«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

martes, 5 de agosto de 2014

Los marxista-leninistas somos partidarios de la democracia proletaria pero no menospreciamos la democracia burguesa ante el advenimiento del fascismo


«Todo el mundo sabe que nosotros, los comunistas, somos partidarios de la democracia soviética, de la democracia proletaria; de esta democracia que es mientras existan clases, la más amplia, es la que mejor responde a los intereses del pueblo trabajador. Por esta democracia luchamos nosotros. Pero si la democracia burguesa, si los derechos democráticos que esta democracia concede al pueblo trabajador y que el pueblo trabajador hubo de arrancar luchando duramente, se ven atacados por el fascismo, somos, naturalmente, partidarios de la defensa de estos derechos democráticos. Y si queréis que llamemos a esto defensa de la democracia, llamémoslo. Acerca del nombre que hayamos de darle, no vamos a discutir. Pero si nuestra favorable actitud hacia la democracia soviética supone un obstáculo para establecer juntos una lucha contra el peligro de amenaza fascista sobre la democracia burguesa, me gustaría explicar este punto de vista hacia los miembros de vuestro partido con la siguiente comparación:

Imaginemos a dos hombres encadenados. Uno de ellos «sólo» encadenado de pies; éste hombre vive bajo las condiciones de la democracia burguesa. El otro es encadenado de manos y pies y tiene una mordaza en la boca; este vive bajo las condiciones de la dictadura fascista. El primero de ellos se ve amenazado con caer en el peligro del segundo. Un comunista se acercaría y le dirías: «no permita que usted sea encadenado del todo, debemos agruparnos para luchar conjuntamente frente a este peligro». Un líder checoslovaco de la socialdemocracia, un opositor del frente único, empezaría a formular respuestas: «primero de todo se debe reconocer que es correcto que te encadenen los pies. Usted nunca debe demandar que se desencadenen dichos pies». Pero en contraste con esto, los comunistas aconsejan al hombre que «sólo» está encadenado de pies: «¿con qué fin, de todos modos, crees que te mantienen las manos libres? ¿sólo para que el esclavo trabaje con ellas para el maestro? ¿no se le ha ocurrido a usted que también esta libertad permite ser utilizada para quebrar los grilletes que encadenan los pies y coronar así el ser por fin libres completamente?». (Klement, GottwaldPor el frente popular del trabajo, la libertad y la paz; Informe en el VIIº Congreso de la Komintern, 7 de agosto, 1935)

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