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domingo, 26 de mayo de 2019

El partido comunista y el parlamentarismo; Internacional Comunista, 1920


«La nueva época y el nuevo parlamentarismo

La actitud de los partidos socialistas con respecto al parlamentarismo consistía en un comienzo, en la época de la I Internacional, en utilizar los parlamentos burgueses para la agitación. Se consideraba la participación en la acción parlamentaria desde el punto de vista del desarrollo de la conciencia de clase, es decir del despertar de la hostilidad de las clases proletarias contra las clases dirigentes. Esta actitud se modificó no por la influencia de una teoría sino por la del progreso político. A consecuencia del incesante aumento de las fuerzas productivas y de la ampliación del dominio de la explotación capitalista, el capitalismo, y con él los estados parlamentarios, adquirieron una mayor estabilidad.

De allí la adaptación de la táctica parlamentaria de los partidos socialistas a la acción legislativa «orgánica» de los parlamentos burgueses y la importancia, siempre creciente, de la lucha por la introducción de reformas dentro de los marcos del capitalismo, el predominio del programa mínimo de los partidos socialistas, la transformación del programa máximo en una plataforma destinada a las discusiones sobre un lejano «objetivo final». Sobre esta base se desarrolló el arribismo parlamentario, la corrupción, la traición abierta o solapada de los intereses primordiales de la clase obrera.

La actitud de la III Internacional con respecto al parlamentarismo no está determinada por una nueva doctrina sino por la modificación del papel del propio parlamentarismo. En la época precedente, el parlamento, instrumento del capitalismo en vías de desarrollo, trabajó en un cierto sentido, por el progreso histórico. Bajo las condiciones actuales, caracterizadas por el desencadenamiento del imperialismo, el parlamento se ha convertido en un instrumento de la mentira, del fraude, de la violencia, de la destrucción, de los actos de bandolerismo. Obras del imperialismo, las reformas parlamentarias, desprovistas de espíritu de continuidad y de estabilidad y concebidas sin un plan de conjunto, han perdido toda importancia práctica para las masas trabajadoras.

El parlamentarismo, así como toda la sociedad burguesa, ha perdido su estabilidad. La transición del período orgánico al período crítico crea una nueva base para la táctica del proletariado en el dominio parlamentario. Así es como el partido obrero ruso el partido bolchevique determinó ya las bases del parlamentarismo revolucionario en una época anterior, al perder Rusia desde 1905 su equilibrio político y social y entrar desde ese momento en un período de tormentas y cambios violentos.

lunes, 29 de octubre de 2018

Sobre los parlamentos y las constituciones burguesas


«Ni siquiera el mejor de los parlamentos burgueses o la mejor de las constituciones burguesas son nada más que «instrumentos de opresión de los proletarios por la burguesía» –como muy justamente afirmara Lenin en su obra «La revolución y el renegado Kautsky» de 1918– y que ninguna constitución, por sí sola, ha asegurado nunca para el pueblo las promesas de democracia, libertad y justicia con que generalmente adorna la burguesía sus textos constitucionales. Quede claro también que el poder efectivo lo ejerce la burguesía desde el aparato del Estado, desde su dominio y control de las finanzas, de toda la economía del ejército, de su aparato represivo y policial, etc. El Parlamento y la Constitución no son más que jarrones de flores para adornar su podrido y maloliente sistema, lo que no excluye que siempre que sea posible y convenga a los intereses del pueblo y la revolución los partidos y las fuerzas revolucionarias los utilicen para desenmascarar a la reacción y difundir la política revolucionaria y azuzar el proceso de la lucha de clases. Actualmente en la coyuntura de España. (…) Las fuerzas democráticas y revolucionarias, y nuestro partido en primer término, están a la cabeza de las luchas populares por los derechos democráticos sin condiciones, con el fin de poder utilizar cuantos más medios sean posibles para desarrollar la lucha de clases. (…) Por imponer el derecho de asociación y manifestación sin condiciones, es preciso promover una amplia campaña para la disolución de los cuerpos represivos legados por la dictadura franquista y la prohibición de las organizaciones y bandas fascistas, así como también para denunciar las provocaciones de los grupos terroristas de distinto signo manipulados o montados por los distintos servicios especiales del aparato político-policiaco de la monarquía». (Elena Ódena; ¡Por el derecho de asociación sin condiciones para las organizaciones republicanas y para nuestro partido y el FRAP!, 1978)

martes, 13 de marzo de 2018

Las elecciones democrático-burguesas y el parlamento para los comunistas


«De manera general, y bajo cualquier tipo de gobierno burgués, las elecciones casi nunca son nada más que uno de los mecanismos utilizados por el poder para conservar en el pueblo la ilusión de la democracia. Incluso cuando las fuerzas populares logran éxitos en las elecciones, la reacción que detenta el poder suele, por la fuerza o de otro modo, tratar de invalidarlos en la práctica. Los comunistas, no obstante, debemos, cuando ello es posible y favorable para el desarrollo de la lucha participar en ellas, sin caer en ningún momento en ilusiones ni posiciones electoralistas, teniendo siempre presente que lo decisivo está en la calle, en las fábricas, en los barrios populares, en el campesinado, la juventud, la mujer oprimida y explotada. El parlamento no es para los auténticos comunistas más que una tribuna para plantear ante el pueblo sus políticas y denuncias». (Elena Ódena; Unas elecciones para apuntalar el continuismo y la oligarquía en el poder, 1 de marzo de 1979)

martes, 19 de mayo de 2015

Lenin hablando sobre el papel desfasado de la democracia burguesa para nuestra época



«Es claro que, en comparación con el zarismo, con la autocracia, la monarquía y todos los residuos del  feudalismo, la democracia burguesa es un progreso inmenso en el plano histórico. Es claro que debemos aprovecharla, y mientras la lucha de la clase obrera por todo el poder no se ponga a la orden del día, estamos obligados a utilizar las formas de la democracia burguesa. Pero la realidad es que hemos llegado justamente a ese momento decisivo de la lucha a escala internacional, y el problema ahora es si podrán los capitalistas sujetar en su poder los medios de producción y, sobre todo, la propiedad de los instrumentos de producción. Y eso quiere decir que ellos preparan nuevas guerras. La guerra imperialista nos ha mostrado con claridad meridiana que la  propiedad capitalista está vinculada a esa matanza de pueblos y condujo a ella de manera incontenible y constante. Siendo así las cosas, todo cuanto se diga  de que la democracia expresa la voluntad de todo el  pueblo es un engaño palmario para todos, no es otra cosa que el privilegio de los capitalistas y los ricos  para embaucar a los sectores más atrasados de trabajadores, tanto con su prensa, que sigue en manos  de los propietarios, como con todos los otros medios  de influencia política. 

No hay ni puede haber mas que una alternativa: o dictadura de la burguesía encubierta con asambleas constituyentes, con sistemas electorales de todo tipo, democracia y demás engaños burgueses que se  emplean para deslumbrar a bobos y de los que solo pueden hacer gala hoy quienes han renegado por  completo y en todo del marxismo y del socialismo; o dictadura del proletariado para aplastar con mano de  hierro a la burguesía que azuza a los elementos más inconscientes contra los mejores líderes del proletariado mundial. Esta dictadura significa la  victoria del proletariado para reprimir a la burguesía, que ahora opone la más rabiosa resistencia al proletariado, que se hace tanto más furiosa cuanto más claro percibe que el problema lo han planteado las masas». (Vladimir Ilich Uliánov, LeninInforme presentado en el IIº Congreso Nacional de los Sindicatos, 20 de enero de 1919)