«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

viernes, 3 de mayo de 2013

Algunas respuestas dadas en el «Simposio Filosófico: crítica y autocrítica marxista-leninista»


«Estas son algunas de las preguntas que me hicieron en el evento y que quiero compartir con ustedes: ¿Podría decirnos quienes son los que temen la crítica y autocrítica? ¿Un proceso que se diga revolucionario —en términos proletarios— que no ejercita la crítica y autocrítica que le supone? ¿En el caso de que no se desarrolle, por qué las bases actúan consintiendo esa deformación expuesta? (…) Los que temen el ejercicio de la crítica y autocrítica, y actúan contrarrestándola o secuestrándola bajo eso que la socialdemocracia —y la burguesía en general— han pretendido sea disciplina de partido, de hecho un término reinterpretado, que a efectos del revisionismo post-moderno significa total sumisión a la decisiones tomadas a instancias del poder, una revisión de la práctica marxista-leninista. Disipar el ejercicio crítico busca ya no solo silenciar, sino imponer las decisiones tomadas a instancias burocracias e impuestas sobre las mayorías, e incluso proteger a aquellos sujetos —oportunistas, serviles, revisionistas, reformistas, corruptos, etc— que hacen uso de ese mecanismo para la propia protección y la de sus intereses desde la organización, recordemos que muy a pesar de que una organización se diga en la senda del socialismo, esta al interior reproduce la lucha de clases, esta se irá magnificando en la medida de que se profundice el proceso al socialismo. En nuestro tiempo la ausencia de ese axioma marxista-leninista se da bajo un discurso de unidad con la burguesía, por un dirigencia que de hecho responde a esos intereses de clase, a su cultura (…) En ausencia de la práctica autocrítica —como mecanismo regulador, cohesionador, etc—, no se puede hablar de revolución, pues al negarla se habrá despojado a las masas en general y a la militancia en particular de su único mecanismo de incidencia dentro de la estructura que pretende la revolución (…) Las masas lo «toleran» sencillamente por lo que ya referimos con anterioridad, la disciplina de partido, además de la pobre preparación ideológica, lo que da como resultado esa tolerancia que no lo es. En realidad las masas NO comprenden esencialmente lo que ocurre. En cualquier caso, no se les puede culpar absolutamente a pesar de la obligación de auto-preparación, porque es obligación de la organización revolucionaria procurar esa formación ideológica, en tanto es la dirigencia la que está faltando a sus responsabilidades para con las bases, y lo hace en aras de sus propios intereses de clase». (P.M.; KBML-1917.MK9, 2013)

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