martes, 13 de noviembre de 2018

Los neokantianos y su interpretación idealista de las matemáticas


«El apriorismo de Kant es la piedra angular de su filosofía idealista. Según él, la fuerza del apriorismo, su supuesta facultad de introducir la universalidad y la necesidad en el caos del mundo de los fenómenos, descansa sobre su pleno apartamiento, «despojándose» de la experiencia concreta. Para demostrar la posibilidad del apriorismo, Kant fundamenta la existencia de los llamados juicios sintéticos apriorísticos. Son juicios que amplían y enriquecen nuestro conocimiento; nos son suministrados, a juicio de Kant; no por la experiencia, sino independientemente de ella, como principios apriorísticos. Kant veía en la matemática «pura» el modelo de este apriorismo pretendidamente libre de toda experiencia sensible. Pero este concepto de la matemática fué el mayor error de Kant, puesto que la matemática, como las demás ciencias, nació de la práctica del hombre:

«Las nociones de número y figura, fueron tomadas precisamente del mundo real. (...) Antes de llegar a la idea de deducir la forma de un cilindro por la rotación de Un rectángulo en torno de uno de sus lados, hubo necesidad de investigar no pocos rectángulos y cilindros reales» (Friedrich Engels; Anti-Dühring, 1878)

Otro tanto se puede decir en cuanto a las ciencias naturales teóricas y a todos los dominios de la ciencia. Ironizando sobre las ciencias naturales «puras», Marx señaló que las ciencias, naturales:

«Consiguen su objetivo, igual que sus materiales, sólo gracias al comercio y a la industria, gracias a la actividad material de los hombres». (Karl Marx y Friedrich Engels; La Ideología Alemana, 1846)

(...) A fines del siglo xix había entre los neokantianós dos escuelas principales: la marbugiana y la friburgiana. Los representantes de la primera –Kohen, Natorp, Kassirer– dedicaron su principal atención a la interpretación –mejor dicho a la falsificación– idealista de las ciencias naturales –la matemática, la mecánica, la física, la biología–. A esta escuela perteneció la mayoría de los oportunistas de la Segunda Internacional –Bernstein, Fórlander y otros–, entre los cuales el neo- kantismo fué considerado durante mucho tiempo como su filosofía casi oficial. Los revisionistas sustituyeron el materialismo dialéctico por el neokantismo. Los representantes de la segunda escuela, la friburgiana –Vindelband, Rickeft–, se especializaron en los problemas de la historia. Trataban de crear una valla infranqueable entre las ciencias naturales y las sociales y, mediante la falsificación idealista de estas últimas, «demostrar» que en el campo de la historia no existen leyes objetivas algunas que la rijan.

Los neokantianos de la escuela marburgiana se «esforzaron» en fundamentar filosóficamente el idealismo físico desnaturalizando los progresos más recientes de ciencias como la física matemática. Trataban de presentar la cosa como si las ciencias naturales redujeran cada vez más la materia –los átomos, el éter, la energía material– a un solo nivel matemático. Desfiguraban la propia naturaleza de la matemática negando que esta última refleja también las leyes y las relaciones del mundo material. Los neokantianos reducen todas las formas cualitativas, múltiples y variadas, del mundo real a una cantidad abstracta, a una relación matemática. Niegan que las sensaciones sean la fuente del conocimiento: los marburgianos creen que todo conocimiento verdaderamente científico extrae su contenido sola , y exclusivamente del «pensar puro», supuestamente independiente de la experiencia.

(...) Los neokantianos de la escuela friburgiana adoptan una posición no menos reaccionaria; sostienen la lucha contra el materialismo valiéndose de los viejos sofismas idealistas de que «no hay objeto sin sujeto» y de la doctrina mística del reino de los valores ideales, o «normas» –el bien, la justicia, lo bello, la verdad, etc.– según las cuales el hombre crea los objetos del material que suministran las representaciones sensibles e introduce en el mundo el orden, las leyes, etc. Si los marburgianos establecían una separación de principió entre las ciencias naturales que reducían a la matemática y las ciencias sociales en las que según ellos impera la ética idealista de Kant, esta separación se ahonda aún más en los friburgianos. Rickert afirma que las ciencias naturales se interesan sólo por lo general y aspiran «a alejar los elementos históricos de sus conceptos», o sea que las ciencias naturales son antihistóricas –esto, claro está, no es justo en el fondo– y en cambio la historia se interesa sólo por lo individual, por lo que históricamente no se repite ni puede establecer leyes generales –tampoco esto es cierto–». (Profesor A. V. Shcheglov y un grupo de catedráticos de la Academia de Ciencias de la URSS; Historia general de la filosofía; de Sócrates a Scheler, 1942)

Anotaciones de Bitácora (M-L):

«NEOKANTISMO. — El neokantismo es una de las corrientes filosóficas más importantes de la segunda mitad del siglo XIX que reproducía y elevaba a la categoría de sistema lodo lo peor, lo reaccionario, lo muerto y lo idealista-subjetivo que había en la filosofía de Kant. El neokantismo surgió como una reacción contra el materialismo científico-naturalista de Buchner, Moleschot y otros, que se había divulgado después de la Revolución de 1848; más tarde, el filo de la crítica del neokantismo fue dirigido contra el marxismo. El neokantismo se  divulgó en Alemania, Italia y Rusia. Su florecimiento corresponde a las décadas del 80 y 90. Después de la guerra imperialista mundial de 1914-1918, cedió su lugar a una corriente más reaccionaria aún; el neohegealismo. Los primeros lanceros del neokantismo en la década del 50 al 60, fueron el físico Helmholtz y los filósofos Liebman, Ziegler y Lange, que trataron de conciliar la ciencia con los aspectos idealistas de la doctrina kantiana. Así, Helmholtz destacaba en la doctrina de Kant la incognoscibilldad de las «cosas en sí»; Lange afirmaba que el materialismo, como principio y concepción del mundo, es estéril; sólo sirve como método de Investigación; Llebman veía en las «cosas en sí» restos de metafísica, una «gota de sangre extraña». Fue así como los neokantianos no sólo predicaron «un retorno a Kant», sino que criticaron a este filósofo por sus concesiones al materialismo. La revisión idealista de la doctrina de Kant alcanzó su culminación en las dos principales escuelas del neokantismo: la de Marburgo –Cohen, Natorp, Cassirer– y la de Freiburgo –Windelbond, Ricltert–. El neokantismo llegó rápidamente a ser la filosofía casi oficial de la Segunda Internacional. Bernstein, Kaútsky, M. Adler, Vorlaender y otros trataron de conciliar el neokantismo con el marxismo». (Mark Rosental y Pavel Yudin; Diccionario filosófico marxista, 1946)

lunes, 12 de noviembre de 2018

La lucha contra el imperialismo, si no se halla ligada indisolublemente a la lucha contra el oportunismo, es una frase vacía y falsa


«La obtención de elevadas ganancias monopolistas por los capitalistas de una de las numerosas ramas de la industria de uno de los numerosos países, etc., da a los mismos la posibilidad económica de sobornar a ciertos sectores obreros y, temporalmente, a una minoría bastante considerable de los mismos, atrayéndolos al lado de la burguesía de una determinada rama industrial o de una determinada nación contra todas las demás. El antagonismo cada día más intenso de las naciones imperialistas, provocado por el reparto del mundo, refuerza esta tendencia. Es así como se crea el lazo entre el imperialismo y el oportunismo, el cual se ha manifestado, antes que en ninguna otra parte y de un modo más claro, en Inglaterra, debido a que varios de los rasgos imperialistas del desarrollo aparecieron en dicho país mucho antes que en otros. A algunos escritores, por ejemplo, a L. Mártov, les place esquivar el hecho de la relación entre el imperialismo y el oportunismo en el movimiento obrero –hecho que salta actualmente a la vista de un modo particularmente evidente– por medio de razonamientos llenos de «optimismo oficial» –en el espíritu de Kautsky y Huysmans– tales como: la causa de los adversarios del capitalismo sería una causa perdida si precisamente el capitalismo avanzado condujera al reforzamiento del oportunismo o si precisamente los obreros mejor retribuidos se inclinaran al oportunismo, etc. No hay que dejarse engañar sobre la significación de ese «optimismo»: es un optimismo con respecto al oportunismo, es un optimismo que sirve de tapadera al oportunismo. En realidad, la rapidez particular y el carácter singularmente repulsivo del desarrollo del oportunismo no sirve en modo alguno de garantía de su victoria sólida, del mismo modo que la rapidez de desarrollo de un tumor maligno en un cuerpo sano no puede hacer más que contribuir a que dicho tumor reviente más de prisa, a librar del mismo al organismo. Lo más peligroso en este sentido son las gentes que no desean comprender que la lucha contra el imperialismo, si no se halla ligada indisolublemente a la lucha contra el oportunismo, es una frase vacía y falsa». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Imperialismo, fase superior del capitalismo, 1916)

sábado, 10 de noviembre de 2018

¿Qué postura adopta el marxista frente a la cultura del pasado y la cultura del futuro?


«El  marxismo-leninismo enseña que en la cultura del pasado hay elementos y tradiciones avanzados, revolucionarios, democráticos y socialistas, pero que también hay elementos reaccionarios en esta cultura del pasado que podrían obstaculizar el progreso de la nueva sociedad socialista y su cultura. Es por esto que Lenin y Stalin siempre han advertido contra una actitud acrítica hacia el pasado y sus tradiciones. Exigieron un estudio crítico y el desarrollo de los elementos positivos y progresivos de la vieja cultura desde el punto de vista de los intereses y necesidades del nuevo régimen social socialista. (...) La ideología que domina sin oposición en la sociedad soviética es la ideología más avanzada del mundo, la ideología socialista. Pero todavía hay, en la conciencia de los hombres, reminiscencias del capitalismo debido al retraso de la conciencia sobre la situación económica de los hombres y también debido a la influencia del mundo capitalista que nos rodea. En sus decisiones sobre cuestiones ideológicas, el Comité Central de nuestro Partido Bolchevique ha dejado al descubierto las supervivencias del pasado en la actividad de ciertos trabajadores culturales: ausencia de ideología, apolitismo, formalismo, desdén sobre los intereses de la gente, servidumbre ante la cultura putrefacta burguesa. Nuestro Partido está luchando en una lucha inquebrantable contra la supervivencia del capitalismo en la conciencia de los hombres. «Las viejas prácticas y hábitos, tradiciones y prejuicios heredados de la sociedad antigua son el enemigo más peligroso del socialismo». (Stalin) La edificación victoriosa del comunismo es imposible sin una lucha intransigente contra estas tradiciones y prácticas. (...) En el campo de la literatura y el arte, la lucha por lo nuevo significa la aplicación del método del realismo socialista. El realismo socialista exige una representación veraz y profundamente artística de la realidad en su desarrollo revolucionario, de la grandeza del pueblo soviético que construye la sociedad comunista. La afirmación de lo nuevo en el campo de la cultura implica una actitud intransigente hacia las influencias reaccionarias burguesas de todo tipo, hacia el nacionalismo burgués y hacia el cosmopolitismo, esta arma ideológica del imperialismo angloamericano».  (I. Charikov; De la lucha entre lo nuevo y lo viejo en el desarrollo de la sociedad soviética; Publicado en la revista Bolchevique, Nº 9, 1950)

viernes, 9 de noviembre de 2018

El marxismo es claro respecto a los objetivos de la clase obrera, su fin es la toma de poder, pero mientras no se pueda lanzar a tal propósito tiene labores que cumplir


«El movimiento político de la clase obrera tiene como último objetivo, claro está, la conquista del poder político para la clase obrera y a este fin es necesario, naturalmente, que la organización previa de la clase obrera, nacida en su propia lucha económica, haya alcanzado cierto grado de desarrollo.

Pero, por otra parte, todo movimiento en el que la clase obrera actúa como clase contra las clases dominantes y trata de forzarlas «presionando desde fuera», es un movimiento político. Por ejemplo, la tentativa de obligar mediante huelgas a capitalistas aislados a reducir la jornada de trabajo en determinada fábrica o rama de la industria es un movimiento puramente económico; por el contrario, el movimiento con vistas a obligar a que se decrete la ley de la jornada de ocho horas, etc., es un movimiento político. Así pues, de los movimientos económicos separados de los obreros nace en todas partes un movimiento político, es decir, un movimiento de la clase, cuyo objeto es que se dé satisfacción a sus intereses en forma general, es decir, en forma que sea compulsoria para toda la sociedad. Si bien es cierto que estos movimientos presuponen cierta organización previa, no es menos cierto que representan un medio para desarrollar esta organización.

Allí donde la clase obrera no ha desarrollado su organización lo bastante para emprender una ofensiva resuelta contra el poder colectivo, es decir, contra el poder político de las clases dominantes, se debe, por lo menos, prepararla para ello mediante una agitación constante contra la política de las clases dominantes y adoptando una actitud hostil hacia ese poder. En caso contrario, la clase obrera será un juguete en sus manos». (Karl Marx; Carta a Friedrich Bolte, 23 de noviembre de 1871)

La importancia para los comunistas de desechar el seguidismo en los análisis históricos y presentes


«Hoy nos encontramos con que la mayoría de partidos y autodenominados partidos –que en realidad no pasan de ser muchas veces grupúsculos de clubs de amigos y/o nostálgicos de algunas siglas– no se interesan por analizar las causas del flujo descendente del movimiento marxista-leninista internacional.

1) A unos no les interesa el estudio las figuras y movimientos nacionales e internacionales marxista-leninistas, es más, generalmente se cubren falsamente bajo sus ideas y mitos, reivindicando su legado de manera formal pero sin ser fieles a sus lecciones, otras veces aceptando sus mismos errores por no analizarlos y en algunas ocasiones directamente adoptando como referentes a falsos marxistas y a experiencias revisionistas. No hablemos ya de cuestiones del movimiento marxista-leninista de un pasado lejano porque los ignoran absolutamente, a veces su indiferentismo es tal, que también alcanza hasta el punto de mirar hacia otro lado en torno a fenómenos recientes de mayor o menor calado.

2) Existen otros que incluso si centran aunque sea un breve tiempo de su actividad en analizar ciertos fenómenos sobre el revisionismo contemporáneo y las causas de su triunfo, pero ha de hacerse un apunte: al no tener interés en cómo se ha llegado a varios de los desastres que han posibilitado la hegemonía del revisionismo en el movimiento obrero, los análisis y las conclusiones sobre los grupos antimarxistas del presente tampoco son del todo correctos porque no saben detectar el origen de estas desviaciones.

3) Luego hay quienes realmente si tocan temas del pasado y presente movimiento marxista-leninista, pero muchos de estos se contentan con realizar breves análisis de denuncia de que este u otro partido es revisionista, o esta u otra figura es oportunista, pero sin explicar a sus militantes y simpatizantes el porqué de tal afirmación, cayendo en análisis reduccionistas, doctrinarios y esquemáticos, que poco menos que pretenden obligar a la militancia a seguir estas afirmaciones sin tener conciencia real de porqué se dice tal cosa, esa incapacidad creativa es lo que muchas veces lleva a copiar las opiniones de otros o directamente a caer en las mismas desviaciones de las que se quejan de algunas corrientes revisionistas que fustigan tales como el seguidismo a ciegas, el afirmar sin corroborar la veracidad de lo que se pone sobre la mesa confiando en que ya antes lo ha pronunciado alguien. Metodologías que nacen de la no comprensión real de lo que dicen denunciar y de los métodos de concienciación que propone el marxismo». (Equipo de Bitácora (M-L); Antología sobre Reconstrucción Comunista y su podredumbre oportunista, 25 de septiembre de 2017)

martes, 6 de noviembre de 2018

Sobre los anarquistas y el término autoritario


«Nuestros amigos de España verán ahora el abuso que hacen estos señores de la palabra «autoritario». En cuanto a los bakuninistas les desagrada alguna cosa, dicen: «Eso es autoritario», y con ello creen haberlo condenado para siempre. Si en lugar de ser burgueses, periodistas, etc., fueran obreros, o si hubieran estudiado solamente un poco las cuestiones económicas y las condiciones de la industria moderna, sabrían que ninguna acción común es posible sin la imposición a algunas personas de una voluntad extraña, es decir, de una autoridad. Ya sea la voluntad de una mayoría de votantes, de un comité director o de un solo hombre, será siempre una voluntad impuesta a los disidentes; pero sin esta voluntad única y dirigente, ninguna cooperación es posible. ¡Pruebe a hacer marchar una de las grandes fábricas de Barcelona sin dirección, es decir, sin autoridad! ¡O administrar un ferrocarril sin la certidumbre de que cada ingeniero, fogonero, etc., se encontrará en su puesto en el momento exacto en que deba estar en él! Me gustaría saber si el bravo Bakunin confiaría su obeso cuerpo a un vagón de ferrocarril si ese ferrocarril fuera administrado de acuerdo con los principios que proclaman que nadie se encontrará en su sitio si no le gusta sufrir la autoridad de los reglamentos, ¡mucho más autoritarios en todo estado posible de la sociedad que el Reglamento aprobado en el Congreso de Basilea! Todas estas grandes frases ultrarradicales y ultrarrevolucionarias ocultan únicamente la más completa miseria de ideas y la más completa ignorancia de las condiciones en que transcurre la vida cotidiana de la sociedad». (Friedrich Engels; Carta a Pablo Lafargue, 30 de diciembre de 1871)

lunes, 5 de noviembre de 2018

Los comunistas ante los movimientos de liberación nacional


«Por lo general, todos, socialdemócratas y revisionistas, se manifiestan por la liberación nacional de los pueblos. Hoy de lo que suelen olvidarse es de su liberación social. No les importa demasiado un movimiento de liberación nacional siempre que las burguesías y sectores pequeño burgueses de los países afectados dirijan los procesos en colaboración con uno u otro imperialismo según las circunstancias y lugar y los mantengan en la órbita del capitalismo en general y de uno u otro imperialismo. En efecto, muchos movimientos de liberación nacional que han movilizado en su justa lucha a pueblos enteros, tras la toma de poder o han pasado a depender de otro imperialismo o han continuado bajo la órbita de sus antiguos colonizadores. En ambos casos, en beneficio de las nuevas burguesías nacionales dirigentes de los procesos de liberación nacional, que no social. (...) Separar la lucha por la liberación nacional de la lucha por la revolución social y por la dictadura del proletariado es tanto como abandonar dicha lucha en manos de las burguesías de cada país, aliadas, en definitiva, en connivencia, con uno u otro imperialismo. (...) El apoyo de los comunistas ha de ir orientado a impulsar la liberación nacional hacia la liberación social y a tomar su dirección, eso significa fomentar la lucha de clases en el seno de los movimientos de liberación nacional y lucha porque el proletariado y su partido, siempre que lo haya, gane terreno en ellos o impulsar a su cabeza a los sectores más oprimidos y explotados de la población. (…) Se trata, precisamente de eso, de que en nuestra época del proletariado de las naciones oprimidas ha de tener también su política independiente de clase que ha de ir más allá del simple objetivo de «liberación nacional», que no debe pararse ahí y que debe llevar la lucha de clases hacia adelante y no practicar la unidad nacional en todos los terrenos con su propia burguesía. Cuánto más ha de ser así, si la burguesía propia se muestra, bajo la disculpa de combatir al imperialismo extranjero, como reaccionaria, oscurantista y sanguinaria». (M. Serrada; Los comunistas ante los movimientos de liberación nacional; Publicado en «Vanguardia Obrera», Nº 500, 1985)