«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

viernes, 26 de diciembre de 2014

Sobre la represión desatada por el gobierno de Nicaragua en contra de los manifestantes anti Canal; Equipo de Bitácora (M-L)


Palabras de R.M. [Rosario Murillo]

«Hemos de decir que es exactamente el mismo empleó de la violencia que hizo la Violeta, Alemán, Bolaños, en cada ocasión que el pueblo se lanzó a las calles y paraba las vías en época del neoliberalismo, también, entonces, se hizo y alentó desde el Frente Sandinista de Liberación Nacional. Nosotros –por los estudiantes– en las luchas del 6%, –con la Juventud Sandinista, como sucursal de la dirigencia del Frente Sandinista de Liberación Nacional, moviendo los hilos de UNEN –Unión Nacional de Estudiantes de Nicaragua–, quemamos no pocas propiedades del Estado; y el discurso del FSLN era significativamente diferente, incluso la bancada del Frente llevaba pancartas de apoyo a la sesiones de la Asamblea Nacional. Ahora el FSLN en el poder habla de actos vandálicos, de actos terrorista, para justificar las fechorías de los cuerpos castrenses y policiales. Eso es lo que se conoce como doble discurso, doble moral, una característica de los sistemas políticos burgueses.

Lo que ha habido allí –en las acciones gubernamentales en contra de los manifestantes anti Canal– es la repetición de la represión, asesinato, coerción que siempre se ha empleado en contra del pueblo nicaragüenses y sus luchas, es la continuación de la represión que sufrieron lo minero y los excachorros del ejército, los adultos mayores, también los taxistas de Totogalpa, los pobladores de San Jacinto que querían agua y luz, la que sufrieron los transportistas, también los estudiantes, es la razón por la que murieron Jerónimo y Porfirio en las luchas del 6%, por la misma causa fueron heridos de bala 35 compañeros, etc. En cualquier caso, se trata de una patología del poder que no puede ser justificada y si así se hace entonces se es además cómplice.

Cierto es que esa gente tiene derecho a protestar, es su modo de vida, el lugar donde viven y proceden el que está siendo devorado por el desarrollismo neoliberal de siempre bajo la dictadura de la burguesía, y en este caso con implicación del imperialismo chino que despunta de la mano de la burguesía nacionalista convertida en compradora. Aunque ciertamente convergen muchos y variados intereses que se originan en la oposición política, pero estos no deslegitiman ni por un momento la lucha emprendida por las miles de familias que serán expropiadas.

Y no es que estemos coyunturalmente en contra del proyecto canalero en sí, estamos en contra de la autocracia, del nepotismo, de los dictados, de la corrupción, del tráfico de influencia, de la ausencia de estudios de impacto medioambiental, de la extranjerización de los recursos del país, estamos en contra de que se tomen decisiones que nos afectan a todos como nicaragüenses sin consultarnos como pueblo. Estamos en contra de todos esos métodos salidos de la caja de los intereses de la burguesía-oligarquía que nos gobierna.

El gobierno que trata a sus ciudadanos con el «garrote» no merece gobernar a esos ciudadanos; y de eso los nicaragüenses sabemos un rato. Pero lo más aberrante de todo este asunto, es que los apresados en las manifestaciones, algunos están con paradero desconocido, los otros han sido trasladados de diferentes puntos del país para ser recluidos en «El Chipote»; para quien no lo sepa o no lo recuerde o no lo quiera recordar, ese era el agujero de las peores perversiones del somocismo, era donde terminaban los presos políticos metidos en pequeñas celdas en donde era torturados, y reducidos a condiciones infrahumanas, y asesinados; ese procedimiento es absolutamente injustificable. En la misma medida nos preocupa sobremanera que la militancia del FSLN esté justificando la represión que se desata en contra de determinados sectores populares, sin considerar ni por un momento que es precisamente en ese apoyo servil en que se apoyó el somocismo para someter a Nicaragua durante cincuenta años.

Curiosas formas tiene la historia de repetir algunas cuestiones; esta vez de la mano de los actores del pseudosocialismo del siglo XXI».

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