«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

miércoles, 23 de mayo de 2018

El marxismo, una filosofía científica del proletariado


«A este error está estrechamente ligada la forma no marxista con que el manual trata la historia de la filosofía como una sustitución progresiva de una escuela por la otra. La aparición del marxismo como filosofía científica del proletariado da fin al período antiguo de la historia de la filosofía, cuando la filosofía era una ocupación de solitarios, patrimonio de escuelas compuestas por un pequeño número de filósofos y de discípulos, sin comunicación con el exterior, desligados de la vida y del pueblo, extraños al pueblo.

El marxismo no es una escuela filosófica de esa especie. Por el contrario, aparece como una superación de la antigua, filosofía, cuando ésta era patrimonio de elementos escogidos, de una aristocracia del espíritu, y como el comienzo de un período completamente nuevo en el que la filosofía se convierte en un arma científica en manos de las masas proletarias en lucha por su emancipación del capitalismo.

La filosofía marxista, a diferencia de los sistemas, anteriores, no aparece como una ciencia que domine a las otras, sino que se presenta como un instrumento de investigación científica, como un método que penetra en todas las ciencias naturales y sociales y se enriquece con las aportaciones de estas ciencias en el curso de su desarrollo. En este sentido la filosofía marxista aparece como la negación más completa y más categórica de todas las filosofías anteriores. Pero negar, como lo subraya Engels, no significa pura y simplemente decir «no». La negación implica la sucesión, significa la asimilación, el trabajo crítico y la unión en una síntesis superior de todos los pensamientos de vanguardia, de todas las conquistas progresivas de la humanidad en el curso de su historia.

De ello se desprende que la historia de la filosofía, dado que existe el método dialéctico marxista, debe comprender la historia de la elaboración de este método, mostrar lo que ha condicionado su aparición. No se encuentra en el libro de Aleksándrov la historia de la lógica y de la dialéctica; el proceso de la evolución de las categorías lógicas como reflejo de la experiencia humana no está demostrado en él; aunque el autor cita en la introducción del libro las palabras de Lenin según las cuales cada categoría de la lógica dialéctica debe considerarse como un nudo en la historia del pensamiento humano, su cita carece de base.

No se justifica en ningún caso el hecho de que en el manual no se llegue en la historia de la filosofía sino hasta el nacimiento del marxismo, es decir, hasta 1848. Un manual que no exponga la historia de la filosofía durante los últimos cien años, no puede evidentemente pretender ese título. A razón por la cual el autor silencia despiadadamente este periodo, queda oscura y no se encuentra su explicación, ni en el prefacio ni en la introducción.

No se justifica tampoco el hecho de que el manual excluya la historia de la filosofía rusa. No hay necesidad de demostrar que tal silencio afecta a los propios principios del libro. Cualesquiera que sean los motivos que haya tenido el autor para excluir la historia de la filosofía rusa de una historia general de la filosofía, el hecho de silenciarla equivale objetivamente a minimizar el papel de aquella y a dividir artificialmente la historia de la filosofía en historia de la filosofía occidental y en historia de la filosofía rusa, sin que el autor trate, ni mucho menos, de justificar la necesidad de tal división. Esta división, perpetúa la distinción burguesa entre cultura «occidental» y cultura «oriental», y considera al marxismo como una corriente regional del «Occidente». Es más, en la página 6 de la introducción, el autor defiende con ardor la posición inversa, insistiendo sobre el hecho de que:

«A falta de un atento estudio y de la utilización de la crítica profunda de los sistemas filosóficos del pasado, hecha por los clásicos de la filosofía rusa, es imposible hacerse una idea científica de la evolución del pensamiento filosófico en los países de Europa occidental». (Georgi Aleksándrov; Historia de la Filosofía Europea Occidental, 1946)

¿Por qué, pues, el autor, no se ha atenido en su manual a esta posición correcta? Tal, actitud es perfectamente incomprensible, al mismo tiempo que el hecho de terminar arbitrariamente su estudio en 1848 deja una penosa impresión.

Ciertos camaradas han señalado que la introducción que, es bien evidente, debe necesariamente presentar el «credo» del autor, define las tareas y los métodos de la investigación, pero que el autor en cierto modo no ha cumplido sus promesas. Considero que esta crítica es insuficiente, por cuanto que la introducción en si es falsa y no resiste a la crítica. He hablado ya de las faltas e inexactitudes en la definición del objeto de la historia de la filosofía. Pero no es eso todo. Hay también en la introducción otros errores teóricos.

Algunos camaradas ya han dicho aquí que en la exposición de los fundamentos de la historia marxista-leninista, las citas de Tchernichevski, Dobrolioubov y Lomonossov están traídas por los cabellos y no tienen evidentemente ninguna relación directa con el sujeto. Pero no es esa la cuestión. Las citas de esos grandes sabios y filósofos rusos se han escogido torpemente y las posiciones teóricas que expresan son falsas y hasta diré que perjudiciales desde el punto de vista marxista. No tengo la menor intención de disminuir la importancia de los autores de esas citas, que están escogidas arbitrariamente y se refieren a propósitos sin ninguna relación con aquellos a que tiende el autor. Lo importante es que utiliza a Tchernichevski para demostrar que los fundadores de sistemas filosóficos diferentes e incluso contradictorios deben mostrarse tolerantes el uno hacia el otro. Permitidme que recuerde la citación de Tchernichevski que se hace en la obra:

«Los continuadores de un trabajo científico se levantan contra sus predecesores cuyos trabajos han servido de punto de partida a sus propias investigaciones. Aristóteles, por ejemplo, consideraba a Platón como un enemigo, Sócrates denigraba a los sofistas de los que era el continuador. En nuestros días se encontrarían muchos otros ejemplos, pero a veces hay casos consoladores en que los fundadores de un nuevo sistema comprenden claramente el vínculo de sus ideas con los pensamientos de sus predecesores y se denominan humildemente sus discípulos, en que, al revelar la insuficiencia de las concepciones de sus predecesores, confiesan al mismo tiempo expresamente cuánto han contribuido estos al desarrollo de su propio pensamiento. Tal era, por ejemplo, la actitud de Spinoza hacia Descartes. Es preciso decir en honor a los fundadores de la ciencia contemporánea, que miran a sus antecesores con respeto y casi con amor filial, que reconocen plenamente la grandeza de su genio y el noble carácter de su enseñanza en la cual muestran el germen de sus propias concepciones». (Georgi Aleksándrov; Historia de la Filosofía Europea Occidental, 1946)

Dado que el autor introduce esta cita sin comentario es evidente que representa su propio punto de vista. Si eso es así se encuentra sin duda en la vía de la renuncia al principio de la toma de posición en filosofía que es esencial al marxismo-leninismo. Se sabe la pasión y la intransigencia con que el marxismo-leninismo no ha cesado nunca de combatir contra todos los enemigos del materialismo. En esta guerra los marxistas-leninistas someten a sus adversarios a una crítica sin piedad. El modelo de la lucha bolchevique contra los adversarios del marxismo sigue siendo el libro de Lenin «Materialismo y empiriocriticismo» de 1908 donde cada palabra hace el efecto de la espada exterminadora:

«El genio de Marx y Engels, [dice Lenin], estriba precisamente en que durante un período muy largo de casi medio siglo desarrollaron el materialismo, impulsaron una dirección fundamental de la filosofía y no repitieron las cuestiones gnoseológicas ya resueltas sino que aplicaron consecuentemente y demostraron cómo debe aplicarse este mismo materialismo a las ciencias sociales barriendo implacablemente como si fueran inmundicias, los absurdos, el galimatías enfático y pretencioso, las innumerables tentativas de «descubrir» una «nueva» línea en filosofía, de inventar una «nueva» dirección, etc. (...) Ved, en fin las diferentes observaciones filosóficas hechas por Marx en el Capital y otras obras y hallaréis en ellas invariablemente, una misma idea fundamental; la afirmación continua del materialismo y despectivas burlas contra todo oscurecimiento, contra toda confusión, contra todo retroceso hacia el idealismo. Todas las observaciones filosóficas de Marx gravitan en torno a estas dos principales tendencias opuestas y la «estrechez» y el «carácter unilateral» de aquellas constituyen los defectos que precisamente la filosofía profesoral le reprocha». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Materialismo y empiriocriticismo, 1908)

Lenin mismo, como se sabe, no escatima las críticas a sus adversarios. En la tentativa de enmascarar y resolver las contradicciones entre las tendencias filosóficas, Lenin no vio nunca sino una maniobra de la filosofía universitaria reaccionaria. ¿Cómo ha podido el camarada Aleksándrov después de eso presentarse en su manual como un propagandista del vegetarianismo desdentado frente a nuestros adversarios en filosofía aportando pura y simplemente su contribución al pseudoobjetivismo universitario mientras que el marxismo ha nacido, crecido y vencido en una lucha despiadada contra todos los representantes de la tendencia idealista? (Aplausos). El camarada Aleksándrov no se ha limitado a eso. Su concepción objetivista se manifiesta de manera consecuente del comienzo al fin del manual. Así, no es por casualidad por lo que el camarada Aleksándrov antes de criticar al menor filósofo burgués rinde «homenaje» a sus méritos y le inciensa. Ved, por ejemplo, la doctrina de Fourier, de la que ya se ha hecho mención, sobre las cuatro fases de la evolución de la humanidad. La gran conquista del socialismo de Fourier, dice Aleksándrov, es:

«La doctrina de la evolución de la humanidad. En su evolución, la sociedad atraviesa, según Fourier, cuatro fases: 1) disgregación ascendente; 2) harmonía ascendente; 3) harmonía descendente; 4) disgregación descendente. En la última fase, la humanidad atraviesa el período de caducidad, después de la cual toda la vida cesará en la tierra. En la medida en que el desarrollo de la sociedad se cumpla independientemente del deseo de los hombres, la última fase de la evolución llegará tan infaliblemente como, un cambio de estación. Fourier deduce de ese principio la ineluctable transformación del orden burgués en una sociedad en la que reinará la libertad del trabajo colectivo. En verdad, esta teoría estaba limitada al marco de las cuatro fases, pero para aquella época representaba un gran paso adelante». (Georgi Aleksándrov; Historia de la Filosofía Europea Occidental, 1946)

En esta parte no se encuentra tampoco ni un rastro de análisis marxista. ¿Con relación a qué representa un paso adelante la teoría de Fourier? Si su estrechez consiste en que esa teoría habla de cuatro fases en el desarrollo de la humanidad, en el que la cuarta fase constituye una disgregación descendente, al término de la cual cesará toda vida en la tierra, como comprender la queja del autor al reprochar a Fourier el haber encallado la evolución de la sociedad en un sistema de cuatro fases, mientras que la quinta no puede ser para la Humanidad más que la vida de ultratumba.

Para casi todos los viejos filósofos, Aleksándrov encuentra la oportunidad de una palabra afectuosa. Y cuanto más eminente es el filósofo burgués, mayor es la alabanza. Todo ello conduce a que el camarada Aleksándrov, acaso sin sospecharlo él mismo, se muestre como el esclavo de los historiadores burgueses de la filosofía, que tienen por principio ver ante todo en cada filósofo en primer lugar un colega, y solamente después un adversario. Si se desarrollaran tales concepciones entre nosotros, nos conducirían inevitablemente al objetivismo, al servilismo con respecto a los filósofos burgueses y a la exageración de sus méritos, a despojar nuestra filosofía de un espíritu militante y ofensivo, significaría separarse del principio fundamental del materialismo de su toma de posición. Sin embargo, Lenin nos ha enseñado que:

«El materialismo implica, por así decir, la toma de posición, puesto que obliga, para la apreciación de cada hecho, a colocarse abierta y francamente en el punto de vista de un grupo social determinado». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin: El contenido económico del populismo y su crítica en el libro del señor Struve, 1895)

La exposición de las ideas filosóficas está hecha en el manual de la manera abstracta, objetivista, neutra. Las escuelas filosóficas aparecen en el libro una tras otra o una junto a otra, pero no en lucha una con otra. También eso es un «homenaje» al academismo, a la «tendencia» universitaria. En esas condiciones se ve que no es una casualidad si la exposición del principio de la toma de posición en filosofía ha sido para el autor un fracaso completo; como ejemplo de toma de posición en filosofía, el autor cita la filosofía de Hegel, e ilustra la lucha de las filosofías antagónicas con la lucha de los principios reaccionarios y progresivos en el interior de Hegel mismo. Tal procedimiento de demostración no es solamente eclecticismo objetivista, es más que eso un embellecimiento de Hegel, en la medida en que por ese medio se quiere demostrar que su filosofía contiene tantos elementos progresivos como elementos reaccionarios.

Para terminar con esta cuestión, añadiré aún que el método recomendado por Aleksándrov para juzgar los diferentes sistemas filosóficos, comentando él que:

«Hay debilidades al lado de los méritos». (Georgi Aleksándrov; Historia de la Filosofía Europea Occidental, 1946)

O bien:

«Tal teoría tiene una gran importancia». (Georgi Aleksándrov; Historia de la Filosofía Europea Occidental, 1946)

Peca por su extrema imprecisión, es puramente metafísico y sirve solamente para enmarañar la cuestión. Es incomprensible por qué ha sido preciso que Aleksándrov rinda homenaje a las tradiciones académicas de las viejas escuelas burguesas y haya olvidado el principio fundamental del marxismo que exige la intransigencia con el adversario.

Otra observación más. El estadio crítico de los sistemas filosóficos debe estar orientado. Las ideas filosóficas desde largo tiempo muertas y enterradas no merecen mucha atención. Por el contrario, es preciso criticar con un vigor particular los sistemas y las ideas que a pesar de su carácter reaccionario están vigentes y son utilizadas hoy por los enemigos del marxismo. Este es el caso en particular del neokantismo, de la teología, de las formas antiguas y modernas del agnosticismo, de los esfuerzos para introducir de nuevo, de contrabando, Dios en las ciencias naturales contemporáneas, y otros guisotes cuyo objeto es el maquillar, arreglar y dejar más presentable la averiada mercancía metafísica. Tal es el arsenal puesto hoy en circulación por los lacayos filosóficos del imperialismo para sostener a su amo en plena ruina». (Andréi ZhdánovSobre la historia de la filosofía, 1947)

No hay comentarios:

Publicar un comentario

«¡Pedimos que se evite el insulto y el subjetivismo!»