«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

miércoles, 26 de junio de 2013

El problema en Brasil es sistémico, no basta un simple cambio de políticas públicas

Una reflexión muy objetiva de Petras sobre la cuestión brasileña, como él, coincidimos que los problemas de la sociedad brasileña son coyunturales, y que estos se han visto igualmente agudizados bajo la política económica ejercida por el PT-Corporation… Que la única diferencia con los gobiernos anteriores es la política asistencialista desarrollada, que si bien ha generado algún impacto la misma no ha solucionado ni solucionará los problemas existentes… En ese sentido, los problemas no se solucionaran con un referéndum o con el cambio de un marco político bajo la dictadura de la burguesía…

Brasil es la expresión absoluta del gobierno burgués que se ve a sí mismo como izquierda…, y que se acompaña de fraseología revolucionaria…

El documento:


Por James Petras

Efrain Chury Iribarne: Tenemos muchos temas hoy, si te parece comenzamos con Brasil que vive una situación de agitación popular realmente fuerte.

Petras: Sí, es muy importante discutir de Brasil porque tiene implicaciones para todos los países de América Latina que combinan un tipo de populismo con neoliberalismo. Hace más de 6 años yo escribí sobre los primeros años de gobierno de Lula enfatizando la continuidad entre su política económica y las expresiones populistas que él articulaba.

En realidad, Brasil sigue la política de privatización del enfoque sobre el modelo agro minero, con enormes proyectos que no tienen nada que ver con las necesidades populares y todo disfrazado bajo una imagen de Lula como amigo de los pobres y los programas supuestamente anti pobreza. Ahora, mientras Brasil acumulaba enormes recursos económicos a partir de los altos precios de las materias primas, muchos académicos pensaban que los programas anti pobreza están llevando a mucha gente a la clase media y con el gasto de los consumidores eso formaba un nuevo proyecto progresista. Pero en realidad lo que estaba pasando en Brasil era una enorme concentración de ganancia, una enorme acumulación de riqueza y mucho pasaba directamente a las multinacionales y a las cuentas externas. Hemos visto como en Nueva York, en Florida, en Miami, los brasileños venían comprando departamentos de un millón, dos millones de dólares.

Pero los progresistas, los académicos propagandistas del régimen como Emir Sader decían que realmente Lula -y después Rousseff- formaron un nuevo modelo progresista que combinaba bienestar social con crecimiento económico. En realidad mientras algunos ingresos aumentaran el estándar de vida, sin embargo la vida cotidiana se estaba deteriorando. Es decir que si mirabas el ingreso del pobre, aumentó en un 20, 30% en términos nominales, pero los gastos para vivir, las condiciones de vida, los hospitales, el transporte, las escuelas no recibieron subvenciones. Las subvenciones fueron a tres lados: primero al sector agro minero que era el motor de crecimiento -exportaciones de minerales, petróleo y agricultura, soja, carne; por otro lado los enormes gastos en proyectos que beneficiaban los grandes contratistas; y tercero a partir de los contratos en los mega proyectos una enorme explosión de corrupción.

Esa coexistencia entre corrupción, enriquecimiento y la incapacidad de atender las exigencias populares queda latente por muchas razones. Por razones de la mistificación de Lula como demagogo populista y después con Rousseff con la esperanza de que ella podría por lo menos eliminar la corrupción que estaba fuertemente ubicada en todos los niveles del gobierno y del partido.

Sin embargo, se acaba la paciencia, el gobierno involucrado con enormes gastos multimillonarios para el mundial de fútbol, los juegos olímpicos, la gente no aguanta más. Pero pensar que sólo eran los 20 centavos de aumento del transporte es una de las cosas más ignorantes, y pensar que sólo es por mejoras en los servicios públicos también es falso.

Es el conjunto del sistema, la construcción de una economía, donde toda la riqueza y todas las subvenciones están concentradas en una pequeña elite agro-minera y los banqueros y contratistas que se benefician de este proyecto. El problema es sistémico, no es por un simple cambio de políticas públicas, es la estructura de poder que está influyendo sobre las políticas de Lula y Rousseff, la estructura que concentra poder en los grandes agro-negociosos, dueños de minas como Vale de Doce, y otras empresas.


La Haine
(Extracto)

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