«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

martes, 5 de agosto de 2014

Salvando la democracia burguesa y el neoliberalismo en Nicaragua


«Con el ascenso al poder de Violeta Barrios Torres a inicio de los noventas y con los logros revolucionarios en proceso de ser revertidos, el pueblo nicaragüense se lanza a las calles para tratar de defender esos logros de la envestida neoliberal, pero se encuentra sin dirigentes en medio de un clima que presagia una guerra civil. Los dirigentes del FSLN, en su mayoría, habían abandonan a la militancia y a la masa; solo Ortega se queda a dirigirlos visiblemente, y es ese hecho el que catapulta su figura y lo convierte en el líder indiscutible del FSLN, es decir, aunque si bien la figura de líder de Ortega se inició a construir mediante propaganda desde aproximadamente 1983 con vista a la vuelta al sistema democrático burgués y los procesos electorales, este liderazgo no logró consolidarse sino hasta que emerge como «líder máximo» en los noventas, y el mismo sólo fue posible cuando individualmente pudo sobresalir frente a los otros ocho comandantes, lo que fue decididamente favorecido por la vacilación mostrada por «los ocho». En ese escenario Daniel Ortega rápidamente llamó a la paz y a la reconciliación, a la aceptación de los resultados electorales, al respeto de la democracia burguesa que estaba envistiendo al pueblo, propuso el gobierno desde abajo –una suerte de oposición ejercida sobre el ejecutivo desde la Asamblea Nacional acompañada de presión en las calles pero dentro de los límites proporcionados por el sistema–. Es decir, al contrario de lo que las mayorías piensan, el verdadero salvador de la democracia burguesa, en tanto del neoliberalismo en Nicaragua, es Daniel Ortega. Esa su intervención directa posibilitó que se redujeran las condiciones objetivas y subjetivas para un nuevo proceso revolucionario que dadas las características del momento estaría en las vías del socialismo; pero como siempre, se adoleció nuevamente de una verdadera vanguardia proletaria». (Equipo de B. N.; ¿Qué fue de la Revolución Popular Sandinista? [1], 2014)

Nota

[1] En los próximo días pondremos a disposición vuestra este título que resulta en un análisis marxista-leninista que cubre la totalidad del proceso sandinista nicaragüense. Tenemos por objeto responder en alguna medida a las preguntas relacionadas con la deriva ideológica del Frente Sandinista de Liberación Nacional, y a su incapacidad manifiesta de desarrollar socialismo en Nicaragua.

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