«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

miércoles, 27 de noviembre de 2013

La Espontaneidad de las Masas y la Conciencia de la Socialdemocracia

Acerca de uno de los problemas más frecuente en el análisis y comprensión de las condiciones objetivas y subjetivas para un proceso revolucionario, la confusión de las mismas (de lo que es consciente) con lo que por mucho que inspire no es más que fruto de la espontaneidad.

[en Rusia se llamó socialdemócrata a un partido de tendencia marxista que luego se fragmentó en varias organizaciones con diferentes tendencias, todas revisionistas salvo los Bolcheviques]

El documento:



Hemos dicho que es preciso inspirar a nuestro movimiento, mucho más vasto y profundo que el de la década del 70, la misma decisión abnegada y la misma energía que en aquella época. En efecto, parece que hasta ahora nadie había puesto aún en duda que la fuerza del movimiento contemporáneo consistiese en el despertar de las masas (y, principalmente, del proletariado industrial), y su debilidad, en la falta de conciencia y de espíritu de iniciativa de los dirigentes revolucionarios.

Sin embargo, en estos últimos tiempos, se ha hecho un descubrimiento asombroso, que amenaza con trastrocar todos los conceptos que dominaban hasta ahora con respecto a esta cuestión. Este descubrimiento ha sido hecho por R. Dielo, que, polemizando con Iskra y Sariá, no se ha limitado a objeciones particulares, sino que ha intentado reducir «el desacuerdo general» a su raíz más profunda: a la «distinta apreciación de la significación relativa del elemento espontáneo y del 'elemento' conscientemente 'metódico'». Rab Dielo nos acusa de «subestimar la importancia del elemento objetivo o espontáneo del desarrollo» [32]. A esto contestaremos: si la polémica de Iskra y Sariá no hubiera dado ningún otro resultado que el de llevar a R. Dielo al descubrimiento de ese «desacuerdo general», ya sería este resultado una gran satisfacción para nosotros: hasta tal punto es significativa esta acusación, hasta tal punto ilustra claramente la esencia de las actuales discrepancias teóricas y políticas entre los socialdemócratas rusos.

Por esto es por lo que la cuestión sobre la relación entre lo consciente y lo espontáneo presenta un enorme interés general, y es preciso analizarla minuciosamente.


a. Comienzo de la marcha ascensional espontánea


En el capítulo anterior hemos consignado el apasionamiento general de la juventud intelectual de Rusia por la teoría del marxismo, a mediados de la última década del siglo pasado. También las huelgas obreras adquirieron por aquella época, después de la famosa guerra industrial de 1896 en Petersburgo, un carácter general. Su extensión por todo el territorio de Rusia atestiguaba claramente cuán profundo era el movimiento popular que volvía a renacer, y, al hablar del «elemento espontáneo», es natural que precisamente ese movimiento huelguístico debe ser calificado, ante todo, de espontáneo. Pero hay diferentes clases de espontaneidad. También durante la década del 70, y también en la del 60 (y aún en la primera mitad de siglo XIX) hubo en Rusia huelgas acompañadas de destrucción «espontánea» de máquinas, etc. Comparadas con esos «motines», las huelgas de la década del 90 pueden incluso llamarse «conscientes»: hasta tal punto era considerable el progreso del movimiento obrero en aquel período. Eso nos demuestra que, en el fondo, el «elemento espontáneo» no es sino la forma embrionaria de lo consciente. Y los motines primitivos reflejaban ya un cierto despertar de lo consciente: los obreros perdían la fe tradicional en la inamovilidad del orden de cosas que los oprimía; empezaban... no diré que a comprender, pero sí a sentir la necesidad de oponer resistencia colectiva y rompían decididamente con la sumisión servil a las autoridades. Pero esto, sin embargo, más que lucha, era una expresión de desesperación y de venganza. En las huelgas de la última década del siglo pasado, vemos muchos más destellos de conciencia: se formulan reivindicaciones determinadas, se calcula de antemano el momento más conveniente, se discuten los casos y ejemplos conocidos de otros lugares, etc. Si los motines eran simplemente levantamientos de gente oprimida, las huelgas sistemáticas representaban ya embriones de lucha de clases, pero precisamente nada más que embriones. En sí, esas huelgas eran lucha tradeunionista, no eran aún lucha socialdemócrata; señalaban el despertar del antagonismo entre los obreros y los patronos, pero los obreros no tenían, ni podían tener, la conciencia del antagonismo irreconciliable entre sus intereses y todo el régimen político y social contemporáneo, es decir, no tenían conciencia socialdemócrata. En este sentido, las huelgas de la última década del siglo pasado, a pesar de que, en comparación con los «motines», representaban un enorme progreso, seguían siendo un movimiento netamente espontáneo.

Hemos dicho que los obreros no podían tener conciencia socialdemócrata. Esta sólo podía ser introducida desde fuera. La historia de todos los países atestigua que la clase obrera, exclusivamente con sus propias fuerzas, sólo está en condiciones de elaborar una conciencia tradeunionista, es decir, la convicción de que es necesario agruparse en sindicatos, luchar contra los patronos, reclamar del gobierno la promulgación de tales o cuales leyes necesarias para los obreros, etc. [33] En cambio, la doctrina del socialismo ha surgido de teorías filosóficas, históricas y económicas que han sido elaboradas por representantes instruidos de las clases poseedoras, por los intelectuales. Por su posición social, también los fundadores del socialismo científico contemporáneo, Marx y Engels, pertenecían a la intelectualidad burguesa. Exactamente del mismo modo, la doctrina teórica de la socialdemocracia ha surgido en Rusia independientemente en absoluto del crecimiento espontáneo del movimiento obrero, ha surgido como resultado natural e inevitable del desarrollo del pensamiento entre los intelectuales revolucionarios socialistas. Hacia la época de que tratamos, es decir, a mediados de la última década del siglo pasado, esa doctrina no sólo constituía ya un programa completamente formado del grupo «Emancipación del Trabajo», sino que incluso había llegado a conquistar a la mayoría de la juventud revolucionaria de Rusia.

De modo que existían tanto el despertar espontáneo de las masas obreras, el despertar a la vida consciente y a la lucha consciente, como una juventud revolucionaria que, armada de la teoría socialdemócrata, tendía con todas sus fuerzas hacia los obreros. Además, importa sobre todo dejar sentado el hecho, frecuentemente olvidado (y relativamente poco conocido), de que los primeros socialdemócratas de ese período, al ocuparse con ardor de la agitación económica (y teniendo bien presente en este sentido las indicaciones realmente útiles del folleto, entonces manuscrito aún, Sobre la agitación ), lejos de estimarla como su única tarea, por el contrario, ya desde el comienzo se asignaban las más amplias tareas históricas de la socialdemocracia rusa, en general, y la de derrocar a la autocracia, en particular. Así, por ejemplo, el grupo de socialdemócratas de Petersburgo, fundador de la «Unión de Lucha por la Emancipación de la Clase Obrera», redactó, ya a fines de 1895, el primer número de un periódico, bajo el título de Rabócheie Dielo. Completamente preparado para la imprenta, dicho número fue recogido por los gendarmes cuando registraron el domicilio de uno de los miembros del grupo, A. A. Vanéiev [34], en una irrupción hecha en la noche del 8 de diciembre de 1895. De modo que Rab. Dielo del primer período no tuvo la suerte de ver la luz. El editorial de ese periódico (que quizás dentro de unos 30 años alguna revista como Rússkaia Stariná [35] exhumará de los archivos del departamento de policía) esbozaba las tareas históricas de la clase obrera de Rusia, colocando en el primer plano la conquista de la libertad política. Luego seguía el artículo «¿En qué piensan nuestros ministros?» [36], dedicado a la disolución violenta de los Comités de Primera Enseñanza por la policía, así como una serie de artículos de corresponsales, no sólo de Petersburgo, sino también de otras localidades de Rusia (por ejemplo, sobre la matanza de obreros en la provincia de Yaroslavl). Así, pues, este «primer ensayo», si no nos equivocamos, de los socialdemócratas rusos de la década del 90 no era un periódico de un carácter estrechamente local, y mucho menos «economista»; tendía a enlazar la lucha huelguística con el movimiento revolucionario contra la autocracia y atraer a todas las víctimas de la opresión política del oscurantismo reaccionario para que apoyaran a la socialdemocracia. Y todo el que conozca, por poco que sea, el estado del movimiento en aquella época no pondrá en duda que semejante periódico habría sido acogido con plena simpatía tanto por los obreros de la capital como por los intelectuales revolucionarios y habría tenido la más vasta difusión. El fracaso de esta empresa demostró únicamente que los socialdemócratas de entonces no estaban en condiciones de satisfacer las exigencias vitales del momento por falta de experiencia revolucionaria y de preparación práctica. Lo mismo cabe decir del San Petersburgski Rabochi Listok [37] y, sobre todo, de Rabóchaia Gasieta [38] y del «Manifiesto» del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia, fundado en la primavera de 1898. Se sobreentiende que ni siquiera pasa por nuestra mente el imputar esta falta de preparación a los militantes de entonces. Pero, para aprovechar la experiencia del movimiento y sacar de ella enseñanzas prácticas, es necesario darse perfecta cuenta de las causas y de la significación de tal o cual defecto. Por eso, es de extrema importancia dejar sentado que una parte (acaso la mayoría) de los socialdemócratas que actuaron en el período de 1895 a 1898 consideraba posible con toda razón, ya entonces, en los albores del movimiento «espontáneo», intervenir con el más amplio programa y táctica de combate [39]. En lo que respecta a la falta de preparación de la mayoría de los revolucionarios, siendo un fenómeno completamente natural, no podía provocar ninguna aprensión particular. Desde el momento en que el planteamiento de los objetivos era justo, desde el momento en que había suficiente energía para intentar reiteradas veces lograr esos objetivos, los reveses temporales representaban una desgracia a medias. La experiencia revolucionaria y la habilidad de organización son cosas que se adquieren con el tiempo. ¡Lo único que hace falta es querer desarrollar en uno mismo las cualidades necesarias! ¡Lo único que hace falta es tener conciencia de los defectos, cosa que en la labor revolucionaria equivale a más de la mitad de la corrección de los mismos!

Pero la desgracia a medias se convirtió en una verdadera desgracia cuando esa conciencia comenzó a ofuscarse (y es de notar que era muy viva entre los militantes de los susodichos grupos), cuando aparecieron gentes, e incluso órganos socialdemócratas, dispuestos a erigir los defectos en virtudes, que hasta intentaron dotar de un fundamento teórico a su halago servil y a su culto de la espontaneidad. Ya es hora de hacer el balance de esta tendencia, muy inexactamente caracterizada por la palabra «economismo», término demasiado estrecho para expresar su contenido.


b. Culto de la espontaneidad. Rabóchaia Misl


Antes de pasar a las manifestaciones literarias de ese culto, haremos notar el siguiente hecho característico (comunicado por la fuente arriba mencionada), que arroja cierta luz sobre la forma en que surgió y creció entre los camaradas que actuaban en Petersburgo el desacuerdo entre las dos futuras tendencias de la socialdemocracia rusa. A principios de 1897, A. A. Vanéiev y algunos de sus camaradas tuvieron ocasión de tomar parte, antes de su deportación, en una reunión privada [40] de «viejos» y «jóvenes» miembros de la «Unión de Lucha por la Emancipación de la Clase Obrera». La conversación giró principalmente en torno a la organización, y particularmente en torno al «Estatuto de las cajas obreras» que, en su forma definitiva, fue publicado en el núm.9-10 del Listok Rabótnika [41] (pág. 46). Entre los «viejos» («decembristas» como los llamaban en tono de chanza los socialdemócratas petersburgueses) y algunos de los «jóvenes» (que más tarde colaboraron activamente en Rabóchaia Misl ), se puso en el acto de manifiesto una divergencia acusada y se desencadenó una acalorada polémica. Los «jóvenes» defendían los fundamentos principales del Estatuto tal como ha sido publicado. Los «viejos» decían que no era eso lo que ante todo hacía falta, sino fortalecer la «Unión de Lucha» como organización de revolucionarios, a la que debían subordinarse las distintas cajas obreras, los círculos para la propaganda entre la juventud estudiantil, etc. Se sobreentiende que los contrincantes distaban mucho de ver en esta divergencia el principio de un desacuerdo; todo lo contrario, la consideraban como algo aislado y casual. Pero este hecho prueba que, también en Rusia, el «economismo» no surgió ni se difundió sin lucha contra los «viejos» socialdemócratas (los economistas de hoy día lo olvidan con frecuencia) Y si esta lucha no ha dejado, en su mayor parte, vestigios «documentales», ello se debe únicamente a que la composición de los círculos que funcionaban cambiaba con inverosímil frecuencia, a que no había ninguna continuidad, razón por la cual las divergencias tampoco quedaban fijadas en documento alguno.

La aparición de Rab. Misl sacó el economismo a la luz del día, pero no lo hizo tampoco de golpe. Es preciso imaginarse concretamente las condiciones de trabajo y la vida efímera de los numerosos círculos rusos (y sólo puede hacerlo concretamente quien lo haya experimentado), para comprender cuánto hubo de casual en el éxito o en el fracaso de la nueva tendencia en las distintas ciudades, así como todo el tiempo en que ni los partidarios ni los adversarios de esto «nuevo» pudieron determinar, ni tuvieron literalmente ninguna posibilidad de hacerlo, si era realmente una tendencia particular o si reflejaba simplemente la falta de preparación de personas aisladas. Así, los primeros números de Rab. Misl, tirados en hectógrafo, no llegaron en absoluto a manos de la inmensa mayoría de los socialdemócratas, y, si ahora tenemos la posibilidad de referirnos al artículo de fondo de su primer número, es sólo gracias a su reproducción en el artículo de V. I.-n. [42] (Listok Rabótnika, núm.9-10, pág.47 y siguientes), que, claro está, no dejó de elogiar con empeño (un empeño desatinado) el nuevo periódico, que se distinguía tan marcadamente de los periódicos y proyectos de periódicos arriba mencionados [43]. Este artículo de fondo expresa con tanto relieve todo el espíritu de Rab. Misl, y del economismo en general, que vale la pena de examinarlo.

Después de señalar que la mano de bocamanga azul [44] no podrá detener el desarrollo del movimiento obrero, el artículo continúa: «... El movimiento obrero debe esa vitalidad a que el propio obrero, por fin, toma su destino en sus propias manos, arrancándolo de las de los dirigentes», y esta tesis fundamental sigue desarrollándose más adelante en forma detallada. En realidad, los dirigentes (es decir, los socialdemócratas, organizadores de la «Unión de Lucha») fueron arrancados por la policía, puede decirse, de manos de los obreros [45], ¡mientras que las cosas se exponen como si los obreros lucharan contra esos dirigentes y se hubieran librado de su yugo! En vez de exhortar a marchar hacia adelante, a consolidar la organización revolucionaria y extender la actividad política, comenzaron a incitar a volver atrás, hacia la lucha exclusivamente tradeunionista. Se proclamó que «la base económica del movimiento es velada por la aspiración constante de no olvidar el ideal político», que el lema del movimiento obrero debe ser: «lucha por la situación económica» (!), o, mejor aún, «los obreros, para los obreros»; se declaró que las cajas de ayuda en las huelgas «valen más para el movimiento que un centenar de otras organizaciones» (que se compare esta afirmación, de octubre de 1897, con la discusión entre los «decembristas» y los jóvenes a principios de 1897), etc. Frasecitas como éstas, de que en el primer plano no es preciso colocar la «flor y nata» de los obreros, sino al obrero «medio», al obrero de la masa, que la «política sigue siempre dócilmente a la economía» [46], etc., etc., se pusieron de moda, adquiriendo una influencia irresistible sobre la masa de la juventud enrolada en el movimiento, juventud que en la mayoría de los casos no conocía más que fragmentos del marxismo en su exposición legal.

Esto era someter por completo la conciencia a la espontaneidad, a la espontaneidad de aquellos «socialdemócratas» que repetían las «ideas» del señor V. V.; a la espontaneidad de aquellos obreros que se dejaban arrastrar por el argumento de que obtener un aumento de un kopek por rublo valía mucho más que todo socialismo y que toda política; de que «debían luchar, sabiendo que lo hacían no para imprecisas generaciones futuras, sino para ellos mismos y para sus propios hijos» (editorial del núm.1 de R. Misl ). Frases de esta índole constituyeron siempre el arma favorita de los burgueses de Europa occidental que, en su odio al socialismo, trabajaban (al estilo del «social-político» alemán Hirsch) para trasplantar el tradeunionismo inglés a su suelo patrio, diciendo a los obreros que la lucha exclusivamente sindical [47] es una lucha para ellos mismos y para sus hijos, y no para imprecisas generaciones futuras con un impreciso socialismo futuro. Y, ahora, «Los V. V. de la socialdemocracia rusa» se han puesto a repetir esa fraseología burguesa. Nos importa consignar aquí tres circunstancias que nos serán de gran utilidad para seguir examinando las divergencias actuales [48].

En primer lugar, el sometimiento de la conciencia por la espontaneidad, arriba indicado, se produjo también por vía espontánea. Parece un juego de palabras, pero, desgraciadamente, es una amarga verdad. No se produjo este hecho por una lucha abierta entre dos concepciones diametralmente opuestas y por el triunfo de la una sobre la otra, sino debido a que los gendarmes «arrancaban» un número cada vez mayor de revolucionarios «viejos» y a que, en número cada vez mayor, aparecían en escena los «jóvenes» «V. V. de la socialdemocracia rusa». Todo aquel que, si no ha participado en el movimiento ruso contemporáneo, por lo menos ha respirado sus aires, sabe perfectamente que la situación es como la acabamos de describir. Y si, no obstante, insistimos particularmente para que el lector se percate por completo de este hecho notorio, si, para mayor evidencia, por decirlo así, insertamos datos sobre Rabócheie Dielo del primer período y sobre las discusiones entre los «viejos» y los «jóvenes», suscitadas a principios de 1897, es porque gentes que presumen de «democratismo» especulan con el hecho de que el gran público (o los muy jóvenes) ignora esto. Aún insistiremos sobre este punto más adelante.

En segundo lugar, ya en la primera manifestación literaria del economismo podemos observar un fenómeno, sumamente peculiar y extremadamente característico, para comprender todas las divergencias en el seno de los socialdemócratas contemporáneos, fenómeno consistente en que los partidarios del «movimiento puramente obrero», los admiradores del contacto más estrecho y más «orgánico» (expresión de Rab. Dielo) con la lucha proletaria, los adversarios de todos los intelectuales no obreros (aunque sean intelectuales socialistas) se ven obligados a recurrir, en defensa de su posición, a los argumentos de los «tradeunionistas puros» burgueses. Esto nos prueba que R. Misl, desde su aparición -sin darse cuenta de ello-, había comenzado a realizar el programa del «Credo». Esto prueba (cosa que R. Dielo no puede comprender de ningún modo) que todo lo que sea prosternarse ante la espontaneidad del movimiento obrero, todo lo que sea rebajar el papel del «elemento consciente», el papel de la socialdemocracia, equivale -en absoluto independientemente de la voluntad de quien lo hace- a fortalecer la influencia de la ideología burguesa sobre los obreros. Todo el que hable de «sobreestimación de la ideología» [49], de exageración del papel del elemento consciente [50], etc., se imagina que el movimiento obrero puro puede de por sí elaborar y elaborará una ideología independiente, tan pronto como los obreros «arranquen su suerte de manos de los dirigentes». Pero esto es un craso error. Para completar lo que acabamos de exponer arriba, añadiremos las siguientes palabras, profundamente justas e importantes, que C. Kautsky dijo con motivo del proyecto de nuevo programa del Partido Socialdemócrata austriaco [51]:

«Algunos de nuestros críticos revisionistas creen que Marx ha afirmado que el desarrollo económico y la lucha de clases no solo crean las condiciones para la producción socialista, sino que también engendran directamente la conciencia [subrayado por C. K.] de su necesidad. Y he aquí que esos críticos replican que Inglaterra, el país de más alto desarrollo capitalista, es más ajeno que ningún otro país moderno a esta conciencia. A juzgar por el nuevo proyecto, se podría creer que esta sedicente concepción marxista ortodoxa, refutada del modo indicado, es compartida también por la comisión que redactó el programa austriaco. El proyecto dice: 'Cuanto más aumenta el proletariado con el desarrollo del capitalismo, tanto más obligado se ve aquél a emprender la lucha contra el capitalismo y tanto más capacitado está para emprenderla. El proletariado llega a adquirir la conciencia' de la posibilidad y de la necesidad del socialismo. En este orden de ideas, la conciencia socialista aparece como el resultado necesario y directo de la lucha de clases del proletariado. Pero esto es completamente erróneo. Por cierto, el socialismo, como doctrina, tiene sus raíces en las relaciones económicas actuales, exactamente igual que la lucha de clases del proletariado, y, lo mismo que ésta, se deriva aquél de la lucha contra la miseria y la pobreza de las masas, miseria y pobreza que el capitalismo engendra; pero el socialismo y la lucha de clases surgen paralelamente y no se deriva el uno de la otra; surgen de premisas diferentes. La conciencia socialista moderna puede surgir únicamente sobre la base de un profundo conocimiento científico. En efecto, la ciencia económica contemporánea constituye una condición de la producción socialista lo mismo que, pongamos por caso, la técnica moderna, y el proletariado, por mucho que lo desee, no puede crear la una ni la otra; ambas surgen del proceso social contemporáneo. Pero no es el proletariado el portador de la ciencia, sino la intelectualidad burguesa [subrayado por C. K.]: es del cerebro de algunos miembros aislados de esta capa de donde ha surgido el socialismo moderno, y han sido ellos los que lo han transmitido a los proletarios destacados por su desarrollo intelectual, los cuales lo introducen luego en la lucha de clases del proletariado, allí donde las condiciones lo permiten. De modo que la conciencia socialista es algo introducido desde fuera [von Aussen Hineingetragenes] en la lucha de clases del proletariado, y no algo que ha surgido espontáneamente [uruchsig] de ella. De acuerdo con esto, ya el viejo programa de Heinfeld decía, con toda razón, que es tarea de la socialdemocracia el infundir al proletariado la conciencia de su situación [literalmente: llenar al proletariado de ella] y de su misión. No habría necesidad de hacerlo, si esta conciencia derivara automáticamente de la lucha de clases. El nuevo proyecto, en cambio, ha transcrito esta tesis del viejo programa y la ha añadido a la tesis arriba citada. Pero esto ha interrumpido por completo el curso del pensamiento...»

Ya que no puede ni hablarse de una ideología independiente, elaborada por las mismas masas obreras en el curso de su movimiento [52], el problema se plantea solamente así: ideología burguesa o ideología socialista. No hay término medio (pues la humanidad no ha elaborado ninguna «tercera» ideología; además, en general, en la sociedad desgarrada por las contradicciones de clase nunca puede existir una ideología al margen de las clases ni por encima de las clases). Por eso, todo lo que sea rebajar la ideología socialista, todo lo que sea alejarse de ella equivale a fortalecer la ideología burguesa. Se habla de espontaneidad. Pero el desarrollo espontáneo del movimiento obrero marcha precisamente hacia su subordinación a la ideología burguesa, marcha precisamente por el camino del programa del «Credo», pues el movimiento obrero espontáneo es tradeunionismo, es Nur-Gewerkschaftlerei, y el tradeunionismo implica precisamente la esclavización ideológica de los obreros por la burguesía. Por esto es por lo que nuestra tarea, la tarea de la socialdemocracia, consiste en combatir la espontaneidad, consiste en apartar el movimiento obrero de esta tendencia espontánea del tradeunionismo a cobijarse bajo el ala de la burguesía y atraerlo hacia el ala de la socialdemocracia revolucionaria. La frase de los autores de la carta «economista», publicada en el núm.12 de Iskra, de que ningún esfuerzo de los ideólogos más inspirados podrá desviar el movimiento obrero del camino determinado por la acción recíproca entre los elementos materiales y el medio material, equivale plenamente, por tanto, a una renuncia al socialismo, y si estos autores fuesen capaces de meditar lo que dicen, de meditarlo hasta su última consecuencia, valiente y lógicamente, como corresponde a toda persona que interviene en la actividad literaria y pública, no les quedaría más remedio que «cruzar sobre el pecho huero las manos inútiles» y... ceder el campo de acción a los señores Struve y Prokopóvich, que arrastran el movimiento obrero «por la línea de la menor resistencia», es decir, por la línea del tradeunionismo burgués, o a los señores Subátov, que lo arrastran por la línea de la «ideología» clerical-policiaca.

Recordad el ejemplo de Alemania. ¿En qué consistió el mérito histórico de Lassalle ante el movimiento obrero alemán? En haber apartado ese movimiento del camino del tradeunionismo progresista y del cooperativismo, por el cual se encauzaba espontáneamente (con la participación benévola de los Schulze-Delitzsch y consortes ) [53]. Para realizar esta misión, fue necesario algo muy distinto de la charlatanería sobre la subestimación del elemento espontáneo, sobre la táctica-proceso, la acción reciproca de los elementos y del medio, etc. Para ello fue necesario desplegar una lucha encarnizada contra la espontaneidad, y sólo como resultado de esa lucha, que ha durado largos años, se ha logrado, por ejemplo, que la población obrera de Berlín, de sostén del partido progresista, se haya convertido en uno de los mejores baluartes de la socialdemocracia. Y esta lucha no ha terminado aún, ni mucho menos, hoy día (como podrían creer gentes que estudian la historia del movimiento obrero alemán a la manera de Prokopóvich, y su filosofía, a la manera de Struve). También en el presente, la clase obrera alemana está fraccionada, si se puede usar esta expresión, en varias ideologías: una parte de los obreros está agrupada en los sindicatos obreros católicos y monárquicos, otra en los sindicatos de Hirsch-Duncker [54], fundados por los admiradores burgueses del tradeunionismo inglés; una tercera, en los sindicatos socialdemócratas. Esta última es incomparablemente mayor que las demás, pero la ideología socialdemócrata sólo ha podido conquistar esta supremacía y sólo podrá mantenerla combatiendo porfiadamente contra todas las demás ideologías.

Pero -preguntará el lector- ¿por qué el movimiento espontáneo, el movimiento por la línea de la menor resistencia, conduce precisamente a la supremacía de la ideología burguesa? Por la sencilla razón de que la ideología burguesa es mucho más antigua por su origen que la ideología socialista, porque su elaboración es más completa; porque posee medios de difusión incomparablemente más poderosos [55]. Y cuanto más joven es el movimiento socialista en un país, tanto más enérgica debe ser, por lo mismo, la lucha contra toda tentativa de afianzar la ideología no-socialista, tanto más resueltamente se debe poner en guardia a los obreros contra los malos consejeros, que chillan contra «la exageración del elemento consciente», etc. Los autores de la carta de los economistas, haciendo coro a Rab. Dielo, atacan encarnizadamente la intolerancia, propia del período infantil del movimiento. A esto contestamos: sí, nuestro movimiento realmente se encuentra en su infancia y, para que llegue con mayor celeridad a la madurez, debe precisamente hacerse intransigente con aquellos que frenan su desarrollo, prosternándose ante la espontaneidad. ¡No hay nada más ridículo y nocivo que presumir de viejo militante que hace ya mucho tiempo pasó por todos los episodios decisivos de la lucha!

En tercer lugar, el primer número de Rab. Misl nos señala que la denominación de «economismo» (a la cual no tenemos, naturalmente, el propósito de renunciar, pues, de uno u otro modo, es un mote ya establecido) no expresa con suficiente exactitud la esencia de la nueva tendencia. Rab. Misl no repudia por completo la lucha política: en los estatutos de las cajas, publicados en su primer número, se habla de la lucha contra el gobierno. Pero Rabóchaia Misl supone únicamente que «la política sigue siempre dócilmente a la economía» (en tanto que Rabócheie Dielo varía esta tesis, asegurando en su programa que «en Rusia, más que en ningún otro país, la lucha económica está indisolublemente ligada a la lucha política»). Estas tesis de Rabóchaia Misl y de Rabócheie Dielo son completamente falsas, si entendemos por política la política socialdemócrata. Muy frecuentemente la lucha económica de los obreros está ligada (si bien no de modo inseparable) a la política burguesa, clerical, etc., como ya hemos visto. Las tesis de Rab. Dielo son justas, si entendemos por política la política tradeunionista, es decir, la aspiración común a todos los obreros de conseguir del Estado tales o cuales medidas, cuyo fin es el de remediar los males propios de su situación, pero que todavía no acaban con esa situación, es decir, no suprimen el sometimiento del trabajo al capital. Esta aspiración es realmente común, tanto a los tradeunionistas ingleses, que mantienen una actitud hostil frente al socialismo, como a los obreros católicos, a los obreros «de Subátov», etc. Hay diferentes clases de política. Vemos, pues, que Rab. Misl, también en lo que a la lucha política se refiere, más que repudiarla se prosterna ante su espontaneidad, ante su falta de conciencia. Al reconocer plenamente la lucha política derivada en forma espontánea del propio movimiento obrero (o más exactamente: los anhelos y las reivindicaciones políticas de los obreros), renuncia por completo a elaborar independientemente una política socialdemócrata específica, que corresponda a los objetivos generales del socialismo y a las condiciones actuales de Rusia. Más adelante, demostraremos que Rab. Dielo incurre en el mismo error.


c. El «Grupo de Auto-emancipación» y Rabócheie Dielo


Hemos examinado tan detalladamente el editorial, poco conocido y casi olvidado en el presente, del primer número de Rab. Misl, porque expresó, mucho antes y con mayor relieve que nadie esta corriente general, que luego había de aparecer a la luz del día por pequeños y numerosos arroyuelos. V. I.-n tenía plena razón cuando, ponderando el primer número y el editorial de Rab. Misl, dijo que había sido escrito «enérgicamente», «con brío» (Listok Rebótnika, núm.9-10, pág.49). Toda persona de convicciones firmes que piensa que da algo nuevo escribe «con brío» y escribe de manera que destaca con relieve sus puntos de vista. Sólo quienes están acostumbrados a nadar entre dos aguas carecen de todo «brío»; únicamente la gente de esta índole es capaz, después de haber elogiado ayer los bríos de Rab. Misl, de atacar hoy a los adversarios de Rab. Misl por sus «bríos polémicos».

Sin detenernos en el «Suplemento especial de Rab. Misl» (más adelante tendremos, por distintos motivos, que referirnos a esta obra, que expresa del modo más consecuente las ideas de los economistas), por ahora consignaremos tan sólo brevemente «el llamamiento del 'Grupo de auto-emancipación de los obreros'» (marzo de 1899, reproducido en Nakanunie [56] de Londres, número 7, junio de 1899). Los autores de este llamamiento dicen con toda razón que «la Rusia obrera no ha hecho más que empezar a despertar, a mirar en torno suyo y se aferra instintivamente a los primeros medios de lucha que encuentra al alcance de su mano», pero deducen de esto la misma conclusión falsa que R. Misl, olvidando que lo instintivo es justamente lo inconsciente (lo espontáneo), en cuya ayuda deben acudir los socialistas; que los primeros medios de lucha «que encuentra al alcance de su mano» siempre serán, en la sociedad moderna, medios de lucha tradeunionistas, y que la primera ideología «que encuentra al alcance de su mano» será la ideología burguesa (tradeunionista). Tampoco «niegan» esos autores la política, sino que, siguiendo a V. V., solamente (¡solamente!) dicen que la política es una superestructura, y que, por esto, «la agitación política debe ser una superestructura de la agitación en favor de la lucha económica, debe surgir sobre el terreno de esta lucha y seguir tras ella».

En cuanto a R. Dielo, comenzó su actividad directamente por la «defensa» de los economistas. Después de haber afirmado falsamente, en su primer número (núm.1, págs.141-142), que «ignoraba a qué camaradas jóvenes se había referido Axelrod» cuando en su conocido folleto [57] dirigía una advertencia a los economistas, R. Dielo tuvo que reconocer, en la polémica con Axelrod y Plejánov, suscitada a propósito de esa falsedad, que, «fingiendo no saber de quién se trataba, quiso defender a todos los emigrados socialdemócratas más jóvenes contra esa acusación injusta» (Axelrod acusaba a los economistas de estrechez de miras). En realidad, esa acusación era completamente justa, y R. Dielo sabía perfectamente que aludía, entre otros, a V. I.-n., miembro de su redacción. Señalaré, de paso, que en la polémica mencionada Axelrod tenía completa razón y que R. Dielo estaba enteramente equivocado en la interpretación de mi folleto Las tareas de los socialdemócratas rusos [58]. Este folleto fue escrito en 1897, antes de la aparición de Rab. Misl, cuando yo consideraba, con toda razón, que la tendencia primitiva de la «Unión de Lucha» de San Petersburgo, que he definido más arriba, era la predominante. Y, al menos hasta mediados de 189~8, esa tendencia era realmente la que preponderaba. Por eso R. Dielo no tenía ningún derecho a referirse, para refutar la existencia y el peligro del economismo, a un folleto que exponía concepciones desplazadas en San Petersburgo en 1897-98 por la concepción «economista» [59].

Pero R. Dielo no sólo «defendía» a los economistas, sino que él mismo caía continuamente en sus aberraciones principales. Esto se debía al modo ambiguo de interpretar la siguiente tesis de su programa: «El movimiento obrero de masas (subrayado por R. D.) que ha surgido en estos últimos años constituye, a nuestro juicio, un fenómeno de la mayor importancia de la vida rusa, llamado principalmente a determinar las tareas [subrayado por mi] y el carácter de la actividad literaria de la Unión». No puede ponerse en duda que el movimiento de masas es un fenómeno de la mayor importancia. Pero la cuestión estriba en el modo de interpretar «la determinación de las tareas» por este movimiento de masas. Puede interpretársela de dos maneras: o bien en el sentido del culto de la espontaneidad de ese movimiento, es decir, reduciendo el papel de la socialdemocracia al de simple ceñidor del movimiento obrero como tal (así la conciben Rab. Misl, el «Grupo de auto-emancipación» y los demás economistas), o bien en el sentido de que el movimiento de masas plantea ante nosotros nuevas tareas, teóricas, políticas y de organización, mucho más complejas que las tareas con que podíamos contentarnos en el período que precedió a la aparición del movimiento de masas. Rab. Dielo tendía y tiende a concebirla precisamente en el primer sentido, porque no ha dicho nada concreto acerca de las nuevas tareas, antes bien ha razonado todo el tiempo justamente como si este «movimiento de masas» nos eximiera de la necesidad de concebir con claridad y resolver las tareas que éste plantea. Baste recordar el hecho de que R. Dielo consideraba imposible plantear ante el movimiento obrero de masas como primera tarea el derrocamiento de la autocracia, rebajando esta tarea (en nombre del movimiento de masas) a la tarea de la lucha por reivindicaciones políticas inmediatas (Respuesta, pág. 25).

Dejando a un lado el artículo «La lucha económica y política en el movimiento ruso», publicado por B. Krichevski, director de Rab. Dielo, en el núm.7, en el que repite esos mismos errores [60], pasaremos directamente al núm.10 de R. Dielo.

Naturalmente, no nos detendremos a analizar objeciones aisladas de B. Krichevski y Martínov contra Sariá e Iskra. Lo que nos interesa aquí es únicamente la posición de principios que Rabócheie Dielo ha adoptado en su núm.10. No nos detendremos, por ejemplo, a examinar el caso curioso de que R. Dielo vea una «contradicción flagrante» entre la tesis:

«La socialdemocracia no se ata las manos, no restringe sus actividades por un plan o un procedimiento cualesquiera de lucha política fijados de antemano: admite todos los medios de lucha, con tal de que correspondan a las fuerzas efectivas del Partido», etc. (núm,1 de Iskra ) [61].

y la tesis:

«Si no existe una organización fuerte, iniciada en la lucha política en cualquier condición y cualquier período, no se puede ni hablar de un plan sistemático de actividad, basado en principios firmes y aplicado inflexiblemente, único plan que merece el nombre de táctica» (núm.4 de Iskra ) [62].

Confundir la admisión en principio de todos los medios de lucha, de todos los planes y procedimientos, con tal de que sean convenientes, con la exigencia de guiarse en un momento político determinado por un plan inflexiblemente aplicado, cuando se quiera hablar de táctica, equivale a confundir el hecho de que la medicina reconozca todos los sistemas terapéuticos con la exigencia de que en el tratamiento de una enfermedad determinada se siga un sistema determinado. Pero de lo que se trata, precisamente, es de que Rab. Dielo, que padece una enfermedad que hemos llamado culto de la espontaneidad, no quiere reconocer ningún «sistema terapéutico» para curar esta enfermedad. Por eso, ha hecho el notable descubrimiento de que la «táctica-plan está en contradicción con el espíritu fundamental del marxismo» (núm. 10, pág. 18), que la táctica es «un proceso de crecimiento de las tareas del Partido, que crecen junto con éste» (pág. 11; subrayado por R. D.). Esta última sentencia tiene todas las probabilidades de hacerse célebre, de convertirse en el monumento imperecedero de la «tendencia» de Rab. Dielo. A la pregunta «¿A dónde ir?», este órgano dirigente responde: El movimiento es un proceso de cambio de distancia entre el punto de partida y los puntos siguientes del movimiento. Este pensamiento de incomparable profundidad no sólo es curioso (si sólo fuera curioso, no valdría la pena de detenerse particularmente a analizarlo), sino que representa, además, el programa de toda una tendencia, a saber: el mismo programa que R. M. expresó (en su «Suplemento especial» de Rabóchaia Misl ) en los términos siguientes: es deseable la lucha que es posible y es posible la lucha que se libra en un momento dado. Esta es precisamente la tendencia del oportunismo ilimitado, que se adapta en forma pasiva a la espontaneidad.

«¡La táctica-plan está en contradicción con el espíritu fundamental del marxismo!» Pero ¡si esto es una calumnia contra el marxismo, esto equivale a convertirlo en la caricatura que los populistas nos oponían en su guerra contra nosotros! Esto es justamente rebajar la iniciativa y la energía de los militantes conscientes, mientras que el marxismo, por el contrario, imprime un impulso gigantesco a la iniciativa y a la energía de los socialdemócratas, abriendo ante ellos las perspectivas más vastas, poniendo (si podemos expresarnos de este modo) a su disposición las potentes fuerzas de millones y millones de hombres de la clase obrera, que se alza a la lucha «espontáneamente». Toda la historia de la socialdemocracia internacional abunda en planes, que propugna ya uno ya otro jefe político, demostrando la perspicacia y la justeza de las concepciones políticas y de organización de los unos o revelando la miopía y los errores políticos de los otros. Cuando Alemania atravesó uno de los virajes históricos más grandiosos -formación del Imperio, apertura del Reichstag, concesión del sufragio universal- Liebknecht tenía un plan de la política y de la acción en general a desarrollar por la socialdemocracia, y Schweitzer tenía otro. Cuando sobre los socialistas alemanes se abatió la ley de excepción, Most y Hasselmann, dispuestos a exhortar pura y simplemente a la violencia y al terror, tenía un plan, otro tenían Höhberg, Schramm y (en parte) Bernstein, quienes se pusieron a predicar a los socialdemócratas, diciéndoles que, con su insensata violencia y revolucionismo, habían provocado esa ley y que debían ahora obtener el perdón con una conducta ejemplar; un tercer plan tenían los que venían preparando, y llevaron a cabo, la publicación de un órgano ilegal. Cuando se lanza una mirada retrospectiva, muchos años después de terminada la lucha por la elección de un camino y después de haber pronunciado la historia su veredicto sobre la conveniencia del camino elegido, no es difícil, naturalmente, manifestar profundidad de pensamiento lanzando la sentencia de que las tareas del Partido crecen juntamente con éste. Pero, en un momento de confusión [63], cuando los «críticos» y los economistas rusos rebajan la socialdemocracia al nivel del tradeunionismo y los terroristas predican con ardor la adopción de una «táctica-plan» que repite los viejos errores, limitarse en un momento así a unos pensamientos profundos de esta índole significa firmarse uno mismo un «certificado de pobreza». En un momento en que muchos socialdemócratas rusos padecen precisamente de falta de iniciativa y de energía, de falta de «amplitud en la propaganda, la agitación y la organización políticas» [64], de falta de «planes» para organizar en forma más vasta la labor revolucionaria; en un momento así, decir que «la táctica-plan está en contradicción con el espíritu fundamental del marxismo» no sólo equivale a envilecer el marxismo en el sentido teórico, sino, en la práctica, a arrastrar al Partido hacia atrás.

«Un socialdemócrata revolucionario se propone como tarea -nos alecciona más adelante R. Dielo- únicamente acelerar con su trabajo consciente el desarrollo objetivo y no suprimirlo o sustituirlo por planes subjetivos. Teóricamente, Iskra sabe todo esto. Pero la enorme importancia que el marxismo atribuye con toda razón a la labor revolucionaria consciente le lleva, en la práctica, como resultado de su concepto doctrinario de la táctica, a aminorar la importancia del elemento objetivo o espontáneo del desarrollo» (pág. 18).

Otra vez la mayor confusión teórica, digna del señor V. V. y cofradía. Pero desearíamos preguntar a nuestro filósofo: ¿en qué puede traducirse la «aminoración» del desarrollo objetivo por parte del autor de planes subjetivos? Por lo visto, en perder de vista que este desarrollo objetivo crea o afianza, hunde o debilita a estas o las otras clases, capas, grupos, a tales o cuales naciones, grupos de naciones, etc., condicionando así una u otra agrupación política internacional de fuerzas, una u otra posición de los partidos revolucionarios, etc. Pero la falta de tal autor no consistirá entonces en aminorar el elemento espontáneo, sino en aminorar, por el contrario, el elemento consciente, pues lo que no tendrá será la «conciencia» para comprender acertadamente el desarrollo objetivo. Por eso, ya el solo hecho de hablar de «apreciación de la importancia relativa» (subrayado por Rabócheie Dielo) del elemento consciente y de la espontaneidad revela una falta absoluta de «conciencia». Si ciertos «elementos espontáneos de desarrollo» son en general accesibles a la conciencia humana, la apreciación errónea de los mismos equivaldrá a «aminorar el elemento consciente». Y si son inaccesibles a la conciencia, no los conocemos y no podemos hablar de ellos. ¿De qué habla, pues, B. Krichevski? Si considera erróneos los «planes subjetivos» de Iskra (y él los declara precisamente erróneos), debería probar precisamente qué hechos objetivos no son tenidos en cuenta por esos planes y acusar a Iskra, por esta razón, de falta de conciencia, de «aminorar el elemento consciente», usando su lenguaje. Pero si él, descontento con los planes subjetivos, no tiene más argumentos que el de invocar la «aminoración del elemento espontáneo» (!!), no hace sino demostrar con esto que: 1) teóricamente, comprende el marxismo a lo Karéiev y Mijailovski, suficientemente puestos en ridículo por Béltov [65]; 2) prácticamente, se da por satisfecho en absoluto con los «elementos espontáneos de desarrollo» que arrastraron a nuestros marxistas legales hacia el bernsteinianismo, y a nuestros socialdemócratas, hacia el economismo, y muestra una «gran indignación» contra quienes se han decidido a desviar a toda costa la socialdemocracia rusa del camino del desarrollo «espontáneo».

Y más adelante siguen ya cosas completamente divertidas. «Así como los hombres, a pesar de todos los éxitos de las ciencias naturales, seguirán multiplicándose según los métodos antediluvianos, del mismo modo la aparición de un nuevo orden de cosas social, pese a todos los éxitos de las ciencias sociales y al aumento del número de los combatientes conscientes, será también en lo sucesivo, preeminentemente, resultado de explosiones espontáneas» (pág. 19). Así como la vieja sabiduría dice: para tener hijos, ¿a quién le faltará la inteligencia? la sabiduría de los «socialistas modernos» (a lo Narciso Tuporílov) [66] dice: para participar en la aparición espontánea de un nuevo sistema social le alcanzará la inteligencia a cualquiera. Nosotros también creemos que le alcanzará la inteligencia a cualquiera. Para participar de este modo, basta ceder al economismo, cuando reina el economismo, y al terrorismo, cuando el terrorismo ha surgido. Así, en la primavera de este año, cuando tanta importancia tenía el prevenir contra el apasionamiento por el terrorismo, Rabócheie Dielo estaba perplejo ante este problema «nuevo» para él. Y seis meses más tarde, cuando la cuestión ha perdido actualidad, nos ofrece a un mismo tiempo la declaración siguiente: «Entendemos que la tarea de la socialdemocracia no puede ni debe consistir en contrarrestar el auge del espíritu terrorista» (Rabócheie Dielo, núm.10, pág.23) y la resolución del Congreso: «El Congreso considera inoportuno el terror agresivo sistemático» (Dos congresos, pág.18). ¡Qué claridad y congruencia más notables! No lo contrarrestamos, pero lo declaramos inoportuno; y lo declaramos de tal manera, que el terror no sistemático y defensivo no va incluido en la «resolución» ¡Hay que reconocer que semejante resolución está a cubierto de todo peligro y queda garantizada por completo contra los errores, como lo está un hombre que habla para no decir nada! Y para redactar semejante resolución, no hacía falta más que una cosa: saber seguir tras el movimiento manteniéndose en la cola. Cuando Iskra puso en ridículo a Rabócheie Dielo por haber declarado que la cuestión del terror era una cuestión nueva [67], Rabócheie Dielo, enfadado, acusó a Iskra de «una pretensión verdaderamente increíble de imponer a la organización del Partido la solución que a los problemas de táctica había dado hacía más de 15 años un grupo de escritores emigrados» (pág.24). En efecto, ¡qué pretensión y qué exageración del elemento consciente: resolver de antemano los problemas en teoría, para luego convencer de la justeza de esa solución tanto a la organización, como al Partido y a las masas! [68] ¡Otra cosa es repetir lugares comunes y, sin «imponer» nada a nadie, someterse a cada «viraje», ya sea hacia el economismo, ya sea hacia el terrorismo! Rabócheie Dielo acusa a Iskra y Sariá de «oponer su programa al movimiento, como un espíritu que se cierne sobre un caos amorfo» (pág. 29). Pero ¿en qué consiste el papel de la socialdemocracia sino en ser el «espíritu» que no sólo se cierne sobre el movimiento espontáneo, sino que eleva a este último al nivel de «su programa»? Pues no ha de consistir en seguir arrastrándose a la cola del movimiento, cosa que, en el mejor de los casos, sería inútil para el movimiento y, en el peor de los casos, extremadamente nocivo. Pero Rabócheie Dielo no sólo sigue esta «táctica proceso», sino que la erige en un principio, de modo que sería más justo llamar a esta tendencia seguidismo, en vez de llamarla oportunismo. Forzosamente hay que reconocer que quienes están firmemente decididos a seguir el movimiento marchando a la cola están asegurados, en absoluto y para siempre, contra el error de «aminorar el elemento espontáneo del desarrollo».

Nos hemos convencido, pues, de que el error fundamental de la «nueva tendencia» en el seno de la socialdemocracia rusa consiste en rendir culto a la espontaneidad, en no comprender que la espontaneidad de las masas exige de nosotros, socialdemócratas, una elevada conciencia. Cuanto más poderoso es el auge espontáneo de las masas, cuanto más amplio se hace el movimiento, tanto más incomparable es la rapidez con que aumenta la necesidad de una elevada conciencia, tanto en el trabajo teórico de la socialdemocracia, como en el político y en el de organización.

El movimiento ascensional espontáneo de las masas, en Rusia, ha sido (y sigue siendo) tan rápido, que la juventud socialdemócrata ha resultado poco preparada para cumplir esas gigantescas tareas. Esta falta de preparación es nuestra desgracia común, la desgracia de todos los socialdemócratas rusos. El auge de las masas se ha producido y se ha extendido en forma ininterrumpida y continua, y no sólo no ha cesado donde había comenzado, sino que se ha extendido a nuevas localidades y nuevas capas de la población (bajo la influencia del movimiento obrero, se ha reanimado la efervescencia entre la juventud estudiantil, entre los intelectuales en general, hasta entre los campesinos). Pero los revolucionarios han quedado rezagados en este movimiento ascensional, tanto en sus «teorías» como en su actividad, no han logrado crear una organización permanente que funcione sin solución de continuidad, capaz de dirigir todo el movimiento.

En el primer capítulo hemos hecho constar que Rabócheie Dielo rebaja nuestras tareas teóricas y repite «espontáneamente» el grito de moda: «libertad de crítica»; los que lo repiten no han tenido la «conciencia» suficiente para comprender que son diametralmente opuestas las posiciones de los «críticos» oportunistas y las de los revolucionarios en Alemania y en Rusia.

En los capítulos siguientes examinaremos cómo se ha manifestado el culto de la espontaneidad en el terreno de las tareas políticas, así como en la labor de organización de la socialdemocracia.


Notas


[32] Rabócheie Dielo, núm.10, septiembre de 1901, págs.17-18. Las cursivas son de la revista.

[33] El tradeunionismo no descarta en modo alguno toda «política», como a veces se cree. Las tradeuniones han llevado siempre a la práctica cierta agitación y lucha política (pero no socialdemócrata). En el capítulo siguiente expondremos la diferencia entre la política tradeunionista y la socialdemócrata.

[34] A. A. Vanéiev murió en 1899, en Siberia Oriental, de tuberculosis, contraída cuando se encontraba incomunicado en prisión preventiva. Por eso, hemos considerado posible publicar la información que figura en el texto, cuya autenticidad garantizamos, pues procede de gente que conocía a Vanéiev personal e íntimamente.

[35] Rússkcaia Stariná (La Antiguedad Rusa - Revista histórica mensual, que apareció en Petersburgo de 1870 a 1918.

[36] Véase V. I. Lenin, Obras Completas, t. II. (N. de la Red.)

[37] San Petersburgski Rabochi Listok (Hoja Obrera de San Petersburgo). Periódico ilegal, órgano de la «Unión de Lucha por la Emancipación de la Clase Obrera» de Petersburgo. Se publicaron dos números: el núm.1 en febrero (fechado enero) de 1897, y se imprimió a mimeógrafo en Rusia con un tiraje de 300 a 400 ejemplares, y el núm.2 apareció en Ginebra, en septiembre de 1897.

[38] Rabóchaia Gasieta (Gaceta Obrera). Órgano ilegal del grupo socialdemócrata de Kiev. Se publicaron dos números: el núm.1 en agosto de 1897 y el núm.2 en diciembre (con fecha noviembre) del mismo año. El Primer Congreso del P.O.S.D.R. proclamó a Rabóchaia Gasieta, órgano oficial del Partido. Después del Congreso, el periódico no volvió a aparecer, pues la policía asaltó la imprenta y los miembros del Comité Central fueron detenidos.

[39] «Al criticar la actividad de los socialdemócratas de fines de la última década del siglo pasado, Iskra no tiene en cuenta que entonces faltaban condiciones para todo trabajo que no fuera la lucha por pequeñas reivindicaciones», dicen los economistas en su «Carta a los órganos socialdemócratas rusos» (Iskra, núm.12). Los hechos citados en el texto demuestran que esta afirmación sobre la «falta de condiciones» es diametralmente opuesta a la verdad. No sólo a fines, sino incluso a mediados de la década del 90, existían plenamente todas las condiciones para otro trabajo, además de la lucha por las pequeñas reivindicaciones; todas las condiciones, salvo una preparación suficiente de los dirigentes. Y he aquí que, en vez de reconocer francamente esta falta de preparación por nuestra parte, por parte de los ideólogos, de los dirigentes, los «economistas» quieren cargar toda la responsabilidad a la «falta de condiciones», a la influencia del medio material que determina el camino del cual ningún ideólogo logrará desviar el movimiento. ¿Qué es esto sino halago servil de la espontaneidad, sino enamoramiento de los «ideólogos» de sus propios defectos?

[40] La reunión privada que cita Lenin se realizó en Petersburgo entre el 14 y el 17 de febrero (26 de febrero y 1ƒ de marzo) de 1897. Asistieron a ella V. I. Lenin, A. A. Vaniéiv, G. M. Krzhizhanovski y otros miembros de la «Unión de Lucha por la Emancipación de la Clase Obrera» de Petersburgo, o sea, los «viejos», puestos en libertad provisional por un término de tres días antes de ser deportados a Siberia, y los «jóvenes» que dirigían la «Unión de Lucha» después del arresto de Lenin.

[41] Listok Rabótnika (Hoja del Obrero). Fue publicado en Ginebra de 1896 a 1899 por la «Unión de Socialdemócratas Rusos en el Extranjero». Se editaron lo números: los números del 1 al 8 fueron publicados bajo la redacción del grupo «Emancipación del Trabajo». Después del viraje de la mayoría de los miembros de la «Unión» hacia el «economismo», el grupo «Emancipación del Trabajo» se negó a continuar su redacción. Los núms.9 y 10 fueron publicados por la nueva redacción designada por la «Unión».

[42] El artículo de V. I.-n - el artículo de V. P. Ivanshin.

[43] Digamos de paso que este elogio de Rabóchaia Misl, en noviembre de 1898, cuando el economismo, sobre todo en el extranjero, se había definido completamente, partía del propio V. I.-n., que muy pronto formó parte del cuerpo de redactores de Rab. Dielo. ¡Y Rab. Dielo todavía continuó negando la existencia de dos tendencias en el seno de la socialdemocracia rusa, como la sigue negando en el presente!

[44] Los gendarmes zaristas llevaban uniformes de puños azules. (N. de la Red.)

[45] El siguiente hecho característico demuestra que esta comparación es justa. Cuando, después de la detención de los «decembristas», se difundió entre los obreros de la carretera de Schlisselburgo la noticia de que había ayudado a la policía el provocador N. N. Mijáilov (un dentista), relacionado con un grupo que estaba en contacto con los «decembristas» aquellos obreros se indignaron de tal modo, que decidieron matar a Mijáilov.

[46] Del mismo editorial del primer número de Rabóchaia Misl. Se puede juzgar por esto acerca de cuál era la preparación teórica de esos «V. V. de la socialdemocracia rusa», quienes repetían la burda trivialización del «materialismo económico», mientras que en sus publicaciones los marxistas hacían la guerra contra el auténtico señor V. V., llamado desde hacía tiempo «maestro en asuntos reaccionarios» por ese mismo modo de concebir la relación entre la política y la economía.

[47] Los alemanes incluso tienen una palabra especial: «Nur-Gewerkschaftler», con que se señala a los partidarios de la lucha «únicamente sindical».

[48] Subrayamos actuales para los que se encojan farisaicamente de hombros y digan: ahora es sumamente fácil denigrar a Rabóchaia Misl, cuando no es más que un arcaísmo. «Mutato nomine, de te fabula narratur» (bajo otro nombre, la fábula habla de ti. - N. de la Red.), contestamos nosotros a los fariseos contemporáneos, cuya completa sumisión servil a las ideas de Rab. Misl será demostrada más adelante.

[49] Carta de los «economistas» en el núm.12 de Iskra.

[50] Rabócheie Dielo, núm.10.

[51] Neue Zeit (Tiempos Nuevos) 1901-1902, XX, I, núm.3, pág.79. El proyecto de la comisión, de que habla Kautsky, fue aprobado por el Congreso de Viena (a fines del año pasado) en una forma algo modificada.

[52] Esto no significa, naturalmente, que los obreros no participen en esta elaboración. Pero no participan en calidad de obreros, sino en calidad de teóricos del socialismo, como los Proudhon y los Weitling; en otros términos, sólo participan en el momento y en la medida en que logran, en mayor o menor grado, dominar la ciencia de su siglo y hacer avanzar esa ciencia. Y, a fin de que los obreros lo logren con mayor frecuencia, es necesario ocuparse lo más posible de elevar el nivel de la conciencia de los obreros en general; es necesario que los obreros no se encierren en el marco artificialmente restringido de la «literatura para obreros», sino que aprendan a asimilar más y más la literatura general. Incluso sería más justo decir, en vez de «no se encierren», «no sean encerrados», pues los obreros leen y también quieren leer todo cuanto se escribe para los intelectuales, y únicamente ciertos intelectuales (de ínfima categoría) creen que «para los obreros» basta con relatar el orden de cosas que rige en las fábricas y rumiar lo que ya se conoce desde hace mucho tiempo.

[53] Schlulze-Delitzsch (1808-1883) - Ideólogo de la pequeña burguesía alemana, que propugnaba la creación de asociaciones cooperativas, capaces, en su opinión, de garantizar la independencia económica de los artesanos y en general de los pequeños productores, así como de los obreros. (N. de la Red.)

[54] Los sindicatos de Hirsch y Duncker fueron fundados en 1868 por los liberales burgueses alemanes Hirsch y Duncker, quienes predicaban la «armonía entre los intereses de clase»; con esto desviaban a los obreros de su lucha revolucionaria de clase contra la burguesía y limitaban las tareas de movimiento sindical a la acción en las cajas mutuales y en las organizaciones de carácter cultural-educativo.

[55] Frecuentemente se oye decir: la clase obrera tiende espontáneamente hacia el socialismo. Esto es completamente justo en el sentido de que la teoría socialista determina, más profunda y certeramente que ninguna otra, las causas de las calamidades que sufre la clase obrera, y precisamente por eso los obreros la asimilan con tanta facilidad, siempre que esta teoría no retroceda ante la espontaneidad, siempre que esta teoría someta a la espontaneidad. Habitualmente, esto se sobreentiende, pero Rab. Dielo justamente lo olvida y lo desfigura. La clase obrera tiende de modo espontáneo hacia el socialismo, pero la ideología burguesa, la más difundida (y constantemente resucitada en las formas más diversas), se impone, no obstante, espontáneamente más que nada al obrero.

[56] Nacanunie (La Vispera), revista de orientación populista publicada en ruso, en Londres, desde enero de 1899 hasta febrero de 1902. Aparecieron 37 números. La revista agrupo en torno suyo a los representantes de diversos partidos pequeñoburgueses.

[57] En torno a la cuestión de las tareas actuales y de la táctica de los socialdemócratas rusos. Ginebra, 1898. Dos cartas a Rabóchaia Gasieta, escritas en 1897.

[58] Véase V. I. Lenin, Obras Completas, t. II. (N. de la Red.)

[59] Defendiéndose, Rabócheie Dielo completó su primera mentira («ignoramos de qué camaradas jóvenes ha hablado P. B. Axelrod») con una segunda, al escribir en su Respuesta: «Desde la aparición de la crítica de 'Las tareas', han surgido o se han definido más o menos claramente entre algunos socialdemócratas rusos tendencias hacia la unilateralidad economista, que significan un paso atrás, en comparación con el estado de nuestro movimiento, esbozado en 'Las tareas'» (pág.9). Esto lo dice la «Respuesta», aparecida en el año 1900. Y el primer número de Rabócheie Dielo (con la crítica) apareció en abril de 1899. ¿Es que el economismo surgió sólo en 1899? No; en 1899 se oyó por primera vez la voz de protesta de los socialdemócratas rusos contra el economismo (la protesta contra el «Credo»). Pero el economismo había surgido en 1897, como lo sabe muy bien Rabócheie Dielo, pues V. I.-n., ya en noviembre de 1898 (Listok Rabótnika, núm.9-10), se deshacía en elogios para Rabóchaia Misl.

[60] La «teoría de las fases» o la teoría de los «tímidos zig-zags» en la lucha política se expone, por ejemplo, en ese artículo del modo siguiente: «Las reivindicaciones políticas, que por su carácter son comunes a toda Rusia, deben, sin embargo, durante los primeros tiempos (¡esto fue escrito en agosto de 1900!) corresponder a la experiencia adquirida por una determinada capa (¡sic!) de obreros en la lucha económica. Únicamente [!] a base de esa experiencia se puede y se debe iniciar la agitación política», etc. (pág.11). En la página 4, el autor, indignado por las acusaciones, a su juicio completamente infundadas, de herejía economista, exclama patéticamente: «Pero ¿qué socialdemócrata ignora que, según la doctrina de Marx y Engels, los intereses económicos de las distintas clases desempeñan un papel decisivo en la historia y que, por tanto (subrayado por nosotros), en particular la lucha del proletariado por sus intereses económicos debe tener una importancia primordial para su desarrollo como clase y para su lucha de liberación?» Este «por tanto» está completamente fuera de lugar. Del hecho de que los intereses económicos desempeñan un papel decisivo no se desprende en modo alguno la conclusión de que la lucha económica (=sindical) tenga una importancia primordial, pues los intereses más esenciales, «decisivos» de las clases pueden ser satisfechos únicamente por transformaciones políticas radicales en general; en particular, el interés económico fundamental del proletariado puede ser satisfecho únicamente por medio de una revolución política que sustituya la dictadura de la burguesía por la dictadura del proletariado. B. Krichevski repite el razonamiento de los «V. V. de la socialdemocracia rusa» (la política sigue a la economía, etc.) y de los bernsteinianos de la alemana (por ejemplo, Woltmann alegaba precisamente los mismos argumentos para probar que los obreros, antes de pensar en una revolución política, debían adquirir una «fuerza económica»).

[61] Véase V. I. Lenin, Obras Completas, t. V. (N. de la Red.)

[62] Loc. cit. (N. de la Red.)

[63] Ein Jahr der Verwirrung (Un año de confusión) es el título puesto por Mehring en su Historia de la socialdemocracia alemana al apartado en que describe los titubeos y la indecisión que los socialistas manifestaron en un principio, al elegir la «táctica-plan» que correspondía a las nuevas condiciones.

[64] Del editorial del núm.1 de Iskra. (Véase V. I. Lenin, Obras Completas, t. IV. - N. de la Red.)

[65] Con el seudónimo N. Bíltov, G. V. Plejánov publicara legalmente en 1895, en Petersburgo, su conocido libro Contribución al problema del desarrollo de la concepción monista de la historia.

[66] Se refiere a la sátira en verso titulada «Himno del moderno socialista ruso», publicada en el núm. I de Sariá (abril de 1901) bajo la firma de Narciso Tuporilov, en la que se ridiculiza a los «economistas» y su facilidad para adaptarse al movimiento espontáneo. El autor de estos versos es I. O. Mártov.

[67] Véase V. I. Lenin, Obras Completas, t. V. (N. de la Red.)

[68] No se debe olvidar tampoco que, al resolver «en teoría» la cuestión del terror, el grupo «Emancipación del Trabajo» resumió la experiencia del movimiento revolucionario anterior.


Continuará...


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