Mostrando entradas con la etiqueta James Klugmann. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta James Klugmann. Mostrar todas las entradas

jueves, 4 de febrero de 2016

La liberación de Yugoslavia de las hordas nazis y el papel de la Unión Soviética

Pintura que conmemora la liberación conjunta soviético-yugoslava de Belgrado en noviembre de 1944

«
Las luchas de liberación nacional de los pueblos yugoslavos justamente ganó la admiración de la gente progresista en todo el mundo. Pero cuando la guerra había terminado y cuando Yugoslavia fue liberada, los dirigentes del Partido Comunista de Yugoslavia y la camarilla que rodea a Tito comenzaron a pintar un cuadro de la lucha Yugoslava que se mostraba como cualitativamente diferente del movimiento de resistencia de otros pueblos, como el desarrollado por el pueblo francés o el pueblo búlgaro, por ejemplo. Comenzaron a difundir el mito de que, a diferencia de otros pueblos, los yugoslavos habían sido liberados únicamente por sus propios esfuerzos. Y comenzaron a pronosticar una perspectiva de desarrollo de una Yugoslavia separada e «independiente» de las otras democracias populares y de la Unión Soviética.

En el período posterior a la guerra que cubre de 1945 a mediados de 1948, los líderes titoistas elogiaron a la Unión Soviética y al Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética en sus pronunciamientos abiertos; pero ya en secreto, en sus propios círculos, estaban atacando y difamando a la Unión Soviética; y mediante la publicación de una imagen distorsionada del movimiento de liberación de Yugoslavia, estaban tratando que entre su propio pueblo se restara la importancia y se debilitara su gratitud y admiración por el pueblo soviético y el Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética.

¿Pero que podría ser más deformado que un cuadro de liberación de Yugoslavia de la ocupación del Eje y la construcción del socialismo que una Yugoslavia separada e «independiente» de la Unión Soviética?

¿Podría el movimiento de liberación nacional de Yugoslavia haber tomado la forma en que lo hizo y llegar a las proporciones que llegó, si las principales fuerzas de la Alemania nazi no hubieran sido contenidas, rechazadas y luego derrotadas por el Ejército Rojo Soviético?

¿Podrían las fuerzas partisanas yugoslavas que estaban anotando éxitos en las colinas y bosques yugoslavos haber expulsado a los nazis de las principales ciudades sin el Ejército Rojo Soviético? ¿Habrían sido Belgrado y otras ciudades liberadas sin el Ejército Rojo Soviético?

Las tropas soviéticas del segundo y tercer frente ucraniano cruzaron los ríos Drava y Tisza en la segunda mitad de 1944, liberaron a Serbia y Vojvodina, y el 20 de octubre de 1944, lucharon al lado del  Primer y Duodécimo Cuerpo del Ejército de Liberación Popular Yugoslavo, liberando Belgrado, la capital yugoslava.

Al comentar sobre el papel del Ejército Rojo Soviético en aquellos días, el jefe del estado mayor de las fuerzas yugoslavas, el coronel general  Arso Jovanović, escribió en su folleto: «Operación Belgrado»:

«El gran pueblo ruso ha sido nuestra esperanza y garantía de todas las épocas. Tal fue también el caso en esta ocasión. El Ejército Soviético nos ofreció una ayuda fraternal desinteresada. Los soldados soviéticos derramaron su sangre en el suelo de nuestra tierra natal; en Serbia, en las calles de Belgrado, en Srem. Del sufrimiento y derramamiento de sangre conjunto se cultivo una unidad y fraternidad invencible entre estos dos países eslavos. Esta es la única política de orientación extranjera correcta que corresponde a los viejos esfuerzos históricos, culturales desarrollados por nuestros pueblos. Esta es la única garantía de que nuestros pueblos puedan salvarse de la desgracia; y ya ha habido muchas desgracias nacionales en nuestra amarga historia». (Arso Jovanović; Operación Belgrado, 1944)

El coronel general Arso Jovanović conocía y reconocía el papel decisivo del Ejército Rojo Soviético en la liberación de Yugoslavia. Pero por este conocimiento, y sobre todo el reconocimiento franco y abierto de este hecho histórico, acabaría siendo asesinado por la camarilla de Tito.

La liberación de Belgrado fue un golpe mortal a las fuerzas nazis en Yugoslavia y sus aliados colaboracionistas del interior del país. Se capturaron más de 150.000 soldados alemanes y grandes cantidades de equipos. El Ejército Soviético otorgó toda clase de ayuda en la reorganización de las unidades de partisanos para la formación de un ejército moderno y regular. Proporcionó moderno equipo de artillería, tanques y aviones. A petición de los yugoslavos, los expertos militares soviéticos ayudaron a entrenar a estas unidades reorganizadas.

El Ejército Rojo Soviético entregó al Ejército Yugoslavo todo el equipo capturado en Belgrado. Más de diez divisiones de infantería fueron suministradas con armas desde la línea de suministro del Danubio. Cuando en enero de 1945, los alemanes se abrieron paso en el frente de Srem y una vez más amenazaron Belgrado, el Mariscal Tolbukhin desplegó grandes fuerzas en la parte de delante de Hungría, alrededor del Lago Balaton, y rompió la ofensiva nazi.

¿Podrían Yugoslavia o cualquier de las otras democracias populares de Europa del Este haber establecido dichas democracias populares y el curso hacía el socialismo sin la ayuda, la amistad y la protección de la Unión Soviética, la cual solo le salvo a Yugoslavia de la liberación a la manera del imperialismo anglo-estadounidense, que solo les salvó de la intervención imperialista armada como soñaba Churchill?

¿No fue la Unión Soviética la que envió sin demora y, a pesar de la devastación de sus propios territorios, alimentos y ayuda económica de todo tipo en el período más crítico de 1944 a 1945, cuando el Oeste todavía estaba tratando de arrancar concesiones políticas a Yugoslavia a cambio de alimentos para su población hambrienta?

¿Cómo podía si quiera imaginarse ni por un momento, que frente a la embestida codiciosa del imperialismo occidental Yugoslavia podría preservar su independencia, exceptuando en alianza y amistad con la Unión Soviética y las democracias populares?

¿De hecho, que tipo de genuino comunista no habría estado orgulloso y contento de reconocer el papel decisivo de la Unión Soviética en la liberación de Yugoslavia y de su avance hacia el socialismo?

La verdad era que la camarilla de Tito estaba siguiendo un curso burgués-nacionalista, y no un camino marxista, proletario e internacionalista. Aunque en un primer momento y siempre secreto y encubierto, se estaba tratando de separar al pueblo yugoslavo de la amistad y la alianza con la Unión Soviética y otras democracias populares. Tan pronto como la resolución de la Kominform hizo su aparición, los titoistas empezaron a salir a la luz pública como nacionalistas, removiendo los viejos odios chovinistas que tanto tiempo atrás habían sido usados por los «gran serbios», el viejo chovinismo serbio, contra los pueblos húngaro, rumano, griego y albanés fue girando gradualmente hacía dirigir sus ataques abiertamente hacía la Unión Soviética y el Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética. El cambio de rumbo abierto de los líderes titoistas al nacionalismo refleja sus esfuerzos por restaurar el capitalismo en Yugoslavia; abrieron un camino fatal ante el pueblo yugoslavo de regreso al viejo orden, de llegar a dejar que Yugoslavia se convierta en una semicolonia bajo la órbita del imperialismo occidental:

«La desviación hacia el nacionalismo es una acomodación de la política internacionalista de la clase obrera a la política nacionalista de la burguesía. La desviación hacia el nacionalismo refleja las tentativas de la «propia» burguesía nacional para restablecer el capitalismo». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Informe en el XVIIº Congreso del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética, 1934) (James KlugmannLa resolución de la Kominform; Capítulo del libro De Trotski a Tito, 1951)

viernes, 8 de mayo de 2015

La resolución de la Kominform; James Klugmann, 1951

[Enlaces de DESCARGA del texto en PDF al final del documento]

«Tito, Kardelj, Đilas y sobre todo en este campo Ranković, eran prácticamente como un estrecho grupo de poder dominante que dictaban y dictan actualmente la política del partido desde arriba. Ellos practicaban el llamado «método militar» de dirección del partido defendido por Trotski. No fue por casualidad que la concepción «derechista» de Trotski de un partido compuesto por todos y de diverso pelaje, diera lugar a que se combinara después con la concepción «de izquierda» de Trotski de «órdenes de arriba». Como de costumbre las prácticas «de derechas» y «de izquierda» dieron lugar a los mismos resultados de destruir el carácter revolucionario del partido comunista. En el Partido Comunista de Yugoslavia las elecciones del partido a todos los niveles cesaron. Los liderazgos fueron organizados mediante la pura cooptación. Se desanimo la discusión interna. La crítica y la autocrítica fueron suprimidas. Y Ranković abusó de su cargo de Ministro del Interior y jefe de la Policía de Seguridad –la conocida UDBA– para tomar medidas disciplinarias contra los miembros del partido que se atrevieran a discutir o criticar los dictados de la camarilla gobernante». (James Klugmann; La resolución de la Kominfom; Capítulo del libro De Trotski a Tito, 1951)


«Introducción de Bitácora (M-L)»

Hemos creído necesario traducir y poner a vuestras disposición el presente primer capítulo del libro: «De Trotski a Tito», de James Klugmann, escrito en 1951, ya que es uno de los documentos que mejor explican la esencia del revisionismo yugoslavo.

En especial, en este capítulo se retomará los puntos cardinales que hicieron surgir la inevitable divergencia del revisionismo yugoslavo con el marxismo-leninismo, y sus representantes; desde el intercambio de cartas entre el Comité Central del Partido Comunista de Yugoslavia y el Comité Central del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética, entre marzo y mayo de 1948, hasta la resolución de la Kominform; «Sobre la situación en el Partido Comunista de Yugoslavia», de junio de 1948.

Debemos dejar claros algunos puntos de esta obra al lector:

1) Hay que recordar que la expulsión del Partido Comunista de Yugoslavia como el autor explica no es debido a las desviaciones en sí del Partido Comunista de Yugoslavia, sino a la negativa del partido a asistir a la IIº Conferencia de la Kominform de 1948 para que los otros partidos comunistas hermanos ejercieran su derecho de crítica al PCY, derecho que recordemos el propio Partido Comunista de Yugoslavia si había ejercido en la Iº Conferencia de la Kominform de 1947 cuando precisamente los delegados yugoslavos Milovan Đilas y Edvard Kardelj aprovecharon tal foro para criticar a los delegados italianos y franceses por las actuaciones de sus respectivos partidos, ejerciendo pues, el derecho a la libre crítica y autocrítica bolchevique entre los partidos de esta organización como sus normas establecían, derecho que los revisionistas yugoslavos no permitieron que fuera ejercido por terceros para que la crítica tocara de lleno a su partido.

2) Durante el documento veremos relatada la actuación de los líderes yugoslavos, quienes pese a no aceptar ni rectificar ninguno de los males indicados por otros partidos y figuras de la época, una vez expulsados de la Kominform lejos de corregir ampliarían más si cabe sus desviaciones. Aquí veremos como mucho de sus nuevos conceptos antimarxistas de después de 1948 se completarían y evolucionarían a partir de sus pasadas pero recientes desviaciones denunciadas por la Kominform antes de esa fecha –por ejemplo su concepto socialdemócrata de «partido de masas» con un reclutamiento indiscriminado, y de tomar el frente como la principal organización política que dirige el país, deriva a su expulsión de la Kominform en una  nueva teoría sobre la necesidad de la extinción del partido por considerarlo superfluo–.

3) Téngase en cuenta que el documento es de 1951, y algunos de los conocidos titoistas –véase Rudolf Slánsky–, jruschovistas-titoistas –véase  Gheorghiu-Dej– o eurocomunistas –véase Palmiro Togliatti– aquí usados como ejemplos de honesta adhesión ideológica y honradez y para la comparativa con los líderes yugoslavos, lo habían sido hasta entonces, o hasta entonces no habían sido observados ni descubiertos como desviacionistas. Decimos esto para poner en situación al lector y que por decirlo así «no se asuste».

4) Sin entender la incompatibilidad del revisionismo yugoslavo con el marxismo-leninismo, la incompatibilidad de Tito con Stalin, la incompatibilidad de ideología burguesa con la ideología proletaria: es imposible denunciar luego a las ramas revisionistas previas como el browderismo o coetáneas como el maoísmo, tampoco le será al lector fácilmente entendible el apoyo del titoismo al nacimiento de otras ramas posteriores como el jruschovismo o el eurocomunismo, ni el carácter de estos, sin entender mediante un minucioso estudio, la esencia del propio revisionismo yugoslavo. He ahí porque este documento tenga una importancia especial, y he ahí porque el titoismo se ha situado en una etapa intermedia entre los viejos y nuevos revisionistas, y siempre ha servido de vehículo a las dirigencias oportunistas para degenerar la política de los partidos comunistas. No es sorprendente tampoco que el bagaje ideológico del revisionismo yugoslavo sea usado –a veces conscientemente y otras sin saberlo– por los seguidores del «socialismo del siglo XXI».

5) Este documento es pues, una dedicatoria para los pueblos yugoslavos que ejercieron una gran valentía durante su lucha de liberación nacional durante la Segunda Guerra Mundial; de igual modo la historia ha otorgado a cada yugoslavo marxista-leninista y a todo patriota progresista la misma o si cabe más valentía por oponerse al revisionismo titoista; tanto en su política interior pro kulak y pro burguesa; como a su política exterior de sumisión encaminada a convertir a Yugoslavia en una mera semicolonia de los imperialismos occidentales. A todos ellos que  como Arso Jovanović, les tocó sufrir la calumnia, el arresto y el asesinato bajo la etiqueta –para los titoistas  despectiva– de «kominformistas», les honra la estoica defensa que ejercieron del marxismo-leninismo y su aplicación practico-teórica. Por ello deben ser conocidos y promovidos este tipo de documentos.

6) El desarrollo de cómo la Kominform debatió la cuestión del revisionismo yugoslavo por suerte está muy bien documentada; aunque el imperialismo y los revisionistas hayan intentado esconder la cuestión de la lucha contra el revisionismo yugoslavo, de hecho todo está muy detallado lo que no da lugar a que las masas trabajadoras se coman el cuento por tantas veces difundido por los protitoistas y sus revisionismos amigos y afines –como el maoísta, jruschovista, eurocomunistao, trotskista– de que todo se debió a «un abuso más de Stalin», por mucho que los enemigos del marxismo intenten ocultar los hechos los documentos oficiales están ahí. Al igual que las cartas entre la dirección soviética y yugoslava de marzo y mayo de 1948 –de las cuales nosotros mismos hemos publicado algunas–, podemos seguir también por ejemplo cómo los diferentes partidos presentaron su informe en la IIº Conferencia de la Kominform de 1948 analizando con nitidez los errores de los líderes yugoslavos desde los años incluso de la Komintern, y como de esos informes y debates se dio pie a la famosa: «Resolución de la Kominform sobre la situación en el Partido Comunista de Yugoslavia», de 28 de junio de 1948. Todo esto se puede encontrar en la obra de la  Fondazione Giangiacomo Feltrinelli: «The Cominform; Minutes of the Three Conferences 1947/1948/1949» de 1994.

Por lo tanto quién desee conocer la historia de lucha contra el revisionismo yugoslavo no tiene excusa, al igual que no tiene excusa quién a estas alturas reivindica a tal revisionismo ni a sus teorías como la de la «autogestión» o los «países no alineados».

Notas

[1] Lectura Online AQUÍ ó Descarga en PDF AQUÍ.

[2] Todos los documentos editados por el equipo del Blog en el apartado BIBLIOTECA.

lunes, 4 de agosto de 2014

La peligrosidad de las teorías que apuestan por abandonar las ciudades a su suerte durante su ocupación

Josip Broz Tito y Winston Churchill, en Nápoles, 1944

«Ninguna persona progresista, menos aún un comunista, querría de ninguna manera restar importancia a las luchas de los pueblos yugoslavos, su heroísmo y sacrificios en la lucha por la liberación nacional contra las fuerzas del Eje. Pero a pesar de los grandes logros militares, en algunos aspectos la lucha de la liberación de Yugoslavia era en realidad más débiles que en los países vecinos, que por ejemplo, en Bulgaria.

En las unidades de partisanos sobre el terreno accidentado de Yugoslavia, en las montañas y los bosques, el pueblo y los jóvenes vinieron a luchar contra los ocupantes. Como era natural en un país como Yugoslavia, donde la gran mayoría de la población son campesinos, la mayoría de los reclutas partisanos provenían del campesinado. Muchos de los mejores elementos de la clase obrera dejaron sus puestos de trabajo, dejaron sus fábricas, dejaron  los pueblos y ciudades y se unieron a las unidades de partisanos en las colinas, bosques y barrancos. En los propios pueblos, bajo la ocupación y opresión de los países del Eje, el movimiento de resistencia ilegal fue muy desarrollado. En una serie de países de Europa del Este, donde la lucha armada guerrillera no llegó a las proporciones de Yugoslavia, sin embargo sí lograron que el movimiento anti-Eje de sabotaje dentro de las industrias, la resistencia ilegal clandestina en los pueblos y ciudades, y la actividad del movimiento sindical ilegal estuvieran más desarrollado. Con la liberación, se comprobó que después de tres o cuatro años de ocupación del Eje, el movimiento de la clase obrera de los pueblos yugoslavos era políticamente atrasado en comparación con la de los países vecinos.

Los líderes titoistas, completamente carentes de autocrítica, en lugar de ver esto como una debilidad que tendría que ser combatida y vencida, trataron de hacer de una debilidad una virtud, y renunciando al marxismo predicaron que el campesinado sería la fuerza principal en Yugoslavia». (James Klugmann; De Trotski a Tito, 1951)