«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

lunes, 4 de febrero de 2013

Los ‘socialistas¹’ la tomaron más con los comunistas que con los fascistas

Nótese el enorme paralelismo existente entre la complicidad de sindicatos –los que dependen estructuralmente del estado- y socialdemócratas en el surgimiento del nazi-fascismo y su papel actual; y es que nunca han sido más que simples cómplices de la voluntad de los poderes fácticos, de la burguesía, cómplices y culpables de la pauperización del conjunto de derechos conquistados por siglos de luchas obreras…


En julio de 1932, a raíz de la negativa del Partido Socialdemócrata alemán (SPD) de organizar una huelga general con el Partido Comunista (KPD), el dirigente nazi Joseph Goebbels dijo: «Los rojos han dejado pasar una gran oportunidad. Ya no volverá.»

La derecha y los fascistas efectivamente no hubieran podido afrontar una resistencia activa de las fuerzas combinadas del SPD y del KPD. Sin embargo, en el período de preparación de la dictadura fascista, los dirigentes del ala derecha de la socialdemocracia jugaron un papel muy negativo.

En el gobierno, los dirigentes socialistas pusieron en marcha una política anti-obrera y pro-capitalista draconiana. Desde marzo de 1930, en nombre del «mal menor», es decir para «evitar el fascismo», toleran un gobierno que ha decidido reducir un 15% de los ingresos, la cancelación de los convenios colectivos vigentes, el regreso de los salarios a nivel del 10 de enero de 1927, la eliminación del derecho de huelga, la disminución de las prestaciones sociales y la aumentación de las cotizaciones, el aplazamiento de un año de las elecciones sociales y la proclamación del estado de excepción.

El 1 de mayo de 1929, el jefe socialista de la policía de Berlín prohibió las manifestaciones e hizo disparar contra los 200.000 obreros que se manifiestan de todos modos. 33 manifestantes fueron asesinados. Prohíbe el periódico del KPD y, el 3 de mayo, el ministro socialista del Interior de Prusia prohíbe la Liga de los Luchadores del Frente Rojo, la organización de autodefensa antifascista del KPD.

La alianza decisiva rechazada

Incluso frente a la amenaza directa del fascismo, los socialistas se negaron a aliarse con los comunistas. Cuando, en mayo de 1932, la derecha al poder en Berlín destituyó al gobierno socialista minoritario de Prusia, el único gobierno regional socialista que queda, la dirección del SPD protestó verbalmente pero obedeció. Y acusa la propuesta comunista de convocar juntos la huelga general, de «provocación».

El 30 de enero 1933, los dirigentes socialistas rechazan de nuevo la oferta de huelga general del KPD. Mientras Hitler «no violara la Constitución», ellos no querían luchar. Había que esperar a las elecciones del 5 de marzo.

A pesar del terror en contra de los comunistas y algunos socialistas tras el incendio del Reichstag, el SPD no ha cambiado su posición. En marzo de 1933, el dirigente de los sindicatos socialistas, Theodor Leipart, ofrece su colaboración a Hitler: «Los sindicatos están listos (…) para estar en colaboración permanente con organizaciones patronales. El control por el Estado (fascista, N. de la R.) de tal colaboración, podría, en ciertas circunstancias, aumentarle el valor y facilitar el funcionamiento…».

El 1 de mayo de 1933, los nazis y la patronal hacen un llamamiento a los obreros a participar masivamente a las manifestaciones organizadas por el régimen. Los líderes sindicales beben el cáliz de la vergüenza hasta las heces y se unen al llamamiento. No les va a servir de nada. Al día siguiente, los principales dirigentes sindicales fueron detenidos y los bienes de los sindicatos confiscados.

Pero el SPD va más allá. El 17 de mayo, los diputados socialdemócratas apoyan la política exterior de Hitler en el Reichstag. Ese servilismo tampoco le servirá de nada al SPD. El 22 de junio de 1933, el gobierno le prohíbe toda actividad política. Un número considerable de funcionarios socialistas y sindicales, entre ellos el tristemente célebre ministro del Interior de Prusia Carl Severing, no dudan en pasarse a los nazis.

En 1935, Geoges Dimitrov, dirigente de la Internacional Comunista, diría: «¿Era inevitable la victoria del fascismo en Alemania? No, la clase obrera alemana pudo haberla impedido. Pero, para ello, tenía que haber conseguido establecer el frente único proletario antifascista, obligar a los jefes de la socialdemocracia a poner fin a su cruzada contra los comunistas y aceptar las reiteradas proposiciones del Partido Comunista sobre la unidad de acción contra el fascismo. No tenía que haberse dado por satisfecho ante la ofensiva del fascismo y la gradual liquidación de las libertades democrático-burguesas por la burguesía, con las hermosas resoluciones de la socialdemocracia, sino que debió responder con una verdadera lucha de masas que estorbase la realización de los planes fascistas de la burguesía alemana.» Esa es también la opinión del gran historiador alemán Kurt Gossweiler, especialista del fascismo. Por desgracia, los socialdemócratas no lo vieron así.

Nota:

¹Se refiere a los socialdemócratas.

Herwig Lerouge
Traducido por Diego Doña Solar
Trabajo de Bélgica
La Mancha Obrera

No hay comentarios:

Publicar un comentario

«¡Pedimos que se evite el insulto y el subjetivismo!»