En esta sección abordaremos que al igual que en la cuestión de la tardanza en exponer a otras corrientes y gobiernos revisionistas, el PTA incurrió una y otra vez en contradicciones e incoherencias en su política exterior que mermaron su credibilidad como avanzadilla dentro del mundo revolucionario. Los subcapítulos a desarrollar serán los siguientes:
a) El romanticismo idealista y la diplomacia burguesa nunca ayudan a las luchas de los pueblos;
b) El PTA vuelve a ser seducido por los gobiernos reaccionarios del «tercer mundo» y «segundo mundo»;
c) ¿Por qué en el seno del PTA se intentó rehabilitar al revisionismo rumano?;
d) ¿Hubo una falta de apoyo del PTA hacia los movimientos marxista-leninistas?;
e) ¿Por qué afirmamos que «The Worker’s Advocate» no puede ser un referente serio para los revolucionarios de hoy?
El romanticismo idealista y la diplomacia burguesa nunca ayudan a las luchas de los pueblos
En cuanto a política exterior, en varias ocasiones el Partido del Trabajo de Albania (PTA) sí se apegó a los cánones marxista-leninistas sobre las relaciones de los países socialistas con los países capitalistas:
«El Partido del Trabajo de Albania estaba de acuerdo en establecer con la República Federativa Popular de Yugoslavia relaciones estatales de buena vecindad, relaciones comerciales y culturales, si las normas de la coexistencia pacífica entre Estados con regímenes diferentes se respetaban, puesto que para el Partido del Trabajo de Albania, la Yugoslavia titoísta jamás ha sido, no es, ni será un país socialista mientras tenga a su cabeza a un grupo de renegados y agentes del imperialismo. (...) Coexistencia pacífica entre dos sistemas opuestos no quiere decir, como pretenden los revisionistas contemporáneos, que tengamos que renunciar a la lucha de clases. Por el contrario, la lucha de clases ha de proseguir, y debe fortalecerse cada vez más la lucha política contra el imperialismo, contra la ideología burguesa y la revisionista». (Enver Hoxha; Discurso pronunciado en nombre del Comité Central del Partido del Trabajo de Albania en la Conferencia de los 81 Partidos Comunistas y Obreros en Moscú, 1960)
En cambio, otras tantas veces, se llegó a desviar de estos principios incurriendo en maximalismos y exageraciones desorbitadas sobre lo que debería ser la política exterior de un país revolucionario:
«Los capitalistas y revisionistas miden el grado de aislamiento de un país en relación a su comercio. Nosotros hemos comerciado y comerciamos con todos los países, a excepción de los Estados Unidos, la Unión Soviética, España, Israel y algunos otros Estados gobernados por fascistas y racistas». (Enver Hoxha; Informe en el VII Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1976)
Teorizar que un país socialista, es decir, que está en el periodo de transición el capitalismo al comunismo, no puede comerciar con las potencias de la época, con los países fascistas o simplemente con regímenes altamente reaccionarios, significa caer en el infantilismo más ramplón. La URSS de Lenin y Stalin, establecieron acuerdos comerciales con las potencias imperialistas, como la Alemania de la República de Weimar o Francia. También con la Italia fascista, así como con muchos regímenes vecinos reaccionarios y altamente anticomunistas.
Por ejemplo, la URSS en tiempos de Lenin firmó el Tratado de Rapallo de 1922, dicho acuerdo sancionó no solo acuerdos comerciales, sino que también permitió que el ejército alemán realizara simulacros militares en territorio soviético −eludiendo el Tratado de Versalles−. También se buscó el acuerdo comercial con EE.UU. e Inglaterra durante muchos años hasta que por fin se logró. La propia Albania de los años 70 comerciaba en ese momento y mantenía intercambios culturales con la Yugoslavia de Tito, un régimen de sobra conocido por su anticomunismo y política antialbanesa, considerado para el movimiento de los años 50 como un gobierno de política «fascista», sin que todo ello supusiese rebajar la crítica ideológica ni interrumpiese el flujo comercial. Albania también mantenía relaciones económicas y culturales con los «imperialistas italianos» y los «monarco-fascistas» griegos. ¿Acaso esto era más lícito? Este tipo de declaraciones contradictorias solo podían causar desorientación en los cuadros de los partidos marxista-leninistas, por recomendar un «izquierdismo» en política exterior, mientras, en cambio, poco tiempo más tarde, no nos costará observar cómo el PTA se escoraría hacia el extremo opuesto: pasando de la condescendencia a la diplomacia formal burguesa.
En otro capítulo anterior, ya fuimos testigos de cómo el Partido del Trabajo de Albania (PTA) sostuvo durante un tiempo la nefasta teoría que daba a entender que del franquismo no se podía pasar a una democracia burguesa. Pues, aunque no en el mismo sentido, hubo ciertas nociones con un tronco bastante similar respecto a las relaciones internacionales que mantenía el gobierno albanés. Véase el capítulo de Bitácora (M-L): «El dogmatismo metafísico no concibe la posibilidad de que la burguesía transite del fascismo a la democracia burguesa» (2020).
Resulta curioso que conforme el PTA se fue alejado de esa visión maximalista de y se fue acercando hacia una política excesivamente pragmática, algunos de sus grupos simpatizantes comenzaron a dudar de su nueva línea.
Ejemplo de ello es el grupo grupo canadiense Union Bolchévique du Canada (UBC) y su obra: «El Partido del Trabajo de Albania llegó a Canadá bajo una bandera robada» (1979). Allí se denunció con argumentaciones de peso y pruebas muy bien documentadas que la política del PTA no había sido coherente en la lucha contra el jruschovismo y el maoísmo, puesto que se habían hecho concesiones ideológicas en la Conferencia de Moscú de 1957 y 1960 respectivamente, algo que como vimos anteriormente era totalmente cierto. Véase el capítulo de Bitácora (M-L): «Los méritos del PTA en la lucha contra el revisionismo no deben de hacernos olvidar sus vacilaciones y debilidades» (2025).
Por ejemplo, este grupo canadiense, la UBC, anotó que a finales de los 70, incluso después de su batalla abierta contra el maoísmo, Tirana tampoco se era del todo consecuente con lo que conocía en el panorama internacional, intentando aliarse con gente que simplemente era ambiciosa, zalamera o buscaba reconocimiento o ayudas económicas. Por ejemplo, a la UCB no le pareció correcto que el PTA abalase el proyecto de Hardial Bains, líder del Partido Comunista de Canadá (marxista-leninista), cuyo oportunismo ya era bastante notorio a nivel mundial, pero extrañamente ni el PTA ni el PCE (m-l) tuvieron el menor atisbo de protesta o crítica hacia él, por el contrario, siempre mantuvieron fuertes vínculos. Evidentemente esto a futuro les pasó factura a ambos, ya que estos colectivos se encontraron en unos pocos años sin aliados fiables que les hablasen con franqueza cuando daban un paso en falso, ahondando las relaciones formales y complacientes; en definitiva, animando la mediocridad. Si alguien duda del oportunismo del señor Bains, uno puede hoy consultar libremente los documentos de su partido canadiense para comprobar que, como tantos otros, acabó sus días convertido en un tercermundista más del montón, siendo especialmente halagador hacia la Cuba de los Castro.
La UBC no estaba tampoco libre de confusiones groseras pese a ser supuestamente un grupo antimaoísta: trataba de exonerar a Mao de las políticas revisionistas de China, y defendía, según lo que había oído a otros grupos, algunas de sus teorías con la clásica retahíla de que fueron grandes «aportes al marxismo-leninismo» −aunque no era capaz de mencionarlos o argumentarlos sin exponerse al ridículo−. Ahora, al César lo que es del César. Siendo honestos, las críticas que la UBC realizó aquí sobre la política exterior del PTA en su mayoría eran justas. Nosotros no evaluamos los argumentos en base a de qué estructura provengan, de si son partidos grandes o pequeños, de si son revisionistas o no, sino de si presentan argumentos sólidos o no como para reflexionar.
Dicho esto, en aquellos días la UBC hizo un trabajo magnífico exponiendo y criticando los comunicados albaneses como el siguiente:
«Haxhi Lleshi. El presidente del Presídium de la Asamblea Popular del PSR de Albania ha enviado el siguiente mensaje a Margrethe II, Reina de Dinamarca:
Con motivo del cumpleaños nacional de Dinamarca, tengo el placer de enviar mis felicitaciones y mis mejores deseos para la felicidad del pueblo danés y su propia felicidad». (Agencia Telegráfica Albanesa, Tirana, 15 de abril de 1979)
Con Marruecos:
«Haxhi Lleshi, presidente del Presídium de la Asamblea Popular del RPS de Albania, envió un mensaje de saludo al Rey Hassan de Marruecos. El mensaje decía:
Con motivo del día nacional de Marruecos, tengo el placer de enviarles, en nombre del Presídium de la Asamblea Popular de la RPS de Albania y en mi propio nombre, los mejores deseos para la prosperidad del pueblo marroquí». (Agencia Telegráfica Albanesa, Tirana, 3 de marzo de 1978)
Con Argelia:
«[La RPS de Albania] envía sus deseos cordiales por su elección al alto cargo de Primer Ministro del gobierno argelino». (Agencia Telegráfica Albanesa, Tirana, 13 de marzo de 1978)
¡¿Qué sentido tenían este tipo de declaraciones?! ¿Qué pensaría el proletariado danés, marroquí o argelino de estas «formalidades burguesas»? ¿Qué necesidad tiene un gobierno revolucionario de desearles felicidad a Jefes de Estado como reinas o reyes, o felicitar la elección como Presidente de cualquier militar nacionalista de turno? No contestaremos nosotros, sino los propios albaneses:
«[China] Mantiene un gran comercio internacional, es posible que también conceda créditos, pero en todos los lados se ve claramente que de manera particular dedica mucha importancia a sus lazos con los jefes de los regímenes de esos países e intenta ponerlos de relieve. Debemos decir que los vínculos interestatales no pueden ser evitados, pero actuar de forma «tan amistosa» con los cabecillas de la burguesía dominante, como hace China, demuestra de forma absolutamente evidente que se ha olvidado del aspecto de clase de las relaciones entre los Estados». (Enver Hoxha; La política de China carece de un eje proletario; Reflexiones sobre China, Tomo II, 31 de julio de 1975)
En otro documento albanés muy interesante titulado: «La teoría del mundo no alineado» y la «teoría de los tres mundos» unidas en defensa del status quo» (1978), se criticaban excelentemente unas ideas que todavía hoy dominan la política internacional. En cambio, se insertaban frases contradictorias que iban en contra de algunos tramos del propio artículo. La UBC citó asombrada extractos del artículo:
«También hay líderes realistas de varios Estados africanos que se esfuerzan por fortalecer la unidad de los pueblos y estados africanos contra el imperialismo y el neocolonialismo y contra cualquier interferencia en sus asuntos internos. Estos líderes no pueden dejar de disfrutar del apoyo de todas las fuerzas progresistas y amantes de la libertad del mundo». (Albania Hoy, Nº4, 1978)
Aunque el PTA era conocido por dar a las delegaciones de otros países una opinión franca de la geopolítica internacional, en este artículo extrañamente se proclamó:
«No nos corresponde a nosotros decir cómo deben actuar tales Estados, sino que deben defenderse sus buenas acciones. Cada pueblo sabe hacer su propio juicio de las buenas y malas intenciones de sus líderes». (Albania Hoy, Nº4, 1978)
¡Lo que leen! Era normal que estas frases causasen la indignación entre grupos como la UBC. ¿A quién le corresponde hacer de juez sobre el carácter de las acciones de otros gobiernos, sino a un país que está construyendo una sociedad nueva? ¿Qué tipo de complejo debe de tener uno como para pensar lo contrario? Esta declaración venía a decir que la República Popular Socialista de Albania aplaudiría cuando el resto de países mantuviera una posición correcta, pero que, en caso de no ser así, no tratarían de persuadir a sus dirigentes o de denunciarlos ante su pueblo cuando estos no quisieran salir de su error. Esto, por otra parte, entraba en contradicción con lo que el PTA hacía en ese mismo artículo denunciando la falsa política del «no alineamiento» y la «teoría de los tres mundos». Esta posición de modestia y paciencia franciscana no tiene nada que ver con la actitud de un revolucionario, el cual es consciente de su superioridad ideológica y trata de ayudar al resto al igual que a él le deben ayudar otras veces. A esta actitud de los jefes balcánicos, vista hoy, casi se la puede calificar como «omisión de socorro».
Incluso si seguimos leyendo un poco más de lo que citó la UBC, tampoco los albaneses especificaban mucho más, demostrando que en ocasiones también practicaban un lenguaje sibilino:
«Pero tales líderes se oponen, tanto a los imperialistas como a los defensores del «mundo no alineado» y la «teoría de los tres mundos», considerándolos estos a su vez como radicales e indeseables. Sin embargo, los pueblos africanos ya tienen una larga experiencia de lucha contra los opresores extranjeros y sus diversos lacayos para discriminar entre quienes realmente les defienden y quienes les traicionan». (Albania Hoy, Nº4, 1978)
¿Qué «líderes realistas» eran estos? ¿Tenía en mente el autor a alguno de los mandamases de los gobiernos africanos? Si por el contrario la referencia hacia los «antiimperialistas consecuentes» iba hacia los líderes de los partidos marxista-leninistas, ¿por qué tampoco se decía sin más miramientos? No lo podemos saber. Viendo estas citas, no podemos dejar de recordar que, como dijo Lenin, si queremos evitar caer en el cenagal de la politiquería burguesa, debemos de evitar hablar bajo sus fórmulas, entre las cuales se incluyen la ambigüedad y los juegos de equilibrismo:
«Cuando se habla de lucha contra el oportunismo, no hay que olvidar nunca un rasgo característico de todo el oportunismo contemporáneo en todos los terrenos: su carácter indefinido, difuso, inaprehensible. El oportunista, por su misma naturaleza, esquiva siempre plantear los problemas de un modo preciso y definido, busca la resultante, se arrastra como una culebra entre puntos de vista que se excluyen mutuamente, esforzándose por «estar de acuerdo» con uno y otro, reduciendo sus discrepancias a pequeñas enmiendas, a dudas, a buenos deseos inocentes, etc». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Un paso adelante, dos pasos atrás, 1904)
La idea romántica de pensar que «los pueblos que han sufrido mucho» y que tienen una «larga experiencia de lucha contra el invasor extranjero» sabrán siempre elegir buenos dirigentes, o que sus jefes sabrán distinguir entre «amigos» y «enemigos» internacionales, es una esperanza burda que nada aporta a la cuestión real sobre los problemas a los que se enfrenta dicho pueblo y el cómo solucionarlos. Como observamos atrás, el propio Hoxha tuvo esas mismas esperanzas sobre Vietnam, y el tiempo confirmaría que, para su desdicha, esto fue hacerse falsas esperanzas. Al menos, y en eso debemos ser justos, sí hizo las pertinentes advertencias a sus líderes sobre lo que suponía ligarse a los jruschovistas. Véase la obra de Enver Hoxha: «Si se configura una política marxista-leninista llevará hasta la victoria a cualquier nación sea un país grande o pequeño» (1968).
Hubo muchísimos países africanos que cayeron en la órbita del imperialismo estadounidense o del socialimperialismo soviético pese a las advertencias del PTA a dichos gobiernos. Años después de un encuentro albanés con una delegación congoleña en 1970, donde Enver Hoxha realizó varias advertencias a los dirigentes del país africano sobre las consecuencias de ligarse a la URSS, este, curiosamente, se convertiría en uno de los más prosoviéticos de la región, contrayendo una deuda importante tanto con la URSS como con el FMI. Véase la obra de Enver Hoxha: «Apoyándose en las masas, el Partido marxista-leninista asegura la libertad del pueblo y la independencia de la patria» (1970).
Ergo, sin no existe un nivel ideológico básico, pensar que las dirigencias y los pueblos sabrán de modo espontáneo optar por el camino correcto es casi una fe religiosa de que el «bien» vencerá al «mal» de forma espontánea, como si estuviera decidido o fuera cosa del destino. La única posibilidad de que esto ocurra en términos políticos es bajo la existencia en dicho país de un núcleo de vanguardia fuertemente unido en torno a las masas, el cual debe contar con un estricto control mutuo partido-pueblo y extender una elevada formación ideológica y cultural a toda la sociedad. Todo lo demás es negar la importancia del papel consciente en los procesos transformadores. En el plano internacional, igual que no se puede «exportar la revolución», también es faltar al «deber internacionalista» el hecho de que los partidos y líderes más avanzados en lo ideológico no asistan en lo posible a las organizaciones y líderes que van a la zaga. Vamos más allá: durante este intercambio de contactos y ayuda mutua ninguno de los dos partícipes debe de edulcorar la realidad, ahorrar palabras que expliquen a fondo los problemas internos o que oculten las críticas hacia el aliado que tiene en frente. Quien se preste a esto en pro de «mantener las formas» o por miedo a quebrantar la «unidad», es porque está fuera de las coordenadas de las cuales debería estar. Bajo una relación de compañerismo no puede haber formalidades ni desconfianza, porque no es una colaboración interesada, sino honrada. Todo lo demás son zarandajas.
En otro orden de cosas, como hemos repetido hasta la saciedad, una acción concreta que objetivamente vaya contra el imperialismo no hace antiimperialista a una figura, un partido o un gobierno. Sería como decir que alguien es marxista-leninista porque declara su ateísmo, pero quizás hasta su ateísmo no está basado en el materialismo sino en el idealismo, en un momento de incertidumbre o en un arrebato temporal. La historia en plena época del imperialismo y el neocolonialismo, ha demostrado lo equivocado de creer que con la consecución de la independencia estatal estos países han alcanzado soberanía político-económica, proclaman automáticamente que son estandartes del antiimperialismo sin pararse a ver el desarrollo de dichos gobiernos una vez alcanzada la independencia estatal. La gran mayoría de ellos una vez adquirido la soberanía estatal han caído en la dependencia económica de los imperialistas e incluso a veces de sus mismos viejos amos coloniales, convirtiéndose así de colonias a neocolonias; independientes estatalmente, pero dependientes económicamente y por extensión políticamente. Acabaron enredados a través de deudas, pactos comerciales, invasión de capital extranjero y pactos militares que les inmovilizan.
Si el lector desea estudiar los fenómenos del colonialismo y el neocolonialismo, recomendamos indagar en la obra citada más arriba u otras del mismo sesgo. Véase el capítulo de Bitácora (M-L): «La burguesía contemporánea no necesita del colonialismo del siglo XIX para imponer su dominio o ser agresiva» (2021).
En conclusión, todo esto en lo que incurría el PTA era debilidad o abandonar su responsabilidad:
«De acuerdo con su tarea fundamental de luchar contra la democracia burguesa y denunciar su falsedad e hipocresía, el partido comunista, intérprete consciente de la lucha del proletariado por derrocar el yugo de la burguesía, tampoco debe considerar fundamental, en lo que respecta al problema nacional, principios abstractos o formales, sino: primero, apreciar con exactitud histórica concreta y, ante todo, la situación económica; segundo, destacar los intereses de las clases oprimidas, los trabajadores, los explotados, distinguiéndolos con absoluta claridad del concepto general de intereses de toda la nación en conjunto, que significa los intereses de la clase dominante». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Esbozo inicial de las tesis sobre los problemas nacional y colonial; Para el II Congreso de la Internacional Comunista, 1920)
Jamás hay que negar la diferenciación económica entre países dominantes y dominados económicamente y, por ende, también políticamente, pero es un enorme desatino tercermundista elevar esa contradicción del mundo capitalista al estado de mayor contradicción de nuestra época como hacen los neomaoístas contemporáneos, cuando, como todos saben aquellos que miren a la realidad de frente, es la contradicción capital-trabajo la principal que nuclea las relaciones de nuestra época. Véase la obra de Bitácora (M-L): «Sobre la nueva corriente maoísta de moda: los «reconstitucionalistas» (2021).
Tampoco se puede eludir el hecho de que apuntar a las burguesías extranjeras sin fijarse en la nacional es una desviación clásica del tercermundismo, que generalmente no es otra cosa que socialdemocratismo populista con aspiraciones de expansión nacionalista:
«Es absurdo pretender que hace falta luchar únicamente contra los enemigos imperialistas del exterior, sin combatir ni golpear simultáneamente a los enemigos internos, aliados y colaboradores del imperialismo, a todos los factores que obstaculicen esta lucha. Hasta el presente jamás ha existido lucha de liberación ni se ha desarrollado alguna revolución nacional-democrática y antiimperialista que no se haya enfrentado a enemigos internos, a reaccionarios y traidores, a elementos vendidos y antinacionales. (…) Los hechos confirman que en la actualidad, también la revolución de liberación antiimperialista y democrática puede desarrollarse consecuentemente y ser llevada hasta el fin sólo si es dirigida por el proletariado, con su partido a la cabeza y en alianza con las amplias masas del campesinado y las otras fuerzas antiimperialistas y patrióticas». (Enver Hoxha; La teoría y la práctica de la revolución, 1977)
Se ha comprobado que las expresiones políticas nacionalistas como el «panafricanismo», el «socialismo árabe», los países «no alineados», el «tercermundismo», así como sus respectivos gobiernos, no solo eran reaccionarios en muchos campos, sino que estaban ligados de mil formas con el imperialismo y el socialimperialismo, ante el cual claudicaban cada vez que se les daba oportunidad:
«La burguesía, que es quien detenta el poder en estos países, protege precisamente esa sociedad capitalista que el proletariado, en alianza con las capas pobres del campo y de la ciudad, busca derrotar. Constituye esa clase alta que, en aras de sus mezquinos intereses, está dispuesta, en cualquier momento y ante cualquier contingencia, a entregar al capitalismo extranjero las riquezas del país, del suelo y del subsuelo, a endeudar la libertad, la independencia y la soberanía de la patria. Esta clase, allí donde está en el poder, se opone a la lucha y a las aspiraciones del proletariado y de sus aliados, las clases y las capas oprimidas. Muchos de los Estados, que la dirección china engloba en el «tercer mundo», no están en contra del imperialismo norteamericano y del socialimperialismo soviético. Calificar estos Estados de «fuerza motriz principal de la revolución y de la lucha contra el imperialismo», como predica Mao Zedong, es un error tan grande como el Himalaya. (...) La mayoría de los Estados, que supuestamente forman el «tercer mundo» o el «mundo no alineado», dependen del capital financiero extranjero, que es tan fuerte, tan vasto, que ejerce un peso decisivo en toda la vida de los mismos. Estos Estados no gozan de una independencia plena, por el contrario, dependen de ese gran capital financiero que es quien hace una política y difunde una ideología que justifica la explotación de los pueblos». (Enver Hoxha; El imperialismo y la revolución, 1978)
Por ello, corresponde a los marxista-leninistas, y solamente a ellos, llevar a término una revolución social que ponga fin, entre otras cosas, a la cuestión antiimperialista y construya verdaderamente una soberanía nacional y popular.
Las declaraciones vistas hasta ahora de la Agencia Telegráfica Albanesa en 1978 estaban abiertamente en contra lo que el propio Hoxha dijo en varias ocasiones:
«Estamos en contra de los teóricos revisionistas que predican que ahora, toda lucha revolucionaria debe ser reducida a la lucha por la independencia nacional, por conquistarla y defenderla frente a la agresión de las potencias imperialistas, negando la lucha por la liberación social. Parecen ignorar que la victoria de esta última asegura al mismo tiempo la libertad, la independencia y la soberanía nacional de forma plena y completa. Estos abogados del régimen explotador «olvidan» que la lucha de clases entre el proletariado y sus aliados, por un lado, y la burguesía del país y sus aliados del exterior, por el otro, prosigue siempre de forma encarnizada y que un día conducirá a ese momento preciso, a esa «situación revolucionaria», como dice Lenin, en la que revolución estalla. Las condiciones cada vez más favorables que se crean en el mundo para el amplio desarrollo de las revoluciones antiimperialistas y democráticas y para que estén dirigidas por el proletariado, deben ser aprovechadas para pasar de la lucha por la independencia nacional a una fase más avanzada, a la lucha por el socialismo. Lenin nos enseña que la revolución debe ser llevada hasta el final, liquidando a la burguesía y su poder, y recalcó con especial insistencia que sólo sobre esta base se puede hablar de libertad, independencia y soberanía verdaderas.
Según nuestro concepto marxista-leninista; en una sociedad con clases antagónicas, que está dominada por la clase feudal o la burguesía, el pueblo no puede gozar de libertad y soberanía. La libertad, la independencia y la soberanía tienen un contenido político-social concreto. La libertad y la soberanía verdaderas y plenas son aseguradas en las condiciones de la dictadura del proletariado. Mientras que en aquellos lugares donde el Estado se encuentra en manos de las clases explotadoras, las relaciones económicas y políticas desiguales entre los explotadores y los explotados y entre los países, llevan a la pérdida o a la restricción de la libertad y de la soberanía del pueblo. Por consiguiente, no puede hablarse de una verdadera libertad y soberanía nacional, y mucho menos de soberanía del pueblo, en los países que se encuadran en el «mundo no alineado» o en el «tercer mundo». Sólo sobre la base de un análisis científico cimentado en la teoría marxista-leninista se puede definir correctamente qué pueblo es verdaderamente libre y cuál está subyugado, qué Estado es independiente y soberano y cuál es dependiente y oprimido. La teoría marxista-leninista explica claramente quiénes son los opresores y explotadores de los pueblos y qué camino deben seguir éstos para ser libres, independientes y soberanos». (Enver Hoxha; El imperialismo y la revolución, 1978)
¿Qué podemos concluir de estas desviaciones hacia la «izquierda» y la «derecha» en materia internacional? Que un gobierno revolucionario no puede permitirse en ningún caso caer en tales tendencias, ya sean intransigentes o de carácter liberal, como las que hemos observado. Estos errores provocan, directa o indirectamente, la desmoralización del proletariado mundial.
En consecuencia, los trabajadores de otros países terminarán retirando su apoyo a ese régimen. Cuando el cerco imperialista intensifique su presión sobre el país revolucionario, los llamamientos a la solidaridad y movilización del resto de revolucionarios del mundo serán mucho menores a causa de no haber cumplido previamente con sus deberes internacionalistas; algo normal, por haber ignorado los movimientos revolucionarios, por haberle regalado los oídos a otros gobiernos o por ambos a la vez; y en esta situación nadie les podrá echar en cara nada, dado que el internacionalismo exige también, en parte, un quid pro quo. Por ende, si una sección no cumple con su parte no está en condiciones de exigir nada al resto, por lo que tarde o temprano sus arengas caerán en saco roto; más pronto que tarde sus reclamaciones de solidaridad serán vista con toda razón como un interés egoísta, por lo que nadie querrá relacionarse con un proyecto así.
Más adelante comprobaremos que la permisión de este último tipo de licencias, de carácter liberal, hizo que, a partir de establecer relaciones diplomáticas y comerciales con otros regímenes, el gobierno albanés ya se pasase directamente a eludir la crítica hacia sus nuevos socios comerciales, a silenciar las luchas de los marxista-leninistas del mundo, y, poco tiempo después, incluso a embellecer el carácter de los gobiernos reaccionarios.
El PTA vuelve a ser seducido por los gobiernos reaccionarios del «tercer mundo» y «segundo mundo»
En esta sección, partiendo de los documentos rescatados de «The Worker’s Advocate» y otros grupos críticos, se va a analizar al Partido del Trabajo de Albania (PTA) y su deriva derechista en la década de los años 80. Teniendo en cuenta también que el PTA era el mayor representante del marxismo-leninismo, se hará una crítica a otras organizaciones de su esfera de influencia –incluyendo, lógicamente, al Partido Comunista de España (m-l)–. Esta organización estadounidense –«The Worker’s Advocate»– elaboró en su momento críticas muy interesantes hacia las actuaciones del PTA. Aunque «The Worker’s Advocate» cometió errores de base acerca del marxismo-leninismo, puso sobre la mesa debates y críticas que era necesario tratar y que el resto de organizaciones marxista-leninistas ni se molestaron en tomarse en serio.
Si anteriormente, documentamos que en 1955 el PTA, siguiendo al nuevo liderazgo soviético, aprobó la creación del Movimiento de los Países No Alineados, poco después denunció la hipocresía de este organismo, así como las pretensiones similares de la teoría de los tres mundos de los revisionistas chinos, la cual fue expuesta ya en 1971 con motivo de los acuerdos de Nixon-Mao. Sin embargo, el PTA no tardaría en coquetear con nociones similares, especialmente intentando sacar algo de acercarse y explotar las contradicciones con gobiernos en dificultades o potencias regionales.
¿Acaso grupos como el PCE (m-l) de los 80 estaba de acuerdo en toda la política exterior albanesa? No, ciertamente hubo varias posturas internacionales del PTA que resultaban incomodar al PCE (m-l). La divergencia más evidente en aquellos días fue la posición de cada uno en lo referente a la Guerra de las Malvinas de 1982. El PTA defendía sin más la reivindicación de la «soberanía argentina» y denunciaba «la injerencia de EE.UU. y los países del Mercado Común Europeo en favor del imperialismo británico», pero en ningún momento se denunciaba el carácter fascista de la junta argentina ni se subrayaba que era una guerra para desviar los problemas internos. El PTA incluso calificó la lucha de Argentina como una lucha heroica contra todo el bloque imperialista internacional, cuando en el ámbito interno el país rioplatense estaba totalmente sometida a las potencias imperialistas que habían decidido apoyar a Gran Bretaña, por no hablar de la presencia del FMI en Buenos Aires. El gobierno y el partido albanés cayeron en el grotesco error de no hacer una diferencia entre el «pueblo argentino» y sus gobernantes:
«Hace unos días, siguiendo el ejemplo de los Estados Unidos, los países miembros del Mercado Común decidieron prolongar por un período indefinido su embargo y bloqueo económico en Argentina. Renunciaron a sus «reservas» y se unieron por completo a la lucha de la Gran Bretaña colonialista e imperialista para poner de rodillas a Argentina y volver a ocupar las Islas Malvinas. Los países de Europa occidental se esforzaron mucho para no ir tan lejos como para verse obligados a adoptar una posición política y oficial abierta a favor de Gran Bretaña. Hicieron todo lo posible para preservar un poco la fachada de «arrepentimiento» por este conflicto «indeseable» y maniobraron por todos los medios para no poner sus cartas sobre la mesa. En efecto, en la etapa inicial, pensando que Argentina cedería ante la amenaza militar británica y la presión de todos los lados, limitaron su embargo solo por una semana. Pero la resistencia argentina expuso estas tácticas y les arrancó las máscaras. Obligó a las potencias imperialistas a salir al campo amplio y revelar que están alineadas con los agresores contra el pueblo de Argentina, que están a favor de la esclavitud colonial de los pueblos y contra su liberación. Solo Irlanda e Italia, forzados a tomar en consideración la presión de algunos millones de emigrantes en Argentina, no aplicaron sanciones. (...) Ahora Argentina lucha por la autodefensa no solo contra Gran Bretaña, sino contra todo el frente imperialista unido que busca someterlo y ponerlo de rodillas mediante la fuerza de las armas y los bloqueos. La proporción de fuerzas es desigual, pero Argentina resiste y disfruta del apoyo de los pueblos de América Latina y otros países que se oponen al imperialismo y luchan contra el viejo y nuevo colonialismo. No importa cómo terminará la batalla militar en las Islas Malvinas, la que sufrirá la derrota será Gran Bretaña y no Argentina». (Boletín de Noticias de la Agencia Telegráfica de Albania, 30 de mayo de 1982)
Una postura infame que no corrigieron con el paso de los años. En la reedición de extractos del diario político de Enver Hoxha en el libro «Las superpotencias» (1986), lejos de añadirse ninguna autocrítica, no hay ninguna anotación sobre el apoyo a la «soberanía argentina» sin mencionar el carácter de la junta militar, en artículos de «Zëri i Popullit» como el titulado: «Argentina defiende sus innegables derechos» (1982).
En cambio, el PCE (m-l) en su artículo «La Guerra de las Malvinas: el fascismo y el imperialismo son los culpables», por una vez −y no serían muchas más− se opuso valientemente al PTA y su postura tercermundista sobre el conflicto:
«De hecho, la dictadura militar argentina del general Galtieri se ve asediada por todos lados. La economía está en bancarrota; la deuda externa ya supera los 35,000 millones de dólares; la producción industrial se ha desplomado; el desempleo supera el 13%; y la inflación es la más alta del mundo: 150% en 1981. Al mismo tiempo, a pesar de la terrible represión bajo el puño militar −unas 30.000 «personas desaparecidas» desde 1977 y unos 4,000 prisioneros políticos−, la oposición al régimen fue levantando la cabeza y organizando manifestaciones contra la dictadura, como la que se llevó a cabo a fines de marzo y que terminó con más de 2.000 arrestos. Los militares en el poder, para desviar la atención y remendar sus fuerzas, decidió ocupar militarmente las islas en un claro intento de fomentar a su favor el nacionalismo y el chovinismo que esta medida iba a provocar; Al mismo tiempo, utilizaban el antiimperialismo popular para reparar la base social del régimen. Por lo tanto, la ocupación argentina de las Malvinas el 2 de abril −no hay duda de que las Malvinas pertenecen a Argentina− tiene, sin embargo, un propósito retorcido, antipopular y reaccionario. Tanto el pueblo argentino como el inglés y otros pueblos deberían sacar lecciones y sacar conclusiones de esta guerra. Las guerras de este tipo benefician únicamente a las clases dominantes. Por lo tanto, la gente debe estar en contra de este tipo de guerras. Pero no solo esto. Es necesario declarar la guerra a la guerra imperialista y movilizarse y luchar contra los gobernantes fascistas e imperialistas que quieren usar a los pueblos para servir sus propios intereses». (Vanguardia Obrera; 27 de mayo-9 de junio, 1982)
La línea política del PCE (m-l) fue respaldada por el PCA/ML en Alemania, el PCE (R) en Portugal, el PCNZ en Nueva Zelanda, y la mayoría de partidos proalbaneses de la época. Veamos un ejemplo de ello en el artículo del PCA/ML: «¿Está realizando Argentina una guerra justa?»:
«Si uno investiga concretamente el conflicto actual, uno solo puede concluir que la ocupación de las Malvinas no «radica en interés de la soberanía del pueblo argentino» −como nos dice K.K.−. En nuestra opinión, es importante tener en cuenta que la acción militar es siempre la continuación de la política por otros medios; por tanto, en primer lugar se debe investigar la política que ha producido dicha acción. Entonces, ¿representa la junta militar argentina los intereses nacionales del pueblo? Lo contrario es el caso: la soberanía e independencia de Argentina realmente no está amenazada por unas pocas islas en el Atlántico Sur que permanecen bajo el dominio colonial británico. Su independencia está mucho más amenazada, y de hecho está liquidada, por el hecho de que Argentina en sí misma no es más que una neocolonia de las potencias imperialistas más fuertes, y en primer lugar de EE.UU. Estas potencias imperialistas controlan la mayor parte de la economía; han llevado a Argentina, a través de sus créditos, a perder la independencia nacional, etc. (…) Toda lucha real por la soberanía, en interés nacional del pueblo, debe tener como objetivo romper las cadenas del saqueo imperialista del país. ¿La junta fascista ha llevado alguna vez algo así? No, ha reprimido sangrientamente tal lucha en Argentina, donde sea que haya estallado. (…) En «Roter Morgen» ya hemos demostrado que la ocupación de las Malvinas sucedió inmediatamente después de la creciente intensificación de la lucha de clases en Argentina. (…) La clase obrera y otros sectores del pueblo, por primera vez en años, tomaron nuevamente el camino de acciones de masas contra la junta. Los propios observadores burgueses indicaban, antes de la Guerra de las Malvinas, que las posiciones de la junta se habían vuelto complicadas. Y junto con esto, la dominación imperialista sobre Argentina estaba en peligro. (…) El régimen, con la aventura de las Malvinas puede encontrar un respiro. (…) Por lo tanto, la acción militar de la junta se opone directamente a los intereses reales del pueblo argentino, y por tanto, es necesario condenar esta acción. Eso no excluye, como hemos dicho, nuestro reconocimiento, por un lado, del derecho histórico de Argentina sobre las Malvinas; y por otro lado en nuestra propaganda dirigimos el principal golpe a la política militarista del imperialismo británico». (Roter Morgen; Órgano del Partido Comunista de Alemania/Marxista-Leninista, 7 de mayo, 1982)
La Guerra de las Malvinas (1982) fue la primera gran grieta que iba a terminar echando abajo toda la estructura del movimiento proalbanés. Se demostró que el PTA estaba naufragando en política exterior, abandonando un internacionalismo proletario por buscar simpatías de regímenes de dudoso carácter. Algunas de las frases más duras del PCE (m-l) realizadas en su IV Congreso (1984) contra el oportunismo parecían ser dardos hacia ciertas desviaciones que se empezaban a verse en el PTA y otros partidos. Por desgracia, dicha práctica de eficacia más que cuestionable −criticar sin nombrar directamente a los responsables− se hizo un sello común en el PCE (m-l), no se tradujo nunca en plantear un debate internacional para tomar medidas −muy por el contrario, el movimiento proalbanés en tiempo récord comenzó a desbandarse internamente entre quienes apoyaban ciegamente al PTA, quienes lo apoyaban con reservas internas y quienes directamente dejaron de apoyarlo−:
«Tenemos claro que el indiferentismo es un reflejo de una mentalidad pequeño burguesa, cobarde, que en determinados casos puede conducir al nacionalismo estrecho, y por ende, al oportunismo. Y esto sucede o mejor dicho o ha dejado de suceder, desde antes que los marxista-leninistas nos levantásemos contra el revisionismo abierto. (...) ¿Qué pasa, pues, para que nuestro Pleno de octubre de 1982 haya levantado tal polvareda, resistencia y hasta hostilidad en algunos partidos que, empero, no han dado ningún argumento sólido en contra y menos de principio? (…) En las relaciones entre partidos debe desecharse también la práctica de reuniones formalistas, superficiales y protocolarias, y debe establecerse el principio de la crítica y la autocrítica comunista entre los partidos hermanos, contrastando los planteamientos de cada partido con su práctica real, sin temor y sin inhibiciones cuando se trata de dilucidar cuestiones de principio. (…) Aquellos que olvidan o relegan la contradicción proletariado-burguesía y centran sus análisis únicamente en la situación internacional. Lo que les lleva a considerar que ciertos países que tienen contradicciones con el imperialismo y/o el socialimperialismo se deben apoyar a esos gobiernos en detrimento de su propio pueblo y proletariado, y del desarrollo revolucionario. Porque una cosa es tratar de agudizar las contradicciones de los países oprimidos o dependientes con sus opresores y dominadores, y otra, es por arte de dicha política, condenar al proletariado y al pueblo a seguir siendo esclavos de su burguesía, en muchos casos con rasgos y características feudales. (…) Hay que terminar con los análisis simplistas, maniqueístas que tanto han imperado en el movimiento y que son una resultante de la nefasta «teoría de los tres mundos», muy denunciada verbalmente, pero poco combatida en la práctica, y que aún colea en algunos partidos. (...) El segundo error −la numeración no significa una correlación cualitativa− es el de los que se emperran en incluir a los países revisionistas dentro del campo socialista. Es obvio que, aquellos partidos, en el poder o no, que han traicionado los principios de Marx, Engels, Lenin y Stalin y que, por tanto, aplican una política antipopular burguesa y reaccionaria, tanto en lo interior como en lo exterior −no olvidemos que la política exterior de un gobierno es siempre la prolongación de su política interior−, no forman parte del campo socialista, aunque se designen a sí mismos como tales. El hecho de que entre los países revisionistas y que entre éstos el imperialismo occidental, existan contradicciones, no modifica en absoluto lo anterior, son contradicciones entre enemigos del socialismo. (…) Asimismo se plantea la tarea de la defensa de la patria socialista, hoy por hoy representada por Albania. Esta es una necesidad y una obligación que debemos cumplir, pero entendiéndola recíprocamente. Igualmente, el internacionalismo proletario exige que la patria socialista cumpla sus deberes internacionalistas de cara a los demás partidos en la práctica. (...) Debe manifestarse la solidaridad hacia los pueblos que son víctimas de la opresión y represión por parte de sus respectivos gobiernos fascistas y reaccionarios. (...) Cuya práctica debe consistir, en primer lugar, en difundir y apoyar las justas luchas de los pueblos contra sus opresores y explotadores, así como contra toda suerte de crímenes del imperialismo contra los pueblos, combatiendo toda actitud localista, independentista o nacionalista». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Documentos del IV Congreso del PCE (m-l), 1984)
En general, todas aquellas desviaciones que en los años 70 el PTA criticó ahora parecían darse plenamente en el seno mismo que tanto se esforzó en instruir a todos los partidos marxistas-leninistas por detectarlas y desprenderse de ellas. Estos y otros problemas del movimiento marxista-leninista internacional ya fueron analizados en otros documentos, así que recomendamos al lector a que mude a esos documentos. Véase el capítulo de Bitácora (M-L): «De la aplicación del internacionalismo a la reconciliación con el revisionismo» (2020).
En esta época también contamos con los artículos publicados por varios partidos en la revista internacional «Teoría y práctica» que iban enfocados en contra de la condescendencia internacional del PTA en favor de los regímenes reaccionarios de Irán, Turquía, o el indiferentismo del PTA hacia la coordinación de los partidos marxista-leninistas y las desviaciones que se habían empezado a manifestar. El Partido del Trabajo de Irán (PTI) espetó, por ejemplo:
«La historia del pueblo iraní no ha sido jamás testigo de un régimen tan cruel, sanguinario y bárbaro como el actual. El régimen de Jomeini continúa su podrida dominación sobre la sangre de miles de iraníes amantes de la libertad. Un régimen que está determinado a destruir Irán en todos los diferentes aspectos a nivel cultural, moral, humano y económico. El actual régimen destruyó gradualmente todas las conquistas de la revolución y estableció su sangrienta dictadura en nombre de la libertad y la revolución. Acabó con toda oposición como algo opuesto a la revolución, al Islam y como agentes del imperialismo, acusándola de comunistas, infieles, etc. La lucha antiimperialista quedó reducida a vociferar consignas insensatas mientras el país se hacía más y más dependiente del imperialismo. De hecho, con sus acciones, el régimen ha abierto el camino a la dominación del imperialismo. Todos los sindicatos fueron destruidos, los militantes antiimperialistas ejecutados, la producción nacional decreció, la agricultura fue destruida, la importación de mercancías industriales y agrícolas aumentó masivamente en comparación con los niveles anteriores a la revolución. Bajo tales condiciones ¿pueden apoyar los comunistas la represión sobre las masas trabajadoras? ¿Sirve a los intereses de los comunistas el actual terror del régimen y la represión sobre la clase obrera iraní? Por supuesto, los comunistas nunca sacrifican los intereses de la clase obrera por apoyar a la burguesía. La ideología marxista ha señalado claramente que se puede apoyar a la burguesía nacional mientras no se convierta en un obstáculo para la difusión de las ideas comunistas sobre la clase obrera. Ahora bien, ¿cómo puede apoyarse a una burguesía del tipo de la que gobierna en Irán que está decidida a eliminar a los comunistas y a la clase obrera? (…) Los revisionistas iraníes propagaron una política en Irán, puesta en marcha por el Partido Comunista de Indonesia que trajo como resultado la ejecución de cientos de miles de comunistas. Siguen el camino de los revisionistas argelinos que, por apoyar a la burguesía, fueron destruidos completamente. Siguen el ejemplo de los revisionistas iraquíes quienes, apoyando por completo al régimen Baas de Irak, fueron finalmente aplastados por el mismo régimen. Este camino es opuesto al marxismo-leninismo. Los marxista-leninistas siempre se han colocado en contra y denunciado los movimientos reaccionarios que utilizan etiquetas demagógicas». (Partido del Trabajo de Irán; Cómo fue traicionada la revolución; Publicado en Teoría y práctica, Nº7, 1985)
Esto también fue recogido y denunciado por «The Worker’s Advocate» en la misma época. Para ellos, el PTA abandonó a su suerte a muchos grupos revolucionarios, en cambio, el gobierno albanés otorgó toda una serie de epítetos halagadores hacia los regímenes reaccionarios de Irán, Argentina o Turquía:
«En Irán, el PTA al principio dio un vigoroso apoyo a la revolución que derrocó al Shah y destacó el papel del proletariado. Pero la revolución iraní encontró agudos obstáculos. El régimen de Jomeini se consolidó y eventualmente se convirtió en un completo régimen de carniceros contrarrevolucionarios. Mientras tanto, el PTA abandonó la posición de la lucha revolucionaria de los trabajadores y comenzó una intensa campaña a favor del régimen de Jomeini. Hasta el día de hoy, identifica la revolución iraní con el régimen contrarrevolucionario de Jomeini. Se adapta a la realidad política que existe actualmente en Irán en lugar de defender el interés de los trabajadores iraníes.
Turquía es una de las debilidades de larga data de la política albanesa. A principios de la década de 1980, el PTA ha hecho todo lo posible para abrazar a los dictadores militares turcos. La Agencia Telegráfica Albanesa tiene más cobertura de Turquía que cualquier otra área del mundo. Ignora por completo el sufrimiento del pueblo turco y de los fraternales camaradas marxistas-leninistas turcos. Se ha mantenido al margen de las campañas mundiales de protesta contra las ejecuciones de personas progresistas y marxistas-leninistas por parte de los carniceros turcos. Este es un ejemplo flagrante de adaptación a la situación política existente a expensas de la revolución.
La guerra reaccionaria entre los ladrones imperialistas británicos y los generales fascistas argentinos sobre las Islas Malvinas [Falkland] en 1982 fue un ejemplo extremo de reemplazar la revolución con la búsqueda de cierto apoyo nacionalista. Para el PTA, la única pregunta que contó era saber quién era el propietario de las Islas Malvinas. Ignoró por completo el punto de vista de la lucha del pueblo argentino por la revolución. Ignoró sus propias palabras, en la obra de Enver Hoxha «El imperialismo y la Revolución», acerca de que la revolución está a la orden del día para la mayoría de los países de América Latina, a pesar de que todo el mundo sabía que los generales argentinos habían declarado la guerra para evitar un inminente levantamiento revolucionario». (The Worker’s Advocate; Volumen 14, Nº3; Voz del Partido Marxista-Leninista de Estados Unidos, 20 de marzo de 1984)
Como dato, en el VIII Congreso del PTA (1981) solo hubo alabanzas sobre las buenas relaciones con los gobiernos reaccionarios de Irán, Turquía y Argentina, mientras que en el anterior congreso se destacó por subrayar que:
«La lucha de las fuerzas progresistas y democráticas contra el fascismo y la reacción tienden también a crecer y expandirse. El derrocamiento de los regímenes dictatoriales de ciertos países, la lucha de los patriotas de Brasil y de Bolivia, de Tailandia y Malasia, la resistencia de los pueblos de Chile, de Argentina e Indonesia contra los regímenes fascistas, han asestado fuertes golpes a las fuerzas de la reacción y a los imperialistas que los apoyan». (Enver Hoxha; Informe en el VII Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1976)
Desde «The Worker’s Advocate» también se criticó el acercamiento y los comentarios laudatorios del PTA hacia los imperialismos europeos, de segundo orden o menores en el tablero de la Guerra Fría, como eran Francia, Alemania Occidental, Suiza, Suecia y Austria:
«Durante la segunda mitad de la década de los 70, el PTA también denunció las ideas de los «tres mundos» en el llamado «segundo mundo», que eliminaba la lucha de clases en Europa y presumía que la burguesía de Europa occidental era una luchadora contra las dos superpotencias. El PTA señalaba y denunciaba el imperialismo de países europeos como Francia, Alemania Occidental, etc. (…) Pero hoy en día también se ve un espíritu nacionalista pequeño burgués en la actitud del PTA hacia Europa. El PTA ha desprendido la cuestión de la lucha contra las superpotencias de la lucha de clases interna en Europa. Esto ha traído consigo una reducción de la lucha contra el imperialismo de las potencias capitalistas europeas. (...) No solo guarda silencio sobre el imperialismo de los gobernantes de Europa occidental, sino que incluso los elogia por ser una especie de fuerza contra el imperialismo estadounidense. (...) Al mismo tiempo, el PTA ahora encuentra ocasiones para elogiar a las potencias capitalistas «neutrales» de Europa, como Suiza, Suecia y Austria, como modelos de independencia y democracia». (The Worker’s Advocate; Volumen 14, Nº3; Voz del Partido Marxista-Leninista de Estados Unidos, 20 de marzo de 1984)
En la cuestión de Vietnam «The Worker’s Advocate» quiso dejar constancia la falta de contundencia del PTA:
«La victoria en la lucha de liberación nacional de Vietnam, aunque rompió las cadenas de dominación de los Estados Unidos, reunificó al país y llevó a cabo reformas sociales que fueron avances importantes sobre el antiguo régimen reaccionario, no provocó una revolución socialista. Esto se debió a que los líderes vietnamitas no lucharon contra el revisionismo y se han sumido en la órbita revisionista general pro-soviética. Hoy en día, los líderes vietnamitas son parte de la corriente revisionista pro-soviética general e incluso han vinculado su país con COMECON, la organización económica internacional dominada por los socialimperialistas soviéticos.
Sin embargo, el PTA pinta a Vietnam con colores marxistas-leninistas y antirevisionistas. Mantiene relaciones fraternales con el partido revisionista de Vietnam y los elogia por no solo llevar a cabo la «construcción del socialismo en el camino marxista-leninista», sino también por luchar contra el «revisionismo abierto y encubierto». (The Worker’s Advocate; Volumen 14, Nº3; Voz del Partido Marxista-Leninista de Estados Unidos, 20 de marzo de 1984)
¿Por qué en el seno del PTA se intentó rehabilitar al revisionismo rumano?
Otro punto chocante para los editores de «The Worker’s Advocate» fue cuando leyeron algunos artículos de la Agencia Telegráfica Albanesa (ATA) en donde se intentó rehabilitar a ciertos regímenes revisionistas de larga data:
«En las últimas décadas, el régimen revisionista rumano, aunque sigue siendo miembro del bloque militar soviético, el Pacto de Varsovia, se ha posicionado a menudo como un régimen con una política exterior «independiente». El liderazgo chino promovió esto en la década de los sesenta en adelante como un pretexto para pintar el régimen rumano en colores «antirevisionistas». El PTA denunció esta idea y expuso que los revisionistas rumanos eran en realidad un «castillo de naipes» del antirrevisionismo en Europa.
Pero hoy el PTA ha comenzado a elogiar a Rumanía como un país con una política independiente y que está progresando socialmente. Esto es tan absurdo ahora como lo era antes. La «independencia» de Rumanía significa simplemente que, si bien sigue siendo miembro del Pacto de Varsovia, también lo rechaza y trata con los imperialistas estadounidenses. Y en su país, este régimen se encuentra en una situación económica extrema mientras mantiene un fuerte control sobre las «masas trabajadoras». (The Worker’s Advocate; Volumen 14, Nº3; Voz del Partido Marxista-Leninista de Estados Unidos, 20 de marzo de 1984)
Esto no era falso. Un año antes se detectó un intento de reconciliación con el revisionismo como se vio en la publicación de la ATA, donde se intentó embellecer al régimen rumano como «antiimperialista» y en «defensa de su soberanía nacional» (sic):
«La liberación del país [1945], creó condiciones favorables para el pueblo rumano, abrió ante ellos nuevas perspectivas para un desarrollo independiente del país, para las transformaciones políticas, económicas y sociales. Después de la liberación del país también, tuvieron que hacer frente a los planes y la actividad de los enemigos internos y externos, los complots que tramaron para despojar a los pueblos de su libertad. (…) Los anteriores regímenes antipopulares habían hecho de Rumanía un país donde prevalecía la opresión y la explotación de las masas trabajadoras, aunque el país era rico en materias primas y tierras fértiles. La economía del país dependía del capital extranjero, lo que aseguraba grandes ganancias. La liberación del país creó condiciones favorables para el pueblo rumano, para el desarrollo y la prosperidad del país. Se pusieron a trabajar de manera constructiva para liquidar las secuelas del pasado y desarrollar y fortalecer la economía y la cultura nacional». (Agencia Telegráfica de Albania, 21-23 de agosto de 1983)
Esto era una opinión oportunista totalmente contraria a la que siempre había mantenido el PTA sobre el régimen rumano. El propio Hoxha había reclamado en varias ocasiones a los chinos por ignorar el revisionismo de Dej y luego su sucesor Ceaușescu:
«Mientras la resolución del Kominform estuvo en vigor y Stalin vivió, Dej se mostraba un furibundo antititoista. Pero cuando los traidores revisionistas con Jruschov a la cabeza usurparon el poder en sus propios países y cometieron todas las traiciones que ya conocemos, entre otras hacer la corte a Tito, Dej fue uno de los primeros que cambió de casaca, que cambió de color como el camaleón. Todo lo que antes había sostenido lo borró de un plumazo, se autocriticó públicamente y al final marchó a Brijuni para pedir públicamente perdón a Tito. Así, Dej recobró su verdadero molde, tal era en realidad, el de un oportunista con muchas banderas». (Enver Hoxha; Los jruschovistas. Memorias. Segunda edición, 1984)
«Los rumanos no basan la lucha contra el renegado grupo de Jruschov en el marxismo-leninismo, sino únicamente en antagonismos económicos o en algunas consideraciones nacional-chovinistas». (Enver Hoxha; Los chinos están cometiendo errores de bulto e inadmisibles; Reflexiones sobre China, Tomo I, 4 de septiembre de 1964)
«En caso de que haya una brizna de antisovietismo en Ceaușescu, ello se debe a que es un aventurero de tipo jruschovista, titoista, etc., que ha ocupado una posición de proxeneta, e incluso es muy probable que a sabiendas de los soviéticos y con su ayuda, y el proxeneta vive sin ser importunado por ellos. Vive con el dinero de los Estados Unidos de América, de la República Federal Alemana y de todos aquellos que le pagan. El régimen de Ceaușescu es un régimen de corrupción, de bancarrota, de dictadura personal y familiar. ¡Qué vergüenza para los chinos la de calificar de marxista-leninista a tal partido y de considerar a un aventurero como Ceaușescu de «gran político»!». (Enver Hoxha; Rumanía y China siguen la misma línea; Reflexiones sobre China, Tomo II, 30 de septiembre de 1975)
Casi paralelo a la publicación de la ATA de 1983 en donde claramente se dsitorsionó la esencia del régimen rumano, Enver Hoxha escribió en su diario el papel deshonesto de Ceaușescu en las conversaciones palestino-israelíes, aunque dicho documento solo fue publicado en 1984, por lo que tampoco nos serviría como prueba concluyente:
«Es desde hace tiempo conocido el papel de intermediario que ha asumido Ceaușescu en las relaciones no sólo entre China y los Estados Unidos de América, sino también entre otros países. El mismo papel ha jugado también, y en momentos muy difíciles, entre Israel y algunos gobiernos árabes. (…) Sin duda alguna, Ceaușescu ha asumido este papel y se esforzará por realizarlo pues, al igual que todas las mediaciones que ha efectuado hasta ahora, también ésta puede reportarle algún beneficio económico. Yo pienso, no obstante, que en estos momentos y circunstancias, la mayor ayuda que intenta prestar a Israel es rebajar en alguna medida la indignación de la opinión pública internacional ante la política criminal, antiárabe y antipalestina de Tel Aviv. No es la primera vez que Ceaușescu sale en defensa de Israel y mantiene frecuentes y cordiales conversaciones con los cabecillas de Tel Aviv. Después de Washington, la capital que los gobernantes israelíes visitan con mayor frecuencia es Bucarest. Viajan también allí los cabecillas de algunos países árabes. Lo que es de lamentar es que tanto Arafat como algún otro dirigente de la Organización para la Liberación de Palestina depositen ilusiones en estos encuentros». (Enver Hoxha; Ceaușescu, los árabes e Israel; Reflexiones sobre Oriente Medio, 17 de agosto de 1983)
Esta y más incoherencias fueron indicadores de que el PTA estaba sufriendo una serie de procesos internos de transformación, una alteración que, al no ser detenida más que temporalmente, a la larga acabó con la degeneración y eventual liquidación tanto del PTA como del socialismo en dicho país. Se podría considerar que hubo similitudes con lo sucedido en la URSS de los últimos años de Stalin, ya que salvo excepciones, ni dentro ni fuera de Albania se supo tomar nota ni se emitió una crítica consecuente.
¿Hubo una falta de apoyo del PTA hacia los movimientos marxista-leninistas?
Negar que el Partido del Trabajo de Albania (PTA) apoyó a los nuevos partidos que fueron surgiendo en los 60 sería una locura, pero hay una diferencia entre hacer lo debido y haber todo lo posible dentro de lo razonable. Al PTA, como denunciaron sus simpatizantes o antiguos aliados, no se le reclamó una falta de apoyo general, sino una ayuda tardía o interesada en según que etapas.
En lo relativo a las relaciones entre el Partido Comunista de España (marxista-leninista) y el PTA, lo primero que salta a la vista es que en 1966 el PCE (m-l), pese a ser el único grupo en España abiertamente antijruschovista, aún no mantenía relaciones con el PTA, el bastión de lucha contra el revisionismo soviético en Europa, algo cuanto menos extraño. Por ejemplo, en las publicaciones de la actual coordinadora internacional de la CIPOML, una internacional revisionista heredera de los grupos proalbaneses fundada en 1994, Nils Anderson rememoró aquellos días en su artículo «Los orígenes del movimiento marxista-leninista europeo»:
«Levantando la bandera de la denuncia del peligro revisionista, Elena Ódena y otros camaradas que constituirían el Partido Comunista de España (m−l), lanzan con determinación, en las difíciles condiciones de la clandestinidad en España y en la emigración política, la lucha en el seno del Partido Comunista de España (PCE) contra la línea de Santiago Carrillo. (...) Una manifestación importante de la realidad del movimiento marxista−leninista fue la celebración del V Congreso del PTA en noviembre de 1966, en el que estuvieron presentes el PC de China y 28 partidos y organizaciones marxista−leninistas de los cinco continentes. Hubo un gran entusiasmo, para Albania es uno de los momentos grandes de su Historia, había vencido el bloqueo revisionista e imperialista; para los nuevos partidos era la primera vez que se habían podido reunir en tan gran número. Una nota importante fue el reconocimiento de los nuevos partidos y el papel que podían desempeñar en ese reconocimiento el seguidismo y la adulación rastrera. Falta de vigilancia: la organización holandesa, criatura de la CIA, fue invitada. ¡Pero uno de los primeros y principales partidos ML en Europa, el Partido Comunista de España (m−l) no fue invitado! Ese error fue rápidamente superado en razón a la firmeza de la línea defendida por Elena Ódena en el seno del movimiento marxista−leninista; sin embargo, aquello fue un grave error de apreciación política e ideológica». (Unidad y lucha, Nº28, 2014)
En efecto, esto fue una equivocación de la dirigencia albanesa. Estas relaciones se acabaron estableciendo poco después. Huelga decir que Andersson no explica en su artículo las razones objetivas por las que muchos partidos marxista-leninistas desaparecieron a finales de la década de los 80, empezando por tratar de aclarar el motivo de la degeneración y salida de escena del PTA. Lo mismo ocurre respecto al silencio sobre los otros tantos partidos de la CIPOML que hoy deambulan como almas en pena, no siendo ni la sombra de lo que un día fueron, como ocurre con el PCE (m-l), refundado en 2006.
Evidentemente, el autor no está interesado en hablar de esto, simplemente se limitó a registrar descriptivamente los inicios de estas formaciones políticas, pero no comentó ni por asomo la decadencia o final de las mismas. Entonces, ¿qué propósito tenía este escrito con tal pretensión tan limitada? ¿Es una oda a la nostalgia sobre «cuando una vez fuimos jóvenes y nos atrevíamos con todo»? Este es un ejemplo de las limitaciones de la historiografía revisionista a la hora de abordar la historia del movimiento revolucionario, donde se evitan abordar los temas espinosos, las incógnitas dolorosas, evitando así caer en contradicciones o errores teóricos de bulto. Se trata del ya clásico formalismo histórico: basado en hincharse el pecho de un pasado con el que ya casi nada te une, lanzar grandilocuentes discursos, aunque carentes totalmente de contenido o coherencia, ocultando en todo momento el poner sobre la mesa los problemas y las posibles soluciones al impasse que se vive.
En cualquier caso, en el año 1985 el PCE (m-l) mandó una carta al PTA mostrando su malestar por no asistir este a su XX aniversario:
«Al Comité Central del Partido del Trabajo de Albania
Al Camarada Enver Hoxha, Madrid enero de 1985
(…) Nos ha dolido vuestra ausencia en estas señaladas fechas para nuestro partido, sin que para ello hubiera ningún motivo serio a nuestro parecer. El único, que según vosotros, hubiera podido serlo −es decir, el caso Worker’s Advocate− nuestro camarada Raúl Marco, en entrevistas a petición propia con vuestro Comité Central dejó claro que tal problema se plantearía, como así ha sido. (…) Cierto es que tenemos diferencias que no ocultamos ni rehuimos, sobre algunas cuestiones, empero, la mejor forma de solucionarlas no es negándose a acudir a las convocatorias de un partido hermano. Son muchos los intereses y las fuerzas que abierta o enmascaradamente actúan contra la causa del marxismo-leninismo y los partidos que la representan; por ello pensamos que es necesario, por encima de diferencias o discrepancias, nos esforcemos todos por desarrollar y fortalecer la unidad de los partidos, siempre sobre la base clara de los principios del marxismo-leninismo. Por ello os decimos fraternalmente, como se debe entre comunistas, que vuestra ausencia en nuestros actos conmemorativos nos parece incorrecta y poco amistosa. Nuestro deseo es que, en el futuro, sobre la base de los principios comunes, no se repitan semejantes situaciones que en nada favorecen a ambos partidos, ni al conjunto del movimiento». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Carta al Comité Central del PTA, enero de 1985)
Según relató en sus memorias de 2018 el jefe del PCE (m-l) Raúl Marco, esta carta nunca fue respondida y según se rumoreaba, causó la dimisión o relevo de algunas figuras del PTA, dándose a entender que no todos estaban de acuerdo en la actitud de no responder o no enfrentar los problemas que aquí se planteaban. Sobre esto último, como era costumbre, Raúl Marco no dio una sola prueba salvo su testimonio a posteriori. En todo caso, si esto fue así, sería una muestra del alto grado de degeneración interna al que el PTA había llegado, lo que indica que grave error que cometió el PCE (m-l) al ser sumamente paciente con el PTA en años sucesivos.
En la carta del PCE (m-l) al PTA (1985) existe un detalle que vale la pena rescatar. El PCE (m-l) no entendió la reciente frialdad y falta de interés del PTA de asistir hacia los asuntos españoles, incluso rehusando a participar en su congreso, máxime cuando el PCE (m-l) había defendido recientemente al PTA en la crítica que recibió del periódico estadounidense «The Worker’s Advocate», órgano de expresión del Partido Marxista-Leninista de EE.UU. Este último emitió extensos y complejos análisis con abundante información y comentarios críticos sobre la historia y la reciente actuación del PTA. A su vez, «The Worker’s Advocate» también siguió muy de cerca el desarrollo del movimiento revolucionario en España, Portugal, Brasil, Canadá, etcétera; unos apuntes que hoy bien pueden servir para seguir la pista en el progresivo marchitamiento que sufrieron las organizaciones de aquel entonces.
No deja de ser sorprendente que una formación tan pequeña, con tan poca capacidad y tan aislada, emitiese conclusiones que, vistas hoy, son de gran transcendencia. En honor a la verdad, sus análisis, comparados con sus «hermanos mayores», destacan todavía más, haciendo palidecer las pobres producciones teóricas de estos grupos que contaban con un número de militantes, recursos y de solidaridad internacional mucho mayores. Su labor fue altamente admirable teniendo en cuenta cómo otros partidos se cruzaron de brazos y se dedicaron simplemente a emplear palabras elogiosas hacia el resto de colectivos proalbaneses de gran prestigio, como los mencionados PCE (m-l) o PTA.
En resumidas cuentas, pese a las especulaciones y graves errores ideológicos del grupo estadounidense, estos también se emitieron críticas que podían haber sido sopesadas por los marxista-leninistas, algunas de suma importancia. Centrándonos en el caso de Albania, parece ser que este partido fue de las pocas organizaciones inicialmente afines al PTA que, con independencia y criticismo, se atrevió a realizar una denuncia pública a las posturas oportunistas del PTA cuando este se empezó a alejar de sus posiciones revolucionarias. En su documento «Nuestras diferencias con el Partido del Trabajo de Albania» (1984), apoyándose en material albanés de primera mano, se analizaron toda una serie de cuestiones de suma relevancia. Veámoslo.
Uno de los puntos cardinales de la crítica en «The Worker’s Advocate» era el creciente silencio del PTA hacia las luchas que los partidos marxista-leninistas llevaban a cabo:
«Un ejemplo particular de la pasividad albanesa actual es la posición del PTA sobre el movimiento marxista-leninista internacional. Mientras que en los últimos años de la década de 1970, el PTA defendió a los nuevos partidos marxista-leninistas y aumentó su aliento a estos partidos, a principios de la década de 1980, la prensa albanesa parece haber perdido el interés en el movimiento internacional marxista-leninista». (The Worker’s Advocate; Volumen 14, Nº3; Voz del Partido Marxista-Leninista de Estados Unidos, 20 de marzo de 1984)
Aquí haremos un inciso explicando la importancia que esto tuvo. En su día muchas de las formaciones «marxista-leninistas» que empezaron con muy bien pie se acabaron alejando de los fundamentos y sufrieron un proceso similar al de las sectas cristianas en la Edad Media: se convirtieron en reducidos monasterios con unos cuantos fieles que adoraban a sus referentes como a santos, cantaban himnos sagrados, recopilaban reliquias y condenaban al fuego eterno al resto de competidores por su «arrogancia» de no reconocerles como la «mano de Dios». Esto pronto llevó a que parte de la militancia, angustiada al ver su mundo derrumbarse andaba en espera de un nuevo y todopoderoso mesías que, bajo el don de la infalibilidad salvase la terrible situación. En muchas ocasiones, como este milenarismo nunca llegaba, pues estaban rodeados de jefes mediocres, sin sustancia ni arrojo, algunos encontraban cobijo en otra secta más «asceta» que al menos recuperase los «valores perdidos»; o en su defecto, se escapaban hacia otra más «tolerante» escapando de la corrupción y el asfixiante control de «los falsos mesías» de su antiguo grupo. Pero al igual que gran parte de las «herejías» medievales; la desorganización, la falta de liderazgo, el fanatismo y el caos ideológico nunca consiguieron poner en tela de juicio al Vaticano, el gran centro de todo.
Aquí, salvando las distancias, ocurrió algo muy parecido. Para los años 80 aunque todavía existían partidos marxista-leninistas de cierta importancia, ninguno había cumplido las dos tareas fundamentales que se habían trazado como tarea a largo plazo: a) imponerse y hacerse valer como «vanguardia» entre los trabajadores de su país, comandando los debates de importancia vital, popularizando las propuestas alternativas contra el capital, siendo la cabeza visible de las luchas diarias, causando el respeto entre las masas más avanzadas y causando el temor entre sus competidores; b) el ansiado anhelo de volver a contar con una comunidad internacional fuerte y unida, algo que se fue al traste tras la aparición décadas atrás de múltiples variantes del revisionismo moderno: como el «marxismo occidental», el «jruschovismo», el «eurocomunismo», el «maoísmo» y otros ismos que claramente se alejaban de los principios básicos de las leyes sociales que el marxismo-leninismo había sistematizado con tanto esfuerzo.
En realidad, como bien sabemos, lo uno iba ligado a lo otro, sin cumplir con el requisito «objetivo a)» en cada país era imposible posible lograr el «objetivo b)». En todo caso, estos grupos ochenteros nunca llegaron a tener la importancia que en otros momentos históricos tuvieron los antiguos partidos socialistas en el siglo XIX de la II Internacional (1889-1914) o los partidos comunistas de la III Internacional (1919-1943), más bien se mantuvieron como pequeños bastiones de resistencia, islotes en un mar de revisionismo, pero finalmente fueron borrados del mapa por un huracán de pasividad y pragmatismo.
Sabido esto, podemos comprender muy fácilmente que el desvanecimiento progresivo de las fuerzas marxistas a mediados del siglo anterior, y por ende, la confusión y desorganización de sus representantes −no solo políticos, sino historiadores, filósofos, economistas y otros−, es lo que comúnmente nos encontramos según comienza la nueva centuria. A partir de entonces, era habitual encontrar marxismo mezclado con todo tipo de corrientes ajenas: a) ideas políticas ajenas al mismo: socialdemocratismo, anarquismo, trotskismo, feminismo, maoísmo; b) modelos económicos: keynesianismo, autogestión, mutualismo; c) sistemas filosóficos: neokantismo, neopositivismo, Escuela de Frankfurt, existencialismo, posmodernismo, etcétera. Por eso, hoy día, casi supone igual motivo de sospecha reivindicarse «marxista» como reivindicarse de «izquierda», esto es algo que a nosotros no nos dice demasiado, salvo una simpatía o una promesa vaga de compatibilidad, y dado que no nos movemos por actos de fe ni por el número de simbología, sencillamente no debemos fiarnos, y el lector haría bien en hacer lo mismo.
¿Qué perfil encontramos hoy entre el nicho de la revolución?
a) En primer lugar, tenemos al aspirante a «todólogo», es decir, un charlatán totalmente seducido por las modas de su círculo y las redes sociales, aprendiz de todo y maestro de nada. Empieza con total entusiasmo un tema hasta que lo abandona por considerarlo muy complicado. Comienza muchos proyectos, pero no termina casi ninguno. Para tal fracaso se excusa en la falta de tiempo, pero nunca revisa su forma de organizarlo.
b) En segundo lugar, otro perfil suele ser el clásico intelectualoide egocéntrico donde él y su mundo le bastan para existir, se declara «marxista» pero odia a la humanidad, difícilmente adquiere compromiso salvo con sus apetencias y le resulta un mundo hacer lo más mínimo en conjunto hasta con el resto de personas quienes piensen parecidos a él. Gusta de profundizar sobre lo superfluo, aunque no sepa justificarlo de cara a los demás. En suma, se ve como un genio incomprendido.
c) En última instancia, también contaríamos con ese «perfil bajo», ese «ser humilde» ser que quien piensa que «la política no está hecha para mí», y en todo caso reduce su aportación a compartir memes de política entre su gente de confianza, como si en el siglo XXI ese fuera su único «aporte a la causa», el único trabajo posible de «agitación y propaganda». Imagínese cómo mirarían sus compañeros en el siglo XIX a un militante de un sindicato o partido si este dijese que su única tarea de formación y difusión fuera compartir las viñetas del órgano de expresión del partido.
En estos casos el techo de crecimiento es evidente, pues son personas que se dedican a quedarse plácidamente difundiendo su discurso en los cafés de su facultad, redes sociales favoritas o entre los miembros de su estrecho círculo de fieles, pero no tratan de canalizar nada de sus «ingeniosas ideas» en algo mayor y colectivo.
d) En el otro extremo, encontramos al «dedicado y fiel» militante de la «izquierda», aquel devoto de los partidos tradicionales o seducido por nuevas pantomimas. Un hombre que deambula feliz pese a cargar a cuestas unos métodos primitivos y un analfabetismo cultural que horrorizaría a cualquiera que fuese consciente. En cambio, a él no le interesan las «discusiones bizantinas» sobre «teoría» −palabra que le produce alergia−, sorprendentemente no le preocupa que su «gran partido» no tenga inclinaciones de hablar sobre nada de enjuncia y siempre repita lo mismo y de la misma manera. Hay que entenderle, a él solo desea un lugar donde sentirse «útil» y le ha cogido el gusto a eso de encontrarse con sus «camaradas» y tomar unas cervezas frías, algo que, aunque pueda resultar patético, es exactamente lo mismo que podría hacer dos cincuentones que juran día y noche ser «apolíticos» y consideran que leer libros de política es un «vicio de la gente con mucho tiempo libre», aunque casualmente son los mismos que se reúnen cada viernes después de trabajar y no dejan de hablar de política y adivinar las recetas para los problemas del país −que por supuesto, no han corroborado, sino que han oído por terceros, sus «fuentes de confianza», esto es, los periódicos burgueses−.
¿Por qué afirmamos que «The Worker’s Advocate» no puede ser un referente serio para los revolucionarios de hoy?
El principal defecto de las columnas de «The Worker’s Advocate» era que, pese a registrar información de importantísimo valor, los datos recopilados no siempre bastaron para realizar un análisis bien ponderado, teniendo a exageraciones o unilateralidad. Pese a tener buena documentación esta no se procesó correctamente y se llegaron a emitir medias verdades cuando no conclusiones directamente erradas. Hoy día dicho grupo no puede ser un referente completo para un revolucionario lúcido por múltiples razones.
Sin ir más lejos, su medio de expresión fue famoso por sus evaluaciones de tipo «thälmannianas», es decir, una posición donde se reducía toda política del «Frente Popular» en cualquier momento y lugar como una «táctica oportunista», tachando a Dimitrov de «derechista revisionista» y de «ser el principal responsable junto con Stalin de la degeneración de los partidos comunistas». Sin ir más lejos, para «The Worker’s Advocate» la política del PCE durante la Guerra Civil Española (1936-39) supuso un completo error de principio a fin. En resumidas cuentas, emitió tesis similares a las que han venido defendiendo durante décadas los «thalmannianos» alemanes de Wolfgang Eggers, los «thalmannianos» británicos tipo Bill Bland, los maoístas estadounidenses de Bob Akavian o los «reconstitucionalistas» españoles. Estas son cuestiones, muchas veces a medio camino entre la falacia y el mito, han sido aclaradas, matizadas o refutadas por nosotros en distintos documentos. Véase la obra de Bitácora (M-L): «Las invenciones del thälmanniano Wolfgang Eggers sobre el VII Congreso de la Internacional Comunista» (2015).
Para comprobar la catadura ideológica de este colectivo, simplemente observemos unas líneas del IV Congreso del PC (m-l) de EE.UU. (1984), donde decidieron «retirar la denominación de Stalin como clásico del marxismo-leninismo». Allí dijeron que:
«Por tanto, es importante definir qué son los clásicos». (The Workers' Advocate; Volumen 14, Nº6, 1 de mayo de 1984)
Genial. Nos encantan estas discusiones escolásticas sobre cuáles son nuestros apóstoles, si doce o trece. Nótese la ironía. ¿Y qué criterio hemos de utilizar, según ellos? Atentos:
«Los clásicos marxista-leninistas nunca nos han fallado. (…) En el caso de Stalin, su vida y su obra no muestran la coherencia necesaria. (…) Se apartó de su anterior adhesión al leninismo y comenzó a adoptar una actitud indiferente hacia varios de los principios fundamentales. (…) Los clásicos del marxismo-leninismo son las obras de Marx, Engels y Lenin y el ejemplo de su actividad política». (The Workers' Advocate; Volumen 14, Nº6, 1 de mayo de 1984)
En verdad, lo que buscaban no eran líderes políticos, sino a una serie de dioses reencarnado en varios hombres. Lo sentimos, no estamos interesados en su secta, señores, ¡tengan buen día! Volviendo al tono serio que se merece el tema, toda esta idealización y endiosamiento respecto al legado del movimiento comunista y sus figuras que acabamos de atestiguar no es para nada algo casual:
«Hay quienes cuando empiezan a conocer los defectos de las viejas experiencias o comienzan a ser conscientes de las verdaderas dificultades del presente caen en la depresión política, al poco desertan y algunos se convierten en renegados, incluso en abiertos anticomunistas. ¿Y cuál es la razón de fondo? Pues, en realidad, les parece muy complejo, muy duro emocionalmente hablando, el tratar de estudiar y comprender de dónde nacieron los errores y saber cómo remediarlos sin perder la compostura. Piensan místicamente que el «honor del movimiento está mancillado», pierden la fe en el ser humano y creen que la situación difícil que atraviesa el movimiento es casi imposible de revertir. Se caracterizan por operar de forma derrotista, como si los desatinos del pasado se cargasen sobre los hombros de las nuevas generaciones, como una especie de «pecado original» del cual deben pagar tributo una y otra vez por haber «fallado a la humanidad», pero estos han de saber que esto solo ocurre si no se tienen en cuenta debidamente de las lecciones anotadas. Pero, claro, para aprender la lección primero hay que estudiarla y asimilarla dedicándole energías y tiempo». (Equipo de Bitácora (M-L); Fundamentos y propósitos, 2022)
No seremos nosotros quienes neguemos que los dirigentes soviéticos emitieron declaraciones vergonzantes cuando no inadmisibles en materia de política exterior, tanto antes como después de la Segunda Guerra Mundial (1939-45), defectos que se sumaron a debates tardíos o mal llevados en el campo de la filosofía, historia, economía o lingüística, como hemos denunciado en otras ocasiones.
Por otro lado, tampoco deseamos insistir al lector en aquellos documentos que critican tantos los deslizamientos hacia el «izquierdismo» anarquista como hacia el «derechismo» reformista en las distintas secciones comunistas de Chile, Alemania, Francia, Inglaterra, Cuba, EE.UU., España, Perú, Italia o Argentina. Véase el capítulo de Bitácora (M-L): «La responsabilidad del PCA en el ascenso del peronismo» (2021).
En el caso de «The Worker’s Advocate», un logrado documento de investigación y pensamiento crítico que albergó mucha información −aunque no era completo ni todas las críticas son correctas− fue el artículo de titulado «En defensa del marxismo-leninismo»(1984). En contrapartida, de nuevo hemos de ser honestos. En dicho artículo los autores olvidaron o pasaron por alto el papel internacionalista que la URSS de Stalin desempeñó. No solo nos referimos a ofrecer su territorio para entrenar cuadros y ejércitos, sino a la ayuda financiera, ideológica y militar para que durante años brindó para que los partidos comunistas llegasen al poder −Corea o China−, sino también al apoyo brindado en la ONU para que se reconociesen internacionalmente a ciertos regímenes −Albania− o se satisficieran peticiones históricas −como ocurrió con Yugoslavia y Trieste−. Quiérase o no, la asistencia soviética fue clave para que muchos países pudieran afrontar la construcción del socialismo en el menor tiempo posible, algo que se reflejó en envíos de grano en la guerra −Albania−, el apoyo a la creación de su propia industria −Polonia− o incluso la condonación de la deuda por reparaciones de guerra −Hungría−. Desmerecer todo este esfuerzo, máxime en un país que acabó de enfrentar una guerra de supervivencia contra los nazis, es cuanto menos injusto.
El artículo de «The Worker’s Advocate» y sus conclusiones ignoraron unilateralmente lo siguiente: si bien muchas de las desviaciones oportunistas partieron del liderazgo soviéticos, también muchas de las luchas contra el revisionismo que iban saliendo al paso en el campo político, económico y cultural en la URSS o fuera de ella, fueron lideradas, precisamente, por personas como Stalin o Zhdánov. El análisis era, por tanto, incompleto, y daba a entender, como si la URSS de aquel entonces hubiera perdido absolutamente su espíritu internacionalista, cosa que no puede concebirse completamente sin eliminar todo lo mencionado. En conclusión, ni fue un período en que «todo estaba preparado para el jruschovismo», ni fue tampoco como creen algunos una «época llena de triunfos» donde todo funcionaba a la perfección.
A principios de la década de 90, a falta de un rumbo claro y de información contrastada, «The Worker’s Advocate» se echó en brazos de análisis fatalistas como el de un nuevo grupo sueco −y estos a su vez en autores trotskistas como Tony Cliff−, por tanto, proclamaron que la URSS de los años 30 ya se podía considerar un «socialismo degenerado». No por casualidad en ocasiones coincidían con los mitos maoístas como el de que «Stalin no se preocupó de ligar la política con la economía», o que «en la URSS no hubo una preocupación sobre el tema cultural y la educación del pueblo». Algo que todavía se mantiene en el imaginario colectivo de estos grupos y que es tan fácil de desmontar como consultando las principales obras de los soviéticos de aquellos años −esfuerzo que por supuesto nunca se toman la molestia de realizar−. Véase el capítulo de Bitácora (M-L): «¿Por qué cayeron los regímenes marxistas del siglo XX?» (2021).
Este viraje no fue casualidad. Para el año 1993, poco antes de su disolución oficial, se puede observar cómo en los últimos artículos de «The Worker’s Advocate» existe ya una creciente condescendencia ideológica hacia corrientes revisionistas como el castrismo −que tanto habían criticado antaño−, incluso hacia grupos maoístas −como Sendero Luminoso en Perú−. Esto demuestra hasta qué punto este grupo, inicialmente proalbanés, acabó en la más absoluta confusión ideológica, rehabilitando lo que había repudiado con toda razón. Es innegable que, al igual que muchas de las evaluaciones de «The Worker’s Advocate» estaban muy bien documentadas y sus conclusiones eran bastantes certeras −y no tenían más vuelta de hoja−, en muchas otras muchas sus evaluaciones eran totalmente falsas o absurdas, y carecían de una documentación concluyente. En este sentido, nos parece importante resaltar que el PCE (m-l) permaneció durante 1984-91 ajeno a este tipo de debates, ya que no buscó documentación ni prestó atención a la que se le ofreció. Véase el capítulo de Bitácora (M-L): «La falta de investigaciones históricas sobre el movimiento obrero nacional e internacional» (2020).
Pasemos en el siguiente capítulo a analizar qué disputas internas hubo en el PTA para adoptar estos virajes». (Equipo de Bitácora (M-L); Análisis crítico de la experiencia albanesa, 2025)






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