viernes, 30 de diciembre de 2016

La posición de los comunistas en torno a las cuestiones del ejército en las democracias burguesas


«
Una confusión todavía mayor, si cabe, tenían que producir en las cabezas de los obreros algunas manifestaciones de diversos órganos del Partido Comunista de Checoslovaquia en punto a los problemas del ejército y de los armamentos. Indudablemente, nuestro partido obró acertadamente al intervenir en los asuntos del ejército. Indudablemente, el Partido Comunista de Checoslovaquia obró y obra acertadamente al plantear una serie de reivindicaciones concretas encaminadas a la democratización del ejército, y cuya realización puede entorpecer el abuso del ejército por el fascismo. El proletariado tiene el máximo interés en que, en la lucha contra el fascismo, el ejército no esté al lado de los fascistas, sino al lado de sus adversarios. Sería una miopía y un error funesto el que la clase obrera se desinteresase de lo que ocurre dentro del ejército y con el ejército. Ha sido y es, por tanto absolutamente acertado reclamar medidas para la democratización del ejército y luchar porque éste no se convierta en un hogar de reacción y de fascismo. Pero el aprobar la política de armamentos que mantiene el actual gobierno y el clamar incluso por el refuerzo de los armamentos, es algo completamente falso e inadmisible desde el punto de vista obrero. Y, sin embargo, se ha hecho:

«Ningún trabajador honrado de nuestra república está hoy en contra del ejército ni en contra de los armamentos. ¡El ejército merece lo mejor de todo, y si no tenemos más remedio que armarnos contra el fascismo que nos amenaza vamos todos con las armas en la mano. ¡Y queremos que estas armas sean las más posibles, que sean las mejores! El señor ministro de la Defensa Nacional presentó en la Comisión de Defensa el programa de las peticiones materiales formuladas por la dirección del Ejército. ¡Eran muchas, pero son necesarias! Si no fuesen las ganancias que tiene que embolsarse la sociedad de los hijos y los yernos, el ejército tendría en vez de un cañón, suministrado por los patrióticos fabricantes checoslovacos de armamentos, dos cañones; en vez de un aeroplano, dos; dos ametralladoras en vez de una. Todos tenemos que hacer sacrificios por el ejército. Tienen que hacer sacrificios los obreros, los pequeños industriales, los campesinos, los empleados del Estado, los funcionarios. También tendrán que sacrificar sus vidas en la guerra. Pero quieren tener la seguridad de que a costa de sus duros sacrificios nadie se embolse cientos de millones». (Artículo del diario «Rudé Právo»; órgano oficial del Partido Comunista de Checoslovaquia, 27 de noviembre de 1935)

Si uno no lo viese con sus propios ojos, no creería que en un periódico comunista pudieran publicarse cosas como ésta. Y, sin embargo, esto se publicó en el «Rudé Pravó», órgano central del Partido Comunista de Checoslovaquia. El autor del citado artículo era, manifiestamente, un elemento extraño, enemigo del proletariado y del partido. Es cierto, en verdad, que en otras manifestaciones del partido no se llega a estas espantosas tergiversaciones de los principios de clase. Pero el hecho de que después de aparecer una cosa tan inaudita no se expulsase inmediatamente del partido a su autor con látigo de hierro, como a un agente del enemigo de clase, revela que dentro del partido no había una posición clara, consecuente, bolchevique en cuanto al ejército. Parece que los camaradas han olvidado alguna de las cosas fundamentales: el problema del carácter de clase del ejército, que el carácter de clase del ejército lo decide el hecho de que clase tiene el poder en sus manos, que el ejército burgués es un ejército burgués y sigue siendo por tanto, un instrumento de opresión de la burguesía, aun cuando el gobierno sea un gobierno burgués no fascista, en el que participan incluso socialistas; y que, por tanto, la clase obrera no puede conceder armamentos y medios a tal ejército y a tal gobierno, si no quiere traicionar sus propios intereses de clase. En vez de explicar pacientemente a los obreros todo esto, el Partido Comunista de Checoslovaquia consintió manifestaciones inauditas como la que citamos más arriba.

Los camaradas se rindieron, manifiestamente, en este caso a las campañas de agitación del adversario. Este escribía en todos los tonos: «Si los comunistas son efectivamente partidarios de la defensa de la república, no tienen más remedio que votar el presupuesto del ejército. Pues ¿cómo de otro modo vamos a defender la república?». Y esto, visto superficialmente, parece lógico. Pero sólo si se mira superficialmente. La realidad es otra. El pueblo trabajador de Checoslovaquia quiere defender su país contra Hitler y los demás fascistas extranjeros. ¿Puede confiarse para esto en la burguesía? No puede, absolutamente no. No hablemos de la burguesía alemana y húngara, cuyas relaciones amistosas con Hitler y Horthy son harto conocidas. Hablemos de la burguesía checa y eslovaca. ¿No conspiran ya hoy con Henlein los Kramar, Strshibrny, Stoupal y Klinka, y no guiñan ya el ojo a Berlín? ¿No hay en el actual gobierno fuertes corrientes reaccionarias que abogan por la creación de un amplio bloque reaccionario que apoderándose del gobierno iniciaría una política interior y exterior a gusto de los Kramars, es decir, orientada hacia Berlín? ¿Acaso los partidos socialistas gubernamentales no impulsan estas aspiraciones reaccionarias con su política de colaboración de clases, su eterna capitulación ante la reacción y su repulsa contra el frente único? ¿Y no existe, como resultado de todo esto, el peligro de que los que hoy más claman acerca de la defensa de la república, un buen día vendan al Berlín de Hitler esta república con todos sus atributos, incluyendo, por tanto, el ejército? ¿Cómo puede el pueblo trabajador defenderse contra este peligro? No tiene, manifiestamente, más que un camino: concentrando sus fuerzas en un frente popular antifascista, oponiéndose a la burguesía dominante, aislando a ésta dentro del pueblo y dificultándole la posibilidad de abusar del poder armado contra los intereses del pueblo: es decir, sólo desplegando la lucha de clases contra la burguesía. Pero ¿qué significa, bajo las actuales condiciones, votar por el presupuesto militar del actual gobierno? Significa darle confianza a éste, renunciar a la lucha de clases, y en último término, poner incluso el destino de la independencia nacional en manos de quienes no son los llamados a defenderla.

Por tanto, precisamente porque abogamos realmente por la defensa de la república contra el fascismo de dentro y de fuera, no queremos votar al actual gobierno ni a la burguesía dominante recursos financieros para comprar armamentos; porque sabemos que, en manos de la burguesía, se emplearán algún día no sólo contra los intereses de clase, sino también contra los intereses nacionales del pueblo trabajador. Por eso decimos a los obreros y a todo al pueblo trabajador: que su lucha contra el fascismo de fuera no puede ser tampoco en el fondo, más que una lucha de clases contra su propia burguesía. Y una parte de esta lucha de clases contra la propia burguesía es la lucha por la democratización del ejército, para barrer de él los nidos del fascismo, para que los soldados obtengan todos los derechos de ciudadanía, para que el ejército se sienta animado en sus sectores fundamentales de espíritu combativo antifascista, para que el fascismo no logre abusar del ejército para los aventureros nacionales y extranjeros.

En la determinación de la actitud ante el gobierno, ante el Estado burgués y ante el ejército, acaso algunos camaradas se han dejado extraviar por las relaciones que actualmente median entre Checoslovaquia y la Unión Soviética. La Unión Soviética se halla en la actualidad unida a Checoslovaquia por un tratado de asistencia mutua. ¿Acaso esto hace cambiar las relaciones entre el proletariado y la burguesía dentro de Checoslovaquia? En modo alguno. Los intereses del proletariado soviético son los mismos del proletariado mundial. Sin embargó las formas y los métodos de su defensa pueden ser diferentes. La razón de esto está en que el proletariado de la Unión Soviética actúa y procede como clase dominante, y el proletariado de los demás países, por el contrario, como clase oprimida. En este caso concreto, el gobierno de la Unión Soviética firmó un tratado con la burguesía dominante de Checoslovaquia con el fin de prolongar la paz. Esto cae de lleno dentro del interés del pueblo trabajador de todos los países. Pero el proletariado oprimido de Checoslovaquia, no selló con la burguesía dominante de Checoslovaquia ningún pacto para asegurar, digamos, la paz civil. Y la burguesía dominante de Checoslovaquia no selló con el proletariado checoslovaco, ningún pacto de que ella no utilizará el ejército contra el proletariado. El interés del proletariado checoslovaco es, y sigue siendo, sacudir tan pronto como sea posible el yugo capitalista, lo mismo que el interés de la burguesía sigue siendo mantener en la servidumbre al proletariado de Checoslovaquia, explotarlo y oprimirlo. De donde se desprende: que la correlación de clases entre el proletariado y la burguesía de Checoslovaquia no cambia por efecto de un tratado del gobierno burgués checoslovaco con la Unión Soviética. Y esto se refiere también, naturalmente, al ejército, quien diga «nuestro» ejército, es decir, el ejército checoslovaco, es hoy un aliado del Ejército Rojo; por tanto, debéis aprobar el presupuesto militar, simplifica la cosa. No, la cosa no es tan sencilla.

El pueblo trabajador sólo puede confiar un ejército a un gobierno que sea un verdadero gobierno del pueblo. ¿Acaso lo es el actual gobierno de coalición de Checoslovaquia? Nada de eso; todo el mundo sabe que no lo es. Por eso la «amistad» con el Ejército Rojo no va tampoco muy allá. Fijémonos en un solo caso. El hecho de que un antiguo general en activo de Koltchak, el general Wojtzeehovsky, sea gobernador militar de Bohemia, es una prueba contundente de que el ejército checoslovaco no está dirigido y administrado en interés del pueblo, y es también una prueba contundente de que ese ejército no es «nuestro» ejército, es decir, el ejército del pueblo trabajador. Cuando hayamos conseguido que el ejército sea realmente nuestro ejército, el ejército del pueblo trabajador, el verdadero aliado del ejército rojo; entonces no tenéis más que mirar a la Unión Soviética y ver lo que el pueblo trabajador bajo la dirección de los bolcheviques es capaz de hacer en punto a su poder defensivo. Pero frente a vosotros caballeros, sigue en pie la vieja norma: «Ni un hombre ni un céntimo». (Klement Gottwald; Por la aplicación acertada de la línea del VIIº Congreso de la Komintern, 1936)

martes, 27 de diciembre de 2016

La política cobarde y reformista de los socialdemócratas favorece que las capas intermedias se echen a los brazos del fascismo


«Los jefes reaccionarios asustaban a los obreros socialistas con este argumento: el programa revolucionario y la política de los comunistas echan a los campesinos y a las capas medias de la ciudad en brazos del fascismo.  Que la colaboración de los socialistas con los comunistas no haría más que acentuar este peligro.

A esto replicamos: la verdad es todo lo contrario. Es la política de coalición de los partidos socialistas con la burguesía la que echa a los campesinos y a las capas medias de la ciudad en brazos de los demagogos fascistas. ¿Por qué? Porque los socialistas gubernamentales respaldan, apoyan y comparten los ataques de la burguesía contra los campesinos trabajadores y las capas medias de la ciudad, porque con ello se compromete toda la clase obrera a los ojos de estas capas intermedias, porque con ello estas capas medias pierden la fe en la clase obrera, se apartan de ella y se echan fácilmente en brazos del primer aventurero fascista que llega. En cambio, el restablecimiento de la unidad de acción de la clase obrera y la lucha en común no sólo por las reivindicaciones de los obreros, sino también por los intereses de los campesinos trabajadores y de la pequeña burguesía urbana, facilitarían la incorporación de estas capas sociales al movimiento de la clase obrera y la formación de un potente frente popular de todos los trabajadores contra el puñado de bandoleros capitalistas. A la demagogia fascista se la privaría de base con esto». (Klement Gottwald; Por la aplicación acertada de la línea del VIIº Congreso de la Komintern, 1936)

El nacionalismo burgués inherente en el «pensamiento Juche»; Equipo de Bitácora (M-L), 2015


«En estos casos de desarrollo de una política antimarxista, como hemos presenciado, tarde o temprano aparece la vieja araña del nacionalismo que hila todavía más la actuación traicionera de los revisionistas. Estamos cansados de citar muestras de como el revisionismo chino con sus teorizaciones unían explotadores y explotados nacionales en un frente patriótico. Veamos mejor que significó el nacionalismo en el revisionismo yugoslavo viéndolo en la misma perspectiva de unión de clases antagónicas bajo la excusa del patriotismo:

«En la esfera de la política interior, el nacionalismo del grupo de Tito lleva al pacto entre los explotadores y los explotados, hacia una política de «unión» de los explotadores y de los explotados, en un frente «nacional», hacia una política de abandono de la lucha de clases, hacia la preconización embustera de la posibilidad de edificar el socialismo sin lucha de clases, de la posibilidad de una integración pacífica de los explotadores en el socialismo, hacia la desmovilización del espíritu de combate de los trabajadores yugoslavos». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; A dónde conduce el nacionalismo del grupo de Tito, 1948)

Por eso, el nacionalismo no podía significar en los países que estaban por la construcción del socialismo y el comunismo más que la manifestación de elementos que estaban a favor de la restauración del capitalismo y de la dominación de la burguesía. En el caso de Corea no podemos hablar ni siquiera de restauración sino de perpetuación, pero se sobreentiende:

«La desviación hacia el nacionalismo es una acomodación de la política internacionalista de la clase obrera a la política nacionalista de la burguesía. La desviación hacia el nacionalismo refleja las tentativas de la «propia» burguesía nacional para restablecer el capitalismo». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Informe al XVIIº Congreso del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética, 1934)

En un alarde de nacionalismo y chovinismo extremo, los revisionistas coreanos, argumentaban que Kim Jong Il rompió con el «dogma» del marxismo-leninismo a la hora de calificar una nación, veamos:

«Lo siguiente ocurrió cuando Kim Jong Il era un estudiante en la Universidad Kim Il Sung, un día de otoño en 1960, durante una conferencia sobre la historia coreana. Un estudiante expuso que según los clásicos del marxismo-leninismo la nación se caracteriza por la comunidad del lenguaje, el territorio, la vida económica y la comunidad psicológica que se reflejan en la cultura y que si le falta uno solo de estos cuatro requisitos, no puede considerarse la identidad de la misma. Y agregó: ¿Pertenecen también los coreanos en ultramar a la nación coreana? Hizo esa pregunta para demostrar que entonces ellos no forman parte de la nación coreana según lo planteado en las obras clásicas estudiadas. (...) En aquellos días, los estudiantes, que dogmáticamente habían aceptado las teorías existentes, creyeron que la nación coreana se había formado en el siglo XVIII cuando Corea estaba en la etapa inicial del desarrollo capitalista o en el período de la dominación colonial imperialista japonesa o incluso hasta después de la liberación del 15 de agosto de 1945. Kim Jong Il criticó su visión dogmática basada en los clásicos del marxismo-leninismo y dijo que lo que caracteriza a la nación es la comunidad de la sangre, el lenguaje y la región, de los cuales la sangre y el lenguaje constituyen las cualidades principales que la especifican, y que una nación es una colectividad sólida formada por personas que tienen, ante todo, los mismos lazos sanguíneos y lingüísticos. (...) Él continuó diciendo que la nación coreana ha vivido durante largo tiempo en un mismo territorio, heredando la misma sangre y hablando el mismo idioma, que la nación coreana posee una historia de 5.000 años y una espléndida cultura, que los expatriados también pertenecen a la nación coreana. Una nación es un grupo cohesionado de personas que se formó históricamente como la unidad más grande de la vida social. Una nación no se forma o se rompe fácilmente por un cambio en el sistema social. La formación de una nación condiciona el aspecto de las clases sociales y de los diferentes estratos. Incluso en una sociedad sin clases la nación todavía existe. Si nuestro linaje y lengua son los mismos, pertenecemos a la misma nación, aunque nuestra ideología, ideales y territorio sean diferentes. Esta es su actitud ante la nación. Nuestra nación es una nación homogénea descendiente de Tangun [según una antigua leyenda coreana, Tangun fue el primer humano que habitó la tierra - Anotación de G. H.] que ha compartido sólo una línea de sangre durante 5.000 años. Tal fenómeno es raro en el mundo. La homogeneidad de la línea de sangre es la característica más importante de una nación». (Partido del Trabajo de Corea; Para la realización completa de la independencia nacional a partir de la luz guía del General Kim Jong Il, 1997)

Como los revisionistas coreanos reconocen orgullosamente, para ellos lo que conforma una nación son sobre todo los lazos de sangre, algo que ellos si cumplen gracias a que ellos serían el «pueblo elegido» que ha mantenido durante más de 5.000 años su pureza. Esto es algo que desde la propaganda norcoreana se alimenta con historietas míticas no sólo sobre sus líderes –como ya hemos visto–, sino sobre la creación de su nación:

«Como se ha visto anteriormente, la definición de Kim Jong Il de nación vale decir, que una comunidad, para ser considerada nación, debe compartir lazos sanguíneos y lingüísticos, es correcta y científica. Kim Jong Il dio una respuesta acertada a la cuestión nacional. Criticando la visión dogmática que fijó el momento de la formación de nuestra nación en el desarrollo del capitalismo, dijo: «Nuestro pueblo es una nación homogénea que ha heredado una línea de sangre, lengua y cultura en un territorio desde tiempos antiguos, y es un nación sabia con 5.000 años de historia, una brillante cultura y una tradiciones espléndidas«. La pregunta sobre la fundación de una nación es básica para llegar a la correcta definición de nación y es el punto de partida para sistematizar la historia de una nación». (Partido del Trabajo de Corea; Para la realización completa de la independencia nacional, a partir de la luz guía del General Kim Jong Il, 1997)

Esta definición de Kim Jong Il, no tiene nada que ver con la definición de los marxistas:

«Nación es una comunidad humana estable, históricamente formada y surgida sobre la base de la comunidad de idioma, de territorio, de vida económica y de psicología, manifestada ésta en la comunidad de cultura». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; El marxismo y la cuestión nacional, 1913)

Como era de esperar, no era muy difícil desmontar esta teoría que además se apoya en los linajes de sangre:

«La definición de Kim Jong Il de nación no difiere mucho de las opiniones místicas de los nazis basadas en la «sangre y suelo» –blut unt boden–. No hay tal cosa como una «raza» pura o un «grupo étnico» puro. Somos, en palabras de los científicos, «mestizos energéticos». La idea de que la definición de una nación se puede pensar en términos de «linaje» es ridícula y no hace sino reflejar el carácter pseudocientífico de la Idea Juche. Las ideas de Kim Jong Il de la nación son eclécticas y metafísicas. Desde luego, no reflejan la naturaleza dialéctica de las leyes objetivas que gobiernan al mundo. ¿Qué son entonces, en la mente de Kim Jong Il, Gran Bretaña, Francia y Alemania, con sus Estados multiétnicos, con sus Estados multiculturales, sin mencionar a Estados Unidos, a Canadá y a Australia? No hay muchos países que encajarían en la definición de Kim Jong Il de una nación, si aceptáramos su tesis». (Gary Howell; El Juche a la luz del marxismo-leninismo, 1997)

Era algo obvio que históricamente los marxista-leninistas no se hacían ilusiones respecto a lo que podía significar una victoria de una desviación nacionalista y derechista en sus respectivos partidos. Fijémonos como en las siguientes citas de Vulko Chervenkov contra el nacionalismo, se cumplen todos los requisitos para parecer que se está hablando del nacionalismo-burgués implícito en el «pensamiento Juche»:

1) Subestimación y desprecio de las experiencias revolucionarias que no sean nacionales, como hemos visto una y otra vez en palabras de los revisionistas coreanos sobre las experiencia de la Unión Soviética y las democracias populares de Europa del Este:

«El nacionalismo y las manifestaciones nacionalistas deben erradicarse allí donde se encuentren como una ideología hostil, ideología fascista, como el peor de los males. El nacionalismo se revela en la hostilidad hacia la Unión Soviética, en el menosprecio de sus éxitos, en la negativa a reconocer y negar la experiencia histórica universal de la gran revolución socialista de octubre de 1917 como un ejemplo y modelo para todos los obreros y trabajadores en todo el mundo, en la subestimación de la propia fuerza y éxitos, en la subestimación de la fuerza y los éxitos de los demás, en la negación de la solidaridad proletaria internacional. (...) Tenemos que romper en pedazos la concepción vil y peligrosa del camino peculiar búlgaro, peculiar hacia el socialismo, de la superioridad de nuestro camino hacia el socialismo búlgaro sobre el camino soviético». (Vulko Chervenkov; Georgi Dimitrov y la lucha contra el titoismo en Bulgaria, 1950)

2) La más que posible venta del país a una potencia imperialista, para que la dirigencia pueda mantenerse en el poder y cumplir sus objetivos nacionalistas-burgueses, como le pasó a Corea del Norte con el socialimperialismo soviético y su dependencia económica y política:

«El nacionalismo es la ideología de la traición al campo de la paz, la democracia y el socialismo, la constatación de la salida de este campamento y transferencia al campo del imperialismo». (Vulko Chervenkov; Georgi Dimitrov y la lucha contra el titoismo en Bulgaria, 1950)

3) Del fin del partido comunista, y de la instauración de un partido basado en una figura nacionalista que ordena y dispone todo:

«De la restauración, de la contrarrevolución bonapartista. Nacionalismo significa la perversión del partido en un partido burgués, en un partido contrarrevolucionario». (Vulko Chervenkov; Georgi Dimitrov y la lucha contra el titoismo en Bulgaria, 1950)

4) En la creencia de un paso pacífico, armonioso, con las clases explotadoras nacionales en un esquema de sociedad que forme un todo único patriótico sin lucha de clases, o lucha de clases suavizada considerando a los explotadores nacionales como parte del pueblo:

«De la posibilidad de que la lucha de clases sea suavizada en el periodo de transición del capitalismo al socialismo». (Vulko Chervenkov; Georgi Dimitrov y la lucha contra el titoismo en Bulgaria, 1950)» (Equipo de Bitácora (M-L); El revisionismo coreano: desde sus raíces maoístas hasta la institucionalización del «pensamiento Juche», 2015)

Desmontando algunos de los pseudoargumentos utilizados por los defensores de las FARC-EP; Equipo de Bitácora (M-L), 2016


«Durante muchos años los defensores de las FARC-EP se escudaron para defender todas sus desviaciones en varios «argumentos» bastante absurdos: (1) que como era un grupo que tomaba las armas era un grupo representante de la clase obrera, revolucionario, e incluso marxista-leninistas verdaderos; (2) que al tomar las armas y esto hacerles verdaderos revolucionarios y marxista-leninistas se debía perdonar las desviaciones del proceso; (3) que el tomar las armas significaba hacer mucho más que cualquier otro grupo y nosotros estaríamos señalando quizás cosas ciertas pero que suponen caer en el teoricismo estéril.

Expliquemos esto, porque aunque este debate ya carezca de sentido al parecer que las FARC-EP abandonan las armas, es importante de cara a que el lector aprenda a detectar tales pseudoargumentos en caso de que las FARC-EP retomen las armas o para no ser pillados por sorpresa ante otros grupos similares de la actualidad o el futuro:

1) Algunos esquemáticos y metafísicos piensan que si un grupo toma las armas debe de ser porque es representante de la clase obrera y que será un grupo revolucionario o que incluso solamente los marxista-leninistas se alzan en armas. Vayamos por partes: 

a) Es sabido que la clase obrera no es la única que se alanza en armas. Históricamente diferentes movimientos políticos tomaron las armas, ejemplo de ello es la burguesía cuando se alzó contra la nobleza y el feudalismo. ¿Y qué decir de los movimientos políticos representantes de la pequeña burguesía que se ha alzado en armas millones de veces, contra la nobleza, contra la burguesía, y en menor medida –pero también sucedió– contra el proletariado? Hay multitud de recientes ejemplos históricos de movimientos de la burguesía nacional o la pequeña burguesía de países coloniales o neocoloniales que luchando contra gobiernos títeres del extranjero o gobiernos colonialistas han llegado al poder. Estos movimientos, muchos de ellos, decían ser representantes de la clase obrera, revolucionarios, e incluso marxista-leninistas, otros decían tener variadas influencias entre las cuales se encontraba el marxismo-leninismo, otras que apostaban por una tercería vía –véase las corrientes del tercermundismo y el no alineamiento–, pero todos acabaron cediendo a la burguesía nacional y extranjera, sus movimientos acabaron siendo fieles garantes de la propiedad privada y la democracia burguesa –cuando no de un régimen terrorista y fascista–, todos se convirtieron en aliados y promotores de la burguesía nacional a la vez que perseguidores de las verdaderas organizaciones proletarias y sus efectivos, e incluso en el nuevo poder y gracias a la receta económica capitalista muchos de estos dirigentes burgueses y pequeño burgueses llegaron a amasar una fortuna insultante, no menor a la de los antiguos colonizadores y sus títeres locales. Ejemplos los hay por todo el globo.

b) Bien, si hablamos de movimiento revolucionario, debemos llamar así a un movimiento político que promueve una transformación cualitativa sustancial y que no pretende traficar con esas metas, ni a quién reivindica solo partes de ese programa revolucionario. Las clases sociales como la burguesía nacional o la pequeña burguesía se ha demostrado que no pueden llevar a cabo ya ni siquiera las reivindicaciones de la revoluciones burgueses de siglo anteriores: nos referimos a reivindicaciones como la libertad sindical, la eliminación del feudalismo mediante el reparto de tierras, la erradicación del analfabetismo o eliminación de la presencia de tropas extranjeras en suelo patrio. Todo ello son reivindicaciones se suelen quedarse a medias cuando estos grupos sociales lideran la revolución en los países coloniales y neocoloniales. Los comunistas han demostrado en el siglo XX que estas reivindicaciones son solucionadas de forma tajante y rápida cuando el partido de la clase obrera llega al poder, y que las usa de puente para encaminar a trabajar en la resolución de las tareas socialistas. Se ha demostrado igualmente que los grupos burgueses y pequeño burgueses trafican con estas reivindicaciones para sus fines egoístas, por tanto considerar a la ligera como revolucionarios a grupos de este cariz es un error en nuestra época: se les puede considerar revolucionarios temporalmente si cumplen con las reivindicaciones de la etapa en la teoría y la práctica, pero ni aún así son garantía de cumplir con las reivindicaciones de la etapa por su carácter no proletario, de hecho de que estos grupos cumplan estas tareas corresponde a los comunistas, por lo tanto delegar la lucha a estas organizaciones es lo mismo que renegar de la hegemonía de la clase obrera, la forma más burda de reformismo como tipificó Lenin. 

Véase un país como Venezuela, los chavistas del Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV) decían que el país enfrentaba tareas antifeudales, antimonopolistas, antiimperialistas, estupendo. ¿Acaso se ha solucionado algún tema de estos? Para nada, ni se ha acabado con el latifundio, ni se ha evitado el proceso de monopolización y acumulación de las riquezas en unas pocas manos, ni se ha acabado la dependencia del imperialismo y en caso de hacerlo en algunos sectores ha sido para pasar a depender de otras potencias imperialistas. No hay que caer en la demagogia de que todo es revolucionario y contentarse, hay que sopesar el carácter de cada movimiento y cada figura en su justa medida.

c) Los más inmaduros políticamente hablando, piensan que si un grupo toma las armas, automáticamente es un grupo representante de la clase obrera y su ideología: el marxismo-leninismo, sobre todo por el hecho de que actualmente no se estila la lucha armada en los movimientos políticos como antaño. Creemos que pocos pensamientos hay más ignorantes en cuanto a esto. Como ya hemos explicado la clase obrera y los marxista-leninistas no son los únicos que toman las armas, a veces la clase obrera se alza incluso en formas insurreccionales de forma espontánea o influida por otras ideologías, ni siquiera los elementos revolucionarios –más allá de su clase social– son los únicos que se alzan en armas, los contrarrevolucionarios también lo hacen por supuesto. Para discernir si los que toman las armas son marxista-leninistas o no hay que fijarse en si respetan los principios del marxismo-leninismo sobre la estrategia militar de toma de poder, ni más ni menos, y en ver si dicha violencia impulsa un programa revolucionario acorde a los principios marxista-leninistas. No es lo mismo el brazo armado de un partido marxista-leninista que el brazo amarado de una organización reformista-revisionista, que una organización guerrillera sin partido, que una banda armada terrorista, que un grupo de pistoleros anarquistas, que un ejército mercenario, que un ejército de fanáticos religiosos, que un ejército burgués. No es lo mismo el programa y fines de los marxista-leninistas que quienes usan las armas para mejoras en las condiciones de los trabajadores, que los que las usan para forzar la integración de sus líderes en unas poltronas ministeriales en el gobierno democrático-burgués, que los que pretenden instaurar un socialismo pequeño burgués, que los que ni siquiera han planteado qué hacer tras la toma de poder.

2) El hecho de tomar las armas como sabemos no significa ser representante de la clase obrera, marxista-leninista, ni siquiera revolucionario. Pero la teoría de que al ser marxista-leninistas o al menos verdaderos revolucionarios hay que perdonar ciertas desviaciones del proceso, como dando a entender que «es lo mejor que hay», es lo más patético que puede escucharse, es la teoría del «mal menor». Los verdaderos marxista-leninistas no hacemos «la vista gorda» cuando vemos que un camarada o un partido hermano incurre en un error, no aludimos a su carácter marxista-leninista para pasarle uno, dos o más errores, al revés el perdonar o ser condescendientes con las desviaciones es lo que podría hacer perder el carácter revolucionario y marxista-leninista a nuestro camarada o partido hermano, por lo que jamás transigimos con ello, lo criticamos con educación y paciencia. Del mismo modo el internacionalismo proletario está reñido con el sentimentalismo, el compadrazgo, él no permite sino que presupone la crítica a todas las variantes antimarxistas del panorama internacional, usen las armas o no;

3) Sobre la acusación de que señalar las desviaciones antimarxistas de un movimiento político que se reivindica como marxista es caer en el teoricismo, el doctrinarismo y que no ayuda a nada, es un despropósito. De lo que se deberían preocupar estos elementos es de tener el suficiente nivel ideológico como para saber discernir si las críticas emitidas tienen algo de sentido, ya que de ser ciertas, el movimiento político que está siendo criticado está usando la bandera de una doctrina a la que está ensuciando. De hecho, de lo que adolece el movimiento marxista-leninista de hoy en día es de verdaderos teóricos que analicen los movimientos locales e internacionales, históricos o presentes, pues la inoperancia predomina por doquier, y lo que prima es el seguidismo y el sentimentalismo, que muchas veces conduce a apoyar a grupos y figuras antimarxistas. Además los conocimientos teóricos son necesarios para que en la práctica de la estrategia militar de toma de poder no se caiga en desviaciones como el aventurismo o el terrorismo, o para que una organización armada que llegue al poder no sea usurpada por elementos oportunistas debido al bajo nivel teórico y que usen la victoria militar para implantar un régimen capitalista-revisionista. Hay que empezar a considerar de una vez por todas el marxismo-leninismo como una ciencia, y como dijeron los clásicos, respetarla estudiándola concienzudamente. Así que lo sentimos, pero la formación teórica no es que sea importante sino que es  primordial, y criticar las desviaciones antimarxistas no es un pasatiempo, no es un capricho, es necesidad viva, ya que si el agricultor necesita separar el trigo de la paja para un buen resultado, los marxista-leninistas necesitamos separar el marxismo-leninismo del revisionismo para que la revolución llegue a buen cauce.


***

¿Por cierto ahora que las FARC-EP se integraran en la democracia burguesa colombiana que argumentos usaran sus defensores? ¿Los de una organización incrustada en el cretinismo parlamentario y de fines electoralistas? Esto es, que «no han perdido la esencia sino que se adecuan a los nuevos tiempos», que «al menos hacen algo que no sea criticar», que no votarles «es hacer el juego a la derecha y al imperialismo», de hecho ya han empezado a hacerlo. Las situaciones cambian, las excusas cambian, su esencia oportunista no, la fragilidad de sus mentiras tampoco, así que es menester que los marxista-leninistas estén atentos a estos nuevos pseudoargumentos cocinados desde la olla revisionista para defender a este movimiento antimarxista». (Equipo de Bitácora (M-L); Una reflexión necesaria sobre las FARC-EP, los acuerdos de paz y la historia de las guerrillas en Colombia, 2016)


Las leyes económicas fundamentales del capitalismo moderno y del socialismo; Stalin, 1952


«Sabido es que la cuestión relativa a las leyes económicas fundamentales del capitalismo y del socialismo ha sido planteada reiteradas veces en el transcurso de la discusión. A este respecto se han manifestado opiniones diversas, incluso las más fantásticas. Por cierto, la mayoría de los camaradas que han participado en la discusión ha reaccionado débilmente ante este problema, y no se ha perfilado ninguna solución. No obstante, ninguno de los camaradas ha negado la existencia de esas leyes.

¿Existe una ley económica fundamental del capitalismo? Sí, existe. ¿Qué ley es ésa?, ¿cuáles son sus rasgos característicos? La ley económica fundamental del capitalismo es una ley que no determina un aspecto aislado o unos procesos aislados del desarrollo de la producción capitalista, sino todos los aspectos y todos los procesos más importantes de ese desarrollo; por tanto, determina el fondo de la producción capitalista, su esencia.

domingo, 25 de diciembre de 2016

Cristianismo; Mark Rosental y Pavel Yudin, 1940


«CRISTIANISMO. — El cristianismo es una de las religiones más extendidas. El cristianismo nació dentro de las fronteras del Imperio romano y absorbió los elementos de toda una serie de religiones orientales –el mitraísmo, el judaismo, etc.–, así como las doctrinas de los epígonos de la antigua filosofía idealista –neoplatónicos, gnósticos, estoicos, etc.–. Aplastados por la necesidad material, por la absoluta carencia de derechos y por la cruel explotación, los esclavos iban perdiendo la fe en sus esfuerzos y buscaban un consuelo en las fantásticas suposiciones sobre una vida de ultratumba, lo que preparó un suelo abonado para el brote y extensión del cristianismo que prometía a los esclavos un rápido fin del mundo y el advenimiento de la felicidad eterna, la inmortalidad personal y la nivelación de todos los hombres. Por haberse dirigido a todos los pueblos sin distinción de nacionalidad y por haber negado la liturgia, el cristianismo llegó a ser «la primera relación mundial posible». (Engels). Pero al mismo tiempo que promete la igualdad después de la muerte, el cristianismo concilia y justifica la desigualdad efectiva sobre la tierra –«la esclavitud es el castigo por los pecados»–, llama a los oprimidos a someterse al poder de los opresores y pregona el amor a los enemigos. La prédica cristiana de la sumisión ayuda a los explotadores y desvía a los explotados de la lucha de clases. Esta esencia explotadora del cristianismo, su doctrina sobre el origen divino del Poder, útil para las clases dominantes, la convirtió en el siglo IV en la religión dominante del Imperio Romano. Con la caída del régimen de la esclavitud y en el desarrollo del feudalismo, el cristianismo, en la Europa Occidental, adopto lo formo católica, y en Rusia y en algunos otros países, la forma es ortodoxa. En la Edad Media, la iglesia católica se convierte en la fuerza política más formidable. Dispone de inmensas riquezas: el jefe de la iglesia, el papa romano, pretende el dominio mundial. En su organización, la iglesia, reproduce, santificándolo, el sistema de dominación y de sumisión feudales. Habiendo sido el sostén ideológico más importante del régimen feudal, el catolicismo desempeñó un considerable papel unificador en las condiciones de la diseminación feudal de Europa. La crítica del feudalismo y la lucha contra él adquieren durante la Edad Media la forma de herejías, corrientes religiosas que discrepan del dogma imperante de la iglesia. Algunas sectas –por ejemplo, lo de los cátaros– enseñaban que todo el mundo material es el mundo del mal, derivándose de aquí la actitud negativa frente a todas las normas implantadas por el Estado. Estas concepciones reflejaban la actitud hostil espontánea de las masas hacia el régimen existente. La iglesia católica era «la síntesis y la sanción más general del régimen feudal existente. Claro está que bajo estos condiciones, todos los ataques de carácter general contra el feudalismo y, ante todo, contra la iglesia, todas las doctrinas revolucionarias, sociales y políticas, tuvieron que significar simultáneamente también la herejía teológica». (Engels). La iglesia, no pudo dejar de ver en los herejes una amenaza para su existencia, respondiéndoles con la extensión de la organización tenebrosa de la Inquisición, que perseguía con saña las manifestaciones más insignificantes del pensamiento libre y quemaba en las hogueras o miles de hombres. Lo inquisición sentenció a Galileo, quemó a Glordano Bruno y a Vanini. En el período revolucionario de la lucha contra el régimen feudal, la burguesía, naturalmente, se manifestó también contra el catolicismo, oponiéndole el cristianismo burgués, el protestantismo. Con el triunfo del capitalismo, el cristianismo se convierte en uno de los instrumentos de lucha contra la clase obrera, sobre la que ejerce su influencia mediante el llamado socialismo cristiano, cuyo objetivo consiste en desviar a las masas trabajadoras de la lucha de clases bajo la consigna falsa de la paz de clases entre los capitalistas y los obreros. En la Rusia zarista, la iglesia ortodoxa era el sostén del zarismo y de la reacción, y luchaba activamente contra el movimiento revolucionario. Después del triunfo de lo Gran Revolución Socialista de Octubre de 1917, la Iglesia, junto con la burguesía, ayudó a la intervención Imperialista contra la Unión Soviética. En la Unión Soviética, con la destrucción de lo explotación y la construcción del socialismo, fueron destruidos también los fundamentos de la religión. Ante los trabajadores de la Unión Soviética se plantea ahora la tarea de liquidar los prejuicios religiosos, considerados como una de las supervivencias del capitalismo en la conciencia de los hombres». (Mark Rosental y Pavel Yudin; Diccionario filosófico marxista, 1940)

viernes, 23 de diciembre de 2016

Base y superestructura; Mark Rosental y Pavel Yudin, 1940


«BASE Y SUPERESTRUCTURA. — El modo de producción, es decir, las fuerzas productivas y sus correspondientes relaciones de producción, forman la base –la estructura– económica de la sociedad sobre la que se levanta el sistema de superestructuras: el régimen y las instituciones políticas, así como las formado la conciencia social: moral, ciencia, religión, filosofía, etc. «Según sean las condiciones de existencia de la sociedad, las condiciones en que se desenvuelve su vida material, así son sus ideas, sus teorías, sus concepciones e instituciones políticas». (Stalin). Las superestructuras están vinculadas con la base ya directamente –por ejemplo, las superestructuras políticas–, o por una serie de eslabones intermedios –como las superestructuras ideológicas; la moral, la ciencia, la religión, etc.–. Por surgir de una determinada base económica, las superestructuras adquieren con relación a ella una relativa autonomía. Así, por ejemplo, cada sabio, escritor, artista, al crear sus obras, refleja en ellas las condiciones de su época. Pero toma como punto de partida el material ideológico acumulado por sus predecesores y continúa desarrollándolo, en virtud de lo cual se crea también la sucesión en el desarrollo de la ciencia, del arte, da la filosofía, etc. Con el cambio de la base económica se transforman también, más o menos rápidamente, todas las superestructuras. En la lucha política e ideológica se reflejan las condiciones económicas de la vida social. Pero las superestructuras, determinadas directa o indirectamente por la base económica, no son, como piensan los economistas vulgares, un resultado pasivo de la economía, ni ésta constituye, ni mucho menos, la única fuerza activa en la evolución de la sociedad. Las superestructuras ejercen una influencia sobre la base, aceleran o frenan el desarrollo de la sociedad. Por consiguiente, la superestructura política desempeña en este caso un papel reaccionario activo. Al conquistar el poder político, el proletariado suprime la propiedad privada burguesa –que impide el desarrollo de las fuerzas productivas– y encamina las pequeñas economías campesinas por la senda de la economía colectiva, socialista. En lugar de la propiedad privada, se establece la propiedad colectiva sobre los medios de producción. El Estado proletario crea de esta manera una posibilidad ilimitada para el desenvolvimiento de las fuerzas productivas, dando un claro ejemplo del papel revolucionario activo que la superestructura política está desempeñando en el desarrollo de la sociedad, de su economía y de sus fuerzas productivas. La consolidación del Estado socialista de los obreros y campesinos, la posesión de la teoría marxista leninista y la educación comunista de los trabajadores, constituyen en la Unión Soviética las condiciones más importantes para el éxito del tránsito paulatino ya iniciado hacia la fase superior del comunismo». (Mark Rosental y Pavel Yudin; Diccionario filosófico marxista, 1940)