«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

sábado, 24 de agosto de 2013

Los “socialismos hermoseadores” o reformismo

Últimamente se van reproduciendo algunos intentos de crítica a los procesos enmarcados dentro de las teorías del “socialismo del Siglo XXI”, pero siguen sin entrar en lo medular, es el caso de este artículo que les reproduzco; obsérvese que:

1. Las organizaciones que pretenden construir socialismo son organizaciones multiclasistas cuya dirigencia está hegemonizada por la clase burguesa…, son lo que Lenin denominó como "partido burgueses de clase obrera"…

2. Sin una organización de clase (proletaria) no puede haber una dirigencia de clases, ni un proceso de clase, en consecuencia no puede haber socialismo pues este solo puede ser construido bajo los intereses de la clase proletaria…

3. En ninguno de los casos en desarrolla se ha cuestionado o se está cuestionando la bases económicas del capitalismo…

4. Que todos esos procesos tratan de desarrollar socialismo desde una pretendida evolución desde el capitalismo –una característica propia de los reformistas sobre todo de los eurocomunistas-; o lo que es lo mismo, por sus características solo pueden plantear respuestas al capitalismo-neoliberal dentro del capitalismo.

5. El germen burgués en esas organizaciones –base del reformismo y del revisionismo- surge por la pretendida unidad con la burguesía nacional dentro del proceso y la organización; además del que incorpora el funcionario que se desarrolla y entiende su desarrollo desde el privilegio, sobre todo económico, que le procura el cargo…

En cualquier caso se trata de procesos que apuestan a ganar elecciones a perpetuidad dentro de un sistema democrático burgués…, que ya están mostrando sus limitaciones… y que desde sus características jamás podrán desarrollar socialismo… Lo cierto es que los procesos no han podido superar la democracia burguesa existente, y se han comportando como revoluciones burguesas-pequeñoburguesas.

El documento:


Por Freddy J. Melo

Nuestra revolución bolivariana asienta sobre el sólido fundamento de la democracia participativa y protagónica su perspectiva de triunfo en el proceso nacional-liberador y socialista. Sólido para enfrentar al poderoso enemigo, en cuya panoplia no son las menos peligrosas las armas de la insidia, jugadas en lo interno, algunas quizá sin plena conciencia de culpa. Burocratismo, corrupción, reformismo, quintacolumnismo. Me referiré a la tercera.

En el curso del desarrollo del capitalismo el gran problema de la burguesía y sus adláteres es el de no poder salirse del ámbito de la mentira, pues hasta cuando manejan verdades ellas van inevitablemente inscritas en un espacio mayor de falsedad.

Se trata de una condición de hierro presente en la historia desde la división de la sociedad en clases, obligados los sectores dominantes a tejer leyendas justificativas de los privilegios creados a partir del despojo de las mayorías, y a construir modos de pensar y actuar que a través de mil efectos mediatizadores pasan a ser de corriente o general aceptación, pero sin poder evitar que ojos zahoríes los descubran, denuncien y forjen las materias primas conceptuales, cada vez más perspicaces, de las luchas liberadoras.

En el terreno de la política las clases dominantes han mentido a placer, tramando “constructos” ideológicos y organizativos destinados a conjurar los sueños de justicia de los explotados, mas no han podido detener las revoluciones cuando ellas han sido amasadas por los pueblos. Dentro de esos constructos revisten especial importancia los dirigidos a mellar el filo revolucionario del socialismo científico fundado por Marx y Engels, coincidiendo en el cambio de la idea de “revolución” por la de “reforma” y el batido de ambas hasta volverlas confusas y antitéticas.

Desde luego, como he dicho en otro escrito, las reformas para cambios sociales sustantivos son revolucionarias y nada tienen de “reformismo”. Las reformas son “reformistas”, valga la expresión, cuando apuntan a sostener el orden de explotación existente, mediante modificaciones cosméticas o “gatopardianas”, que no tocan los aspectos o problemas esenciales. Frente a las tesis marxistas el reformismo surgió en calidad de “interpretación” o de “revisión”, manteniendo como objetivo declarado el socialismo, pero sin dar un paso positivo, cierto, hacia la superación del capitalismo.

Ir al socialismo mediante la “extensión de los derechos civiles” y el “sufragio universal”, lo cual establecería una mayoría de trabajadores que “obligaría” a los cambios, “hasta llegar a la sociedad de iguales”; o bien combinando la acción legislativa con las luchas sindicales y la democracia formal; o lográndolo a través de la “democracia pura”, la conquista parlamentaria del Estado y el “convencimiento de la burguesía”; o mediante reformas que producirían “la evolución gradual de la sociedad”: planteamientos como esos, que en ciertas condiciones hubieren podido representar retos efectivos al capital, no fueron, de manos de quienes en la segunda mitad del siglo XIX fundaron el reformismo y el revisionismo –los alemanes Fernando Lasalle y Eduardo Bernstein, el austríaco Carlos Kautsky, los ingleses Sidney y Beatriz Webb, entre otros–, sino un modo de frenar las transformaciones revolucionarias, salvar a sus capitalismos nacionales, participar en sus guerras interimperialistas y dividir y desorganizar a “sus” clases obreras.

De allí devino un proceso crecientemente degenerativo de la socialdemocracia. Un curso similar seguiría el llamado socialcristianismo. Tales propuestas buscaban y buscan en realidad llevar a la mente de los explotados la idea de que se puede “resolver el problema social” dentro del capitalismo, acicalando aquí y allá, tratando de hacer más atractiva la faz del sistema. Son los denominados “socialismos hermoseadores”.

Los cuales, bien mirados, constituyen un homenaje asustado de la burguesía, de sus intelectuales y teóricos propios y pequeñoburgueses agregados, al poderío de ese concepto; un reconocimiento a la pertinencia de las ideas de cooperación y ayuda mutua, solidaridad, amor, igualdad, justicia, soberanía popular real, democracia en profundidad, libertad sin necesidad, construcción de una sociedad sin explotadores ni explotados, etcétera; un intento de adueñarse de la capacidad de esperanza y sueño que el socialismo representa para las masas desposeídas; una pieza más de la gigantesca organización de la mentira con que el sistema capitalista, en todas sus expresiones, ha venido gobernando al mundo.


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