«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

domingo, 7 de julio de 2013

¿Qué hacer?; Lenin, 1902

«Yo no pongo en entredicho la pureza de vuestras intenciones; ya he dicho que la ingenuidad política basta para hacer de una persona un demagogo. Pero he demostrado que habéis descendido hasta la demagogia, y no me cansaré de repetir que los demagogos son los peores enemigos de la clase obrera. Y son los peores, precisamente porque excitan los malos instintos de la multitud, y les es imposible a los obreros atrasados reconocer a dichos enemigos, los cuales se presentan, y, a veces, sinceramente, en calidad de amigos. Son los peores, porque, en este período de dispersión y de vacilación, en que la fisonomía de nuestro movimiento aún está formándose, no hay nada más fácil que arrastrar demagógicamente a la multitud, a la cual sólo las pruebas más amargas lograrán después persuadir de su error». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; ¿Qué hacer?, 1902)

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Prólogo

Según el plan inicial del autor, el presente folleto debía estar consagrado a desarrollar detalladamente las ideas expuestas en el artículo «¿Por dónde empezar?» (Iskra, núm. 4, mayo de 1901) [2]. Ante todo, debemos disculparnos ante el lector por haber cumplido tardíamente la promesa que hicimos en dicho artículo (y que repetimos en respuesta a muchos requerimientos y cartas particulares). Una de las causas de dicha tardanza ha sido el haber intentado, en junio del pasado año de 1901, unificar todas las organizaciones socialdemócratas (en Rusia se llamó así a un partido de tendencia marxista que luego se fragmentó en varias organizaciones con diferentes tendencias, entre ellos los bolcheviques – NOTA del Editor) en el extranjero. Era natural esperar los resultados de esta tentativa, pues si hubiese tenido éxito, habría sido tal vez necesario exponer las concepciones de Iskra en materia de organización bajo un aspecto algo distinto; en todo caso, este éxito habría prometido que se iba a poner muy rápidamente fin a la existencia de dos corrientes en la socialdemocracia rusa. El lector sabe que la tentativa fracasó y, como trataremos de demostrar, no pudo terminar de otro modo después del nuevo viraje de Rabócheie Dielo, en su núm. 10, hacia el economismo. Ha resultado absolutamente necesario emprender una lucha decidida contra esta dirección vaga y poco determinada, pero, por ello mismo, tanto más firme y capaz de resucitar en variadas formas. De acuerdo con esto, ha cambiado y se ha ampliado muy considerablemente el plan inicial del folleto.

Su tema principal debería haber abarcado tres problemas, planteados en el artículo «¿Por dónde empezar?», a saber: los problemas acerca del carácter y el contenido principal de nuestra agitación política, acerca de nuestras tareas de organización y acerca del plan de crear, simultáneamente y por distintas partes, una organización combativa destinada a toda Rusia. Estos problemas interesan desde hace mucho tiempo al autor, quien ha tratado ya de plantearlos en Rabóchaia Gasieta, con ocasión de una de las tentativas infructuosas de reanudar su publicación (véase el cap. V). Mas el propósito inicial de circunscribirse, en este folleto, al examen de estos tres problemas y exponer en lo posible nuestras ideas en forma positiva, sin recurrir o casi sin recurrir a la polémica, ha resultado completamente irrealizable por dos razones: Por una parte, el economismo ha resultado ser más vital de lo que suponíamos (empleamos el término economismo en su sentido amplio, como se explicó en el Nº 12 de Iskra (diciembre de 1901), en el artículo «Una conversación con los defensores del economismo», que trazó, por decirlo así, un esbozo del folleto [3] que ofrecemos a la atención del lector). No cabía ya duda de que los distintos conceptos sobre el modo de resolver estos tres problemas se explican mucho más por un antagonismo radical entre las dos direcciones de la socialdemocracia rusa, que por divergencias de detalle. Por otra parte, la perplejidad de los economistas al ver que Iskra sostenía de hecho nuestras concepciones ha puesto de manifiesto con toda evidencia que a menudo hablamos lenguajes literalmente distintos que, debido a ello, no podemos llegar a ningún acuerdo sin comenzar ab ovo [4]; que es necesario intentar una «explicación» sistemática en la forma más popular posible, a base del mayor número posible de ejemplos concretos, con todos los economistas, sobre todos los puntos cardinales de nuestras discrepancias. Y he resuelto hacer esta tentativa de «explicación» con plena conciencia de que esto aumentaría considerablemente las proporciones del folleto y retardaría su aparición; pero no he visto ninguna otra posibilidad de cumplir la promesa hecha en el artículo «¿Por dónde empezar?» Así que a las disculpas por la tardanza tengo que añadir las excusas por los enormes defectos del folleto en lo que a su forma literaria se refiere: he tenido que trabajar con una precipitación extrema y, por otra parte, muchos otros trabajos reclamaban mi atención.

El examen de los tres problemas arriba indicados sigue constituyendo el tema principal del folleto. Pero he tenido que comenzar por dos problemas de carácter más general: ¿por qué una consigna tan «inocente» y «natural» como la de «libertad de crítica» es para nosotros una verdadera señal de batalla?; ¿por qué no podemos llegar a un acuerdo ni siquiera en la cuestión fundamental del papel de la socialdemocracia en relación al movimiento espontáneo de masas? Luego, la exposición de los conceptos sobre el carácter y el contenido de la agitación política se ha convertido en una explicación de la diferencia entre la política tradeunionista y la socialdemócrata, y la exposición de los conceptos sobre las tareas de organización, en una explicación de la diferencia entre los métodos primitivos de trabajo, que satisfacen a los economistas, y la organización de revolucionarios, que reputamos indispensable. Después, insisto en el «plan» de un periódico político destinado a toda Rusia, tanto más cuanto que eran inconsistentes las objeciones hechas contra él, y porque, en el fondo, no se ha dado una respuesta a la cuestión, planteada en «¿Por dónde empezar?», de cómo podríamos emprender, por todas partes a la vez, la formación de la organización que necesitamos. Por último, en la parte final del folleto espero demostrar que hemos hecho todo cuanto dependía de nosotros para prevenir una ruptura definitiva con los economistas, ruptura que, sin embargo, ha resultado inevitable; que Rabócheie Dielo ha adquirido una significación particular, si queréis, «histórica», por haber reflejado, en la forma más completa, con el mayor relieve, no el economismo consecuente, sino más bien la dispersión y las vacilaciones que han constituido, en la historia de la socialdemocracia rusa, el rasgo distintivo de todo un período ; que, por esta razón, adquiere también importancia la polémica, demasiado detallada, a primera vista, con Rabócheie Dielo, pues no podemos avanzar sin liquidar definitivamente este período.


N. (Nikolái) Lenin
Febrero de 1902


Notas

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