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lunes, 17 de septiembre de 2018

Miguel Hernández; Rusia, 1937



«En trenes poseídos de una pasión errante
por el carbón y el hierro que los provoca y mueve,
y en tensos aeroplanos de plumaje tajante
recorro la nación del trabajo y la nieve.

De la extensión de Rusia, de sus tiernas ventanas,
sale una voz profunda de máquinas y manos,
que indica entre mujeres: Aquí están tus hermanas,
y prorrumpe entre hombres: Estos son tus hermanos.

Basta mirar: se cubre de verdad la mirada.
Basta escuchar: retumba la sangre en las orejas.
De cada aliento sale la ardiente bocanada
de tantos corazones unidos por parejas.

Ah, compañero Stalin: de un pueblo de mendigos
has hecho un pueblo de hombres que sacuden la frente,
y la cárcel ahuyentan, y prodigan los trigos,
como a un inmenso esfuerzo le cabe: inmensamente.

De unos hombres que apenas a vivir se atrevían
con la boca amarrada y el sueño esclavizado:
de unos cuerpos que andaban, vacilaban, crujían,
una masa de férreo volumen has forjado.

jueves, 9 de agosto de 2018

Miguel Hernández poeta del pueblo, poeta pastor, vigencia de su patriótica poesía; Elena Ódena, 1967


«Se ha cumplido el pasado mes de marzo, el 25 aniversario de la muerte de nuestro entrañable poeta Miguel Hernández. Entre los innumerables y monstruosos crímenes contra el pueblo español de la actual oligarquía reaccionaria en el poder, se cuenta el asesinato en las mazmorras franquistas de uno de los más grandes y populares poetas de nuestra época. Miguel Hernández murió en la cárcel fascista el 25 de marzo de 1942.

Pero su muerte precoz, lejos de hacerlo olvidar, sólo ha dado una mayor dimensión y valor a su figura y a su obra. En las tinieblas de la noche franquista, después de la subida al poder de la sangrienta dictadura en medio de asesinatos y mentiras, la poesía de Miguel Hernández ha seguido inspirando y alentando a muchos jóvenes que no comprendían ni conocían bien el sentido de la lucha habida. Sin duda alguna, la poesía de Miguel Hernández ha servido y sirve de foco orientador, de aliento y ejemplo.

Hijo de humildes pastores de Orihuela, pastor él mismo durante los primeros años de su juventud, Miguel Hernández, empujado por su afán de superación y su inquietud, se esforzó cuanto pudo por instruirse, sintiéndose desde los primeros momentos irresistiblemente atraído por la poesía. Es innegable que sus primeros escritos están profundamente marcados por los autores de nuestro Siglo de Oro, particularmente por el estilo barroco de Góngora. Su primer libro publicado, titulado «Perito en lunas», que fue publicado .en Murcia en el año 1933, aunque escrito bastante antes, es un claro ejemplo de esa influencia a la que más tarde había de escapar, después de pasar por toda una serie de fases y modas poéticas más o menos culteranas.

domingo, 20 de noviembre de 2016

Vientos del pueblo me llevan; Miguel Hernández, 1937


Vientos del pueblo me llevan,
vientos del pueblo me arrastran,
me esparcen el corazón
y me aventan la garganta.

Los bueyes doblan la frente,
impotentemente mansa,
delante de los castigos:
los leones la levantan
y al mismo tiempo castigan
con su clamorosa zarpa.

No soy un de pueblo de bueyes,
que soy de un pueblo que embargan
yacimientos de leones,
desfiladeros de águilas
y cordilleras de toros
con el orgullo en el asta.
Nunca medraron los bueyes
en los páramos de España.

¿Quién habló de echar un yugo
sobre el cuello de esta raza?
¿Quién ha puesto al huracán
jamás ni yugos ni trabas,
ni quién al rayo detuvo
prisionero en una jaula?

Asturianos de braveza,
vascos de piedra blindada,
valencianos de alegría
y castellanos de alma,
labrados como la tierra
y airosos como las alas;
andaluces de relámpagos,
nacidos entre guitarras
y forjados en los yunques
torrenciales de las lágrimas;
extremeños de centeno,
gallegos de lluvia y calma,
catalanes de firmeza,
aragoneses de casta,
murcianos de dinamita
frutalmente propagada,
leoneses, navarros, dueños
del hambre, el sudor y el hacha,
reyes de la minería,
señores de la labranza,
hombres que entre las raíces,
como raíces gallardas,
vais de la vida a la muerte,
vais de la nada a la nada:
yugos os quieren poner
gentes de la hierba mala,
yugos que habéis de dejar
rotos sobre sus espaldas.

Crepúsculo de los bueyes
está despuntando el alba.

Los bueyes mueren vestidos
de humildad y olor de cuadra;
las águilas, los leones
y los toros de arrogancia,
y detrás de ellos, el cielo
ni se enturbia ni se acaba.
La agonía de los bueyes
tiene pequeña la cara,
la del animal varón
toda la creación agranda.

Si me muero, que me muera
con la cabeza muy alta.
Muerto y veinte veces muerto,
la boca contra la grama,
tendré apretados los dientes
y decidida la barba.

Cantando espero a la muerte,
que hay ruiseñores que cantan
encima de los fusiles
y en medio de las batallas.

Vientos del pueblo, 
1937