también la inmensa mayoría de la población de los países capitalistas y colonias. La derrota del reaccionario y militarista Partido Republicano de los Estados Unidos, en las recientes elecciones en Estados Unidos mostraron de manera concluyente que la mayoría de los estadounidenses no quieren la guerra y rechazan el programa reaccionario de los grandes trusts capitalistas. Cada sobrio observador bien puede preguntarse qué ministro británico podría engañar a los pueblos británicos con una guerra contra los soviéticos, cuando recuerdan que fue el Ejército Rojo de la Unión Soviética el que los salvó de la amenaza nazi. La lucha de las amplias masas contra los incendiarios de una nueva guerra ha asumido en especial formas agudas en Francia e Italia. También, y cada vez más, empiezan a perder la esperanza de que puedan utilizar a los pueblos de las naciones de democracia burguesa como carne de cañón contra la Unión Soviética en caso de guerra, para los imperialistas, las ideas de propagar dichas guerras imperialistas tienen puestas sus esperanzas en su zonas de ocupación alemana occidental y en la España fascista, las cuales, pretenden utilizar como base y arma en su política agresiva en Europa.

Después de la guerra, el bando antiimperialista se ha extendido hacia el este y a su lado ahora están luchando por la independencia de los pueblos: Indonesia, Vietnam, Birmania y otros Estados coloniales. El pueblo coreano, disfrutando del apoyo desinteresado de la Unión Soviética, llevó a cabo una brillante victoria sobre la reacción y los lacayos del imperialismo, al proclamar su república popular independiente, acción justa que el gobierno búlgaro reconoció y saludó calurosamente.

De excepcional importancia para la correlación  de fuerzas entre los dos campos mundiales es la larga lucha tenaz y heroica que el pueblo chino está librando para lograr su independencia contra el imperialismo y sus corrompidos agentes reaccionarios en China. En este mismo momento el millón de hombres del Ejército de Liberación Nacional de China, que bajo el firme liderazgo del Partido Comunista de China ha finiquitado una serie de victorias inapelables sobre los mercenarios de la reacción de China, y esto a pesar de la ayuda y las armas suministradas por los imperialistas estadounidenses, estas victorias ha significado la liberación de la totalidad de Manchuria, prácticamente todo el norte de China, casi toda Mongolia Interior, y ahora está avanzando hacia Nanking, la capital de Chiang Kai-Shek. Las fuerzas de la democracia entre el pueblo chino, quinientos millones de personas, ya ha ganado la ventaja sobre las fuerzas de la reacción, y su victoria final es sólo cuestión de tiempo.

El frente antiimperialista está, pues, en continuo crecimiento y consolidación. Hoy en día constituye ya una fuerza inquebrantable. Las masas populares y las fuerzas antiimperialistas de todo territorio, en el cual debemos buscar a los partidos comunistas entre las primeras filas, deben saber paralizar las maquinaciones del agresivo imperialismo y por lo tanto garantizar la paz duradera en el mundo.

Las líneas básicas de nuestra política exterior, ya fueron perfiladas en el programa del Frente de la Patria de 1942; salvaguardar los intereses nacionales de los búlgaros en amistad cercana con la Unión Soviética y fomentar la comprensión con los Estados vecinos.

Fiel a estos principios, el gobierno del Frente de la Patria desde su inicios se pasó al lado de los aliados y llevó a los ejércitos búlgaros a la pugna contra las hordas nazis, a consecuencia de esto, los nazis retiraron sus tropas a territorio griego y yugoslavo que eran también zonas ocupadas por ellos, entre tanto nosotros llegamos a un acuerdo con el mando soviético para poner en marcha la liberación más rápida y eficaz de los Balcanes de la ocupación nazi.

Hoy sabemos y podemos valorar la gran importancia política y moral del hecho de que Bulgaria participó, bajo mando soviético, en la guerra de liberación y en la derrota de la Alemania nazi.

Experimentamos otra vez la ayuda poderosa e irreemplazable de Unión Soviética cuando en la Conferencia de Paris de 1946, la voz autoritaria del camarada Viacheslav Mólotov se escucho, en el sentido de que los búlgaros podrían descansar seguros sobre sus fronteras, asegurando que ni una yarda sería robada por nadie.

Desde que el gobierno soviético, intentó evitar que Bulgaria participara en la guerra del lado de Alemania, proponiendo al gobierno de Bogdan Filov un pacto de amistad y ayuda mutua entre la Unión Soviética y Bulgaria, los búlgaros han sentido la presencia de los poderosos y amigables soviéticos. Recuerdan la advertencia del gobierno soviético cuando la camarilla criminal monarco-fascista concluyó una alianza con Alemania y permitió a las hordas nazis el paso a suelo búlgaro. Nuestro pueblo recuerda con gratitud varias veces, las palabras alentadoras de Stalin durante las horas más cruciales de la guerra, palabras destinadas a saber perseverar en nuestra lucha contra la dictadura monarco-fascista que estaba obligada a acabar en la victoria. El 5 de septiembre de 1944, cuando las provocaciones de los vasallos búlgaros de Hitler habían sobrecargado la paciencia del gobierno soviético, éste declaró la guerra a Bulgaria. Hoy totalmente podemos apreciar la importancia decisiva de este acto para el destino de Bulgaria. Con esta «guerra» ni un solo soldado soviético o búlgaro falleció en una lucha entre sí, sino que supuso la entrada del ejército soviético el cual ayudo al derrocamiento de la dictadura fascista y aseguró el futuro de los búlgaros, de su libertad y la de su independencia nacional. Nunca olvidaremos que aún mientras la guerra todavía se cernía sobre los  soviéticos, estos igualmente comenzaron a proveer a Bulgaria de cosas necesarias y básicas para nuestra economía, ayudó a alimentar a nuestra gente durante las sequías y de hecho sigue prestándonos la valiosa  ayuda política, económica, moral y técnica a una escala cada vez mayor.

Nuestro partido, íntimamente relacionado con el movimiento revolucionario ruso de antes de la revolución de octubre de 1917, tiene el mérito histórico de hacer aún más profunda la gratitud del pueblo búlgaro hacia sus libertadores y de hacer realidad la transformación de esta amistad con la Unión Soviética en piedra angular de la política exterior de nuestra República Popular. Hoy en día nuestra amistad también está incorporada formalmente en el pacto de amistad, colaboración y ayuda mutua entre las dos naciones.

Apoyándose firmemente en la amistad soviética, nuestro pueblo libre e independiente fue reconocido por todas las naciones, concluyó el tratado de paz lo mejor posible dadas las circunstancias actuales, y estableció relaciones diplomáticas normales con prácticamente todos los países. Ahora está luchando por su derecho a su admisión en las Naciones Unidas que eliminaría la última consecuencia internacional de la antigua condición de Bulgaria como un satélite de la Alemania nazi.

La amistad entre nuestra república y las demás democracias populares es otro aspecto muy importante de nuestra política exterior. Su comienzo data de la lucha de nuestros pueblos, que como hemos dicho, con la ayuda de la Unión Soviética, lograron la consolidación su libertad e independencia. Valoramos altamente la asistencia que los gobiernos de Polonia y Checoslovaquia, pues nos prestaron una ayuda fraternal que difícilmente podremos olvidar durante la Conferencia de París de 1946 y la asamblea general de las Naciones Unidas, donde en esta última, Bulgaria fue sometida a acusaciones infundadas y ataques injustos. Nuestras relaciones de amistad con estos dos países, así como con las Repúblicas Populares de Rumanía, Hungría y Albania, son unas amistades, como decimos, que fueron selladas todas ellas mediante pactos de amistad, ayuda mutua y colaboración recíproca que están creciendo cada vez de forma más sólida, de modo que se cultivan amplias perspectivas para una estrecha cooperación sin problemas entre nuestros pueblos con el que pretendemos asegurar el futuro del socialismo.

Nuestra querida Yugoslavia, fue el país con quién tuvimos las relaciones más cercanas y con la cual nos unían unas seculares y comunes ideas: el establecimiento de una Federación Eslava del Sur, ella, desafortunadamente está gobernada hoy por Tito y su cohorte, que como ya todo el mundo sabe, ha traicionado la gran doctrina del marxismo-leninismo, algo que era la condición previa para establecer la confianza mutua entre los partidos comunistas y la base para su cooperación en el camino hacia el socialismo. La política nacionalista del grupo de Tito cada vez aleja más a Yugoslavia de la Unión Soviética y de las nuevas democracias, y va aproximando a su país al gravísimo peligro de caer en las garras del voraz imperialismo. Nuestro partido mira con desasosiego la degeneración de los líderes presentes del Partido Comunista de Yugoslavia en una camarilla ordinaria de burgueses chovinistas, hostiles al comunismo. Pero no dudamos de la lealtad del Partido Comunista de Yugoslavia al internacionalismo y al marxismo-leninismo y su capacidad de devolver a nuestra querida Yugoslavia al campo de la Unión Soviética y las democracias populares.

La amistad de nuestro partido y el Partido Comunista de Grecia fue creada durante los tormentosos momentos de la Segunda Guerra Mundial. Durante el período más difícil de ocupación alemana en Bulgaria, nuestro partido estaba del lado del movimiento griego nacional de liberación y le ayudó como mejor pudimos. Durante la evacuación voluntaria de Tracia Occidental, los soldados búlgaros donaron todas las reservas de alimento para la población local hambrienta. Nuestro partido y nuestra gente acabaron real y profundamente  impresionados por los sufrimientos a los cuales los heroicos griegos, que fueron los primeros en luchar en contra de los agresores italo-alemanes en los Balcanes, han sido sometidos por culpa de la camarilla monárquica-reaccionaria, la cual era apoyada incluso con ayuda militar por los poderes extranjeros. Seguimos hoy día con simpatías profundas la épica lucha de los griegos contra los ocupantes extranjeros y sus colaboradores locales. El Partido Comunista de Grecia, el Ejército Democrático Griego y todos los griegos pueden considerar a nuestro partido y los búlgaros en general como sus ardientes amigos y defensores de su causa. Lealmente creemos en la victoria final de la democracia popular en Grecia, en que solo así se asegurará la libertad y la independencia a los griegos y creará, sobre el lado griego, las condiciones necesarias para la amistad sincera y la colaboración con nosotros y otros vecinos del norte de Grecia.

Los imperialistas y su propaganda incendiaria de guerra recurren a cualquier medio en su tentativa de obstruir el desarrollo de nuestra República Popular. Ellos hicieron numerosos esfuerzos para ayudar e incitar a las fuerzas derrotadas de la reacción en Bulgaria. Ellos día a día con la emisora de radio «Voz de América», lanzan difamaciones e insultos sobre nuestra república y sus líderes de gobierno y piden abiertamente que se produzcan crímenes contra las autoridades populares.

Los líderes del quebrado Partido Socialdemócrata de Kostva Lulchev, recientemente expusieron ante el tribunal y ante el mundo entero, los esquemas entre bastidores de ciertos diplomáticos extranjeros. Pero aún después de este fiasco de los trazadores de complots contra nuestra república, nuestro país sigue siendo de igual modo objeto de viciosas difamaciones y ataques. Mientras nuestra gente moviliza todos sus recursos materiales y su trabajo para el cumplimiento del plan quinquenal, cuando ellos enfocan su atención entera en las tareas de nuestra construcción económica y cultural, su propaganda incendiaria de guerra, como una señal dada apropósito para crear crispación, imprudentemente acusan a nuestra pequeña república pacífica de «militarismo» y de «planes agresivos» en lo que concierne a nuestros vecinos.

Pero la verdad está en frente de todos y no se puede modificar con simple propaganda. Y esta verdad indudable puede ser captada por cada observador honesto e imparcial. Nuestras necesidades como República Popular demandan la paz duradera, la amistad y la colaboración con otros pueblos, con el fin de ponerse al día con otras naciones más avanzadas y convertirse en un país económicamente avanzado, en un Estado civilizado y socialista.  Este es el objetivo de nuestra política exterior. Pero nuestro partido sabe que esto sólo puede ser alcanzado si nuestra nación es libre, independiente y disfruta de la igualdad de derechos. Es por eso que, a la cabeza del Frente de la Patria, lucha contra la interferencia extranjera, cuidando de la libertad y la independencia de la República Popular en Bulgaria y trabajando para siempre en colaboración cercana con nuestros aliados, por la paz y la libertad con los pueblos amantes de tales propósitos.

Trabajando con diligencia para ese fin, nuestro pueblo está dispuesto a levantarse como un solo hombre a fin de cortar de raíz todas las provocaciones y atentados contra la integridad territorial de las fronteras de la República Popular de Bulgaria.


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