«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

jueves, 10 de octubre de 2013

El carácter premarxista del postulado de la agricultura como base de la economía

Exponiendo uno de los mitos del revisionismo maoísta en lo económico, repasaremos la teoría premarxista de Mao Zedong sobre el rol de la agricultura que otorgaba a la economía. Este capítulo responde al libro de Rafael Martinez que publicamos recientemente. 

Si bien el maoísmo empezó a negar el papel de la industria pesada a mediados de los años cincuenta con el fallecimiento de Stalin y la propagación de las tesis jruschovistas, lo cierto es que si bien inicialmente siempre dejaban la puerta entreabierta en lo referente al papel de la industria pesada 
esto lo explica bien el autor de este libro, finalmente en dicho manual de economía de 1974 dejaron claro que ya cerraron completamente la «puerta» en lo referente al papel a jugar por la industria pesada, pero por si al lector le quedan dudas del papel de la industria pesada según los economistas chinos, publicaremos el capítulo específico sobre la industria donde se demostrará con datos que al igual que otros sloganes de Mao Zedong, los económicos también estaban vacíos  ya que la industria pesada fue relegada y condicionada en todo momento por la agricultura. A la altura de las fechas de la publicación del «Manual de economía de Shángai», como decimos, ya estaba institucionalizada esta teoría y práctica. Este capítulo sirve de lazo para refutar las actuales teorías del «socialismo del siglo XXI» que tienen concepciones similares sobre la industria pesada, en ambos casos por desconocimiento de la teoría económica marxista.

El documento:



El carácter premarxista del postulado de la agricultura como base de la economía

En esta y en las siguientes secciones vamos a cubrir dos de los aspectos más relevantes del sistema económico defendido por los autores del manual de Shanghái. Antes de tocar en lo que a nuestro juicio es una violación sistemática por parte de los autores del principio marxista-leninista sobre el papel determinante del desarrollo de la industria pesada tanto en las economías de transición socialista, es conveniente evaluar un aspecto concreto de su pensamiento económico. En particular, se elabora en el postulado de la agricultura como base de la economía china. Este postulado como la conocemos hoy en día se puede encontrar en la literatura económica de China a finales del Primer Plan Quinquenal. Aunque no se observa que se trate de un elemento evidentemente inherente al pensamiento económico de los comunistas chinos en general, una mayor investigación puede arrojar luz sobre esta cuestión tan curiosa. Creemos que este postulado está profundamente arraigado en el pensamiento económico premarxista como es fácil deducir y, como resultado, los ideólogos chinos se pudieron haber inspirado de una u otra forma en los pensadores chinos premarxistas.

En la siguiente sección vamos a ser claros con respecto a las cifras económicas propias del Primer Plan Quinquenal y nos servirá para ilustrar cómo el crecimiento relativo de la industria pesada con respecto a las otras ramas sufre un descenso cualitativo sobre todo después de las reformas económicas de a principios de 1960. El principio marxista-leninista de la priorización de la industria pesada sólo fue seguido durante los años 1950. Alrededor de 1957, el gobierno chino comenzó a expresar serias preocupaciones de que el camino a la industrialización del país debía llevarse a cabo de manera diferente al del espíritu del Primer Plan Quinquenal. La necesidad de la industrialización del país nunca se negó, ni antes ni después de la finalización del Primer Plan Quinquenal, sin embargo, un nuevo pensamiento comenzó a surgir, mediante la utilización audaz de la excusa de que habían sectores de la economía que supuestamente habían sido descuidados –excusa muy difundida por los revisionistas de Europa del Este– [2]. Es en este momento que el liderazgo chino plantea la cuestión de la necesidad de establecer nuevas relaciones y equilibrios entre los diversos sectores de la economía. En el momento de la redacción del manual de Shanghái el nuevo pensamiento económico había tiempo que había sido consolidado en el interior del país:

«Para hacer realidad la industrialización socialista, es por supuesto necesario dar prioridad al desarrollo de la industria pesada. Pero, dando prioridad al desarrollo de la industria pesada no significa que la agricultura y la industria ligera deben ser ignoradas». (Manual de economía política de Shanghái, 1974, pág. 383)

Aquí todo parece normal. El papel de liderazgo de la industria no se niega aquí, sin embargo, el concepto de priorización sufre un cambio sustancial, como veremos a continuación. Los autores del manual no niegan el carácter progresivo de la industria pesada, o el papel crucial de la ciencia, la tecnología y su aplicación a los medios más avanzados y productivos de la producción. Los beneficios de la aplicación de los avances tecnológicos y de la industria pesada también son reconocidos como un elemento muy importante para la mecanización del campo, algo en lo que los autores están claramente preocupados debido precisamente a la falta de mecanización del campo, que aunque no lo digna a menudo, saben que limita la progresión de la producción del campo. Con declaraciones de este tipo, los autores tratan de aceptar formalmente, en forma de comunicado, la necesidad de desarrollar la industria pesada, pero al mismo tiempo permiten una interpretación muy diferente de la relación entre las diversas ramas de la economía. Como se explicará con más detalle en otras secciones, este tipo de declaración abre el camino a la revisión de los principios y es utilizado por los autores en diferentes ocasiones para hacer frente a algunas cuestiones fundamentales.

Para un marxista que entiende la relación entre la industria pesada y de otros sectores de la economía, no tiene mucho sentido decir que se debe dar prioridad a la industria sin dejar de lado la agricultura. El esquema marxista-leninista de la reproducción social ampliada está muy bien establecido tanto en la teoría y la práctica de la construcción socialista. Los economistas burgueses y los revisionistas por lo general han propagado siempre la guerra contra el marxismo-leninismo con declaraciones del siguiente tipo: La industrialización de la Unión Soviética se corresponde con un modelo económico en el que se desarrolla la industria pesada a costa de otros sectores de la economía, en particular, en países relativamente atrasados –como la Rusia prerevolucionaria y China– a expensas de millones masas de campesinos [3]. Este estereotipo se ha repetido una y otra vez durante el tiempo en que los revolucionarios han tratado de establecer una hoja de ruta para la industrialización. Un marxista sabe muy bien que el único camino posible para la colectivización masiva es a través de la mecanización del trabajo en el campo. Esta última es imposible sin el desarrollo de una sólida industria pesada nacional. Al parecer, los autores del manual no están de acuerdo con este punto de vista, como resultado de los cuales se sienten impulsados a establecer en el marco «teórico» algo que les permita extraer una serie de conclusiones que puedan chocar también en la teoría con las teorías marxista-leninista, para poder en la práctica tener una justificación después.

En nuestra opinión, la afirmación anterior sobre que la industrialización se traduce en un abandono de las otras ramas tiene poco que ver con la economía política marxista-leninista y no es más que un reflejo del pensamiento burgués y revisionista de que hemos mencionado anteriormente. Vamos a examinar el papel de los dos puntos planteados en la cita anterior que el manual de economía política de Shanghái estudia: el significado de «su concepto» de prioridad en el desarrollo de la industria pesada y la afirmación de que la agricultura no debe ser ignorada. Los autores declaran abiertamente que la agricultura es la base de la economía nacional:

«En la organización del desarrollo de la economía nacional, el país socialista debe aplicar conscientemente las leyes objetivas de la agricultura como base de la economía nacional».(ibíd., p. 368)

Esta declaración va mucho más allá de la comprensión sobre la agricultura en un país con una abrumadora mayoría de campesinos, donde la agricultura tiene que jugar un papel muy importante por la razón evidente de que hay una desproporción económica clara al comienzo del desarrollo económico del país. No es eso, estamos tratando aquí con una nueva comprensión de la dirección del desarrollo de la economía de transición en un país relativamente atrasado como China. Cuando los autores apelan al principio de la agricultura como base de la economía nacional, dan a entender que la agricultura debe ser una prioridad en la economía nacional:

«Dado que la agricultura es la base de la economía nacional, es necesario tratar el desarrollo de la agricultura como una prioridad de la economía nacional. Sólo cuando la agricultura se desarrolla como la base de la economía nacional puede iluminar la industria, la industria pesada, y otras empresas económicas, culturales y educativas se podrán desarrollar así mismo». (ibíd., p. 370)

En este punto, no hay una aparente lógica, sino que se utiliza profundamente un argumento antimarxista. Vamos a profundizar en esto con más detalle a continuación. De acuerdo con los autores, si la agricultura no se desarrolla, la industria no puede desarrollarse bien. Se supone –según ellos– que la economía nacional puede funcionar sólo si se desarrolla la agricultura como la base para el desarrollo económico de la economía nacional en su conjunto. Según los autores, el desarrollo de la industria está determinado por el desarrollo de la agricultura y no al revés [4]. En este punto, este esquema se presenta como una relación abstracta. No está claro a primera vista exactamente qué proporciones están implícitas en esa relación de subordinación. Como se verá más claramente en el análisis cuantitativo realizado en la siguiente sección, este esquema implica que el nivel de inversión de capital en la industria pesada se determina por el nivel de inversión en la agricultura y la industria ligera, y no al revés.

Esto se fundamenta en el postulado de que la agricultura se convierta en el principal mercado de la industria pesada, por lo que el nivel de inversión en la industria pesada está determinado por las necesidades de la agricultura. Una agricultura más o menos avanzada se refleja en una industria pesada más o menos avanzada, pues para ellos la agricultura es el comienzo y el final del proceso de producción:

«Lo que hoy la gente todavía no comprende bien es que la agricultura proporciona un importante mercado a la industria pesada. Sin embargo, lo comprenderá fácilmente a medida que la transformación técnica y la modernización de la agricultura, en su gradual desarrollo, reclamen cada vez más maquinaria, fertilizantes, obras hidráulicas, instalaciones de energía eléctrica, transporte, combustible para el consumo popular y materiales de construcción civil». (Mao Zedong, Sobre el tratamiento correcto de las contradicciones en el seno del pueblo, 1957)

El verdadero significado de la afirmación inicial corroe la teoría marxista; la excusa de que la agricultura no debe ser descuidada, acaba en teorizaciones que explícitamente formulan unas ideas muy claras en las proporciones del trabajo intercambiado entre los tres principales sectores de la economía [5]. Los autores se basan directrices claras en cuanto a las prioridades para el desarrollo de la economía de transición: primero la agricultura, a continuación, la industria ligera, seguida de la industria pesada.

«Bajo la dirección de la línea general de la construcción del socialismo y la política general de desarrollo de la economía nacional, el plan económico nacional de China está dispuesto en un orden que va con la agricultura, la industria ligera y la industria pesada como el presidente Mao sugirió. Es decir, en la organización del plan de la economía nacional, hay que partir de la agricultura y dar a la agricultura la posición primaria en esta escala. También en la asignación de fondos de capital o el suministro de bienes materiales, las necesidades de la agricultura no se puede descuidar en ningún momento». (ibíd.)

Los autores del manual ordenan al revés las escalas en que están ordenadas la industria pesada, la industria ligera y la agricultura, así como las prioridades establecidas por los fundadores del marxismo-leninismo para estas. Están en contradicción con los conceptos básicos de la economía marxista. No hacen caso de Marx y Engels en cuanto a la teoría de la reproducción y reproducción ampliada para el socialismo. Se socavan las enseñanzas de Lenin sobre la economía política y su lucha por la industrialización de la Unión Soviética. Le pusieron una cruz en el titánico esfuerzo y la experiencia práctica para la industrialización de un país agrícola inmenso, a la base de la construcción principal del socialismo en la Unión Soviética. Ellos liquidan con esa afirmación la economía política marxista y la reemplazan con un puñado de ideas pequeño burguesas que parten de una pseudociencia envuelta en apariencia externa del marxismo privado de su sustrato científico. Usando fraseología revolucionaria los autores del manual de Shanghái presentaron esta y otras tesis antimarxistas, incluso se atrevieron a presentarlo como un desarrollo del marxismo-leninismo. ¿Es esto realmente un desarrollo de la ciencia marxista-leninista o un plagio del pensamiento económico premarxista en las condiciones históricas concretas cuando el marxismo-leninismo fue atacado por todo tipo de teorías y prácticas derechistas tras el XXº Congreso del PCUS?

Hasta ahora hemos examinado la formulación del postulado sobre la agricultura como base de la economía. Tal declaración fue considerada por los economistas chinos como un nuevo desarrollo en la ciencia de la economía política. Un análisis más cuidadoso de este postulado señala que la esencia de esta declaración, que es tan fundamental para el pensamiento económico defendido por los autores del manual de Shanghái, es fundamentalmente premarxista y su esencia se había expuesto hace mucho tiempo por Lenin, especialmente en sus primeros trabajos sobre la economía política.

Lenin, siguiendo a Marx, expone los errores de Sismondi y los populistas y también mostró los fundamentos de sus errores en relación con el valor de la producción social, en el contexto del análisis del desarrollo del capitalismo en Rusia. Lenin demostró que Marx podría crear su teoría de la reproducción capitalista mediante la superación de dos errores principales de la economía política burguesa clásica. El primer error está relacionado con la exclusión del capital constante del análisis del valor de producción social y así reduciéndolo a dos partes –que corresponden al trabajador y al capitalista–. El segundo error está relacionado con el consumo individual y el consumo de la producción, lo que conduce a la omisión de este último en el análisis de la reproducción y la reproducción ampliada en general.

Lenin conscientemente y sistemáticamente luchó contra la teoría económica reaccionaria de los populistas. Al hacerlo, se desarrolló además una afirmación metodológica fundamental en la teoría marxista de la reproducción, es decir, la cuestión de la relación entre el consumo individual –capital improductivo– y consumo productivo del mercado de medios de producción –capital constante–. Los clásicos de la economía política burguesa, Adam Smith y David Ricardo, confunden estos dos consumos, reducen todo el consumo al consumo individual, lo que les impidió comprender el proceso de realización del producto social. Esto también les impedía comprender el proceso de reproducción del capital. Sólo es posible resolver estos problemas fundamentales de la economía política, independientemente del modo de producción, haciendo una clara distinción entre la producción de medios de producción –sector I– y la producción de medios de consumo sector II–. Estas cuestiones se tratan con mayor detalle en «El Capital» de Marx. Especialmente valioso en este sentido es el IV volumen de dicha obra.

Reducir el producto social de dos componentes es un error común al pensamiento económico premarxista y tiene un sustrato objetivo. Esta «omisión» se debe a un análisis superficial del producto capitalista en un momento en que la producción capitalista estaba en su etapa temprana de su desarrollo, o sea la época de auge de la manufactura, antes de la llegada de la industria de la máquina a gran escala. La raíz de este error, es objetivo como decimos en el sentido de que se basa en las condiciones histórico-económicas concretas que predeterminan el pensamiento económico premarxista. Ni que decir tiene, que en las condiciones objetivas de China en lo que respecta al desarrollo de la industria de las máquinas a gran escala, influyó en los economistas chinos, y no eran «influencias» muy diferentes de las que influyeron en Rusia a las ideas de los populistas:

«La vieja China era un país semicolonial y semifeudal. Bajo la opresión del imperialismo, el feudalismo y el capitalismo burocrático, el nivel de producción fue extremadamente atrasado. Las pocas industrias modernas que existían consistían principalmente en la industria ligera y la industria textil. Cuando el país fue liberado en 1949, la producción anual de acero era de sólo 158.000 toneladas. No había nada que hablar en cuanto a la existencia de sectores industriales importantes». (ibíd., p. 383)

En este contexto, es mucho más fácil entender la razón de ser de la siguiente declaración con respecto a una estimación más cuantitativa de asignación de recursos en el socialismo, que de igual modo suena bastante ridícula, por decirlo suavemente:

«Al mismo tiempo, también hay que tener cuidado de que el desarrollo de la industria pesada y de otros sectores de la economía nacional no supere la cantidad de grano para alimentos, materias primas, fondos de capital y mano de obra que pueda ser proporcionada antes a la agricultura», (ibíd., p 388)

Al cometer el mismo error metodológico que la economía política clásica burguesa y sus seguidores en Rusia, los autores del manual de Shanghái no sólo llegan a la conclusión conocida de que «la agricultura es la base de la economía nacional», sino que también establecen un límite superior al limitar la proporción del producto social que pueden estar involucrada en la industria pesada. Por lo tanto, en la construcción del plan socialista se establece aquí un límite máximo para la inversión y los recursos destinados a la industria pesada, pues estas inversiones y recursos siempre estarán determinadas por el desarrollo de la agricultura, un sector de la economía que muestra un menor nivel de productividad del trabajo, algo a todas luces absurdo. Si el producto total social no es bastante grande en un país económicamente atrasado como China en aquel tiempo, en lo que concierne a la cantidad total de producto social a dar en la industria pesada serán migajas insustanciales.

Los autores del manual de Shanghái estando de acuerdo con los populistas rusos sobre que sin el desarrollo de la agricultura el desarrollo de la economía nacional no es posible, llegan por lo tanto a la conclusión de que el desarrollo de la economía nacional está determinado por el desarrollo de la agricultura, siendo ella su base y piedra de toque. El desarrollo del capitalismo en sus primeras etapas de desarrollo se llevó a cabo a pesar del encogimiento del mercado de los campesinos a causa de la expansión del mercado de los medios de producción. Bajo el socialismo, las grandes masas de los productores individuales no desaparecen bajo la presión del desarrollo del capitalismo en el campo, ni tampoco el mercado de los campesinos se reduce a favor del desarrollo de la industria, como sucede en el capitalismo. Muy por el contrario, en la economía de transición, la expansión de las fuerzas productivas de la agricultura se debe principalmente a la mecanización del campo que puede proporcionar al campo la industria pesada, pero desafortunadamente es algo que no comprenden y rechazan. Creer que el desarrollo de la agricultura en un país relativamente atrasado como China puede tener lugar la base de la cooperación simple, sin la ayuda del Estado en forma de una industria pesada sólida es una ilusión sin esperanza, y un reflejo de una profunda falta de comprensión de los fundamentos de la economía política marxista. La historia económica de la construcción del socialismo en la Rusia ha demostrado que el hecho de entender y aplicar en la práctica económica en país semifeudal, en última instancia conduce al desarrollo del capitalismo en el campo confiscando las tierras y dándoselas a pequeños propietarios privados que no tenían tierra, y la elevación de las fuerzas productivas del campo dependieron de la ayuda del Estado con tractores y créditos a las colectividades de esos pequeños productores privados, que unen sus tierras y sus medios de producción y que con la ayuda del Estado emergen con una tecnología moderna en el campo. Los autores del manual de Shanghái llegan a bastantes conclusiones opuestas. Ellos llegan a las mismas conclusiones que los populistas cuando ponían en duda la viabilidad del desarrollo del capitalismo en Rusia.

«Supongamos, en efecto, que a la pregunta: «¿puede desarrollarse el capitalismo en Rusia, cuando la masa del pueblo es pobre y continúa empobreciéndose cada vez más?», se le ocurriera a alguien contestar del modo siguiente: «sí, puede, porque el capitalismo no se desarrollará a expensas de los artículos de consumo, sino de los medios de producción». Es evidente, que tal respuesta se basa en la idea en todo sentido justa de que el crecimiento de la productividad global de una nación capitalista se efectúa principalmente a expensas de los medios de producción –vale decir, más sobre la base de éstos que de los artículos de consumo–». (VI Lenin, Sobre la cuestión de los mercados, 1893)

El análisis marxista clásico de Lenin sobre el carácter premarxista de las opiniones los populistas rusos sobre el desarrollo del capitalismo en Rusia, es perfectamente válido para refutar el análisis de las fuentes de desviación antimarxista defendidas por los autores del manual de Shanghái donde ponen a la agricultura como base de la economía nacional.

«Éste ve el mayor «obstáculo» para el desarrollo del capitalismo en Rusia en la «reducción» del mercado interno y en la «disminución» del poder adquisitivo del campesinado. (...) ¿En qué consiste el absurdo de esta teoría «siempre nueva» –para los populistas rusos–? (...) ¿Acaso en el hecho de que su autor no comprende la significación de la «producción de medios de producción para medios de producción»? Claro está que no. El señor Nikon conoce muy bien esta ley, y recuerda inclusive que se había manifestado también aquí». (VI Lenin, Sobre la cuestión de los mercados, 1893)

Esta y otras tesis económicas defendidas por los autores del manual de Shanghái son incompatibles con la esencia de la política proletaria guiada por el marxismo-leninismo. Como se explicará en otras secciones, el complejo de vociferaciones revolucionarias –a veces ultrarevolucionarias que rozan lo ridículo– cubren la esencia revisionista premarxista y de un número de sus tesis fundamentales. Desde el punto de vista de un marxista consecuente no tiene sentido llamar a las masas a seguir estas «políticas proletarias», por muy bonitos eslóganes que les pinten, ya que la esencia de las reformas económicas propuestas por los autores es fundamentalmente pequeñoburguesa. Su esencia de clase, junto con el carácter antimarxista en su pensamiento económico, similar al de los populistas se ha expuesto desde hace mucho tiempo. Hacemos un llamamiento a los que siguen considerando la tesis económica de que la agricultura es la base de la economía como una política proletaria, les invitamos a que aborden detenidamente estas cuestiones y presten más atención a la esencia de los fenómenos económicos y a que conducen, dejando de un lado por un momento el sentimentalismo por las figuras:

«Los populistas no veían en la clase obrera la clase más avanzada de la revolución. Soñaban con la realización del socialismo sin el proletariado. Para ellos, la fuerza revolucionaria principal eran los campesinos, dirigidos por los intelectuales, y la comunidad campesina, a la cual consideraban como el germen y la base del socialismo». (Historia del Partido Comunista de la Unión Soviética (bolchevique), 1939)
Rafael Martinez
Sobre el manual de economía política de Shangai, 2006

Anotaciones de NG: 

[2] Aprovechando el tirón jruschovista y sus tesis que denigraban el trato de la industria pesada por Stalin, Mao durante 1956 empezó a teorizar las mismas tesis económicas que Jruschov y Kosigyn, y pese a que se seguía resaltando el papel de la industria pesada y sus inversiones, lo cierto es que esta queja de la «época stalinista china» se tradujo poco después en un reajustamiento en el campo económico, queriéndose dar más créditos a la industria ligera y la agricultura, restando el nivel de desarrollo de la industria pesada:

«La cuestión que actualmente se nos presenta es la de introducir apropiados reajustes en la proporción correlativa de las inversiones en la industria pesada, de un lado, y la agricultura y la industria ligera, del otro, imprimiendo un mayor desarrollo a estas dos últimas». (Mao Zedong, Diez grandes relaciones, 1956)

[3] Pese a saber que eso de que «la construcción de la industria soviética va expensas de los campesinos» era un mito burgués, Mao no pudo evitar reproducir dicha falacia en sus obras de su época más antistalinista:

«Los procedimientos que se adoptan en la Unión Soviética representan un estrujamiento muy duro para los campesinos. (…) A diferencia de la política de la Unión Soviética para con los campesinos, la nuestra contempla tanto los intereses del Estado como los de los campesinos». (Mao Zedong, Diez grandes relaciones, 1956)

[4] A diferencias de las tesis de Mao sobre tomar la agricultura como base de la economía nacional. El albanés Enver Hoxha explica muy bien la función rectora y de expansión de la industria pesada sobre las demás ramas:

«Mao Zedong presenta la tesis antimarxista de que hay que dar prioridad a la industria ligera y a la agricultura con relación a la industria pesada. Mao Zedong justifica esta desviación revisionista de Kosyguin pretendiendo que las inversiones en la industria pesada son muy elevadas y que no son rentables, mientras que la industria de los caramelos y de las zapatillas, son más ventajosas, más rentables. Y que en cuanto a la agricultura, que asegura la alimentación de la población. Esta tesis antimarxista de Mao no aumenta sino que al contrario frena el desarrollo de las fuerzas productivas. La agricultura y la industria ligera no pueden desarrollarse a la cadencia requerida si su desarrollo no se acompaña del de la industria minera, si no se produce acero, petróleo, si no se produce tractores, vagones, automóviles, buques, si no se pone en pie una industria química, etc., etc. El auge de la industria, según Mao, es un proceso artesanal. La industria ligera, que Mao pretendía desarrollar, no podía ser puesta en pie solamente con ladrillares, bicicletas, tejidos impresos, termos y abanicos. Es cierto que pueden proporcionar rentas, pero la gente sólo los adquiere si tienen el poder adquisitivo correspondiente. En 1956, China era un país muy poblado pero económicamente atrasado, y muchos de los artículos de consumo corrientes fueron vendidos por debajo de su precio de coste. La productividad del trabajo era todavía muy reducida». (Enver Hoxha, Algunos juicios sobre el «decálogo» de Mao, 1976)

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