«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

domingo, 8 de diciembre de 2013

Las purgas del Partido Comunista (b) de la URSS en la década de 1930; Mario Sousa

Las purgas o expulsiones del Partido Comunista soviético durante la década de 1930 es el tópico favorito de los propagandistas burgueses. El problema es retomado de tiempo en tiempo en los medios de comunicación burgueses que le dan al público historias falsas y ajenas a la verdad sobre las purgas, los juicios políticos y la Unión Soviética de ese periodo. Su propósito es difamar al socialismo y a la Unión Soviética para así desmotivar a la gente de escuchar a los comunistas, de tal manera que acepten al capitalismo como algo eterno. Es por esto que es importante difundir la verdad sobre este capítulo de la historia de la Unión Soviética para contrarrestar las mentiras burguesas así como para entender las dificultades que enfrentaron los Bolcheviques durante el periodo revolucionario de transición.

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Hechos acerca de la década 1930


Comencemos dándole al lector una imagen de la Unión Soviética en la década de 1930, década decisiva en su historia. Entre otras cosas, en la década de los 1930 fue cuando se realizaron los dos primeros planes quinquenales y cuando se llevó a cabo la colectivización de la agricultura. El ingreso nacional aumentó de 29 millones de rublos en 1929 a 105 millones en 1938: un aumento de 360 por ciento en 10 años. ¡Un logro único en la historia de la industrialización!

Durante la década de 1930, la producción de la Unión Soviética creció a un grado sin precedentes. A comienzos de 1930, el valor total de la producción industrial fue de 21 millones de rublos. Ocho años después, sin embargo, sobrepasó los 100 millones de rublos (ambas cifras a precios de 1926-27). ¡La producción industrial del país aumentó casi cinco veces en ocho años! A principios de 1930, el área sembrada con cultivos de varios tipos era de 118 millones de hectáreas. En 1938 alcanzó las 136,9 millones de hectáreas. Al mismo tiempo, se había completado la colectivización de la agricultura, superándose grandes problemas relacionados con la colectivización y la modernización. A principios de 1930, la Unión Soviética tenía 34.900 tractores; sin embargo, en 1938 contaba con 483.500. El número de tractores había aumentado casi catorce veces en ocho años. Durante este mismo periodo, el número de cosechadoras aumentó de 1.700 a 153.500 y el número de segadoras de 4.300 a 130.800.

En la década de 1930, el desarrollo cultural de la Unión Soviética también avanzó a grandes saltos. El número de estudiantes en todas las escuelas en 1929 era aproximadamente de 14 millones. En 1938, se incrementó a cerca de 34 millones, y en esa época, los alumnos matriculados en todo tipo de cursos, incluyendo los de tiempo parcial, sumaban alrededor de más de 47 millones. Casi un tercio de todos los ciudadanos había sido incorporado al sistema educativo. A inicios de la década de 1930, el analfabetismo en la Unión Soviética todavía se mantenía en un 33 por ciento (comparado con el 67 por ciento en 1913). Para 1938, el analfabetismo había sido completamente erradicado. Durante este periodo, el número de estudiantes de educación superior se triplicó, de 207.000 a 601.000. El número de bibliotecas en 1938 era de 70.000, superior a los 40.000 de 1933. En 1938, el número de libros en estas bibliotecas alcanzó la impresionante suma de 126 millones, comparados con los 86 millones que tenían en 1933. Durante los treinta, fue implementada otra medida, que demostraba la fortaleza ideológica y material de la Unión Soviética así como su compromiso con la igualdad de sus ciudadanos: específicamente, la introducción de la obligación de que toda la educación escolar primaria debía impartirse en los idiomas de las diferentes nacionalidades. Esto requería una gran cantidad de trabajo en el frente cultural y la producción de un gran número de libros nuevos, libros de texto y otros materiales de enseñanza en diferentes idiomas, algunos de los cuales ni siquiera existían de forma escrita.

Este fue el marco en el que se dio lucha de las clases en la Unión Soviética en la década de 1930 y debe tenerse en cuenta al leerse este folleto.


El desarrollo del Partido Comunista (b)


En los años treinta, millones de nuevos miembros ingresaron al Partido Comunista (b) de la URSS y tomaron parte en la lucha por la producción y el desarrollo social. El gran influjo de gente y el gran aumento de la producción tuvieron, sin embargo, un lado negativo. El Partido estaba obligado a evaluar el trabajo social y partidario de los antiguos y nuevos miembros y expulsar o purgar a aquellos cuyo desempeño no cumpliese con lo que se exigía de los comunistas.

En este periodo, se incrementó la amenaza externa contra de la Unión Soviética. Además del bloqueo, actos de sabotaje y la amenaza de agresión de los países capitalistas, emergió un nuevo enemigo, cuyo objetivo era aplastar a la Unión de Republicas Socialista Soviética y aniquilar a los eslavos como pueblo. En enero de 1933, el nazismo tomó el poder en Alemania, prometiendo, entre otras cosas, terminar con el comunismo, conquistar nuevas colonias en el Este y usar a sus habitantes como esclavos de la economía alemana.

El auge de la Unión Soviética durante la década de 1930, entonces, fue vital. Fue la base de la victoria de la Unión Soviética sobre la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial. La lucha contra las deficiencias dentro del Partido Comunista y las purgas fueron esenciales para el propósito de lograr el éxito en el desarrollo de la producción y asegurar la defensa del país. Los historiadores burgueses a penas mencionan esto.

De acuerdo con la mitología burguesa, las purgas fueron una persecución sangrienta en contra de aquellos que criticaban el régimen. Para eso la burocracia hambrienta de poder hizo uso de una exhaustiva estructura administrativa y del aparato de violencia estatal, con una crueldad excesiva, para literalmente eliminar una oposición progresista, que incluía –de acuerdo con aquellos historiadores– socialistas y comunistas «genuinos». La mano que guiaba esta persecución era, claro, la de Stalin, que es representado con un comportamiento paranoico. De acuerdo con la burguesía, Stalin tenía un plan a largo plazo de eliminar a todos sus opositores y antiguos bolcheviques para de esta forma asegurarse el poder absoluto. Veremos hasta qué punto este mito ha sido desenmascarado por historiadores burgueses honestos con acceso a materiales de los archivos soviéticos.


Los Archivos de Smolensk


Ya en 1945, mucho antes de que Gorbachov abriera los archivos soviéticos, mucho material de archivo estaba en manos de Occidente y de los Estados Unidos. Cuando la Alemania Nazi invadió la Unión Soviética durante la Segunda Guerra Mundial llegó hasta las afueras de Moscú y Leningrado. Las tropas alemanas ocuparon el Óblast occidental –la región occidental, que había tenido como su centro a la ciudad de Smolensk– desde 1941 en adelante. En Smolensk, las tropas alemanas encontraron los archivos de la región occidental, los cuales por alguna razón no habían sido destruidos por las tropas soviéticas en retirada. Estos archivos fueron enviados a Alemania ese mismo año. Al final de la guerra en 1945, los archivos de Smolensk fueron a parar a la zona ocupada por los estadounidenses en Alemania. A pesar de que pertenecían a la Unión Soviética, un aliado de los Estados Unidos en ese tiempo, los generales estadounidenses que los tenían bajo su poder, naturalmente, en interés del capitalismo, los enviaron a los Estados Unidos. Estos archivos de Smolensk ahora pueden ser encontrados en los Archivos Nacionales de los Estados Unidos.

Los archivos de Smolensk son bastante grandes. Con algunas pocas excepciones, todos los asuntos importantes del Partido Comunista de la región occidental están recopilados ahí, desde registros de los militantes y dirigentes políticos hasta extractos de discusiones y debates en las asambleas, incluyendo aquellos de la institución principal del área, específicamente, el Buró de Organización. Todos los aspectos de la vida política están mencionados, desde las políticas agrícolas y estrategias industriales hasta el planeamiento de las vacaciones anuales de los obreros. Los documentos que tratan sobre las purgas del Partido en la región occidental también están ahí. Los archivos de Smolensk son una mina de oro para aquellos que buscan un mejor entendimiento del funcionamiento de la sociedad soviética. Sin embargo, los archivos de Smolensk han sido utilizados muy poco.


Nuevos hechos que respaldan nuevas conclusiones


No fue hasta 1985 que se publicó un libro basado en un estudio auténtico de los archivos de Smolensk. Este libro lleva el nombre de «Orígenes de las Grandes Purgas – El Partido Comunista Soviético Reexaminado, 1933–1938» [1], escrito por el profesor de historia norteamericano J. Arch Getty. Este libro proporciona estadísticas y otros documentos de gran valor para el estudio de la historia de la Unión Soviética.

Getty es un autor burgués que tiene una capacidad limitada para comprender las condiciones de la lucha de las clases en la Unión Soviética. En un libro posterior, «El camino hacia el terror», que se supone demuestra que los bolcheviques se exterminaron entre ellos durante la década de 1930 como resultado de peleas, por ejemplo, no hay ni una sola mención de los desarrollos sociales más grandes dentro de la historia de la humanidad que se dieron en la Unión Soviética durante la década de 1930. ¡Ni una sola palabra sobre eso!

Sin embargo, durante la mayor parte de la década de 1930, la Unión Soviética estuvo luchando contra del reloj para preparar la defensa del país ante la amenaza de invasión por parte de la Alemania nazi. Si no se le da la importancia necesaria a este hecho, entonces inevitablemente se llegarán a conclusiones erróneas. Si los bolcheviques se hubiesen exterminado entre ellos en vez de ocuparse al máximo por el desarrollo del país y en construir defensas, entonces los nazis hubieran ganado la guerra y erradicado a la Unión Soviética y a los eslavos.

Por lo menos, Arch Getty contradice a un historiador anterior, el también estadounidense Merle Fainsod, quien también tuvo acceso a los archivos de Smolensk pero que alegó en su libro «Smolensk bajo el régimen soviético» que «el asesinato de Kírov en diciembre de 1934 desencadenó una nueva ronda de purgas casi continuas que se propagaron en círculos cada vez más amplios y aumentaron a un ritmo imponente hasta la virtual destrucción de la dirección del Partido en el Óblast».

La investigación de Getty contradice completamente esta conclusión.


Breve historia anterior a las purgas de la década de 1920


Después de la victoria de la revolución, cuando el Partido Comunista (b) se había convertido en el partido gobernante, los líderes del Partido y Lenin tuvieron que reconocer que algunos elementos poco gratos habían entrado al Partido y al aparato del Estado. Estas personas querían hacer una carrera mediante su pertenencia al Partido. En la VIII Conferencia del Partido en Diciembre de 1919, Lenin tocó este problema. De acuerdo a Lenin es «natural, por un lado, que los peores elementos se aferren al partido gobernante simplemente porque es el partido gobernante». Por esta razón era importante evaluar la contribución de los miembros del Partido. A propuesta de Lenin, el Partido volvió a reinscribir a todos sus militantes. Cada miembro tuvo que responder por sus actos ante un colectivo de militantes: aquellos que fueron considerados poco confiables fueron excluidos. Esa fue la primera depuración del aparato del Partido. Este método fortalecer al Partido mediante la depuración de los elementos oportunistas– se volvió una característica del Partido Comunista (b) por muchos años en adelante.

La corrupción, la pasividad, las infracciones en contra de la disciplina del Partido, el alcoholismo, la criminalidad y el antisemitismo eran comportamientos que justificaban la expulsión del Partido. Para los burgueses y kulaks individuales que ocultaron su origen de clase la expulsión del Partido era una medida cierta, a diferencia de aquellos que cuando fueron aceptados en el Partido admitieron sus antecedentes de clase. Los antiguos funcionarios zaristas que escondieron su pasado también fueron inevitablemente expulsados. Todos los que fueron expulsados pudieron apelar a la Comisión Central de Control, para que sus casos se revisaran en un nivel más alto.

Como veremos más adelante, se readmitió a un número relativamente grande de personas. Las decisiones tomadas en las asambleas generales de cientos de militantes eran, por lo regular, más estrictas que aquellas tomadas en el centro del Partido. El Comité Central del Partido, que inició las purgas y decidió su procedimiento, trató de incentivar que los militantes de base hablaran en contra de los dirigentes corruptos y sus asociados.

Esto resultó ser un trabajo muy difícil. Los burócratas corruptos conocían varios trucos para escapar de las críticas y las situaciones difíciles. La mayoría de expulsados, en cambio, fueron militantes comunes y corrientes que a menudo no podían defenderse contra las acusaciones de pasividad, ignorancia política o malos hábitos con la bebida, que les imputaron los secretarios del Partido.


Las purgas de la década de 1920


Después de la reinscripción de los militantes de 1919, Lenin y los líderes del Partido encontraron que aún había varias deficiencias considerables en el Partido. No se había logrado el objetivo con la reinscripción. Se siguió permitiendo el ingreso al Partido de un gran número de nuevos militantes sin tener en cuenta la directiva que establecía que sólo los obreros y los elementos confiables de otras clases podían ser seleccionados. Se realizaron nuevas purgas en 1921, 1928 y 1929.

En el Cuadro 1 podemos ver el porcentaje de militantes que fueron expulsados en esas ocasiones. En otros años, el porcentaje de expulsiones varió entre tres y cinco por ciento.




En relación a las purgas de 1929, el Cuadro 2 da una descripción detallada de las causas. Provee mejor información y descarta el mito de que las purgas fueron una manera de eliminar a la oposición dentro del Partido. En 1929, el proceso de depuración incluyó a 1,53 millones de militantes. De éstos, aproximadamente 170.000, el 11 por ciento, fueron expulsados. Cuando apelaron a la Comisión Central de Control, fueron readmitidos 37.000 (22 por ciento de los expulsados). En Smolensk, fue readmitido el 43 por ciento de los expulsados. Haciendo un análisis más profundo se advierte que la gran mayoría de expulsados pertenecía a la clase obrera, expulsados por pasividad por los dirigentes locales del Partido. No tuvieron en cuenta que las condiciones de vida hacían difícil la participación de estos militantes en las actividades del Partido.




De acuerdo con Getty, aquellos expulsados por razones políticas -«fraccionalismo» o actividad opositora– estaban incluidos dentro del 10% de expulsados por «infracciones de la disciplina del Partido». Entonces, los expulsados por razones políticas constituyeron el 10 por ciento de ese 10 por ciento de expulsados por «infracciones de la disciplina del Partido». De este modo, las expulsiones por razones políticas no fueron más del uno por ciento de las expulsiones totales llevadas a cabo durante la purga de 1929. Comparemos esto con el constante mito de «los stalinistas eliminaron a todos aquellos que formaban parte de la oposición». Más aún, la burguesía siempre alega que estos expulsados, más adelante, encontraron una muerte segura en los campos de trabajo del Gulag o simplemente desaparecieron. La realidad es otra. De los expulsados, sólo aquellos que cometieron delitos penales –robo, desfalco, chantaje, sabotaje o actos similares– y fueron procesados en la corte, recibieron algún castigo. Para otros que fueron expulsados la vida continuó como siempre, sin las obligaciones que exigía la militancia y sin el apoyo que la militancia ofrecía.


Las purgas en el PC (b) de la URSS durante la década de 1930


Robert Conquest jugó un papel crucial en difamar al socialismo y a la Unión Soviética durante todo el periodo de posguerra. Conquest es un desinformador entrenado en uno de los más antiguos y más viejos servicios secretos del mundo, la de los británicos. Conquest se convirtió en su más destacado especialista en desinformación sobre la Unión Soviética. Es un maestro de la manipulación de la información y de cambiar lo blanco en negro. Hacia fines de los años cincuenta, Conquest renunció repentinamente al servicio secreto británico. La próxima vez que se escuchó de él fue en los Estados Unidos, ¡donde la CIA estaba publicando sus libros y sus escritos! Se supone que la CIA le ofreció una mejor paga que la que recibía de los británicos y que por esa razón se mudó a los Estados Unidos. Además, la CIA le suministró una mejor cobertura, le dio un puesto de investigación dentro de una Universidad. Las historias de Conquest han sido difundidas por décadas por la CIA, en los medios de comunicación capitalistas de todo el mundo, y, desafortunadamente, son asumidas como una verdad por muchas personas.

El trabajo más conocido de Conquest, «El Gran Terror. Las purgas de Stalin en los Treinta», fue publicado en 1968 y ha sido una de las armas más destacadas de la burguesía contra el socialismo. El libro está basado parcialmente en material producido durante su época en el servicio secreto británico. Sus fuentes son extremadamente dudosas: colaboradores nazis, desertores y terroristas.


Las purgas de 1933


Durante la década de 1930, el Partido pasó por tres purgas: 1933, 1935 y 1937-1938.

La primera purga, la de 1933, se realizó en un clima de gran entusiasmo, con cooperativas agrícolas brotando a un ritmo impresionante por toda la Unión Soviética y con la producción industrial alcanzando resultados sin precedentes. El Partido había abierto sus puertas a todos aquellos que querían luchar por el socialismo, y los cientos de miles de nuevos miembros fueron seleccionados durante los primeros tres años de la década de 1930. Debido a este gran influjo, los líderes del Partido consideraron preciso hacer una evaluación de todos los nuevos militantes del Partido. Buscaban oportunistas, burócratas corruptos, criminales, antisemitas, alcohólicos y miembros que hayan infringido la disciplina del Partido.

Los dirigentes del Partido dejaron claro que las purgas debían efectuarse en una atmósfera de camaradería y que no se debía entrometerse mucho en las vidas privadas de las personas. Más aún, la dirección del Partido incentivó a los militantes a criticar abiertamente a los burócratas locales y advirtió a los dirigentes locales del Partido que no expulsaran a los militantes bajo los cargos de pasividad o ignorancia política. No debían repetirse los errores de 1929. Se debía prestar atención especial al desarrollo general de los militantes y se estableció que los militantes del Partido podían ser degradados a la condición de candidatos o simpatizantes hasta que mejoraran su entendimiento político o aumentaran su participación en las actividades del Partido, según el caso. La expulsión debía ser evitada en la medida de lo posible.

A pesar de estas directivas, la purga de 1933 resultó diferente de lo que había pretendido el Comité Central. En un país tan amplio como la Unión Soviética, los secretarios locales del Partido tenían gran poder, y a veces esto podía resultar desastroso. Los hechos muestran que los secretarios locales del Partido se esforzaron al máximo por evitar las críticas dirigidas contra ellos o sus allegados. Para demostrar su cumplimiento del trabajo de depuración, algunos secretarios locales expulsaron a muchos militantes ordinarios, obreros y campesinos cooperativistas, incluyendo a los que eran miembros leales; precisamente, aquellos que no debían ser expulsados. La mayoría de los expulsados se habían incorporado al Partido entre 1930 y 1933, y no habían tenido tiempo de conocer todos los problemas del Partido. Muchos no habían podido estudiar el programa del Partido a profundidad o el marxismo-leninismo en general, y en consecuencia fueron calificados como ignorantes por los secretarios del Partido. Otros tuvieron dificultades para participar completamente en la vida del Partido por su situación laboral o por problemas familiares. En la purga de 1933 fue expulsado del Partido el 18,5 por ciento de los militantes y candidatos, alrededor de 792.000.

La purga de 1933, que terminó a mediados de 1934, reveló una seria contradicción dentro del Partido. El Comité Central tuvo la intención de expulsar a ladrones y burócratas corruptos, pero el grupo más grande de expulsados –casi un cuarto del total– fue expulsado por pasividad [Véase Cuadro 3]. La pasividad, sin embargo, no figuraba entre los criterios de expulsión del Partido. Mediante el uso de métodos burocráticos o el abuso de una autoridad ganada como resultado de méritos pasados, los dirigentes locales del Partido hicieron lo que quisieron sin prestar atención a las directivas del Comité Central. La profundización de las contradicciones se ve reflejada en el hecho de que un cuarto de los expulsados lo fue por cargos de pasividad. El Comité Central tenía que hacer algo en relación con las infracciones de las directivas, cometidas por los dirigentes locales del Partido; pero, como el futuro iba a demostrar, ésta no era una tarea fácil. Esto se hizo muy urgente en los años siguientes, cuando la Unión Soviética fue forzada a incrementar el ritmo del desarrollo económico para sobrevivir.




Otro aspecto de las estadísticas presentadas por Getty, concierne a la alegación hecha por Conquest y otros derechistas de que la purga de 1933 fue organizada para echar a viejos bolcheviques –cuadros antiguos del Partido de los días de Lenin– que ahora se oponían a Stalin. De acuerdo con Getty, es improbable de que esta alegación sea verdad. La abrumadora mayoría de los expulsados, dos tercios, había entrado al Partido después de 1928 y eran relativamente nuevos en el Partido. La distribución de los expulsados –23 por ciento, obreros agrícolas/campesinos cooperativistas; 14,6 por ciento, funcionarios públicos; y aproximadamente 62 por ciento, obreros– muestra que la abrumadora mayoría, el 85 por ciento, eran trabajadores comunes y corrientes, no cuadros del tiempo de Lenin. En el «Gran Terror», Robert Conquest toca el tema de la purga del 1933 e intuye que más de un millón de miembros fueron expulsados por motivos políticos. Para cualquiera con conocimiento de la historia de las purgas es evidente de que la afirmación de Conquest es una mentira.


«Proverka»: Verificación de documentos del Partido de 1935


La purga de 1933 reveló que había problemas muy serios en el Partido, a lo largo de todo el país. La lista de militantes no guardaba ninguna relación con la realidad. En muchas partes del país, el número de militantes no concordaba con la cantidad de la lista. Muchos militantes se habían mudado, habían abandonado el Partido, habían sido expulsados o habían muerto, sin que todo esto haya quedado reflejado en las lista de militantes. Los secretarios locales del Partido estaban desbordados por el trabajo económico, es decir, por el cumplimiento del plan quinquenal y la colectivización. Por esa razón, o simplemente como resultado de negligencia o falta de interés, las listas de militantes no eran actualizadas. Como consecuencia de esto, los registros financieros del Partido también estaban en desorden. Cuando esto fue descubierto, y el centro del Partido se enteró de la desastrosa situación que prevalecía en la sección de registro de militantes, se hizo evidente que era esencial verificar todos los documentos del Partido.

En octubre de 1934, el Comité Central decidió que todo el Partido se sometiera a un proceso de reinscripción. El Comité Central envió representantes a todas las regiones del Partido, tanto para examinar el estado de los registros partidarios como para implementar una solución si es que era posible, a la vez que ayudaba con el trabajo de reinscripción.

El camarada Ostrovsky fue enviado al comité de la ciudad (Gorraikom) de Smolensk. Comenzó exigiendo que se tomaran algunas decisiones directas, como nombrar a una persona para que se haga cargo del mantenimiento de los registros locales del Partido, que velara por que la documentación del Partido se guardara en una instalación con llave o en una caja de seguridad. También exigió que no se entreguen nuevos carnés del Partido a personas que habían perdido la suya, a menos que se realice primero una cuidadosa investigación. Ostrovsky también exigió que se elaborara una nueva lista de militantes desde enero de 1935, y que todos los comités del Partido bajo la jurisdicción del comité de la ciudad se sometieran al mismo procedimiento.

Como pronto se vio, los problemas eran demasiado grandes para ser resueltos por Ostrovsky. Los representantes del Comité Central enviados a otras partes del país tuvieron la misma experiencia. A finales de abril de 1935, se había progresado muy poco en la reinscripción. Un informe del comité de la ciudad de Smolensk mostraba que «en el proceso de investigación de los documentos del Partido, se habían revelado una serie de grandes deficiencias, exigiendo especialmente un cuidadoso análisis y verificación».


El Partido Comunista (b) a principios de la década de 1930


Los lectores de este folleto pueden considerar todo esto difícil de creer. Los medios de comunicación burgueses han llevado a la mayoría de la gente en el mundo occidental a creer que en el Partido Comunista (b) Soviético reinaba una disciplina totalmente ciega, donde todo y todos estaban sujetos a registro y cuidadoso control, donde todo era registrado –de preferencia varias veces en largas listas,– sin que nadie estuviera libre de este control generalizado y permanente –un control, dicho sea de paso, que hubiera sido muy costoso de mantener–, donde los burócratas del Partido estaban investidos con amplios poderes.

Esta idea es totalmente falsa. De hecho, uno se acerca mucho más a la verdad poniendo todas estas alegaciones al revés. Absortos en la lucha por la producción y embriagados por los increíbles éxitos en la producción que habían logrado repetidos récords mundiales, muchos secretarios locales del Partido ignoraban otros asuntos del Partido. Ellos consideraban el aumento de la producción como lo más importante, capaz de resolver todos los problemas, mientras que todo lo demás era trivial. Incluso una cuestión de importancia fundamental para cualquier partido –y especialmente para un partido en el poder–, a saber, que sólo los militantes del Partido deberían poseer un carné del Partido, fue considerado por muchos como una cuestión de importancia secundaria.

Los carnés del Partido eran, por regla general, guardados en un escritorio normal o en un armario de fácil acceso en los locales del Partido, y en todo el país solían desaparecer a millares. De la misma irresponsable manera, los carnés del Partido eran entregados a todo el que dijera que había perdido el suyo. Por lo general, no se hacía ninguna investigación para averiguar qué había pasado con el carné perdido. Incluso aquellos que habían sido expulsados del Partido conservaban sus carnés sin que nadie les exigiera que lo devuelvan. Cuando algún militante fallecía, la familia, por lo general, no devolvía el carné el Partido, lo que a menudo resultaba en el mal uso del carné de la persona fallecida. La producción fue creciendo de manera tan abrumadora que los dirigentes locales del Partido estaban convencidos que tan pronto hubiera excedentes se barrería con todas las dificultades.


Doscientos mil carnés extraviados


A principios de 1935, el Comité Central se vio obligado a reconocer que más de 200.000 carnés del Partido se habían extraviado. La mayoría habían sido dados a personas que habían perdido sus carnés o se los habían robado. Más de 1.000 nuevos carnés en blanco habían sido robados de las oficinas del Partido y 47.000 carnés del Partido había sido entregados a personas que no habían tenido tiempo para registrarse como miembros del Partido. El carné del Partido era un documento importante. Una persona con un carné del Partido podía, entre otras cosas, entrar en todos los locales del Partido en todo el país, es decir, lugares donde se guardaban documentos importantes y se realizaban reuniones importantes. Por esa razón, los carnés del Partido eran muy solicitados por los enemigos, espías, elementos de la oposición y agentes extranjeros. Por esa razón, era un problema importante, como se vio después, que esa gente tuviera poca dificultad para adquirir un carné del Partido Comunista, que podía ser utilizado para facilitar sus actividades encaminadas a socavar el trabajo del Partido. Tal era la situación en 1935 que uno nunca podía estar seguro de que un titular de un carné del Partido fuera ciertamente una militante fiel y leal. De hecho, esa persona podía ser con la misma facilidad un enemigo, un espía o un saboteador.

El 13 de mayo de 1935, el Comité Central decidió implementar una nueva verificación a nivel nacional de los documentos del Partido, proverka. La campaña para implementar la verificación de los documentos del Partido fue dirigida centralmente por una comisión de la Secretaría del Comité Central encabezada por Yezhov y su adjunto, Malenkov. La verificación establecía que cada militante fuera interrogado por el secretario local del Partido en su sede partidaria o lugar de trabajo en relación con su vida, historia, trabajo y otras cosas. Estos datos se utilizaron a continuación para actualizar los registros del Partido. Si había alguna irregularidad, se realizaba un análisis más profundo de la persona en cuestión, y mientras tanto el carné del Partido era revocado. Los que no pudieron confirmar su pertenencia al Partido fueron expulsados, reteniéndose sus carnés. Todos los que habían sido expulsados tenían, de acuerdo a los Estatutos del Partido, el derecho a apelar ante una instancia superior, que a su vez tenía que realizar una nueva investigación, para tomar su decisión dentro de dos semanas.


El orden bolchevique


Ya era hora de «poner orden bolchevique en nuestra propia sede del Partido». El Comité Central se dirigió especialmente a los dirigentes locales del Partido, que eran responsables del desorden: «el Comité Central advirtió a los dirigentes de las organizaciones del Partido en todos los niveles, que si no… lideran esta importante tarea... y restauran inmediatamente el orden en este importante asunto, el Comité Central del PC (b) de la URSS tomará estrictas medidas punitivas, incluyendo la expulsión de los transgresores».

A diferencia de la situación en anteriores purgas, en la campaña de verificación de documentos del Partido en 1935, las cuestiones sociales y políticos no estaban en discusión en lo que se refería a la expulsión.


¿Cuál fue el resultado de la campaña de control de los carnés del Partido?


Resulta que muchos de los secretarios locales del Partido que eran responsables de la implementación del control no tomaron la tarea muy en serio. Ellos no le dieron a esa tarea la prioridad que el Comité Central había exigido. Empezaron a llegar informes al Comité Central mostrando que hubo una tendencia general a realizar un rápido control y terminar con él. A menudo, el compromiso de los secretarios locales del Partido con la tarea era prácticamente cero. Los problemas de la región occidental eran muy evidentes. El subsecretario del Partido en la región, A. L. Shilman y el jefe local de la comisión de control, Kiselev, fueron sometidos a una crítica pública severa por el Comité Central y los pusieron como ejemplo de cómo no debía realizarse el control de los carnés. El secretario del Partido, Stepanov, jefe de un distrito en la región occidental, fue expulsado del Partido. En su campaña de verificación, había dedicado un máximo de cinco minutos por militante a la investigación de su autenticidad. El Comité Central exigió el compromiso personal en la ejecución de esta campaña muy importante, pero este secretario del Partido se ocupó sólo de mostrar un alto porcentaje de militantes cuya situación se había revisado y el número de militantes falsos que había detectado. El Comité Central se opuso a esta forma burocrática de cumplir con la tarea. Ellos querían una investigación exhaustiva para que se pueda estar seguro de que los militantes en la lista eran miembros reales.


Otra campaña de verificación de documentos


El Comité Central se vio obligado a concluir que la verificación de documentos corría el riesgo de fracasar. El 27 de junio de 1935, el Comité Central aprobó una segunda ronda de verificación, que se realizaría en esta ocasión en asambleas generales de militantes. A todos los miembros se les dio ahora la oportunidad de pronunciarse en contra de aquellos a quienes no consideraban dignos de ser militantes del Partido. Esto cambió las cosas completamente. El Comité Central había criticado públicamente a los secretarios del Partido por un trabajo mal hecho. Esto alentó a los militantes a exigir la crítica y la autocrítica en las reuniones, que de este modo se convirtieron en enormes foros de debate. Los secretarios del Partido que tenían algo que ocultar se asustaron, debido a que el control en marcha podía revelar errores en la dirección local del Partido. Algunos trataron de controlar el ímpetu del debate, afirmando que la campaña era para la verificación de la documentación del Partido y no una purga. Ya no era posible sofocar completamente las críticas de los militantes. Getty, en «Los orígenes de las grandes purgas», nos da una idea interesante de las acusaciones formuladas en una asamblea de militantes del comité de la ciudad de Smolensk en julio de 1935. En la reunión se plantearon 616 acusaciones.

Como se puede observar en el Cuadro 4, más de un tercio de las acusaciones afectaron a kulaks y hombres que se enriquecieron durante la NEP (Nueva Política Económica). Otro tercio y más de las acusaciones se referían a personas que habían cometido graves delitos económicos y morales. Sólo un pequeño número de las acusaciones, apenas cinco por ciento, tenían que ver con la oposición política. Al mismo tiempo, una de cada seis acusaciones (alrededor de 17 por ciento) tenía relación con las actividades delictivas por parte de cuadros dirigentes políticos y funcionarios públicos. A nivel nacional, la campaña de control del carné del Partido resultó en la expulsión de 170.000 miembros del total de investigados: 1,8 millón, es decir, el 9,1 por ciento.

Las reuniones del Partido durante julio 1935 se convirtieron en arenas en la campaña contra los dirigentes arrogantes del Partido y otros intimidadores. A pesar del hecho de que la crítica y la autocrítica era la política del Partido, estaba muy lejos de ser aplicado en la práctica a nivel de base. Pero ahora, al menos por un tiempo, estas circunstancias cambiaron radicalmente a favor de los miembros ordinarios. Stalin se pronunció sobre la necesidad de la crítica y la autocrítica, y señaló que la falta de crítica era un error fatal, que «destruía a los cuadros» por no poner sus errores a discusión. La campaña de verificación de documentos del Partido de 1935 también destacó otro defecto muy grave en el Partido: que era fácil falsificar los carnés del Partido y que, por lo tanto, no eran confiables para probar la pertenencia a él. La necesidad de nuevos carnés del Partido era una cuestión que exigía atención inmediata.




La campaña de mentiras de la burguesía versus la realidad


Discutamos ahora algunas de las mentiras difundidas en los medios de comunicación capitalistas sobre la campaña de verificación 1935. Como se puede ver en los ejemplos dados sobre las asambleas de militantes de Smolensk, los debates públicos asestaron un duro golpe a los elementos burgueses que se habían infiltrado en el Partido para obtener ventajas económicas y sociales. Entre ellos se incluían kulaks y comerciantes, ladrones, antiguos oficiales del ejército y de la policía zaristas y blancos. Contrariamente a la versión de los falsificadores de la historia, la oposición apenas se vio afectada. Lo que ocurrió durante la campaña de verificación de carnés del Partido fue, sobre todo, que el Partido obrero expulsó a los elementos burgueses que se habían infiltrado en su seno. Esto es lo que realmente enfurece a los falsificadores de la historia soviética. Es gente que está acostumbrada a tener derechos especiales en la sociedad mientras que los obreros son «la turba» que hay que mantener a raya; es gente que pierde completamente los papeles cuando se ve obligada a reconocer que son los obreros los que están al mando del Partido, porque eso significa que el descubrimiento de valores burgueses hostiles conduce a la expulsión del Partido. Así, las oportunidades para que la burguesía recuperara algo de poder, después de años de cuidadoso sabotaje, fueron aniquiladas.

Otra mentira es que la campaña de verificación de carnés del Partido la llevó a cabo la dirección del Partido –es decir, Stalin– como un acto de venganza por el asesinato de Kírov. Kírov, miembro del Comité Central y presidente del Partido en Leningrado, fue asesinado el 1 de diciembre de 1934 en la sede partidaria de la ciudad. El asesino,Nikoláev, había ingresado a la sede del Partido identificándose con un viejo carné del Partido, sin validez alguna. Esta alegación de venganza, de carácter horrible y sangriento, con gran número de ejecuciones, se origina en el agente de la policía Robert Conquest. Cualquiera que no esté familiarizado con estas cuestiones históricas y lea su libro «El Gran Terror», tendrá dificultades para identificar sus falsedades. Pero para aquellos que se han preocupado en adquirir un conocimiento genuino de la historia de este período, esta alegación de venganza es poco menos que absurda. La campaña de verificación de carnés del Partido de 1935 fue simplemente una consecuencia de la decisión tomada en octubre de 1934 por el Comité Central sobre la reinscripción de los militantes. De hecho, ¡Kírov participó de esta decisión tomada dos meses antes de su asesinato! ¡¿Vamos a creer que Kírov participó de la decisión para vengarse de su propio asesinato, que iba a tener lugar dos meses después?!


1936: Canje de documentos del Partido


Después de la campaña de verificación de documentos del Partido de 1935 y, como consecuencia de ello, el Comité Central decidió cambiar todos los documentos del Partido. Se hicieron esfuerzos para que los carnés del Partido se entregaran solamente, en la medida de lo posible, a los militantes genuinos, a los comunistas dedicados que realmente hacían honor a su militancia. Las directivas del Comité Central eran bastante precisas y llenas de detalles que nadie estaba facultado a pasar por alto. En primer lugar, ninguno de los nuevos carnés del Partido podía ser distribuido en un área donde la campaña de verificación de 1935 no hubiera concluido. En segundo lugar, sólo los secretarios del Partido estaban facultados a emitir los nuevos carnés. Por otra parte, el canje de los viejos carnés por los nuevos sólo podía hacerse en la sede donde el secretario del Partido tenía su oficina, y sólo con la presencia del militante interesado y el secretario de su célula. Al militante se le requería que llenara un formulario por duplicado y proporcionara los datos personales necesarios. Se le pedía que firme el nuevo carné del Partido y los dos formularios, en presencia del secretario del Partido. El secretario distrital hacía lo mismo y luego ponía un sello en el nuevo carné. Cada carné debía tener la fotografía del militante, de lo contrario no era válido. Los nuevos carnés eran enviados solamente a los secretarios regionales del Partido a través del correo del NKVD, y sólo podía escribirse en ellos utilizando una tinta especial enviada por el Comité Central. Las firmas de todos los secretarios del Partido (es decir, los que habían sido autorizados para emitir los carnés del Partido) estaban registradas en un archivo especial en la oficina central del Partido. El canje de los carnés del Partido de millones de militantes fue una campaña importante del órgano central del Partido destinada a establecer una documentación efectiva para probar la militancia, documentación que sería muy difícil de falsificar.

El propósito de canjear los carnés del Partido no era descubrir y expulsar más enemigos del Partido en una nueva purga. El propósito del Comité Central fue todo lo contrario, como se expresa en su directiva relativa al canje de los carnés del Partido: «Si en la Proverka, las organizaciones del Partido prestaron especial atención al descubrimiento de enemigos, pícaros y estafadores infiltrados en el Partido, ahora, con el canje, deben dirigir su atención principal a desembarazarse de miembros pasivos que no merecen el alto título de militante del Partido; deshacerse de personas que accidentalmente se encuentran en el PC (b) de la URSS».


Sólo dos por ciento de expulsiones


El canje de documentos del Partido fue programado para realizarse entre febrero y abril de 1936, pero hubo algunos lugares donde se terminó en noviembre de 1936. No hay estadísticas nacionales sobre el número de miembros expulsados durante ese periodo, pero las cifras de Smolensk indican que éstos fueron relativamente pocos. En la organización del Partido de Smolensk, se emitieron 4 348 carnés del Partido y se expulsó a 97 personas, alrededor de 2,1 por ciento. En otros distritos de la región occidental se verifica aproximadamente el mismo porcentaje. Desafortunadamente, la gran mayoría de los expulsados pertenecía a la clase obrera y fueron expulsados por «pasividad».

El canje de documentos del Partido en 1936 también es utilizado por Robert Conquest y otros falsificadores de la historia en su guerra sucia contra el socialismo. Conquest afirma que se realizaron purgas masivas durante el canje de documentos y que el número de miembros purgados fue superior a cualquiera purga anterior del Partido. Todo esto fue, según Conquest, provocado por Stalin como una maniobra para encender la opinión pública en contra de la oposición que esperaba los juicios del 19 al 24 agosto de 1936. Estos fueron los juicios del bloque trotskista-zinovievista dirigido por Zinóviev, Kámenev y Smirnov, acusados de participar en una conspiración dirigida desde el extranjero por Trotsky para asesinar a los líderes del gobierno soviético y tomar el poder. Las afirmaciones de Conquest sobre las expulsiones en masa en 1936 estuvieron durante muchos años sin ser contradichas. Las cifras reveladas por la investigación de Getty en los archivos de Smolensk demuestran que las declaraciones de Conquest son mentiras absolutas. De hecho, la cantidad de purgados en 1936 fue la más baja en la historia del Partido, entre dos y tres por ciento de los miembros.


Los juicios políticos de 1936-1938 en la Unión Soviética


Los juicios políticos [2] y las purgas en el Partido Comunista fueron dos cosas distintas y no tuvieron directamente nada que ver entre sí. Los miembros del Partido que fueron expulsados y juzgados en los tribunales por haber participado en actividades contrarrevolucionarias y criminales representaban una pequeña minoría en relación con el total de expulsados.


La purga de 1937 y la lucha contra la burocracia


En 1937 se hizo evidente que había que enfrentar dos grandes problemas y encontrarles una solución para continuar con la construcción del socialismo en la Unión Soviética. Uno de estos problemas fue sacado a la luz por los juicios por traición de Zinóviev-Kámenev y Piatakov-Rádek. Estos demostraron que la vieja oposición no había depuesto las armas. Las anteriores autocríticas de estos elementos no habían sido más que una demostración para las galerías, una manera de asegurarse el regreso a los importantes cargos que habían ocupado previamente. Las actividades clandestinas de la oposición habían seguido sin interrupción desde el comienzo de la década de 1930, y el número de los involucrados era poco conocido. El otro problema era la lucha contra el burocratismo, la corrupción y el oportunismo en el Partido. Se refería sobre todo a los potentados locales y regionales que los militantes de base no podían o no se atrevían a denunciar, dirigentes que por lo tanto mantenían sus puestos estables y seguros en las direcciones locales y regionales.

El Comité Central convocó a una sesión plenaria en febrero de 1937 con el fin de tratar estas dos cuestiones principales. Este encuentro resultó ser el punto de partida de una lucha en el Partido que se realizó entre 1937 y 1938. Al comienzo del Pleno estuvieron presentes Bujarin y Rýkov, miembros del Comité Central. Se les acusó de haber colaborado con los enemigos del Partido y también de haber sido, con Trotsky, parte de una organización contrarrevolucionaria cuyo objetivo era derrocar al gobierno de la Unión Soviética. Las acusaciones se basaron en material que había salido a la luz durante las investigaciones del recientemente concluido juicio de Piatakov-Rádek. Las acusaciones contra Bujarin y Rýkov fueron presentados por Piatakov y Rádek durante el juicio. Bujarin y Rýkov intentaron defenderse pero fueron señalados como traidores por el Comité Central y expulsados del Partido. Su caso fue entregado a las autoridades correspondientes para su investigación y enjuiciamiento. Volveremos más adelante con el juicio de Bujarin, Rýkov y los demás en su organización.


El discurso de Stalin


Durante el Pleno del Comité Central, Stalin pronunció un discurso muy importante titulado «Sobre los defectos del trabajo del Partido y las medidas para la liquidación de los trotskistas y otros fariseos». En su discurso, Stalin se dirigió a los demás camaradas del Comité Central preguntándoles cómo había sido posible que los agentes extranjeros, los trotskistas y sus aliados políticos hubieran logrado infiltrar las organizaciones económicas y administrativas del Estado soviético así como las organizaciones del Partido, y realizaran actividades de sabotaje, espionaje y diversión. Asimismo, Stalin preguntó cómo era posible que estos elementos extraños hubieran logrado ocupar puestos de responsabilidad e, incluso con la ayuda de algunos camaradas dirigentes, asegurarse en esos puestos.

Stalin pasó a enumerar una lista de actos de sabotaje y espionaje durante los años precedentes y, después de referirse a la carta de advertencia del Comité Central para a las organizaciones del Partido, continuó:

«Los hechos han demostrado que nuestros camaradas, frente a estas señales y advertencias, hicieron oídos sordos. Esto lo atestiguan con elocuencia los hechos conocidos por todos que sucedieron durante la campaña de verificación y canje de documentos del Partido. ¿Cómo se explica que estas advertencias y señales no tuvieran el efecto deseado?

... ¿Tal vez nuestros camaradas del Partido hayan perdido las cualidades que tuvieron anteriormente, se hayan vuelto menos conscientes y menos disciplinados? No, ciertamente, no.

¿Tal vez hayan comenzado a degenerarse? No, tampoco. Tal suposición carece de fundamento.

¿A qué se debe entonces? ¿De dónde tanta apatía, despreocupación, confianza tonta, ceguera?

La verdad es que nuestros camaradas, ocupados con las campañas económicas y arrebatados por los colosales éxitos en el frente de la edificación económica, sencillamente se olvidaron de algunos hechos sumamente importantes, que los bolcheviques no tienen el derecho de olvidar. Se olvidaron de un hecho fundamental en lo que concierne a la posición internacional de la URSS...

Han olvidado que el Poder de los Soviets ha triunfado sólo en una sexta parte del globo... y que existe, además, una gran cantidad de países, países burgueses, que continúan realizando un género de vida capitalista y que cercan la Unión Soviética esperando una ocasión para atacarla, destruirla o, en todo caso, sabotear su poder y debilitarlo».


Los espías de los países capitalistas


Stalin luego se refirió a las relaciones entre los países capitalistas:

«Ha sido demostrado, como dos y dos son cuatro, que los estados burgueses se envían mutuamente a sus retaguardias, espías, saboteadores, agentes diversionistas y algunas veces hasta sus asesinos; les dan como tarea infiltrarse en los establecimientos y empresas del Estado y formar agentes y en caso de «necesidad», destruir la retaguardia de estos Estados para debilitarlos... Actualmente en Francia y en Inglaterra hormiguean los espías y agentes diversionistas alemanes; e inversamente, los espías y agentes diversionistas anglo-franceses, por su parte, en Alemania. En los Estados Unidos de América hormiguean los espías y agentes diversionistas japoneses y en el Japón, los espías y agentes diversionistas americanos.

Tal es la ley de las relaciones entre los Estados burgueses.

¿Por qué los estados burgueses tendrían que tener una actitud más delicada y de mejor vecindad hacia el Estado soviético socialista, que la que tienen hacia los Estados burgueses de su mismo tipo? ¿Por qué tendrían que enviar a la retaguardia de la Unión Soviética menos espías, saboteadores, agentes diversionistas y asesinos, de los que tienen en su retaguardia los Estados burgueses congéneres? ¿De dónde habéis sacado eso? ¿No sería más justo suponer, desde el punto de vista marxista, que los Estados burgueses deben enviar a la retaguardia de la Unión Soviética una cantidad dos veces o tres veces mayor de saboteadores, espías, agentes diversionistas y asesinos, de los que envían a la retaguardia de no importa qué Estado burgués?

¿Acaso no es evidente que mientras exista el cerco capitalista existirán aquí saboteadores, espías, agentes diversionistas y asesinos enviados a la retaguardia de nuestro país por los agentes de Estados extranjeros?».

Éstas eran, según Stalin, las circunstancias importantes que los camaradas dirigentes habían olvidado, y esa era la razón de por qué el sabotaje y el espionaje había sido inesperado para muchos de ellos. Los logros económicos explicaban la laxitud y la despreocupación. Los grandes pasos en la construcción socialista habían dado lugar a una tendencia a alardear, a una tendencia a sobrestimar las propias fuerzas y a subestimar las fuerzas del enemigo. Los grandes éxitos habían dado lugar al «ambiente de los éxitos –éxito sobre éxito, realización sobre realización, superación de planes sobre superación de planes– engendra tendencias al descuido y a la satisfacción de sí mismo, se crea una atmósfera de solemnidad, de aparatosidad y de felicitaciones mutuas que matan el sentido de la proporción y embota el olfato político, desaniman a los hombres y los incita a dormirse en sus laureles».


El cerco capitalista


Stalin continuó irónicamente, exponiendo la forma de pensar sobre el tema de un dirigente local del Partido. «¿Cerco capitalista? ¡Bah, es una bagatela! ¿Qué importancia puede tener un cerco capitalista, si nosotros realizamos y superamos nuestros planes económicos? ¿Nueva forma de sabotaje, lucha contra el trotskismo? ¡Todo eso son tonterías! ¿Qué importancia pueden tener todas esas pamplinas, si nosotros realizamos y superamos nuestros planes económicos? ¿Estatutos del Partido, carácter electivo de los órganos del Partido, deber para los dirigentes del Partido de rendir cuentas de su mandato a los militantes del Partido? ¿Pero es todo eso realmente necesario? ¿De manera general, vale la pena perder su tiempo en todas esas tonterías, si nuestra economía crece, si la situación material de los obreros y de los campesinos mejora más y más? ¡Todo eso son tonterías! Nosotros superamos nuestros planes, tenemos un Partido que no está mal, tampoco el Comité Central del Partido está mal ¿Para qué diablos necesitamos otra cosa? Gente curiosa la que está sentada allí en Moscú, en el Comité Central del Partido: ellos inventan tales problemas, discuten de no sé qué sabotaje, no duermen e impiden que otros puedan dormir...».


Educación del Partido y cursos de leninismo


Stalin pasó a explicar una serie de errores del trabajo del Partido y las medidas que eran necesarias para corregir los errores que habían surgido. Concluyó presentando una propuesta de estudio organizado que debían seguir los cuadros dirigentes del Partido, desde los dirigentes de células hasta los dirigentes de las regiones y de las organizaciones del Partido de las repúblicas soviéticas.

«Para la educación del Partido y perfeccionamiento de las células del Partido, es necesario crear en cada centro regional, cursos del Partido, que abarquen cuatro meses de estudio. Es necesario enviar a estos cursos a los secretarios de todas las organizaciones primarias del Partido (células)…».

«Para el perfeccionamiento político de los primeros secretarios de las organizaciones de sección, es necesario crear en la Unión Soviética, digamos, en los diez principales centros, cursos Leninistas de ocho meses».

«Para el perfeccionamiento ideológico y el perfeccionamiento político de los secretarios de organización de las ciudades, hay que crear, adjunto al Comité Central del Partido Comunista (b) de la URSS, cursos de historia y de política del Partido que abarquen seis meses de estudio».

Por último:

«Es necesario crear, adjunto al Comité Central del Partido Comunista de la URSS, una conferencia de seis meses sobre los problemas políticos internos e internacionales. Se enviará a los primeros secretarios de las organizaciones regionales y territoriales y de los comités centrales de los partidos comunistas nacionales».

El estudio es el camino correcto para resolver los problemas y las contradicciones en el Partido: una línea establecida por Stalin, Zhdánov y Kírov desde enero 1934.

En su discurso de clausura, Stalin se refirió a algunas controversias importantes que habían surgido durante el debate. Entre otras cosas, Stalin señaló que aquellos que alguna vez habían sido trotskistas o simpatizantes de Trotsky pero que desde que cambiaron trabajaban bien y eran leales al Partido, no eran blancos en la lucha contra los delincuentes y espías trotskistas. «En esta cuestión, como en tantas otras, para juzgar a un hombre hay que mantenerse sobre el principio individual, diferenciado. No se puede poner a todo mundo en el mismo recipiente».


El control de los dirigentes del Partido


En su resumen, Stalin criticó duramente las relaciones de los dirigentes del Partido con los miembros de base. Stalin no tenía pelos en la lengua. Comenzó criticando la selección de los dirigentes del Partido.

«En la mayoría de las veces, los militantes son escogidos, no según sus índices objetivos, sino según sus índices fortuitos, subjetivos, estrechos y mezquinos.

La mayoría de las veces se elige a lo que se llama sus conocidos, sus amigos, sus compatriotas, hombres personalmente devotos, maestros especializados en el arte de exaltar a sus jefes, sin tener en cuenta sus capacidades políticas y prácticas.

Se comprende que en lugar de un grupo dirigente de militantes responsables, se obtiene una pequeña familia de hombres cercanos los unos a los otros, un artel en el cual los miembros se esfuerzan por vivir en paz, por no dañarse, por lavar la ropa sucia en casa, pero además por alabarse los unos a los otros, enviando de tiempo en tiempo al centro, en forma sin sentido y repugnante, informes sobre éxitos realizados.

No es difícil entender que, en ese ambiente de familia, no hay lugar para la crítica de los defectos del trabajo, ni para la autocrítica de aquellos que dirigen el trabajo.

Se comprende que tal ambiente de familia crea un medio favorable a la formación de aduladores, hombre sin dignidad y que por esta razón, no tienen nada en común con el bolchevismo».

Más adelante Stalin habló sobre la necesidad de que los dirigentes del Partido sean controlados no sólo por sus superiores, sino, más importante aún, también por los militantes de base.

«Algunos camaradas creen que no se puede controlar a la gente más que desde lo alto, cuando los dirigentes controlan a los dirigidos según los resultados de su trabajo. Esto es falso. El control desde arriba es evidentemente necesario como una de las medidas efectivas que permiten controlar a los hombres y verificar la realización de sus tareas. Pero el control desde arriba está muy lejos de agotar toda la obra de verificación. Existe todavía otro género de control, el control desde abajo, cuando las masas, cuando los dirigidos controlan a los dirigentes, les señalan sus errores y les indican los medios para corregirlos. Este género de control es uno de los medios más eficaces para verificar a los hombres».


Aplicando el leninismo


Stalin también criticó fuertemente a aquellos que no estaban dispuestos a autocriticarse porque consideraban que esto sería interpretado por los enemigos como un signo de debilidad y sería aprovechado por ellos, y que este reconocimiento de errores también podía conducir a la desorganización y el debilitamiento.

«Estas son tonterías, camaradas, tonterías y nada más. Al contrario, reconocer públicamente nuestros errores y corregirlos honestamente, puede sólo fortalecer a nuestro Partido, elevar la autoridad de nuestro Partido… Cuidar y conservar a los cuadros ocultando sus errores significa en verdad destruir a esos mismos cuadros».

Por último, Stalin instó a los líderes de las organizaciones del Partido a escuchar la voz de las masas, una manera segura de practicar el liderazgo correcto. Criticó firmemente «la actitud formalista y secamente burocrática de algunos de nuestros comunistas hacia la suerte de tal o cual miembro del Partido, hacia las exclusiones del Partido, o la reintegración de los excluidos, de sus derechos como miembros del Partido».

Según Stalin los dirigentes tienen que llegar a conocer a los militantes, su desarrollo y su forma de vida para poder hacer un juicio justo e individual de cada uno. Sin ese conocimiento, «ellos actúan habitualmente al azar: o bien los alaban en bloque y sin medida, o bien los golpean, también así en bloque y sin medida, los excluyen del Partido por miles y por docenas de miles». Stalin se opuso a todas las expulsiones por supuesta pasividad o sobre la base de que los militantes en cuestión no habían entendido correctamente el programa del Partido. Sólo marxistas probados y teóricamente avanzados podían comprender plenamente el programa del Partido.

Stalin hizo un llamamiento a los dirigentes del Partido a aplicar la fórmula leninista sobre el miembro del Partido, según la cual, «se considera como miembro del Partido a aquel que reconozca el programa del Partido, pague su cuotas y trabaje en una de sus organizaciones». Ningún miembro del Partido debe ser expulsado por carecer de un conocimiento profundo del programa del Partido o de las políticas del Partido. Stalin calificó de política cruel y enorme burocratismo la exclusión de los obreros debido a errores pequeños, como llegar tarde a las reuniones del Partido o no pagar las cuotas del Partido. Antes de plantear la cuestión de la expulsión, se debe hacer una crítica, una advertencia y dar un cierto tiempo para que la persona en cuestión pueda superarse. Los dirigentes del Partido están obligados a tener una preocupación genuina por los militantes, «y eso es justamente lo que le falta a algunos de nuestros camaradas», concluyó Stalin.


Los militantes del Partido empiezan a criticar


Cuando los discursos de Stalin fueron publicados, se convirtieron en el punto de partida del debate público, al igual que los discursos de Molotov, Zhdánov y Yezhov. Los principales fueron el «Discurso de clausura en el Pleno» de Stalin y la propuesta de Zhdánov sobre votaciones secretas en las elecciones del Partido, que había sido aprobada por el Comité Central. Por lo tanto, las cuestiones que despertaron el mayor interés concernían al poder de los dirigentes del Partido y sus acciones, así como a la democracia partidaria. Se discutió también sobre el juicio Bujarin-Rýkov y la necesidad de estar alerta contra espías y saboteadores, así como la crítica de los errores de los militantes en cuanto a la disciplina del Partido. Pero la cuestión más importante seguía siendo la omnipotencia y la corrupción entre los dirigentes locales del Partido.

A lo largo de la década de 1930, el Comité Central había instado a los miembros del Partido a iniciar la crítica de los dirigentes y a denunciar a los secretarios corruptos y sin compromiso con la causa. ¡Por fin, la discusión se puso en marcha! Se organizaron reuniones del Partido en todas partes como consecuencia del Pleno del Comité Central de febrero de 1937. Las reuniones que hasta hace poco se realizaban de manera rutinaria y burocrática, en un ambiente de amiguismo, de repente tuvieron que ser replanteadas en respuesta a la demanda abrumadora por parte de los militantes. Los archivos de Smolensk proporcionan una gran cantidad de ejemplos de reuniones en las que los dirigentes locales fueron literalmente puestos contra la pared y obligados a autocriticarse ante la militancia. Las masas de militantes no fueron indulgentes. En muchas reuniones de comités distritales y células de trabajo o células locales, los dirigentes del Partido no sólo fueron completamente desenmascarados, sino que fueron privados de sus puestos en el acto, eligiéndose inmediatamente nuevos líderes que contaban con la confianza de los militantes. Estas elecciones no eran parte del plan del Comité Central sobre nuevas votaciones secretas en las elecciones de los dirigentes del Partido. En ese momento ese plan estaba recién en la etapa de preparación. Pero nada pudo impedir que los militantes reemplazaran a los burócratas corruptos.


El caso del distrito de Belyi


El siguiente es un ejemplo típico de la atmósfera que se vivía en la clase obrera después del Pleno del Comité Central de febrero de 1937. En el distrito de Belyi (Belyi Raion), tuvo lugar una reunión para analizar las actividades del partido. Esta reunión duró cuatro días. Las actas de la reunión están disponibles en los archivos de Smolensk. Los militantes de base que rara vez hablaban en las reuniones, o que eran clasificados como pasivos, tomaron la palabra en esta ocasión, y «sin tener en cuenta la persona» no escatimaron sus palabras. 220 de los 240 miembros estuvieron presentes en la reunión del comité de distrito Belyi (Belyi Raion). Setenta ysiete hablaron en la reunión y plantearon duras críticas al secretario distrital Kovalev. Se le acusó de ser un burócrata sin ninguna consideración con los militantes. Había falsificado los informes sobre la educación política y había cerrado salas de estudio con la excusa de que no eran necesarias. Sus métodos eran dictatoriales, prejuiciosos y brutales. Los militantes que por algún motivo eran convocados a la oficina distrital siempre se sentían incómodos, sabiendo que los iban a hacer esperar durante largo tiempo o regresar sin terminar el asunto en trámite.

El jefe del NKVD de Belyi, Vinogradov, llegó en ayuda de Kovalev. Pidió a los militantes no discutir el trabajo del Partido. Según él, las directivas del Pleno del Comité Central de febrero establecían que los militantes debían discutir la campaña de la siembra de primavera. Kovalev, por su parte, trató de desviar la crítica hacia los niveles más bajos del Partido, las células del Partido. Según su opinión, era ahí donde debían buscarse los errores, no en el distrito. Incluso Golovashenko, el representante del Obkom (el comité regional) salió en respaldo de Kovalev. Trató de calmar el debate y atacó a los militantes que habían criticado severamente a Kovalev. Pero nada pudo ayudar a Kovalev. Las críticas de los militantes continuaron sin cesar durante toda la reunión y la lista de acusaciones se hizo más y más larga. La reunión terminó cuando los militantes destituyeron a Kovalev y eligieron a Karpovsky como Primer Secretario Distrital del Partido.


El «Discurso de clausura del Pleno» de Stalin: una herramienta en la lucha


La historia no termina aquí. El jefe del NKVD local trató de ayudar a Kovalev; el representante regional hizo lo mismo. Una decisión de la secretaría regional anuló el nombramiento del secretario distrital, Karpovsky, y propuso en su lugar a otro miembro, Boradulin, para el puesto. Otra asamblea de gran número de militantes declaró que Boradulin era aún más incompetente que Kovalev y eligió nuevamente a Karpovsky como secretario distrital. Esto ocurrió a pesar de que el propio Karpovsky instó a los miembros a aceptar la propuesta de la secretaría regional.

Esa era la atmósfera después del Pleno del Comité Central de febrero. Con el «Discurso de clausura del Pleno» de Stalin en sus manos, los militantes de base inmediatamente comenzaron a echar a los arribistas y burócratas corruptos y eligieron a sus propios dirigentes, independientemente de los deseos de las autoridades superiores. Fue una lucha espontánea, como se ve claramente en los informes de los archivos de Smolensk, y estuvo cerca de tener mayores consecuencias. Al mismo tiempo, los burócratas corruptos en posiciones de poder continuaron protegiendo a los otros. A. Kovalev, por ejemplo, se le dio un buen trabajo en el departamento de personal de la región. La lucha, sin embargo, no había hecho más que empezar.


Las elecciones del Partido de 1937


Una de las importantes resoluciones aprobadas en el Pleno del Comité Central de febrero fue la de celebrar elecciones generales en el Partido, con votaciones secretas. El 20 de marzo de 1937, dos semanas después del Pleno del Comité Central, se emitió un decreto del Comité Central relativo a las elecciones en el Partido, y esto inició un debate en la prensa sobre la necesidad de la autocrítica, de la democracia partidaria y el control sobre los principales dirigentes del Partido. La dirección central hizo todo lo posible para evitar que los dirigentes corruptos del Partido manipularan las reuniones electorales.

Las elecciones se realizaron en abril de 1937. Los dirigentes locales fueron muy criticados durante las reuniones electorales. Anteriormente, las reuniones partidarias de discusión y crítica siempre habían sido un foro para la crítica a los miembros de base por la poca disciplina partidaria y mala conducta. Ahora, la situación se invirtió. Esta vez, los dirigentes locales fueron el centro de las críticas. Por regla general, se nombraron muchos militantes para las juntas de esas reuniones del Partido. Las discusiones fueron largas y cuidadosamente transcritas en actas. Las elecciones secretas se realizaron al final. Hay muchos documentos en los archivos de Smolensk sobre las elecciones partidarias, incluidas las cédulas de votación.


Cambio del antiguo liderazgo


Los resultados nacionales de las elecciones del Partido fueron informados por la prensa más tarde. De las 54.000 organizaciones del Partido cuyos resultados electorales fueron conocidos en mayo de 1937, el 55 por ciento había cambiado a la antigua dirección. Este fue un resultado increíble. Puso de manifiesto, en primer lugar, que la falta de confianza en los antiguos liderazgos se había difundido bastante, y, en segundo lugar, que los militantes de base en la práctica tenían la fuerza colectiva necesaria para expulsar a los políticos que eran incompetentes o habían abusado de su poder. Evidentemente, el Pleno del Comité Central le había dado voz a una causa basada en la insatisfacción.

Las elecciones del Partido, sin embargo, también tuvieron otro aspecto. La mayoría de los dirigentes expulsados operaban a nivel local, en los distritos y las células, el nivel donde los miembros comunes y corrientes fácilmente podían decidir lo que estaba bien y lo que estaba mal y descubrir la corrupción, el abuso de poder y el sabotaje. Más arriba, en los comités municipales y regionales, las elecciones del Partido no dieron resultados similares. Los dirigentes regionales del Partido demostraron una gran facilidad para sobrevivir a las críticas. A nivel regional, hubo varios casos de políticos corruptos, conocidos por ser propensos a comportarse como pequeños reyes, que sin embargo se las arreglaron para asegurar una votación a su favor. Los militantes comunes y corrientes no tuvieron la misma oportunidad para evaluar el trabajo de estos dirigentes como lo tuvieron en el caso de los dirigentes locales. Hubo otro factor que trabajó en contra de los militantes comunes y corrientes: los secretarios regionales y municipales corruptos e incompetentes siempre se rodearon de un grupo que los apoyaba sin importar lo que pasara. No fue fácil para los miembros comunes y corrientes superar todo esto en su búsqueda de la verdad.


Cambio en los liderazgos regionales


Sin embargo, en los niveles más altos también se persistió en la lucha contra la burocracia y la corrupción en el Partido Comunista. A principios de junio, las conferencias regionales anuales del Partido comenzaron como de costumbre. A estas conferencias no se les daba ninguna importancia particular, ya que por lo general simplemente discutían los informes sobre el trabajo de las direcciones regionales. Esta vez, sin embargo, ocurrió algo nuevo. También en las conferencias regionales, se criticaron a los dirigentes. La dirección del Partido sabía que iba a ser mucho más difícil para los miembros comunes y corrientes hacer oír su voz a nivel regional. Por lo tanto, la dirección central decidió esta vez enviar a representantes del Comité Central a las conferencias regionales. Estos representantes llegaban, a veces sin ningún previo aviso, se sentaban y participaban en las discusiones. Esto tuvo el efecto de inclinar la balanza en varias conferencias regionales en detrimento de los dirigentes regionales del Partido. De las veinticinco conferencias regionales informadas por la prensa, cuatro terminaron aprobando la remoción de la dirección regional del Partido. Sin embargo, en muchas zonas los sátrapas regionales siguieron en el poder haciendo lo que querían sin tener en cuenta las directivas del Partido.


Corte marcial para los generales


Fue en la época de las conferencias regionales del Partido cuando tuvo lugar un acontecimiento decisivo para el futuro de la sociedad soviética. El 11 de junio de 1937, Pravda anunció que el mariscal Tujachevski y los generales Putna, Yakir, Uborevich, Feldman, Kork, Primakov y Eideman habían sido arrestados y acusados de traición. Los generales habían sido detenidos el 26 de mayo de 1937, acusados «de entrega básica y habitual de secretos militares a un cierto poder fascista hostil, y de trabajar como espías para lograr la caída del Estado soviético y restaurar el capitalismo», durante largo tiempo.

La conspiración de los generales era la parte militar de la lucha de la oposición contra el gobierno soviético. El juicio por traición a Piatakov-Rádek había asestado un duro golpe a la oposición, pero los generales no habían cancelado sus planes para un golpe de Estado. Por el contrario, se dieron cuenta de que cualquier retraso iría en su contra. Sus planes habían finalizado y era hora de actuar. Tras el juicio de Piatakov y la denuncia del grupo de Bujarin-Rýkov, ahora bajo arresto, los conspiradores militares aumentaron sus esfuerzos. A finales de marzo de 1937, decidieron el momento del golpe. Iba a tener lugar dentro de seis semanas, o antes del 15 de marzo a más tardar.


El retorno de los comisarios políticos


Una vez que tuvo conocimiento de los planes de un golpe de estado, el gobierno soviético actuó rápidamente. El 8 de mayo, se aprobó una importante resolución: se reinstalaron los comisarios políticos en todos los niveles del ejército. El sistema de comisarios políticos que supervisan a los oficiales y las decisiones militares había sido abandonado diez años antes, el 13 de mayo de 1927, a instancias de Frunze, un viejo bolchevique y cuadro del Partido altamente ubicado que se había convertido en uno de los principales oficiales del ejército. Abolió los comisarios políticos y restableció el poder de los oficiales. El 11 de mayo de 1937, el mariscal Tujachevski fue depuesto de su cargo de vicecomisario de guerra y enviado en una misión menor en la zona del Volga. El general Gamarnik, uno de los conspiradores (que posteriormente se suicidó), fue depuesto, el mismo día, de su cargo de vicecomisario de guerra. Los generales Yakir y Uborevich fueron también degradados, mientras que los generales Kork y Eideman fueron detenidos, acusados de espiar para la Alemania nazi. Los conspiradores perdieron así los medios prácticos para dirigir un golpe militar.


La sociedad socialista se defiende


La rápida intervención del gobierno soviético evitó el intento de golpe de Estado contra la Unión Soviética socialista, pero no se sabía cuán extendida estaba la red de conspiradores en la sociedad civil y el ejército.


Las reuniones regionales del Partido y la lucha contra la contrarrevolución


En junio de 1937, la situación en la Unión Soviética era extremadamente tensa. Nadie sabía exactamente la magnitud de la conspiración militar, pero había muchos indicios de que era más grande que el grupo que había sido descubierto. El Comité Central decidió iniciar una investigación exhaustiva. La conspiración militar venía desde arriba y sus raíces en la sociedad civil debían buscarse en las personas con puestos directivos. En las regiones, se organizaron reuniones extraordinarias de militantes para evaluar el trabajo de las direcciones regionales del Partido e investigar la magnitud de la conspiración. La reunión pertinente de la región occidental se llevó a cabo durante tres días entre el 19 y el 21 de junio de 1937. Kaganóvich participó en la reunión como representante del Comité Central. La cuestión central fue la evaluación de Rumiantsev, el secretario regional del Partido, y sus colaboradores cercanos.


Rumiantsev sometido a la crítica


Ivan Petrovich Rumiantsev era un «viejo Bolchevique» que se había unido al Partido en 1905. En 1929, el Comité Central lo nombró Primer Secretario de Smolensk. Para ocupar su puesto, Rumiantsev se llevó con él a varios de sus antiguos camaradas para ponerlos en varios de los cargos más importantes de la región. Este procedimiento nepotista fue señalado como antimarxista por Stalin, en el Pleno del Comité Central de febrero, pero esto no molestó a Rumiantsev. En junio de 1937, Rumiantsev tenía 61 años y era miembro del Comité Central con fuerte reputación en la región occidental, donde se había puesto su nombre a varias empresas y fábricas. Prácticamente, Rumiantsev era inmune a las críticas. El «viejo bolchevique» Rumiantsev se había convertido a lo largo de los años en un burócrata pomposo e interesado principalmente en su propio bienestar. En la región occidental, la insatisfacción con Rumiantsev era evidente, pero las oportunidades para removerlo eran escasas.

Sin embargo, las condiciones habían cambiado radicalmente antes de la reunión del 19 al 21 de junio de 1937. Esto no sólo se debía a la presencia de Kaganóvich y su apoyo a las voces críticas. Más importante aún, el factor que motivaba a los militantes a ser más abiertos era que uno de los generales conspiradores y condenados, Uborevich, era miembro del Comité Regional y había colaborado estrechamente con Rumiantsev. Había sospechas de que Rumiantsev era uno de los altos dirigentes del Partido implicados en la conspiración militar. Las viejas injusticias cometidas por Rumiantsev y su grupo en contra de militantes individuales fueron sacadas a la luz sin piedad.

La situación de la dirección de la región occidental se hacía cada vez más sombría. Entre otras cuestiones, fue traída a discusión la remoción del secretario del Partido Kovalev. Kovalev había sido removido por los militantes del Partido en la reunión de militantes del distrito de Belyi, pero para su retiro fue asignado a un trabajo cómodo por... Rumiantsev. Los militantes ahora se preguntaban qué había sucedido y fueron de la opinión de que era Rumiantsev quien había causado que Kovalev actuara en contra de la voluntad de los militantes del Partido. Había sido él quien estaba detrás de las transgresiones y abusos de poder que habían tenido lugar en el distrito de Belyi. Al recurrir al amiguismo y al clientelismo, Rumiantsev había «suprimido la crítica y la autocrítica, creando un círculo de «su gente»». La lista de acusaciones de corrupción y prepotencia contra los dirigentes de la región occidental se hizo cada vez más larga. Como consecuencia de ello, toda la dirección fue destituida en la reunión. A raíz de las investigaciones posteriores, Rumiantsev y su grupo fueron arrestados bajo los cargos de corrupción y abuso de poder.


El Comité Central lanza un vasto contraataque


En julio de 1937, el Comité Central había reunido pruebas suficientes para demostrar que la conspiración militar había sido parte de un plan que implicaba a muchos altos dirigentes del Partido. La situación era extremadamente grave. Incluso en el Comité Central había miembros corruptos involucrados en la conspiración. La construcción del socialismo iba acompañada de consecuencias que algunos viejos bolcheviques y otros nuevos altos dirigentes del Partido, no podían aceptar. La imagen distante y un tanto romántica del poder obrero durante los días de la revolución de 1917 ya se habían realizado en la práctica en la Unión Soviética y ahora el país estaba realmente gobernada por los obreros. Este fue un desarrollo que atemorizó a algunas personas que habían tenido privilegios y vivían cómodamente. Ellos escogieron el camino de la contrarrevolución. Ellos encontraron fuera de la Unión Soviética, sus aliados indispensables en su lucha por detener el desarrollo socialista. El Comité Central decidió luchar contra esta traición y terror blanco de una manera determinada.

La tarea de dar seguimiento a las pistas reveladas por el intento de golpe de los traidores estuvo a cargo de la policía de seguridad, el NKVD, bajo la dirección de Yezhov. En todo el país, se investigó a gente que se sabía que había tenido contacto con los conspiradores del grupo Piatakov y con los generales. Muchos fueron arrestados. La situación política era insegura y todavía no estaban claros los contactos extranjeros de los conspiradores. Los generales habían revelado secretos de defensa de la Unión Soviética y no estaba claro hasta qué punto esto había debilitado el país.


Las purgas llegan a los altos rangos


Las purgas en el Partido cobraron impulso después de que el Comité Central pusiera en duda la lealtad al socialismo de los dirigentes regionales del Partido. Las reuniones del Partido fueron fuertemente influenciadas por la tensa situación general, y los miembros comunes y corrientes se volvieron más y más abiertos en contra de los dirigentes corruptos e ineficientes. Personas que se consideraban totalmente inmunes, de repente, se vieron expulsadas de los cargos de dirección por las masas del Partido. Algunos fueron entregados directamente a la justicia por sus crímenes. La historia burguesa de Occidente habla de terror contra los principales dirigentes y administradores de empresas, personas que eran más ricas que el promedio. «Nadie podía dormir seguro en su cama», dicen los historiadores burgueses.

Pero, ¿por qué no cuestionar a individuos que habían negociado «bajo la mesa» con la propiedad pública, que habían utilizado los fondos estatales para financiar sus propios negocios y que habían dado libremente regalos y sobornos a amigos y conocidos? ¿Por qué se debía tener consideración con los dirigentes del Partido que usaron el poder para oprimir y maltratar a los miembros comunes y corrientes? ¿Por qué no se debía perseguir a los generales y oficiales de alto rango que revelaron los secretos del país y colaboraron con el enemigo? ¿Por qué debían quedar libres y ser tratados mejor que otros criminales?


Las expulsiones y los «viejos bolcheviques»


La investigación también muestra que la mayoría de los expulsados durante ese tiempo fueron personas de los círculos dirigentes del Partido. Vamos a dar un ejemplo concreto del distrito Partido de Belyi. De 244 miembros y candidatos en la organización del Partido de Belyi, durante 1937, fueron expulsados 36. De estos expulsados, 29 ocupaban puestos de dirección: dos primeros secretarios de los comités distritales del Partido y dos Vicepresidentes del Comité Ejecutivo del Soviet distrital, un secretario distrital del Komsomol, un Fiscal de Distrito, el jefe distrital del NKVD y uno de sus oficiales, los directores de las tres grandes escuelas en el distrito, el jefe de la oficina de tierras del distrito, el director de la Estación de Máquinas y Tractores de Belyi, cuatro jefes de las empresas industriales, dos jefes de organizaciones comerciales, cinco presidentes de granjas colectivas y cinco presidentes de Soviets rurales.


El mito de las expulsiones de 1937


El mito acerca del terrible año de 1937 que la burguesía ha hecho uno de sus tópicos favoritos –como es lógico a través del agente de policía Robert Conquest y la CIA/MI5, los verdaderos padres del mito–, es desenmascarado por las estadísticas sobre las purgas durante toda la década de 1930 [ver Cuadro 5].




Analizando las estadísticas se puede percibir la magnitud de las mentiras burguesas. De hecho, 1937 fue uno de los años que registran el menor número de personas expulsadas, es decir, ¡no más del cinco por ciento! ¿Cómo es que la burguesía y sus lacayos han transformado 1937 en «el increíble año 1937 de Stalin» con «millones de acusaciones falsas, millones de deportados, millones de asesinados», como le gusta decir al autor sueco Per Englund. ¿Cuáles son los intereses detrás de esto? Entendemos que en un movimiento de masas de crítica y autocrítica que involucró a millones de personas, se tomaron algunas decisiones equivocadas y se afectaron a personas inocentes. Pero esto también ocurrió en purgas anteriores. Decenas de miles de miembros del Partido fueron expulsados por razones equivocadas, pero estos fueron reintegrados después de apelar simplemente al centro del Partido. Las injusticias que afectaron a los trabajadores comunes y corrientes más que a otros, no son de interés para Occidente. ¿Cómo se explica el interés en las expulsiones de 1937? ¿Por qué precisamente 1937 es tomado como lo peor que sucedió en la Unión Soviética?


La respuesta está en el carácter de clase


La explicación está relacionada con el carácter de clase. La gran diferencia entre las purgas de 1937 y las otras purgas radica en que durante estas últimas se expulsaron principalmente a militantes de base, trabajadores comunes y corrientes, que constituían cerca del 80 por ciento del total de los expulsados. En 1937, fue todo lo contrario. Del total de expulsados, aproximadamente el 80 por ciento estaba formado por peces gordos del Partido y oficiales de alto nivel del ejército corruptos. Eran personas que habían adquirido privilegios y ventajas financieras, y que, con el fin de conservarlos, estaban dispuestas incluso a colaborar con la Alemania nazi. Era gente a la que no le importó pisotear a los militantes comunes y corrientes y que fácilmente echó fuera a los que no aceptaban sus transgresiones. En 1937, fueron expulsados los dirigentes del Partido y los oficiales con inclinaciones hacia el pensamiento occidental y burgués. Perdieron sus posiciones de poder, fueron expulsados del Partido y se les sometió a juicio. Podemos entender el odio de la burguesía hacia el año soviético de 1937.


La política del Partido y las dificultades de la lucha de masas


El objetivo de las purgas fue echar a burócratas corruptos y traidores fuera del Partido y el ejército. Esta lucha de largo alcance, que involucró a millones de militantes del Partido, no pudo llevarse a cabo sin errores. Viejas diferencias personales pueden llevar a decisiones injustas. La fuerte desconfianza podía surgir de todos los cuadros del Partido y podía propagarse fácilmente cuando se demostraba que un alto dirigente del Partido era un burócrata corrupto. El Comité Central era consciente de estas dificultades y advirtió desde el principio contra las exageraciones.

En algunos lugares, este principio fue difícil de cumplir. Militantes del Partido que, por ejemplo, tenían trabajos administrativos y no habían demostrado un interés genuino en la vida del Partido fácilmente podían ser expulsados, a pesar de su lealtad al socialismo ya demostrada por su trabajo. El Comité Central se opuso a esto y corrigió las injusticias al oír las apelaciones de los que habían sido expulsados. En octubre de 1937, durante una recepción a los cuadros técnicos del Donbas, Stalin personalmente criticó a aquellos que cuestionaban a todos los cuadros dirigentes. De acuerdo con Stalin, los nuevos técnicos (de cuello blanco) y economistas de la Unión Soviética provenían del proletariado y merecían el respeto de la gente.


Conclusión


Lo que claramente se desprende de todo lo anterior es que las purgas fueron parte de una lucha dirigida contra la burocracia y la traición a la patria; esa lucha no estaba dirigida contra los cuadros dirigentes del Partido en general, contra los «viejos bolcheviques», o contra gente que simplemente se encontraba en minoría en cuestiones políticas, a menos que esto los llevara a la actividad criminal y a la traición.


Notas


[1] Arch Getty, J, Origins of the Great Purges - The Soviet Communist Party Reconsidered, 1933-1938, Cambridge, Cambridge University Press, 1985.

[2] El texto del que se extrajo este folleto toca en detalle los procesos de Moscú. El texto original está disponible en sueco y francés de mario.sousa@telia.com. Alternativamente, “¿Trotskismo o Leninismo?”, de Harpal Brar contiene una sección importante sobre los procesos de Moscú [disponible en lalkarpublications@hotmail.com]

[3] Descarga o Lectura Online AQUÍ ó Descarga AQUÍ


Crítica marxista-leninista

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