«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

lunes, 2 de noviembre de 2015

El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado; Friedrich Engels, 1884

«Por eso, cuando lleguen a desaparecer las consideraciones económicas en virtud de las cuales las mujeres han tenido que aceptar esta infidelidad habitual de los hombres –la preocupación por su propia existencia y aún más por el porvenir de los hijos–, la igualdad alcanzada por la mujer, a juzgar por toda nuestra experiencia anterior, influirá mucho más en el sentido de hacer monógamos a los hombres que en el de hacer poliandras a las mujeres.

Pero lo que sin duda alguna desaparecerá de la monogamia son todos los caracteres que le han impreso las relaciones de propiedad a las cuales debe su origen. Estos caracteres son, en primer término, la preponderancia del hombre y, luego, la indisolubilidad del matrimonio. La preponderancia del hombre en el matrimonio es consecuencia, sencillamente, de su preponderancia económica, y desaparecerá por sí sola con ésta. La indisolubilidad del matrimonio es consecuencia, en parte, de las condiciones económicas que engendraron la monogamia y, en parte, una tradición de la época en que, mal comprendida aún, la vinculación de esas condiciones económicas con la monogamia fue exagerada por la religión. Actualmente está desportillada ya por mil lados. Si el matrimonio fundado en el amor es el único moral, sólo puede ser moral el matrimonio donde el amor persiste. Pero la duración del acceso del amor sexual es muy variable según los individuos, particularmente entre los hombres; en virtud de ello, cuando el afecto desaparezca o sea reemplazado por un nuevo amor apasionado, el divorcio será un beneficio lo mismo para ambas partes que para la sociedad. Sólo que deberá ahorrarse a la gente el tener que pasar por el barrizal inútil de un pleito de divorcio.

Así, pues, lo que podemos conjeturar hoy acerca de la regularización de las relaciones sexuales después de la inminente supresión de la producción capitalista es, más que nada, de un orden negativo, y queda limitado, principalmente, a lo que debe desaparecer. Pero, ¿qué sobrevendrá? Eso se verá cuando haya crecido una nueva generación: una generación de hombres que nunca se hayan encontrado en el caso de comprar a costa de dinero, ni con ayuda de ninguna otra fuerza social, el abandono de una mujer; y una generación de mujeres que nunca se hayan visto en el caso de entregarse a un hombre en virtud de otras consideraciones que las de un amor real, ni de rehusar entregarse a su amante por miedo a las consideraciones económicas que ello pueda traerles. Y cuando esas generaciones aparezcan, enviarán al cuerno todo lo que nosotros pensamos que deberían hacer. Se dictarán a sí mismas su propia conducta, y, en consonancia, crearán una opinión pública para juzgar la conducta de cada uno. ¡Y todo quedará hecho!». (Friedrich Engels; El origen de la familia, la propiedad privada y del Estado, 1884)


Introducción de «Bitácora (M-L)»

En esta ocasión les traemos una de las obras fundamentales del marxismo-leninismo, se trata de un tratado sobre el desarrollo histórico de las relaciones sociales en el cual descansan –junto a otras obras de los clásicos– los fundamentos de la ciencia dialéctica materialista.

Se ha de comprender que en esta obra se entiende que la realidad es producto de los procesos históricos, diferenciándose esencialmente de las teorías de carácter burgués y revisionista –especialmente en lo concerniente al estructuralismo y el neoestructuralismo– que inspirándose en Lacan sobredimensionan lo que han denominado la «psiques» colectiva que no es más que la condensación de la individualidad según sus propias tesis idealistas; de un hondo contenido metafísico.

Es preciso aclarar y declarar que una de las diferencias insalvable entre el materialismo dialéctico –diferenciar del simple materialismo filosófico, y por supuesto de la «actitud materialista»– y el idealismo filosófico, es que mientras el idealismo defiende que la realidad, en consecuencia el desarrollo histórico, está determinada por el sujeto; el materialismo dialéctico comprende que el sujeto es el resultado del momento histórico, y que el momento histórico resulta de las relaciones sociales determinadas por los procesos productivos. De la incomprensión de este axioma resultan afirmaciones disparatadas como que el cristianismo puede dar lugar al socialismo, o la consideración de que el «mítico» Jesús es una figura socialista; en el sentido contrario el materialismo dialéctico comprende que el proletariado, en tanto el socialismo, son el resultado del proceso histórico, en consecuencia solo pudo aparecer en la historia cuando el proceso productivo «burgués» dio lugar a la industrialización y al trabajo asalariado. Dicho de otro modo, para el materialismo dialéctico la relación de los seres humanos con la historia no solo es existencial sino y sobre todo cognoscente, para el idealismo solo es existencial.

Engels expresa:

«El factor decisivo en la historia es, en última instancia, la producción y la reproducción de la vida inmediata». (Friedrich Engels; «El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado», 1884)

***

Aclarar que en esta obra los calificativos de «salvajismo» y «barbarie» tiene un fin meramente didáctico y carecen de la carga peyorativas que el lenguaje común les atribuye.

Notas

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