sábado, 30 de marzo de 2019

¿Cuáles son las enseñanzas de la huelga general de Inglaterra de 1926?


«¿Cuáles son las enseñanzas de la huelga general de Inglaterra, por lo menos las más importantes de ellas? Estas enseñanzas, pueden resumirse así:

Primera. La crisis en la industria del carbón en Inglaterra y la huelga general relacionada con ella plantean terminantemente el problema de la socialización de los instrumentos y de los medios de producción en la esfera de esta industria, con la implantación del control obrero. Este es el problema de la conquista del socialismo. No creo que sea preciso demostrar que no hay ni puede haber otras vías de solución radical de la crisis en la industria del carbón, fuera del camino propuesto por el Partido Comunista Inglés. La crisis de la industria del carbón y la huelga general llevan a la clase obrera inglesa a afrontar directamente el problema de la realización práctica del socialismo.

Segunda. La clase obrera inglesa no ha podido por menos de experimentar en su propia carne que el obstáculo principal que se cruza ante su objetivo es el Poder político de los capitalistas, en este caso, el partido conservador y su gobierno. Si el Consejo General de las Tradeuniones temía como la peste admitir que la lucha económica y la lucha política están íntimamente ligadas, los obreros ingleses no pueden ahora por menos de comprender que en su difícil lucha contra el capital organizado el problema del Poder es, en la actualidad, el problema fundamental, que, sin solucionar el problema del Poder, no se puede solucionar ni la crisis en la industria del carbón, ni, en general, la crisis en toda la industria de Inglaterra.

Tercera. La marcha y el desenlace de la huelga general no pueden por menos de convencer a la clase obrera de Inglaterra de que el parlamento, la Constitución, el rey y los demás atributos del Poder burgués no son sino un escudo para proteger a la clase capitalista contra el proletariado. La huelga ha arrancado los velos de fetiche y de intocable reliquia tanto al parlamento, como a la Constitución. Los obreros comprenderán que la actual Constitución es un arma para la burguesía, dirigida contra ellos. Los obreros no pueden por menos de comprender que ellos también necesitan su Constitución obrera, como arma contra la burguesía. Creo que la comprensión de esta verdad será para la clase obrera de Inglaterra la mayor de sus conquistas.

Cuarta. La marcha y el desenlace de la huelga no pueden por menos de convencer a las masas obreras de Inglaterra de la inutilidad de los viejos dirigentes, de la inutilidad de los viejos jefes, educados en la escuela de la vieja política burguesa de compromisos. Las masas obreras no pueden por menos de comprender que se debe reemplazar a los viejos jefes por jefes nuevos, por jefes revolucionarios.

Quinta. Los obreros ingleses no pueden ahora por menos de comprender que los mineros de Inglaterra forman el destacamento de vanguardia de la clase obrera de Inglaterra, que, en consecuencia, apoyar la huelga del carbón y asegurar su victoria es algo que incumbe a toda he clase obrera de Inglaterra. Toda la marcha de la lucha muestra a la clase obrera de Inglaterra la inhabilidad absoluta de esta enseñanza.

Sexta. Los obreros ingleses no han podido por menos de convencerse en los difíciles momentos de la huelga general, cuando las plataformas y los programas de los distintos partidos eran contrastados en la práctica, de que el único partido capaz de defender los intereses de la clase obrera hasta el fin, con audacia y decisión, es el Partido Comunista. Tales son, a grandes rasgos, las enseñanzas fundamentales de la huelga general en Inglaterra». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; La huelga inglesa y los sucesos en Polonia; Informe en la reunión de los obreros de los talleres ferroviarios centrales de Tiflis, 8 de junio de 1926)

viernes, 29 de marzo de 2019

Los falsos revolucionarios


«Cual si pretendieran algo más que verificar un simple cambio político, como si su programa no estuviese reducido solamente a sustituir una forma de gobierno por otra, sin tocar un ápice al fondo, a la estructura económica de la sociedad burguesa, los partidos republicanos, excepción hecha del posibilista, danse el título de revolucionarios y hablan constantemente de ir a la revolución. Como en realidad los que se proponen efectuar ésta, los que pueden y deben llamarse revolucionarios, son aquellos que quieren llegar a lo hondo, cambiar la organización social presente, matar los privilegios y monopolios que permiten a unos hombres ser dueños de la fortuna y la vida de los demás, y establecer un orden de cosas que tenga por base la solidaridad entre los seres humanos, conviene hagamos notar en qué se distinguen los verdaderos revolucionarios de los que lo son únicamente de nombre. 

Son falsos revolucionarios los que, mediante un hecho de fuerza en que el pueblo trabajador no toma parte, tratar de derribar un trono y poner en su lugar un presidente que mantenga igual que aquél los intereses de la clase explotadora. 

Son falsos revolucionarios los que desean barrer la monarquía, acabar con reyes que ciñen corona, y dejar subsistir, sin embargo, el régimen burgués y los reyes de taller, mucho peores que 312 aquéllos. 

Son falsos revolucionarios los que, reconociendo que la existencia de la Iglesia católica es un obstáculo al progreso del pueblo, y ensalzando a todas horas el librepensamiento, y hasta el ateísmo, se contentan con pedir que se suprima del presupuesto la cantidad que anualmente se entrega a aquélla, en lugar de reclamar que cuanto la misma posee, cuanto ha acaparado, explotando conciencias y valiéndose del engaño, se arranque de su poder y se restituya a la sociedad. 

miércoles, 27 de marzo de 2019

El gran cisma en el PCE (m-l) de 1976; Equipo de Bitácora (M-L), 2019


«El tercer cisma de calado en el partido, se produjo en verano de 1976:

«En el terreno ideológico y organizativo el IIº Congreso ha sido la culminación, en la actual coyuntura, de la lucha desatada por el partido contra las posiciones derechistas a raíz de 1976, que desde dentro y desde fuera del partido y llegando por dos veces al complot y a la fracción, pretendían hacer degenerar al partido, y o bien llevarlo al pantano de la colaboración y el oportunismo, o bien liquidarlo política y organizativamente como destacamento revolucionario de vanguardia». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Documentos del IIº Congreso del PCE (m-l), 1977)

Esta purga estuvo respaldada por Albania:

«No obstante, el FRAP no estaba sólo. Su principal aliado, Albania, estaba a su lado. La agencia de noticias albanesa ATA elogió la depuración llevada a cabo en las filas del Partido Comunista Español (marxista-leninista) y siguió firme en su apoyo al Frente Revolucionario Antifascista y Patriota (FRAP)». (Antonio Martínez de la Orden; El Frente Revolucionario Antifascista y Patriota (FRAP): Una aproximación histórica (1971-1978), 2015)

¿Pero en qué consistieron las diferencias?

La lucha de clases a nivel nacional e internacional

En el IIº Congreso del PCE (m-l) de 1977, dos años después de las últimas acciones de peso, y a un año de la escisión sufrida, la cúpula veía así los acontecimientos en relación al tema en cuestión, teniendo serias divergencias sobre el nivel de agudización interna en la lucha de clases en España:

«Es necesario repetir aquí, ante el Congreso, algunas cuestiones que han sido tergiversadas por los enemigos del partido, enemigos de dentro y de fuera de nuestras filas. Y, principalmente, por las calumnias y cobardes ataques que lanzan el puñado de complotadores y fraccionalistas que, precisamente a raíz de nuestra IIº Conferencia Nacional, fueron descubiertos y derrotados». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Documentos del IIº Congreso del PCE (m-l), 1977)

Una de las razones que desataron los intentos de derribar a la dirección del partido fue el resultado más que discutible de las acciones armadas del FRAP de finales de 1975. Véase el capítulo: «El auge del PCE (m-l) y las acciones armadas del FRAP de 1973-75» de 2020.

Pero una cosa era poner en duda el momento idóneo de desatar la violencia revolucionaria o de la forma en que se organizaba y otra muy diferente era, como algunos disidentes de la fracción proponían, rechazar de pleno la violencia revolucionaria como tal, razón por la que muchos fueron a parar a organizaciones reformistas y pacifistas como la ORT, el PTE o el propio PCE. Obviamente la dirección del PCE (m-l) se centró solamente en estas posturas antimarxistas para mostrar a su militancia el oportunismo ideológico de alguno de los cabecillas de la fracción de 1976:

«Tanto los ideólogos burgueses como los cabecillas revisionistas y todos los oportunistas han desencadenado una vasta campaña para denigrar y condenar ante el pueblo la violencia revolucionaria, la lucha armada y la guerra popular, renegando así de uno de los principios esenciales establecidos por Marx, Engels, Lenin y Stalin acerca de la necesidad ineludible de la violencia revolucionaria y la lucha armada para derrocar el poder de la reacción; y preconizando la vía parlamentaria, la transición pacífica y el pluripartidismo como «medio» para llegar a la sociedad socialista». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Documentos del IIº Congreso del PCE (m-l), 1977)

Pero como hemos dicho anteriormente, las críticas oportunistas sobre la lucha armada del FRAP emitidas desde los fraccionalistas de 1976 o de parte de los carrillistas y otros grupos, no justifica la poca autocrítica de la dirección del PCE (m-l) en relación a las obvias deficiencias en la dirección y organización de las acciones armadas de 1973-1975. Era normal que surgiesen dudas y críticas justas de los militantes honrados que deseaban encontrar respuestas e incluso depurar responsabilidades, pero en aquel momento solamente se cerró filas y se trató por igual a los derechistas de la fracción de 1976 que a los militantes honrados, hallándose un silencio y mitificando las acciones.

De igual modo se criticaba:

«Las mencionadas corrientes oportunistas pretenden sustituir a escala internacional la lucha de clases, por una llamada lucha del tercer mundo como fuerza motriz de la historia; preconizan el apoyarse en una de las dos superpotencias para combatir a la otra –en especial apoyarse en los EE.UU.–, así como el reforzamiento del ejército burgués en tanto que baluarte de la defensa de los intereses del pueblo y de la independencia nacional para apoyarse a una u otra potencia (¿)». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Documentos del IIº Congreso del PCE (m-l), 1977)

No era una acusación sin fundamento. Se reflejaba en que los cabecillas fueron a parar a partidos como el PTE o la ORT de inspiración maoísta, que abanderaban junto al PCE (r) las teorías mencionadas del «tercer mundo como fuerza motriz de nuestra época» o que pregonaban la «necesidad de aliarse con EE.UU. para combatir a la URSS». Véase nuestro capítulo:  «La forma y contenido de las críticas hacia los adversarios políticos» de 2019.

Muchos dirigentes de la ORT-PTE acabaron en las filas del PCE donde desde hacía tiempo se venía hablando de la posibilidad de reforzar al ejército nacional burgués y lograr una tregua con las potencias imperialistas... Carrillo llegaría a declarar que no sacaría a España de la OTAN ni retiraría las bases estadounidenses de España. 

Lo mismo puede decirse del PCE (r) que promocionó la política belicista de China y apoyó a varios de los regímenes tercermundistas. Véase nuestra obra: «Estudio histórico sobre los bandazos oportunistas del PCE(r) y las prácticas terroristas de los GRAPO» de 2017.

En el ámbito internacional, varios grupos maoístas sostenían estas tesis de «defensa de la burguesía nacional» y «el imperialismo más débil en «pro de la defensa nacional contra el imperialismo más agresivo». Véase nuestra obra: «Un rápido repaso histórico a las posiciones ultraoportunistas de Jacques Jurquet y el PCF-ML» de 2015.

lunes, 25 de marzo de 2019

La importancia determinante para un comunista de cumplir con sus tareas asignadas y su relación con el funcionamiento del trabajo colectivo


«No cumplir las tareas encomendadas, se manifiesta concretamente en preocuparse únicamente de lo que afecta a uno personalmente, en poner en primer plano las opiniones personales cuando el partido ha analizado y señalado una tarea, actuando, no de acuerdo con las orientaciones del partido, sino con las opiniones personales; en aparentar que se hacen muchas cosas cuando es lo contrario, es decir, escurriendo el bulto: tratar de evitar las críticas mediante los más diversos subterfugios y, en general tratar de salvar las apariencias. Esta tendencia oculta la negligencia en el trabajo y el estudio, la incapacidad o el desprecio hacia toda actitud crítica, la carencia de espíritu de partido, y es una forma encubierta de liberalismo, de arribismo y también de burocratismo. (...) En cuanto a la falta de disciplina partidaria, es necesario tener presente que, contrariamente a los liberales eurocarrillistas, a los socialdemócratas antimarxistas y a los tránsfugas comunistas de salón que preconizan el liberalismo disolvente en los partidos comunistas, los marxista-leninistas defendemos y mantenemos el principio de la necesidad ineluctable de la disciplina partidaria y el centralismo democrático. (…) Conviene señalar que la indisciplina tiene en muchos casos raíces ideológicas y está relacionada con el activismo y la superficialidad, ya que la indisciplina consiste en términos generales en incumplimiento de las decisiones, y de las tareas trazadas o en adoptar una actitud personal hacia ellas, una actitud superficial, subjetiva, por encima de las directrices de los órganos de dirección; y un método y estilo individualista, no comunista, concediendo o no importando las tareas centrales de cada momento basándose en una apreciación local y personal y sin tener en cuenta su importancia y su urgencia en función del conjunto de la política y la táctica del partido en cada momento. (...) El menosprecio por el funcionamiento orgánico del partido y por el cumplimiento de los deberes militantes, es indiscutiblemente un reflejo de una actitud revisionista, anarquizante y disolvente que impide militar con responsabilidad y seriedad, y que siembra el desánimo y el pesimismo». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Documentos del IIIº Congreso del PCE (m-l), 1979)

domingo, 24 de marzo de 2019

Lukács y los intentos de contraponer Engels a Marx; Equipo de Bitácora (M-L), 2018


«Los malentendidos que ha suscitado la manera engeliana de exponer la dialéctica provienen esencialmente de que Engels –siguiendo el mal ejemplo de Hegel– extendió el método dialéctico al conocimiento de la naturaleza». (Georg Lukács; Historia y consciencia de clase, 1923)

He aquí una cita que basta para descartar automáticamente al «gran» autor húngaro como un autor realmente marxista, y he aquí del mismo modo una cita que explica porque Lukács fue tan propagado por la «nueva izquierda» de la década de los 60, es decir los pseudomarxistas de los existencialistas, estructuralistas, Escuela de Frankfurt, maoístas, trotskistas, anarquistas, eurocomunistas y demás. 

Intentar hacer ver que Engels, compañero ideológico y personal inseparable de Marx, tenía una concepción tan sumamente diferente sobre la dialéctica y su influjo es cuanto menos absurdo. Pretender que uno [Marx] tomaba la dialéctica como algo que indica en la sociedad humana y no en la naturaleza –como un metafísico cualquiera que separaba mecánicamente al hombre de la naturaleza como se mofaba siempre el propio Marx–, y que el otro [Engels] la concibe como que abarca ambas, es un intento ridículo de separar a ambos en lo ideológico cuando no hay tal evidencia. En primer lugar, citemos al propio Marx hablando de la relación entre el hombre y la naturaleza, las ciencias naturales y las del hombre:

«Las ciencias naturales han desarrollado una enorme actividad y se han adueñado de un material que aumenta sin cesar. La filosofía, sin embargo, ha permanecido tan extraña para ellas como ellas para la filosofía. La momentánea unión fue sólo una fantástica ilusión. Existía la voluntad, pero faltaban los medios. La misma historiografía sólo de pasada se ocupa de las ciencias naturales en cuanto factor de ilustración, de utilidad, de grandes descubrimientos particulares. Pero en la medida en que, mediante la industria, la ciencia natural se ha introducido prácticamente en la vida humana, la ha transformado y ha preparado la emancipación humana, tenía que completar inmediatamente la deshumanización. La industria es la relación histórica real de la naturaleza –y, por ello, de la ciencia natural– con el hombre; por eso, al concebirla como develación esotérica de las fuerzas humanas esenciales, se comprende también la esencia humana de la naturaleza o la esencia natural del hombre; con ello pierde la ciencia natural su orientación abstracta, material, o mejor idealista, y se convierte en base de la ciencia humana, del mismo modo que se ha convertido ya  aunque en forma enajenada– en base de la vida humana real. Dar una base a la vida y otra a la ciencia es, pues, de antemano, una mentira. La naturaleza que se desarrolla en la historia humana –en el acto de nacimiento de la sociedad humana– es la verdadera naturaleza del hombre; de ahí que la naturaleza, tal como, aunque en forma enajenada, se desarrolla en la industria, sea la verdadera naturaleza antropológica.

La sensibilidad –véase Feuerbach– debe ser la base de toda ciencia. Sólo cuando parte de ella en la doble forma de conciencia sensible y de necesidad sensible, es decir, sólo cuando parte de la naturaleza, es la ciencia verdadera ciencia. La historia toda es la historia preparatoria de la conversión del «hombre» en objeto de la conciencia sensible y de la necesidad del «hombre en cuanto hombre» en necesidad. La historia misma es una parte real de la historia natural, de la conversión de la naturaleza en hombre. Algún día la ciencia natural se incorporará la ciencia del hombre, del mismo modo que la ciencia del hombre se incorporará la ciencia natural; habrá una sola ciencia». (Karl Marx; Manuscritos Económicos y filosóficos, 1844)

Si acaso esto no es suficiente para los apologistas de las falacias de Lukács, veamos una cita mucho más directa sobre cómo Marx y Engels coincidían en no distinguir la aplicabilidad de la dialéctica en los diversos campos de estudio. De hecho, ambos clásicos hablaban tan sólo de un campo de estudio unificado. En los borradores de una de las obras más conocidas de Marx y Engels se dice:

«Reconocemos solamente una ciencia, la ciencia de la historia. La historia, considerada desde dos puntos de vista, puede dividirse en la historia de la naturaleza y la historia de los hombres. Ambos aspectos, con todo, no son separables: mientras existan hombres, la historia de la naturaleza y la historia de los hombres se condicionarán recíprocamente. No tocaremos aquí la historia de la naturaleza, las llamadas ciencias naturales; abordaremos en cambio la historia de los hombres, pues casi toda la ideología se reduce o a una concepción tergiversada de esta historia o a una abstracción total de ella. La propia ideología es tan sólo uno de los aspectos de esta historia». (Karl Marx y Friedrich Engels; La ideología alemana, 1846)

Sobre las perspectivas del Partido Comunista de Alemania y sobre la bolchevizacion; Stalin, 1925


«Para la bolchevización se necesita crear, por lo menos, algunas condiciones fundamentales, sin las que la bolchevización de los Partidos Comunistas es de todo punto imposible.

1) Es necesario que el Partido no se considere un apéndice del mecanismo electoral parlamentario, como en realidad se considera la socialdemocracia, ni un suplemento de los sindicatos, como afirman a veces ciertos elementos anarco-sindicalistas, sino la forma superior de unión de clase del proletariado, llamada a dirigir todas las demás formas de organizaciones proletarias, desde los sindicatos hasta la minoría parlamentaria.

2) Es necesario que el Partido, y de manera especial sus cuadros dirigentes, dominen a fondo la teoría revolucionaria del marxismo, ligada con lazos indestructibles a la labor práctica revolucionaria.

3) Es necesario que el Partido no adopte las consignas y las directivas sobre la base de fórmulas aprendidas de memoria y de paralelos históricos, sino como resultado de un análisis minucioso de las condiciones concretas, interiores e internacionales, del movimiento revolucionario, teniendo siempre en cuenta la experiencia de las revoluciones de todos los países.

4) Es necesario que el Partido contrasté la justeza de estas consignas y directivas en el fuego de la lucha revolucionaria de las masas.

5) Es necesario que toda la labor del Partido, particularmente si no se ha desembarazado aún de las tradiciones socialdemócratas, se reconstruya sobre una base nueva, revolucionaria, de modo que cada paso del Partido y cada uno de sus actos contribuyan de modo natural a revolucionarizar a las amplias masas, a preparar a las amplias masas de la clase obrera en el espíritu de la de revolución.

6) Es necesario que el Partido sepa conjugar en su labor la máxima fidelidad a los principios –¡no confundir eso con el sectarismo!– con la máxima ligazón y el máximo contacto con las masas –¡no confundir eso con el seguidismo!–, sin lo cual al Partido le será imposible, no sólo instruir a las masas, sino también aprender de ellas, no sólo guiar a las masas y elevarlas hasta el nivel del Partido, sino también prestar oído a la voz de las masas y adivinar sus necesidades apremiantes.

7) Es necesario que el Partido sepa conjugar en su labor un espíritu revolucionario intransigente –¡no confundir eso con el aventurerismo revolucionario!– con la máxima flexibilidad y la máxima capacidad de maniobra –¡no confundir eso con el espíritu de adaptación!–, sin lo cual al Partido le será imposible dominar todas las formas de lucha y de organización, ligar los intereses cotidianos del proletariado con los intereses básicos de la revolución proletaria y conjugar en su trabajo la lucha legal con la lucha clandestina.

8) Es necesario que el Partido no oculte sus errores, que no tema la crítica, que sepa capacitar y educar a sus cuadros analizando sus propios errores.

9) Es necesario que el Partido sepa seleccionar para el grupo dirigente fundamental a los mejores combatientes de vanguardia, a hombres lo bastante fieles para ser intérpretes genuinos de las aspiraciones del proletariado revolucionario, y lo bastante expertos para ser los verdaderos jefes de la revolución proletaria, capaces de aplicar la táctica y la estrategia del leninismo.

10) Es necesario que el Partido mejore sistemáticamente la composición social de sus organizaciones y se depure de los disgregantes elementos oportunistas, teniendo como objetivo el hacerse lo más monolítico posible.

11) Es necesario que el Partido forje una disciplina proletaria de hierro, nacida de la cohesión ideológica, de la claridad de objetivos del movimiento, de la unidad de las acciones prácticas y de la actitud consciente hacia las tareas del Partido por parte de las amplias masas del mismo.

12) Es necesario que el Partido compruebe sistemáticamente el cumplimiento de sus propias decisiones y directivas, sin lo cual éstas corren el riesgo de convertirse en promesas vacías, capaces únicamente de quebrantar la confianza de las amplias masas proletarias en el Partido.

Sin estas condiciones y otras semejantes, la bolchevización suena a hueco». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Sobre las perspectivas del Partido Comunista de Alemania y sobre la bolchevizacion, 3 de febrero de 1925)

viernes, 22 de marzo de 2019

Lo que los «comunistas» olvidan hoy al relacionarse con otros comunistas


«Los miembros del partido no deben ser meramente luchadores, sino primeramente luchadores de primera clase. Para ello deben aumentar regularmente su nivel ideológico, político y cultural marxista-leninista, de lo contrario no serán capaces de trabajo con las masas sin partido y no serán capaces de aumentar la influencia del partido en las masas. No debe haber lugar en nuestro partido para las agrupaciones y fracciones. No debemos permitir que el partido se convierta en un refugio para los oportunistas, captituladores y arribistas. La crítica y la autocrítica es el arma más poderosa del partido para la prevención en su organización, que los líderes y funcionarios cometan errores de mayor calado, para rectificar rápida y correctamente los errores y evitar cualquier mínima desviación del marxismo-leninismo. El partido sólo puede avanzar si aplica el ejercicio de la crítica y autocrítica. Debemos fortalecer constantemente los enlaces del partido con las masas, pero no mediante la aceptación de nuevos miembros al partido de forma indiscriminada. Aquellos que quieran unirse al partido pasarán en un futuro por un periodo de prueba para lograr su afiliación. El proyecto de los estatutos del partido prevén que un camarada que no es concienzudo en realizar asignaciones de partido, no asiste reuniones de partido y no trabaja para levantar su nivel de partido no será aceptado como un candidato de partido». (Mihály Farkas; Discurso en el Congreso de Unificación del Partido de los Trabajadores Húngaros, 12 de junio de 1948)