«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

sábado, 3 de mayo de 2014

El capitalismo se instala en el corazón de la Revolución [Venezuela]

Evidentemente que el socialismo del siglo XXI –como ya hemos afirmado hasta la saciedad– no es socialismo, sencillamente es la respuesta al neoliberalismo dentro de las leyes capitalistas de producción, y todas las relaciones sociales que esta genera.

Pero es preciso comprender en la misma medida que incluso cuando fue dirigido por Hugo Chávez, el cariz de ese pseudosocialismo de nacionalizaciones, de economías mixtas, de comunas, y cooperativas –eso que algunos ideólogos pequeñoburgueses pretenden comprender como «economía autogestionaria»–, era en el peor de los caso revisionismo –pues desprestigia todas las luchas consecuentemente comunista, marxistas-leninista, ahondando en ese daño irreparables en la teoría y praxis ya hecha por todos los revisionismo precedentes– y en el no menos peor de los casos, simple y llano capitalismo bajo un manto de fraseología revolucionaria y antiimperialista que nunca llegó a ser. Solo hay que ver la extensa dependencia económica de Venezuela respecto al imperialismo estadounidense –en torno al 60%– y a la burguesía.

En definitiva, las actuales desviaciones –incluso las convulsiones sufridas por la sociedad venezolana a manos de la burguesía opositora– son el resultado de la vacilación ya mostrada por el chavismo desde sus primeros pasos, de su «indefinición ideológica» elevada a estatuto:

«Bases del modelo productivo de la transición al socialismo: 1. Eliminación de propiedad privada monopólica nacional y extranjera sobre los medios de producción, especialmente los esenciales. 2. Promoción de la propiedad privada no monopólica con función social. 3. Promoción de empresas mixtas con mayoría accionaría del Estado y progresivo control de los trabajadores y trabajadoras, bajo las siguientes condiciones: (a) Con empresas extranjeras: transferencia tecnológica y del conocimiento, realización de inversiones sociales correlativa al monto de la inversión, cumplimiento riguroso de las leyes y el contrato establecido, garantía de respeto a la madre tierra y la soberanía nacional. (b) Con Consejos Comunales: transferencia progresiva de propiedad estatal a propiedad comunal, en función de la eficiencia, honestidad en la administración del bien y acumulación comunitaria del excedente económico. 4. Promoción de la propiedad comunal, forma de propiedad colectiva que sólo puede usufructuarse en comunidad. 5. Propiedad Estatal, como forma indirecta de la propiedad colectiva. 6. Propiedad personal consistente en el patrimonio personal y familiar, que no puede usarse para la explotación de trabajo ajeno». (Bases programáticas del Partido Socialista Unido de Venezuela –PSUV–; Iº Congreso del PSUV, 2010)

Hay que añadir como curiosidad, que el método dentro de una sociedad proclamada como socialista– de reunir, fomentar, y decidir en consenso con los capitalistas para permitir que los capitalistas sigan extrayendo plusvalía pero «dentro de unos límites», es una práctica que recuerda a la experiencia china:

«En 1952, después de dos años de rápido crecimiento de la industria privada y del comercio de la burguesía nacional, el Partido Comunista de China inició una campaña masiva, conocida como la lucha contra los «cinco males», para frenar la actividad ilegal como la de la especulación, la cual había acompañado al desarrollo capitalista. (...) El objetivo principal de la campaña era acercar la industria capitalista al control del gobierno, rompiendo la independencia económica de los capitalistas. Esto se realizó mediante impuestos y multas así como con un reforzado mayor control por parte del gobierno en el suministro de materias primas. El gobierno entonces formalizo contratos con las empresas capitalistas y las financió». (Jim Washington; No se puede construir el socialismo en alianza con la burguesía, 1980)

El documento:


La realidad es terca, y en política llega a ser cruel, sobre todo con los gobernantes que, en los humos del poder, sustituyen la vida por la imagen que sus adláteres le construyen para su placer. Las noticias son claras.

En la última semana el gobierno se ha reunido con no menos de dos mil empresas capitalistas para planificar la “ofensiva económica”. A disposición de estas empresas, que duplican o triplican la cantidad de comunas, se ha puesto el fondo chino, el fonden y otras fuentes de financiamiento; se promete, además, comprar la producción. Es decir, una ternura con los capitalistas que no se consigue ni siquiera en los países capitalistas: no tienen que enfrentarse en el mercado, lo que produzcan tiene salida segura, y la plata para trabajar la pone el Estado. Con esas condiciones tan cómodas, lo único que falta es suspender la ley del trabajo y, entonces, podrían decretar el paraíso del capitalismo. Para allá van.

Si colocaran siquiera el uno por ciento de ese esfuerzo en construir el Socialismo, otra sería la cara de esta Revolución.

Ahora aparece la teoría que sustenta este modelo, ya no se habla de Socialismo, se ensayan diferentes eufemismos para bautizar y disfrazar, avergonzados, este proteccionismo al capitalismo que poco se ha visto en el mundo.

El futuro se ve complicado. Por este camino, en el mejor de los casos, en poco tiempo más se desvanecerá la esperanza socialista y tendremos un país capitalista franco, uno más en este mundo que camina hacia la extinción de la vida. Sufriremos las crisis periódicas propias del capitalismo, tendremos la miseria que el sistema, necesariamente, produce. Se elevará la delincuencia, tendremos que privatizar todo. Sólo nos quedará esperar que nazca otro Chávez para reavivar las cenizas de su sueño.

En el peor y más probable de los casos se impondrá la ética rentista, estos empresarios de nuevo cuño -que no se sabe de dónde salieron, ni qué estaban haciendo antes de transformarse en empresarios de la noche a la mañana, ni quién los avala- actuarán con la ética de los contrabandistas de la frontera, de los raspacupo, de los “miami dame dos”. Lo más seguro es que, como hicieron sólo hace meses con cadivi, se robarán los subsidios, estafarán al fondo chino y a todo lo que se ponga a su alcance. No hay razón para pensar de otra manera.

Como se ve, el modelo que hoy se aplica es de perder-perder: si va bien, la sociedad pierde; si va mal, la sociedad pierde. El único que gana es el capitalista vivo que captura la renta.

Lo correcto es seguir el camino del Socialismo, superar el rentismo burgués y también el rentismo popular. Convocar a la masa chavista para la gran tarea de construir una economía social que pueda sustentar una conciencia social. Producir lo que necesite la sociedad y no lo que necesiten los capitalistas para ganar más, producir conciencia social.

Atreverse. Pero si no se tiene fe en el Socialismo, si se piensa que es irrealizable, entonces, díganlo, declárenlo, no perjudiquen doblemente a la causa de Chávez. Porque así no construyen el Socialismo y además lo desprestigian para los siglos venideros, si es que este planeta por el camino que va dura siglos.

Por Toby Valderrama y Antonio Aponte
La Haine

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