«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

miércoles, 8 de mayo de 2013

De Panfílov a Berlín; Equipo de Bitácora (M-L), 2013

«Sólo pido una cosa: los que sobrevivís a esta época no olvidéis. No olvidéis ni a los buenos ni a los malos. Reunid con paciencia los testimonios de los que han caído por sí y por vosotros. Un día, el hoy pertenecerá al pasado y se hablará de una gran época y de los héroes anónimos que han hecho historia. Quisiera que todo el mundo supiese que no ha habido héroes anónimos. Eran personas con su nombre, su rostro, sus deseos y sus esperanzas y el dolor del último de los últimos no ha sido menor que el del primero, cuyo nombre perdura. Yo quisiera que todos ellos estuviesen cerca de vosotros, como miembros de vuestra familia, como vosotros mismos». (Julius Fucik; Reportaje al Pie de la Horca, 1942-1943)


Por estos día sobran los que dejan algunas líneas dedicadas a la enorme gesta que supuso vencer a la Alemania Nazi, y con ello, las pretensiones imperialistas-expansionistas de la dictadura de la burguesía –la segunda guerra mundial fue una contienda bélica entre dos formas de entender el mundo completamente enfrentadas en todos los campos posibles, fue una guerra con un inmenso componente ideológico–. Y como es habitual terminamos observando el día, el momento cumbre de esa victoria, la bandera roja, la de la hoz y el martillo flameando victoriosa sobre las ruinas del nazi-fascismo. Y puede que olvidemos en alguna medida que ese momento, que esa victoria fue construida por millones de manos obreras, por el arrojo heroico de millones de hombres y mujeres de todas las edades, de marxistas-leninistas soviéticos, que se lanzaron a la defensa del socialismo y del mundo; de bolcheviques –los mejores de todos nosotros–. Proletarios anónimos cuyos nombres no perduraron en los libros de historia, y que sin embargo dejaron su impronta en las líneas no escritas de esa historia de sacrificio, muerte, victoria y heroísmo. Claro está que esa gesta jamás hubiese sido posible sin la correcta dirección de una de las dirigencias más preclaras de la historia del marxismo-leninismo, que incluso los enemigos han tenido que reconocer en sus histéricas historias falseadas.

No obstante, en esta ocasión quisiéramos detenernos en una de esas figuras heroicas, desconocida para el público en general, cuya participación podemos considerar como punto de inflexión, momento crítico, el punto en que la hasta ese momento derrota continua del Ejército Rojo revirtió los destinos de la guerra, dando lugar a la primera derrota sufrida por la imaginada invencible maquinaria bélica Nazi.

Camaradas, les hablamos del general y héroes soviético –ambos a título póstumo, y de toda la humanidad, «Iván Vasilyevich Panfílov», quien comandó la «División 316 de Fusileros (infantería)» –luego rebautizada «Octava División de la Guardia de Fusileros». En el desarrollo de la «Batalla de Moscú», ocurrida en noviembre de 1941, su unidad llega a Volokolamsk, en los alrededores de Moscú, a unos 120 Km –en términos militares: «nada»–, y prepara las defensas para el inminente ataque Nazi.

Fueron siete días de fieros combates tras los cuales el enemigo se repliega; han logrado rechazar al enemigo; incluso, tan solo veintiocho soldados de la división lograron la proeza de destruir dieciocho Panzers en un combate que duro cuatro horas; solo tres sobrevivieron. Escribe la crónica de la batalla, que uno de los soldados rojos, Vassiliy Klochkov, ya herido de muerte se lanzo de manera suicida hacia un tanque alemán con múltiples granadas, inmolándose y abatiendo con ellas al adversario.

Tras el repliegue del enemigo Panfílov ordena el contraataque y los alemanes retroceden por primera vez en la contienda. El general cae el 18 de noviembre en los alrededores del pueblo de Gusenevo; en su último parte de guerra al «Mando Supremo», escribe: «En las condiciones más difíciles del tiempo no solo hemos mantenido nuestra posición sino también hemos ejecutado un rápido contraataque logrando romper las líneas enemigas destruyendo más de 80 tanques, gran cantidad de morteros, piezas de artillería, otras armas y aniquilado a 9,000 soldados y oficiales».

La división del general Iván Panfílov consiguió rechazar dos divisiones de tanques y una división de infantería de la Wehrmacht en la autopista Volokolamskoye, en los alrededores de Moscú.

Panfílov y sus hombres fueron el muro en el que se estrellaron las fuerzas enemigas, y sus operaciones «Barbarroja» y «Tifón» –está última era el operativo militar que pretendía tomar Moscú–. Iniciaron con su gesta las sucesivas victorias del camino que concluyen con la bandera bolchevique, la bandera roja de la hoz y el martillo, la del proletariado, sobre el Reistachg…


¡¡¡ETERNA GLORIA A LOS HÉROES!!!

No hay comentarios:

Publicar un comentario

«¡Pedimos que se evite el insulto y el subjetivismo!»