«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

miércoles, 20 de junio de 2018

¿Qué es la lógica?


«Se dice que la «lógica» es el arte de pensar bien. Pensar conforme a la verdad es pensar según las reglas de la lógica.

¿Cuáles son estas reglas? Hay tres grandes reglas principales, que son:

1. El principio de identidad. Ya hemos visto que consiste en que una cosa es idéntica a sí misma, no cambia –el caballo es el caballo–.

2. El principio de no contradicción. Una cosa no puede ser al mismo tiempo ella y su contrario. Hay que elegir –la vida no puede ser la vida y la muerte–.

3. Principio del tercero excluido. O exclusión del tercer caso, lo que quiere decir: entre dos posibilidades contradictorias no hay lugar para una tercera. Hay que elegir entre la vida y la muerte, no hay tercera posibilidad.

Luego, ser lógico es pensar bien. No es pensar bien olvidarse de aplicar estas tres reglas.

Volvemos a encontrar en esto, principios que hemos estudiado y que provienen de la concepción metafísica.

Lógica y metafísica están, por consiguiente, íntimamente vinculadas. La lógica es un instrumento, un método de razonamiento que procede clasificando cada cosa de una manera bien determinada; que obliga, por lo tanto, a ver las cosas como idénticas a ellas mismas, que en seguida nos pone en la obligación de elegir, de decir sí o no, y en conclusión que excluye, entre dos casos la vida y la muerte, por ejemplo, una tercera posibilidad.

Cuando se dice:

«Todos los hombres son mortales; este camarada es un hombre; por lo tanto es mortal», tenemos lo que se llama un silogismo. Razonando así hemos determinado el lugar del camarada, hemos hecho una clasificación.

La tendencia de nuestro espíritu, cuando encontramos a un hombre o una cosa, es pensar: ¿dónde hay que clasificarlo? Nuestro espíritu sólo se plantea ese problema. Vemos las cosas como círculos o cajas de diferentes dimensiones, y nuestra preocupación consiste en hacer entrar esos círculos y esas cajas unos en otros y en cierto orden

En nuestro ejemplo, determinamos primero un gran círculo que contiene a TODOS los mortales; en seguida, un círculo más pequeño que contiene a TODOS los hombres; y en seguida sólo ESTE camarada.

Si queremos clasificarlos, haremos entrar los círculos unos en otros, siguiendo una cierta «lógica».

La concepción metafísica está construida, por tanto, con la lógica y el silogismo. Un silogismo es un grupo de tres frases; las dos primeras se llaman premisas, lo que quiere decir «colocadas antes», y la tercera frase es la conclusión. Otro ejemplo: «en la Unión Soviética, antes de la última Constitución, existía la dictadura del proletariado. La dictadura es la dictadura. En la URSS hay dictadura. Luego, no hay ninguna diferencia entre la URSS, Italia y Alemania, países de dictadura».

Aquí no se analiza para qué es la dictadura, lo mismo que cuando se elogia la democracia burguesa no se dice para que está hecha esa democracia.

Así se llega a plantear los problemas, a ver las cosas y el mundo social a través de círculos separados y a hacer entrar los círculos unos en otros.

Estas son cuestiones teóricas, pero que producen una manera de obrar en la práctica. Así podemos citar ese desdichado ejemplo de la Alemania de 1919 en donde la socialdemocracia, para conservar la democracia, mató la dictadura del proletariado sin ver que procediendo así dejaba subsistir el capitalismo y abría camino al nazismo.

Ver las cosas separadamente y estudiarlas así, es lo que hicieron la zoología y la biología hasta el momento en que se descubrió y comprendió la evolución en los animales y en las plantas. Antes se clasificaba a todos los seres pensando en su identidad, en que todas las cosas siempre habían sido como eran.

En efecto... hasta fines del siglo pasado las Ciencias Naturales fueron predominantemente ciencias colectoras, ciencias de objetos hechos». (Georges Politzer; Principios elementales de la filosofía, 1949)

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