«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

viernes, 15 de junio de 2018

Sobre el presunto progresismo de Putin


«¡También desde el PCE (r) se nos vende a un Putin en contra de los oligarcas!:

«Putin ha iniciado una serie de cambios importantes, especialmente en el terreno económico. El 25 de julio Putin pidió al denominado «Club Stolypin» que preparara un plan de impulso económico porque para hacer frente a los imperialistas en todos los terrenos, hay que impulsar también el crecimiento económico y estrechar filas en el terreno político, lo cual no se puede hacer sin la depuración de los viejos cuadros y el nombramiento de nuevos equipos dirigentes. Lo mismo que Theresa May en Reino Unido, Putin quiere poner fin a las viejas políticas monetarias implementadas desde los ochenta, que nunca van más allá del corto plazo, la especulación, las burbujas y el enriquecimiento golfo de cuatro oligarcas. En Rusia estas políticas tienen un nombre, Alexei Kudrin, el antiguo ministro de Finanzas, ahora defenestrado». (Movimiento Político de Resistencia; Putin: La etapa de los compromisos internacionales ha pasado, 25 de septiembre de 2016)

Claro, claro, claro, las relaciones de amistad y trapicheos con oligarcas conocidos mundialmente como: el famoso oligarca del petróleo Roman Abramovich dueño de Sibneft hasta su venta a Gazprom en 2005, pero también reconocido por ser dueño del Chelsea F.C. y Gobernador en Chukotka durante 2000-2008 por elección directa de Putin; Deripaska es el propietario de Basic Element Company la mayor empresa de aluminio del mundo; Mikhail Prokhorov propietario de MMC Norilsk Nickel quién lidera el mercado mundial del níquel; Vagit Alekperov dueño de la mayor empresa Petrolera de Rusia llamada LUKoil. Putin lejos de ser un consciente antioligarca concienciado de los peligros que suponen para la nación y el pueblo estar dominados por estas sanguijuelas, impulsa el que se sigan enriqueciendo y tengan controlados los aparatos del poder político, económico y judicial ruso. El gobierno de Putin ni siquiera llega a las políticas de «redistribución de la riqueza» en el capitalismo de los socialdemócratas. Cualquiera que entienda un poco de geopolítica entenderá que las pugnas de Putin con algunos de los oligarcas rusos son las mismas que mantienen todos los presidentes del gobierno de cualquier país burgués, pugnas interburguesas, en las cuales da apoya a unos mientras se defenestran a otros.

Para mayor vergüenza de estos rusófilos aburguesados del PCE (r), el artículo como puede verse [aquí], es acompañado de un montaje de una foto de Stalin con la cara de Putin, dando a entender que Putin como fue en su día Stalin, lucha en favor de los trabajadores frente a la avaricia y abuso de los explotadores. ¿Puede haber mayor oprobio?

Pero las actuaciones de nuestro payaso Arenas y su circo no acaban aquí. Faltan sus malabares sobre el carácter de Putin. Sin duda pretende no dejar de hacernos reír, y lo conseguiría de no ser por lo serio del asunto:

«Por lo demás, calificar a un nacionalista burgués, como sin ninguna duda lo es Putin, de «déspota», «fascista» o simplemente de «reaccionario», no creemos que pueda contribuir a esclarecer la verdad sobre lo que está sucediendo realmente en Rusia. Un nacionalista cuyo origen es la clase obrera, que, según la misma prensa burguesa «tiene el corazón dividido entre la Rusia imperial y la extinta URSS»; que metió en la cárcel a los oligarcas mafiosos, próceres del capitalismo salvaje de los primeros años, tras hundirse la URSS; que llamaba «traidores» a quienes desertaron en la época soviética; que puso fin a la miseria generalizada en que estaba sumido el país cuando alcanzó la presidencia a primeros del año 2000; que en 2005 declaró ante el Parlamento ruso que la desaparición de la Unión Soviética fue «la mayor catástrofe geopolítica del siglo XX». (...) En fin, no parece que este nacionalista pueda estar muy sujeto a los intereses oligárquicos ni pueda tener muy arraigadas las ideas y los sentimientos burgueses. (...) Como si no hubiera existido en Rusia más de 70 años de régimen socialista». (Manuel Pérez Martínez, «Arenas»; ¿Sigue Actualmente Rusia una Política de Expansión Imperialista, 8 de agosto de 2014)

¿Habrá tenido Arenas en cuenta los datos sobre la militarización de la economía, o la monopolización de los medios de producción para beneficio de la burguesía?

Suponemos que para Arenas y su círculo de aduladores la prueba definitiva del progresismo de Putin ha sido el reciente apoyo público y encubierto que dio al ultrarreacionario Trump en las elecciones presidenciales de Estados Unidos de 2016 –nótese la ironía–. He ahí los últimos sonados casos que evidencian los vínculos entre el gobierno de Putin y los círculos de Trump para que este último ganase las elecciones. El director del FBI James Comey denunció estos contactos mientras anunciaba evidencias en su investigación en especial por los vínculos del ex asesor de seguridad nacional Michael Flynn con agentes rusos, por lo cual Trump decidió presionar a Comey para cerrar la investigación, y ante la negativa de este, se procedió a relevarlo del puesto. Pero los escándalos siguen, y hace poco Comey habló públicamente en el Senado sobre las conversaciones y presiones de Trump. Dentro de poco se sabrá más de los contactos entre estos dos imperialistas Putin y Trump, temporalmente amigos, y la influencia del primero en la llegada al poder del segundo. Recordemos que las mismas presiones de Nixon al FBI para tapar sus tramas en el caso Watergate supusieron a la postre, su final político.

No hablemos ya de la última ley introducida en Rusia por Putin en febrero de 2017 que legitima la violencia doméstica en casos en que «solo» sean una vez año y no dejen lesiones, bajo la asquerosa excusa burguesa y clerical de «proteger a la familia frente a su disgregación». Bajo esta ley el agresor solo puede ser condenado si reincide y si la víctima denuncia y demuestra estos hechos –lo que es bastante complicado cuando la víctima vive en un clima de terror y la justicia es profundamente machista–, de otra manera la justicia no actuará de oficio, y en caso de que el agresor sea condenado, la pena asciende a trabajos sociales y sanciones, cuando anteriormente se podía castigar al agresor con penas de cárcel. Así bajo la máxima de una vuelta a los «valores tradicionales» y con intención de mantener la familia patriarcal y creyente idealizada por Putin, la mujer rusa es condenada al desamparo legal. Todo ello en un país en donde las mujeres tienen un 2,5 más riesgo de ser asesinadas por sus parejas que las mujeres de Estados Unidos y hasta cinco veces más que una mujer de la Unión Europea. El hondo «progresismo» de Putin volvió a las páginas de todos los medios de comunicación del mundo cuando en la entrevista concedida a Oliver Stone, soltó la frase de que «yo no tengo días malos porque no soy mujer», un comentario a la altura del humor de los ministros del PP, y por supuesto comentarios que los medios del PCE (r) no recogieron para no hacer publicidad negativa de su ídolo imperialista, cuando siempre que pueden denuncian ese mismo machismo imperante que existen en las filas del PP; esa es la doble moral del individuo sentimentalista». (Equipo de Bitácora (M-L); Estudio histórico sobre los bandazos políticos oportunistas del PCE (r) y las prácticas terroristas de los GRAPO, 2017)

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