«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

sábado, 16 de abril de 2016

Sobre las teorías antimarxistas que atacan el rol del partido comunista


«Actualmente se han reanimado diversas teorías que predican la espontaneidad en el movimiento revolucionario, que menoscaban el papel del factor consciente, que niegan el papel de la teoría y del partido del proletariado. La degeneración de los partidos revisionistas, su transformación en partidos reformistas, inocuos para la burguesía, y las tesis antimarxistas de los revisionistas modernos, soviéticos, yugoslavos, italianos, etc., de que «el capitalismo se está integrando en el socialismo de manera, consciente o inconsciente, gradual o radical», de que «también partidos y organizaciones políticas no proletarias pueden llegar a ser portadores de los ideales del socialismo y dirigentes de la lucha por su realización», de que «también algunos países donde está en el poder la nueva burguesía nacional se encaminan hacia el socialismo», etc., se han convertido en base para propagar los puntos de vista más extremistas que niegan totalmente el papel de la teoría y la necesidad del partido de la clase obrera. Existen también quienes, autotitulándose revolucionarios acabados, llegan incluso a decir que «en la teoría de Marx sobre la revolución no hay lugar ni necesidad del partido», que «la vanguardia de la revolución socialista no puede identificarse con el partido marxista-leninista», que el papel del partido puede ser desempeñado «por una minoría activa» que surge como «fermento» en el movimiento espontáneo, que «de la misma acción revolucionaria nace la conciencia y la organización revolucionarias».

Todas estas «teorías» ocasionan un daño incalculable al movimiento revolucionario ya que desorientan y dejan desarmada a la clase obrera frente a los ataques de la burguesía, quien, por su parte, ha perfeccionado al máximo sus métodos y medios de propaganda, la organización de la lucha contra la revolución y el comunismo.

Es ya algo históricamente probado que sin su partido la clase obrera, cualesquiera que sean las condiciones en las que viva y actúe, no se hace por sí misma consciente. Lo que convierte a la clase obrera de una «clase en sí» en una clase para sí es el partido. Naturalmente, la lucha, la acción, templan y ponen a prueba a la clase obrera, a las masas y a los revolucionarios, les enseñan muchas cosas. Pero si falta el partido político con un programa claro, con una estrategia y una táctica científica, la lucha se queda a medio camino o fracasa. Esto nos lo enseña también la experiencia del movimiento revolucionario actual y la de las numerosas luchas de los pueblos de los diferentes continentes.

Pero incluso cuando algunos de los diversos revisionistas u oportunistas reconocen la necesidad de la existencia del partido, tergiversan su papel y los principios orgánicos de su construcción. Declaran caducas y superadas las ideas de Lenin acerca de esta cuestión. Particularmente atacan el principio según el cual el partido no es sólo la vanguardia consciente de la clase, sino también su forma más elevada de organización, que se caracteriza por la unidad de pensamiento y de acción y al que corresponde el papel dirigente en toda la actividad revolucionaria y en cualquier terreno en que ésta se desarrolle. Algunos de ellos reducen el papel del partido a una organización de orientación y educación política e ideológica, o a un centro de coordinación e información. Otros lo identifican con la guerrilla o se pronuncian por la «calidad de socio» en pie de igualdad del partido marxista-leninista con otros partidos y organizaciones de la clase obrera y de las masas trabajadoras.

La función dirigente del partido de la clase obrera en la lucha por el socialismo es una ley objetiva, tanto sí existe un solo partido como si existen muchos. La transformación revolucionaria de la sociedad capitalista sobre bases socialistas es una lucha vasta y de gran complejidad que se desarrolla de muchas formas y en todos los terrenos: económico, político, ideológico y militar. En esta lucha la clase obrera contrae alianzas con diversas fuerzas sociales y políticas. Todas las formas de lucha y de organización, todos los destacamentos del movimiento revolucionario deben servir a un objetivo. De ahí la necesidad del partido como único centro dirigente, orientador y organizador.

La lucha por el socialismo tiene como base teórica la ideología de la clase obrera, el marxismo-leninismo, que es la doctrina científica que proporciona la única concepción correcta del socialismo y de los caminos para realizarlo. El portador de esta teoría, quien la elabora y la aplica, no podrá ser ningún otro partido u organización salvo el partido comunista del proletariado, el partido de esa clase a la que pertenece el futuro socialista y comunista, que defiende los intereses fundamentales de los trabajadores y de todas las fuerzas progresistas de la sociedad y que lucha por ellos, el partido de la clase, que, como ha dicho Marx, no puede liberarse sin liberar a toda la humanidad. Si el destino de la revolución se confía, a un centro de orientación general, a una organización meramente coordinadora o a la guerrilla, la revolución penetrará en un callejón sin salida y sufrirá derrotas.

El contenido objetivo dé todas las «teorías» que niegan la necesidad del papel dirigente de la clase obrera y de su partido es de hecho la negación de la revolución, del socialismo y del marxismo-leninismo. Estas concepciones no hacen sino llevar agua al molino de la burguesía y de la contrarrevolución. Por eso, desenmascararlas y defender resueltamente las enseñanzas leninistas sobre la hegemonía de la clase obrera, sobre el papel dirigente del partido del proletariado y de los principios de su construcción y organización, constituye hoy una tarea de gran importancia y actualidad para eliminar la confusión y la desorientación que los revisionistas han creado en este terreno, para hacer avanzar la revolución, la lucha por el socialismo y el comunismo». (Enver HoxhaEl marxismo-leninismo, doctrina siempre joven y científica, 1 de noviembre de 1971)

1 comentario:

  1. Que bien lo explica Henver Hoxha, parece como si lo estuviese viendo aqui en España con Podemos ahora mismo.

    Aqui refleja la espontaneidad de un movimiento que como Podemos,sin ser revolucionario niega la existencia de la clase obrera, un movimiento nacido al calor de las masas pero sin ideología política, cuando la definición es ,ni de derechas ni de izquierdas, cuando en un movimiento plagado de trotskistas, bujarinistas y burgueses es cuando se cocina la socialdemocrácia de nuevo cuño.

    Un movimiento espontaneo convertido en partido sin ideología no puede tener futuro, y menos dentro de la izquierda,cuando se reniega de las leyes socialistas,del solcialismo cientifico, acompañado del resto de sus implicaciones que conlleva la democrácia popular es inservible para la clase obrera y el proletariado.

    Está demostrado que al regímen capitalista,en descomposición constante por la crisis que produjo invente y eleve a movimientos como Podemos y Ciudadanos para que sean los sustitutos para oxigenar al capitál moribundo, por eso creen que el capitál tiene rostro amable y humano, pero la história está ahí, solamente un Partido Comunista M-L puede acabar con la vieja y la nueva socialdemocrácia y la burguesia nacional.

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