«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

jueves, 21 de septiembre de 2017

Apoyo del PCE(r) a modelos de partido brezhnevistas-tercermundistas; Equipo de Bitácora (M-L), 2017


«En otros países, como ha quedado expresado, las organizaciones guerrilleras cumplen la función de destacamento avanzado de lucha, pero también a través de ellas se intenta la formación del partido proletariado. (...) En el curso de la lucha armada, o tras su culminación con la toma de poder –casos de Cuba, Angola y Nicaragua– se ha construido el partido marxista-leninista». (Partido Comunista de España (reconstituido); Temas de formación marxista-leninista, 1989)

He aquí las simpatías y apoyo del PCE (r) a régimen tercermundistas que posaron de socialistas. ¿Acaso Cuba, Angola o Nicaragua crearon el partido marxista-leninista o es que sencillamente se lo sacaron de la chistera? Para empezar pongamos en contexto al lector, como era el actuar de los revisionistas en estos países que llegaban al poder sin un partido de nuevo tipo.

El prototipo del partido prosoviético en dichos países eran directamente partidos burgueses y pequeño burgueses presentados desde el exterior como afines al socialismo –como el Partido Baath [ó Baaz] en Irak, Siria o Egipto–. También encontramos la aglomeración de varias organizaciones y clases en un frente, y el establecimiento de este frente como presunta plataforma desde la que nace el partido marxista-leninista o que asumirá el papel de vanguardia concerniente a un partido proletario –véase el Frente Sandinista de Liberación Nacional en Nicaragua o el Movimiento Popular para la Liberación de Angola en Angola–. Se denuncia que la dirigencia de un partido que se considere marxista-leninista –como unión de los elementos más conscientes y avanzados del proletariado–, no puede tener en su máxima dirección a elementos que de la noche a la mañana dicen estudiar y aceptar el marxismo-leninismo –véase Fidel Castro en Cuba, Daniel Ortega en Nicaragua o António Agostinho Neto en Angola–. Añádase la variante de formar partidos a partir de los golpes de Estado en el ejército –véase el Partido de los Trabajadores de Etiopía, la Unión Socialista Árabe en Libia, el Partido Democrático Popular de Afganistán, o el caso de Burkina Faso en donde nunca se llegó siquiera a fundar un partido, siendo comandado el proceso por una junta militar–.

Entonces ¿Cómo fue la conformación del Partido Comunista de Cuba?:

«Para empezar, lejos de existir un partido comunista en Cuba, se fusionaron distintos partidos antimarxistas para conformar un pseudopartido comunista. Veamos, oficialmente se fundó el actual Partido Comunista de Cuba en 1965, o lo que es lo mismo, seis años después de la toma de poder por la guerrilla del Movimiento 26 de julio; y éste partido vino a ser la unión del: Movimiento 26 de julio de Fidel, del Partido Socialista Popular de Blas Roca, y el Directorio Revolucionario 13 de marzo de Faure Chomón. Cierto es que de estas tres organizaciones, al triunfo de la revolución cubana de 1959, solo se reivindicaba como «comunista» el Partido Socialista Popular, quién había desarrollado una más que discutible «lucha» contra Fulgencio Batista, a quién coyunturalmente habían apoyado o combatido, tal partido ideológicamente naufragaba entre el revisionismo browderista y el revisionismo jruschovista en auge por entonces. Posteriormente, con el partido conformado y unificado, hubo una purga contra gran parte de los viejos elementos del Partido Socialista Popular pero no significaba que el partido de la nada se convirtiera por ello en marxista-leninista, ni siquiera que se deshiciera de la influencia jruschovista que el propio Fidel Castro llevaría a sus espaldas toda su vida. Queda claro por tanto, que no pudo existir ni existe una base marxista-leninista en tal partido; que bajo tal eclecticismo no ha existido ni existe una sólida unidad ideológica en el Partido Comunista de Cuba que además ha incubado múltiples tendencias de corte reformista-socialdemócrata, trotskista, anarquista, etc., facciones que se han permitido y permiten siempre que no cuestionen a la dirección en sí, una táctica muy clásica de los revisionistas que persigue obtener el apoyo de quién sea y como sea si tales individuos sirven para el propósito indicado». (Equipo de Bitácora (M-L); El revisionismo del «socialismo del siglo XXI», 1 de septiembre de 2013)

Efectivamente para 1989 el PCE (r) seguía a pies puntillas las tesis tardías de los revisionistas soviéticos sobre el partido. Un modelo flexible donde era el todo vale. Estas recetas fueron tomadas como modelo de partido de los países de «orientación socialista» donde incluían precisamente a Angola y Nicaragua.

¿Por qué se caracterizaban estos partidos?

Primero. La creencia de que el partido debe partir de un frente:

«Además, algunos partidos políticos de «orientación socialista» se han formado como resultado de la reorganización interna de los frentes antiimperialistas, otros sobre la base de la colaboración y los acuerdos entre los demócratas revolucionarios y los llamados comunistas, es decir que estos partidos se han formado como resultado de la transformación de los frentes antiimperialistas en partidos, o como resultado de la coalición de diversas corrientes. Es evidente, según esto, que ninguno de ellos se ha formado, constituido ni funciona sobre bases ideológicas y organizativas marxista-leninistas. Estos partidos como antes el frente antiimperialista, están integrados por individuos de diversas ideologías y que representan fuerzas políticas y sociales distintas». (Nesti Karaguni; La esencia reaccionaria de la teoría revisionista soviética de la «orientación socialista», 1984)

Segundo. La creencia que sus líderes pese a no albergar conocimientos sobre marxismo-leninismo podían dirigir un partido que se pretendía marxista-leninista:

«Los hegemonistas soviéticos no escatiman los elogios más desenfrenados a los gobernantes de los nuevos Estados nacionales que de una u otra forma están atados al carro de la política de la Unión Soviética. Llegan al extremo de considerar a estos gobernantes como: «Revolucionarios destacados». (Vaprosi fillosoti; Nº.2, 1983) Que: «Se esfuerzan por asimilar la teoría del socialismo científico». (Vaprosi fillosoti; Nº.2, 1983) ¡Como si la revolución pasara por enseñar el marxismo leninismo a su líder!». (Nesti Karaguni; La esencia reaccionaria de la teoría revisionista soviética de la «orientación socialista», 1984) 

Tercero. La creencia que la burguesía nacional u otras fuerzas pueden ser los dirigentes de estos movimientos:

«Al mismo tiempo tratan de «probar» que la preparación de las premisas y la «transición gradual al socialismo» de los países, calificados de «orientación socialista» será obra no del proletariado y bajo su dirección, sino de aquellas fuerzas –frentes– que dirigieron la lucha por la liberación y la independencia nacionales, o de aquellas fuerzas que actualmente se encuentran en el poder, sin que sea necesario un nuevo alineamiento de las fuerzas de clase y sin dirigir el rigor del combate y los golpes revolucionarios contra la burguesía, porque, según los revisionistas soviéticos, una parte considerable de la burguesía de estos países habría asumido tendencias socialistas, habría abrazado la «vía del desarrollo socialista» y tendría la posibilidad de desempeñar también el papel dirigente en este importante proceso de desarrollo y progreso. (...) El marxismo-leninismo nos enseña y la práctica ha confirmado plenamente que la burguesía, al estar relacionada con la explotación capitalista y siendo la protagonista de esta explotación, no solo no puede tener ni tiene tendencia socialista alguna, por lo que no puede ser tratada como fuerza motriz del proceso de transición al socialismo y mucho menos como fuerza dirigente de este proceso, sino que además, objetivamente se alinea al frente de los enemigos de la revolución y del socialismo, inclusive a lo largo del desarrollo de la revolución de liberación, democrática y antiimperialista, debido a sus propias posiciones económicas y de clase. Se caracteriza por sus vacilaciones y sus compromisos con el imperialismo y la reacción interna, y por lo tanto no está en condiciones de llevarla hasta el fin. Tampoco pueden jugar el papel dirigente de la revolución las capas de la pequeña burguesía, puesto que tienen exigencias limitadas, individualistas, están bajo la influencia de la ideología anticientífica y dan bandazos ora a la «derecha», ora a la «izquierda», deslizándose hacia el oportunismo y el aventurerismo. Tampoco las capas de la intelectualidad pueden ser una fuerza independiente, porque proceden de diversas clases, por naturaleza son vacilantes política e ideológicamente y tampoco pueden desempeñar un papel dirigente en la revolución». (Nesti Karaguni; La esencia reaccionaria de la teoría revisionista soviética de la «orientación socialista», 1984)

Suponemos que para el PCE (r) la solicitud del gobierno del MPLA en Angola de ser parte del FMI desde 1987; o la satisfacción del FSLN porque el FMI evalué y de visto bueno a su economía neoliberal, es una confirmación de que tras el poder de estas guerrillas se conformaron verdaderos partidos «marxista-leninistas».

El PCE (r) como los chavistas, prorusos y demás fauna proimperialista, trata de convencernos que el gobierno sirio es antiimperialista:

«Bachar al-Assad fue durante mucho tiempo unos de los líderes más populares del Medio Oriente. Su marcado antiimperialismo, su apoyo a las decenas de miles de palestinos que viven en su territorio y la ayuda prestada a los millones de iraquíes expulsados de su país le granjearon gran popularidad». (Movimiento Político de Resistencia; La agresión imperialista contra Siria paso a paso, 24 de julio de 2015)

Nosotros ya refutamos toda esa propaganda:

«El gobierno de Bashar al-Asad no es ni antiimperialista ni revolucionario y mucho menos socialista. De hecho es el heredero del gobierno de Hafez al-Asad quién alcanzó el poder en 1970 a través de un golpe de Estado, dando continuidad a la serie de golpes militares de las décadas anteriores. Este nuevo régimen se apoyaría fuertemente en el socialimperialismo soviético, a cambio los revisionistas soviéticos siempre englobaban orgullosos a la Siria baazista dentro de la lista de «países en vía de desarrollo no capitalista» y de «orientación socialista» o también del llamado «socialismo árabe», es decir hablamos del clásico país dependiente de la Unión Soviética con fuertes lazos en lo económico, político y militar, que pivotaba en torno a la receta de la «economía mixta» y que permitía varios partidos burgueses y pequeño burgueses siempre que no pusieran en tela de juicio al partido prosoviético oficial, entre estos aliados sumisos estaría el triste Partido Comunista Sirio (PCS) que venía manteniendo actitudes jruschovistas y de apoyo a los líderes nacionalistas pseudomarxistas de la región como Nasser. (...) Tras la caída de la Unión Soviética en 1991 y su bloque revisionista-capitalista, el gobierno sirio asilado sin su principal aliado ahora debilitado empieza a desarrollar una serie de reformas liberales y se apoya cada vez más en Occidente en todos los ámbitos pero sin dejar de mirar a Rusia –como hacía la Libia de Gadafi–, es decir intentaba «sentarse en dos sillas» como se dice popularmente. En 2003 se volvería a demostrar el falso «antiimperialismo» de Siria cuando dicho país permitió el paso de tropas estadounidenses para atacar al Irak baazista de Saddam Hussein. En esta época, el nivel de deuda exterior, de desempleo alcanzan cuotas muy elevadas. En esta época los niveles de inversión de capital extranjero en el país por parte de Occidente aumentaron enormemente.

Ya con Bashar al-Ásad en el poder, y a raíz de los problemas que Siria siempre ha arrastrado desde su independencia, y sumado al espoleo de la llamada «Primavera árabe» se dan disturbios en varias de las ciudades sirias, que incluyen los primeros brotes de enfrentamientos armados que se organizan bajo el Ejército Libre Sirio. Con Bashar al-Ásad sucedería lo mismo que en su día con Saddam Hussein, de considerado un amigo en Oriente para Estados Unidos y la Unión Europea, pasa a ser vilipendiado en los medios de comunicación occidentales, preparando el terreno para una intervención directa o indirecta. Se pasa rápidamente de otorgar créditos al régimen a pasar a financiar, entrenar y apoyar a una oposición.

El gobierno sirio para intentar calmar los ánimos en el interior y en el exterior –en este caso intentando buscar la aprobación de las democracias burguesas occidentales– impulsa unas reformas políticas liberales, que se refleja en quitarse todos los disfraces y fraseologías «socialistas» y promueve la reforma de la constitución de 1973 creando una nueva constitución en 2012 inspirada en las democracias burguesas occidentales –aunque en la práctica deja fuera a la oposición que se ha levantado en armas y es apoyada por Occidente– donde se apuesta por los principios liberales del «pluralismo político» que amplían el marco de partidos e participar y se deroga el rol que aseguraba al Partido Baaz el liderazgo del país. Al verse presionado y agredido con la financiación de una oposición de mano de las grandes potencias occidentales, Siria vuelve a apoyarse fuertemente en los viejos aliados rusos e iraníes para contener la ola de opositores de distinto color –incluyendo a ramas de Al Qaeda como Frente Al-Nusra– y usa a estos dos países como as en la manga frente a las potencias occidentales. Desde entonces en medio de una guerra civil, su propaganda se ha apoyado en: 1) la injerencia de los imperialismos occidentales –con quienes desde inicios de los 90 había reanudado buenos lazos económicos-políticos– quienes han consolidación la oposición siria; 2) la lucha contra el Estado islámico quién ha ocupado territorios sirios –y la tibia postura contra él de Estados Unidos y compañía–; y 3) la cuestión de los territorios sirios ocupados por Israel –quien también apoya y financia a la mayoría de los grupos de la oposición–». (Bitácora (M-L); Breves apuntes sobre Siria y la intervención imperialista, 23 de noviembre de 2015)». (Equipo de Bitácora (M-L); Estudio histórico sobre los bandazos políticos oportunistas del PCE (r) y las prácticas terroristas de los GRAPO, 2017)

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