«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

viernes, 14 de febrero de 2014

Las vías en la lucha contra el revisionismo y la consecución de la unidad de los comunistas

Este capítulo nos parece de los más acertados de todo el documento pese a su brevedad, y es uno de los trozos que se hace extrapolable sin posible excusa para la aplicación propia de cualquier partido o individuo marxista-leninista. Aquí el autor, nos explica las técnicas de la burguesía para demonizar o silenciar el marxismo-leninismo y sus figuras, tras un gran análisis corto, se explica de donde nace el revisionismo en sí, y se explica que no toda rama del revisionismo se puede combatir igual, por lo que la estrategia a trazar de los marxista-leninistas debe de ser cuidadosa para que la crítica hacía estas variantes de ideología burguesía sea lo más letal posible, persuadiendo pues al lector, para que reciba tal exposición sobre el revisionismo y sus deficiencias. También se explica un axioma generalizado: para lograr la unidad entre los miembros del pretendido partido proletario, es necesario la unidad ideológica, y esta debe de estar basada en la doctrina del marxismo-leninismo, esto da per se una lucha irreconciliable contra toda ideología burguesa, incluyendo en este panel a cualquier rama del tronco revisionista.

Es por ello que ya hablamos de las: 
«Diferencias entre unidad entre marxista-leninistas y la unión ecléctica de pretendidos o simpatizantes de dicha doctrina».

El documento:


Las vías en la lucha contra el revisionismo y la consecución de la unidad de los comunistas

En su lucha contra el marxismo-leninismo, la burguesía dispone de dos armas principales que utiliza conjuntamente: de una parte la calumnia, por otra parte la del silencio. Así en el caso de que un revolucionario auténtico haya practicado una la lucha de clases consecuente y haya atraído el odio de los medios reaccionarios: o se lleva a cabo una demonización contra él en la medida de lo posible, o sino se intentará ocultar toda su obra. En el caso de Stalin que fue una figura a la cabeza de un país inmenso era difícil de ignorar, aquí entonces, el arma de la calumnia fue preponderante, mientras que en el caso de Enver Hoxha a la cabeza de la pequeña Albania socialista, la estrategia burguesa prefirió el empleo del silencio como arma. Externamente a estas dos armas, la burguesía también no vacila en hacer a ciertos revolucionarios auténticos en los iconos inofensivos cuando éstos desaparecieron hace tiempo, se trata entonces de tratar de esterilizar su obra «reactualizándolo» con el fin de vaciarlo de su contenido revolucionario, y es ahí donde entra el principal trabajo de las principales corrientes revisionistas que por esencia deben ataviarse con vestido del marxismo. Esto es particularmente flagrante para Marx, Engels y Lenin. Todos los medios son buenos para denigrar el marxismo-leninismo e intentar sustituirle por las teorías revisionistas y aliadas de la burguesía que navegan en contra de la revolución.


La lucha de la burguesía sobre la frente ideológico se hace del modo siguiente: primero; propaga la ideología abiertamente liberal o de la pequeñaburguesía como la primera barrera a la difusión del marxismo: segundo; sostiene las teorías «marxistas» que de hecho son revisionistas con la intención de los que se comprometan en la vía del marxismo se puedan desviar a mitad de camino. Las formas de lucha primera y segunda, pueden parecer antagonistas, porque cada una aspira a la hegemonía, pero son aliadas contra el marxismo-leninismo. Y desde este punto de vista hay que apreciar las diferentes variedades de revisionismo con el fin de evitar equivocarse sobre el carácter de la contradicción entre el imperialismo y el revisionismo. La contradicción entre el marxismo-leninismo de una parte y el imperialismo y el revisionismo de otra, es la contradicción principal, mientras que la contradicción entre el imperialismo y el revisionismo o entre las diferentes corrientes revisionistas reviste un carácter de secundaria importancia. Es por eso que no podemos apoyarnos en ninguna forma de revisionismo en la lucha contra el imperialismo.

En este sentido, estas palabras de Enver Hoxha nos parecen perfectamente adaptadas para caracterizar la esencia de todo revisionismo:

«Tomadas en su conjunto, las corrientes revisionistas tienen en sus fundamentos el abandono del marxismo-leninismo y la traición hacia el comunismo, son el producto de la capitulación frente a las nuevas situaciones engendradas por la agravación, por la exacerbación de las contradicciones entre el capitalismo occidental y socialimperialismo soviético, y más generalmente por la rivalidad entre ambas superpotencias. La burguesía y los socialdemócratas se exultan de ver que los revisionistas rechazaron la «herencia leninista» y que se presenten ahora como «socios leales en la confrontación democrática». Pero la burguesía y sus lacayos se apresuran demasiado a celebrar su «victoria». La traición y el oportunismo de los jefes socialdemócratas y revisionistas llevaron graves perjuicios a los intereses de clase del proletariado, pero la lucha revolucionaria de la clase obrera no podrá ser apagada jamás. Los oportunistas y los renegados pasan y fallecen, pero el proletariado y su ideología, el marxismo-leninismo permanece inmutable como una fuerza invencible. La revolución socialista y la dictadura del proletariado son una necesidad histórica y ninguna fuerza puede parar su realización». (1) (Enver Hoxha, Informe en el VIIº Congreso del PTA, 1976)

Durante este informe, se hizo especial énfasis en el peligro que causa la práctica del revisionismo, cuando se intenta disfrazar de marxismo-leninismo:

«El mal, el peligro es que los revisionistas modernos continúan utilizando consignas que son la esencia de nuestra doctrina como guía para la acción, pero ellos despojan en su gestión de toda su fuerza y organización. No contentos de aplicar en la práctica lo contrario de estas fórmulas, las tuercen y las manipulan de un modo diabólico y tortuoso. El fin de los revisionistas modernos es, preservando ciertas fórmulas, deformar la doctrina marxista-leninista en conjunto, a la vez que se edifican toda una serie de otras nuevas teorías antimarxistas para corromper al proletariado de un país o al proletariado mundial para poder así prolongar la existencia de la burguesía capitalista, para alejar, por no poder totalmente eliminar, la revolución proletaria en un país particular dónde las condiciones maduraron para este fin o ya sea también en varios países simultáneamente». (2)  (Enver Hoxha, Informe al VIIº Congreso de la PTA, 1976)

¿Significa esto que debemos luchar contra todas las variedades de revisionismo según la misma táctica? Ciertamente, no. Cada forma de revisionismo marca un salto cualitativo intermediario entre la ideología burguesa y la ideología marxista-leninista. Debemos distinguir el revisionismo titoista del revisionismo jruschovista-brezhneviano o del revisionismo maoísta. El revisionismo titoista abiertamente rechaza los fundamentos económicos del leninismo que según él son los del capitalismo de Estado. El revisionismo jruschovista-brezhneviano rechaza por otro lado las tesis principales del leninismo sustituyendo por ejemplo la dictadura del proletariado por el «Estado de todo el pueblo» y la revolución proletaria por la «vía pacífica al socialismo» mediante el parlamentarismo, aun así ellos siempre tratan de conservar una fraseología de tipo leninista para enmascararse. Por último, el revisionismo maoísta, bajo la máscara del «desarrollo» del marxismo-leninismo sustituyó al marxismo-leninismo por el maoísmo sobre numerosas cuestiones fundamentales que correspondían por ejemplo a la economía política o a la disciplina del partido como vimos anteriormente.

En este combate contra el revisionismo, debemos siempre guardar al espíritu este pensamiento de Marx:

«Las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época; o, dicho en otros términos, la clase que ejerce el poder material dominante en la sociedad es, al mismo tiempo, su poder espiritual dominante. La clase que tiene a su disposición los medios para la producción material dispone con ello, al mismo tiempo, de los medios para la producción espiritual, lo que hace que se le sometan, al propio tiempo, por término medio, las ideas de quienes carecen de los medios necesarios para producir espiritualmente. Las ideas dominantes no son otra cosa que la expresión ideal de las relaciones materiales dominantes, las mismas relaciones materiales dominantes concebidas como ideas; por tanto, las relaciones que hacen de una determinada clase la clase dominante son también las que confieren el papel dominante a sus ideas». (3) (Karl Marx, La ideología alemana, 1845-1846)

En las corrientes revisionistas, son las ideas de la clase dominante las que se cristalizan a grados cualitativos diversos, el maoísmo es la forma más sutil de revisionismo donde los diseños de la pequeñaburguesía se intentan ocultar bajo una pila de fraseología revolucionaria.

Es en el sentido que Enver Hoxha afirmaba:

«Mao y el «maoísmo» se han convertido en un obstáculo grave para la unidad del proletariado mundial y los nuevos partidos comunistas y obreros marxistas-leninistas. Es por eso que a este nuevo mal camuflado conviene oponer toda nuestra línea teórica infalible, el marxismo-leninismo». (4) (Enver Hoxha, El pensamiento Mao Zedong, 28 de mayo de 1976, Reflexiones sobre China, Tomo II)

¿Por lo tanto, cómo luchar contra el revisionismo maoísta? Debemos tomar en consideración el hecho de que si bien existen unos revisionistas maoístas que jamás se moverán de sus posiciones, existe por otro lado una gran fila de comunistas que sufren su influencia de la cual es importante apartarles.

No podremos alcanzar este objetivo si tememos y evitamos el debate en nombre de la preservación de «la unidad»: sólo los pequeñoburgueses o los revisionistas temen el debate y la confrontación de las ideas por falta de conocimiento del marxismo bajo el paraguas de evitar la polémica, sólo ellos pueden razonar así:

«La polémica dentro del marxista-leninismo siempre asustó a los revisionistas, tanto a los maoístas como a los jruschovistas». (5) (Enver Hoxha, La línea de la charlatanería es la línea de los chinos, 14 de febrero de 1977, Reflexiones sobre China, Tomo II)

Sin embargo y según el principio leninista de autocrítica, en la crítica franca entre comunistas se debe promover el debate con el fin de sacar todas las conclusiones de los errores que nos han sido legados por la historia:

«La autocrítica es indicio de fuerza, y no de debilidad de nuestro partido. Sólo un partido fuerte, arraigado en la vida y que marcha hacia la victoria, se puede permitir la crítica implacable de sus propios defectos que nuestro partido ha hecho y hará siempre ante los ojos de todo el pueblo. El partido que oculta la verdad al pueblo, que teme la luz y la crítica, no es un partido, sino un hatajo de embusteros condenados a hundirse. Los señores burgueses nos miden con su propio rasero. Temen la luz y ocultan celosamente la verdad al pueblo, encubriendo sus defectos con un rótulo de aparente bonanza. Y piensan que nosotros, los comunistas, también debemos de ocultar la verdad al pueblo. Ellos temen la luz, porque sería suficiente que admitiesen una autocrítica más o menos seria, una crítica de sus propios defectos, más o menos libre, para que del régimen burgués no quedase piedra sobre piedra. Y piensan que si nosotros, los comunistas, toleramos la autocrítica, eso es indicio de que estamos cercados y debatiéndonos en el aire. Los honorables burgueses y socialdemócratas nos miden con su propio rasero. Sólo los partidos que van siendo cosa del pasado y están condenados a hundirse, pueden temer la luz y la crítica. Nosotros no tememos ni lo uno ni lo otro, y no lo tememos porque somos un partido ascendente, que marcha hacia la victoria. Por eso, la autocrítica que se viene practicando desde hace ya unos meses es indicio de la fuerza ingente de nuestro partido, y no de debilidad, un medio para su fortalecimiento, y no para su descomposición». (6) (Stalin, Los resultados de los trabajos de la XIVº Conferencia del PC (b) de Rusia, 1925)

Hay más ejemplos de la mano del mismo autor:

«Dicen que un error no corregido es dañino para nuestra gran obra. ¿Y qué? Ya saldremos de apuros como sea. Así suelen razonar, camaradas, algunos de nuestros militantes responsables. Pero ¿qué significa eso? Si nosotros, los bolcheviques, que criticamos a todo el mundo, si nosotros, que, hablando con las palabras de Marx, tomamos el cielo por asalto, si nosotros, por no alterar la tranquilidad de estos o aquellos camaradas,renunciamos a la autocrítica, ¿no está claro que de ello no puede salir más que el hundimiento de nuestra gran causa? (Voces: «¡Cierto!».  Aplausos). Marx decía que la revolución proletaria se distingue, entre otras cosas, de todas las demás revoluciones porque se critica a sí misma y, criticándose, se fortalece. Esta indicación de Marx es muy importante. Si nosotros, los representantes de la revolución proletaria, cerramos los ojos a nuestros defectos, si resolvemos los problemas en familia, callándonos nuestros errores y ocultando las lacras dentro del organismo de nuestro partido, ¿quién va, entonces, a corregir estos errores y estos defectos? ¿Acaso no está claro que dejaríamos de ser revolucionarios proletarios y nos hundiríamos de seguro si no extirpásemos de nuestro medio ese filisteísmo, ese espíritu de compadrazgo en la solución de las cuestiones más importantes de nuestra obra? ¿Acaso no es evidente que al renunciar a una autocrítica honrada y franca, que al renunciar a corregir honesta y públicamente nuestros errores, nos cerramos el camino para seguir avanzando, para seguir mejorando nuestra obra, para seguir logrando nuevos éxitos de nuestra causa?». (7) (Stalin, Informe en el XVº Congreso del PC (b) de la URSS, 1927)

Nosotros, los marxistas-leninistas consideramos que el progresar en la vía de la unidad ideológica es el paso previo para lograr la unidad en un solo partido [37]:

«La experiencia histórica de la formación del partido bolchevique nos muestra que el partido emerge primero ideológicamente y teóricamente. Cuando la unidad de pensamiento de los comunistas alcanza un cierto nivel cualitativo, es entonces, cuando la organización del partido según los principios de organización bolchevique se vuelve posibles y necesarios para poner en ejecución la estrategia y la táctica de la revolución». (8) (La unidad de los comunistas en un solo partido, una cuestión fundamental a resolver; Información Editorial del Boletín «Militante comunista», Nº 11)

Por lo que entonces, no es completamente imposible avanzar en el camino de la coronación de la unidad ideológica sin la destrucción previa del revisionismo en todas sus formas:

«Ni Lenin ni Stalin podían basarse sobre la experiencia de un Estado proletario anterior, sino que este Estado fue creado por la revolución, por la violencia y por la acción revolucionaria, guiándose a cada uno de sus pasos de la doctrina de Marx y de Engels que todavía enriquecieron. Ahora, el proletariado dispone de un gran tesoro, la teoría marxista-leninista. Debe estudiarlo y aplicarlo con espíritu consecutivo. El estudio y la correcta aplicación del marxismo-leninismo por el proletariado y los partidos comunistas revolucionarios teniendo como base la situación de cada país y la situación internacional, la lucha despiadada contra el revisionismo moderno bajo la forma en que se manifieste, la denuncia de toda ideología burguesa, el combate contra las intrigas de escisión, hacer frente a la represión y a la explotación por parte de los enemigos de la clase obrera, estos son unos de los tantos aspectos en la lucha por la cohesión y por la unión del proletariado mundial. Son las condiciones indispensable para la victoria en la lucha contra el imperialismo mundial, el socialimperialismo, la burguesía capitalista, y la reacción mundial». (9) (Enver Hoxha, Informe en el VII congreso del PTA, el 1 de noviembre, 1976)

El partido bolchevique de Lenin se hizo un verdadero partido capaz de movilizar a las vastas masas del pueblo a partir de 1912, después de haber barrido todas las formas de revisionismo y de oportunismo y habiendo llegado a forjar la unidad ideológica del partido sobre las grandes cuestiones, incluido las cuestiones organizativas y de la disciplina del partido que no son de ninguna manera unos simples detalles. Recomendamos estudiar esta experiencia bajo la obra: «Historia del Partido Comunista (bolchevique) de la U.R.S.S. publicada en 1938», y más concretamente de los capítulos 2 al 4 [38].

Recibamos un trozo de la obra para entender esto:

«Un partido así, un partido nuevo de este tipo, era precisamente el que los bolcheviques aspiraban a crear. Y, en efecto, los bolcheviques crearon, forjaron este partido. Toda la historia de su lucha contra los «economistas», los mencheviques, los trotskistas, los «otzovistas», los idealistas de todos los matices, hasta llegar a los empirio-criticistas, no era, precisamente, más que la historia de la preparación de este tipo de partido. Los bolcheviques aspiraban a forjar un partido nuevo, el Partido bolchevique, que pudiera servir de modelo para cuantos quisieran crear un partido marxista auténticamente revolucionario. Este era el Partido que los bolcheviques venían preparando ya desde los tiempos de la vieja «Iskra». A su preparación se entregaron tenaz y ardorosamente, arrollando todos los obstáculos. En esta labor de preparación desempeñaron un papel decisivo trabajos de Lenin tales como «¿Qué hacer?», «Las dos tácticas», etc. El libro de Lenin: «¿Qué hacer?» de 1902, preparó ideológicamente este tipo de partido. Su libro: «Un paso adelante, dos pasos atrás» de 1904, lo preparó en el terreno de la organización. El libro: «Las dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática» de 1905 lo preparó en el terreno político. Finalmente, el libro de Lenin «Materialismo y empirio-criticismo» de 1908, lo preparó en el terreno teórico». (10) (Historia del Partido Comunista (bolchevique) de la U.R.S.S., 1938)

Justo estudiando las obras de Marx, Engels, Lenin y Stalin y aplicando con espíritu sus enseñanzas, nosotros podemos llegar a crear tal partido:

Marx y Engels pusieron las bases teóricas del socialismo científico. Desnudaron la explotación capitalista y elaboraron la economía política marxista. Subrayaron el hecho de que el proletariado era el elemento motor de la revolución socialista y la necesidad para éste de ejercer su dictadura sobre la burguesía. En filosofía, Marx y Engels elaboraron el método del materialismo dialéctico e histórico. Además de esto, consideramos que Marx y Engels abastecieron de preciadas armas ideológicas a los comunistas de hoy en su lucha contra las mistificaciones democráticas burguesas combatiendo contra los socialistas pequeñoburgueses, denunciando la laicidad burguesa y relacionando la lucha por el ateísmo con la lucha de clases.

–Lenin sistematizó estas enseñanzas. Puso en evidencia el hecho de que el marxismo no era nada sin la dictadura del proletariado y elaboró las normas de un partido comunista revolucionario de nuevo tipo, bolchevique. Con base en su análisis del su análisis del capitalismo de tipo monopolista, el imperialismo, elaboró la táctica capaz de reunir las masas campesinas a la revolución, Lenin logró concluir que la revolución socialista era posible en un solo país separado y puso en el orden del día la revolución en los países coloniales y feudales y atrasados económicamente. Mostró la inevitabilidad de las guerras en la época imperialista y denunció a los socialchovinistas de la II Internacional, Lenin elaboró la táctica de transformación de la guerra imperialista en revolución socialista. Finalmente Lenin profundizó en la economía política marxista definiendo como prioridad para un país socialista el realizar su electrificación; es decir su modernización teniendo como base la gran industria socialista, y la cooperación; trayendo al campesinado sobre la vía de la colectivización agrícola.

Stalin, en un contexto internacional muy difícil, defendió con perseverancia las enseñanzas de Lenin y el poder soviético contra sus enemigos interiores y exteriores. Enriqueciendo la economía política marxista en la fase de la construcción de la sociedad socialista, realizó la industrialización y la cooperación agrícola en un lapso del tiempo muy corto. Llevó una lucha intransigente contra las tendencias oportunistas y derrotistas en el seno del partido y contra las nuevas corrientes revisionistas desde su nacimiento a una escala internacional.

Después de la muerte de Stalin, podemos afirmar que solo Enver Hoxha llevó una lucha impecable contra el revisionismo. Esto, Ludo Martens lo comprendió bien, aunque tenemos la impresión de que trata de librarse de estas conclusiones. Así, en su discurso presentado al seminario comunista internacional de mayo de 1997, Ludo Martens declaraba:

«La objeción más a menudo formulada contra el paso del seminario internacional para la Unificación es que antes de unirse, hay que haber alcanzado una unidad ideológica a través de una lucha de principios. En las circunstancias actuales, predicar esta vía, vuelve a avivar las divisiones y crearlo otras nuevas. Durante cuatro años, del 1992 al 1995, los participantes al seminario comunista internacional discutieron la cuestión de la vía que hay que seguir para realizar la unificación del movimiento comunista internacional. De estas discusiones salieron las «propuestas para la unificación» que formulan un cierto número de posiciones ideológicas y políticas. Estas propuestas forman un marco mínimo común que les permite a organizaciones marxistas-leninistas de diferentes tendencias encontrarse, intercambiar experiencias y análisis y tomar iniciativas comunes. Este marco permite empezar un proceso de unificación teórica y política. Patrick Kessel escribió 41 páginas para criticar este enfoque. Afirma: «hay que luchar por la unidad ideológica sin compromisos». Esta «unidad sin compromiso» consiste entre otras cosas en afirmar que solo Enver Hoxha llevó correctamente la lucha antirevisionista desde la muerte de Stalin, que Mao Zedong jamás fue un marxista y que la misma cosa vale para Fidel Castro y Kim Il Sung. La «unidad sin compromiso» de Kessel también implica una unidad de vistas sobre la instauración de una dictadura burguesa en Unión Soviética desde 1956, sobre la base del socialimperialismo, sobre la condena de la teoría contrarrevolucionaria de los «tres mundos» formulada por Mao Zedong, evaluando de contrarrevolucionaria la intervención soviética en Checoslovaquia, etc. Patrick Kessel declara que sobre todas estas cuestiones vio surgir de divergencias antagónicas que hay que primero poner en claro antes de unirse. Con el grupo de Ischia, el camarada Kessel propone llevar «un debate científico» hasta que una claridad en el dominio teórico e histórico se alcance, lo que permitirá «formar Internacional unida y basada en principios». En alguna parte de su texto Patrick Kessel evoca la hipótesis que «el marxismo-leninismo puede hacerse una arma oxidada, venerada por algunas sectas impotentes». Tememos que al fin de su «lucha larga sin compromisos» se encuentre exactamente en esta situación». (11) (Ludo Martens, Informe del seminario comunista internacional, Bruselas, 2-4 de mayo de 1997)

El peligro del sectarismo subrayado por Ludo Martens es muy real, pero no debe eclipsar otro peligro mucho más grande todavía, el de la posibilidad de la degeneración de los partidos comunistas en partidos socialdemócratas. Por cierto, la iniciativa de seminario comunista internacional es interesante, ya que les permite a organizaciones de horizonte diverso debatir, pero la unidad obtenida es puramente formal, y de hecho no impide cada organización acampar sobre sus posiciones, lo que no hace apenas acercar el debate sobre los puntos de divergencias. Además, se acompaña de sólo unas pocas acciones conjuntas concretas que serían capaces de actuar como catalizadoras. En este arduo contexto, la forma más segura de avanzar hacia la unidad ideológica es llevar a cabo luchas conjuntas sobre temas importantes.

En el ámbito francés, el colectivo «Militante comunista» inició esta experiencia mediante la organización de una campaña conjunta para promover el «no» en el referéndum sobre la constitución Europea. A escala internacional tal iniciativa sería el requisito previo para a largo plazo crear una nueva internacional:

«La lucha por la unificación ideológica de los comunistas debe tener como base la teoría marxista-leninista aplicada sobre la resolución de las cuestiones concretas de la revolución, por ello debemos edificar piedra a piedra la unidad de los comunistas sobre las cuestiones fundamentales del programa y de la táctica poniéndolas en práctica tan pronto como esto sea posible, he aquí cómo avanzar sobre la edificación del partido comunista revolucionario del proletariado. Otra vía distinta sólo debilitará la clase obrera y sólo retrasará su victoria sobre la burguesía». (12) (La unidad de los comunistas en un solo partido, una cuestión fundamental a resolver; Información Editorial del Boletín «Militante comunista», Nº 11)

Sobre estas las enseñanzas veamos como trató el Partido del Trabajo de Albania la cuestión de la unidad de los marxistas-leninistas; una de ellas es el sentimentalismo en la lucha contra el revisionismo, la posición centrista, la evaluación idealizada de éste:

«El congreso criticó severamente sobre la base de los principios a todos los que no combatían al revisionismo, sino a su sombra, que cerraban los ojos ante la realidad, que pretendidamente no veían la traición de los dirigentes revisionistas, que buscaban la conciliación y la unidad con ellos o mantenían posturas centristas: «A juicio de nuestro partido, hoy se plantea con fuerza en el orden del día, como un problema agudo y actual, no la conciliación y la unidad con los revisionistas, sino la separación, la ruptura definitiva con ellos». (Enver Hoxha. Informe al Vº Congreso del PTA, 1966El congreso saludó la creación de partidos y grupos marxista-leninistas en diversos países del mundo. Este hecho era el resultado natural de la lucha entre el marxismo-leninismo y el revisionismo. Dos ideologías, dos líneas opuestas jamás pueden coexistir en el seno de un partido marxista-leninista, en particular, y del movimiento comunista internacional, en general. El oportunismo y el revisionismo siempre han sido y siguen siendo los principales responsables de la escisión entre los partidos de la clase obrera en el movimiento comunista internacional y los trabajadores». (13) (Instituto de estudios marxista-leninistas, Historia del Partido del Trabajo de Albania: 1980)

Fue precisamente por este objetivo cuando se dijo en el Vº Congreso del Partido del Trabajo de Albania que:

«La historia del movimiento comunista internacional demuestra que éste ha pasado de la unidad a la escisión y de la escisión a una nueva unidad, sobre una base más elevada. En la lucha entre el marxismo-leninismo por una parte, y el oportunismo y el revisionismo por otra, la victoria ha estado siempre con el marxismo-leninismo. Tras cada lucha contra el oportunismo y el revisionismo, el movimiento comunista ha cosechado grandes e históricas victorias y el marxismo-leninismo se ha desarrollado y se ha elevado a un nivel superior». (14) (Enver Hoxha. Informe al Vº Congreso del PTA, 1966)

Otra lección, sería la lucha contra el sectarismo [39], el mecanicismo unilateral, así hablaba dicho partido de las desviaciones de ese tipo a la hora de obstaculizar la creación del partido proletariado en Albania:

«Las manifestaciones de sectarismo tuvieron su origen principalmente la estrechez de los puntos de vista y en la presunción de un cierto número de comunistas de origen de la pequeñoburgués, como campesinos y artesanos. Las manifestaciones de dogmatismo tuvieron una fuente clara: tomar prestada la experiencia de otros países sin adaptarlas a las condiciones interiores y pasarlas por un ojo crítico: así como la insuficiente preparación teórica y en el bajo nivel de instrucción de un gran número de comunistas». (15) (Instituto de estudios marxista-leninistas, Historia del Partido del Trabajo de Albania: 1980)

Notas de Bitácora de un Nicaragüense


[37] Lenin insistió continuamente a la hora de forjar el partido que pudiera coronar una victoriosa revolución proletaria, en que la unidad ideológica era un requisito indispensable para lograr que dicho partido lograra el éxito en la futura revolución; es por ello que rechazó siempre la «unión formal», esa que que les gusta especialmente a los eclécticos, o a esos revisionistas que Enver Hoxha decía que temían la confrontación de polémicas bajo principios marxistas y preferían el cese de la polémica y la unión a toda costa:


«Esa unidad no se decreta, no puede llevarse a cabo por ejemplo mediante una reunión de representantes que se comprometen a firmar, sino que debe de ser algo trabajado. En primer lugar, es necesario trabajar por la unidad ideológica sólida que debe sin más dilación eliminar la discordancia y la confusión». (Lenin, Declaración del Consejo de Redacción de Iskra, 1900)

Para tal trabajo Lenin proponía pues, rechazar toda unión con lo que él llamaba «deformadores del marxismo»:

«¡La unidad es una gran empresa y una gran consigna! Pero la causa obrera necesita la unidad de los marxistas, y no la unidad de éstos con los enemigos del marxismo y con quienes lo deforman». (5) (Lenin, Sobre la unidad, 1914)

Por ello como se viene insistiendo, se definía como base la unión ideológica:

«Antes de que podamos unir, y con el fin de que podamos unirnos, debemos en primer lugar, trazar líneas firmes y definidas de demarcación. De lo contrario, nuestra unidad será puramente ficticia, la cual  ocultará la confusión reinante, por ello es necesario aglutinarnos para su eliminación radical. Es comprensible, por tanto, que no tenemos la intención de hacer nuestra publicación un mero almacén de diversos puntos de vista. Por el contrario, vamos a llevar a cabo esta labor en el espíritu de la tendencia estrictamente definida anteriormente. Esta tendencia puede  ser expresada por la palabra marxismo, y no hace falta añadir que defendemos el desarrollo coherente de las ideas de Marx y Engels y enfáticamente rechazamos las equivocadas, imprecisas, y oportunistas «correcciones» que Eduard Bernstein, P . Struve, y muchos otros han puesto de moda». (Lenin, Declaración del Consejo de Redacción de Iskra, 1900)

[38] En dicha obra tan buena para entender la revolución bolchevique, se puede ver registrada la lucha entre la teoría de partido oportunista; que proponían la unión de los marxistas con los pseudomarxistas, de la teoría de partido leninista; unión entre marxistas:

«En su lucha contra los bolcheviques, todos los mencheviques, sin distinción de matices, desde Axelrod y Martinov hasta Martov y Trotski, se servían invariablemente de armas sacadas del arsenal de los socialdemócratas del Occidente de Europa. Querían poseer en Rusia un partido como, por ejemplo, el Partido Socialdemócrata Alemán o el francés. Y luchaban contra los bolcheviques, precisamente porque presentían en ellos algo nuevo, insólito, distinto de la socialdemocracia occidental. ¿Y qué eran, por aquel entonces, los partidos socialdemócratas de Occidente? Una mezcla, un conglomerado de elementos marxistas y oportunistas, de amigos y enemigos de la revolución, de partidarios y adversarios de la causa del partido, con una conciliación ideológica gradual de los primeros con los segundos y una sumisión gradual y efectiva de aquéllos a éstos. Conciliación con los oportunistas, con los traidores a la revolución, ¿en nombre de qué?, preguntaban los bolsheviques a los socialdemócratas de la Europa occidental. En nombre de «la paz dentro del partido», en nombre de la «unidad», se les contestaba. ¿La unidad con quién, con los oportunistas? Sí, contestaban aquéllos; con los oportunistas. Era evidente que partidos así no podían ser partidos revolucionarios». (Historia del Partido Comunista (bolchevique) de la U.R.S.S., 1938)


[39] Creemos conveniente dejar al lector un repaso sobre las desviaciones izquierdistas que obstaculizan la creación del partido marxista-leninista, estas son tendencias de tipo sectarias, que utilizan un esquematismo unilateral al analizar todo, que se basan en un mecanicismo que creen invencible para toda situación y aplicación por un patrón aprendido, tendencias de elementos que jamás llegan comprender los axiomas del marxismo-leninismo y se deslizan por posiciones cercanas al anarquismo, trotskismo, etc.:

«Este sectarismo engreído no quiere, ni puede comprender que situar a la clase obrera bajo la dirección del partido comunista no se consigue espontáneamente. El papel dirigente del partido comunista en las luchas de la clase obrera hay que conquistarlo. Para esto, no hace falta declamar acerca del papel dirigente de los comunistas, sino que hay que merecer, ganar, conquistar la confianza de las masas obreras con una labor cotidiana de masas y una política justa. Esto sólo se logrará si nosotros, los comunistas, en nuestra labor política tenemos seriamente en cuenta el verdadero nivel de conciencia de clase de las masas, su grado de revolucionarización, si apreciamos seriamente la situación concreta, no a través de nuestros de deseos, sino a través de la realidad. Tenemos que facilitar a las extensas masas, pacientemente, paso a paso, el tránsito a las posiciones del comunismo. (...) El sectarismo se manifiesta especialmente en la apreciación exagerada de la revolucionización de las masas, en la apreciación exagerada del ritmo, con que se apartan de las posiciones del reformismo, en el intento de saltar las etapas difíciles y los problemas complicados del movimiento. Los métodos de dirección de las masas se sustituían frecuentemente en la práctica por los métodos de dirección de un grupo cerrado de partido. A consecuencia de esto no se apreciaba debidamente la fuerza de los lazos tradicionales entre las masas y sus organizaciones y direcciones y, cuando las masas no rompían estos lazos de golpe y porrazo, se adoptaba frente a ellas una actitud tan brusca, como frente a sus dirigentes reaccionarios. La táctica y las consignas se convertían en un «patrón», válido para todos los países, y no se tenían en cuenta las particularidades de la situación concreta en cada país dado. Se pasaba por alto la necesidad de desplegar, en el seno de las propias masas, una lucha tenaz para ganar su confianza, se descuidaba la lucha por las reivindicaciones parciales de los obreros y la labor dentro de los sindicatos reformistas y de las organizaciones fascistas de masas. La política del frente único se suplantaba frecuentemente por meros llamamientos y por la propaganda abstracta». (Georgi Dimitrov, La ofensiva del fascismo y las tareas de la Komintern en la lucha por la unidad de la clase obrera contra el fascismo; Informe al VIIº Congreso de la Komintern, 2 de agosto de 1935)


Klement Gottwald, digno marxista-leninista checolovaco, hablaba así de cómo su partido debía evitar caer en estas posiciones:

«Por tanto, los comunistas no han de ser simples sectas de propagandistas, sino que deben convertirse en factores políticos, y nada tiene que ser ajeno a su interés. Deben intervenir de un modo activo en todas las cuestiones políticas de su país e influir para que se resuelvan en interés del pueblo trabajador. Por eso el Partido Comunista de Checoslovaquia obró acertadamente cuando no declaró, al tomar posesión del gobierno Hodža: «a nosotros, comunistas, no nos interesa, hasta que se llegue a la dictadura del proletariado, quién esté al frente del gobierno, si Hodža o Malypetr; todo es uno y lo mismo». Por eso obró acertadamente el partido cuando, en los debates sobre el presupuesto del Estado, no se colocó en este punto de vista: «tanto da un presupuesto como otro; a nosotros no nos interesa el presupuesto que adopte un gobierno capitalista». Por eso el Partido Comunista de Checoslovaquia obró acertadamente no declarando ante las elecciones presidenciales: «a nosotros tanto nos da que se siente en el sillón presidencial Beneš o Nemetz». Por eso el partido obró acertadamente al no declarar: «la política exterior de los Estados capitalistas no nos interesa. A nosotros lo mismo nos da que la política exterior de la Checoslovaquia capitalista se oriente hacia Berlín o hacia Moscú». El Partido Comunista de Checoslovaquia ha obrado y obra acertadamente al no limitarse, en todas estas cuestiones y otras semejantes a lanzar simples «llamamientos a la lucha por la dictadura proletaria», aspirando, por el contrario, a adoptar un punto de vista concreto ante las distintas cuestiones políticas y a presentar proposiciones concretas para su solución». (Klement, Gottwald, Por la aplicación acertada de la línea del VIIº Congreso de la Komintern; discurso pronunciado ante el VIIº Congreso del Partido Comunista de Checoslovaquia, 1936)



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