«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

sábado, 21 de diciembre de 2013

Albania: El fin de los titoistas entre nosotros

Siguiendo con la transcendencia de la lucha contra el revisionismo titoista, hoy traemos un texto que comenta como se llevo intestinamente dentro del Partido Comunista de Albania la eliminación de tal mal. Hay que refrescar la memoria al lector, comentando, que dicho partido albanés, fue uno de los más influenciados por el titoismo, sufriendo fuertes injerencias y polémicas desde la época de liberación nacional de ambos países en el transcurso de la Segunda Guerra Mundial. 

El documento traído hoy no tiene más propósito que en primer lugar volver a demostrar la esencia del revisionismo titoista y los métodos que utilizaba para lograr sus fines y las consecuencias directas que afloraban en las superficies implicadas, en este caso el PCA.

Y segundo, y quizás más importante, ver como un partido que se diga marxista-leninista debe aplicar la lucha contra estas desviaciones internamente; sin condescendencia hacia los culpables, pero tampoco sin culpar a toda la dirección del partido ni a toda su base. Será interesante ver como durante los ejercicios de crítica y autocrítica bolchevique, al final de la trama los propios culpables entre congresos, plenos y demás, van reconociendo sus errores, y poco apoco, entre los testimonios de victimas y propios culpables salen acusaciones cada vez más claras y evidentes del propósito que tenían algunos miembros del partido que desde la época de la guerra y desde las primeras polémicas, actuaron en calidad de agentes de Tito.

Debe de ser destacado que varias de las rectificaciones que se hicieron en el partido durante los plenos como podrían ser la cuestión entre el partido y el frente, la semilegalidad del partido, la reforma agraria. Sólo pudieron ser destacadas y corregidas una vez que TODO el partido fue consciente de que tales métodos no eran correctos y una vez que muchos otros se conocieran, ya que pese a los esfuerzos de Enver Hoxha por corregir ciertas derivas que se iban evidenciando, no siempre tuvo toda la aprobación en todas ellas, en especial en las citadas sólo pudo lograr él y el partido la consecución de dicha tarea gracias las cartas de inicios de 1948 entre Stalin y Tito, siendo el punto de inflexión para concienciar a la dirección y a la base del PCA a la hora de reflexionar y replantearse muchas cosas, más aún esto era necesario y debía de ser inmediato, ya que el país se encontraba en un momento en que las presiones yugoslavas sobre Albania habían alcanzado su punto álgido. Por ello las cartas del PCUS al PCY y la resolución de la Kominform en verano de ese mismo 1948, para Enver Hoxha fue la confirmación final de la lucha que había llevado desde su informe al Buró Político de 1946; donde denunció las desviaciones titoistas que ya había percibido. De ahí la especial importancia de tal revelaciones, que como volvemos a repetir, significo que:

«El partido se salvó de esta situación gracias a su firme resistencia a la injerencia yugoslava, gracias a las cartas del Partido Bolchevique de la Unión Soviética que arrojaron luz sobre la situación en el Partido Comunista de Yugoslavia y sobre la actividad de su dirección. Las cartas del partido bolchevique llegaron en el momento más crítico por el que atravesaba nuestro partido. Estas cartas aclararon plenamente al Comité Central de nuestro partido la grave situación existente en el seno del Partido Comunista de Yugoslavia y lo ayudaron a descubrir las verdaderas causas de graves errores, a ver claramente en qué consistía el mal que debilitaba a la dirección del partido y al mismo partido. Estas históricas cartas quedarán como ejemplo de una actitud internacionalista de principio del partido bolchevique de Lenin-Stalin, de un partido resuelto a acudir en ayuda de otro partido hermano». (Enver Hoxha, Informe presentado ante la conferencia de activistas del partido de Tirana sobre los análisis y las conclusiones del XIº Pleno del CC del PCA, 1948)

Sobra recordar el amplio apoyo que recibió la República Popular de Albania por parte del resto de democracias populares, partidos comunistas y todo revolucionario de entonces en purgar a tales elementos de antimarxistas fines:

«Las revelaciones hechas y las tramas destapadas en el Iº Congreso del Partido Comunista de Albania pone de relieve una vez más las intenciones agresivas de Tito y su grupo, siendo esta vez Albania su objetivo y el marco donde resale su política hipócrita, su rancio nacionalismo y la muestra definitiva que se aleja del frente unido con la Unión Soviética y las demás democracias populares». (Georgi Dimitrov, Informe al Vº Congreso del PCB, 1948)

Algo no era casual de Albania, ya que varios países donde existían similares problemas con Yugoslavia se empezaron a vislumbrar los mismos procesos:

«Fueron los tres juicios que se realizaron en el curso de 1949 en Budapest, Sofía y Tirana, los que demostraron que la situación peligrosa que desarrollo en la dirección del Partido Comunista de Yugoslavia no se debió a meros errores políticos, a una política equivocada, sino que fue el resultado de una trama contrarrevolucionaria deliberada, anticomunista, llevada a cabo por una banda de policías-informantes, agentes provocadores y agentes de inteligencia, que respondían ante el liderazgo tioista». (James Klugmann, De Trotski a Tito, 1951)

Y tampoco era casual que a este tipo de elementos los tiempo de después los quisieran rehabilitar los jruschovistas:

«Siguiendo la línea del XXº Congreso del PCUS, Jruschov se apresuró a exigir que el Partido Comunista de Albania revisará su actitud del pasado frente a Tito, así como las sentencias presentadas ante figuras como Koçi Xoxe, Tuk Jakova y otras figuras antipartido, aludiendo que habían sido errores cometidos bajo la influencia del culto a la personalidad a Stalin».  (Miranda Vickers, Los albaneses: una visión moderna, 1999)

El documento:

Enver Hoxha camino del Iº Congreso del PCA, celebrado entre el 8 y el 22 de noviembre de 1948

El fin de los titoistas entre nosotros

La inmediata y vergonzosa marcha de nuestro país de los enviados de Tito tras la llegada de la primera carta del partido bolchevique, trajo consigo entre otras cosas para nuestro partido dos importantes consecuencias. La primera era positiva: Koçi Xoxe y su clan titoista –hasta ayer predomi­nante en el Buró–, cuando vieron qué los patrones les dejaban plantados y a merced de los acontecimientos, cambiaron inmediatamente de camisa y se hicieron «prosoviéticos», ¡«se solidarizaron» unánimemente con la carta del CC del PCUS dirigida a la dirección titoista! Esto redundaba en nuestro interés, ya que aunque en verdad la mayoría de la dirección del partido y el propio partido –cuando se le dijera– se solidarizaría de todo corazón con la primera carta de Stalin –así como con las demás–, no sería nada bueno para nuestro partido que aparecieran aunque sólo fueran tres o cuatro voces contra esta posición general.

Sin embargo, junto con esta primera consecuencia positiva, vendría la segunda, que sería enormemente negativa para nuestro trabajo: viéndose obligados a «solidarizarse» con las cartas del CC del PCUS y con todos los análisis marxista-leninistas que nosotros llevaríamos a cabo a la luz de los acontecimientos en nuestro país, Koçi Xoxe y su banda se esforzarían por camuflarse, por ocultar las garras, por pre­sentarse, como mucho, como «equivocados», «influenciados», y no como realmente eran, agentes reclutados por el revisionismo titoista.

Pero nosotros no podíamos permitir de ningún modo que el mal continuara viviendo en el cuerpo sano de nuestro partido. Se lo debía descubrir, arrancarlo de raíz y arrojarlo lejos, no sólo por los grandes daños que nos había producido en el pasado, sino también en aras del futuro. Si nos mostrábamos liberales, ciegos y blandos con ellos, este mal se esforzaría en el futuro por tomarse la revancha y derrocar al partido en cuanto se crearan las condiciones adecuadas.

Dio comienzo así el prolongado proceso de trabajo, de profundos análisis y discusiones, que nos ocupó durante todo el período entre abril-mayo y noviembre del año 1948. Durante éste período se desarrolló una lucha intensa, durante días y noches enteras se celebraron reuniones y debates incesantes. Frecuentemente, cuando parecía que la situación se aclaraba, inesperadamente, aparecían nuevos hechos y argumentos que nos obligaban a comenzar los análisis desde el principio. No era fácil desenmascarar de inmediato a los enemigos en la dirección del partido; habían hecho la «escuela» de Tito-Rankovic y su participación directa en el complot les había transformado en maestros de la mentira y el engaño.

De manera especial, el agente en jefe Koçi Xoxe se esforzaría por serpentear y maniobrar de mil y una maneras para salvar, si no todo, al menos lo que pudiera salvar de su negro pasado.

Cuando leyó las cartas, tras uña fase de vacilaciones y aturdimiento, una vez que hubo comprendido que las cosas llegarían hasta el fondo, cambió de táctica, ¡comenzó a «asombrarse» y a «indignarse» también él con lo que nos habían hecho Tito y compañía! Se había transformado en una fiera aturdida tras el primero e inesperado golpe que recibieron sus patrones, aunque él mismo no había sido golpeado todavía e incluso al principio ni siquiera mencionamos su obra mañosa. La gran conmoción que sufrió en aquellos momentos, su desconcierto y aturdimiento eran para nosotros una gran prueba más de que teníamos que habérnoslas con un enemigo lo más peligroso. Precisamente cuando esperaba apoderarse por entero del poder, cuando creía que no había quedado ningún obstáculo serio que se le opusiera, entonces, es decir, en el momento en que esperaba recibir la corona, como un rayo en medio del cielo sereno, recibió el golpe inesperado y contundente que le arrancaba definitivamente de las manos todo lo que había soñado y preparado, abierta o secretamente, durante mucho tiempo. En casos semejantes, los elementos enemigos y complotadores caen inicialmente en un aturdimiento y desconcierto verdaderos, hasta que poco a poco se reponen y hacen lo imposible por aferrarse a un clavo ardiendo para salvarse del pantano de inmundicia en que se han sumido caminando Con sus propios pies y por su propia voluntad.

Así estaba ocurriendo también con Koçi Xoxe, el «héroe» del VIIIº Pleno del CC del PTA de febrero de 1948, que cambió rápido de táctica y «sé solidarizó» con las cartas del Partido Comunista (Bolchevique) de la Unión Soviética, pero que igualmente se esforzó por maniobrar, propuso que nos limitáramos simplemente a solidarizamos con ellas, que «aprobáramos» unánimemente sólo lo que se decía en las cartas. Pero no le dejé que se engañará a sí mismo con vanas esperanzas.

Las cartas de Stalin representan una gran ayuda para nosotros –le dije tranquilo pero cortante–. Las estudiaremos a la luz de los problemas que se plantean allí, pero lo más importante que debemos hacer es considerarlas en relación con nuestros asuntos, con nuestras relaciones, con nuestras heridas. Porque aún tenemos abiertas en la espalda las heridas causadas por las puñaladas de Tito y compañía: No olvides en qué situación nos encontrábamos –subrayé intencionadamente–. No ya calificarles dé enemigos, sino una pequeña objeción que se le hiciera a un técnico yugoslavo bastaba para que inmediatamente se nos dijera en el Buró: «veamos esta cuestión que aquí hay antiyugoslavismo». ¡¿O no?!

¡Exacto! ¡Hasta ese punto llegaron las cosas! –dijo con un hilo de voz mientras un color se le iba y otro se le venía–.

Todo lo que ha ocurrido en estos cuatro o cinco últimos años en nuestro partido y en su dirección –le dije– muestra que ha habido no sólo presiones y chantajes por parte de la camarilla de Tito sino también respuestas, incluso enérgicas, ante esos chantajes».

¡No digo, no digo que no nos hayamos opuesto cuando se ha dado el caso, pero tal como son, enemigos y traidores, no les hemos considerado. Las cartas del PC(b)US nos han abierto los ojos, veamos los problemas más ampliamente –dijo–, ¡hay cosas que les serán útiles a la Kominform y al PC(b)US!»

—Sí –le corté de inmediato–. Desde luego que les servirán a ellos pero en primer lugar nos servirán a nosotros, a nuestro partido, al camino que hemos seguido, a los enfrentamientos que hemos tenido, a los aciertos y a los errores, al pasado, al presente y al futuro. Y tenemos muchas cosas que reconsiderar, que decir, que analizar y decidir. Debe volver a ser puesto en su sitio todo lo que ha sido violado y tergiversado por los yugoslavos, bajo la influencia de los yugoslavos o de acuerdo con los yugoslavos, se deben encontrar las causas; descubrir las raíces, se debe arrancar con energía y decisión el mal y arrojarlo lejos.

—Una cosa está más que clara –le acentué clavándole la mirada–. Ellos no han trabajado solos en su obra antialbanesa. Hace tiempo que han creado sus propias bases, incluso de espionaje, en el interior de nuestras filas. Esto debemos tenerlo bien en cuenta en los análisis que vamos a iniciar.

Ennegreció por completo y comenzó a tartamudear.

—Así es, se han cometido errores –dijo poco después re-poniéndose de nuevo–. Si miras a fondo, a fondo este asunto –continuó con los ojos bajos–, nos hemos infectado algo de este mal, pero a causa de la gran confianza que teníamos en esos perros. Les creíamos como si ellos lo fuesen todo. En esto nos equivocamos ¡y estoy de acuerdo en que lo veamos como partido y como dirección!.

—Lo veremos en el partido y en la dirección –le dije–, pero sin mezclar nunca ni al partido ni a toda su dirección en lo que tú llamas infección! Que salgan los infectados y que expliquen las cosas. Que rindan cuentas, y si no lo hacen, se las exigiremos de la forma en que se exigen las cuentas. No podemos confundir con ellos ni al partido ni a su dirección. 

Estas conversaciones «libres» con Koçi Xoxe tenían gran importancia y las realicé cuidadosamente, ya que nos encontrábamos en vísperas del comienzo de las discusiones y los análisis en el Buró Político. Como he escrito antes, el Buró Político, particularmente tras el VIIIº Pleno de febrero de 1948, apenas funcionaba como alto órgano del PCA. Predominaba en él el ala de Koçi Xoxe, lo que ahora podía constituir un peligro de confusión o de orientación errónea, especialmente en los primeros momentos. Tenía importancia por tanto que el propio Koçi Xoxe se mostrara «solidario» con las cartas del partido bolchevique, independientemente de los oscuros objetivos que encubriera tras esta «solidaridad». Pandi Kristo, Kristo Themelko, Nesti Kerenxhi y otros marcharían tras su maestro y después el ovillo se desenredaría solo. También quienes en este nuevo giro de los acontecimientos se veían a sí mismas en peligro, no podían pronunciarse contra la posición general. Se solidarizarían, como efectivamente sucedió, con las cartas, manotearían para salir lo mejor librados posible y para dispersar su grave culpa entre los demás, pero finalmente, sobre la base de todas las reglas de la democracia restablecida en el partido, se descubriría con todo detalle el pastel.

Desde el comienzo de los análisis en el Buró Político consideré necesario que el espíritu de las discusiones se orientara lo más correctamente posible.

—Nuestro partido –les dije a los camaradas– es uno de los partidos que puede y debe testimoniar con energía y numerosos argumentos la existencia de graves desviaciones y errores en el Comité Central del Partido Comunista de Yugoslavia. Yo personalmente, y creo que también vosotros, sentimos profundamente y consideramos correctamente las críticas de principio del partido bolchevique y, aunque estas críticas no se dirigen a nosotros, pienso que debemos considerar seriamente y analizar a fondo nuestros problemas. Debemos ser conscientes de que muchos de los errores y tergiversaciones que evidencia el partido bolchevique, los trotskistas de Belgrado con Tito a la cabeza se han esforzado por transmitírnoslos e imponérnoslos también a nosotros. Es un hecho que la dirección yugoslava se ha esforzado por introducir en nuestro partido los métodos militares de dirección, por dividir la dirección, por transmitimos formas de oportunismo que pretendían debilitar el partido y nuestra república popular, transmitimos formas de organización que asfixiaban la democracia interna del partido, que ahogaban la crítica y autocrítica, etc. Llegó hasta los planes de ocupación militar, es decir, hasta el intento de imponérsenos manu militari. Es verdad que estos puntos de vista antimarxistas no han echado raíces en nuestro partido, pero algunos de ellos, sobre todo de carácter organizativo, nos han sido impuestos en una u otra medida. No tenemos por qué ocultar esto, por el contrario debemos reconocerlo con honestidad, determinar con exactitud en qué medida han penetrado tales puntos de vista y combatir por eliminarlos de inmediato así como las causas y factores externos, pero sobre todo internos que han hecho posible su penetración.
Continué exponiendo mis puntos de vista:

—Esta debe ser una de las orientaciones de nuestros análisis –les dije a los camaradas–. Pero no debemos limitarnos a esto. La actividad dañina y antialbanesa de los dirigentes yugoslavos se ha ejercido sobre nosotros durante años enteros también en otros campos y por medio de numerosas formas y métodos antimarxistas, que, es comprensible, el partido bolchevique puede que no haya conocido ni conoce. En nuestros análisis debemos ponerlo todo en la balanza del marxismo-leninismo. Ha llegado el momento de que la verdad salga a la luz, de reexaminar muchas cosas desde el principio, de restablecer la justicia en todas partes donde ha sido violada. No tenemos por qué temer a estos análisis, no tenemos por qué temer a la crítica ni a la autocrítica. El partido saldrá de todo esto mil veces más fuerte y más sano, nuestra sagrada causa marchará más segura hacia delante.

De este modo, las reuniones del Buró Político consagradas a este problema en abril, mayo y junio de 1948 se desarrollaron en el espíritu de la solidaridad con las cartas del partido bolchevique, así como aportando numerosos hechos y argumentos sobre la actividad antimarxista y antialbanesa de los cabecillas de Belgrado en relación con nuestro partido y nuestro país.

Esto hizo que, tras el IXº Pleno del CC del PCA, cuando denunciamos abiertamente a la dirección antimarxista de Belgrado,  cuando además nos encontramos plenamente preparados para responder oportunamente y con la energía debida a la campaña calumniosa y denigratoria que contra nosotros Tito y su gente desatarían en breve publicamente.

Pero esta primera fase de nuestra ofensiva general contra el revisionismo titoista preparó plenamente las condiciones para avanzar más allá en el descubrimiento y desenmascaramiento definitivos de los agentes de Belgrado en el interior de nuestras filas.

Estos, según dije antes, tras «solidarizarse» en bloque con las cartas del partido bolchevique, se engranaron quisiéranlo o no en todos los análisis que hicimos. La completa derrota que habían sufrido, el miedo ante el descubrimiento de la verdad que ocultaban, los esfuerzos por encubrir sus huellas hicieron que Koçi Xoxe y compañía, desde la primera fase de la ofensiva, hicieran por sí mismos «un servicio» a nuestro futuro: sacaron a la luz numerosos hechos y argumentos que probaban todavía con mayor claridad las injerencias y presiones hostiles de Tito y sus enviados contra nuestro partido y nuestro país. Se trataba de hechos enormemente graves y que nosotros no conocíamos antes en su totalidad, ya que sólo tenían conocimiento de ellos los agentes de Belgrado. En el marco de la «reflexión», de la «valoración del pasado a la nueva luz», éstos se esforzaron ahora hábilmente por camuflarse y, a causa de la desorientación y el miedo, ¡he aquí que se hicieron «antitoistas»! Al escucharles en la carrera por «descubrir las raíces del titoismo», ¡resultaba difícil pensar qué hubiera «antitoistas más devotos»! ¡Lástima que esta especie de individuos «se acordara» tan tarde «de ver correctamente la verdad»!

Era para gritarles a la cara su verdadero nombre, pero en la primera fase ¡era mejor dejar que se expresaran libremente! ¡Que descargaran en esta fase el pesado fardo de sus errores y deformaciones imperdonables sobre las espaldas «de todos»! Por el momento lo principal era que este fardo se pusiera bien de manifiesto, que apareciera ante cada uno con todo su enorme bagaje de inmundicia titoista, que cada uno se convenciera con el mayor número posible de argumentos de ¡hasta qué peligrosa y amenazadora fase llegó la actividad hostil de los cabecillas de Belgrado contra nosotros!

Fue precisamente este trabajo inteligente y cuidadoso realizado por nosotros en el Buró Político durante los meses de abril, mayo y junio, el que condujo a que el XIº Pleno del CC del PCA de septiembre de 1948 se desarrollara con un elevado espíritu de partido, a que brillara allí la unidad de pensamiento y acción de todo nuestro Comité Central. Este mismo espíritu caracterizó a todo el partido y el pueblo cuando el 1 de julio de 1948, a través del comunicado del CC del PCA, conocieron la denuncia y el desenmascaramiento de los cabecillas de Belgrado.

Nuestra lucha contra el titoismo, contra sus presiones e influencias dentro de nuestras filas pasó a una nueva fase. El sinfín de datos que afluían de todas partes tenía aún su importancia, pero lo principal era ahora descubrir y desenmascarar definitivamente a los elementos complotadores, que éstos rindieran cuentas de los crímenes que habían cometido a costa del partido y del pueblo.

En el mes de julio planteé el problema con toda claridad:

—La inmediata solidaridad y el entusiasmo con que el partido y el pueblo han recibido él comunicado del Comité Central, la indignación general ante la intensa y desenfrenada actividad antialbanesa de los cabecillas dé Belgrado, deben ser justa y profundamente valoradas. Por lo que a nosotros respecta muestran sobre todo dos verdades: primero, que también en nuestro país, como resultado de la actividad; de los chantajes y las presiones de los yugoslavos, se han consentido errores y deformaciones y, segundo, estos errores y deformaciones que se han consentido, no son en modo alguno atribuibles ni a todo el partido ni a toda su dirección. De otro modo no se pueden explicar el entusiasmo general qué se ha desatado ni la indignación que se está mostrando ante la dañina actividad de Tito y compañía. Ha llegado el momento, camaradas, de detenernos concretamente en la responsabilidad de cada cual. Sería imperdonable que dejáramos caer el peso de los errores sobre las espaldas de todos.

Es evidente, ésta era también la fase más delicada y difícil del descubrimiento y depuración del mal. Los complotadores estaban en verdad a la defensiva y aturdidos, pero continuarían defendiéndose, ocultando sus huellas, se esforzarían por desorientarnos.

Al principio, como resultado de los argumentos y los hechos que presentamos yo, Hysni Kaipo, Gogo Nushi y hasta cierto punto también Bedri Spahiu y Tuk Jakova ante Koçi Xoxe, Pandi Kristo y Kristo Themelko, éstos, puestos entre la espada y la pared, se vieron obligados a aceptar únicamente un error.

—Nosotros –dijo Pandi Kristo– hemos sido «los más influenciados»-, pero no sabíamos que los dirigentes yugoslavos fueran enemigos.

Presentamos nuevos hechos y argumentos –relacionados con todo el cúmulo de problemas que he descrito antes–, pero ellos continuaban en sus trece:

—Aceptamos que nos hemos dejado influenciar fácilmente y más que los demás –balbuceaba Koçi Xoxe–, incluso aceptamos que no profundizábamos mucho en lo que nos endosaban los yugoslavos, pero lo hacíamos inconscientemente. Nos equivocamos y punto.

Pero llegó un momento en que el bloque se rompió. Kristo Themelko, tras una serie de vacilaciones y titubeos, se convenció de que era inútil ocultar la verdad. Testificó con toda claridad ante el Buró Político que su actividad y la de los demás «influenciados», no era cuestión de «influencia», sino trabajo de agentes, llevado a cabo con sistema, organizado y dirigido desde Belgrado, o por Savo Zlatic, Josip Djerdja, Kupresanin, Serzentic y otros desde Tirana.

De manera especial, sus declaraciones afirmando que todo lo que nos había predicado algunos meses antes –sobre la «unión federativa», la «venida de la división», etc–. no era de su cosecha, sino de la de los yugoslavos, fueron muy útiles para profundizar aún más los análisis en el Buró Político.

—El propio Tito, en presencia de Tempo y de Koça Popovic –declaró entre otras cosas Themelko– me dijo: «ve y preséntaselas a Enver Hoxha como tuyas e insiste para que se convenza».

De grado o no comenzaron a desembuchar también los demás, sobre todo Nesti Kerenxhi y Xhoxhi Blushi, mientras que Koçi Xoxe y Pandi Kristo, como «decanos» de los complo tadores, continuaron –naturalmente en perjuicio suyo, ya que el partido lo tenía todo claro– mintiendo y negándose a sacarlo todo a la luz.

Pero ahora todo estaba maduro para ser planteado en el próximo pleno del Comité Central del PCA.

Para empezar, del 6 al 7 de septiembre desarrolló sus trabajos el Xº Pleno del CC del PCA, en él que se discutió y se decidió convocar el Iº Congreso del PCA en noviembre de 1948. Discutimos y aprobamos el orden del día del congreso, la forma de organización de las conferencias del partido en las regiones, el procedimiento de elección de los delegados al congreso, etc.

Todo esto tenía importancia porque no sólo marchábamos por primera vez a un acontecimiento histórico así, como era el congreso del partido, sino además por el hecho de que, en el aspecto organizativo, los yugoslavos nos habían impuesto en el pasado formas y métodos antidemocráticos.

Ahora esto acabaría de una vez y para siempre y la propia forma de organización, de preparación y desarrollo del congreso, representaría el restablecimiento práctico de todas las normas y reglas internas en el partido: después de que discutiéramos sobre el proyecto de los estatutos dél partido, clausuré el Xº Pleno del CC del PCA subrayando:

—El tiempo no espera, debemos movilizamos para poner en marcha las instrucciones y orientaciones de este Pleno en el espacio de pocos días. Debemos transmitir inmediatamente estas orientaciones a los comités regionales del partido, para que todos los camaradas se instruyan y se integren en el trabajo de preparación de las conferencias, después de lo cual nosotros nos reuniremos nuevamente. Tenemos ante nosotros un trabajo grande y difícil: además de la formulación y discusión de los planes para el desarrollo económico y cultural, analizaremos con detalle toda la historia de nuestras relaciones con los trotskistas de Belgrado, su actividad antimarxista contra nosotros, pero además la forma en que hemos respondido a esa actividad durante los 6 ó 7 años en que hemos mantenido lazos con ellos.

Este análisis se llevó a cabo con pleno éxito y espíritu marxista-leninista de principios en el XIº Pleno del CC del PCA, que desarrolló sus tareas del 13 al 24 de septiembre de 1948.

En el informe que presenté al pleno en nombre del Buró Político, hacía un profundo y detallado análisis de toda la historia de nuestras relaciones con el Partido Comunista de Yugoslavia y el Estado yugoslavo, de la línea política y organizativa de nuestro partido, particularmente a partir del Pleno de Berat –de noviembre de 1944– en adelante, donde se evidenciaban las causas de los errores verificados en nuestro país y determinaba las medidas para operar el giro dictado por las nuevas circunstancias.

No tendría valor que nos detuviéramos aquí en la exposición de las ideas, hechos y conclusiones de dicho informe, ya que repetiría de una u otra manera todo lo que he escrito hasta aquí. Quiero subrayar únicamente algunos momentos del pleno.

Por encima de todo ha permanecido imborrable en mi memoria él sano espíritu marxista-leninista qué caracterizó el desarrollo de los trabajos del pleno de principio a fin. Por vez primera después de tantos años –puedo decir que desde la Iº Conferencia Nacional del PCA, de marzo de 1943–, los camaradas se levantaban y hablaban libremente, con madurez y elevada preocupación por los agudos problemas que se habían planteado a discusión. Se hablaba sin párti pris, sin imposición ni retraimiento ante nadie por nada. La solidaridad de todos los camaradas con el informe que presenté no se expresaba simplemente con palabras, sino con numerosos argumentos y hechos que cada uno extraía de su propia experiencia.

Tanto en él informe como en las numerosas intervenciones –hubo camaradas que por su propio deseo hablaron dos o tres veces– se puso aún más al descubierto la actividad antimarxista de la dirección yugoslava, sus febriles esfuerzos para metemos en un callejón sin salida y para someternos, su infame complot para devorar Albania. Enlazando esto con todo lo que se decía en las cartas del partido bolchevique y en la resolución de la Kominform, el pleno llegó justamente a la conclusión de que en el caso de la línea de la dirección del partido yugoslavo estábamos ante una línea antimarxista, que se estaba concretando como una peligrosa corriente en el seno del movimiento comunista internacional.

—Es mérito del partido bolchevique, del gran Stalin, pero también de nuestro partido –dijo uno de los camaradas– el haber descubierto y haberse opuesto enérgicamente a esta peligrosa línea. En caso de que se la dejara tranquila y no se la golpeara, traería consigo graves y sensibles consecuencias para él campo socialista.

Prosiguiendo el debate, otro camarada, aunque golpeó la desviación titoista, manifestó la idea de que:
—La traición de los dirigentes yugoslavos «debilitará al movimiento comunista y al campo socialista, ya que ¡quedamos con un partido comunista y un país socialista menos!».

Tomó la palabra Hysni Kapo y en su madura y concreta intervención, llena de argumentos y de generalizaciones va-liosas, se opuso al que había intervenido antes:

—¡No es en absoluto verdad que el movimiento comunista y el campo socialista se vayan a debilitar por la traición de los dirigentes yugoslavos! —subrayó entre cosas cosas Hysni Kapo—. Por el contrario, el descubrimiento de la traición, su denuncia y merecida condena nos harán más fuertes, más compactos, más decididos para marchar adelante. La fuerza del movimiento comunista y del campo socialista no la determina el número de los partidos y de los países integrantes, sino la calidad de estos partidos y países, su decisión para aplicar y defender el marxismo-leninismo. [1]

En aquellos 10 ó 12 días de discusiones y debates, el análisis de la línea seguida por nuestro partido ocupó un gran espacio. Tanto en el informe como en las intervenciones se subrayó y se argumentó con razón que independientemente de las injerencias, presiones y chantajes de los titoistas, la línea política del PCA había continuado siendo en todo momento justa y consecuente. Esta línea, se dijo, ha sido atacada pero no ha cedido, ha sido amenazada pero no ha resultado afectada.

Algunas deformaciones concretas que se han manifestado –se subrayó en el pleno– no son resultado de nuestra línea. Nos han sido dictadas e impuestas por medio de la fuerza y la astucia, en especiales circunstancias, por los enviados de la dirección yugoslava. Pero de ningún modo estas deformaciones ocasionales e impuestas, como ocurrió por ejemplo en el VIIIº Pleno del CC del PCA de febrero de 1948, pueden representar la justa línea política aplicada y defendida por nuestro Partido, ni tampoco mancharla. Tiene importancia el hecho, se subrayó, de que incluso las graves deformaciones de dicho pleno no encontraron nunca eco ni echaron raíces en nuestro partido. Nosotros las desechamos con indignación y ahora estamos sellando su merecida condena.

Por lo que respecta a la línea organizativa del partido, el asunto se presentaba distinto y más complicado. Aquí, tanto las presiones e injerencias exteriores como su escala de difusión habían sido mayores y, por ello, se habían permitido tales violaciones que habían transformado la línea organizativa del partido en una línea én general no justa. En este peligroso giro habían jugado un gran papel negativo el IIº Pleno del CC de del PCA de noviembre de 1944 y de nuevo el VIIIº Pleno del CC del PCA de febrero de 1948. El análisis que se hizo de estos dos plenos puso a la luz nuevos y numerosos hechos y argumentos que confirmaban, no sólo él papel dirigente que habían jugado en su organización los enviados de Tito, sino también el trabajo antipartido, de espionaje y complotador del secretario de organización, Koçi Xoxe, y compañía.

Además de los incontestables hechos y argumentos que presentaron al pleno los camaradas Gogo Nushi, Manush Myftiu, Haki Toska, Petro Papi, etc., los elementos que estaban implicados con los yugoslavos jugaron un papel especial en el esclarecimiento de la forma en que se llevaron aquellos dos plenos, aunque aún se presentaban de forma camuflada, como «ajenos a la red de agentes», como «sin tacha». Entre estos elementos se destacaron Naxhie Dume, Nesti Kerenxhi, Péllumb Dishnica y otros.

—Antes de que se celebrara el Pleno de Berat –declaró Naxhie Dume– yo estaba al corriente de lo que se tramaba, sabía que se preparaba el golpe contra el Comandante y su eliminación, sabía incluso quiénes eran los nuevos camaradas que entrarían en el Buró Político. Me lo decía todo Nako Spiru. 

Naxhie habló mucho y la verdad es que, con su «celo», expuso hechos que, aunque muy tardíos, tenían valor para el descubrimiento y desenmascaramiento de los complotadores que aún permanecían en el seno del partido. Entre otras cosas Naxhie Dume descubrió por primera vez la afirmación de Nako Spiru de que: «si el Comandante no se convence, le convencerá la pistola».

—Esto –testificó– me lo ha dicho Nako Spiru. Estaba junto con Pandi Kristo cuando me lo dijo.

Pandi Kristo que estaba ya como una boñiga mojada no por la lluvia, sino por un aguacero, «se acordó» finalmente y declaró:

—Es verdad, Nako dijo eso. Cuando nos lo dijo estábamos inicialmente él, Koçi y yo. Estaba también Velimir Stoinic. Me metieron en un atolladero.

El ovillo se desenredaba cada vez más. Particularmente las deposiciones de Pandi Kristo, producto sobre todo del miedo de que estaba preso, así como la autocrítica, en general franca y sana, de Kristo Themelko, hicieron que se «tambaleara» también el «general Xoxe». Le habían abandonado toda su gravedad y cualquier señal de megalomanía. Parecía un galló desplumado.

—Yo he sido el más influenciado por los yugoslavos porque confiaba mucho en ellos. Aquí está mi mal –puntualizaba cuando se encontraba entre la espada y la pared–.

Los camaradas presentaron nuevos argumentos cada vez más contundentes. Se vio obligado a confesar otras cosas:

—Yo personalmente, por mi parte he dicho que Albania no puede mantenerse sin Yugoslavia. Esto lo he dicho porque así se me había metido en la cabeza. Pensaba que Yugoslavia y Albania estaban en el campo con la Unión Soviética a la cabeza, pero Albania no codo con codo, sino bajo la férula de Yugoslavia. Era la influencia del trabajo de Tito. Después la cosa llegó a la unión completa, pero cómo se realizaría esta unión, no estaba claro para mí. Pensaba y repetía federación, confederación, pero hoy está claro que ellos querían a Albania como una séptima república.

—Pero tú, ¡¿cómo la querías?! –le preguntó irónicamente alguien–.

Este enmudeció.

—Yo, ya lo he dicho, es un grave error, pero no podía verla sola. ¡Del brazo de Yugoslavia sí! Tito y Rankovic me han influenciado mucho.

Aún más desarmado se encontró Koçi Xoxe cuando sus «ayudantes» Nesti Kerenxhi, un tal Vaské Koleci –digo ahora un tal Vaske, pero en aquel tiempo , era todo un viceministro del Interior que quiso hacer estragos entre nosotros etc–., para salvar la cabeza, sacaron a la luz acciones monstruosas realizadas a espaldas del partido y de su dirección. Pero hay que decir que inicialmente no descubrieron estas monstruosidades ellos solos, por su propia «iniciativa». No, se vieron obligados a «confesarse» cuando la verdad salió al descubierto. Por lo qué recuerdo, estaba interviniendo el camarada Adil Qargani y éste, con cordura e indignación combinadas, criticaba las «orientaciones» antipartido que el «secretario de organización del partido», Koçi Xoxe, enviaba a las regiones. Entre otras cosas Adil adujo el siguiente hecho.

—Cuando era secretario en el Comité Regional de Shkodra, no sólo nos llegaban «orientaciones» que violaban abiertamente la democracia en el partido, sino que una vez vino a verme Zoi Themeli enviado por el Ministerio del Interior y me dijo: «Tengo el encargo de controlar el Comité del partido». «¿Cómo vas a controlar?», le pregunté. «Tú eres del Ministerio del Interior, ¡qué tienes que ver con el comité!». Zoi me dijo: «Así es la regla, ¿es que el secretario de organización va a ser en vano simultáneamente ministro del interior?», e insistiendo me dijo que «se trata de una orden categórica del propio general, del Comité Central».

Precisamente después de esto se levantaron Nesti Kerenxhi y Vaské Koleci y revelaron con sus propias bocas cosas que jamás había imaginado que podían suceder en el seno de nuestro partido.

—La cosa había llegado hasta tal punto –dijeron éstos– que para aceptar o para expulsar a un camarada del partido, primero había que recibir la autorización de los órganos de Seguridad; todos los carnets de los expulsados se guardaban en él Ministerio del Interior; en cada organización de base del partido debía necesariamente haber un camarada de los órganos de Seguridad, que debía formar parte del Buró Político, incluso ser secretario o vicesecretario; en los comités del partido y en los burós de éstos debía figurar asimismo un «representante» de los órganos de Seguridad, etc., etc.

—¿Cómo es posible que haya ocurrido esto sin el conocimiento del Buró Político o al menos sin haberme informado a mí, como Secretario General del partido? –le pregunté de inmediato a Koçi Xoxe–.

—He creído que usted lo sabía –me respondió éste con media voz–. Yo no he impuesto por mi cuenta estas reglas. Nos las han dado los camaradas, es decir, los enemigos yugoslavos. Así actúan ellos en su partido y yo, ya lo dije al pleno, estaba muy influenciado por ellos.
En este preciso momento, Vaské Koleci, para aparecer como «no implicado» en los asuntos negros, decidió darle un buen sopapo a su «general»:

—Te lo han transmitido los yugoslavos, pero también te ha gustado todo eso –le dijo a Koçi Xoxe–.

—El año pasado te comprometiste a hacer él «reglamento de acción y de control», y se lo enviamos a todas las secciones de nuestro ministerio, a mí me parece que esto lo desborda todo.
—¿Qué es ese «reglamento»? –pregunté–.

—¡Encomienda a los órganos del Interior la tarea de vigilar y controlar a cada comunista y a cada cuadro de una punta a otra del país! –respondió Vaské con desfachatez, convencido de que con esta «revelación» había salvado el precipicio–.

—¿Cómo?, ¿cómo? ¡¿Y ha sido enviada?! –pregunté lleno de conmoción y asombro–.

—¡No para vigilar! –quiso -«suavizarlo» un poco Koçi Xoxe–. Encomendamos a los camaradas de la Seguridad que se interesaran por la vida de los camaradas, por sus problemas, preocupaciones personales, familiares. Este era nuestro objetivo, no vigilar.
En la sala estalló la hilaridad, sólo que se trataba de una hilaridad excesivamente amarga.
—¡«Interesarse» en secreto, quiere decir vigilar! –le embistió Vaské–. Y después, ¿qué hacíamos nosotros con los informes que nos llegaban? ¿Es que le resolvimos a alguien sus problemas? ¡No, llenábamos ficheros personales!

No vale la pena que me extienda en la infinidad de barbaridades antipartido y de espionaje de Koçi Xoxe y compañía. El pleno por entonces se ocupó durante días enteros de ello –además de varios meses antes el Buró Político– y, tras el XIº Pleno de aquel septiembre de 1948, todavía salieron a la luz más hechos sobre la amarga verdad de lo ocurrido, cuando sus conclusiones y decisiones fueron discutidas en el partido y entre el pueblo.

Lo importante es que como resultado de todos estos largos y agotadores análisis, pero a la vez profundos y de principios, quedó plenamente al descubierto la actividad antipartido y antialbanesa de estos elementos corrompidos, que durante años enteros se habían lanzado a la acción para cavar la tumba al partido, a la libertad y la independencia de la patria. Todo el partido y el pueblo se convencieron de los infames designios de esta gente y esto era lo más importante de nuestros análisis. En cuando a la condena, eso era ahora una cosa sencilla.

Así terminaron y fueron barridos de nuestras filas estos agentes de los yugoslavos. Finalizaron también las deformaciones que se habían producido a causa de su actividad abierta, y secreta.

El XIº Pleno de septiembre de 1948 decidió la plena e inmediata legalización del partido y calificó de grave error, que debía ser corregido cuanto antes, el hecho de que el programa del partido se hubiese ocultado bajo el del Frente Democrático, condenó y anuló como antimarxistas y antipartido, la mayoría de las decisiones del IIº Pleno del CC del PCA de noviembre de 1944 y todas las decisiones del VIIIº Pleno del CC del PCA de febrero de 1948, incluyendo aquí la anulación de todas las condenas y cooptaciones que, como dije, se habían llevado a cabo por vía antidemocrática, bajo la presión de la dirección yugoslava y de sus agentes, Koçi Xoxe y compañía.

Uno de los principales rehabilitados en aquel XIº Pleno del PCA de septiembre de 1948 era Nako Spiru. La decisión de rehabilitarle se adoptó porque, como he aclarado antes, el pleno rechazó como inexistentes y planteadas con objetivos antialbaneses y antimarxistas todas las «acusaciones» que nos había lanzado la dirección yugoslava, como era el caso de la relacionada con la denominada «línea antiyugoslava en la dirección del PCA», o la otra acusación que calificaba a Nako Spiru de «agente del imperialismo». En ausencia completa de hechos, no teníamos por qué considerar fundada esta acusación, que había sido lanzada por quienes no eran otra cosa que una agencia del imperialismo. Por lo que respecta a las «culpas» de Nako Spiru en el sector económico, como ya aclaré, él no era responsable de ellas y todavía más, fue en vano acusado por los yugoslavos de ser el autor del así llamado plan quinquenal autárquicó. Todos nosotros éramos autores de este plan, que era verdaderamente audaz, pero ni mucho menos «irreal» o «autárquicó». Asimismo, en la decisión de rehabilitar a Nako Spiru, influyó sobre todo el hecho de que, en aquellas condiciones, no conocíamos muchas de sus posiciones, culpas y actuaciones ocultas, llevadas a cabo por él particularmente desde el IIº Pleno del CC del PCA de noviembre de 1944 en adelantte. Sobre todo no sabíamos entonces que Nako Spiru había establecido lazos en calidad de agente con la dirección yugoslava y que, más tarde, en el sucio juego por el poder, particularmente en su rivalidad con Koçi Xoxe, se encontró abandonado por los yugoslavos y a causa de esto se ligó –sólo que en calidad de agente– con los soviéticos. Nosotros no conocíamos tampoco estas últimas relaciones y no se nos podía ocurrir que se hubiesen podido llevar a cabo semejantes acciones. Veíamos únicamente que defendía los puntos de vista soviéticos, que hablaba bien de la Unión Soviética, y teniendo en cuenta la muy positiva opinión que nosotros mismos teníamos sobre la Unión Soviética, necesariamente, consideraríamos positivas estas posiciones de Nako Spiru. Asimismo el hecho de que él, especialmente durante los años 1946 y 1947, se aproximara más a mí y a la parte sana de nuestra dirección, influiría en la decisión que adoptamos. Por tanto, lo que sabíamos entonces, considerado indisolublemente ligado a todas las circunstancias y condiciones de aquel período, influyó en la decisión que tomó el pleno de rehabilitar a Nako Spiru.

El XIº Pleno del CC del PCA de septiembre de 1948 adoptó asimismo todas las medidas necesarias para restablecer la democracia interna en el partido, y, de manera especial, para elaborar cuanto antes los estatutos del partido, etc.

Poco después del XIº Pleno del CC del PCA, en noviembre de 1948, se reunió el histórico Iº Congreso de nuestro glorioso partido.

El informe político que había preparado para el congreso, con el cúmulo de ingentes e interminables trabajos que había en aquel período y sobre todo teniendo en cuenta que todavía nos estorbaban Koçi Xoxe y los «xoxistas», me exigió mucho tiempo y esfuerzo. Entonces todavía no habíamos organizado los aparatos del partido. El informe original se encuentra en el archivo del Comité Central tal como lo escribí, directamente en mi máquina de escribir, con diminuta letra. Es sabido que se trata de un informe muy voluminoso y para leerlo en el congreso me hicieron falta dos días, aproximadamente 15 horas en cuatro sesiones. Pero debo decir que el trabajo agotador y lleno de dificultades e «incógnitas» que necesité para elaborarlo, me proporcionó una particular satisfacción y alegría, que han permanecido imborrables en mi memoria.

Por medio de este informe, se hacía por primera vez el esfuerzo serio de dar un reflejo científico lo más justo y exacto posible de todo un período histórico de nuestro pueblo, particularmente desde principios de los años veinte de este siglo en adelante. Consideré necesaria esta extensión «más allá de las fronteras» históricas de la vida de nuestro partido –es decir, antes del 8 de noviembre de 1941–, partiendo de la premisa básica de la dialéctica materialista de que nada nace del vacío, de que todo fenómeno, todo acontecimiento tiene su propia historia, tiene sus propias causas, raíces y condiciones, en primer lugar internas, de nacimiento y de desarrollo. Así había ocurrido también con nuestro partido comunista. El análisis que hice del período entre los años veinte y el 8 de noviembre de 1941, constituía, por decirlo así, la prehistoria de nuestro partido y argumentaba de manera irrebatible que fueron las condiciones y causas económicas, sociales, políticas, históricas, etc. de Albania en aquel período, los factores decisivos que condujeron a la creación del PCA y en modo alguno como peroraban los renegados de Belgrado, quienes, ahora con toda desvergüenza y abiertamente, ¡se atribuían el papel de «creadores» de nuestro partido!

Tras esta mirada histórica, el informe analizaba con detalle toda la actividad del partido desde su creación, valoraba correctamente las grandes victorias alcanzadas durante la guerra y después de ella, es decir, en todas las etapas por las que habían atravesado nuestro partido y nuestro país durante los siete últimos años, descubría las circunstancias y las causas de los errores que se habían observado en la puesta en práctica de la línea del partido y determinaba las principales tareas y orientaciones según las cuales nuestro glorioso partido orientaría al país.

El elevado espíritu de partido que atravesaba el informe, que fue unánimemente aprobado por el Buró Político del Comité Central, orientó correctamente a los delegados en sus intervenciones.

De este modo, durante 15 días consecutivos, del 8 al 22 de noviembre de 1948, los mejores representantes de nuestro partido, elegidos del modo más democrático en las conferencias regionales, con los pareceres y opiniones justas y saludables que expusieron, hicieron del Iº Congreso del PCA, uno de los más señalados acontecimientos no sólo del partido, sino de toda la historia de nuestro pueblo.

En el congreso ocupó un importante lugar entre otras cosas el análisis de nuestras relaciones con el Partido Comunista de Yugoslavia y el Estado yugoslavo. Allí, por vez primera abierta y ampliamente, denunciamos y desenmascaramos toda la actividad hostil de Tito y compañía. Los hechos, argumentos y conclusiones que presentó el congreso acerca de este problema eran irrefutables, y abrumadores para los renegados de Belgrado. Se confirmó aún mejor que todos los errores y deformaciones verificados, especialmente en la línea organizativa de nuestro partido, tenían su fuente principal en la dirección del Partido Comunista de Yugoslavia. Esta había hecho lo imposible ¡por imponernos puntos de vista y prácticas extraños y antimarxistas, tanto por el hecho de que se equivocaba teóricamente –en el fondo toda su línea era errónea, revisionista–, como porque partía de objetivos sencillamente de espionaje, chovinistas y pragmáticos respecto a nuestro partido y nuestro país. Asimismo el congreso decidió del modo más justo y democrático sobre el destino futuro de Koçi Xoxe y compañía. A pesar de haberles desenmascarado duramente en el XIº Pleno de septiembre de 1948 y en las reuniones de cuadros del partido en las regiones y ministerios, y a pesar de las primeras medidas que habíamos adoptado, nuevamente les permitimos que tomaran parte en el congreso y les concedimos incluso la palabra. Naturalmente, para el Comité Central y el Buró Político estaba todo claro respecto a ellos, pero tenía importancia que el propio congreso del partido expresara ahora a fondo y sellara la opinión y el juicio acerca de ellos. Ya en el momento en que yo leía la parte del informe en que se hablaba sobre el trabajo consciente de espionaje de Koçi Xoxe, Pandi Kristo y otros, en la sala estallaron los gritos:

—¡Fuera de nuestras filas los enemigos del partido y del pueblo!

Este espíritu invadía a todo el partido y el pueblo que seguían con gran interés el congreso. Nos llegaban miles de cartas y telegramas de las organizaciones del partido, del resto de las organizaciones e instituciones regionales; miles de trabajadores, hombres, mujeres, jóvenes, comunistas o no, esperaban nuestra entrada y salida de la sala del Congreso. Su grito era también el mismo: «¡Viva el partido! ¡Abajo los enemigos!». De forma particular ha permanecido para mí imborrable el momento en que se presentaron ante nosotros las madres de los mártires; las madres de aquellos que con seguridad hubiesen sido delegados a este congreso, me rodearon, y encabezadas por la valerosa madre de Mihal Duri, con el puño en alto, nos encomendaban, puedo decir «nos exigían», que en nombre de la sangre de sus hijos nos mantuviéramos fuertes, mantuviéramos alta la bandera del partido, defendiéramos el poder popular y finalmente terminaban: «¡Abajo los enemigos!».

Las numerosas y maduras intervenciones de los delegados desacreditaron por completo a los agentes de Belgrado. Situados ante los abrumadores hechos y argumentos, Koçi Xoxe y Pandi Kristo intentaron maniobrar incluso en el congreso. Koçi Xoxe, por ejemplo, se vio obligado a aceptar con sus propias palabras que en Berat: 

«Me he opuesto a la línea del partido y al Secretario General», que «nuestra actividad se desarrolló allí a espaldas del partido», etc., pero, «todo esto lo hicimos, –intentó disculparse Koçi Xoxe–, porque no comprendíamos que estuviésemos cometiendo un error», «lo hicimos sin consciencia», «nos metió en un atolladero Stoinic». [2]

En este espíritu había «construido» –o se la habían preparado– Koçi Xoxe toda la «autocrítica»: aceptaba que había cometido mil y una bajezas pero tras cada hecho subrayaba «lo he hecho inconscientemente», «no sabía que estaba actuando contra el partido y el pueblo», «me embaucaron los yugoslavos», etc.

Los delegados rechazaron y desenmascararon a fondo también esta maniobra. Se confirmó con hechos y argumentos que todo había sido hecho con plena conciencia y según el guión preparado y aprobado en Belgrado. [3]

A partir de ese momento los delegados exigieron con insistencia que Koçi Xoxe y su gente no respondieran ya ante el partido por su actividad de espionaje y antialbanesa, sino ante los órganos de la dictadura del proletariado.

El Iº Congreso del PCA de noviembre de 1948, de este modo, profundizó aún más y selló definitivamente el viraje que había señalado el XIº Pleno del CC del PCA en septiembre de ese mismo año. El partido se armó con una justa línea general marxista-leninista. El congreso condenó una vez más como injusta y dañina la práctica anterior impuesta por los yugoslavos de mantener al partido en situación semilegal y, de una vez y para siempre, consagró a nuestro partido su papel dirigente e insustituible en toda la vida del país. Los estatutos del partido que aprobó el congreso jugarían un importante papel en el pleno restablecimiento de la democracia en el partido y en toda la vida del país, en el conocimiento y aplicación de los principios y normas marxista-leninistas que regulan la vida interna del partido.

Mientras discutíamos en el congreso caída párrafo de los estatutos, los camaradas comparaban con madurez y preocupación las numerosas prácticas y posiciones dañinas del pasado con la verdad marxista que se expresaba en los estatutos. Por sí solo se amplió aún más el cuadro de nuestro conocimiento sobre los renegados de Belgrado y sus agentes dentro de nuestras filas. El congreso afirmó nuevamente la justa conclusión de que en el caso de la dirección del Partido Comunista de Yugoslavia no teníamos, que vérnoslas únicamente con una dirección antialbanesa, nacionalista y chovinista, sino por encima de todo con una agencia del imperialismo, con una camarilla de renegados conscientes que luchaban por revisar la teoría y la práctica de la revolución y del socialismo en todos los campos. El cúmulo interminable de hechos que nunca han dejado de producirse, así como nuestros posteriores análisis destinados a desenmascarar política e ideológicamente al revisionismo yugoslavo, han confirmado y confirman hasta qué punto era correcta y clarividente la conclusión a que llegó nuestro primer congreso sobre los renegados de Belgrado.

Tras el Iº Congreso del PCA de noviembre de 1948, a la luz de los nuevos hechos que aparecieron, el partido y el pueblo exigieron justamente que los cabecillas complotadores fueran entregados a la justicia popular, para que les juzgara por alta traición a la patria, al partido y al socialismo. [4]

Ante el tribunal, los agentes de Belgrado afirmaron por su propia boca que en todo lo que habían hecho habían sido preparados y dirigidos por Tito y sus enviados. Publicamos en la prensa sus declaraciones ante el tribunal con el fin de que las leyera el pueblo, pero también para que cayeran sobre la mesa de Tito como un golpe demoledor por lo que había hecho en el pasado y como una advertencia para el futuro.

Es evidente que por lo que a nosotros respecta tocó a su fin cualquier clase de lazo con Tito y el partido titoista. El amargo pasado con ellos lo mantuvimos como una valiosa lección para el futuro, porque sabíamos que de cerca, directa o indirectamente, jamás mantendríamos ni aceptaríamos ningún lazo con ellos, por el contrario la lucha contra sus puntos de vista y sus posiciones antimarxistas y contra su ininterrumpida actividad antialbanesa no cesaría jamás.
Nosotros continuaríamos esta lucha con espíritu marxista-leninista de principios, para llevarla de forma consecuente hasta el fin, hasta la victoria.

Notas:

[1]  Del acta del XIº Pleno del CC del PCA de septiembre de 1948. Archivos Centrales del Partido.

[2] De la «autocrítica» de Koçi Xoxe en el Iº Congreso del PCA de noviembre de 1948. Archivos Centrales del Partido.

[3] 
Precisamente de este desenmascaramiento querían librarse los cabecillas de Belgrado. Hicieron lo imposible porque Koçi Xoxe se fugase a Yugoslavia antes del Iº Congreso del PCA de noviembre de 1948. Con este fin enviaron varios radiogramas al representante yugoslavo en Tirana, en uno de los cuales se le decía que organizara a toda costa un contacto con Koçi Xoxe y se llevara a cabo su huida a Yugoslavia. A la persona que consumara su huida se le entregarían 100 mil leks, etc. Archivos del Ministerio del Interior

[4] El proceso contra Koçi Xoxe, Pandi Kristo y tres de sus colaboradores más cercanos, se desarrolló en la ciudad de Tirana del 11 de mayo al 10 de junio de 1949. El tribunal sólo condenó a muerte por fusilamiento, a Koçi Xoxe, mientras que a Pandi Kristo a 20 años de privación de libertad, y a los otros tres de 5 a 15 años de privación de libertad.

Los titoistas, 1982

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