«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

viernes, 19 de septiembre de 2014

Pedro Checa y su visión marxista-leninista del partido; Equipo de Bitácora (M-L), 2014

El Partido Comunista de España, tuvo entre sus filas grandes figuras hoy poco conocidas, José Díaz es un bolchevique con este clásico trato que con el devenir de los años y los acontecimientos, ha sido arrastrado al ostracismo por culpa de los revisionistas, ¡y por ineficiencia, inoperancia o inexistencia de los marxista-leninistas! Pero Pedro Checa, (1910-1942), es otro ejemplo visible y muy interesante. En este caso estamos hablando de alguien que era considerado como uno, sino el mayor teórico-organizador del partido, con un peso real en las actividades y poder interno del partido, y siempre trabajando en sus actividades con una humildad comunista admirable sólo rememorable en los mejores héroes modestos, como atestiguan sus coetáneos de entonces:

«Tenemos al camarada Pedro Checa, que es lo que podemos llamar el hombre de nuestro partido. No aparece lo suficiente en la superficie política porque su trabajo es un trabajo silencioso –los bolcheviques no tienen en cuenta nunca si su trabajo es más o menos ostensible–, pero vigilante y activo; es conocido, no solamente por los cuadros de nuestro partido, sino allí donde hace falta una ayuda de organización: en el frente o en la retaguardia, allí está el camarada Pedro Checa, resolviendo problemas de organización y dando las normas precisas, como corresponde a un gran secretario». (José Díaz; Por la unidad, hacia la victoria; Informe pronunciado en el Pleno del Comité Central del Partido Comunista de España, celebrado en Valencia, días 5 a 8 de marzo, 1937)

Veamos otro ejemplo palpable de sus grandes dotes y su carisma en el partido:

«Checa, cuyo nombre auténtico era Pedro Fernández Checa, tenía alguna formación teórica, y por eso se puede decir que constituía una excepción; se había integrado en el PC desde grupos izquierdistas preocupados por el dilema ideológico del momento entre trotskismo, leninismo y el emergente stalinismo. Estudió comercio y trabajaba de delineante; asistía a los debates juveniles de socialistas y comunistas y militaba en un pequeño grupo marginal llamado «Rebelión». Había nacido en Valencia, pero su estancia en Sevilla le condicionó a aceptar el PCE por la influencia personal y mutua del secretario general, José Díaz. Tenía una enorme capacidad de trabajo y organización, que conjugaba con una gran modestia y una timidez que rayaba en lo enfermizo. Era, después de Pepe Díaz, el hombre más querido por la base del partido, aunque fuera de la organización se tratara de un desconocido, frente a figuras como Ibárruri, Hernández o Antón, que biológicamente pueden considerarse sus opuestos». (Gregorio Morán; Miseria y grandeza del Partido Comunista de España 1939-1985, 1986)

El nivel de conocimientos y formación de dicha figura sobre el partido y su organización era tal, que durante unos años el revisionista Partido Comunista de España trató de usar sus citas  –como hacía con José Díaz– para intentar introducir en la mente colectiva de los militantes, de que el partido se regía por sus teorizaciones y prácticas. Pero una vez oficializado el revisionismo eurocomunista en los años 70, se dejó de un lado a esta figura, por resultar molesta no las prácticas –que hacía tiempo que el partido había dejado de emular– sino las teorizaciones y conceptos como: lucha de clases, dictadura del proletariado, centralismo democrático, crítica y autocrítica bolchevique, partido de línea monolítica y sin fracciones, etc. que el revisionismo eurocomunismo, conforme a su evolución hacia el socialdemocratismo quería abandonar también en el campo teórico.

A veces la obvia introducción de diferentes corrientes revisionistas en dicho partido 
–jruschovista, titoista, brézhneviana y anticarrillista, eurocomunista desde mediados de los años 40, hicieron que los militantes de este partido se olvidaran de las conclusiones que este brillante teórico valenciano nos legara. Otras veces, y no sólo dentro del Partido Comunista de España (PCE), el fanatismo y obsesión de los revisionistas españoles en sus referentes –los pro eurocomunistas en Santiago Carrillo, los pro revisionistas chinos en Mao Zedong, los pro revisionistas coreanos con Kim Il-sung, los pro revisionistas yugoslavos en Tito–, hicieron que únicamente se fijaran y gastaran fueras en ellos y que jamás levantaran sus narices más allá de los textos pseudomarxistas de sus líderes mitificados, siendo ignorados o no dando importancia alguna a los escritos de los José Díaz, Joan Comorera, o Pedro Checa. Muestra de ello es el penoso bagaje que actualmente tanto los revisionistas españoles, como otros que intentan aparentar ser «marxista-leninistas», no hacen, respecto a la figura y obra de José Díaz, ningún esfuerzo por analizar su obra para el proletariado hispano. Y para mala fortuna nuestra, los pocos que se atreven a evaluar su obra acaban en las mismas posiciones trotskistas, maoístas, o eurocomunistas sobre estos marxista-leninistas españoles, negando los principios del valenciano y practicando un liberalismo, caciquismo y otras tendencias inherentes a un centralismo burocrático.

Las siguientes tesis están en plena consonancia con el concepto de partido leninista, y en abierta oposición al «partido de nuevo tipo» togliattista del revisionismo eurocomunista, a la «lucha de líneas» del revisionismo chino, al concepto de «centralismo democrático» que decía adherirse el revisionismo soviético, al concepto de rol del partido y el frente según el revisionismo yugoslavo, al concepto de partido browderista según el revisionismo estadounidense, o simplemente al concepto de partido clásico de la II Internacional. 

Recomendamos leer a su vez, el capítulo llamado: «El centralismo democrático, la crítica y la autocrítica» de nuestra obra reeditada: «El revisionismo del «socialismo del siglo XXI» de 2013, 
para poder entender, porque los actuales partidos del llamado «socialismo del siglo XXI» tampoco pueden considerarse como partidos leninistas, y que entran en contradicción con el concepto de partido del español marxista-leninista Pedro Checa.

Así mismo recomendamos la obra del propio Pedro Checa: «Tareas de organización y trabajo práctico del partido: Informe en el Pleno del Comité Central del Partido Comunista de España» de 1937.

El documento:

Folleto de la época que promocionaba una de las obras de Pedro Checa relacionada con la organización del partido comunista

Pedro Checa y su visión marxista-leninista del partido

(1) Sobre el partido y su necesidad

«Este partido, el partido de la clase obrera española, debía estar en condiciones de prever el curso de los acontecimientos y preparar a los trabajadores para hacerles frente; debía comprender la etapa de la revolución en desarrollo y sus objetivos democráticos; debía asegurar con su línea, con su estrategia y con su táctica, el concurso de los aliados naturales necesarios al proletariado, especialmente los campesinos; debía comprender y asegurar, en la lucha misma, el papel dirigente del proletariado en el bloque de las fuerzas populares. Comprendiendo el carácter democrático-burgués de la revolución, el partido debía tener siempre en cuenta las particularidades, tanto nacionales como internacionales de la situación y sus exigencias, y con arreglo a ellas y apoyándose en la teoría, hallar la línea justa para el partido, la clase obrera y las masas. El partido debería estar alerta a cada cambio que se produjera para adoptar con toda audacia el rumbo necesario sin perder jamás de vista los objetivos fundamentales de la lucha. Para ello debía inspirarse y nutrirse, convirtiéndose en un guía para la acción, en la doctrina marxista-leninista-stalinista, expresión de los intereses momentáneos y permanentes de la clase obrera, de sus objetivos y de su misión histórica, y bajo cuya sola guía puede ésta alcanzar la victoria. 

El partido, para poder jugar su papel dirigente de la clase obrera, debía reunir en su seno a los elementos más conscientes de ésta, de los trabajadores en general. Debía mantener en todas las circunstancias un contacto vivo y estrecho con los lugares de trabajo y las masas en general, esforzándose porque su línea política, su táctica, fueran patrimonio de las masas. El partido debía aprender de las masas y corregir a tiempo ante ellas, sin temor y con toda franqueza, sus errores y debilidades, sobre la base de la autocrítica revolucionaria. Era menester que el partido estuviera constituido en tales condiciones que en cualquier circunstancia, legal, semilegal o ilegal, bajo el más desenfrenado terror, estuviera facultado para pelear, para cumplir su papel dirigente, a fin de que, en ningún caso, se viera privada la clase obrera y el pueblo de su vanguardia. 

El partido sólo podría cumplir su misión sobre la base de la máxima unidad y disciplina internas sin grupos ni fracciones, sin tendencias y corrientes divergentes. Unidad y disciplina basadas en los sólidos principios del marxismo-leninismo-stalinismo, en la compenetración de todas las organizaciones y militantes con la línea política del partido y con su dirección, en el ejercicio del centralismo democrático. Esta unidad férrea sólo podría lograrse en una lucha consecuente contra las concepciones falsas y las tendencias extrañas a la clase obrera, contra todas las tendencias de compromiso y de capitulación, contra todo género de traidores, de desviaciones e intrigas, en la lucha encarnizada contra los bandidos trotskistas. 

Era menester, en fin, que el partido recogiera y asimilara las mejores tradiciones y experiencias de organización y de lucha del movimiento obrero español y los fundiera con la invencible teoría y práctica del marxismo-leninismo-stalinismo. Que el partido, siendo profundamente nacional, se basara en el principio y en la práctica del internacionalismo proletario. Que se guiara por el ejemplo glorioso del Partido Bolchevique que había conducido a los trabajadores de todo el mundo a su más grande conquista, la Unión Soviética; por la Komintern –Internacional Comunista–, que condensaba la experiencia del movimiento obrero internacional; por el gran jefe de la clase obrera y de los pueblos, nuestro maestro Stalin». (Pedro Checa; José Díaz, constructor del gran Partido Comunista de España, 1942)

(2) El partido como suma de organizaciones

«Ya no es solo el problema, tocado por nosotros en otros plenos, de la necesidad de soldar a los viejos y nuevos miembros del partido, sino, sobre todo, soldar a todo el conjunto del partido en una sólida línea, en una sola dirección; asegurar que todos nuestros militantes, todas nuestras organizaciones y en todo el país, sigan una línea idéntica en todos los momentos; hacer que todos los problemas del partido sean discutidos amplia y democráticamente por nuestros militantes y por todas nuestras organizaciones; pero, que, en tomando una decisión sobre ellos, garantizar el que todo el partido, en su conjunto y sin ninguna excepción, se movilice en el práctico cumplimiento de ella. Y eso sólo es posible en la medida que realicemos una intensa obra de educación del partido, de los militantes, de las inmensas masas del partido que piden se las eduque, y que en los frentes, principalmente, lo reclaman, ávidos de aprender; que ayudemos a formarse ideológicamente a los combatientes, que aprovechan sus permisos y sus ahorros para hacerse con multitud de obras que satisfagan sus deseos de educarse en todos los órdenes». (Pedro Checa; Tareas de organización y trabajo práctico del partido: Informe pronunciado en el Pleno del Comité Central del Partido Comunista de España celebrado en Valencia, 3 de noviembre, 1937)

(3) El partido como suma de organizaciones (II)

«La mejor educación del partido la aseguraremos a través de una intensa vida política, haciendo que todo el partido, todas sus organizaciones provinciales, comarcales, Radios, Células, todos los militantes en general, vivan intensamente la vida y todos los problemas del partido y de la guerra. La situación actual nos plantea una serie de tareas de tal naturaleza, que solamente podremos realizarlas a condición de que todo el partido, y no sólo pequeños núcleos, participe de forma activa en el estudio colectivo de los problemas, desplegando toda su actividad y toda su energía, para que todos sus afiliados se .¿movilicen y se interesen vivamente por su práctica realización». (Pedro Checa; Tareas de organización y trabajo práctico del partido: Informe pronunciado en el Pleno del Comité Central del Partido Comunista de España celebrado en Valencia, 3 de noviembre, 1937)

(4) El partido como suma de organizaciones (III)

«Además de la necesidad de que todo el partido participe activamente en la discusión y la realización de las tareas, es imprescindible que la dirección juegue el papel de ayuda y estímulo en ello. Solo mediante tal ayuda de los organismos de dirección, llevando al conjunto del partido los problemas que se debaten por ellos, lograremos interesar y movilizar a todo el partido». (Pedro Checa; Tareas de organización y trabajo práctico del partido: Informe pronunciado en el Pleno del Comité Central del Partido Comunista de España celebrado en Valencia, 3 de noviembre, 1937) 

(5) El centro de dirección del partido y el centralismo democrático

«El principio fundamental de la estructura del partido es el centralismo democrático. El centralismo democrático está basado, de una parte, en la subordinación de los organismos inferiores a los organismos superiores, al más alto de los cuales –Comité Central– se subordinan todas las organizaciones. De otra parte, ese centralismo es democrático, pues en los organismos del partido, de arriba a abajo, son todos elegibles, y todas las organizaciones locales dirimen sus cuestiones locales es decir, tienen la posibilidad de desarrollar el máximo de iniciativas en los límites de las directivas generales del partido, elaboradas por los organismos superiores. El centralismo es necesario para que la dirección pueda movilizar y encauzar todas las fuerzas y la actividad del partido para la realización de los problemas y acciones que nos plantea el propio desarrollo de la revolución. Sólo si el partido está construido sobre la base de una inquebrantable centralización proletaria, podemos conseguir la victoria:

«Nos es precisa la centralización y la disciplina más estricta en el seno del partido para que éste realice su papel de organizador del proletariado –y su objetivo esencial– de una manera justa y victoriosa». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La enfermedad infantil del «izquierdismo» en el comunismo, 1920)

La experiencia de la guerra contra el fascismo muestra la necesidad de una inquebrantable centralización, mediante la cual pueda el partido, como hasta aquí, movilizar con la máxima rapidez sus organizaciones y militantes, para resolver con celeridad las necesidades de la guerra.

«En la época actual, de guerra civil aguda el partido podrá cumplir con su deber, si cuenta con la máxima centralización, si posee una disciplina férrea, una disciplina militar, y si el Comité Central del partido es un órgano dotado de plenos poderes y que goza de autoridad; cuenta con la confianza general del partido». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Condiciones de admisión en la Komintern, 1920)

Esto puede aplicarse exactamente a nuestra situación, lo que no excluye, sino por el contrario, supone la máxima iniciativa y espíritu de responsabilidad, por parte de las organizaciones militantes, mediante lo cual educaremos políticamente a la masa de nuestros militantes y especialmente a los millares de nuevos afiliados que afluyen en masa a nuestro partido. En nuestro partido, las directivas de los, órganos dirigentes se aceptan y realizan, no por acatar ciegamente una disciplina mecánica, sino por la compenetración entre la dirección y las organizaciones de base. Y ahí reside la fuerza inquebrantable de nuestra organización». (Pedro Checa; Que es el partido comunista, 1937)

(6) Que es la democracia interna en el partido y como se practica en su funcionamiento

«La disciplina más férrea, en nuestro partido, no excluye la diversidad de opiniones ni la crítica de la actividad de los órganos dirigentes del partido. Por el contrario, en el cuadro de las organizaciones del partido, en la célula, en la conferencia, en el congreso, todo militante tiene el derecho –y aun el deber– de criticar, de aportar sus sugestiones, sus iniciativas, sus propuestas. En el partido existe libertad de discusión sobre todas las cuestiones, aun las más importantes, en tanto no se tome una decisión. Una vez terminada la exposición de opiniones encontradas, liquidada la crítica y adoptada, una resolución, la minoría debe subordinarse a la mayoría y la unidad de voluntad y de acción incondicional de todos los miembros del partido debe regir toda la actividad de éste». (Pedro Checa; Que es el partido comunista, 1937)

(7) Que es la democracia interna en el partido y como se practica en su funcionamiento (II)

«Cuando nos encontramos con una capacidad tan enorme de iniciativa en las masas, tanto en la industria como en el Ejército, en el campo y en todos los terrenos, y vemos que no se da margen para que en estas asambleas de activistas se pongan de manifiesto todas las iniciativas que existen en las masas y para que se fomente y desarrolle la autocrítica, arma magnífica de fortalecimiento del partido, no sabemos qué calificativo dar a ésto, Es preciso que se celebren asambleas de activistas, pero verdaderas asambleas, donde, tras un corto informe, todos los elementos activos del partido den a conocer su criterio, su opinión y sus iniciativas, y los órganos de dirección sean los encargados de recoger estas iniciativas, estos criterios y estas proposiciones, encauzándolos debidamente y orientando su ejecución por el partido. De esta forma, lograremos que el partido sea un conjunto, una línea política y se ayudará eficazmente a la formación de nuevos cuadros». (Pedro Checa; Que es el partido comunista, 1937)

(8) La unidad del partido, incompatible con la existencia de fracciones

«Por ello, todo nuevo militante del partido debe penetrarse firmemente de la idea de que, aun estando contra la decisión de su célula o de cualquier órgano del partido, debe sostenerla y apoyarla una vez acordada. Así, designado un candidato por la célula, por la fracción, etc., para el comité de empresa, para el sindicato, para el ayuntamiento, para el parlamento, etc., todo militante, incluso si está contra él, contra una decisión tomada, debe apoyarle entre los obreros, pues ya no se trata de una persona, sino de un representante del partido, de una decisión del partido. Sin subordinación de la minoría a la mayoría, el partido no podría dirigir a la masa obrera. 

La libertad de discusión y de crítica no significa la libertad de minar la disciplina del partido. La disciplina es la salvaguardia y la garantía de la unidad del partido; sin disciplina no puede haber unidad. 

Nuestro partido, en interés de la revolución, no puede convertirse en esos conglomerados monstruosos de tendencias, de grupos y opiniones que caracteriza a los partidos socialdemócratas, que muchas veces paraliza su acción. Al abigarrado mosaico ideológico, político y táctico, peculiar a la socialdemocracia, nuestro partido opone su cohesión monolítica, su construcción en un solo bloque, basado en la disciplina de fondo y no de forma; opone su lucha consecuente contra las ideologías extrañas al marxismo-leninismo, contra las fracciones y las tendencias fraccionales. 

¿Qué es una fracción? Una fracción es un grupo que se organiza o funciona al margen de las normas establecidas en los estatutos del partido –célula, radio, asamblea, conferencia, etc.– a base de una plataforma propia y de una disciplina interior. Claro que las fracciones no nacen como tales ya hechas. Se crean a través de los grupos, los núcleos de militantes amigos, las tertulias, etc., que a través de coincidencias en la crítica o en la lucha contra determinados camaradas u organismos del partido, van tomando forma y desarrollo. 

La primera manifestación de fraccionalismo en el partido debe ser combatida con toda energía, y la unidad y la cohesión de nuestros efectivos, la confianza mutua completa entre los miembros del partido –que no excluye la vigilancia política consecuente– y un trabajo verdaderamente colectivo que exprese realmente la unidad de la voluntad de la vanguardia proletaria, debe presidir toda nuestra actividad:

«¡El partido por encima de todo! ¡Cuidar la unidad bolchevique del partido como la pupila del ojo: tal es la primera y suprema ley del bolchevismo!». (Georgi Dimitrov; Los actuales gobernantes de los países capitalistas son transitorios. El verdadero dueño del mundo es el proletariado; Discurso de clausura en el VIIº Congreso de la Komintern, 20 de agosto, 1935)». (Pedro Checa; Que es el partido comunista, 1937)

(9) La disciplina en el partido

«La disciplina es la condición esencial de la existencia del partido y del éxito de su lucha. Lenin decía: 

«La experiencia de la dictadura del proletariado, victoriosa en Rusia, muestra claramente a los que no saben pensar o no han tenido ocasión de reflexionar, que la centralización absoluta y la disciplina del proletariado son dos de las principales condiciones de su victoria sobre la burguesía». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La enfermedad infantil del «izquierdismo» en el comunismo, 1920)

De ahí que, en nuestro partido, el primero de los deberes de todos sus miembros y de todas sus organizaciones sea la disciplina. Disciplina que resulta de la conciencia de toda la masa; disciplina, no ciega; por el contrario, disciplina férrea, que presupone el carácter consciente y voluntario de la subordinación, pues sólo una disciplina consciente puede ser efectivamente férrea:

«La disciplina y la organización, que resultan tan penosas para un intelectual burgués, no lo son en modo alguno para el proletariado, a causa de la educación que ha recibido en la fábrica». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Un paso adelante, dos pasos atrás, 1904) (Pedro Checa; Que es el partido comunista, 1937)

(10) El partido y las organizaciones de masas

«El partido debe colocarse al frente de la clase obrera, ver más allá que ella, ligando estrechamente los intereses del momento a los intereses fundamentales del proletariado. Pero no debe ser sólo un destacamento de vanguardia, sino que ha de asegurar el contacto estrecho con la clase y con las masas, así como que éstas reconozcan su dirección a base de conquistar entre ellas un crédito moral y político, sin lo cual el partido no podría dirigir a la clase obrera y dejaría de ser el partido del proletariado. 

Para realizar su tarea histórica, conquistar la dictadura proletaria, el partido comunista debe realizar los fines estratégicos siguientes.

Ganar la influencia sobre la mayoría de los miembros de su propia clase, incluyendo las mujeres y la juventud obrera. Para conseguirlo, es necesario su trabajo en el seno de las vastas organizaciones de masas –sindicatos, comités de empresa, alianzas obreras y campesinas, cooperativas, organizaciones culturales, deportivas, milicias, etc.–. Sobre todo, para ganar a la mayoría del proletariado importa trabajar intensamente en los sindicatos, verdaderas organizaciones de masas de la clase obrera, vinculadas con su lucha cotidiana. 

Presupone, asimismo, la hegemonía del proletariado sobre los extensos sectores de las masas laboriosas. Para conseguirlo, el partido debe conquistar la influencia sobre las masas de la población pobre de las ciudades y del campo, sobre las capas inferiores de los intelectuales, las capas medias, es decir, la población pequeño burguesa en general, teniendo una particular importancia la acción tendente a asegurar la influencia del partido sobre los campesinos y el apoyo completo de éstos:

El cumplimiento de estas tareas por el proletariado, convierte a éste en el portaestandarte de los intereses de todo el pueblo y en el guía de las extensas masas populares en su lucha por la independencia de nuestro país, por una España libre, potente, feliz, y constituye una premisa indispensable de la revolución victoriosa». (Pedro Checa; Que es el partido comunista, 1937)

(11) La responsabilidad colectiva e individual del militante en la aplicación de la línea de partido

«En nuestro partido, cada uno de sus miembros debe ser un elemento revolucionario activo. No basta, para ser militante comunista, con adherirse al partido, cotizar regularmente, aceptar su programa y estatutos y cumplir las decisiones que se adopten. Además de todo ello, es preciso trabajar, tener uña tarea definida en el partido y ejecutarla. 

De esta suerte, el partido garantiza en todo momento su carácter de vanguardia revolucionario y combativa de las masas obreras, dirigente de todo su movimiento, e impide su degeneración en una organización amorfa, a remolque del movimiento de masas. Ya Lenin decía que era preciso separar a «los que trabajan de los charlatanes». En el partido se necesitan militantes realmente revolucionarios, y para ello es preciso que todos sus miembros sean militantes activos. Así el partido descansa y actúa, no sobre comités o dirigentes, sino sobre toda su masa». (Pedro Checa; Que es el partido comunista, 1937)

(12) La responsabilidad colectiva e individual del militante en la aplicación de la línea de partido (II)

«Hemos hablado de la necesidad de conocer el partido. Pero debemos destacar, fundamentalmente, que la base decisiva para la formación de cuadros, en nuestro partido, está en el trabajo colectivo del partido; está en la vida política del partido, y es aquí, camaradas, donde existen más defectos. 

Decía el camarada José Díaz que habíamos roto fundamentalmente con el sectarismo en nuestro partido, pero que había que luchar con todas nuestras fuerzas contra los restos que aún existían, y el hecho de que todavía no hayamos sido capaces de crear en muchas provincias los órganos colectivos de dirección, demuestra que todavía existe bastante sectarismo en nuestras filas. Nadie que no esté ciego puede negar la inmensa capacidad creadora de las masas; sin embargo, todavía hay compañeros que no ven eso, que siguen encerrados en su pequeño círculo, desligados de la vida de las masas. 

No solamente existe carencia o penuria de métodos colectivos de trabajo, falta de ayuda a la formación de. cuadros, sino que existen todavía métodos «patriarcales» de dirección que impiden la formación de nuevos cuadros. Todavía se utilizan métodos que matan la iniciativa, la facultad creadora de los nuevos miembros que vienen al partido. Hay secretarios de comités que reciben y leen toda correspondencia del partido; que «resuelven» todos los problemas del partido; camaradas a los que acuden todas las comisiones, todas las delegaciones, todos los miembros del partido, para que les resuelvan todos los problemas. 

Naturalmente, acuden a ellos, porque no hay otro que pueda resolvérselos; porque tiene que ser este camarada precisamente, quien los resuelva, ya que es él quien tiene todas las riendas de la organización en sus manos, pero ninguno de estos hombres tiene una perspectiva para su trabajo: son hombres que viven mecanizados. Estos camaradas no trabajan en colaboración con los demás; tienen, en vez de colaboradores, ayudantes que, a la voz de mando, acuden porque los llaman; hombres que, educados de esta manera, que trabajando de esta manera, serán incapaces de desarrollarse y convertirse en cuadros de dirección. 

No podemos continuar con tales métodos de trabajo. Un comité provincial, un comité de radio, un órgano de dirección de nuestro partido, es un órgano colectivo donde se distribuyen las tareas y la responsabilidad en el trabajo de cada uno de sus miembros, que se reúne regularmente, que estudia los problemas, traza las tareas, y hace que después, en cada sección se lleve a cabo la ejecución de estas tareas. De otra manera, impediremos que se desarrollen los cuadros del partido e impediremos que los militantes que trabajan con el máximo entusiasmo y disciplina, pero que no tienen ante sí una perspectiva amplia de trabajo, que no tienen ante sí horizontes para desarrollarse, que no son ayudados en su trabajo, que no son corregidos en sus debilidades, puedan forjarse como verdaderos dirigentes». (Pedro Checa; Que es el partido comunista, 1937)

(13) La responsabilidad colectiva e individual del militante en la aplicación de la línea de partido (III)

«La falta de un trabajo colectivo arrastra –además de la imposibilidad de una acertada dirección– la familiaridad, las amistades personales en los órganos de dirección, la creación de los grupos de amigos a través del trabajo, por la amistad y por la lucha, por mil factores muy ligados entre sí. Y en estas condiciones, es raro, difícil que se produzca una crítica y una autocrítica bolchevique, ya que se antepone a la necesidad de realizar ésta, para fortalecer y desarrollar el partido, el temor a que la enemistad se produzca, lo que de hecho impide la ejecución de la crítica en el partido. 

Esto no quiere decir que el partido esté en contra de la amistad y de las buenas relaciones personales entre todos sus militantes y entre los camaradas de dirección, sino que en el aspecto político, cuando se trata de discutir los problemas fundamentales del partido, hay que colocar siempre los intereses de éste, que son los de todas las masas, por encima de todas otras cuestiones. También es preciso que la amistad personal no se traduzca nunca en una mengua de la autoridad política de aquellos camaradas que ocupan cargos responsables en las direcciones del partido.

La falta de un trabajo colectivo y la familiaridad de los órganos de dirección, impiden que ésta sea eficaz y trae, como consecuencia, peligros enormes, tales como el caciquismo, la burocratización e incluso el caudillismo, al subirse el humo a la cabeza». (Pedro Checa; Tareas de organización y trabajo práctico del partido: Informe pronunciado en el Pleno del Comité Central del Partido Comunista de España celebrado en Valencia, 3 de noviembre, 1937)

(14) La política de cuadros

«Sin embargo, algunos camaradas se plantean el problema de los cuadros solamente como un problema de escuelas. Nos dicen, en cuanto se les habla de cuadros, que necesitan escuelas. Cierto; es necesario crear escuelas. 

Sin embargo, este no es solo problema de escuelas. Es fundamentalmente un problema de conocer el partido, de conocer los miembros del partido. En este sentido, hemos de decir que todavía el partido no conoce suficientemente lo que encierra en su seno que todavía, muy a menudo, cuando se busca a un camarada para tal o cual trabajo, a pesar de contar con infinidad de camaradas en condiciones para desarrollar este trabajo, no lo sabemos encontrar a mano para dedicarlo inmediatamente a él. 

Si queremos tener los cuadros que nuestro gran partido precisa necesitamos conocer a fondo a nuestro partido, necesitamos conocer, uno por uno, a todos nuestros militantes; conocerlos personalmente, conocer lo que son capaces de hacer, sus dotes, sus actividades, su historia, sus características, para saber en todo momento aplicarlos a aquel trabajo para el que son útiles.

De este modo podremos, con la máxima audacia, incorporar a los puestos de dirección a los camaradas que sean necesarios. Con la máxima audacia, sí; pero también con el máximo conocimiento, porque en este caso no basta llenarse la boca diciendo que hay que promover cuadros con toda rapidez; hay que hacerlo, sí, pero con conocimiento de causa, y, para eso, es preciso estudiar el partido y realizar un trabajo sistemático de conocimiento del partido y de los militantes. Y, sobre todo, tener presente que la afluencia constante de militantes al partido, nos obliga a obrar con rapidez, para ver si entre esos militantes que vienen a nosotros se encuentran, como se encontrarán a veces, magníficos elementos de dirección. 

Este trabajo de promoción audaz de cuadros no quiere decir que no debamos redoblar la vigilancia en el seno de nuestro partido. Por lo general ocurre, que allí donde se tiene mucho miedo, allí donde existe mucho temor de llevar a los militantes nuevos a puestos de dirección, es donde con más facilidad se introducen elementos indeseables. Por el contrario, donde se practica una política más audaz, más abierta, más flexible y de más comprensión, allí es donde menos facilidad encuentran los elementos indeseables para introducirse en los puestos de dirección. 

Siempre se habla de que tal camarada es «relativamente de confianza»; de que tal otro camarada no puede ser incorporado a un puesto de dirección, de que tal otro puede ser utilizado pero sin darle toda la confianza. Esto debe cesar radicalmente en nuestro partido. Todo militante, aunque esté recién incorporado, por el hecho de militar en el partido, merece la confianza íntegra de todos los miembros del mismo. Toda persona reconocida digna de estar en nuestro partido es también digna de figurar en puestos de direcciones, sea militante nuevo o viejo, si tiene aptitudes para ello. De otra manera, crearemos un divorcio entre estos camaradas que ahora vienen al partido y los viejos miembros, y de este modo jamás llegaremos a fusionar a los viejos y a los nuevos cuadros de nuestra organización. Sin embargo, hay muchos viejos cuadros que ofrecen mucha resistencia a esto; hay viejos cuadros que se imaginan todavía el viejo partido, que ahora, al ver esta avalancha de nuevos militantes, no son capaces de salir del círculo en que han vivido toda la vida y de adentrarse en todas estas inmensas legiones de hombres que vienen al partido. Es preciso acabar con todo esto, sí queremos dotar a nuestro gran partido, en todos los aspectos, de la dirección y organización que necesita, y conseguiremos, como pedía el camarada José Díaz, que no se hable en nuestro partido de los «viejos» y de los «nuevos». (Pedro Checa; Tareas de organización y trabajo práctico del partido: Informe pronunciado en el Pleno del Comité Central del Partido Comunista de España celebrado en Valencia, 3 de noviembre, 1937)

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