«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

martes, 10 de diciembre de 2013

Revancha fascista sobre el monumento a Lenin

A falta de documentación al respecto del que acontece en Ucrania reproducimos este documento que si bien es demasiado general nos procura una idea al respecto de lo allí acontece.

Expresar que coincidimos en que la acción de las organizaciones fascistas en contra de un monumento de Lenin, hace que la lucha que hasta ese momento era entre expresiones de la burguesía adquiera una carácter de clase convirtiéndolo en una oportunidad para reorganizar a las fuerzas comunistas bajo el marxismo-leninismo, y de hecho denunciar la pasividad del revisionista-oportunista PCU.

Este error táctico de la oposición y de las organizaciones fascistas integradas en ella, ha de ser convertido por el proletariado organizado en el punto de partida que lleve a la movilización de la militancia y de las masas proletarias en contra del capitalismo, del fascismo, del imperialismo, de la burguesía de nacional e internacional.

El documento:


Traducción del ruso por Josafat S. Comín

Hasta la tarde del domingo, no eran demasiados los que en Ucrania y en Rusia se hacían una idea aproximada de quién era Tiagnibok y el grupo parlamentario “Svoboda”, que encabeza. Ahora ya se hacen una idea. La bárbara destrucción por los fascistas “Banderistas”, del monumento a Lenin en Kiev, se ha convertido en un momento psicológico crucial dentro del agitado transcurrir de los acontecimientos de Kiev. Ahora se van a desarrollar de un modo todavía más vertiginoso, ahondando aún más en la profunda brecha que atraviesa toda Ucrania. Ya no se trata aquí de la economía, ni siquiera de la política. Lo sucedido afecta a nivel del subconsciente, donde despiertan los arquetipos, donde comienzan a funcionar los códigos humanos. Y de entre todos los estímulos psicológicos, en esa lucha a vida o muerte, ese estímulo es el más poderoso.

Desde el punto de vista de la práctica, incluso de la estrategia, los “naranjistas” han cometido un error de cálculo fatídico. Si lo juzgamos de un modo objetivo, los fascistas de la Ucrania occidental han estropeado ostensiblemente la reputación de la “Euromaidan”, tanto a los ojos de Rusia, como a los ojos de Europa. Pero lo principal es que han quedado al descubierto a los ojos de su propio pueblo.

Los cabecillas liberales es algo que entienden perfectamente y por eso, con desgana pretenden desligarse de esos provocadores sin nombre, aunque sus nombres son bien conocidos por todos, pero sin atreverse a condenar sus acciones. En primer lugar, por el hecho de que todavía necesitan a los combatientes de “Svoboda”, en calidad de carne de cañón. Y en segundo lugar, en el fondo, los liberales aprueban sus actos. Otra cosa es que consideren esos actos fascistas demasiado directos, aventureros y precipitados: “os habéis asomado demasiado pronto, y nos habéis dejado al descubierto a nosotros”. La estrategia de los fascistas era otra y se resumía en su deseo de forzar los acontecimientos, añadir adrenalina y entusiasmo a Maidán. Y al mismo tiempo dotar al movimiento de un nuevo impulso, una segunda respiración y quebrar ese frágil equilibrio entre el gobierno y la oposición, a favor de esta última.

No estoy seguro de que los fascistas hayan alcanzado ese objetivo. Al contrario, como resultado de su acción bien podría suceder que lo que ocurriese no fuese un cierre de filas, sino la división dentro de Maidán. Por supuesto la división no afecta a los “fürher”, fuertemente unidos por una misma cadena, sino a los participantes de a pie, a la masa. Valga como ejemplo lo que escribía en su blog una periodista de Kiev (con “antigüedad” naranjista desde el 2004) que había sido testigo del derribo del monumento: “Estamos ahora con los amigos reunidos en la cocina, pero sin celebrar nada, sentados en silencio. No sabemos qué puede pasar en adelante. Ya no quedan fuerzas, ni facultades para intentar siquiera analizar algo. De momento estamos en estado de shock.” Parece que aquí estamos ante un claro ejemplo nada del tipo banal, “de cómo la gente le está empezando a llegar gradualmente…”, sino en plan despiadado “lo pillé de golpe”. Y lo que les está llegando es que si los fascistas venciesen, enseguida tras el ajuste de cuentas con los comunistas, la iban a emprender con los liberales. Así que los ucranianos deben estar agradecidos precisamente a los fascistas por ese viraje en la conciencia, por ese giro en la percepción de los acontecimientos.

Veamos dos impresiones más de esa noche del domingo al lunes. Un politólogo de Kiev: “El propio Maidán ha cambiado. No acierto a comprender lo que ha pasado, pero ha cambiado. Parece haber desaparecido esa cocina de campaña, todavía distribuyen galletas y té, pero ya no hay esa sensación de excitación que había el viernes. Sin exagerar, las sensaciones son de un combate que se prepara y de cansancio”. Y esto es lo que decía un periodista moscovita de oposición: “Nunca había visto tanta gente como en esta semana en la Maidán por el día. Y nunca había visto tan poca gente por la noche”.

De momento estas son sólo las primeras impresiones de los testigos y las suposiciones preliminares sobre el carácter del desarrollo futuro de los acontecimientos. Para cuando nuestro periódico vea la luz, habrán pasado 24 horas más, un periodo enorme para esta época de revoluciones y contrarrevoluciones.

Pero lo principal es aclarar lo fundamental. Si los nacionalistas fascistoides derriban el monumento de alguien, significa que esa persona representa para ellos la personificación del enemigo nacional, que en el caso concreto, en la situación dada, sólo pueden ser los rusos y Rusia. Dicho de otro modo, derribando los monumentos, los “Banderistas” se esfuerzan por destruir lo ruso de los ucranianos, infringiéndoles un grave insulto nacional. Y la reacción al insulto nacional suele ser bastante dura. Recuérdese la historia con el soldado de bronce en Tallinn. Y eso que allí el monumento no fue destruido, sino que fue trasladado a un cementerio militar. Se me podría objetar que en Tallinn el soldado desconocido sería algo así como alguien sin filiación política, mientras que en Kiev se trataría de un actor político relevante. Pero así y todo, el soldado desconocido también es un combatiente soviético, y Lenin el primer dirigente del poder soviético. Y esa unión es indisoluble en la conciencia popular por mucho que se esfuercen en ocultar con decorados el mausoleo de Lenin en los desfiles de la Victoria.

El insulto nacional es un motivo de suficiente peso para la movilización política del sureste de Ucrania en contraposición a Maidán. Falta por ver si eso sucederá. Hasta ahora esa causa ha permanecido en estado latente. Porque después de todo, ¿qué relación guarda Lenin con Yanukóvich y los oligarcas de la región de Donetsk? Ninguna. Los habitantes del sureste de Ucrania están ya muy hartos de todos ellos. Por eso no les prestan ningún apoyo en especial. En el mejor de los casos a los habitantes de las regiones orientales los sientan en autobuses y los llevan a la capital, a cambio de un plato de comida. Pero ahora ha aparecido una motivación distinta. Pues una cosa es movilizarse a favor de Yanukóvich, de una manera más o menos voluntaria más o menos obligada, y otra muy distinta es hacerlo a favor de Lenin, porque te lo dicte el alma.

Si eso tampoco hace efecto en los habitantes del sureste significa que están completa y definitivamente desmoralizados.

El restablecimiento moral y la movilización política dependen en primer lugar de la acción práctica, del ejemplo práctico de los comunistas. Y aquí por desgracia vemos hechos un poco decepcionantes. El ataque al monumento a Lenin no ha sido el primero. El 1 de diciembre las tropas del “Berkut” (antidisturbios), ya tuvieron que defender el monumento, mientras que una semana más tarde fueron testigos pasivos. No sería descabellado pensar que hubiesen recibido el mandato tácito de no entrometerse, para de ese modo descalificar más si cabe a la oposición. ¿Pero dónde estaban en ese momento los comunistas? ¿Acaso no estaba claro que los fascistas no iban a desistir de volver a intentarlo? Además, aparte del Partido Comunista de Ucrania, de su Comité Central, de su grupo parlamentario, en Kiev hay una gran masa de juventud de izquierdas, que se sienten auténticos comunistas y que critican el “oportunismo” del PCU. Pero ni unos y otros tuvieron fuerzas suficientes para poder formar un escudo vivo en torno al monumento o cuando menos poner un retén de vigilancia de 24 horas cerca del mismo, con un par de activistas, para informar operativamente a las instancias del partido y de la policía.

Este lamentable ejemplo guarda relación con nuestra realidad. Los nacionalistas rusos y los liberales reaccionaron ante el derribo del monumento con gran júbilo. Así que esos tímidos llamamientos de los últimos 20 años, para enterrar a Lenin y arrancar de la tierra el mausoleo, deberíamos tomárnoslos muy en serio. El golpe puede ser efectuado cualquier día, en el más inesperado momento. Por eso es necesario prepararse con antelación ante cualquier sorpresa inesperada. Es necesario formar una nueva organización en defensa del mausoleo de Lenin o reanimar las ya existentes. Podría ser que eso fuese esa causa común que empujarse a que esas fuerzas dispersas de la izquierda de Rusia se uniesen.


La República

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