«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

viernes, 17 de enero de 2014

La asamblea constituyente y la República Soviética

«Señores pequeñoburgueses vacilantes que os habéis atrincherado en la asamblea constituyente: aceptad la dictadura del proletariado o triunfaremos sobre vosotros «por vía revolucionaria». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La revolución proletaria y el renegado Kautsky, 1918)


El problema de la asamblea constituyente y de su disolución por los bolcheviques es la clave de todo el folleto de Kautsky. A él vuelve constantemente. Toda la obra del jefe ideológico de la II Internacional rebosa alusiones a que los bolcheviques «han suprimido la democracia» —véase más arriba una de las citas de Kautsky—. El problema, en efecto, tiene interés e importancia, porque la relación entre democracia burguesa y democracia proletaria se plantea en él prácticamente ante la revolución. Veamos cómo lo analiza nuestro «teórico marxista».

Kautsky cita mis tesis acerca de la asamblea constituyente, publicadas en Pravda del 26 de diciembre de 1917. Parece que no podía esperarse mejor prueba de seriedad por su parte, ya que aborda la cuestión con documentos en las manos. Pero veamos cómo cita Kautsky. No dice que las tesis eran 19, ni que en ellas se hablaba, tanto de la relación entre una república burguesa ordinaria con asamblea constituyente y la República de los Soviets, como de la historia de la divergencia entre la asamblea constituyente y la dictadura del proletariado en nuestra revolución. Kautsky prescinde de todo esto y dice simplemente al lector que —entre estas tesis— «dos tienen particular importancia»: una, que los eseristas se fraccionaron después de las elecciones a la asamblea constituyente, pero antes de reunirse ésta —no dice que esa tesis es la quinta—; otra, que la República de los Soviets es en general una forma democrática superior a la asamblea constituyente —no dice que esa tesis es la tercera—.

Y sólo de esa tercera tesis cita Kautsky por entero un fragmento, la afirmación siguiente:

«La República de los Soviets no es sólo una forma de tipo más elevado de instituciones democráticas —comparándola con la república burguesa ordinaria coronada por una asamblea constituyente—, sino la única forma capaz de asegurar el tránsito menos doloroso [19] al socialismo» —Kautsky omite la palabra «ordinaria», y las palabras de introducción de la tesis: «Para la transición del régimen burgués al socialista, para la dictadura del proletariado»—.

Después de esta cita, Kautsky exclama con magnífica ironía:

«Es de lamentar únicamente que llegasen a esa conclusión al encontrarse en minoría en la asamblea constituyente. Nadie había pedido antes la asamblea constituyente con mayor empeño que Lenin».

¡Así, lo dice textualmente en la página 31 de su libro!

¡Una verdadera perla! ¡¡Sólo un sicofante al servicio de la burguesía puede falsear tanto los hechos, para dar al lector la impresión de que los discursos de los bolcheviques sobre un tipo superior de Estado son una invención, a la que sólo han recurrido después de haberse visto en minoría en la asamblea constituyente!! Una mentira tan vil sólo pudo decirla un canalla vendido a la burguesía, o, lo que es absolutamente igual, que se ha fiado de P. Axelrod y encubre a sus informadores.

Porque todo el mundo sabe que el mismo día de mi llegada a Rusia, el 4 de abril de 1917, leí públicamente las tesis en que proclamaba la superioridad de un Estado del tipo de la Comuna sobre la república parlamentaria burguesa. Después lo he vuelto a manifestar repetidamente en la prensa, por ejemplo, en un folleto sobre los partidos políticos que se tradujo al inglés [20] y fue publicado en Norteamérica en enero de 1918, en el Evening Post [21] de Nueva York. Es más, la conferencia del Partido Bolchevique, celebrada a fines de abril de 1917, adoptó una resolución diciendo que la república de proletarios y campesinos es superior a la república parlamentaria burguesa, que nuestro partido no se conformaba con esta última y que el programa del partido debía modificarse en este sentido.

¿Cómo calificar después de esto la ocurrencia de Kautsky, que afirma a los lectores alemanes que yo exigía con el mayor empeño la convocatoria de la asamblea constituyente y que sólo al quedar los bolcheviques en minoría dentro de ella empecé a «mancillar» el honor y la dignidad de esa asamblea? ¿Cómo puede justificarse esta ocurrencia? [22] ¿No estaba Kautsky al corriente de los hechos? ¿Para qué, pues, se ha puesto a escribir sobre ellos? ¿Por qué no ha declarado lealmente: Yo, Kautsky, escribo apoyándome en datos de los mencheviques Stein, P. Axelrod y compañía? Con su pretensión de objetividad, quiere disimular su papel de criado de los mencheviques, a quienes la derrota ha puesto furiosos.

Pero esto no es más que el principio. Lo bueno viene después.

Admitamos que Kautsky no haya querido o no haya podido (¿?) recibir de sus informantes una traducción de las resoluciones de los bolcheviques y de sus declaraciones acerca de si les satisface la república democrática parlamentaria burguesa. Admitámoslo, aunque es inverosímil. Pero mis tesis del 26 de diciembre de 1917 las menciona abiertamente Kautsky en la pág.30 de su libro.

¿Conoce Kautsky el texto completo de estas tesis, o conoce sólo lo que le han traducido los Stein, Axelrod y compañía? Kautsky cita la tercera tesis sobre la cuestión fundamental de si antes de las elecciones a la asamblea constituyente los bolcheviques comprendían y decían al pueblo que la República de los Soviets es superior a la república burguesa. Pero Kautsky no habla de la segunda tesis.

Esta segunda tesis dice:

«La socialdemocracia revolucionaria, que reclamaba la convocatoria de la asamblea constituyente, desde los primeros días de la revolución de 1917 subrayó en repetidas ocasiones que la República de los Soviets es una forma de democracia superior a la república burguesa ordinaria con su asamblea constituyente». —La cursiva es mía—.

Para presentar a los bolcheviques como gente sin principios, como «oportunistas revolucionarios» —esta expresión se encuentra, no recuerdo con qué motivo, en un pasaje del libro de Kautsky—, ¡el señor Kautsky ha ocultado a los lectores alemanes que las tesis hacen mención de «repetidas» declaraciones!

Tales son los pobres, míseros y despreciables procedimientos a que recurre el señor Kautsky. De este modo se desentiende de la cuestión teórica.

¿Es o no verdad que la república parlamentaria democráticoburguesa es inferior a una república del tipo de la Comuna o de los Soviets? Este es el nudo de la cuestión pero Kautsky lo elude. Kautsky «ha olvidado» todo lo que Marx dice en su análisis de la Comuna de París. También «ha olvidado» la carta de Engels a Bebel del 28 de marzo de 1875, que expresa en forma bien evidente y comprensible la misma idea de Marx: «La Comuna no era ya un Estado en el sentido propio de la palabra».

Y ahí tenéis al teórico más eminente de la II Internacional que, en un folleto especial sobre la dictadura del proletariado, al tratar en particular de Rusia, donde se ha planteado muchas veces y sin ambages el problema de una forma de Estado superior a la república democráticoburguesa, pasa por alto esta cuestión. ¿En qué se diferencia esto, de hecho, del paso al lado de la burguesía?

(Observemos entre paréntesis que también en esto se arrastra Kautsky a la cola de los mencheviques rusos. Entre ellos sobran gentes que se saben «todas las citas» de Marx y Engels; pero ni un solo menchevique, de abril a octubre de 1917 y de octubre de 1917 a octubre de 1918, ha tratado una sola vez de analizar el problema de un Estado del tipo de la Comuna. Plejánov lo ha eludido también. Por lo visto, han tenido que callarse.)

Claro que hablar de la disolución de la Asamblea Constituyente con gentes que se llaman socialistas y marxistas, pero que en realidad, en lo esencial, en el problema de un Estado del tipo de la Comuna, se pasan a la burguesía, sería echar margaritas a puercos. Bastará imprimir como anexo de este folleto mis tesis completas sobre la asamblea constituyente. Por ellas verá el lector que la cuestión se planteó el 26 de diciembre de 1917 desde el punto de vista teórico, histórico y en el terreno práctico de la política.

Aunque Kautsky, como teórico, ha renegado por completo del marxismo, hubiera podido analizar como historiador la lucha de los Soviets contra la asamblea constituyente. Muchos de sus trabajos nos dicen que Kautsky sabía ser historiador marxista, y esos trabajos quedarán como patrimonio perdurable del proletariado, a pesar de haberles seguido la apostasía de su autor. Pero en este punto Kautsky, también como historiador, se vuelve de espaldas a la verdad, cierra los ojos ante hechos universalmente notorios, se conduce como un sicofante. Quiere presentar a los bolcheviques como gentes sin principios y relata cómo intentaron atenuar su conflicto con la constituyente antes de disolverla. No hay absolutamente nada malo en ello, de nada tenemos que desdecirnos. Las tesis las publico por entero, y en ellas digo con la claridad del día: Señores pequeñoburgueses vacilantes que os habéis atrincherado en la asamblea constituyente: aceptad la dictadura del proletariado o triunfaremos sobre vosotros «por vía revolucionaria» —tesis 18 y 19—.

Así es como ha procedido y procederá siempre el proletariado verdaderamente revolucionario con respecto a la pequeña burguesía vacilante.

Kautsky adopta en la cuestión de la asamblea constituyente una posición formalista. En mis tesis he dicho clara y repetidamente que los intereses de la revolución están por encima de los derechos formales de la asamblea constituyente —véase las tesis 16 y 17—. El punto de vista democrático formal es precisamente el del demócrata burgués, que no admite la supremacía de los intereses del proletariado y de la lucha proletaria de clase. Kautsky, como historiador, no hubiera podido menos de reconocer que los parlamentos burgueses son órganos de una u otra clase. Pero ahora —para su inmunda labor de repudiar la revolución—, Kautsky ha tenido que olvidar el marxismo, y no se pregunta de qué clase era órgano la asamblea constituyente en Rusia. No analiza las circunstancias concretas, no quiere ver los hechos, nada dice a los lectores alemanes de que mis tesis exponen, no sólo un estudio teórico de la insuficiencia de la democracia burguesa —tesis 1-3—, no sólo las condiciones concretas, en virtud de las cuales las listas de los partidos, compuestas a mediados de octubre de 1917, no respondían a la realidad en diciembre de 1917 —tesis 4-6—, sino también la historia de la lucha de clases y de la guerra civil de octubre a diciembre de 1917 —tesis 7-15—. De esta historia concreta dedujimos —tesis 14— que la consigna de «Todo el Poder a la Asamblea Constituyente» se había convertido de hecho en la consigna de los demócratas constitucionalistas, kaledinistas y sus cómplices.

El historiador Kautsky no lo ve. El historiador Kautsky no ha oído decir jamás que el sufragio universal da lugar a veces a parlamentos pequeñoburgueses y a veces a parlamentos reaccionarios y contrarrevolucionarios. Kautsky, historiador marxista, no ha oído decir que una cosa es la forma de las elecciones, la forma de la democracia, y otra el contenido de clase de una institución determinada. Este problema del contenido de clase de la asamblea constituyente está claramente planteado y resuelto en mis tesis. Puede ser que mi solución no sea justa. Nada nos agradaría tanto como una crítica marxista de nuestro análisis. En lugar de escribir frases absolutamente necias —hay muchas en Kautsky— acerca de que hay quien impide criticar el bolchevismo, Kautsky hubiera debido realizar esta crítica. Pero el asunto es que la crítica brilla en él por su ausencia. Ni siquiera plantea el problema de un análisis de los Soviets por una parte y de la constituyente por otra desde el punto de vista de clase. Y por ello es imposible discutir con Kautsky, y sólo cabe demostrar a los lectores por qué no puede dársele otro nombre que el de renegado.

La divergencia entre los Soviets y la asamblea constituyente tiene su historia, que no podría dejar de lado el historiador, aun cuando no se colocara en el punto de vista de la lucha de clases. Tampoco ha querido Kautsky tocar esta historia de los hechos. Ha ocultado a los lectores alemanes el hecho universalmente notorio —que ahora sólo ocultan los mencheviques empedernidos— de que los Soviets, también bajo la dominación menchevique, es decir, desde fines de febrero hasta octubre de 1917, divergían con las instituciones «generales del Estado» —es decir, burguesas—. En el fondo, Kautsky adopta una actitud de conciliación, de conformismo, de colaboración entre el proletariado y la burguesía; por mucho que Kautsky lo niegue, este punto de vista es un hecho que confirma todo su folleto. No había que disolver la asamblea constituyente, es decir, no había que llevar hasta el final la lucha contra la burguesía, no había que derribarla; el proletariado hubiera debido conciliarse con la burguesía.

¿Por qué no dice Kautsky que los mencheviques se dedicaron a esta labor poco honrosa de febrero a octubre de 1917 y no consiguieron nada? Si era posible conciliar a la burguesía con el proletariado, ¿por qué no se consiguió la conciliación bajo el dominio menchevique, por qué se mantenía la burguesía apartada de los Soviets y se decía —lo decían los mencheviques— que los Soviets eran la «democracia revolucionaria» y la burguesía los «elementos censatarios»?

Kautsky oculta a los lectores alemanes que los mencheviques, en la «época» de su dominio —febrero a octubre de 1917—, calificaban a los Soviets de democracia revolucionaria, reconociendo así su superioridad sobre todas las demás instituciones. Sólo a esta omisión voluntaria se debe que, tal como lo presenta el historiador Kautsky, la divergencia entre los Soviets y la burguesía sea algo sin historia, que se ha producido de la noche a la mañana, inopinadamente, sin motivos, a causa de la mala conducta de los bolcheviques. En realidad, más de medio año —lapso de tiempo inmenso para una revolución— de experiencia de conformismo menchevique, de tentativas de conciliar al proletariado con la burguesía, es lo que convenció al pueblo de la inutilidad de estas tentativas, lo que apartó al proletariado de los mencheviques.

Los Soviets son una magnífica organización de combate del proletariado, con un gran porvenir, reconoce Kautsky. Pero si es así, toda la posición de Kautsky se desmorona como un castillo de naipes o como la ilusión pequeñoburguesa de que se puede evitar la encarnizada lucha entre el proletariado y la burguesía. Porque la revolución toda, no es más que una lucha continua, y además desesperada, y el proletariado es la clase de vanguardia de todos los oprimidos, el foco y el centro de todas las aspiraciones de todos los oprimidos a su emancipación. Los Soviets —órgano de lucha de las masas oprimidas— reflejaban y traducían, como es natural, el sentir y los cambios de opinión de esas masas incomparablemente más de prisa, más completa y fielmente que hubiera podido hacerlo cualquiera otra institución —ésta es, por cierto, una de las razones de que la democracia soviética sea un tipo superior de democracia—.

Del 28 de febrero —calendario antiguo— al 25 de octubre de 1917, los Soviets consiguieron convocar dos Congresos de toda Rusia con representantes de la inmensa mayoría de la población del país, de todos los obreros y soldados y de siete u ocho décimas partes de los campesinos, sin contar un sinnúmero de congresos locales, de distrito, urbanos, provinciales y regionales. Durante este período, la burguesía no pudo reunir ni una sola institución que representara una mayoría —excepción hecha de la «conferencia democrática», manifiestamente falsificada, que era una mofa y que suscitó la cólera del proletariado—. La asamblea constituyente reflejó el mismo sentir de las masas, el mismo agrupamiento político que en el primer congreso de los Soviets de toda Rusia —congreso de junio—. En el momento de reunirse la asamblea constituyente —enero de 1918— se habían celebrado el segundo congreso de los Soviets —octubre de 1917— y el tercero —enero de 1918—; los dos demostraron bien claramente que las masas se habían radicalizado, que eran más revolucionarias, que habían vuelto la espalda a mencheviques y eseristas, que habían pasado al lado de los bolcheviques, es decir, que repudiaban la dirección pequeñoburguesa, la ilusión de un acuerdo con la burguesía, y optaban por la lucha revolucionaria del proletariado para derribar a la burguesía.

Por consiguiente, la sola historia externa de los Soviets demuestra ya lo inevitable de la disolución de la asamblea constituyente y el carácter reaccionario de ésta. Pero Kautsky se aferra a su «consigna»: ¡perezca la revolución, triunfe la burguesía sobre el proletariado, pero florezca la «democracia pura»! ¡Fiat justitia, pereat mundus! [23]

He aquí un breve resumen de los congresos de los Soviets de toda Rusia en la historia de la revolución rusa:


Basta lanzar una ojeada a estas cifras para comprender que los argumentos en favor de la asamblea constituyente o los discursos de quienes —como Kautsky— dicen que los bolcheviques no representan la mayoría de la población no despierten en nosotros más que la risa.

Notas

[19] Por cierto que Kautsky cita repetidas veces la expresión del tránsito «menos doloroso», por lo visto con pretensiones de ironía. Pero como recurre a malas artes, algunas páginas más adelante, con mala fe, cita falseando: ¡paso «sin dolor»! Claro que con semejante sistema es fácil atribuir al adversario una insensatez. Esta falsificación permite, además desentenderse del fondo del argumento: el transito menos doloroso al socialismo sólo es posible con la organización total de los pobres —los Soviets— y con la ayuda del poder estatal central —el proletariado— a tal organización.

[20] El folleto de V. I. Lenin «Los partidos políticos de Rusia y las tareas del proletariado» apareció en inglés en el periódico The New York Evening Post del 15 de enero de 1918; también se editó en folleto aparte en Nueva York.

[21] «The New York Evening Post»: periódico norteamericano burgués, fundado en 1801. Durante muchos años fue órgano de la burguesía de tendencia liberal. Después lo compró la firma J. Pierpont Morgan y se convirtió en órgano de los círculos imperialistas más reaccionarios de Estados Unidos. Ahora aparece bajo el título The New York Post.

[22] A propósito: ¡hay muchos de estos embustes mencheviques en el folleto de Kautsky! Es un libelo de un menchevique enfurecido.

[23] ¡Hágase justicia, aunque perezca el mundo! - N. de la Red.


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