lunes, 15 de abril de 2019

Grover Furr y sus invenciones históricas sobre el pensamiento y las acciones de Stalin; Equipo de Bitácora (M-L), 2019


[Publicado originalmente en 2019. Reeditado en 2022]

«Beria y Stalin fueron los que lucharon por la reforma democrática y perdieron esa lucha. Tuvieron una oposición de la mayoría del Comité Central de esa época. (...) Hay un texto de Grover Furr que se llama «La lucha por la reforma democrática» que expresa muy bien lo que quería Stalin». (Roberto Vaquero; ¿Quién fue Stalin?, 2021) 

Últimamente existe un extraño embelesamiento hacia Grover Furr, un historiador que dice haberse propuesto como tarea desmitificar las acusaciones y distorsiones contra Stalin. En verdad, aunque en ocasiones sí realiza tal labor, otras muchas veces lo que realidad en realidad un bochornoso ejercicio de devoción absoluta. Y como el lector comprenderá, la falsificación de algunos de los aspectos clave de la trayectoria política de esta figura histórica y de la Unión Soviética en general, se convierte en un relato muy peligroso, pues el fanatismo o el seguidismo suponen siempre un estancamiento o un retroceso, pero nunca un avance. Este peculiar historiador se ha caracterizado por acometer todo tipo especulaciones sin respaldo, cuando no directamente ha incurrido en invenciones flagrantes, todo, en aras de cuadrar lo que le hubiera gustado que hubiera hecho Stalin:

«El concepto de democracia que Stalin y sus seguidores en la dirección del Partido deseaban aplicar en la Unión Soviética incluía un cambio cualitativo en el papel del Partido bolchevique en el seno de la sociedad. (...) Lo que perseguían era sacar al Partido Comunista de la dirección directa de la Unión Soviética. (...) El plan de Stalin de reformar el gobierno soviético y el papel en ello del Partido Bolchevique estaba condenado. (...) Parece ser que Stalin creyó que una vez apartado el Partido del control directo sobre la sociedad, su papel debiera quedar limitado a la agitación y a la propaganda, y a la participación en la selección de cuadros». (Grover Furr; Stalin y la lucha por la reforma democrática, 2005)

Esto que el señor Furr nos asegura, que Stalin mantenía o deseaba este concepto de partido y modelo socialista, es una completa aberración para cualquier que esté familiarizado con la sovietología. Pero no debemos llevarnos a engaño, esto no es casual. Si uno observa cual ha sido su principal fuente de formación política, notará que el señor Furr rezuma maoísmo  por los cuatro costados, por lo que se vale de sus «técnicas historiográficas» para decorar el pasado. Desde el inicio su pretensión es absurda, pues pretende vanamente mezclar agua y aceite, es decir, reunir en un eclecticismo imposible a Stalin y Mao. Para comenzar a desmontar esta sartenada de despropósitos y mirar a la historia de frente, rescataremos la reunión del Buró Político del Partido Bolchevique, celebrada en octubre de de 1952, con la cual podremos saber cuál fue la posición del estadista soviético sobre el tema:

«Stalin: Sí, tuvimos el congreso de nuestro Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS). Funcionó muy bien, y muchos de vosotros podrían pensar que, entre nosotros, existe una armonía y unidad plenas. Pero no tenemos esta armonía y unidad de pensamiento. Algunos de vosotros incluso se oponen y no os gusta nuestra decisión.

Dicen, ¿por qué necesitamos ampliar el Comité Central (CC)? Pero, ¿no es evidente que necesitamos inyectar nueva sangre y nuevas fuerzas al CC del PCUS? Estamos envejeciendo y tarde o temprano moriremos, pero debemos pensar a manos de quién debemos dar esta antorcha de nuestra gran empresa, ¿quién la llevará adelante y alcanzará la meta del comunismo? Para esto necesitamos gente más joven con más energía, camaradas dedicados y líderes políticos. ¿Y qué significa criar a un líder político dedicado y devoto del Estado? Necesita diez, no, quince años para que podamos hablar de un líder estatal, capaz de continuar con esta antorcha.

Pero solo desear que esto suceda no es suficiente. Educar a tales nuevos cuadros requiere tiempo y participación en el gobierno cotidiano del Estado, aprender de los asuntos prácticos que abarcan toda la gama de planes de aparatos estatales y conceptos ideológicos que eleven a un nivel más alto la construcción de una sociedad socialista, así mismo los camaradas deben ser capaces de reconocer y luchar contra todo tipo de tendencias oportunistas. (...) ¿No es evidente que debemos elevar la importancia y el papel de nuestro partido y sus comités partidarios? ¿Podemos permitirnos no seguir el deseo de Lenin de mejorar el trabajo del partido constantemente?». (Iósif Stalin; Discurso en el Buró Político del Partido Comunista de la Unión Soviética, 16 de octubre de 1952)

Estas últimas declaraciones, meses antes de fallecer, refutan de un plumazo las hipótesis del señor Furr: a) tanto aquella que vienen a especular −sin prueba alguna que Stalin pensaba algo así como disolver el Partido Bolchevique y regirse solamente por los soviets como un vulgar anarquista; b) aquella que sostiene que Stalin consideraba que el partido en la etapa socialismo debía de ser solo un mero «orientador ideológico-cultural», pero no inmiscuirse ni en la economía ni en la política −justo como teorizaban en aquel entonces los titoístas; c) como también aquella hipótesis que plantea que Stalin deseaba la creación de otros partidos y un multipartidismo en el socialismo −teoría política al gusto de maoístas y trotskistas. Elucubraciones todas ellas sin fundamentar.

sábado, 13 de abril de 2019

Recordando la crítica del PCE (m-l) en 1981 a las acciones de ETA


«El problema de fondo hoy en España es la ausencia de democracia real, para el pueblo, y la acumulación y organización de fuerzas orientadas hacia la consecución de este objetivo. (…) Es evidente que las últimas acciones armadas de ETA, muy particularmente, no van en esta dirección y contienen una alta dosis de aventurismo típicamente pequeño burgués. Aunque el radicalismo pequeño burgués pueda encontrar fácil justificación a sus acciones en el indudable carácter reaccionario y hasta canallesco del régimen, el camino de la revolución tiene sus ineludibles exigencias y los últimos atentados de la citada organización nacionalista, entrecruzados además con los del policiaco GRAPO están instigando objetivamente las aspiraciones golpistas del ejército, están sirviendo en bandeja la coartada para toda una serie de medidas y leyes de carácter fascista dirigidas contra el conjunto de la clase obrera y el pueblo y posibilitando la recuperación coyuntural y demagógica de la monarquía y el colaboracionismo, están facilitando la movilización del poder de sectores atrasados y están poniendo, mediante la confusión que  producen diversas trabas al proceso de unidad popular y antifascista. (…) El objetivo de la lucha revolucionaria hoy es ampliar, mediante la unidad y la lucha las pocas y recortadísimas cuotas de libertades conseguidas, lucha que de dirigirse, en las actuales circunstancias, muy fundamentalmente a la acumulación y organización de fuerzas para la revolución y no al desgaste, dispersión y confusión de las mismas. (…) Avanzar y atacar al enemigo en función del nivel de esa acumulación y organización revolucionaria y en función del estado de ánimo y nivel de comprensión de las masas, sin pretender forzar, mediante el aventurismo o el terror individual o grupo, ese avance, al precio de dificultarlo y de facilitar al enemigo todo tipo de engañosas justificaciones para sus brutalidades». (M. Serrada; Terrorismo, manipulación y demagogia; Publicado en «Vanguardia Obrera», Nº 362, 1981)

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¿Los marxistas respetan y apoyan «cualquier tipo de lucha armada»?



¿Históricamente los reformistas o su ala más a la «izquierda» no han contraído alianzas, tesis y han comprado parte del guión propagandístico de los grupos terroristas y viceversa?

viernes, 12 de abril de 2019

Lenin exponiendo los errores antimarxistas de Bordiga


«El camarada Bordiga quería, por lo visto, defender aquí el punto de vista de los marxistas italianos; pero, sin embargo, no ha contestado ni a uno solo de los argumentos aducidos aquí por otros marxistas en defensa de la actividad parlamentaria.

El camarada Bordiga ha reconocido que la experiencia histórica no se crea artificialmente. Acaba de decirnos que es preciso trasladar la lucha a otro terreno. ¿No sabe, acaso, que toda crisis revolucionaria va acompañada de una crisis parlamentaria? Ha dicho, es cierto, que la lucha debe ser trasladada a otro terreno, a los sóviets. Pero el propio camarada Bordiga ha reconocido que los sóviets no pueden ser creados artificialmente. El ejemplo de Rusia demuestra que los sóviets pueden ser organizados o durante la revolución o inmediatamente antes de la revolución. Ya en tiempos de Kerenski, los sóviets –exactamente, los sóviets mencheviques fueron organizados de tal manera que no podían en modo alguno formar parte del poder proletario. El parlamento es un producto del desarrollo histórico que no podremos suprimir de la vida mientras no seamos tan fuertes que estemos en condiciones de disolver el parlamento burgués. Únicamente siendo miembro del parlamento burgués se puede, partiendo de las condiciones históricas concretas, luchar contra la sociedad y el parlamentarismo burgueses. El mismo medio que emplea la burguesía en la lucha debe ser empleado también por el proletariado, como es natural, con fines completamente distintos. No puede usted afirmar que esto no es así, y si quiere impugnarlo, tendrá que tachar de un plumazo la experiencia de todos los acontecimientos revolucionarios del mundo.

Ha dicho usted que los sindicatos son también oportunistas, que también ellos representan un peligro; pero, por otro lado, ha dicho que es preciso hacer una excepción con los sindicatos, pues son una organización obrera. Mas eso es justo sólo hasta cierto punto. También en los sindicatos hay elementos muy atrasados. Una parte de la pequeña burguesía proletarizada, los obreros atrasados y los pequeños campesinos, todos esos elementos piensan, efectivamente, que en el parlamento están representados sus intereses; hay que luchar contra eso actuando en el parlamento y mostrando con hechos la verdad a las masas. A las masas atrasadas no se las puede convencer con la teoría: necesitan la experiencia.

miércoles, 10 de abril de 2019

Los peligros para los revolucionarios de aceptar los puntos de vista de intelectuales pequeño burgueses


«Aquí tenemos a unos representantes de la pequeña burguesía llenos de miedo ante la idea de que los proletarios, impulsados por su posición revolucionaria, puedan «llegar demasiado lejos». En lugar de una oposición política resuelta, mediación general; en lugar de la lucha contra el gobierno y la burguesía, intentos de convencerlos y de atraerlos; en lugar de una resistencia encarnizada a las persecuciones de arriba, humilde sumisión y reconocimiento de que el castigo ha sido merecido. Todos los conflictos impuestos por la necesidad histórica se interpretan como malentendidos y se da carpetazo a todas las discusiones con la declaración de que en lo fundamental todos estamos de acuerdo. Los que en 1848 actuaban como demócratas burgueses pueden llamarse hoy socialdemócratas sin ningún reparo. Lo que para los primeros era la república democrática es para los segundos la caída del régimen capitalista: algo perteneciente a un futuro muy remoto, algo que no tiene absolutamente ninguna importancia para la práctica política del momento presente, por lo que puede uno entregarse hasta la saciedad a la mediación, a las componendas y a la filantropía. Exactamente lo mismo en cuanto a la lucha de clases entre el proletariado y la burguesía. Se le reconoce en el papel, porque ya es imposible negarla, pero en la práctica se la difumina, se la diluye, se la debilita. El Partido Socialdemócrata [#] no debe ser un partido de la clase obrera, no debe despertar el odio de la burguesía ni de nadie. Lo primero que debe hacer es realizar una propaganda enérgica entre la burguesía; en vez de hacer hincapié en objetivos de largo alcance, que asustan a la burguesía y que de todos modos no han de ser conseguidos por nuestra generación, mejor será que concentre todas sus fuerzas y todas sus energías en la aplicación de reformas remendonas pequeñoburguesas, que habrán de convertirse en nuevos refuerzos del viejo régimen social, con lo que, tal vez, la catástrofe final se transformará en un proceso de descomposición que se lleve a cabo lentamente, a pedazos y, en la medida de lo posible, pacíficamente. Esa gente es la misma que, so capa de una febril actividad, no sólo no hace nada ella misma, sino que trata de impedir que, en general, se haga algo más que charlar; son los mismos que en 1848 y 1849, con su miedo a cualquier acción, frenaban el movimiento a cada paso y terminaron por conducirlo a la derrota; los mismos que nunca advierten la reacción y se asombran extraordinariamente al hallarse en un callejón sin salida, donde la resistencia y la huida son igualmente imposibles; los mismos que se empeñan en aprisionar la historia en su estrecho horizonte de filisteos, y de los cuales la historia jamás hace el menor caso, pasando invariablemente al orden del día.

Por lo que respecta a sus convicciones socialistas, ya han sido bastante criticadas en el Manifiesto del Partido Comunista, en el capítulo donde se trata del socialismo alemán o socialismo «verdadero» [*]. Cuando la lucha de clases se deja a un lado como algo fastidioso y «grosero», la única base que le queda al socialismo es el «verdadero amor a la humanidad» y unas cuantas frases hueras sobre la «justicia».

El mismo curso del desarrollo determina el fenómeno inevitable de que algunos individuos de la clase hasta ahora dominante se incorporen al proletariado en lucha y le proporcionen elementos de instrucción. Ya lo hemos señalado con toda claridad en el Manifiesto. Pero aquí conviene tener presente dos circunstancias:

Primera; que para ser verdaderamente útiles al movimiento proletario, esos individuos deben aportar auténticos elementos de instrucción, cosa que no podemos decir de la mayoría de los burgueses alemanes que se han adherido al movimiento; ni Zukunft ni Neue Gesellschaft [6] han dado nada que haya hecho avanzar al movimiento un solo paso. En ellos no encontramos ningún material verdaderamente efectivo o teórico que pueda contribuir a la ilustración de las masas. En su lugar, un intento de conciliar unas ideas socialistas superficialmente asimiladas con los más variados conceptos teóricos, adquiridos por esos señores en la universidad o en otros lugares, y a cual más confusos a causa del proceso de descomposición por que están pasando actualmente los residuos de la filosofía alemana. En lugar de profundizar ante todo en el estudio de la nueva ciencia, cada uno de ellos ha tratado de adaptarla de una forma o de otra a los puntos de vista que ha tomado de fuera, se ha hecho a toda prisa una ciencia para su uso particular y se ha lanzado a la palestra con la pretensión de enseñársela a los demás. De aquí que entre esos caballeros haya tantos puntos de vista como cabezas. En vez de poner en claro un problema cualquiera, han provocado una confusión espantosa, que, por fortuna, se circunscribe casi exclusivamente a ellos mismos. El partido puede prescindir perfectamente de unos educadores cuyo principio fundamental es enseñar a los demás lo que ellos mismos no han aprendido.

Segunda; que cuando llegan al movimiento proletario tales elementos procedentes de otras clases, la primera condición que se les debe exigir es que no traigan resabios de prejuicios burgueses, pequeñoburgueses, etc., y que asimilen sin reservas el enfoque proletario. Pero estos señores, como ya se ha demostrado, están atiborrados de ideas burguesas y pequeñoburguesas, que tienen sin duda su justificación en un país tan pequeñoburgués como Alemania, pero únicamente fuera del Partido Obrero Socialdemócrata. Si estos señores se constituyen en un partido socialdemócrata pequeñoburgués, nadie les discutirá el derecho de hacerlo; en tal caso, podríamos entablar negociaciones, formar en ciertos momentos bloques con ellos, etc. Pero en un partido obrero constituyen un elemento corruptor. Si por ahora las circunstancias aconsejan que se les tolere, debemos comprender que la ruptura con ellos es únicamente cuestión de tiempo, siendo nuestro deber el de tolerarlos únicamente, sin permitir que ejerzan alguna influencia sobre la dirección del partido. Además, parece ser que el momento de ruptura ya ha llegado. No podemos comprender en modo alguno cómo puede el partido seguir tolerando en sus filas a los autores de ese artículo. Y si hasta la dirección del partido cae en mayor o menor grado en manos de esos hombres, quiere decir simplemente que el partido está castrado y que ya no le queda vigor proletario.

En cuanto a nosotros, y teniendo en cuenta todo nuestro pasado, no nos queda más que un camino. Durante cerca de cuarenta años hemos venido destacando la lucha de clases como fuerza directamente propulsora de la historia, y particularmente la lucha de clases entre la burguesía y el proletariado como la gran palanca de la revolución social moderna. Esta es la razón de que no podamos marchar con unos hombres que pretenden extirpar del movimiento esta lucha de clases. Al ser fundada la Internacional, formulamos con toda claridad su grito de guerra: la emancipación de la clase obrera debe ser obra de los obreros mismos [**]. No podemos, por consiguiente, marchar con unos hombres que declaran abiertamente que los obreros son demasiado incultos para emanciparse ellos mismos, por lo que tienen que ser liberados desde arriba, por los filántropos de la gran burguesía y de la pequeña burguesía. Si el nuevo órgano de prensa del partido sigue una orientación en consonancia con los puntos de vista de esos señores, si en vez de un periódico proletario se convierte en un periódico burgués, no nos quedará, por desgracia, más remedio que manifestar públicamente nuestro desacuerdo y romper la solidaridad que hemos tenido con ustedes al representar al partido alemán en el extranjero. Pero es de esperar que las cosas no lleguen a tal extremo»». (Karl Marx y Fridrich Engels; De la carta circular a A. Bebel, W. Liebknecht, W. Bracke y otros, 1879)

Anotaciones de la edición:

[6] Die Zukunft [«El porvenir»]: revista de orientación socialreformista que aparecía en Berlín desde octubre de 1877 hasta noviembre de 1878. La editaba K. Höchberg. Marx y Engels criticaban acerbamente la revista por sus intentos de llevar al partido a la vía reformista. Die Neue Gesellschaft [«La nueva sociedad»]: revista socialreformista, aparecí en Zurich de 1877 a 1880.

[*] Véase: Marx & Engels, Obras Escogidas en tres tomos (Editorial Progreso, Moscú, 1974), t. I, págs. 133-135.

[**] K. Marx, «Estatutos Provisionales de la Asociación». (N. de la Edit.)

Anotaciones de Bitácora (M-L):

[#] «El término socialdemócrata es un término que ha evolucionado desde hace siglos, antiguamente se autocalificaban socialdemócratas o socialistas tanto los reformistas –que pensaba en llegar al socialismo por medio de reformas progresivas de la sociedad capitalista–, los revisionistas –que reconocían y decían basarse en Marx y Engels pero revisaban injustificadamente la parte cardinal de sus tesis centrales acercándose a corrientes antimarxistas–, como los marxistas revolucionarios –que era propiamente marxistas y que sólo actualizaban las tesis de Marx si la época lo requería, sin alterar la esencia revolucionaria del marxismo–. Durante el cisma entre los socialdemócratas revolucionarios encabezados por Lenin y los socialdemócratas socialchovinistas encabezados por Karl Kautsky durante la Primera Guerra Mundial, los primeros rechazaron seguir identificando a sus partidos como socialdemócratas y los denominarían en adelante como partidos comunistas, más tarde también llamados marxista-leninistas. A partir de entonces el término socialdemócrata quedaría pues en manos de autodenominados «marxistas» que revisaban a Karl Marx y volvían a los conceptos de los autores reformistas y de otras corrientes ajenas al marxismo, se agruparon en la Internacional Obrera y Socialista de 1923-1939. Posteriormente el término sería usado por los partidos de la Internacional Socialista fundada en 1951. Tras la Segunda Guerra Mundial el mero hecho de que los socialdemócratas contemporáneos hubieran renunciado incluso en sus estatutos de partido al marxismo evidenciaba su alto grado de degeneración». (Equipo de Bitácora (M-L); Terminológico, 2015)

domingo, 7 de abril de 2019

Los partidos comunistas, su organización y su funcionamiento


«14. El partido comunista debe estar basado en una centralización democrática. La constitución mediante elecciones de los comités secundarios, la sumisión obligatoria de todos los comités al comité superior y la existencia de un centro provisto de plenos poderes cuya autoridad no puede, en el intervalo entre los congresos del partido, ser cuestionada por nadie, esos son los principios esenciales de la centralización democrática.

15. Toda una serie de partidos comunistas en Europa y en América son puestos al margen de la legalidad por el estado de excepción. Es conveniente recordar que el principio electivo puede sufrir, bajo esas condiciones, algunos inconvenientes y que puede ser necesario acordar a los órganos directivos del partido el derecho a designar nuevos miembros. Así ocurrió en Rusia. Durante el estado de excepción, el partido comunista evidentemente no puede recurrir al referéndum democrático siempre que se plantee un problema grave –como pretendía un grupo de comunistas norteamericanos–. Por el contrario, debe darle a su núcleo dirigente la posibilidad y el derecho de decidir rápidamente en el momento oportuno, en nombre de todos los miembros del partido.

16. La reivindicación de una amplia «autonomía» para los grupos locales del partido en estos momentos no puede sino debilitar las filas del partido comunista, disminuir su capacidad de acción y favorecer el desarrollo de las tendencias anarquistas y pequeño burguesas opuestas a la centralización.

17. En los países donde el poder se halla todavía en manos de la burguesía o de la socialdemocracia contrarrevolucionaria, los partidos comunistas deben yuxtaponer sistemáticamente la acción legal y la acción clandestina. Esta última siempre debe controlar efectivamente a la primera. Los grupos parlamentarios comunistas, al igual que las fracciones comunistas que operan en el seno de las diversas instituciones estatales, tanto centrales como locales, deben estar totalmente subordinados al partido comunista, cualquiera que sea la situación, legal o no, del partido. Los funcionarios que de una u otra manera no se someten al partido comunista deben ser expulsados. La prensa legal –diarios, ediciones diversas– debe depender en todo y para todo del conjunto del partido y de su comité central». (Komintern; Resolución sobre el papel del partido comunista en la revolución proletaria, 1920)

viernes, 5 de abril de 2019

Engels explicando porqué no toda estatización significa una socialización


«Llegados a un cierto nivel de desarrollo, ya no basta siquiera esa forma: el representante oficial de la sociedad capitalista, que es el Estado, se ve obligado a asumir la dirección [1]. Esta necesidad de transformación en propiedad del Estado aparece ante todo en las grandes empresas que sirven a la organización del transporte y las comunicaciones: los correos, el telégrafo, los ferrocarriles». (Friedrich Engels; El Anti‑Duhring, o, La revolución de la ciencia de Eugenio Duhring, 1878)

Notas de Engels:

[1] Digo que se ve obligado. Pues sólo cuando los medios de producción o del transporte han rebasado realmente la posibilidad de ser dirigidos por sociedades anónimas, sólo cuando la estatización se ha hecho inevitable económicamente, y sólo en este caso, significa esa medida un progreso económico, aunque sea el actual Estado el que la realiza: significa la consecución de un nuevo estadio previo a la toma de posesión de todas las fuerzas productivas por la sociedad misma. Pero, recientemente, desde que Bismarck se dedicó también a estatizar, se ha producido cierto falso socialismo que ya en algunos casos ha degenerado en servicio al Estado existente– para el cual toda estatización, incluso la bismarckiana, es sin más socialista. La verdad es que si la estatización del tabaco fuera socialista, Napoleón y Metternich deberían contarse entre los fundadores del socialismo. Cuando el Estado belga construyó sus propios ferrocarriles por motivos políticos y financieros muy vulgares, o cuando Bismarck estatizó sin ninguna necesidad económica las líneas férreas principales de Prusia, simplemente por tenerlas mejor preparadas para la guerra y poder aprovecharlas mejor militarmente, así como para educar a los funcionarios de ferrocarriles como borregos electorales del gobierno y para procurarse, ante todo, una fuente de ingresos nueva e independiente de las decisiones del parlamento, en ninguno de esos casos se dieron, directa o indirectamente, consciente o inconscientemente, pasos socialistas. De serlo éstos, también serían instituciones socialistas la Real Compañía de Navegación, las Reales Manufacturas de Porcelana y hasta los sastres de compañía del ejército.

miércoles, 3 de abril de 2019

La revolución, cuáles son los medios decisivos para derrocar al capitalismo?


«Al describir las formas de lucha de clases del proletariado, los fundadores del marxismo determinaron de manera integral la importancia de medios de lucha tales como huelgas, manifestaciones, participación en parlamentos, levantamientos armados, etc.

«Ahora bien, la lucha de clase del proletariado reviste formas muy diversas. Lucha de clase es, por ejemplo, la huelga, lo mismo la parcial que la general. Lucha de clase es, indudablemente, el boicot, el sabotaje. Lucha de clase son también las manifestaciones, la participación en los organismos representativos y otros, lo mismo si son parlamentos centrales que órganos de la administración autónoma local. Todo ello son formas distintas de una y la misma lucha de clase». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; ¿Anarquismo o socialismo?, 1906)

Lenin y Stalin enseñan que el proletariado necesita cada una de estas formas. El partido del proletariado debe poseer todas las formas de lucha de clases, avanzando y utilizando cada una de ellas de acuerdo con un contexto histórico específico. Ella debe combinar hábilmente formas de lucha legales e ilegales, parlamentarias y extraparlamentarias. El intentar excluir cualquiera de estas formas de una vez por todas, rechazando las otras, Lenin y Stalin siempre lo rechazaron resueltamente como algo metafísico, unilateral y dañino. Al mismo tiempo, Lenin y Stalin señalaron que las huelgas, los boicots, la participación en los parlamentos, las manifestaciones, solamente son medios preparatorios, pero ninguna de estas formas de lucha, tomadas por separadas, son el medio decisivo para que el proletariado pueda destruir el capitalismo.

Así, por ejemplo, una huelga general representa un medio poderoso de lucha del proletariado, pero el capitalismo no puede ser destruido solo por una huelga general. Esto fue confirmado vivamente por la huelga general en Inglaterra en mayo de 1926, en la que participaron más de 5 millones de trabajadores. A pesar de la enorme escala del movimiento, esta huelga fracasó. Al restringir la huelga a una lucha económica, los traidores a la clase obrera, el Partido Laborista y los líderes sindicales reaccionarios lo condenaron a un inminente fracaso.

«Porque, como lo muestra la historia, una huelga general que no pase a los cauces de la lucha política, debe fracasar inevitablemente». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; La huelga inglesa y los sucesos en Polonia, 1926)

No es un medio decisivo para derrocar al capitalismo y la lucha parlamentaria. Los oportunistas de la II Internacional y sus sucesores más viles, los actuales socialistas de derecha, consideran la lucha parlamentaria como la principal forma de lucha, predicando la posibilidad de la conquista pacífica del poder por parte del proletariado. Lenin y Stalin expusieron despiadadamente tales políticas traicioneras.

«Limitar la lucha de clases para luchar dentro del parlamento, o considerar a este último supremo, decisivo, subordinando otras formas de lucha a uno mismo, significa en realidad ponerse del lado de la burguesía en contra del proletariado». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Elecciones a la Asamblea Constituyente y la dictadura del proletariado, 1919)

Los temas fundamentales de la lucha de clases no se deciden por votación, sino por todas las formas de lucha de clases, hasta incluir el levantamiento armado y la guerra civil. Es por eso que los comunistas, aunque no rechazan la participación en el parlamento, están luchando resueltamente contra las «ilusiones parlamentarias», contra las ideas oportunistas sobre la posibilidad de que el proletariado alcance el poder sin una lucha seria, solamente ganando la mayoría de los votos. Después de la Segunda Guerra Mundial, los franceses, los italianos, tuvieron que luchar contra esas «ilusiones parlamentarias» oportunistas en sus filas [1].

Lenin y Stalin enseñan que la revolución socialista es el medio decisivo por el cual el proletariado puede derrocar al sistema capitalista. El proletariado debe organizarse bajo el liderazgo del partido comunista y lanzar un ataque decisivo contra la burguesía para destruir el capitalismo. Y esto no se puede lograr sin peleas abiertas entre clases, sin insurrección armada, que es la forma más aguda y decisiva de la lucha de clases. Sin prepararse para una lucha armada, sin crear una guardia proletaria, es inconcebible derrotar al sistema obsoleto. Esto se enseña en la experiencia de las tres revoluciones rusas, y especialmente en la Gran Revolución Socialista de Octubre de 1917». (Academia de las Ciencias de la URSS; Materialismo histórico, 1950)