«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

miércoles, 25 de diciembre de 2013

Comprender las divergencias sino-albanesas: Intro y Diferencias en la lucha contra el revisionismo; Los orígenes del revisionismo

Estamos esta vez metidos en la reedición del libro: «Comprender las divergencias sino-albanesas», del marxista-leninista francés Vincent Gouysse, para poder proporcionar una mejor versión como hacemos poco a poco con todas las obras que hemos publicado.

Lo que nos vamos a encontrar en este documento que podríamos decir que esta partido en dos; la primera parte de la obra explica en líneas generales –obviamente sin tocar todos los temas ni al completo– las divergencias surgidas entre el Partido Comunista de China –PCCh– y el Partido del Trabajo de Albania –PTA–. Dichas divergencias nos mostraran de qué lado de la barricada estuvo cada uno en cuestiones fundamentales como: la lucha contra el titoismo, la subida al poder de Jruschov, los procesos de contrarrevolución de Hungría y Polonia de 1956, la lucha contra el jruschovismo, el cambio de Jruschov por Brezhnev, la posición frente a los imperialismos, la cuestión de la construcción europea, etc. También se incluye un esbozo de las políticas a nivel loca en China. En toda la segunda parte observaremos que el tema común son la teoría y parxis del revisionismo maoísta en cuanto a: economía política, filosofía, etc.

En esta entrada, abarcaremos inicialmente junto a la intro del autor –que explica sus intenciones– el primer capítulo; el cual explica las diferencias de los dos partidos a la hora de enfrentar al revisionismo, y empieza como es de agradecer con un resumen de los orígenes del revisionismo; que si bien será una exposición breve y que sabra a poco al lector experimentado, puede servir de buena gana al iniciado. Este inicio la hizo el autor con el objetivo de que el lector pueda entender mejor la esencia del resto de revisionismos que vinieron, y la similitud de sus críticas –junto a las de otras ramas antimarxistas– a la hora de criticar el marxismo-leninsmo.

El documento:


Comprender las divergencias sino-albanesas: Intro y Diferencias en la lucha contra el revisionismo; Los orígenes del revisionismo

Introducción de Vincent Gouysse

Hoy día, la condena de los trotskistas y de los revisionistas titoistas y jruschovistas parece algo natural a todo comunista consciente. La cuestión de Stalin ha sido clarificada en efecto a la vista de los trastornos que todos contemplaron al desenmascararse los partidarios del comunismo «autogestor», los del socialismo «con rostro humano», los del «Glasnost y Perestroika» y sus antepasados jruschovistas, y los que, durante décadas estuvieron calumniando a Stalin sin interrupción. Precisamente esta figura, ya en 1925 había resumido magistralmente los elementos que podían liquidar la revolución en la URSS:

«¿Qué peligros de degeneración hay para nuestro partido, dada la estabilización del capitalismo, si esa estabilización dura mucho? ¿Existen en realidad esos peligros? Indudablemente existen, como algo posible e incluso como algo real. Existen independientemente de la estabilización. Esta únicamente los hace más palpables. Si tomamos los principales, yo creo que esos peligros son tres: a) el peligro de perder la perspectiva socialista en la edificación de nuestro país y el liquidacionismo que de ello se deriva; b) el peligro de perder la perspectiva revolucionaria internacional y el nacionalismo que de ello se deriva; c) el peligro de que decaiga el papel rector del partido y, a consecuencia de ello, la posibilidad de que el partido se convierta en un apéndice del aparato estatal». (1) (Stalin, Preguntas y respuestas –discurso pronunciado en la universidad Sverdlov–, 1925)

Peligro que también anticipó sus consecuencias directas:

«Por lo tanto, el triunfo de la desviación de derecha en nuestro partido significaría el desarrollo de las condiciones necesarias para la restauración del capitalismo nuestro país». (2) (Stalin, Sobre el peligro de la derecha en el PC (b) de la URSS, 1928)

En efecto fueron estos tres factores, los que en conjunto determinaron el triunfo de la contrarrevolución, factores que se caracterizaron por:

a) La introducción de «reformas de mercado» y la proclamación del «Estado de todo el pueblo», lo que llevó a la supresión del control popular del aparato estatal y como consecuencia la liquidación de la dictadura del proletariado, b) La coexistencia pacífica que fue desarrollada Nikita Jruschov en convivencia con el imperialismo de EE.UU. por el reparto de las esferas de influencia, y el resurgimiento del chovinismo gran ruso, la liberalización del nacionalismo local. c) La liberalización del partido y la formación de una casta de «marcos gestores» apartados de las masas, la formación de una nomenklatura formada en la base de la restauración capitalista. La contrarrevolución en URSS no golpeó en 1991, sino más bien en 1956 bajo la máscara del «antistalinismo». En 1964, a pesar de haber tenido algunas críticas jruschovistas sobre Stalin, el Che Guevara dijo:

«En los llamados errores de Stalin está la diferencia entre una actitud revolucionaria y una conducta y un comportamiento revisionista. Aquel ve el peligro de las relaciones mercantiles y trata de salirle al paso rompiendo lo que se opone, la nueva dirección, por el contrario, cede a los impulsos de la superestructura y acentúa la acción mercantil, teorizando para ello que el aprovechamiento total de estas palancas económicas llevan al comunismo». (3) (Ernesto Ché Guevara, Apuntes críticos a la economía política)

El viejo Honecker, pese a ser el responsable de la política revisionista en la República Democrática Alemana, escribió sobre esto tras su entrada en prisión:

«No se puede borrar esta negación: el socialismo ha sido vencido bajo la bandera de un combate contra el stalinismo. El combate contra el comunismo había sido llevado en otro tiempo bajo la bandera de la lucha antibolchevique». (4) (Erich Honecker, Notas desde la cárcel, 1992)

Nos es hasta dado ver el video-documental «Stalin - El hombre de acero» por el siguiente curioso final del mismo; después de que el narrador dijera «que todavía hoy el personaje de Stalin ejerce una atracción enigmática», el hijo de Nikita Jruschov; Serguei Jruschov añade:

«Mire Rusia hoy. ¿Quién es el héroe? El héroe es Stalin. Bien sobre los demócratas en Rusia le dirán que Stalin mató a millones de personas, pero hizo a Rusia una superpotencia». (5) (Documental: Stalin, el hombre de acero)

En lo que corresponde a los anarquistas, hubo algunos que aunque ferozmente opuestos a Stalin, llegaron sin embargo a la conclusión de que la caída del URSS tenía su fuente en la línea jruschovista. Así es como Howard Zinn, trata el modo en el que fue percibido el hundimiento del de la Unión Soviética, en los medios dirigentes de los Estados Unidos, él hizola reflexión siguiente:

«En los Estados Unidos, el partido republicano pretendió que la política sin compromiso de Reagan y el aumento de los gastos militares habían provocado el hundimiento de Unión Soviética. De hecho, los cambios habían comenzado bien antes, desde la muerte de Stalin, en 1953, y en particular bajo la responsabilidad de Nikita Jruschov. Un debate más abierto había visto la luz en aquella época. Pero la línea dura practicada por los Estados Unidos se había hecho rápidamente un obstáculo a la liberalización del régimen. El antiguo embajador americano en la Unión Soviética, Jorge Kennan, escribió que el extremismo durante la guerra fría había más retrasado que apresurado los grandes cambios que derribaron el régimen soviético a finales de los años 1980». (6) (Howard Zinn, Una historia popular de los Estados Unidos de 1492 hasta nuestros días, Editábamos a Agone, 2003)

Pero hay otra cuestión igualmente importante que se ha quedado sin resolver y que ha dividido y sigue dividiendo hoy a los marxistas-leninistas que, desde los años 60 han criticado el revisionismo de Jruschov y denunciado la contrarrevolución en la URSS. Esta cuestión está en la polémica abierta que se inició en los años 70 entre los pro albaneses y los pro chinos.

Todavía hoy, esta polémica, lejos de ser apagada y haber sido solucionada, sigue dividiendo siempre a los revolucionarios auténticos en el seno de cada país y en el movimiento comunista internacional en conjunto. No se trata aquí de «pequeñas diferencias», sino de divergencias gruesas de principios.

Sin unidad ideológica, todos los comunistas son incapaces de unirse en un solo partido genuino y reconocido por todos –y más aún en cuanto a formar una internacional marxista-leninista–, por ello son condenados a la división y se privan de medios para ejercer una acción atractiva sobre el proletariado; hoy desamparado, en cuanto a ideología y organización. Es por ello que los partidos abiertamente reformistas, revisionistas y contrarrevolucionarios –tales como el Partido Comunista Francés y los grupos trotskistas franceses– encuentran un terreno fértil para propagar su demagogia allí dónde los comunistas auténticos están desunidos y son incapaces de coordinar acciones comunes en las luchas diarias.

La dominación del reformismo en el seno del movimiento comunista desde un medio siglo destaca con fuerza la pertinencia de estas palabras de Stalin:

«El triunfo de la desviación de derecha en los partidos comunistas de los países capitalistas supondría la derrota ideológica de los partidos comunistas y un fortalecimiento enorme de la socialdemocracia. ¿Y qué es un fortalecimiento enorme de la socialdemocracia? Es reforzar y robustecer el capitalismo, pues la socialdemocracia es el sostén fundamental del capitalismo dentro de la clase obrera. Por tanto, el triunfo de la desviación de derecha en los partidos comunistas de los países capitalistas conduce al desarrollo de las condiciones necesarias para el mantenimiento del capitalismo». (7) (Stalin, Sobre el peligro de la derecha en el PC (b) de la URSS, 1928)

En este contexto, más que nunca, estas palabras de Lenin toman una resonancia particular:

«Sin teoría revolucionaria, no puede haber tampoco movimiento revolucionario. Nunca se insistirá lo bastante sobre esta idea en un tiempo en que a la prédica en boga del oportunismo va unido un apasionamiento por las formas más estrechas de la actividad práctica. (...) Sólo un partido dirigido por una teoría de vanguardia puede cumplir la misión de combatiente de vanguardia». (8) (Lenin, Que hacer, 1902)

La debilidad del movimiento comunista contemporáneo reside en particular en el estallido y la debilidad ideológicas de éste, en el hecho de que el proletariado, privado de su partido de vanguardia, de su estado mayor de combate, se encontró desarmado frente a la ofensiva multiforme, ideológica y económica, generalizada por el capital a la cual se juntó el coro de los revisionistas que se atan a deformar nuestra teoría revolucionaria.

El fin de este artículo –que no aspira a la exhaustividad–, es mostrar los ejes mayores de la polémica sino-albanesa y, con ellos ponerlos frente a los principios fundamentales de nuestra ideología marxista-leninista. Esta es la única forma en que los marxistas-leninistas demos luz sobre este asunto que provocó un giro enorme dentro de la historia. Esto es en lo que no dejan de subrayar por ejemplo el Partido Comunista Marxista-Leninista-Maoista de Francia, el cual culpa a Partido del Trabajo de Albania y a su líder Enver Hoxha de esto mismo, según su pensamiento, el Partido Comunista Marxista-Leninista-Maoista de Francia acusa al Partido del Trabajo de Albania de que: «habría sembrado una gran confusión en el movimiento comunista internacional, trayendo a su decadencia casi completa».
Capítulo I: Diferencias en la lucha contra el revisionismo

A) Precursores del revisionismo «moderno»

Brevemente volveremos a trazar la historia la cual nos permitirá ver más tarde cómo los revisionistas «modernos», desde los titoistas a los eurocomunistas, pasando por los jruschovistas; a veces reprueban ideas ya denunciadas por Marx, Engels primero, y por Lenin y Stalin después, lo que nos permitirá así apreciar si se llevo de modo correcto la lucha contra el revisionismo por parte del Partido Comunista de China y el Partido del Trabajo de Albania.

Desde que el marxismo apareció sobre la escena política, en la era de la revolución industrial, la burguesía no tuvo interrupción en su lucha por destruirlo. A los ataques abiertamente liberales se juntaron rápidamente ataques de los ideólogos de la pequeña burguesía. En los tiempos de Marx y Engels, principalmente fueron los partidarios de Proudhon, Stirner y Bakunin. No podemos hablar sin embargo de «revisionismo», ya que se trataban de ideólogos del anarquismo. No había ninguna «revisión» del marxismo. Marx y Engels no les entregaron una menor lucha encarnizada por ello, ya que pretendían ser «socialistas», y ya que sus teorías erróneas constituían una traba en la concienciación del proletariado; ellos recomendban el reformismo social opuesto a la revolución como hacía Proudhon, por otro lado también existían concepciones como el antiestatismo radical de Bakunin. Estas dos vías, aunque aparentemente alejadas del tema a tratar, sin embargo acaban en la misma conclusión: la negación de la dictadura del proletariado (1). Los anarquistas además fueron opuestos a la vía de la construcción del socialismo y al desarrollo de las fuerzas productivas, es decir la industrialización socialista según una planificación, y oponían a ésta la noción con la idea de las empresas autogestionadas por los obreros, he aquí una muestra de la mano de una obra de Stalin concerniente a esto que hablamos:

«La principal «acusación» de los anarquistas consiste en que no reconocen a los socialdemócratas como auténticos socialistas; vosotros –repiten a cada paso– no sois socialistas, vosotros sois enemigos del socialismo. He aquí lo que escribe Kropotkin al respecto: «Nosotros llegamos a otras conclusiones que la mayoría de los economistas de la escuela socialdemócrata (2). Nosotros llegamos al comunismo libertario, mientras que la mayoría de los socialistas [Nota de V.G.: Se sobreentiende que también los socialdemócratas.] llega al capitalismo de Estado y al colectivismo». (Kropotkin, La ciencia moderna y el anarquismo, 1901) Ahora bien, ¿en qué consisten el «capitalismo de Estado» y el «colectivismo» de los socialdemócratas? He aquí lo que escribe Kropotkin sobre este particular: «Los socialistas alemanes dicen que todas las riquezas acumuladas deben concentrarse en manos del Estado, que las pondrá a disposición de las asociaciones obreras, organizará la producción y el cambio y velará por la vida y el trabajo de la sociedad» (Kropotkin, Palabras de un rebelde, 1885) Y más adelante: «En sus proyectos, los colectivistas cometen un doble error. Quieren destruir el régimen capitalista, y a la vez conservan dos instituciones que constituyen el fundamento de este régimen: el gobierno representativo y el trabajo asalariado. (...) El colectivismo, como se sabe conserva el trabajo asalariado. Lo único que ocurre es que el gobierno representativo pasa a reemplazar al patrono. Los representantes de este gobierno «se reservan el derecho a utilizar en interés de todos la plusvalía obtenida de la producción. Además, en este sistema se establecen diferencias entre el trabajo del obrero y el trabajo de una persona instruida: el trabajo del peón, a juicio del colectivista, es un trabajo simple, mientras que el artesano, el ingeniero, el hombre de ciencia, etc., se ocupan de lo que Marx llama trabajo complejo, y tienen derecho a un salario superior. (...) Así, pues, los obreros recibirán los productos que precisen, no según sus necesidades, sino «proporcionalmente a los servicios prestados a la sociedad». (Kropotkin, La conquista del pan, 1892) (9) (Stalin, Anarquismo o socialismo, 1906)

Stalin continúa citando al anarquista ruso:

«La tercera «acusación» de los anarquistas estriba en que niegan el carácter popular de la socialdemocracia, presentan a los socialdemócratas como unos burócratas y afirman que el plan socialdemócrata de la dictadura del proletariado es la muerte de la revolución y que, por cuanto los socialdemócratas están a favor de tal dictadura, de hecho no quieren implantar la dictadura del proletariado, sino su propia dictadura sobre el proletariado. Kropotkin dice: «Nosotros, los anarquistas, hemos pronunciado la sentencia definitiva contra la dictadura. Sabemos que toda dictadura, por honestos que sean sus propósitos conducen a la muerte de la revolución. Sabemos que la idea de la dictadura no es más que un producto pernicioso del fetichismo gubernamental, que siempre ha aspirado a eternizar la esclavitud». (Kropotkin, Palabras de un rebelde, 1885). Otro ejemplo: «Los socialdemócratas no sólo reconocen la dictadura revolucionaria, sino que «son partidarios de la dictadura sobre el proletariado. Los obreros les interesan en tanto en cuanto son un ejército disciplinado en sus manos. La socialdemocracia aspira a tomar en sus manos la máquina estatal valiéndose del proletariado».  (Kropotkin, Pan y libertad», págs. 62 y 63) Lo mismo dicen los anarquistas georgianos: «La dictadura del proletariado es, en el sentido directo, completamente imposible, ya que los partidarios de la dictadura son partidarios del Estado y su dictadura no será la actividad libre de todo el proletariado, sino la entronización, al frente de la sociedad, de ese mismo poder representativo que existe también ahora». (Bâton, «La conquista del Poder del Estado», pág. 45). Añade: «Los socialdemócratas no son partidarios de la dictadura para contribuir a la emancipación del proletariado, sino para «establecer con su propia dominación una nueva esclavitud». («Nobati», núm. 1, pág. 5. Bâton) revolución y que, por cuanto los socialdemócratas están a favor de tal dictadura, de hecho no quieren implantar la dictadura del proletariado, sino su propia dictadura sobre el proletariado. (10) (Stalin, Anarquismo o socialismo, 1906)

Observaremos al paso que coinciden las acusaciones llevadas por los anarquistas a los marxistas, con las acusaciones que han sido repetidas bajo una forma apenas modificada por los trotskistas y toda prensa burguesa para denigrar la construcción del socialismo en la Unión Soviética.

Históricamente, el primer «revisionista» fue Eduard Bernstein. Cuidadoso de adaptar el socialismo a las «condiciones concretas de Alemania», este miembro del Partido Obrero Socialdemócrata Alemán de Karl Liebknecht y August Bebel, emprendió a finales del siglo XIX una revisión completa del marxismo. Rechazando la dictadura del proletariado, predicaba el reformismo social y el parlamentarismo burgués para acceder al socialismo, la democracia burguesa que según él, era el mejor de los sistemas políticos posibles. Este «socialismo» fue limitado de hecho a reivindicaciones de carácter económico que no tocaban a la propiedad capitalista de los medios de producción, lo que el siglo XX se pasaría a llamar conquistas sociales.

A finales del siglo XIX –después de la crisis económica mundial de 1873– y al principio del siglo XX, se produce un cambio económico superior en el seno de un mercado capitalista universal, periódicamente este cambio fue sacudido por unas crisis económicas que revestían un carácter cada vez más pronunciado. Estas crisis provocaron la quiebra de un gran número de pequeñas y medianas empresas y aceleraron la concentración de los capitales hasta la formación de empresa gigantes: trusts y cartels. Del capitalismo de libre competencia, el capitalismo pasó a un capitalismo monopolista, donde la pequeña y mediana empresa, aunque subsistiendo al lado de las grandes empresas industriales que se reparten los mercados y que encabezan el juego solo cumplen un papel secundario mientras tratan de sobrevivir.

Es en este momento Karl Kautsky, uno de los principales dirigentes de la II Internacional, no comprendiendo las implicaciones del cambio cualitativo en el cual el capitalismo de la época premonopolista da paso al de la época de la concentración y los monopolios, este traicionará el marxismo defendiendo la Primera Guerra Mundial. La causa de este fenómeno, es decir, sus raíces traicioneras resultan de los siguientes factores: el nivel de las naciones imperialistas y su explotación de las colonias provoca el aburguesamiento de una parte de la clase obrera, la corrupción de los jefes de los sindicatos y los partidos obreros en donde se acaba forjando las tendencias reformistas como: el socialimperialismo, el socialchovinismo, y un fortalecimiento del oportunismo en todo el seno del movimiento obrero.

Las características precisas del capitalismo monopolista, el imperialismo, han sido dadas por Lenin en su obra genial «El imperialismo, fase superior del capitalismo» de 1916, en la cual también se encuentra una crítica de las tesis de Kautsky. Observemos un análisis de esta figura tan odiada por Lenin:

«Kautsky ha desvirtuado del modo más inaudito el concepto de dictadura del proletariado, haciendo de Marx un adocenado liberal, es decir, se ha deslizado él mismo al nivel de un liberal que dice frases vulgares acerca de la «democracia pura», velando y encubriendo el contenido de clase de la democracia burguesa y rehuyendo por encima de todo la violencia revolucionaria por parte de la clase oprimida. Cuando Kautsky «interpreta» el concepto de «dictadura revolucionaria del proletariado» de tal modo que desaparece la violencia revolucionaria por parte de la clase oprimida contra los opresores, bate el record mundial de desvirtuación liberal de Marx. El renegado Bernstein no es más que un cachorrito al lado del renegado Kautsky. (...) Kautsky toma del marxismo lo que los liberales admiten, lo que admite la burguesía (la crítica del medievo, el papel progresivo que desempeñan en la historia el capitalismo en general y la democracia capitalista en particular) y arroja por la borda, calla y oculta en el marxismo lo que es inadmisible para la burguesía (la violencia revolucionaria del proletariado contra la burguesía para aniquilar a ésta). Por ello, dada su posición objetiva, sea cual fuere su convicción subjetiva, Kautsky resulta ser inevitablemente un lacayo de la burguesía. (...) ¡Oh erudición! ¡Oh refinado servilismo ante la burguesía! ¡Oh civilizada manera de reptar ante los capitalistas y lamerles las botas! Si yo fuera Krupp, Scheidemann, Clemenceau o Renaudel, le pagaría al señor Kautsky millones, le recompensaría con besos de Judas, lo elogiaría ante los obreros, recomendaría «la unidad socialista» con gentes tan «respetables» como él. ¿No es prestar lacayunos servicios a la burguesía eso de escribir folletos contra la dictadura del proletariado, traer a colación a los whigs y tories del siglo XVIII en Inglaterra, afirmar que democracia significa «defensa de la minoría» y guardar silencio sobre los pogromos desencadenados contra los internacionalistas en la «democrática» República de los Estados Unidos?» (11) (Lenin, La revolución proletaria y el renegado Kautsky, 1918)

Además de estas monstruosas posiciones socialchovinistas de Kautsky sobre el problema de las guerras interimperialistas, estaba su afirmación de que entonces había una oportunidad ofrecida a los países imperialistas para explotar las colonias conjuntamente y en paz, Kautsky defendía el reaccionario ideal y precursor de las vistas de la pequeña burguesía que predicaban la «vuelta a la competencia libre y sana» así como la posibilidad de reformas bajo el imperialismo, lo que hace ciertamente a Kautsky el teórico por excelencia del alter mundialismo.

Por último recordemos que Kautsky se había opuesto a la Revolución de Octubre de 1917, consecuencia normal de su abandono de la dictadura del proletariado, lo que le había valido las reclamaciones de Lenin en esta última traición –véase al respecto la obra de Lenin: La revolución proletaria y el renegado Kautsky, 1918–. Más tarde, se opondrá también a la construcción del socialismo en URSS:

«La actitud de Kautsky escribiendo su libro «Bolchevismo en un punto muerto» de 1930, sirvió de valiosa arma ideológica para los imperialistas que sabían sacar partido de la guerra de información para anestesiar la conciencia revolucionaria de las cansadas naciones occidentales, donde la crisis económica general conmovió al mundo capitalista mientras se intentaba cortar cualquier aspiración al cansado proletario que se hundía en la miseria a la vez se abría el camino al fascismo». (12) (Communisme-bolchevisme.net, La dictadura del proletariado)

Frente a tales traidores del marxismo, la posición de los marxistas-leninistas no puede ser otra que la de la lucha resuelta contra este tipo de «marxistas» que son tanto enemigos del marxismo como aliados del imperialismo. ¿Por qué si no Marx y Engels se habrían entregado a una lucha tan ensañada contra Poudhon-Stirner-Bakunin? ¿O  Lenin contra los kautskistas y mencheviques? Sin hablar ya, de la pugna de Stalin contra el menchevismo que habría de volver bajo otra faceta en los trotskistas, el bujarinistas y titoistas. Esto nos trae pues al primer punto de nuestro estudio, el saber la posición del PCCh y del PTA en la lucha contra el titoismo después de la muerte de Stalin, ya que el titoismo es la primera forma de «revisionismo moderno», y ciertamente uno de los más peligrosos.

Notas de Vincent Gouysse:

(1) Cf. Archivo: http://www.communisme-bolchevisme.net/marxisme_leninisme_et_anarchisme.htm

(2) En 1906, el término «socialdemócrata» era empleado por numerosos marxistas, entonces no tenía todavía la connotación negativa que tiene hoy. Es sólo después de la traición del II internacional en el momento de la primera Guerra mundial que Lenin insistió en rechazar ese término que estaba manchado por la traición. Desde entonces, Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia se pasa a llamar el Partido Comunista Bolchevique de toda Rusia.




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