«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

viernes, 22 de marzo de 2013

Crítica de un proceso «revolucionario»


«En una estructura de vanguardia, la dirigencia se debe absolutamente a la voluntad de las bases…, pues en esencia se trata de los delegados que han sido elegidos por esas mayorías; sin embargo, cuando esos delegados dejan de ser electos por las bases y pasan a estar determinados por la designación dentro del circulo de mando, habrá ocurrido una de las mayores deformaciones posibles (…) la militancia, las bases, habrán sido despojados del más elemental de sus derechos, y la estructura de mando habrá usurpado la voluntad del colectivo (…) Suele ocurrir que en la estructura política, en todos sus niveles, ocurra el silencio respecto a esas deformaciones (…) de parte del dirigente porque cree estar haciendo lo «correcto», o bien creando las condiciones necesarias para mantener el poder, vale recordar que aún no se han podido superar las viejas formas del mismo (…) desde las bases ocurren dos formas de comprensión: aquellos que entienden que todas las decisiones se hacen en aras de la estabilidad política al interior, muchas veces determinados por la mal comprendida disciplina de partido o por el temor de que la crítica socave las bases ideológicas (…) luego están los que entienden que se trata de deformaciones ligadas a la naturaleza última de las relaciones sociales que se siguen reproduciendo dentro de la organización, y que al optar por la autocrítica terminan por ser estigmatizados —traidores, superrevolucionarios, radicales trasnochados, marxólogos, etc— por los dos primeros grupos (…) En esencia hay una adopción tácita del concepto «superlegalidad» (…) Luego sobreviene la deriva ideológica, la renuncia a la lucha de clases, y la deformación de las ideas, la inclusión de conceptos enfrentados al materialismo dialéctico (...) el enriquecimiento de la clase dominante al tiempo que se usurpa el plus valor resultante del trabajador colectivo». (P.M.; KBML-1917.MK9, 2013)

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