«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

lunes, 26 de octubre de 2015

La «autogestión» yugoslava: teoría y práctica capitalista; Enver Hoxha, 1978

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«Nuestro amigo Kardelj trata en vano de minimizar el efecto negativo de la aceptación abierta del derecho a la propiedad privada podría tener incluso en la forma de producción a pequeña escala, que, como dice Lenin «da a luz el capitalismo cada día y a cada hora». Los revisionistas yugoslavos han promulgado leyes especiales para favorecer la economía privada, las leyes que reconocen el derecho de los ciudadanos a «fundar empresas» y «contratar mano de obra». (…) La pequeña propiedad privada domina plenamente en la agricultura yugoslava, donde ocupa el 90 % de la superficie de las tierras cultivables, 9 millones de hectáreas pertenecen al sector privado, y 1,15 millón de hectáreas, es decir el 10 % de la superficie total de las tierras de cultivo salen del sector capitalista monopolista. Más de 5 millones de campesinos en Yugoslavia se dedican a cultivar tierras de propiedad privada. El campo yugoslavo nunca se ha embarcado en el camino de una verdadera transformación socialista. Kardelj no tiene una palabra con respecto a esta situación en su libro y le evita tener que tratar con el problema de cómo su sistema de «autogestión» se extiende a la agricultura. Sin embargo, si se pretende que el socialismo se construya a través de este sistema, entonces ¿cómo es posible que dicho sistema y la influencia directa de sus dirigentes hubieran olvidado de «construir el socialismo» en la agricultura que representa casi la mitad de la economía? La teoría marxista-leninista nos enseña que el socialismo se edifica tanto en la ciudad como en el campo, pero no teniendo como base la propiedad del capitalismo de Estado, la propiedad supuestamente administrada por los grupos de obreros, o la propiedad abiertamente privada, sino solamente teniendo como base la propiedad social socialista de los medios de producción». (Enver Hoxha; La «autogestión» yugoslava: teoría y práctica capitalista, 1978)


Introducción de «Bitácora (M-L)»

El documento es una traducción nuestra de la obra de Enver Hoxha publicada en inglés en el Tomo V de sus Obras Escogidas. Dicha obra escrita en 1978 se reduce a una exposición clara e irrebatible sobre el revisionismo titoista y específicamente sobre su cacareada «autogestión»; y en si es una refutación al documentos escrito por Kardelj un año antes, y a las aventuras de la dirección yugoslava como es el caso de la influencia titoista en el ascenso de elementos como Gomułka o Nagy.

El primer capítulo consta de una breve pero precisa introspectiva sobre la historia del titoismo, debe tenerse en cuenta que es un resumen y que por tanto no se cubren ninguno de los puntos con demasiada profundidad ya que el tema central es la llamada «autogestión», para un ahondado estudio del titoismo ya hemos publicados y publicaremos más material específico.

En el segundo capítulo es una demostración de a donde ha conducido la llamada «autogestión» en la economía; a la llevada a la praxis de una teoría anarco-sindicalista que no borraba al capitalismo como tal; que nunca emprendió la colectivización del campo; además del interés de los imperialismos en mantener este sistema a base de créditos con la consecuente conversión del país en una semicolonia, además de la reproducción de los mismo síntomas de crisis económica de otros países capitalistas.

En el tercer capítulo se muestra conceptos anarquizantes de la dirección yugoslava sobre el Estado lo que condicionó que promulgaran en sus «documentos» una serie de «barbaridades teóricas», siempre bajo la supuesta pluma del marxismo o en favor de la «innovación» de dicha doctrina.

Continuando con el cuarto capítulo del libro, se verá otro de los puntos claves a la hora de desmontar el papel no ya «marxista» sino «revolucionario» del titoismo y más concretamente de la extensión del sistema de «autogestión» al partido obrero comunista. Por todo esto, y mucho más, el siguiente fragmento es suficiente para deducir el carácter antiproletario de las políticas llevadas a la práctica por el titoismo, y su grave daño al proletariado mundial privándole de su partido, y de sus correctas funciones, mediante la intoxicación propagandística a las masas sobre lo que no es un partido comunista.

En el quinto y último capítulo se evidencia el barniz burgués de las teorías titoistas sobre la sociedad socialista y la sociedad burguesa, sobre la democracia burguesa y la democracia proletaria. En especial sale a flote el papel del Frente como portador en la sociedad yugoslava de la vía hacía la total disipación del Partido Comunista en la sociedad, técnica ya denunciada por la Kominform en 1948. E incluso se desvirtúa la relación entre las organizaciones de masas –como los sindicatos– y el Partido Comunista. La forma en que se trata la religión da a conocer el bardaje burgués de su pensamiento.

Notas

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