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domingo, 24 de marzo de 2019

Lukács y los intentos de contraponer Engels a Marx; Equipo de Bitácora (M-L), 2018


«Los malentendidos que ha suscitado la manera engeliana de exponer la dialéctica provienen esencialmente de que Engels –siguiendo el mal ejemplo de Hegel– extendió el método dialéctico al conocimiento de la naturaleza». (Georg Lukács; Historia y consciencia de clase, 1923)

He aquí una cita que basta para descartar automáticamente al «gran» autor húngaro como un autor realmente marxista, y he aquí del mismo modo una cita que explica porque Lukács fue tan propagado por la «nueva izquierda» de la década de los 60, es decir los pseudomarxistas de los existencialistas, estructuralistas, Escuela de Frankfurt, maoístas, trotskistas, anarquistas, eurocomunistas y demás. 

Intentar hacer ver que Engels, compañero ideológico y personal inseparable de Marx, tenía una concepción tan sumamente diferente sobre la dialéctica y su influjo es cuanto menos absurdo. Pretender que uno [Marx] tomaba la dialéctica como algo que indica en la sociedad humana y no en la naturaleza –como un metafísico cualquiera que separaba mecánicamente al hombre de la naturaleza como se mofaba siempre el propio Marx–, y que el otro [Engels] la concibe como que abarca ambas, es un intento ridículo de separar a ambos en lo ideológico cuando no hay tal evidencia. En primer lugar, citemos al propio Marx hablando de la relación entre el hombre y la naturaleza, las ciencias naturales y las del hombre:

«Las ciencias naturales han desarrollado una enorme actividad y se han adueñado de un material que aumenta sin cesar. La filosofía, sin embargo, ha permanecido tan extraña para ellas como ellas para la filosofía. La momentánea unión fue sólo una fantástica ilusión. Existía la voluntad, pero faltaban los medios. La misma historiografía sólo de pasada se ocupa de las ciencias naturales en cuanto factor de ilustración, de utilidad, de grandes descubrimientos particulares. Pero en la medida en que, mediante la industria, la ciencia natural se ha introducido prácticamente en la vida humana, la ha transformado y ha preparado la emancipación humana, tenía que completar inmediatamente la deshumanización. La industria es la relación histórica real de la naturaleza –y, por ello, de la ciencia natural– con el hombre; por eso, al concebirla como develación esotérica de las fuerzas humanas esenciales, se comprende también la esencia humana de la naturaleza o la esencia natural del hombre; con ello pierde la ciencia natural su orientación abstracta, material, o mejor idealista, y se convierte en base de la ciencia humana, del mismo modo que se ha convertido ya  aunque en forma enajenada– en base de la vida humana real. Dar una base a la vida y otra a la ciencia es, pues, de antemano, una mentira. La naturaleza que se desarrolla en la historia humana –en el acto de nacimiento de la sociedad humana– es la verdadera naturaleza del hombre; de ahí que la naturaleza, tal como, aunque en forma enajenada, se desarrolla en la industria, sea la verdadera naturaleza antropológica.

La sensibilidad –véase Feuerbach– debe ser la base de toda ciencia. Sólo cuando parte de ella en la doble forma de conciencia sensible y de necesidad sensible, es decir, sólo cuando parte de la naturaleza, es la ciencia verdadera ciencia. La historia toda es la historia preparatoria de la conversión del «hombre» en objeto de la conciencia sensible y de la necesidad del «hombre en cuanto hombre» en necesidad. La historia misma es una parte real de la historia natural, de la conversión de la naturaleza en hombre. Algún día la ciencia natural se incorporará la ciencia del hombre, del mismo modo que la ciencia del hombre se incorporará la ciencia natural; habrá una sola ciencia». (Karl Marx; Manuscritos Económicos y filosóficos, 1844)

Si acaso esto no es suficiente para los apologistas de las falacias de Lukács, veamos una cita mucho más directa sobre cómo Marx y Engels coincidían en no distinguir la aplicabilidad de la dialéctica en los diversos campos de estudio. De hecho, ambos clásicos hablaban tan sólo de un campo de estudio unificado. En los borradores de una de las obras más conocidas de Marx y Engels se dice:

«Reconocemos solamente una ciencia, la ciencia de la historia. La historia, considerada desde dos puntos de vista, puede dividirse en la historia de la naturaleza y la historia de los hombres. Ambos aspectos, con todo, no son separables: mientras existan hombres, la historia de la naturaleza y la historia de los hombres se condicionarán recíprocamente. No tocaremos aquí la historia de la naturaleza, las llamadas ciencias naturales; abordaremos en cambio la historia de los hombres, pues casi toda la ideología se reduce o a una concepción tergiversada de esta historia o a una abstracción total de ella. La propia ideología es tan sólo uno de los aspectos de esta historia». (Karl Marx y Friedrich Engels; La ideología alemana, 1846)

jueves, 13 de diciembre de 2018

Sobre la evaluación de Hegel en la URSS y las calumnias de Kohan-Lukács; Equipo de Bitácora (M-L), 2018


«Lukács ha sido el clásico autor que habla constantemente impartiendo lecciones sobre la dialéctica, pero la ha comprendido de forma limitada, precisamente como su ídolo Hegel. La diferencia es que mientras su ídolo adolecía limitaciones inherentes a su época y pese a todo realizó aportes significativos, la limitación de Lukács en cambio son fruto de su estupidez en una época en que tenía a su disposición un torrente de conocimientos sumamente superior.

El trotskista argentino Kohan nos dice también sobre Lukács:

«Explicando esa curiosa «espera» de una década, en el prefacio a la edición en castellano de 1963 –precisamente la que el Che lee en Bolivia– Lukács aclara: «La causa principal del retraso en la aparición de esta obra –diez años después de su redacción– fue la «nueva concepción» de la filosofía hegeliana formulada durante la guerra por Zhdánov. Como parte de la propaganda de guerra groseramente simplificadora producida durante el período de Stalin, se decidió por decreto que Hegel había sido un representante de la reacción feudal contra la Revolución Francesa. Esa concepción coincidía además ampliamente con la vulgarización general propia de la tendencia dominante en dicho período. (...) Como  consecuencia de todo ello –y a diferencia de lo que ocurría con Marx, Engels y Lenin– no se admitía ya entre Hegel y Marx más que una contraposición excluyente. Como frecuentemente ocurre en nuestro presente, esa concepción tiene estrechos puntos de contacto con la burguesa y la conservadora. Y ello no es casual. Por motivos diversos, ambas concepciones tienen interés en negar toda conexión metodológica o material entre Hegel y Marx. Los dogmáticos de la escuela de Stalin lo hacen porque vieron el peligro que el descubrimiento de una génesis histórica significaba para la «novedad» absoluta de su «marxismo-leninismo» desfigurado por Stalin». (Néstor Kohan; En la selva. Los estudios desconocidos Che Guevara. A propósito de sus «Cuadernos de lectura de Bolivia» (2011)

Esta opinión es un calco a la del propio Lukács, quién en un capítulo de su obra llamado: «La alternativa pura: el estalinismo o la democracia socialista» comenta:

«Si el marxismo está divorciado de su herencia cultural occidental, si sus presupuestos filosóficos están separados de sus precursores occidentales, entonces se separa de su amplio humanismo y pierde sus propósitos superiores. La prioridad de las tácticas bajo Stalin logró este propósito y condujo a la vulgarización general de la metodología del marxismo. El estalinismo ocultó esta deformación del marxismo a través de la astuta manipulación del lenguaje y dio la impresión de que había preservado e incluso avanzado la esencia del marxismo. Esto se manifestó con gran claridad en la famosa teoría de Zhdanov sobre la esencia de la filosofía hegeliana. Para completar la reificación radical de la dialéctica, el estalinismo consideró necesario descartar la influencia fundamental y generativa de la dialéctica de Hegel sobre el marxismo. Para fundamentar el divorcio entre Hegel y Marx –teóricamente– la filosofía hegeliana fue presentada por Zhdánov como una respuesta reaccionaria a la Revolución Francesa. De una manera puramente teórica, este fue el epítome de la tendencia a la vulgarización: el marxismo debe presentarse como algo nuevo sin ningún precursor en el mundo burgués, sin ninguna relación con los desarrollos históricos mundiales previos». (Georg Lukács;  Democratización hoy y mañana, 1968)

Aquí Kohan y Lukács nos aseguran que los líderes soviéticos como Stalin o Zhdánov se caracterizaban por despreciar completamente toda la obra de Hegel, por crear la teoría de que la doctrina marxista «sale de la nada», por calificar la doctrina de Hegel como «incompatible al marxismo en todas y cada una de las cuestiones».

jueves, 29 de noviembre de 2018

Néstor Kohan como promotor de un histórico antileninista como Georg Lukács; Equipo de Bitácora (M-L), 2018


«Néstor Kohan es un trotskista de notable influencia en Argentina, Venezuela y sobre todo en la trotskizada Cuba. Es famoso por loar constantemente a Bolivar, Trotski, Guevara, Castro y toda figura que resulte agradable a ojos de los actuales socialistas del siglo XXI y demás oportunistas modernos. Pero por supuesto, a Kohan también le gusta ensalzar al filósofo y poeta Lukács, en especial por su lucha por reivindicar una revaluación del hegelianismo en «tiempos del stalinismo»:

«Con todos esos trabajos preparatorios, Lukács redacta en Moscú «El joven Hegel. Problemas de la sociedad capitalista». Lo termina en 1938 y lo presenta como tesis doctoral en diciembre de 1942. Aunque Lukács logra doctorarse –recibe el título en agosto de 1943–, la obra es recibida con silencio, signo de evidente desaprobación oficial. El joven Hegel no se publicó en la Unión Soviética. A él le dolió en el alma. Pero no pudo hacer nada. Su libro recién apareció en 1948 en Viena/Zürich y, seis años después, en 1954, en Alemania oriental. El silencio oficial y la no publicación en la URSS no fueron casuales. A pesar de haberlo terminado en 1938, tuvo que esperar toda una década para que viera la luz pública. No obstante pese a sus «autocríticas», los soviéticos no confiaban en él». (Néstor Kohan; En la selva. Los estudios desconocidos Che Guevara. A propósito de sus «Cuadernos de lectura de Bolivia», 2011)

No nos pararemos excesivamente en explicar absolutamente todos los bandazos históricos a izquierda y derecha de Lukács pues darían para todo un artículo, ni podemos tampoco pararnos demasiado en comentar los eventos que aquí son mencionados. Nos quedaremos simplemente con el hecho de que Kohan nos viene a decir que Lukács fue un intelectual ampliamente criticado por sus obras en la Unión Soviética, por lo cual era marginado, o que incluso sus obras no eran publicadas, lo cual es normal, debido a las teorías que escribía. Ni el Estado del proletariado ni los partidos comunistas del mundo tienen porqué gastar un centavo en promocionar obras que no valen el coste en producirlas ya que les son extraños. Y esto es algo que los intelectuales de partido y apartidistas más individualistas nunca han llegado a entender, que el gobierno revolucionario o el partido comunista que está luchando contra el capital nacional e internacional no está para hacer de mecenas y financiar sus aventuras doctrinales sino contribuyen a la causa del pueblo, a sus luchas cotidianas. Esto toma más significación si cabe, cuando hablamos de los artistas como músicos, poetas, pintores etcétera, que se suelen desviar fácilmente por la temática personal, por contarnos sus sensibilidades y diversos affaires de intelectual, que muchas veces son ajenos a la sociedad general, y a la clase obrera en particular.

De hecho Lukács es el clásico autor revisionista que cuando lanzaba sus obras recibía críticas en forma de avalancha por parte de sus camaradas nacionales e internacionales, ante lo cual, siendo un ser de endeble voluntad como para mantener sus pensamientos con firmeza, caía en pánico y decidía realizar una autocrítica prometiendo no volver a cometer dichos errores de forma cínica.