«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

jueves, 13 de febrero de 2014

Los cambios en las relaciones de clase y el viraje en la política del partido; Stalin, 1929

«Ridícula es la pregunta de si se puede admitir a los kulaks en los koljoses. Claro que no se les puede admitir. No se les puede admitir, porque son enemigos acérrimos del movimiento koljosiana». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; En torno a las cuestiones de la política agraria de la URSS, 1929)


Finalmente, el problema de los cambios en las relaciones de clase dentro del país y de la ofensiva del socialismo contra los elementos capitalistas del campo.

Lo característico en el trabajo de nuestro partido durante el año último consiste en que nosotros, como partido y como Poder Soviético:

a. hemos desplegado la ofensiva en todo el frente contra los elementos capitalistas del campo,

b. en que esta ofensiva ha dado y sigue dando, como es sabido, resultados
positivos muy tangibles.

¿Qué significa esto? Significa que hemos pasado de la política de restricción de las tendencias explotadoras de los kulaks a la política de liquidación de los kulaks como clase. Significa que hemos dado y seguimos dando un viraje decisivo en toda nuestra política.

Hasta hace poco, el partido propugnaba restringir las tendencias explotadoras de los kulaks. Como es sabido, esta política fue proclamada ya en el VIII Congreso del partido. Esta misma política fue proclamada otra vez al implantarse la NEP y en el XI congreso de nuestro partido. Todos recordaréis la célebre carta de Lenin sobre las tesis de Preobrazhenski [6] –de 1922–, en la que de nuevo insistía en la necesidad de aplicar precisamente esta política. Finalmente, la ratificó el XV congreso de nuestro partido. Es la política que hemos venido aplicando hasta últimamente.

¿Era acertada esta política? Sí, entonces lo era indudablemente. ¿Podíamos hace cinco años o incluso hace tres emprender semejante ofensiva contra los kulaks? ¿Podíamos en aquel tiempo confiar en que la ofensiva tuviese éxito? No, no podíamos. Esto hubiera sido un aventurerismo muy arriesgado. Esto hubiera sido jugar de un modo peligrosísimo a la ofensiva, pues hubiéramos fracasado de seguro, afianzando con ello las posiciones de los kulaks. ¿Por qué? Porque no disponíamos aún de esos puntos de apoyo en el campo que constituyen hoy la extensa red de sovjoses y koljoses y en los cuales pudiéramos basar una ofensiva resuelta contra los kulaks. Porque por aquel entonces no estábamos aún en condiciones de sustituir la producción capitalista del kulak por la producción socialista de los koljoses y sovjoses.

En 1926-1927, la oposición zinovievista-trotskista se esforzó por imponer al Partido la política de ofensiva inmediata contra los kulaks. El Partido no se lanzó a esta peligrosa aventura, pues sabía que no es de gentes serias jugar a la ofensiva. La ofensiva contra los kulaks es una cosa seria, que no hay que confundir con las frases declamatorias contra los kulaks. Ni hay que confundirla tampoco con la política de escaramuzas con los kulaks, que la oposición zinovievista-trotskista se empeñaba en imponer al partido. Lanzarse a la ofensiva contra los kulaks significa aplastarlos y liquidarlos como clase. Si no se persigue este objetivo, la ofensiva no es más que un tema discursivo, una escaramuza, vacua charlatanería, cualquier cosa menos una verdadera ofensiva bolchevique. Lanzarse a la ofensiva contra los kulaks significa prepararse para ello y asestarles un golpe serio, tan serio, que no puedan volver a levantar cabeza. Esto es lo que nosotros, los bolcheviques, llamamos una verdadera ofensiva. ¿Podíamos emprender esta ofensiva, con perspectivas de éxito, hace cinco o incluso hace tres años? No, no podíamos.

En efecto, el kulak producía, en 1927, más de 600 millones de puds de cereales, de los cuales vendía fuera del campo, por vía de intercambio, unos 130 millones de puds. Era una fuerza bastante seria, que forzosamente debía tomarse en consideración. ¿Cuánto producían por aquel entonces nuestros koljoses y sovjoses? Unos 80 millones de puds, de los que lanzaban al mercado –grano mercantil– unos 35 millones. Juzgad vosotros mismos si, en estas condiciones, podíamos entonces sustituir la producción y el grano mercantil de los kulaks por la producción y el grano mercantil de nuestros koljoses y sovjoses. Es evidente que no podíamos.

¿Qué hubiera significado, en estas condiciones, emprender una ofensiva resuelta contra los kulaks? Hubiera significado un fracaso seguro, afianzar las posiciones de los kulaks y quedarse sin pan. Por eso no podíamos ni debíamos acometer entonces una ofensiva decisiva contra los kulaks, a despecho de las aventureras tiradas declamatorias de la oposición zinovievista-trotskista.

¿Y ahora? ¿Cuál es ahora la situación? Ahora contamos ya con una base material suficientemente fuerte para asestar golpes a los kulaks, para vencer su resistencia, para liquidarlos como clase y sustituir su producción por la producción de los koljoses y sovjoses. Como es sabido, en 1929, la producción de cereales de los koljoses y sovjoses no ha bajado de 400 millones de puds –200 millones de puds menos que la producción global de los kulaks en 1927– .Sabido es asimismo que, en 1929, los koljoses y sovjoses han lanzado al mercado más de 130 millones de puds –es decir, más que los kulaks en 1927–. Y es sabido, finalmente, que, en 1930, la producción global de cereales de los koljoses y sovjoses no bajará de 900 millones de puds –es decir, que excederá a la producción global de los kulaks en 1927–, de los cuales irán al mercado 400 millones de puds, por lo menos –o sea, una cantidad incomparablemente superior a la de los kulaks en 1927–.

Así se plantea actualmente la situación, camaradas.

Ese es el desplazamiento producido en la economía de nuestro país.

Hoy contamos, pues, como veis, con la base material necesaria para sustituir la producción de los kulaks por la producción de los koljoses y sovjoses. Por eso, precisamente, nuestra ofensiva decisiva contra los kulaks logra hoy éxitos indudables.

Así es como hay que lanzarse a la ofensiva contra los kulaks, si es que queremos una ofensiva verdadera y decisiva, y no nos limitamos a vacuas declamaciones contra ellos.

Por eso hemos pasado últimamente de la política de restricción de las tendencias explotadoras de los kulaks a la política de liquidación de los kulaks como clase.

¿Y la política de deskulakización? ¿Es posible admitir la deskulakización en las zonas de colectivización total?, preguntan de distintos sitios. ¡La pregunta es ridícula! La deskulakización era inadmisible mientras nos ateníamos al criterio de la restricción de las tendencias explotadoras de los kulaks, mientras no podíamos pasar a la ofensiva resuelta contra los kulaks, mientras no podíamos sustituir su producción por la producción de los koljoses y sovjoses. La política de no permitir la deskulakización era entonces necesaria y acertada. ¿Y ahora? Ahora, la cosa ha cambiado. Ahora podemos ya emprender una ofensiva resuelta contra los kulaks, vencer su resistencia, liquidarlos como clase y sustituir su producción por la producción de los koljoses y sovjoses. La deskulakización la efectúan ahora las propias masas de campesinos pobres y medios que realizan la colectivización total. La deskulakización en las zonas de colectivización total ya no es ahora una simple medida administrativa, sino que constituye parte integrante de la creación y desarrollo de los koljoses. Por eso es ridículo y poco serio extenderse ahora sobre la deskulakización. «Cortada la cabeza, no se llora el pelo perdido».

No menos ridícula es la pregunta de si se puede admitir a los kulaks en los koljoses. Claro que no se les puede admitir. No se les puede admitir, porque son enemigos acérrimos del movimiento koljosiana.

Notas

[6] Véase: Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Obras, t. 33. págs. 211-215, 4a ed. en ruso.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

«¡Pedimos que se evite el insulto y el subjetivismo!»