viernes, 8 de diciembre de 2017

La teoría de que el movimiento obrero necesita los atentados del terrorismo como estímulo; Equipo de Bitácora (M-L), 2017


«En los estudios de Marx y Engels sobre Rusia y las fuerzas políticas en pugna, se dejo bastante claro que lo que en el siglo XIX el trabajo que estaban realizando los populistas –antecesores de los eseristas– no era precisamente estimular a las gentes para vencer al zarismo, sino que sus acciones terroristas precisamente habían agrupado en torno a él a las clases sociales que no necesariamente estaban interesadas en su continuación:

«Así escribía Marx en 1877. A la sazón había en Rusia dos gobiernos: el del zar y el del comité ejecutivo [ispolnítelnyi komitet] secreto de los conspiradores terroristas. (…) La revolución rusa no se produjo. El zarismo ha triunfado sobre el terrorismo, el cual, en el momento presente ha empujado a todas las clases pudientes y «amigas del orden» a que se abracen con el zarismo». (Friedrich Engels; Acerca de la cuestión social en Rusia, 1894)

Lenin aconsejó a los revolucionarios suizos que según la experiencia de los bolcheviques la lucha por el socialismo debía emitirse en una propaganda que combatiera sistemáticamente tanto el pacifismo de los oportunistas como el terrorismo de los aventureros anarquistas, que se debía educar a las masas en el uso de la violencia revolucionaria, pero siempre involucrando al pueblo en ese desempeño, para llegado el momento, poder ejercer una insurrección armada llevada a cabo por las amplias masas concienciadas, algo que es muy diferente a los pequeños comandos terroristas que actúan a su libre albedrío, fuera de la lucha de las masas y alejados del grado de concienciación:

«Permítanme decir algunas palabras sobre otro punto que se discute mucho en estos días y respecto del cual, nosotros, los socialdemócratas rusos, poseemos una experiencia especialmente rica: el problema del terror. (...) Estamos convencidos de que la experiencia de la revolución y contrarrevolución en Rusia confirmó lo acertad de la lucha de más de veinte años de nuestro partido contra el terrorismo como táctica. No debemos olvidar, sin embargo, que esta lucha estuvo estrechamente vinculada con una lucha despiadada contra el oportunismo, que se inclinaba a repudiar el empleo de toda violencia por parte de las clases oprimidas contra sus opresores. Nosotros siempre estuvimos por el empleo de la violencia en la lucha de masas y con respecto a ella. En segundo lugar, hemos vinculado la lucha contra el terrorismo con muchos años de propaganda, iniciada mucho antes de diciembre de 1905, en favor de una insurrección armada. Considerábamos la insurrección armada no sólo la mejor respuesta del proletariado a la política del gobierno, sino también el resultado inevitable del desarrollo de la lucha de clases por el socialismo y la democracia. En tercer lugar, no nos hemos limitado a aceptar la violencia como principio ni a hacer propaganda en favor de la insurrección armada. Así por ejemplo, cuatro años, antes de la revolución, apoyamos el empleo de la violencia por las masas contra sus opresores, especialmente en las manifestaciones callejeras. Hemos tratado de que la lección dada por cada manifestación de este tipo fuera asimilada por todo el país. Comenzamos a prestar cada vez mayor atención a la organización de una resistencia sistemáticamente y sostenida de las masas contra la policía y el ejército, a traer, mediante esa resistencia, la mayor parte posible del ejército al lado del proletariado en su lucha contra el gobierno, a inducir al campesinado y al ejército a que participasen con conciencia de esa lucha. Esta es la táctica que hemos aplicado en la lucha contra el terrorismo y estamos profundamente convencidos de que fue coronada con éxito». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Discurso en el Congreso del Partido Socialdemócrata Suizo, 4 de noviembre de 1916)

Los bolcheviques señalaban que en su concepción de la lucha armada, era imprescindible la participación de las masas, no actuar en nombre de ellas:

«Exigimos que se trabajara en la preparación de formas de violencia que previesen y asegurasen la participación directa de las masas». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Aventurerismo revolucionario, 1902)

Por supuesto un movimiento político sin trabajo en las organizaciones fabriles, agrarias, estudiantiles, carece de toda influencia para realizar cualquier acción, sea pequeña o de gran envergadura, armada o pacífica, sea una manifestación, una huelga o una insurrección, porque directamente no tienen organizado a nadie, nadie les seguirá salvo su sombra.

El PCE (r) nunca ha tenido no ya la hegemonía, sino un trabajo real en todos estos lugares. Pero aún así según la concepción de los anarcoides, ellos simplemente concebían que «los golpes de la guerrilla» alientan a las masas, es decir, los actos de terrorismo inconexos con la participación de las masas y sin tener en cuenta en modo alguno su estado de ánimo «fortalecen al movimiento revolucionario» e incluso los organiza por arte de magia:

«La guerrilla en su etapa actual de lucha político-militar tiene por principal objetivo la acumulación de fuerzas revolucionarias y la preparación de las condiciones generales –políticas, orgánicas, económicas, militares, etc.– que faciliten la extensión y el fortalecimiento del movimiento revolucionario, ya que los golpes de la guerrilla alientan a las masas, favorecen su encuadramiento y ganan terreno para la organización de los obreros». (Partido Comunista de España (reconstituido); Hacia la revolución socialista a través de la Guerra Popular Prolongada; El partido y la guerrilla, febrero de 1986)

Esto se decía increíblemente en uno de los momentos en que el GRAPO había sido desarticulado casi por completo el año anterior. En la praxis se vio que lejos de acumular fuerzas al GRAPO perdió fuerzas con sus actos voluntaristas que la población ni entendía ni apoyaba por mucho que él dejase ríos de tinta escribiendo lo contrario. Su progresivo aislamiento se volvió finalmente crónico, y dicha organización languideció lleno de una conciencia de fantasía donde creía realmente que la acumulación de fuerzas como ellos la llamaban, llegaría por medios de esos golpes militares para los cuales no estaban preparados para ejecutar sin ser detenidos y los cuales por supuesto no tenían la aprobación de las masas, a las cuales habían abandonado para jugar al rol de héroes en nombre de ellas.

Qué parecidas son estas tesis a la de los eseristas rusos, y cuan diferente es a la concepción de los bolcheviques rusos. Repasemos una polémica entre el líder de los bolcheviques Lenin versus sus oponentes terroristas donde critica la teoría de que los «atentados crean conciencian», del mismo modo que ironiza sobre la alergia al estudio teórico y el rechazo a las labores de organización de masas en beneficio de la «acción directa» –los atentados–. Por último también se queja de la incomprensión de algunos que no llegan a atender algo tan básico como que el asesinato de un «pez gordo» del gobierno no es conduce a nada significativo, pues siempre acabará siendo sustituido por otro igual de reaccionario:

«En la octavilla tampoco falta la teoría del terrorismo excitativo. «Cada desafío del héroe despierta en todos nosotros el espíritu de lucha e intrepidez», nos dicen. Sin embargo, sabemos por lo pasado y vemos por lo presente que sólo las nuevas formas del movimiento de masas o el despertar de nuevos sectores de las masas a la lucha independiente despiertan de verdad en todos el espíritu de lucha e intrepidez. En cambio, los desafíos, precisamente porque no pasan de ser desafíos, de los Balmashev, causan solo de momento una sensación efímera y llevan a la larga incluso a la apatía, a la espera pasiva del desafío siguiente. Se nos asegura más adelante que «cada relámpago de terrorismo da luz a la inteligencia», lo cual no advertimos, lamentablemente, en el Partido de los Socialistas-Revolucionarios, que preconiza el terrorismo. Se nos ofrece una teoría de la labor minúscula y de la gran obra. «Quien tenga más fuerzas y mayores posibilidades y decisión no debe darse por satisfecho con la labor minúscula (!), debe buscar y entregarse a una gran obra: la propaganda del terrorismo entre las masas (!), la preparación de complicadas –¡se ha olvidado ya la teoría de la calidad de incapturable!– empresas terroristas». ¿Verdad que resulta inteligente a maravilla? Entregar la vida de un revolucionario para vengarse del canalla Sipiaguin y sustituirlo por el canalla Plehve es una gran obra. Pero preparar, por ejemplo, a las masas para una manifestación armada es una labor minúscula. Revoliutsionnaya Rossia explica esto en su número 8, al declarar que de las manifestaciones armadas «es fácil hablar y escribir como de algo perteneciente a un futuro lejano e impreciso»; «pero todas estas peroratas han tenido hasta ahora un carácter solo teórico». ¡Qué bien conocemos este lenguaje de quienes se sienten libres de las incomodidades que implican las firmes convicciones socialistas y de la gravosa experiencia de todos los movimientos populares, cualesquiera que sean! Esas personas confunden lo tangible y los resultados inmediatos sensacionales con su importancia práctica. Para ellas, la exigencia de sustentar con firmeza el criterio clasista y velar por el carácter masivo del movimiento es «teorización imprecisa». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Aventurerismo revolucionario, 1902)

Lenin condenó una y otra vez la teoría anarquista de que el pueblo ruso necesitaba «estimulantes» como el de los atentados para impulsar la organización y movilización del movimiento obrero. Incluso conectó esta desviación terrorista con la de los economicistas, ya que ambas eran expresiones del espontaneísmo, algo que como vimos anteriormente efectivamente era un rasgo que corroía la línea del PCE (r)/GRAPO con sus arengas al espontaneismo. Veamos como Lenin fustigó todo esto que tan común era en los grupos anarquistas y semianarquistas de Rusia:

«Svoboda [los eseristas] hace propaganda del terror como medio para «excitar» al movimiento obrero e imprimirle un «fuerte impulso». ¡Es difícil imaginarse una argumentación que se refute a sí misma con mayor evidencia! Cabe preguntar si es que existen en la vida rusa tan pocos abusos, que aún falta inventar medios «excitantes» especiales. Y, por otra parte, si hay quien no se excita ni es excitable ni siquiera por la arbitrariedad rusa, ¿no es acaso evidente que seguirá contemplando también el duelo entre el gobierno y un puñado de terroristas sin que nada le importe un comino? Se trata justamente de que las masas obreras se excitan mucho por las infamias de la vida rusa, pero nosotros no sabemos reunir, si es posible expresarse de este modo, y concentrar todas las gotas y arroyuelos de la excitación popular que la vida rusa destila en cantidad inconmensurablemente mayor de lo que todos nosotros nos figuramos y creemos y que hay que reunir precisamente en un solo torrente gigantesco. Que es una tarea realizable lo demuestra de un modo irrefutable el enorme crecimiento del movimiento obrero, así como el ansia de los obreros, señalada más arriba, por la literatura política. Pero los llamamientos al terror, así como los llamamientos a que se imprima a la lucha económica misma un carácter político, representan distintas formas de esquivar el deber más imperioso de los revolucionarios rusos: organizar la agitación política en todos sus aspectos. (…) Tanto los terroristas como los economistas subestiman la actividad revolucionaria de las masas. (...) Además, unos se precipitan en busca de «excitantes» artificiales, otros hablan de «reivindicaciones concretas». Ni los unos ni los otros prestan suficiente atención al desarrollo de su propia actividad en lo que atañe a la agitación política y a la organización de las denuncias políticas. Y ni ahora ni en ningún otro momento se puede sustituir esto por nada». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; ¿Qué hacer?, 1902)

Muchos de los seguidores de estos grupos creen que cualquier acto armado es per se revolucionario. Lo primero que hay que decir que pensar que un acto per se siempre es revolucionario es la muestra más evidente de un pensamiento metafísico, el cual sin tener en cuenta el contexto idealiza una acción, la petrifica y la embellece como un mito, como un principio inmutable que siempre será positivo en cualquier época y circunstancia, sin más análisis. A ejemplo de esto se llegan a conclusiones absurdas y peligrosas. Una insurrección puede ser revolucionaria y contrarrevolucionaria dependiendo de la clase social, de la época y del momento. La misma ejecutada por el propio proletariado puede ser una aventura o un crimen para los intereses de los explotados y su emancipación si no es llevada a cabo en el momento propicio.

Miremos otro ejemplo histórico de cómo Lenin condena la «política de resistencia» y «agitación de las masas» basada en pegar un par de tiros y asesinatos selectivos como realizaban el grupo anarquizado de los eseristas:

«Por nuestra parte, pensamos que sólo merecen el nombre de actos verdaderamente revolucionarios y capaces de infundir verdadero aliento a cuantos luchan por la revolución rusa, los movimientos de masas en los cuales el ascenso de la conciencia política y de la actividad revolucionaria de la clase obrera resulta patente para todos. No vemos en ello la tan cacareada «resistencia individual», cuyos nexos con las masas se reducen a declaraciones verbales, sentencias escritas, etc. Vemos la auténtica resistencia de las masas, y el grado de desorganización y de improvisación, el carácter espontáneo de esta resistencia, nos recuerdan cuán poco juicioso es empeñarse en exagerar las propias fuerzas revolucionarias, cuán criminal el menospreciar la tarea de mejorar cada vez más la organización y preparación de esa masa que realmente está luchando ante nuestros propios ojos. La única tarea de digna de un revolucionario es aprender a elaborar, utilizar, tomar en sus manos el material que brinda sobradamente la realidad de Rusia, en lugar de disparar unos cuantos tiros para crear pretextos que estimulen a las masas y motivos para la agitación y la reflexión políticas. Los socialistas revolucionarios no se cansan de alabar el gran efecto «agitativo» de los asesinatos políticos, acerca de los cuales cuchichean a todas horas en las tertulias liberales y en las tabernas de la gente sencilla del pueblo. Para ellos, es poca cosa –¡ya sabemos que están libres de todos los estrechos dogmas de cualquier teoría socialista definida!– sustituir la educación política del proletariado –o por lo menos complementarla– por las sensación política». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Nuevos acontecimientos y viejos problemas, 1902)

Y el líder ruso sentencia que ellos, los bolcheviques, solo consideran que los únicos revolucionarios que pueden llevar a cabo una labor de agitación seria son los que tienen en cuenta el estado de ánimos de las masas y sus necesidades:

«Por nuestra parte, sólo consideramos capaces de ejercer una acción real y seriamente «agitativa» –estimulante–, y no sólo estimulante, sino también –cosa mucho más importante–, educativa, los acontecimientos que protagoniza la propia masa, que nacen de los sentimientos y estados de ánimo de esta, y no son puestos en escena «con una finalidad especial» por tal o cual organización. Pensamos que cien asesinatos de zares juntos no producirán jamás un efecto tan estimulante y educativo como la participación de decenas de miles de obreros en concentraciones para discutir sus intereses vitales y la relación de éstos con la política, como esta participación en la lucha, que de veras pone en pie a nuevas y nuevas capas «vírgenes» del proletariado, elevándolas a una vida política más consciente, a una lucha revolucionaria más amplia». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Nuevos acontecimientos y viejos problemas, 1902)

Los marxista-leninistas albaneses no dudaron en condenar a todos los ideólogos y grupos que levantaban esta teoría de que el aventurismo armado creaba conciencia e incluso organizaba a los obreros:

«Ideólogos de la «nueva izquierda» en Latinoamérica y Europa van aún más lejos. Ellos argumentan que sería necesario traer la conciencia socialista en la clase obrera y las masas trabajadoras. Pensarían hacer esto en base a que el papel de vanguardia podría ser jugado por una «minoría activa» que aparecería como «fermento» de la revolución. Afirman que la conciencia y la organización surgen espontáneamente en la batalla. Rechazan la necesidad de un partido de vanguardia, su rol y los principios leninistas en los que se estructura». (Foto Çami; Los factores objetivos y subjetivos de la revolución, 1973)

En España el PCE (r)/GRAPO cumplió sin duda el papel de los eseristas, esto es, concentrar todo su «trabajo de masas» en atentados esporádicos y en justificaciones escritas, lo cual en realidad le alejaban de un trabajo de agitación real y de consolidar un apoyo para poder continuar, ya que finalmente al no tener ese necesario contacto con las masas, tampoco se podía mantener el entramado militar, ni llevar a cabo las acciones terroristas, esquema que repitieron muchas bandas y guerrillas anarquistas, maoístas y guevaristas en Europa sobre todo durante las décadas de los 60 al 90 del siglo XX, cuando los conceptos marxistas de partido, lucha armada popular, o condiciones objetivas y subjetivas eran pisoteadas por estos grupos que se autodefinían marxistas o cercanos a él.

La desconexión de las masas destruye a los grupos con desviaciones derechistas como izquierdistas, tanto a la organización de tendencia electorera como a la organización de tendencia terrorista, ya que ambas organizaciones necesitan aunque sea para mantenerse en mínimos de ellas, sino se está condenado a vagar por un tiempo hasta desaparecer». (Equipo de Bitácora (M-L); Estudio histórico sobre los bandazos políticos oportunistas del PCE (r) y las prácticas terroristas de los GRAPO, 2017)

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