«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

sábado, 27 de septiembre de 2014

Paralelismos entre el revisionismo del «socialismo del siglo XXI» y el revisionismo eurocomunista: ¡la «reconciliación nacional» de Daniel Ortega y la «reconciliación nacional» de Santiago Carrillo!

Daniel Ortega homenajeando al Cardenal Miguel Obando y Bravo, conocido contrarrevolucionario

«En el caso concreto del Frente Sandinista de Liberación Nacional, el discurso unitarista ha llegado a unos puntos de traición a los intereses de la clase obrera, y del resto de clases trabajadoras, sólo equiparable al cometido por el revisionismo eurocomunista de Santiago Carrillo. En este caso, además de lo antes descrito, hemos visto como se ha desarrollado un supuesto discurso de «paz y reconciliación nacional» que se ha encaminada a tejer alianzas con la Contrarrevolución Nicaragüense –ahora denominados en su propaganda «Resistencia Nicaragüense»–, e incluso se ha llegado a dar reconocimiento legal [1] a la lucha de este grupo de mercenarios –así catalogados por la Corte Internacional de Justicia o Tribunal Internacional de Justicia en el caso Irán-Contras [2]– que actuaban bajo los intereses y directrices del imperialismo estadounidense. En tanto, podemos afirmar que la dirigencia del Frente Sandinista de Liberación Nacional legitimó mediante ley la lucha de la extensión armada de la Guardia Nacional Somocista, y en consecuencia ha dado legitimidad a la intervención imperialista y todo lo que significó. La ley expresa:

«Artículo 1: Día Nacional de la Resistencia Nicaragüense. Se declara el 27 de Junio de cada año, «Día de la Resistencia Nicaragüense, la Paz, la Unidad, la Libertad y Reconciliación Nacional», en reconocimiento a los hombres y mujeres que participaron en la guerra que se llevó a cabo desde mil novecientos ochenta al 27 de junio de mil novecientos noventa, fecha en que se hizo efectiva la desmovilización en la ciudad de San Pedro de Lóvago, capital de la Paz, y que optaron por la construcción de una sociedad en armonía». (Ley Nº 796, 13 de junio del 2012)

El día dedicado a la contrarrevolución nicaragüense por fuerza de ley es el 27 de junio:

«Artículo 2: Promoción. Las diferentes autoridades de gobierno, fuerzas y sectores de la sociedad nicaragüense, las organizaciones de los ex combatientes de guerra de la Resistencia Nicaragüense y Resistencia Indígena Nicaragüense -YATAMA, promoverán la conmemoración del 27 de Junio de cada año, con el objeto de preservar y desarrollar una conciencia generacional de los valores de unidad y reconciliación nacional que permita el fomento y desarrollo de una cultura de paz y tolerancia entre los nicaragüenses.» (Ley Nº 796, 13 de junio del 2012)

¿Qué significado tiene tal día y tal mes para el sandinismo? En ese mes se conmemora el nacimiento del comandante en jefe Carlos Fonseca Amador, la gesta heroica de la insurrección nacional contra la dictadura somocista, el día del maestro, el día del padre, el asesinato de Bill Stwart, la masacre del Chaparral donde fue herido el comandante en jefe Carlos Fonseca Amador, mes en que también se produce la fundación del Frente Sandinista de Liberación Nacional, la toma de Raiti del 23 de Junio de 1963 donde Silvio Mayorga —fundador del FSLN— resulta herido, mes en el que cayó Jorge Navarro, Francisco Buitrago, Iván Sánchez, Boanerge Santamaría, Modesto Duarte y Faustino Ruiz; también en este mes se conmemora el asalto al Banco Nacional por la escuadra Igor Úbeda. También, el 27 de Junio, William Díaz Romero, Gabriel Cardenal y otros compañeros sandinistas fueron sacados de la cárcel de la Loma de Tiscapa para ser ultimados. El 19 de junio de 1987 más de dos compañías formadas por «cachorros de Sandino» –eran los soldados que cumplían con el servicio militar obligatorio a la edad de 16 años– del Batallón de Lucha Irregular Ramón Raudales fueron totalmente desarticuladas, los heridos fueron ultimados. No podemos menospreciar el hecho de que los «cachorros» no cuentan con un día conmemorativo en el calendario a diferencia de los contrarrevolucionarios.

Pero vayamos más allá, debido a que tal procedimiento puede ser entendido por alguno de los lectores como una incorporación al tejido social de la contrarrevolución, que en cualquier caso no justifica que se reconozca sus luchas contrarrevolucionarias, y que por lo demás no se trata de casos aislados; veamos algunos ejemplos para comprender la extensión de esta política de unidad con los sectores más reaccionarios:

1) Pedro Joaquín Chamorro Cardenal: Se trató de un dirigentes oligárquico-burgués opositor al régimen somocista; el eje fundamental de sus ideas era la eliminación de Somoza pero dando continuidad al somocismo, manteniendo intacto el sistema de explotación del mismo. En la actualidad elevado a la categoría de héroe nacional por el gobierno sandinista. Se lee:

«Evocando (…) Al Mártir de la Libertades Públicas, Doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal». (Constitución política de la República de Nicaragua; Preámbulo, 1987)

Pero veamos que significó el sujeto en cuestión desde el punto de vista de la lucha nicaragüense en contra del somocismo:

«Citemos el caso de la invasión que estuvo bajo el control de la camarilla derechista de la oposición y que tenía como figura principal a Pedro Joaquín Chamorro. Vemos claramente que esa fuerza fue derrotada, aunque no presentaron un programa revolucionario y más bien contaba con el respaldo de las fuerzas proyanquis del interior y del exterior del país». (Carlos Fonseca Amador; Volviendo a Carlos Fonseca Amador: «La Lucha por la Transformación de Nicaragua», 1960)

Y luego:

«Las fallas organizativas no logró superarlas la UNO, y así ocurrió en junio de 1959 la invasión llamada de Olama y Los Mollejones, encabezada por Pedro Joaquín Chamorro, Luis Cardenal y Reynaldo Téfel. La lucha armada en Nicaragua requiere inusitados sacrificios que solamente se pueden soportar siendo dueños los combatientes de una alta moral, nacida del profundo interés en el derrocamiento de la tiranía, la transformación de la miserable y horrorosa vida que flagela a nuestros amados compatriotas. Tales elementos no podían darse en las personas mencionadas, ligadas a las fuerzas económicas que han compartido en considerable proporción con la dictadura la explotación del pueblo». (Carlos Fonseca Amador; Volviendo a Carlos Fonseca Amador: «Breve análisis de la lucha popular nicaragüense contra la dictadura de Somoza», 1960)

Luego manifiesta:

«Hoy que Johnson se atreve a hundir más su hocico en Nicaragua y toda Centroamérica, el sector capitalista de la oposición encabezado por los políticos conservadores, Pedro Joaquín Chamorro y Fernando Agüero, le dirige súplicas serviles. Ahora vemos con mayor claridad que Somoza, Chamorro y Agüero son zorros del mismo piñal capitalista y neocolonial. A su vez los falsos revolucionarios que hojean los libros revolucionarios sin realizar las acciones correspondientes, forman parte de la recua cómplice de la tragedia que sufre la nación». (Carlos Fonseca Amador; Volviendo a Carlos Fonseca Amador «Yanqui Johnson: Go Home», 5 de julio de 1968)

2) Cardenal Miguel Obando y Bravo: Incluido por el actual gobierno liderado por Daniel Ortega Saavedra en la constitución política, lo que deja ver que no hay separación iglesia-Estado. Profundamente anticomunista; dirigió la iglesia que fungió de aliada del somocismo. Tras el triunfo de la Revolución Popular Sandinista organizó un encuentro en Venezuela cuyo propósito era impedir el asenso al poder de las fuerzas entendidas como revolucionarias, promocionó activamente a las fuerzas políticas burguesas como nuevos dirigentes del país. Se sabe que durante la organización y desarrollo de la contrarrevolución jugó un papel relevante en la captación de ayuda financiera y logística para tales criminales. Durante los procesos electorales tomó partido por las fuerzas antisandinista, empleando el púlpito, y su influencia en el pueblo nicaragüense derivado de la tradicionalidad cristiana, como tribuna política interfiriendo en los procesos electorales a favor de su candidato. En la actualidad es una de las figuras recurrentes y omnipresentes en los eventos políticos del Frente Sandinista de Liberación Nacional.

La constitución expresa:

«Evocando (…) Al Cardenal de la Paz y la Reconciliación, Cardenal Miguel Obando y Bravo». (Constitución política de la República de Nicaragua; Preámbulo, 1987)

3) Edén Pastora –comandante cero–: Fue un conocido comandante sandinista de ideología socialdemócrata, participó en la lucha de liberación y en el triunfo de la revolución, formó parte de la estructura del recién formado Ejército Popular Sandinista. Finalmente se separa del Frente Sandinista de Liberación Nacional y forma una guerrilla contrarrevolucionaria, el ARDE –Alianza  Revolucionaria Democrática–, que contó con la financiación del Departamento de Estado y la CIA estadounidense. Actuaba en la parte sur de Nicaragua, infiltrándose desde Costa Rica, en donde proclamó por un breve período la República Libre de San Juan del Norte. Y aunque este ha insistido que era parte de una estrategia del ejército, lo cierto es que su actividad armada supuso el asesinato y desplazamiento de miles de campesinos; además de un intento de eliminación física del sujeto por un comando afín FSLN. En la actualidad ha sido incorporado a la estructura del Estado nicaragüense para dirigir el dragado del Rio San Juan de Nicaragua.

Podríamos continuar, pero estos tres casos son muy explícitos, y nos permiten hacernos una idea del punto de inflexión que ha alcanzado el Frente Sandinista de Liberación Nacional en su degeneración progresiva trasladada, en este caso, a su discurso y praxis unitaria en el partido y el Estado.

Esta odas a la «reconciliación nacional, no tienen una sola diferencia con los lemas demagógicos de «superar las viejas rencillas nacionales», de «no remover el pasado» o de «construir una España de todos», proclamados por Santiago Carrillo y Dolores Ibárruri; todos ellos recogidos en el programa de su «reconciliación nacional» de 1953. Esta «reconciliación nacional» sería oficializada un año después y a posteriori sería la punta de lanza del revisionismo eurocomunista durante la llamada «transición española» de 1978 que:

1) Legitimaría  el régimen de democracia parlamentaria burguesa y capitalismo, como «mejor expresión posible de libertad y democracia»,

2) dejaba impune los crímenes del franquismo-falanguismo, cometidos durante la guerra civil y la dictadura fascista, para «no crear tensiones innecesarias»,

3) abogaba por un entendimiento de todas las fuerzas «democráticas», de derecha e izquierda para crear una cultura española que hiciera posible el no desencadenamiento de una próxima guerra civil.

Veamos brevemente unas frases:

«España se encuentra ante una coyuntura en la que si las fuerzas de derecha y de izquierda tienen en cuenta la dura y terrible lección de la guerra y de la etapa fascista, es posible poner fin a un largo período histórico de pronunciamientos, guerras civiles e intervenciones extranjeras, e inaugurar una nueva era de paz civil. La reconciliación nacional de los españoles es una posibilidad real y una necesidad impostergable». (Partido Comunista de España; Por la reconciliación nacional, por una solución democrática y pacífica del problema español, 1956)

Santiago Carrillo diría:

«Los que defendimos sinceramente, en un campo u otro [de la guerra civil de 1936-1939], una causa que creíamos justa, somos capaces, cuarenta años después, de respetarnos, de estimarnos como hombres y de cooperar para hacer una España libre y pacífica, sin vencedores ni vencidos». (Partido Comunista de España; Mundo Obrero, 27 de enero de 1977)

¿Se imaginan a Lenin hablando como si fuera una «eventualidad» la lucha del ejército blanco zarista contra el ejército rojo bolchevique en 1922? ¿Se imaginan a Iósif Stalin hablando como Ronald Reagan de que los nazis alemanes luchaban en Berlin de 1945 por la patria? ¿Se imaginan a Enver Hoxha llamando a la conciliación con los ballistas en 1944 y calificando de «causa justa» su lucha conjunta con los ejércitos alemanes? Pero no hablemos sólo se guerras y revoluciones victoriosas para los comunistas. ¿En serio alguien se podría imaginar al heroico Nikos Zachariadis hablando de que «ahora es posible la reconciliación» con el bando monarca-fascista cuando llegó la democracia burguesa en Grecia? ¿El señor Santiago Carrillo acaso pretendía vendernos que era perfectamente defendible haber apoyando el «bando nacional» y la «causa» franquista-falangista como hicieron la gran burguesía, los terratenientes, la jerarquía católica en 1936: como pensaban en la Alemania hitleriana, el Portugal salazarista y la Italia mussoliniana? ¿Por qué el señor Carrillo olvida el análisis de clase a la hora de hablar de la guerra civil, sus bandos, y a quién representaban, si se decía por entonces marxista? ¿Nadie de los carrillistas se dieron cuenta que tanto a los zaristas rusos, ballistas albaneses, los franco-falangistas españoles como a los monarca-fascistas griegos eran apoyados y financiados exteriormente por la reacción internacional de cada época? ¿Cómo se atreve a igualar ambos bandos y ambas causas? ¿Acaso es mentira que sigue existiendo, después de años de su amada democracia burguesa, el bando de los «vencidos» como reflejan los miles de cuerpos sin identidad sepultados en las cunetas de todo el territorio español?

Así pedía el voto el revisionista Partido Comunista de España en las elecciones parlamentarias burguesas de 1977, que además daba legitimidad al nuevo régimen burgués preconcebido por los viejos franquistas:

«Al emerger a la luz pública, en la legalidad proclama: no más guerras civiles, ni revanchas, ni violencias. Reconciliación nacional, democracia para todos. El paso pacífico de la dictadura a la libertad ha de ser obra de todos los españoles de voluntad democrática y conciencia patriótica. Que las futuras cortes sean constituyentes para que la soberanía popular sea la que establezca las leyes que garanticen los derechos y deberes cívicos y las normas institucionales». (Partido Comunista de España; Mundo Obrero, 8 de junio de 1977)

Esto estaba bastante lejos, de las concepciones marxista-leninistas de José Díaz sobre lo que suponían las clases explotadoras que luego apoyarían al General Franco durante la guerra civil:

«¿Qué España representan ellos? Sobre este asunto, hay que hacer claridad. (...) No es posible que continúen engañando a estas masas, utilizando la bandera del patriotismo, los que prostituyen a nuestro país, los que condenan al hambre al pueblo, los que someten al yugo de la opresión al noventa por ciento de la población, los que dominan por el terror. ¿Patriotas ellos? ¡No! Las masas populares, vosotros, obreros y antifascistas en general, sois los patriotas, los que queréis a vuestro país libre de parásitos y opresores; pero los que os explotan no, ni son españoles, ni son defensores de los intereses del país, ni tienen derecho a vivir en la España de la cultura y del trabajo». (José Díaz; La España revolucionaria; Discurso pronunciado en el Salón Guerrero, de Madrid, 9 de febrero de 1936)

Por lo tanto, como decía José Díaz, los comunistas desean ver a su país libre de parásitos y explotadores, mientras los reformistas meten a los explotados y explotadores en el mismo saco de «patriotas» y permiten que continué la explotación del hombre por el hombre en el capitalismo, sea bajo la democracia burguesa o bajo la abierta dictadura terrorista del fascismo.

Enver Hoxha describiría así el nacimiento de estas deformaciones ideológicas del revisionismo carrillista y su oficialización dentro del revisionismo español:

«En 1954 se llevó a cabo el Vº Congreso del Partido Comunista de España. En este congreso afloraron los primeros elementos del espíritu pacifista y de reconciliación de clases de lo que constituiría poco más tarde la plataforma del revisionismo español y que encontraría su perfecta expresión en la obra ultrarevisionista y traidora de Carrillo. Adoptando la vía jruschovista de transición pacífica al socialismo, el Comité Central del Partido Comunista de España, en junio de 1956, con motivo del vigésimo aniversario de la guerra civil hizo público un documento, en el cual estaba formulada la política de «reconciliación nacional». El Partido Comunista de España se pronunciaba por un acuerdo entre las fuerzas que 20 años atrás habían combatido en formaciones opuestas». (Enver Hoxha; Eurocomunismo es anticomunismo, 1980)

A estas alturas, no nos hace falta explicar ni nos vamos a parar a explicar que supuso para la lucha de clases en España la introducción de teorías reformistas de Santiago Carrillo de este tipo. Estos puntos, como somos testigos, de unión con los viejos bandos opuestos de la guerra civil, que representaban a las clases explotadoras, antagónicas y reaccionarias, son profundamente idealistas, carece de cualquier análisis marxista, por ello en el caso nicaragüense actual como en el caso español en su día, pretender que ahora bajo el marco de una democracia burguesa, la contradicción antagónica con el viejo bando de la guerra civil y sus clases sociales desaparecen son meras ideas pacifistas y reformistas que nada tienen en común con el marxismo. A modo de lección universal, y en base a los resultados de la colaboración de clase propuesta por el revisionismo en nombre del marxismo, ideas que recuperan los neo-revisionistas del «socialistas del siglo XXI»; debemos recordar que la colaboración de clases significa: disipar cualquier línea entre clases sociales, borrar el concepto de partido proletario, y borrar la definición marxista de Estado, en tanto se pretende negar la dominación de una clase sobre otra y general la idea del idealista término medio que tanto les gusta proclamar.

Por lo ya expresado podemos concluir que esa «unidad» general, entre clases antagónicas que se da dentro de una organización dentro del «socialismo del siglo XXI» que dice ser y debería ser de clase proletaria, se encamina únicamente a crear las condiciones para que el capitalismo tenga continuidad. Estas puede ser resumidas en:

1) Negación de la lucha de clases tanto dentro del partido como dentro de tal Estado: esto conduce a la práctica de la integración de clases antagónicas, explotadores y explotados, dentro de la misma organización que «pretende la construcción del socialismo», este socialismo –que no es tal– nunca lesionará los intereses de la burguesía que ejerce en la dirigencia. Recordemos que con esta práctica muchos elementos burgueses y pequeño burgueses, incluso la mayor parte de ellos, tienen puestos y cargos estratégicos en la propia dirigencia.

2) Formulaciones económicas que pretenden la «integración del capitalismo en el socialismo»; en tanto dan eterna validez a la «ley del valor», al «máximo beneficio», a la «anarquía en la producción»; esto se resume en la continuación de las relaciones de producción capitalistas. Así mismo, se desarrollan formulaciones que impiden que el Estado se salgan de la democracia burguesa y por tanto del dominio de la dictadura de la burguesía: para ello se estimulará el rito al respeto a la «constitución socialista» burguesa y al multipartidismo de la democracia burguesa.

3) El «eclecticismo teórico» de su ideología, donde en su intento de formular una nueva doctrina recogen cualquier revisionismo y cualquier corriente antimarxista que justifique su acción». (Equipo de Bitácora de un Nicaragüense; El revisionismo del «socialismo del siglo XXI», 2013 [reedición de 2014])

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