«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

sábado, 18 de junio de 2016

El menchevismo de Kim Il Sung en la teoría de las «fuerzas productivas», y el estímulo del capitalismo; Equipo de Bitácora (M-L), 2015

Kim Il Sung y Mao Zedong

«
También copiando la teoría menchevique y kautskista recuperada por Earl Browder y Mao Zedong para los países coloniales y semicoloniales, como era la teoría de las «fuerzas productivas», Kim Il Sung creía que era necesario desarrollar a la burguesía urbana y rural nacional para elevar el nivel de las fuerzas productivas, y poder pasar al socialismo –por supuesto estos revisionistas no se aclaran, en el nivel de riquezas que tiene que acumular la «patriótica» burguesía nacional para que se llegue a pasar a la etapa de construcción del socialismo–:

«La lucha por la democracia en china requiere de un prolongado periodo. Sin una nueva democracia, un Estado unido, sin un desarrollo de la nación democrática, sin un libre desarrollo de la economía privada capitalista y la economía cooperativa, sin un desarrollo nacional, científica y popular cultura de nueva democracia, sin la emancipación y desarrollo de miles de millones de personas, en breve tiempo, sin ser cuidadosos con la nueva revolución democrático-burguesa, el tratar de construir una sociedad socialista sobre las ruinas del orden colonial, semicolonial y semifeudal sería un sueño utópico». (Mao Zedong; La lucha por la nueva china: Informe en el VIIº Congreso del Partido Comunista de China, 24 de abril de 1945)
Otro ejemplo más vergonzante si cabe es el siguiente:

«Reconocer que el modo capitalista de producción es el método más progresista en la China actual, y que la burguesía, sobre todo la pequeña burguesía, representa los elementos sociales y la fuerza política comparativamente más progresistas en la China actual. (...) Así, la política del partido no es el debilitamiento del capitalismo y la burguesía, o el debilitamiento del campesino rico y sus fuerzas productivas, sino el fortalecimiento de la producción capitalista». (Partido Comunista de China; Decisión del Comité Central sobre las políticas de las tierras en las bases de apoyo antijaponesas, 28 de enero de 1942)

El marxista-leninista albanés Enver Hoxha, diría correctamente de dichas tesis que eran un atentado a los principios marxista-leninistas de la revolución:

«Mao Zedong era partidario de un desarrollo libre del capitalismo en China en el período del Estado de tipo de «nueva democracia», que es como denominaba al régimen que se establecería después de la retirada de los japoneses. (...) De esta manera Mao Zedong hace suyo el concepto antimarxista de Kautsky, según el cual en los países atrasados no puede realizarse la transición al socialismo sin pasar por un largo período de libre desarrollo del capitalismo que prepare las condiciones para una transición posterior al socialismo. De hecho, el denominado régimen socialista que Mao Zedong y su grupo instauraron en China, era y continuó siendo un régimen democrático-burgués». (Enver Hoxha; Eurocomunismo es anticomunismo, 1980)

El marxista-leninista albanés no emitió esta crítica al alzar, sino basándose en los esquemas de la revolución de los clásicos del marxismo-leninismo:

«Ocurrió, en efecto, tal y como nosotros dijimos. La marcha de la revolución ha confirmado el acierto de nuestro razonamiento. Al principio, del brazo de «todos» los campesinos contra la monarquía, contra los terratenientes, contra el medievalismo –y en este sentido, la revolución sigue siendo burguesa, democrático-burguesa–. Después, del brazo de los campesinos pobres, del brazo del semiproletariado, del brazo de todos los explotados contra el capitalismo, incluyendo los ricachos del campo, los kulaks, los especuladores, y en este sentido, la revolución se convierte en socialista. Querer levantar una muralla china artificial entre ambas revoluciones, separar la una de la otra por algo que no sea el grado de preparación del proletariado y el grado de su unión con los campesinos pobres, es la mayor tergiversación del marxismo, es adocenarlo, reemplazarlo por el liberalismo. Sería hacer pasar de contrabando, mediante citas seudocientíficas sobre el carácter progresivo de la burguesía en comparación con el medievalismo, una defensa reaccionaria de la burguesía frente al proletariado socialista». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La revolución proletaria y el renegado Kautsky, 1918)

Esto como vemos ha sido un axioma planteado por todos los marxista-leninistas:

«Eso es lo que hay en cuanto a la idea de Lenin sobre la transformación de la revolución democrático-burguesa en revolución proletaria, sobre el aprovechamiento de la revolución burguesa para pasar «inmediatamente» a la revolución proletaria». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Los fundamentos del leninismo, 1924)

Primero, la teoría de Mao Zedong de estancarse en la primera etapa es una concepción oportunista digna de los «socialistas» de la II Internacional como decía Stalin. Segundo, sobre la teoría de Mao Zedong sobre que el desarrollo del capitalismo es necesario en los países semicoloniales y semifeudales, Lenin ya rompió ese viejo esquematismo reaccionario de Kautsky:

«La cuestión ha sido planteada en los siguientes términos: ¿podemos considerar justa la afirmación de que la fase capitalista de desarrollo de la economía nacional es inevitable para los pueblos atrasados que se encuentran en proceso de liberación y entre los cuales ahora, después de la guerra, se observa un movimiento en dirección al progreso? Nuestra respuesta ha sido negativa. Si el proletariado revolucionario victorioso realiza entre esos pueblos una propaganda sistemática y los gobiernos soviéticos les ayudan con todos los medios a su alcance, es erróneo suponer que la fase capitalista de desarrollo sea inevitable para los pueblos atrasados. En todas las colonias y en todos los países atrasados, no sólo debemos formar cuadros propios de luchadores y organizaciones propias de partido, no sólo debemos realizar una propaganda inmediata en pro de la creación de Soviets campesinos, tratando de adaptarlos a las condiciones precapitalistas, sino que la Komintern habrá de promulgar, dándole una base teórica, la tesis de que los países atrasados, con la ayuda del proletariado de las naciones adelantadas, pueden pasar al régimen soviético y, a través de determinadas etapas de desarrollo, al comunismo, soslayando en su desenvolvimiento la fase capitalista». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Informe de la comisión para los problemas nacional y colonial, 1920)

Expongamos también la réplica de la Komintern de la época de Stalin a los argumentos de Mao Zedong –y por extensión también de Kim Il Sung–:

«En los países todavía más atrasados –como en algunas partes de África–, en los cuales no existen apenas o no existen en general obreros asalariados, en que la mayoría de la población vive en las condiciones de existencia de las hordas y se han conservado todavía los vestigios de las formas primitivas –en que no existe casi una burguesía nacional y el imperialismo extranjero desempeña el papel de ocupante militar que ha arrebatado la tierra–, en esos países la lucha por la emancipación nacional tiene una importancia central. La insurrección nacional y su triunfo pueden en este caso desbrozar el camino que conduce al desarrollo socialista, sin pasar en general por el estadio capitalista si, en efecto, los países de la dictadura del proletariado conceden su poderosa ayuda». (Komintern; Programa la Komintern aprobados en el VIº Congreso celebrado en Moscú; 1 de septiembre de 1928)

Pero Kim Il Sung para mal del pueblo coreano, repetiría las tesis de Mao Zedong e ignoró las tesis de Lenin y Stalin:

«Para la rápida rehabilitación de la economía nacional, alentamos las actividades comerciales de los capitalistas nacionales e instamos activamente a los comerciantes y empresarios en la construcción democrática». (Kim Il Sung; Sobre el establecimiento del Partido del Trabajo de Corea del Norte y sobre la cuestión de la fundación del Partido del Trabajo en Corea del Sur, 24 de septiembre de 1964)

Protegiendo y promoviendo a los capitalistas nacionales en detrimento de los capitalistas extranjeros:

«Con la realización de las grandes reformas democráticas un cambio radical tuvo lugar en la base socio-económica y las posiciones de todas las clases y estratos de Corea del Norte. La aplicación de la Ley de Nacionalización de la Industria ha acabado con los fundamentos de la dominación colonial del imperialismo japonés y ha privado a los traidores a la nación que habían colaborado con el imperialismo japonés de sus puntos de apoyo económicos. Los propietarios cuyas tierras fueron confiscadas fueron liquidados como clase de una vez por todas. Por lo tanto, todas las fuerzas que habían oprimido y explotado a la gente de Corea con apoyo del imperialismo japonés, fueron privadas de sus puntos de apoyo económico y político. Mientras tanto, los comités populares protegen la propiedad de los capitalistas nacionales y fomentan las actividades comerciales de los empresarios y los comerciantes individuales. Proporcionan a todos los empresarios y comerciantes que apoyan las reformas democráticas y están listos para contribuir a la mejora de la vida del pueblo las posibilidades de tener una participación en las ramas económicas importantes como la industria y el comercio, y ayudarles en todos los sentidos. De esta manera, nos aseguramos de que tengan una libre actividad comerciales los empresarios y comerciantes y, al mismo tiempo, obtener y utilizar todo el capital disponible para el desarrollo de la economía nacional». (Kim Il Sung; Sobre el establecimiento del Partido del Trabajo de Corea del Norte y sobre la cuestión de la fundación del Partido del Trabajo en Corea del Sur, 24 de septiembre de 1964)

Por tanto Mao Zedong y Kim Il Sung estaban ignorando conscientemente la ayuda industrial que podía proporcionar –y que proporcionó efectivamente– la Unión Soviética a China y Corea del Norte para desarrollar sus fuerzas productivas, estaba así mismo ignorando la ayuda de los cuadros chinos y coreanos que podían –y así fue– ir a la Unión Soviética e instruirse, para Mao Zedong esto era un «sueño utópico» o una «quimera», y prefirió fomentar el sector privado pese a la ayuda de la Unión Soviética, y Kim Il Sung, le siguió en este camino de revisión del marxismo. Es más, si miramos exactamente los documentos de Stalin sobre China, él hace énfasis en precisamente no desarrollar libremente el capitalismo y en que China puede superar su atraso por el factor de la ayuda soviética:

«El futuro poder revolucionario en china guardara un parecido, en general, es decir, será una especie de dictadura democrática del proletariado y del campesinado, si bien con la diferencia de que, primordialmente, será un poder antiimperialista. Será un poder transitorio hacia un desarrollo no capitalista, hacia un desarrollo socialista de China. Esta es la dirección que deberá seguir la revolución China. Tres circunstancias facilita este camino de desarrollo de la revolución: Primero: que la revolución en China, como revolución de liberación nacional, estará enfilada contra el imperialismo y sus agentes en China; Segunda: que la burguesía nacional en China es débil, más débil que la burguesía nacional de Rusia de 1905, lo que facilita la hegemonía del proletariado, la dirección del campesinado por el partido proletario; Tercero: que la revolución China se desarrollará en circunstancias que le permitirán utilizar la experiencia y la ayuda de la revolución victoriosa de la Unión Soviética». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Las perspectivas de la revolución en China, 1926)

Pongamos otra cita, donde el análisis es más claro si cabe:

«Hechos principales que determinan el carácter de la revolución china: (a) situación semicolonial de China y dominio económico y financiero del imperialismo; (b) yugo de las supervivencias feudales, acentuado por el yugo del militarismo y la burocracia; (c) creciente lucha revolucionaria de las masas de millones de obreros y de campesinos contra la opresión ejercida por los feudales y los funcionarios, contra el militarismo, contra el imperialismo; (d) debilidad política de la burguesía nacional, su dependencia del imperialismo, su temor ante las proporciones del movimiento revolucionario; (e) creciente actividad revolucionaria del proletariado, aumento de su prestigio entre las masas de millones de trabajadores; (f) existencia de la dictadura proletaria en un país vecino de China. De ahí dos posibles caminos de desarrollo de los acontecimientos en China: o bien la burguesía nacional destrozará al proletariado, cerrará un trato con el imperialismo y se pondrá a su lado en campaña contra la revolución, para terminar ésta con el establecimiento de la dominación del capitalismo; o bien el proletariado apartará del camino a la burguesía nacional, consolidará su propia hegemonía y llevará tras de sí a las masas de millones de trabajadores de la ciudad y del campo, para vencer la resistencia de la burguesía nacional, conseguir el triunfo completo de la revolución democrático-burguesa y encauzarla después gradualmente hacia la revolución socialista, con todas las consecuencias que de esto se desprenden. Una de dos. La crisis del capitalismo mundial y la existencia de la dictadura proletaria en la Unión Soviética, cuya experiencia puede ser bien aprovechada por el proletariado chino, facilitan considerablemente la posibilidad de que la revolución china siga el segundo camino». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Problemas de la revolución china, 1927)

Lo cierto es, por tanto, que los consejos de la Komintern no estaban errados, la revolución en Albania –y en otros países de democracia popular de Europa del Este– demostró que era posible evitar la etapa del capitalismo siempre y cuando se contara con la ayuda industrial y técnica de un país socialista consolidado que contara con una buena salud económica –como la Unión Soviética–, lo mismo se puede decir de Mongolia, o de las experiencias de las repúblicas asiáticas en la Unión Soviética y su éxito en el ámbito de la industria y la colectivización.

En Albania, por supuesto, también salieron al paso desviacionistas que pedían desarrollar el capitalismo en Albania, e incluso bajo la excusa de que tan sólo se otorgaran los mismos créditos al sector privado de la burguesía nacional como al sector estatal socialista, instando a una «sana competición» en beneficio del pueblo, fue el caso de Sejfulla Malëshova, de quién se decía que era un viejo admirador del revisionista Nikolái Bujarin cuando estuvo en la Unión Soviética. Este propuso que Albania como país atrasado, no podía sino desarrollar el capitalismo si quería llegar al socialismo:

«Junto con la creación del sector socialista y su fortalecimiento, luchábamos por la transformación socialista de los pequeños productores de la ciudad. El oportunista Sejfulla Malëshova intentó desviar este justo proceso, pretendiendo que «debe concederse ayuda en créditos y materiales al sector privado a cargo del sector socialista, del Estado, y el sector socialista debe entrar en competencia con el sector privado, de este modo se producirá la integración pacífica del capitalismo en el socialismo». Su teoría antimarxista fue rechazada por el partido, fue desenmascarada ante el pueblo y Sejfulla Malëshova expulsado del Buró Político del Comité Central y del partido». (Enver Hoxha; Nuestro partido desarrollará como siempre con consecuencia, audacia y madurez la lucha de clases, 1966)

Todas estas excusas quedaron hace tiempo en agua de borrajas cuando se ven otras experiencias históricas:

«La conquista de la independencia económica junto a la política, la garantía de la defensa del país por nuestro propio pueblo, la educación y el temple de las masas trabajadoras en la ideología marxista-leninista, son los firmes e inconmovibles pilares sobre los que se levanta nuestra fortaleza socialista, son los rasgos fundamentales que caracterizan a un Estado verdaderamente socialista. Estas realizaciones, tomadas en su conjunto, constituyen a su vez la experiencia histórica del socialismo en Albania. La experiencia de Albania muestra que también un país pequeño, con una base material-técnica atrasada, puede alcanzar un desarrollo económico y cultural muy rápido y multilateral, puede garantizar su independencia y hacer frente a los ataques del capitalismo y del imperialismo mundial, cuando está dirigido por un auténtico partido marxista-leninista, cuando está dispuesto a luchar hasta el fin por sus ideales y cuando tiene confianza en que puede realizarlos». (Enver Hoxha; Informe al VIIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1981)

Expresado de otra forma: que mientras los marxista-leninistas albaneses escogieron el camino de Lenin, Stalin y la Komintern, de que no era necesario desarrollar la burguesía nacional y el capitalismo; los revisionistas coreanos, adoptaron las teorías de Bujarin y Tito que por entonces Mao Zedong estaba recuperando y promovieron a la burguesía nacional y por ende el capitalismo nacional
». (Equipo de Bitácora (M-L)El revisionismo coreano: desde sus raíces maoístas hasta la institucionalización del «Pensamiento Juche», 2015)


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