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viernes, 1 de mayo de 2015

Palabras imperecederas del mítico Dimitrov sobre la unidad de la clase obrera


«Sería ingenuo pensar que la realización de la unidad de acción del proletariado se puede conseguir tratando de ganar a los líderes reaccionarios por el camino de la persuasión, las exhortaciones o los exorcismos. La unidad del proletariado internacional no se puede lograr sin una lucha tenaz de todos sus partidarios contra los enemigos declarados o encubiertos de dicha unidad.

A veces se escuchan en las filas de los socialdemócratas voces según las cuales los comunistas, con su crítica abierta y franca respecto de la conducta de los dirigentes de la II Internacional y de la Internacional de Ámsterdam, dificultan la creación de un frente único. ¿Pero acaso puede lograr la creación de un frente único si no se critica de la manera más decidida a quienes no escatiman sus esfuerzos por obstaculizarlo? ¿Qué clase de dirigentes del movimiento obrero seríamos, si no dijésemos abiertamente toda la verdad sobre una cuestión tan importante para toda la clase obrera?

Quién pasa por alto u oculta los actos nocivos de los dirigentes reaccionarios en las filas del movimiento obrero, no ayudan a la causa de la unidad de la clase obrera. Quién renuncia so pretexto de que ello redundaría en favor del frente único proletario– a la lucha contra sus enemigos y a la crítica contra el reformismo que subordina el movimiento obrero a los intereses de la burguesía, presta un mal servicio a la clase obrera.

El VIIº Congreso de la Komintern de 1935 proclama la política del frente único del proletariado y del frente popular, en su resolución del 20 de agosto señala especialmente:

«Las acciones conjuntas con los partidos y las organizaciones socialdemócratas no sólo no excluyen, sino que, por el contrario, hacen aún más necesaria la crítica seria y razonada del reformismo, del socialdemocratismo, como ideología y como práctica de la colaboración de clase, con la burguesía y la explicación paciente a los obreros socialdemócratas acerca de los principios del programa del comunismo». (Komintern; Resolución final emitida por el VIIº Congreso de la Komintern respecto al informe de Georgi Dimitrov, 20 de agosto de 1935)

No es un buen luchador por la unidad de la clase obrera y por el frente popular contra el fascismo quién no sigue esta directiva del VIIº Congreso de la Komintern. Se equivoca profundamente quien piensa que la lucha por el frente popular nos exime de la obligación de llevar a cabo una lucha por una base de principios y por los intereses esenciales del movimiento obrero, contra las teorías y conceptos hostiles a la clase obrera. Esta lucha no perjudicaría a la causa del frente popular; al contrario, solo podría favorecerla. Algo más. Esta lucha es la premisa necesaria para un despliegue y fortalecimiento reales del frente popular contra el fascismo y la guerra.

Cuando luchamos con decisión en defensa de los derechos y libertades democráticas, contra la reacción y el fascismo, lo hacemos como marxistas, como revolucionarios proletarios consecuentes, y no como demócratas burgueses y reformistas.

Cuando nos declaramos en defensa de los intereses nacionales de nuestro pueblo, en defensa de su independencia y libertad, no nos convertimos en nacionalistas, en patrioteros burgueses, sino que lo hacemos como revolucionarios proletarios e hijos fieles de nuestro pueblo.

Cuando nos declaramos en defensa de la libertad religiosa, contra la persecución fascista de los creyentes, no damos un paso atrás en nuestra concepción marxista sobre el mundo, libre de cualquier prejuicio religioso.

Al aplicar la política del frente popular contra el fascismo y la guerra, al desplegar acciones conjuntas con los demás partidos y organizaciones de los trabajadores contra el enemigo común, al luchar por sus intereses vitales y por sus derechos democráticos, por la paz y la libertad, los comunistas no pierden de vista la necesidad histórica del derrocamiento del capitalismo ya anacrónico, y de la edificación del socialismo, que lleva aparejada la liberación de la clase obrera y de toda la humanidad. Coordinar de manera justa la política del frente popular con la propaganda del marxismo, con la observación del nivel teórico de los cuadros del movimiento obrero, con la asimilación de la gran doctrina de Marx-Engels-Lenin, como una guía para la acción: eso es lo que tenemos que aprender y enseñar diariamente a nuestros cuadros y a las masas. No debemos admitir en ningún caso que «el árbol nos impida ver el bosque». No debemos permitir que la práctica se aleje de la teoría, que se produzca una ruptura entre el cumplimiento de las tareas actuales de nuestra época y la perspectiva y finalidades de la lucha de la clase obrera. No hay que olvidar que cuanto más se amplía el movimiento del frente popular, cuanto más complejos son los problemas tácticos del movimiento, tanto más necesario resulta un análisis verdaderamente marxista-leninista de la situación y de la correlación de fuerzas en lucha, tanto más necesario es tener en las manos la brújula de la teoría marxista-leninista». (Georgi Dimitrov; La unidad del proletariado internacional, imperativo supremo del momento actual, 1 de mayo de 1937)

Dimitrov sobre el Primero de Mayo y la actitud a tomar

Julio Minchev -  «Trabajo»

«
La clase obrera del mundo entero conmemora este año el 50 aniversario del Primero de Mayo, jornada de la solidaridad proletaria internacional.

El Primero de Mayo fue elegido en 1889 como jornada de la solidaridad fraternal de los obreros de todos los países, como jornada de revista de las fuerzas proletarias, como jornada de lucha del trabajo contra el capital.

Al principio, eran pequeños grupos de la clase obrera los que celebraban este día, en los distintos países. De año en año, la fiesta proletaria del Primero de Mayo fue ganando en importancia. Los obreros proclamaban huelgas, se lanzaban a la calle, organizaban poderosas manifestaciones, estrechaban año tras año los lazos de su solidaridad internacional.

Pero, a lo largo del tiempo, los marxistas revolucionarios y los reformistas dieron un giro distinto a la jornada del Primero de Mayo. El partido bolchevique, el gran partido de Lenin y Stalin, celebró siempre ese día, desde el primer momento, como una jornada de lucha revolucionaria. Luchaba por las necesidades diarias de la clase obrera, preparando así mismo tiempo sus fuerzas para las futuras luchas revolucionarias contra la autocracia zarista y el capitalismo. En el manifiesto de Primero de Mayo de 1912, redactado por el camarada Stalin, el partido bolchevique proclamó ante toda Rusia, que por aquel entonces se hallaba postrada bajo el yugo del zarismo:

«En el día de hoy debemos declarar... que juramos luchar por el derrocamiento total de la monarquía zarista y que saludamos a la revolución rusa que se avecina y que habrá de emancipar a Rusia. (...) ¡Abajo el capitalismo!; Viva el socialismo!». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; ¡Larga vida al Primero de Mayo!, 1912)

No había nada que lograra impedir a los bolcheviques celebrar revolucionariamente el Primero de Mayo: ni las persecuciones de la policía zarista, ni la presión económica de los capitalistas, ni la rabiosa oposición de los mencheviques, que se manifestaban en contra del carácter revolucionario de la jornada de Primero de Mayo.

Muy otra era la actitud de los reformistas ante el Primero de Mayo. Toda su preocupación consistía en castrar el contenido revolucionario de esta jornada. De una jornada de afirmación de la solidaridad proletaria internacional y de revista de las fuerzas proletarias, el Primero de Mayo se convertía, para ellos en una fiesta anodina, inofensiva para la burguesía. En la actitud que unos y otros adoptaban ante el carácter y contenido del Primero de Mayo, se revelaba ya hace varias décadas la profunda diferencia de principios entre ambas corrientes del movimiento obrero en todo el mundo: entre la senda del bolchevismo y la senda del reformismo, que, andando el tiempo, habían de conducir a resultados diametralmente opuestos.

El reformismo, que divide a la clase obrera, que le imbuye la falta de fe en sus fuerzas y en su triunfo, que supedita su movimiento a los intereses de las clases explotadoras, permitió con ello que la burguesía se salvase en el periodo de las conmociones revolucionarias más profundas, que prolongase la existencia del sistema de la esclavitud capitalista y pudiese pasar a la ofensiva contra los trabajadores. El reformismo entregó a la clase obrera y a los pueblos de una serie de países capitalistas al yugo del régimen fascista de barbarie y de saqueo.

El bolchevismo, que une las fuerzas de la clase obrera, que la moviliza y la dirige en la lucha intransigente contra las clases explotadoras, condujo al triunfo de la gran revolución socialista de octubre de 1917, condujo a la instauración de la dictadura de la clase obrera y al triunfo del socialismo en la Unión Soviética. A la luz de los resultados conseguidos por estas dos corrientes distintas del movimiento obrero internacional, la clase obrera y los pueblos del mundo capitalista se convencen cada vez más de lo funesta que es la senda del reformismo y la política de inteligencia con la burguesía imperialista, de lo funesto que es capitular ante el enemigo de clase, y de la justeza de la senda del bolchevismo, trazada por los grandes continuadores del marxismo, por los jefes y maestros del proletariado internacional, por Lenin y Stalin.

En este 50 aniversario del Primero de Mayo, la clase obrera y los trabajadores de todos los países festejan con orgullo, con admiración y con entusiasmo, el gran triunfo histórico alcanzado por la clase obrera, que ha edificado la sociedad socialista en una sexta parte del mundo. El triunfo del socialismo en la Unión Soviética demuestra la formidable capacidad creadora de la clase obrera. Revela de un modo tangible, sobre el ejemplo de un potente país, enclavado en el corazón del mundo, la fuerza arrolladora del proletariado, llamado a liberar a la humanidad del yugo del capitalismo y a crear una sociedad libre y feliz, la sociedad socialista sin clases. El proletariado internacional festeja el triunfo del socialismo en la Unión Soviética como su más grande conquista. Esta victoria es el triunfo de la solidaridad proletaria internacional, base y fuente de estímulo para la clase obrera en sus luchas futuras. La fraternal solidaridad internacional de los obreros de todos los países, bajo cuya bandera marchan el Primero de Mayo, tiene hoy en la Unión Soviética una base material inconmovible
». (Georgi Dimitrov; El país del socialismo y la lucha del proletariado internacional, 1 de mayo de 1939)