«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

jueves, 20 de febrero de 2014

La amenaza fascista

Atilio Boron es quizá uno de los intelectuales más enérgicos y activos en la defensa del «socialismo del siglo XXI», tanto en lo teórico como en lo programáticos; y sus documentos cumplen más premisas de propaganda que de análisis científicos de los hechos, varias cosas:

1. En todo momento elude explicar –como todos los que se han ocupado del tema– de dónde surge y cómo se reproduce la base social para la desestabilización interna de Venezuela que emplea el imperialismo. Sin esa base interna el imperialismo no podría generar tales acontecimientos y su única posibilidad de intervención sería la armada. O lo que es lo mismo, si no se derrota y destruye objetivamente a la clase burguesa, como es tarea del socialismo, se estará condenado a la reproducción de este tipo de acciones y de hecho dando facilidades de acción al imperialismo.

2. En su caso ha de ser considerado «desinformación» –tiene la preparación educativa suficiente como para saber que es fascismo y que no lo es– pues califica los hechos de fascismo, y si bien puede haber alguna metodología similar al fascismo pues este también es una expresión de la burguesía, lo cierto es que no es fascismo, sino una agudización de la lucha de clases desde la burguesía dentro de la democracia burguesa existente, y no debe de ser calificado como tal porque desarma a las masas ante la verdadera amenaza del fascismo. Es por ello que se debe recordar estas palabras de Georgi Dimitrov:

«En nuestras filas se manifiesta la tendencia a considerar al fascismo de un modo general, sin tener en cuenta las particularidades concretas de los movimientos fascistas en los distintos países, calificando erróneamente como fascismo a todas las medidas reaccionarias de la burguesía, llegando inclusive a catalogar como fascistas a todos los sectores no comunistas. Lo que se conseguía con esto no era fortalecer, sino, por el contrario, debilitar la lucha contra el fascismo. (...) Como no saben abordar de un modo concreto los fenómenos de la realidad viva, algunos camaradas, que padecen de pereza mental, sustituyen el estudio minucioso y a fondo de la situación por fórmulas generales que nada dicen». (Georgi Dimitrov, Por la unidad de la clase obrera contra el fascismo; discurso de resumen ante el VIIº Congreso de la Komintern, pronunciado durante el 13 de agosto de 1935)

3. Un tercer punto, es que como defensor de la CELAC tendría que hacer autocrítica de sus análisis positivista, pues los hechos en Venezuela han demostrado que no existe la tan pregonada «unidad», que hay una afinidad pronunciada y convergencia de intereses con los del imperialismo, especialmente preocupante en el caso de Colombia, Perú, México.

El documento:


La escalada desestabilizadora que actualmente sufre la Venezuela bolivariana tiene un objetivo no negociable: el derrocamiento del gobierno de Nicolás Maduro.

No hay un ápice de interpretación en esta afirmación. Fue expresada en reiteradas ocasiones no sólo por los manifestantes de la derecha sino por sus principales líderes e inspiradores locales: Leopoldo López y María Corina Machado. En algunas ocasiones se refirieron a sus planes utilizando la expresión que usa el Departamento de Estado: “Cambio de régimen”, forma amable de referirse al “golpe de Estado”. Esta feroz campaña en contra del gobierno bolivariano tiene raíces internas y externas, íntimamente imbricadas y solidarias en un objetivo común: poner fin a la pesadilla instaurada por el comandante Hugo Chávez desde que asumiera la presidencia, en 1999.

Para Estados Unidos, la autodeterminación venezolana –afirmada sobre las mayores reservas comprobadas de petróleo del mundo– y sus extraordinarios esfuerzos a favor de la unidad de Nuestra América equivalen a un intolerable e inadmisible desafío. Para la oposición interna, el chavismo significó el fin de su coparticipación en el saqueo y el pillaje organizado por Estados Unidos y que tuvo a los líderes y organizaciones políticas de la Cuarta República como sus socios menores y operadores locales. Esperaban unos y otros la derrota del chavismo una vez muerto el comandante, pero con las presidenciales del 14 de abril del 2013 sus esperanzas se esfumaron, si bien por un porcentaje muy pequeño de votos. La respuesta de estos falsos demócratas fue organizar una serie de disturbios que cobraron la vida de más de una decena de jóvenes bolivarianos, amén de la destrucción de numerosos edificios y propiedades públicas. Se aplacaron porque la respuesta del gobierno fue muy clara y con la ley en la mano y además porque confiaban en que las elecciones municipales del 8 de diciembre, que concibieron como un plebiscito, les permitirían derrotar al chavismo para exigir de inmediato la destitución de Maduro o un referendo revocatorio anticipado. La jugarreta les salió mal porque perdieron por casi un millón de votos y nueve puntos porcentuales de diferencia.

Atónitos ante lo inesperado del resultado –que por primera vez le ofrecía al gobierno bolivariano la posibilidad de gobernar dos años y administrar la economía sin tener que involucrarse en virulentas campañas electorales– peregrinaron a Washington para recibir consejos, dineros y ayudas de todo tipo para seguir llevando adelante el plan. Ahora la prioridad era, como lo exigiera Nixon para el Chile de Allende en 1970, “hacer chirriar la economía”. De ahí las campañas de desabastecimientos programados, según recomienda el experto de la CIA Eugene Sharp, la especulación cambiaria, los ataques en la prensa en donde las mentiras y el terrorismo mediático no conocían límites y, luego, “calentar la calle” buscando crear una situación similar a la de Benghazi en Libia que desbaratase por completo la economía y generase una gravísima crisis de gobernabilidad que tornase inevitable la intervención de alguna potencia amiga, que ya sabemos quién es, que acudiese en auxilio para restaurar el orden. Nada de eso ha sucedido, pero no cejarán en sus propósitos sediciosos.

López se entregó a la Justicia y es de esperar que ésta le haga caer, a él y a Machado, todo el peso de la ley. Llevan varias muertes sobre sus mochilas y lo peor que le podría pasar a Venezuela sería que el gobierno o la Justicia no advirtieran lo que se oculta dentro del huevo de la serpiente. Un castigo ejemplar, siempre dentro del marco de la legalidad vigente, y la activa movilización de las masas chavistas para sostener a la Revolución Bolivariana es lo único que permitirá aventar el peligro de un asalto fascista al poder que pondría sangriento fin a la gesta bolivariana. Y lo que está en juego es no sólo el futuro de Venezuela sino, indirectamente, el de toda América latina.

Atilio Boron
Director del PLED,
Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini.
Página 12 / La Haine

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