«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

sábado, 8 de julio de 2017

El factor interno en la creación del PCE(r); Equipo de Bitácora (M-L), 2017


«1) España había dejado de tener su partido marxista-leninista tras el establecimiento del control revisionista del Partido Comunista de España (PCE) por el binomio Carrillo-Ibárruri a mediados de los años 40 mediante sus propias tesis revisionistas que incluso anticipaban el curso que Jruschov daría como receta a los partidos comunistas. He ahí la línea de «reconciliación nacional» establecida en 1954, sin entrar en los errores tácticos y bandazos en la línea durante 1942-1954.

Finalmente con la abierta adhesión del PCE al jruschovismo en los 50 y más tarde al eurocomunismo en los 70, los marxista-leninistas españoles se agruparon en el Partido Comunista de España (marxista-leninista) en el periodo de 1963-64. Uno de sus folletos iniciales decía:

«No es casual que surja hoy el Partido Comunista de España (marxista-leninista). La dirección revisionista del Partido Comunista de España se ha empeñado en transformar a éste de instrumento revolucionario en doméstica y pacífica batidora reconciliadora de clases: es decir, ha tratado de liquidar al Partido como instrumento revolucionario del proletariado. Ha querido que abandone su papel de vanguardia y guía de la clase obrera. Ahora bien, el grupo revisionista antipartido podía empujar a éste a que desertara de su papel, lo que era ya mucho más difícil de admitir, es que el Partido pudiera llegar a hacerlo y, sobre todo, que el proletariado renunciara a tener su Dirección, a tener su Partido de clase. Ahí están las raíces del Partido Comunista de España (marxista-leninista); esta es la explicación de que surja nuestro Partido. La base del Partido no está dispuesta a conformarse con ese destino que el grupo revisionista su papel dirigente por parte de los dirigentes revisionistas del PCE significaba desarmarlo virtualmente y colocarlo a remolque de las clases más titubeantes y timoratas. El grupo revisionista encaramado en la dirección del PCE ha pretendido sustituir el principio de la lucha de clases, que es el motor de la Historia y el punto de partida de toda política verdaderamente revolucionaria, por una política de oportunismo y seguidismo. Esta crisis, provocada por los revisionistas, no es un fenómeno estrictamente nacional, sino que es el reflejo de la crisis del Movimiento Comunista Mundial, suscitada por el revisionismo moderno, a la cabeza del cual se encuentra la dirección del Partido Comunista de la Unión Soviética. (...) Al igual que en el mundo entero se ha producido una reacción de todos los revolucionarios honrados, también en España, los marxista-leninistas de dentro y fuera del Partido se han han opuesto resueltamente a la política de traición y reconciliadora del grupo oportunista de la dirección del PCE y ha resuelto reconstituir el Partido sobre las bases científicas del marxismo-leninismo». (Elena Ódena; ¡Viva el Partido Comunista de España (marxista-leninista)!, 1965)

El PCE (m-l) acabaría siendo el primer grupo que se escindía del PCE –el resto de miembros que permanecieron y crearon escisiones en años sucesivos serían fracciones igualmente revisionistas que el carrillismo–.

La pregunta se alza clara. ¿Por qué los miembros que dieron lugar luego al PCE (r) no se aunaron junto al PCE (m-l) en la polémica y famosa escisión de 1964 contra Carrillo? No hay excusas posibles, los miembros del futuro PCE (r) siguieron dentro del PCE o sin partido hasta la creación en el exilio casi cinco años después de Organización de Marxistas Leninistas Españoles (OMLE).

¡Es decir en 1964 la gente del futuro PCE (r) ignoró la lucha de los revolucionarios anticarrillistas, y solamente en 1968 crearon una organización que no era un partido ni tenía presencia en el interior! ¡Y solo en 1975 pasaron a fundar el pretendido partido del PCE (r)!

Entre tanto, el PCE (m-l) imprimió y difundió grandes textos revolucionarios como «Adulteraciones del equipo de Santiago Carrillo» en 1966:

«Esta obra constaba de ocho capítulos, todos ellos significativos y de una actualidad permanente: ¿«Reconciliación nacional» o violencia revolucionaria?; Los objetivos políticos del equipo revisionista de Carrillo; El abandono de la revolución bajo el nombre de la «vía pacífica»; El equipo de Carrillo ha abandonado la lucha por la independencia nacional y se ha colocado al servicio del imperialismo yanqui; De la reconciliación nacional a la colaboración activa con las fuerzas oligárquicas; El equipo revisionista de Carrillo como traidor al internacionalismo proletario; Liquidación del Partido Comunista, en cuanto a vanguardia y Estado Mayor de la clase obrera en la lucha revolucionaria; La alternativa patriotia y revolucionaria del PCE (m-l)». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Esbozo de Historia del Partido Comunista de España (marxista-leninista), 1985)

Pese a estas evidentes labores revolucionarias a respetar, más tarde, como nos ha tenido acostumbrado a lo largo de toda su historia, la dirección del PCE (r) acomplejada por su propia ausencia en estos años; intentó justificar su aparición tardía y su no participación en estos hitos alegando que sus militantes en aquel entonces no se sumaron al proyecto porque el PCE (m-l) era el resultado de la «unión de grupos en el extranjero», que eran «heterogéneos ideologicamente» y una «mala copia» seguidista de las fórmulas de Pekín:

«La oposición a que hemos hecho referencia, logró agruparse y de ahí salió el llamado «Partido Comunista de España (m-l)». Este llamado Partido nace en el extranjero, con la fusión de varios grupos de lo más heterogéneo y sobre una base programática que era una mala copia, a retazos, de la línea aplicada en la revolución china». (Partido Comunista de España (reconstituido); Informe en el Iº Congreso del PCE (r), 1975)

2) Esto era una calumnia desesperada que pretendía desacreditar la trayectoria de nada más y nada menos el primer partido que surgió como reacción al carrillismo.

Las ramas principales del PCE (m-l) como eran La Chispa, Proletario, Mundo Obrero y Partido Comunista de España Reconstituido sí nacieron en el interior de España como reacción a la política reformista del PCE de Carrillo-Ibárruri:

«A finales de 1963 y comienzo de 1964 surgieron cuatro grupos marxista-leninistas de las filas propias del PCE. Su existencia fue al principio clandestina en el interior del partido, pero durante los primeros meses de 1964 pasarona a ctuar públicamente, cuando se declararon en abierta rebelión contra la línea revisionista de Carrillo-Ibárruri». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Esbozo de Historia del Partido Comunista de España (marxista-leninista), 1985)

De hecho los dirigentes carrillistas tuvieron que desarrollar toda una política de veto, chantajes y expulsiones para acallar la valiente lucha de estos grupos:

«La reacción de Carrillo y su equipo dirigente fue la típica de todos los oportunistas: empezaron a maniobrar para dividir a los que se oponían a su política, enviaban a sus burócratas del aparato del Comité Central a todas las organizaciones, no para  discutir, sino para sancionar, aislar y expulsar. No vacilaron en lanzar calumnias contra camaradas que conocían desde hacía muchos años, que sabían que eran veraderos comunistas, que habían sido incluso en algunos momentos colaboradores de la dirección del partido. No vacilaron en utilizar el chantaje, ofrecieron prebendas, viajes de estudio a la URSS, puestos de responsabilidad, etc. hubo muchos que cedieron a las presiones carrillistas, otros que se dejaron comprar, otros que se desmoralizaron y abandonaron la lucha. Al principio los marxista-leninistas empezaron clandestinadamente a organizarse en grupos para el estudio de las principales obra de Lenin, Stalin y otros textos. Hubo lugares en los que el 90 por 100 de la organización defendía posturas marxista-leninistas contra Carrillo y sus enviados». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Esbozo de Historia del Partido Comunista de España (marxista-leninista), 1985)

3) En cuanto a su composición, la del PCE (m-l) como veremos a continuación, sería mucho más homogénea en lo social e ideológico que la del PCE (r) cuando se forme en 1975 como veremos más adelante:

«Oposición Revolucionaria Comunista de España. Compuesto en más del 95% de militante del PCE, predominantemente obrero un 90% y algunos empleados e intelectuales. Contaba con sus filas con algunos veteranos de guerra y varios cuadros medios del partido. Su implantación se centraba en Madrid, Barcelona, Andalucía y Suiza, con elementos dispersos en otras ciudades españoles y del extranjero. Era el grupo más cohesionado, más consecuente, y el que más a fondo llevó a cabo la lucha contra el revisionismo desde dentro del partido. Editada un periódico con el nombre de la Chispa con el que también se conocía a este grupo. (…) Proletario. El nombre con que era conocido este grupo era el de un periódico que editaba con ese título. Contaba entre sus filas con viejos militantes del partido, si bien en general predominaba la juventud que en algunos casos no había militado anteriormente. Aunque también formaban parte de él obreros, este grupo estaba caracterizado en un principio, por el origen de clase pequeño burgués de la mayor parte de sus militantes que eran estudiantes con un nivel político desigual y gran heterogeneidad en el plano ideológico. Esta organización tenía su núcleo principal en Madrid –que publicaban el periódico El Comunista–, Bilbao, París y Bruselas. (…) El Partido Comunista Reconstituido. Conocido también con el nombre de Mundo Obrero Revolucionario o MOR que era el periódico que editaba. Fundamentalmente sus componentes eran de extracción proletaria y la mayor parte procedía del PCE aunque eran de reciente ingreso y no habían desarrollado una lucha ideológica contra la dirección revisionista del PCE. Tenía núcleos de militantes en Madrid y París, Lausana –Suiza– e Inglaterra. (…) Grupo de Colombia. Además de estos tres grupos, la totalidad menos uno de los militantes del PCE en Colombia, que formaba un pequeño núcleo sin implantación en España, venía publicando un periódico legal con el título España Democrática, nombre con el cual también fue conocido este grupo. Contribuyó escasamente al proceso de unificación entre los grupos». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Esbozo de Historia del Partido Comunista de España (marxista-leninista), 1985)

Estos crudos procesos de lucha y desenmascaramiento se daban en el interior del PCE tanto en España como en el exilio, mientras por otro lado los miembros del futuro PCE (r) nadie sabia donde estaban.

4) Si bien es cierto que el PCE (m-l) nació como tantos otros nuevos partidos marxista-leninistas con la carga del maoísmo en su seno, es igualmente cierto que el maoísmo en aquel entonces no estaba destapado a nivel internacional como una corriente revisionista, suponiendo para él como para el resto de partidos una de las principales fuentes de los errores que cometerían.

Ya explicamos en otros documentos la incidencia perjudicial del maoísmo en los nuevos partidos marxista-leninistas de los años 60 y 70:

«El maoísmo supuso un grave problema para estos nuevos partidos, ya que los partidos que no fueron capaces de librarse de este lastre y adoptaron los conceptos y teorías del maoísmo como la «nueva democracia» en lo político-económico; la «lucha de dos líneas» en el concepto partidista; o la «guerra popular prolongada» en lo militar. Por ello no fueron capaces de tomar una forma organizativa eficiente y unida, tener una línea ideológica de pensamiento y acción coherente: dándose de bruces con la realidad constantemente. En muchas ocasiones tampoco llegaban a comprender y refutar a las expresiones del revisionismo moderno de forma correcta y completa, ya que al seguir las recetas de la doctrina revisionista china, o seguir a ciegas directamente cada vaivén político de Pekín, perdían toda estabilidad en su línea política, toda credibilidad, y confundían a la militancia y a las masas simpatizantes. Y es que recordemos: al basarse fundamentalmente en otro revisionismo no se está en condiciones de tener un cuerpo teórico sólido y científico para refutar a ninguna otra corriente revisionista, para organizar un partido, ni para asegurar la unidad ideológica del partido. Algo que todavía no han aprendido muchos: criticar a un revisionismo desde una posición teórica y práctica alejada de los principios marxista-leninista conduce a que puedas cometer esos mismos errores, basar el partido en métodos organizativos revisionistas no garantiza su unión, y basarse en una doctrina ecléctica no puede garantiza la existencia de una única línea de pensamiento». (Equipo de Bitácora (M-L); Las luchas de los marxista-leninistas contra el maoísmo: el caballo de Troya del revisionismo durante los 60 y 70 en el movimiento marxista-leninista, 1 de noviembre de 2016)

Para inicios de los 70 el PCE (m-l) ya se había distanciado de forma crítica con Pekín, a diferencia del PCE (r) que pretendía ocupar su lugar. Uno de sus exmilitantes más críticos con la dirección, diría:

«Para esa época [1972] los chinos habían roto con el PCE (m-l), al que en la embajada apodaban despectivamente «la banda de Benita» para regocijo de la colonia exiliada [es decir el PCE (r)].Una vez más, empero, fallamos al intentar ocupar el hueco dejado por otros». (Pío Moa; De un tiempo y de un país. La izquierda violenta (1968-1978): La oposición durante el franquismo, 2002)

Durante la disputa sino-albanesa el PCE (m-l) se posicionó con Albania:

«Al año siguiente [1978] se producirá, ¡por fin!, la ruptura del PCE (ml) con China, la inversa había tenido lugar ya en 1970, en realidad el PC chino nunca había apoyado al PCE (m-l). Tal ruptura fue más lejos, conllevando [el PCE (m-l)] una condena a todo el pensamiento Mao Zedong». (Lorenzo Peña; Amarga juventud: Un ensayo de egohistoria, 2010)

El PCE (r) siguió manteniendo el mito de Mao, defendiendo su ideología frente a partidos marxista-leninistas que estaban abriendo los ojos respecto al revisionismo chino, atacando siempre las posiciones del Partido del Trabajo de Albania de Enver Hoxha como veremos en otro capítulo.

Por supuesto, nosotros pensamos que fue un grave error para el PCE (m-l) haberse fundado bajo conceptos e ideas maoístas, vemos una concesión injustificable no haber roto relaciones y denunciado abiertamente a China cuando recibía a Carrillo como aliado en 1970, y cuando en 1973 restableció relaciones con Franco, prefiriendo alejarse en silencio hasta denunciar al maoísmo abiertamente en 1978. Precisamente ese ejercicio de autocrítica y valentía a contracorriente, diferencian al viejo y glorioso PCE (m-l) de 1964-1985 con Elena Ódena en vida, al posterior PCE (m-l) degenerado de Raúl Marco-Chivite de 1986-1992 y no hablemos ya del actual 2006-2016 que nada tiene que ver con el de aquel de antaño. Ya que entre otras traiciones Raúl Marco atrevido a rehabilitar al revisionismo chino, soviético, nicaragüense y cubano; ha seguido una deriva en materia de política interior y exterior basada en posiciones seguidistas, con simpatías y alianzas con todo revisionismo, algo altamente despreciable y muy común a la línea histórica del PCE (r) como es el caso del apoyo acrítico del revisionismo soviético, chino o cubano sin ir más lejos.

Pero al César lo que es del César, el PCE (r) no puede dar lecciones de moral a nadie y criticar bajo la acusación de seguidismo a ningún partido en ninguna época, pues se ha limitado a ser un poliagente de los revisionistas en España, en especial de los revisionistas chinos, con cuyos conceptos y prácticas maoístas jamás ha roto, cuando para más vergüenza oculta su propia historia o la distorsiona.

5) También en las acusaciones del PCE (r) al PCE (m-l) se incluía una crítica o mejor dicho difamaciones contra el programa del PCE (m-l):

«Basta recordar, entre los ejemplos más conocidos, los programas que tanto el PCE (m-l) como la ORT han venido sosteniendo en los últimos años acerca de la «revolución nacional antiimperialista», copias, sin apenas ninguna variación, de la revolución china de nueva democracia». (Manuel Pérez Martínez, «Arenas»; Atreverse a hablar y pensar con voz propia, publicado en Bandera Roja, 2ª época-año IV – nº 41, noviembre de 1978)

Esto es otra calumnia más que el PCE (r) vertió sobre el PCE (m-l) para intentar desacreditarle presentándolo como un partido que copiaba de forma mecánica un programa de otra experiencia.

El programa de «nueva democracia» de Mao incluía: 1) negar la hegemonía de cualquier clase o partido en esta etapa; 2) no obstaculizar sino primar el desarrollo del sector privado considerándolo «beneficioso para el pueblo»; 3) pedir créditos para industrializar el país; 4) considerar a la burguesía compradora y al necocolonialismo como enemigos, tomando a la burguesía nacional solo como una aliada importante del proceso sino como parte del «pueblo», esquema de la alianzas que también decían era posible «durante la construcción del socialismo».

El programa del PCE (m-l) no tenía nada que ver con el programa antimarxista de nueva democracia de Mao ni en lo político ni en lo económico:

«El objetivo general del Partido Comunista de España (marxista-leninista) es el de poner fin al régimen de los capitalistas y terratenientes, conquistar el poder para la clase obrera, instaurar la dictadura del proletariado y construir el socialismo y el comunismo». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Programa, 1973)

Es más, dentro del propio PCE (m-l) se fustigó a quienes intentaban alterar el carácter del programa por la derecha o izquierda:

«Es innegable que dado el papel dirigente que ha de desempeñar la clase obrera en alianza con el campesinado así como con otras capas populares, bajo la dirección de su Partido de vanguardia en la lucha actual contra la dictadura y la dominación yanqui, el carácter de dicha República ha de ser en gran medida de contenido socialista y ello no puede ser de otro modo dado que la mayor parte de la industria, las finanzas, las materias primas, la energía, los transportes, la mejor parte de la tierra, etc., están en manos de oligarcas o de yanquis u otros inversionistas extranjeros y que todo ello deberá ser confiscado y socializado por el Estado popular con arreglo a las modalidades y formas que establezca el nuevo poder revolucionario. Queda entendido, claro está, que en esta primera fase se mantendrá la propiedad privada de la tierra de los campesinos no latifundistas, así como la del artesanado y empresas de menor importancia. Todo esto está perfectamente claro en nuestra línea política, salvo para los revisionistas, los aventureros y ambiciosos fracasados que ven en nuestro partido el primer y principal obstáculo para sus turbias andanzas en los medios de la oposición antifranquista y revolucionaria. Todos estos elementos, no teniendo ya más calumnias que inventar contra nuestro partido y su dirección, intentan ahora sembrar la confusión y la duda tergiversando nuestra línea política y nuestros objetivos en ella claramente expuestos. Por eso, nuestra mejor respuesta a ellos –cúbranse con banderas rojas o con el nombre de comunistas–, es la de difundir y llevar a las masas, para su discusión, nuestra línea política». (Elena Ódena; Por una República Democrática Popular y Federativa, 1972)

6) El PCE (r) pese a lo que acusaba al resto de partidos, él si era un partido quenació de la migración y fusión de varios grupúsculos revisionistas en junio de 1975; eso en un país fascista, era bastante aceptable a priori, pero lo fundamental es el nivel de trabajo en el interior del país, en cuanto a su eclecticismo, nunca se limpió de él, dando bandazos ideológicos constantes y no una evolución dialéctica de madurez:

«En el año 1967 se escinde de la organización del PCE en París un sector maoísta que adopta el nombre de Organización de Marxistas Leninistas Españoles (OMLE). En sus orígenes también entran militantes procedentes del PCE (ml) y de los Círculos Guevaristas, además de otros procedentes de Organización Obreira. (...) La OMLE, en su primer congreso, celebrado en 1975, decide autodisolverse para formar el PCE (reconstituido), el cual se dotará de un brazo armado para combatir a la dictadura: Los Grupos de Resistencia Antifascista Primero de Octubre (GRAPO)». (Fernando Vera Jiménez; La diáspora comunista en España, 2009)

Apuntar que la OMLE, organización que sería el núcleo principal del futuro PCE (r), nace en 1968 al calor del Mayo del 68 francés, movimiento influenciado por el existencialismo, el estructuralismo, el trotskismo, el anarquismo, el tercermundismo, el maoísmo más anarquista de la Revolución Cultural, y un sinfín de variantes antimarxistas que tenían su nexo en el antistalinismo y las simpatías por el maoísmo. Además, que no fue hasta bien tarde que empezó a tener un par de células en el interior de España:

«Las primeras bases organizadas de la OMLE en España se efectúan con el retorno de militantes de la emigración. Entre 1969 y 1970 se forman las primeras células en Madrid y Cádiz». (Lorenzo Castro Moral; «PCE(r), GRAPO. Análisis de un proceso de violencia política, 1990)

El PCE (r) también es el resultado de la unificación de guevaristas y de los elementos vistos con mejores ojos por Pekín, esto se reflejó cuando el PCE (r) vino a recoger los restos de los elementos derrotados del PCE (m-l) que contarían con firmes apoyos de Pekín en lo sucesivo.

Un testigo y ahora exmiembro del PCE (m-l), diría:

«Tras el Pleno ese puñado de irreductibles –con Suré a la cabeza– formará un grupo con la misma denominación del PCEml, sólo que ellos escribieron con mayúsculas la coletilla «(MARXISTA-LENINISTA)»; dudo que fuera deliberada esa sutil diferencia. Publicaron una revista que se llamó Mundo Obrero –igual que el órgano del PCE que dirigía Carrillo–. Mencionar a ese inoperante grupúsculo tendría escaso sentido –ni significaba nada ni tenía posiciones ideológicas propias (casi habría que decir que tampoco no propias)–si no fuera porque el partido comunista chino siempre le dio un respaldo económico y moral». (Lorenzo Peña; Amarga juventud: Un ensayo de egohistoria, 2010)

Otro testigo y exmiembro del PCE (r) diría:

«No debe, pues, extrañar de aquellos «obreros degenerados» vieran su honor restituido por el propio PCE (r), cuando se les recordó como los «elementos sanos del grupo que apoya a Suré» y que junto con otros militantes comunistas, pasaron a formar las OMLE. (...) Los referidos obreros eran quienes habían rehusado crear en el 1964 el PCE (m-l) al lado de Elena Ódena». (Pío Moa; De un tiempo y de un país. La izquierda violenta (1968-1978): La oposición durante el franquismo, 2002)

El PCE (r) acusaría al PCE (m-l) en los 70 de padecer sus propios defectos: de ser una copia mecánica y metafísica de las tesis maoístas, de realizar seguidismo, de ser una unificación de grupos heterogéneos. 

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