«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

viernes, 9 de enero de 2015

Sobre el atentado contra Charlie Hebdo [+Video]

Charlie-Hebdo es un revista cómica cuya fundación fue financiada por el socialdemócrata François Mitterrand como parte de la estructura ideológica de la «izquierda burguesa». En un inicio tenía un discurso más o menos progresistas, dentro de los límites del sistema democrático burgués, hasta que finalmente fue reposicionándose hasta quedar incluida en la esfera de influencia del ultraderechista Sarkozy; con este reposicionamiento su discurso supuestamente antirreligioso, ateo, sufrió cambios cualitativos, que en la práctica se tradujo en que el Islam era casi su único objetivo de crítica revelándose como una publicación de contenido islamofóbico; lo que de hecho convirtió a la revista y a sus miembros en objetivo de grupos fundamentalistas-integristas islamistas; sin menospreciar el hecho de que los musulmanes, junto con los gitanos, son los sectores sociales más discriminados, tercerizados, del Estado francés; solo superados por la discriminación de la que son objeto los «sintecho» que se multiplican a la sombra de la crisis económica, y que ya están siendo identificado –en Marsella– con simbología nazi propia de campos de exterminios.

Cierto es que el ataque beneficia a tres grupos con intereses económicos-políticos-religiosos que amplían su esfera de influencia, o justifican sus políticas; de ahí que no se pueda descartar la posibilidad de un «ataque de bandera» falsa:

(1) Los islamistas takfiríes: El ataque sin duda causará una fractura social que verá un enemigo en cada musulmán, esto acentuaría la islamofóbia, y a su vez lo musulmanes al verse discriminados tenderán a agruparse en organizaciones afines a su confesión; estas servirán como base de captación de nuevos miembros para los integristas que se mostrarán como la única alternativa para los musulmanes dadas las circunstancias de rechazo generalizado.

(2) Los grupos neofascistas: estos alimentan sus filas apoyándose tanto en el racismo como en la fobia a otras religiones, especialmente Islam y Judaísmo. El ataque les beneficia directamente debido a que les permite profundizar y radicalizar sus discurso de cara a aumentar sus cuotas de poder en los ejercicios electorales: Marine Le Pen –presidenta del ultraderechista Frente Nacional– ya pedido la legalización de la pena capital que responde a la aplicación del «derecho penal del enemigo» propio de los sistemas burgueses.

(3) Los que quieren revitalizar al Estado imperialista francés: Estos, en tiempos de baja popularidad por los efectos de la guerra y la crisis económica galopante, por un lado se permiten justificar todas y cada una de las intervenciones armadas que incluyen enfrentarse a «grupos armados fundamentalistas islamistas»; y por el otro, abre la posibilidad de ampliar esas operaciones militares con el apoyo directo del pueblo francés.

Recordemos las sabias palabras de Enver Hoxha sobre el terrorismo en los Estados burgueses:

«Ni el anarquismo, ni el terrorismo, ni el bandidismo, que están cobrando vastas proporciones en los países capitalistas y revisionistas, tienen nada en común con la revolución. Los hechos de cada día comprueban que los grupos anarquistas, terroristas y de bandidos están siendo utilizados por la reacción como una justificación y una arma a la vez para preparar e implantar la dictadura fascista, para amedrentar a la pequeña burguesía y convertirla en instrumento y en terreno abonado para el fascismo, para paralizar a la clase obrera y mantenerla encadenada al capitalismo, bajo la amenaza de perder las pocas migajas que le ha «concedido» la burguesía». (Enver Hoxha; Eurocomunismo es anticomunismo; Obras Escogidas, Tomo V, 1980)

O lo que es lo mismo, estos grupos benefician con su actividad a los tres grupos citados anteriormente, justifican a ojos de los más ignorantes y necios, su propaganda. De igual forma:

«En los países capitalistas, además de las fuerzas revolucionarias que están dirigidas por el partido marxista-leninista, hay otras fuerzas que luchan y se enfrentan con la policía, la gendarmería, etc. Muchas acciones y enfrentamientos de estas otras fuerzas tienen un carácter terrorista, aventurerista, anarquista, se presentan con toda clase de colores y etiquetas y están guiadas por diversas ideologías. Estas acciones a menudo son organizadas a instigación de los servicios secretos de los países capitalistas, son financiadas por ellos». (Enver Hoxha; El imperialismo y revolución; Obras Escogidas, Tomo V, 1978)

Y como se ha comprobado en las últimas décadas, también los grupos armados de carácter religioso, han sido creados, financiados y aupados a hombros de los países imperialistas.

Cabe recordar por último que la Francia moderna, la republicana de la: «Liberté, égalité, fraternité», siempre ha sido un Estado imperialista que en defensa de lo que considera sus intereses se ha dado en estimular guerras en muchos rincones del planeta añadiéndoles el factor religioso. Fue su escuela militar la que sistematizó la tortura como método de lucha contra las fuerzas insurgentes allá donde ponían en peligro su hegemonía, de hecho es la doctrina castrense que alimentó a todas las dictaduras militares de Sudamérica –especialmente la argentina y la chilena–. Con el ascenso al poder: primero de Sarkozy y luego de Hollande; Francia en tiempos de crisis ha intentado recapitular su hegemonía pasada por vía militar y de la mano del imperialismo estadounidense, más bien sometida a este, es así como se ha visto la intervención imperialista francesa en países como: Sierra Leona, República Centroafricana, República Democrática del Congo, Libia, Argelia, Irak, Siria, Afganistán, Ruanda, etc –en varios de los casos con apoyo directo de los imperialismos ruso y chino–. En esas circunstancias, su afán protagónico le llevó a financiar y a apoyar logísticamente, que ha resultado en determinante, a la construcción y consolidación del grupo terrorista islamista «Estado Islámico»; es decir, el Estado francés ha estado apoyando a grupos fundamentalistas que ahora están actuando en su territorio, en ese sentido: el ataque es el búmeran que vuelve y trae consigo los efectos de la guerra.

En el mismo sentido, vale recordar, que la «libertad de expresión» no es más que una noción de propaganda dentro de los regímenes bajo la dictadura de la burguesía: primero porque la libertad de expresión se expresa en función de los intereses de la clase que detenta el poder; segundo porque estamos inmersos en un periodo histórico que se caracteríza por la vigilancia sistemática y sistémica en infinitas escalas que condiciona las formas, contenidos y modos de comunicación que llevan a la censura y autocensura en todas sus formas.

Por cierto: se está generando serias dudas respecto al «atentado» debido a que en uno de los vídeos uno de los «verdugos» dispara un fusil AK47 contra una «víctima» –minuto 00:12 [ver el vídeo al final del documento]– desde muy cerca, al parecer a la cabeza, sin que haya sangre o tejido humano en dispersión por el impacto a quemarropa esperable dado el calibre del arma.

El documento:


Atentado en París contra el semanario satírico Charlie Hebdo

Al menos 3 individuos armados irrumpieron, el 7 de enero de 2015, en los locales de semanario satírico francés Charlie Hebdo, donde abrieron fuego contra miembros del equipo de la publicación al grito de «¡Allah Akbar!».

Por el momento se reportan 12 muertos y una decena de heridos, 4 de ellos en estado grave.

Este atentado pudiera provocar una grave fractura entre musulmanes y no musulmanes en el seno de la sociedad francesa ya que, en el pasado, los musulmanes de Francia se sintieron insultados en varias ocasiones por este semanario satírico y ahora se reporta que los ejecutores del atentado se identificaron como defensores del islam.

La prensa francesa ya está denunciando este acto de violencia como un atentado islámico, basándose únicamente en los gritos de los asesinos, que hasta ahora no han sido correctamente identificados.

Los miembros del comando hablaban en francés y reconocieron rápidamente a los miembros de la redacción de la publicación satírica.

Oficialmente, el semanario francés Charlie Hebdo fue creado en 1992 por el periodista Philippe Val, los dibujantes Gébé y Cabu y el cantante Renaud. Lo que nunca se dice es que fue financiado en secreto por el entonces presidente de Francia Francois Mitterrand con sumas provenientes de los fondos secretos de la presidencia de la República.

Charlie Hebdo fue administrador de la Red Voltaire, de la que se retiró en 1997 por estar en desacuerdo con la asociación. El semanario satírico militaba entonces por la ilegalización del partido de extrema derecha Frente Nacional (FN) mientras que la Red Voltaire defendía el derecho de asociación del FN pero reclamaba la prohibición de su rama armada, conocida bajo las siglas DPS. Las relaciones empeoraron posteriormente cuando Charlie Hebdo atribuyó los atentados del 11 de septiembre de 2001 a al-Qaeda mientras que la Red Voltaire demostraba la inconsistencia de la versión oficial sobre esos hechos y acusaba a una facción del grupo de presión militaro-industrial de Estados Unidos. Finalmente, en 2007, el director de Charlie Hebdo se acercaba al entonces presidente de Francia Nicolas Sarkozy mientras este último ordenaba la eliminación del presidente de la Red Voltaire, quien se vio obligado a exilarse.

Red Voltaire
08 de enero del 2015

Je ne suis pas Charlie (Yo no soy Charlie)

Parto aclarando antes que nada, que considero una atrocidad el ataque a las oficinas de la revista satírica Charlie Hebdo en París y que no creo que, en ninguna circunstancia, sea justificable convertir a un periodista, por dudosa que sea su calidad profesional, en un objetivo militar. Lo mismo es válido en Francia, como lo es en Colombia o en Palestina. Tampoco me identifico con ningún fundamentalismo, ni cristiano, ni judío, ni musulmán ni tampoco con el bobo-secularismo afrancesado, que erige a la sagrada “République” en una diosa. Hago estas aclaraciones necesarias pues, por más que insistan los gurús de la alta política que en Europa vivimos en una “democracia ejemplar” con “grandes libertades”, sabemos que el Gran Hermano nos vigila y que cualquier discurso que se salga del libreto es castigado duramente. Pero no creo que censurar el ataque en contra de Charlie Hebdo sea sinónimo de celebrar una revista que es, fundamentalmente, un monumento a la intolerancia, al racismo y a la arrogancia colonial.

Miles de personas, comprensiblemente afectadas por este atentado, han circulado mensajes en francés diciendo “Je Suis Charlie” (Yo soy Charlie), como si este mensaje fuera el último grito en la defensa de la libertad. Pues bien, yo no soy Charlie. No me identifico con la representación degradante y “caricaturesca” que hace del mundo islámico, en plena época de la llamada “Guerra contra el Terrorismo”, con toda la carga racista y colonialista que esto conlleva. No puedo ver con buena cara esa constante agresión simbólica que tiene como contrapartida una agresión física y real, mediante los bombardeos y ocupaciones militares a países pertenecientes a este horizonte cultural. Tampoco puedo ver con buenos ojos estas caricaturas y sus textos ofensivos, cuando los árabes son uno de los sectores más marginados, empobrecidos y explotados de la sociedad francesa, que han recibido históricamente un trato brutal: no se me olvida que en el metro de París, a comienzos de los ‘60, la policía masacró a palos a 200 argelinos por demandar el fin de la ocupación francesa de su país, que ya había dejado un saldo estimado de un millón de “incivilizados” árabes muertos. No se trata de inocentes caricaturas hechas por libre pensadores, sino que se trata de mensajes, producidos desde los medios de comunicación de masas (si, aunque pose de alternativo Charlie Hebdo pertenece a los medios de masas), cargados de estereotipos y odios, que refuerzan un discurso que entiende a los árabes como bárbaros a los cuales hay que contener, desarraigar, controlar, reprimir, oprimir y exterminar. Mensajes cuyo propósito implícito es justificar las invasiones a países del Oriente Medio así como las múltiples intervenciones y bombardeos que desde Occidente se orquestan en la defensa del nuevo reparto imperial. El actor español Willy Toledo decía, en una declaración polémica -por apenas evidenciar lo obvio-, que “Occidente mata todos los días. Sin ruido”. Y eso es lo que Charlie y su humor negro ocultan bajo la forma de la sátira.

No me olvido de la carátula del N°1099 de Charlie Hebdo, en la cual se trivializaba la masacre de más de mil egipcios por una brutal dictadura militar, que tiene el beneplácito de Francia y de EEUU, mediante una portada que dice algo así como “Matanza en Egipto. El Corán es una mierda: no detiene las balas”. La caricatura era la de un hombre musulmán acribillado, mientras trataba de protegerse con el Corán. Habrá a quien le parezca esto gracioso. También, en su época, colonos ingleses en Tierra del Fuego creían que era gracioso posar en fotografías junto a los indígenas que habían “cazado”, con amplias sonrisas, carabina en mano, y con el pie encima del cadáver sanguinolento aún caliente. En vez de graciosa, esa caricatura me parece violenta y colonial, un abuso de la tan ficticia como manoseada libertad de prensa occidental. ¿Qué ocurriría si yo hiciera ahora una revista cuya portada tuviera el siguiente lema: “Matanza en París. Charlie Hebdo es una mierda: no detiene las balas” e hiciera una caricatura del fallecido Jean Cabut acribillado con una copia de la revista en sus manos? Claro que sería un escándalo: la vida de un francés es sagrada. La de un egipcio (o la de un palestino, iraquí, sirio, etc.) es material “humorístico”. Por eso no soy Charlie, pues para mí la vida de cada uno de esos egipcios acribillados es tan sagrada como la de cualquiera de esos caricaturistas hoy asesinados.

Ya sabemos que viene de aquí para allá: habrá discursos de defender la libertad de prensa por parte de los mismos países que en 1999 dieron la bendición al bombardeo de la OTAN, en Belgrado, de la estación de TV pública serbia por llamarla “el ministerio de mentiras”; que callaron cuando Israel bombardeo en Beirut la estación de TV Al-Manar en el 2006; que callan los asesinatos de periodistas críticos colombianos y palestinos. Luego de la hermosa retórica pro-libertad, vendrá la acción liberticida: más macartismo dizque “anti-terrorismo”, más intervenciones coloniales, más restricciones a esas “garantías democráticas” en vías de extinción, y por supuesto, más racismo. Europa se consume en una espiral de odio xenófobo, de islamofobia, de anti-semitismo (los palestinos son semitas, de hecho) y este ambiente se hace cada vez más irrespirable. Los musulmanes ya son los judíos en la Europa del siglo XXI, y los partidos neo-nazis se están haciendo nuevamente respetables 80 años después gracias a este repugnante sentimiento. Por todo esto, pese a la repulsión que me causan los ataques de París, Je ne suis pas Charlie.

José Antonio Gutiérrez D.
09 de enero del 2015
El Ciudadano



No hay comentarios:

Publicar un comentario

«¡Pedimos que se evite el insulto y el subjetivismo!»