«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

domingo, 24 de febrero de 2013

El revisionismo jruschovista y la desintegración de la Unión Soviética (Fragmento de libro)

He aquí un documento imprescindible para comprender en buena medida algunas de las causas fundamentales de la desintegración del campo socialista… Especial atención a la crítica dedicada a eso que llamarón ‘La transición pacífica’


El significado de los ataques de Jruschov contra Stalin

El XX Congreso del PCUS (1956) supuso el primer paso en la vía revisionista emprendida por la dirección jruschovista, que llegó al poder tras la muerte de José Vissarionovich Stalin en 1953. Bajo el pretexto de “combatir el culto a la personalidad”, en aquel Congreso Jruschov lanzó en su discurso ‘secreto’ un ataque feroz contra Stalin, al que acusó de sufrir “manía persecutoria”, cosa que satisfacía con una “arbitrariedad brutal”, recurriendo a “la represión y el terror de masas”; le acusó de ser alguien que “conocía el país y la agricultura únicamente por las películas” y que “dirigía operaciones militares a partir de un globo terráqueo”, y cuyo liderazgo “se convirtió en un serio obstáculo para el desarrollo social soviético”.

Pero había una clara intención detrás de estas delirantes palabras. Los ataques de Jruschov contra Stalin, y sus intentos por describirlo de la forma más sombría, sólo se pueden explicar por su aversión personal hacia él. Stalin lideró al pueblo soviético durante tres décadas repletas de enormes dificultades y logros memorables, contra enemigos internos y externos, en una heroica lucha por la construcción socialista y por defender y consolidar el primer Estado socialista de la historia, alcanzando la gloria con la victoria en la Gran Guerra Patria del pueblo soviético contra las hordas fascistas del imperialismo hitleriano. Durante aquel largo periodo al frente de la dirección del PCUS, Stalin combatió con abnegación las tergiversaciones oportunistas del Marxismo Leninismo. Al defender las enseñanzas revolucionarias de la ciencia Marxista Leninista, Stalin contribuyó a enriquecer la teoría y la práctica de la ciencia de la revolución proletaria. Al atacar a Stalin en el XX Congreso del PCUS, en realidad Jruschov estaba atacando la dictadura del proletariado y las enseñanzas fundamentales del Marxismo Leninismo -unas enseñanzas que, durante toda su vida, Stalin defendió y enriqueció de forma brillante. Ésta es la verdadera esencia de los ataques de Jruschov contra Stalin. No es casualidad, por tanto, que en aquel Congreso, Jruschov repudiara el marxismo-leninismo en algunas cuestiones de principios, que las que hablaré brevemente.

Los ataques contra Stalin y las tesis avanzadas por Jruschov en el XX Congreso del PCUS sirvieron para desacreditar a la Unión Soviética, a la dictadura del proletariado y al comunismo en general, y fueron motivo de alegría para la burguesía imperialista y sus agentes en el seno del movimiento obrero -es decir, los revisionistas, los trotskistas y los socialdemócratas- al ofrecerles un arma para minar el prestigio y la influencia del Movimiento Comunista en el mundo. El informe ‘secreto’ de Jruschov sirvió de ariete para atacar la fortaleza comunista; facilitó a los imperialistas un argumento para desatar una campaña mundial contra la Unión Soviética, el comunismo así como los movimientos de liberación nacional en todo el mundo; de hecho, les dio una oportunidad para proclamar la “transición pacífica” hacia el capitalismo en la URSS.

Henchidos de arrogancia, los titistas se volvieron cada vez más agresivos, y haciendo gala de su ‘anti-estalinismo’ reaccionario, atacaron al sistema socialista y a la dictadura del proletariado con un discurso sensacionalista, afirmando que el XX Congreso del PCUS “había creado suficientes elementos” para emprender el “nuevo curso” que Yugoslavia había iniciado, y que “la cuestión está ahora en saber si se impondrá este nuevo curso o si volverá a imponerse el curso del estalinismo” (discurso de Tito en Pula, 11 de noviembre de 1956).

El discurso de Jruschov le dio un balón de oxígeno a los otros renegados del comunismo, es decir, los trotskistas, que así consiguieron salir de la desesperada situación en que se encontraban. Estos contrarrevolucionarios, agentes de la burguesía, retomaron con fervor su actividad al servicio de las clases explotadoras. En su Manifiesto a los trabajadores y pueblos del mundo entero, la denominada IV Internacional declaraba:

“Hoy, cuando los mismos líderes del Kremlin están reconociendo los crímenes de Stalin, reconocen implícitamente que la infatigable lucha llevada a cabo por (…) el movimiento trotskista mundial contra la degeneración del Estado obrero, estaba totalmente justificada.”

Lógicamente, el discurso ‘secreto’ de Jruschov generó una gran confusión en el seno del Movimiento Comunista Internacional, sobre el que cayó un diluvio de ideas revisionistas. Al dar luz verde para los elementos contrarrevolucionarios de los países socialistas, la diatriba anti-Stalin de Jruschov condujo directamente a la revuelta contrarrevolucionaria de Hungría en 1956.

La transición pacífica

En el XX Congreso del PCUS, Jruschov avanzó la tesis de “transición pacífica” hacia el socialismo, con el pretexto de que se habían dado “cambios radicales” en la situación internacional. Mientras mantenía que la vía de la Revolución de Octubre había sido “el único camino correcto en aquellas condiciones históricas”, afirmó que, debido a los cambios ocurridos desde aquella época, se había hecho posible la transición del capitalismo al socialismo “por la vía parlamentaria”. Esta tesis de Jruschov era claramente una revisión de las enseñanzas del marxismo-leninismo sobre el Estado y la revolución, y un claro rechazo del significado universal de la vía de la Revolución de Octubre.

Según Jruschov, el proletariado estaba en condiciones de obtener una mayoría estable en el parlamento, aún bajo el dominio del régimen burgués y de sus leyes electorales. “La clase obrera”, en los países capitalistas, “al unir en torno a ella al campesinado pobre, a la intelectualidad, a todas las fuerzas patrióticas, y rechazando de forma decidida a los elementos oportunistas incapaces de abandonar la política de compromiso con los capitalistas y los terratenientes, está en condiciones de derrotar a los elementos reaccionarios opuestos a los intereses populares, de obtener una mayoría estable en el parlamento.” (N.S. Jruschov, Informe al XX Congreso del PCUS, Febrero de 1956).

Jruschov equiparó la conquista por parte del proletariado de una mayoría estable en el parlamento con la toma del poder y la destrucción del aparato de Estado burgués. Para el proletariado, “la obtención de una mayoría en el parlamento y su transformación en un órgano de poder popular, mediante un poderoso movimiento revolucionario en el país, implica la destrucción de la maquinaria burocrático-militar de la burguesía y el establecimiento de un nuevo Estado proletario popular bajo una forma parlamentaria”. (Para nuevas victorias del movimiento comunista internacional, del discurso de Jruschov en el Encuentro de Organizaciones del Partido en la Escuela Superior del Partido, Comité Central del PCUS, 6 de enero de1961).

Después, Jruschov afirmó que la obtención de una mayoría estable “podría crear, para la clase obrera de ciertos países capitalistas, las condiciones necesarias para lograr cambios fundamentales” y “asegurar la transferencia de los principales medios de producción a manos del pueblo”. (Informe al XX Congreso).

Ya en 1852, basándose en la experiencia histórica de la Revolución Francesa de 1848-1851, Marx había llegado a la conclusión de que, puesto que todas las revoluciones anteriores habían perfeccionado la maquinaria estatal burguesa, la tarea de la revolución proletaria era “destruir” el “aparato burocrático-militar”. Tras la Comuna de Paris, Marx dijo: “Una cosa ha sido especialmente demostrada por la Comuna, a saber, que la clase obrera no puede limitarse a tomar posesión de la máquina estatal existente y usarla en su proprio interés”.

Desde entonces, la experiencia histórica ha confirmado plenamente esta tesis. Desafiando las enseñanzas del marxismo sobre el Estado y sobre la cuestión de la relación de la revolución proletaria con el Estado burgués, Jruschov difundió aquella charlatanería sobre la vía parlamentaria, pacífica, hacia el socialismo.

Cuando la camarilla jruschovista consolidó su posición en el XX Congreso del PCUS, los revisionistas soviéticos pudieron introducir la tesis sobre la transición pacífica y otras muchas tesis erróneas en el programa del PCUS.

No había nada novedoso en las tesis de Jruschov sobre la ‘transición pacífica’. No eran más que un refrito de las viejas tesis revisionistas de Bernstein y Kautsky, viejos traidores del marxismo, que al apoyar la vía legal y pacífica hacia el socialismo, se opusieron con violencia a la revolución violenta (disculpen el juego de palabras), a la destrucción de la máquina del Estado burgués y a su sustitución por la dictadura del proletariado. Bernstein afirmaba que el capitalismo podía “evolucionar hacia el socialismo” de manera pacífica y que el sistema político de la moderna sociedad burguesa “no debería ser destruido sino simplemente desarrollado”. En sus tiempos, Bernstein decía: “ahora estamos logrando, mediante el voto, las manifestaciones y otros medios de presión similares, unas reformas que hace cien años habrían requerido una revolución sangrienta.” (Eduard Bernstein, Las condiciones previas para el socialismo y las tareas del Partido Socialdemócrata Alemán).

Según Bernstein, la vía parlamentaria era suficiente para realizar la transición hacia el socialismo; la conquista del sufragio universal por parte de la clase obrera le proporcionaba las condiciones necesarias para su emancipación; y llegaría un día en que la fuerza numérica de la clase obrera sería tan grande que la clase dominante no podría resistir la presión, y el capitalismo de derrumbaría de forma semi-espontánea.

Lenin denunció las tesis del renegado Bernstein con estas palabras: “Los bernsteinianos aceptaron y aceptan el marxismo, con excepción de su aspecto directamente revolucionario. No consideran la lucha parlamentaria como una herramienta de lucha adecuada para determinados periodos históricos, sino como el principal y casi como la única forma de lucha, volviéndose innecesarias las palabras ‘violencia’, ‘toma del poder’ y ‘dictadura’. ” (V.I. Lenin, ‘La victoria de los Cadetes y las tareas del partido obrero’).

Karl Kautsky fue otro digno sucesor de Bernstein. También defendía a capa y espada la vía parlamentaria, y se opuso con vehemencia a la revolución violenta y a la dictadura del proletariado. Kautsky avanzó la tesis según la cual el sistema democrático burgués “ya no requiere la lucha armada para solucionar los conflictos de clase” (K. Kautsky, La interpretación materialista de la historia, 1927). Según Kautsky, era ridículo propugnar un derrocamiento político mediante la violencia, y atacaba a Lenin y al Partido Bolchevique comparándolos con “una comadrona impaciente, que usa la violencia para hacer que una mujer preñada dé a luz en el quinto mes en vez de en el noveno.” (K. Kautsky, La revolución proletaria y su programa).

La siguiente declaración de Kautsky condensa todo su cretinismo parlamentario:

“El objetivo de nuestra lucha política sigue siendo, hasta la fecha, la conquista del poder estatal mediante la obtención de una mayoría en el parlamento, y transformar el parlamento en amo del gobierno.” (K. Kautsky,‘Nuevas tácticas’).

Lenin criticó el cretinismo parlamentario con estas fulminantes palabras:

“Sólo unos canallas o unos estúpidos pueden creer que el proletario debe ante todo conquistar la mayoría en las elecciones realizadas bajo el yugo de la burguesía, bajo el yugo de la esclavitud asalariada, y que sólo después debe conquistar el poder. Esto es el colmo de la estulticia o de la hipocresía, esto es sustituir la lucha de clases y la revolución por las elecciones bajo el viejo régimen, bajo el viejo poder.” (V.I. Lenin “Saludo a los comunistas italianos, franceses y alemanes.”).

Según Lenin, la vía parlamentaria que defiende Kautsky, “es el más puro y el más vil oportunismo, es y a renunciar de hecho a la revolución acatándola de palabra”. (V.I. Lenin, El Estado y la revolución).

Y, en otra obra, Lenin dice:

“Cuando Kautsky ‘interpreta’ el concepto de “dictadura revolucionaria del proletariado” de tal modo que desaparece la violencia revolucionaria por parte de la clase oprimida contra los opresores, bate el récord mundial de desvirtuación liberal de Marx.” (V.I. Lenin, ‘La revolución proletaria y el renegado Kautsky’).

El Marxismo Leninismo nos enseña que la cuestión fundamental de todas las revoluciones es la del Estado. Nos enseña, y la experiencia lo confirma, que la clase dominante nunca renuncia al poder de forma voluntaria. Incluso durante un periodo de crisis, el antiguo régimen no cae por sí sólo debe ser derrocado. Podría pensarse que esta ley universal de la lucha de clases es tan obvia que no es necesario recordarla. Es de sobra conocido que toda revolución supone grandes sacrificios por parte de la clase revolucionaria. Renunciar a la revolución bajo el pretexto de evitar sacrificios es lo mismo que pedirle a las clases explotadas que acepten la esclavitud, el dolor y el sacrificio ilimitados como un destino inevitable; por otra parte, los dolores de parto de una revolución no son nada, en cuanto a sufrimiento se refiere, en comparación con la agonía crónica que supone vivir bajo el capitalismo. En palabras de Lenin, “Incluso durante el curso más pacífico de los acontecimientos, inevitablemente, el sistema [capitalista] actual acaba imponiendo sacrificios a la clase obrera”. (V.I. Lenin, 'Otra masacre', 5 de junio de 1901).

En repetidas ocasiones, Lenin subrayó la inevitabilidad de “la guerra civil, sin la cual ninguna gran revolución en la historia ha podido llevarse a cabo, y sin la cual ningún marxista que se precie ha concebido la transición del capitalismo hacia el socialismo.” (V.I. Lenin, ‘Palabras proféticas’).

Lenin señaló que un largo periodo de “dolores de parto” separa el socialismo del capitalismo, que la violencia siempre juega el papel de partera en el nacimiento de la nueva sociedad, desde las entrañas de la vieja sociedad, y que el Estado burgués “no puede sustituirse por el Estado proletario (por la dictadura del proletariado) mediante la “extinción”, sino sólo, por regla general, mediante la revolución violenta”, y que “la necesidad de educar sistemáticamente a las masas en esta, precisamente en esta idea sobre la revolución violenta, es algo básico en toda la doctrina de Marx y Engels”. (V.I. Lenin, El Estado y la Revolución).

Sólo aquellos que sufran de la incurable enfermedad del ‘cretinismo parlamentario’, que priva de “todo sentido, toda memoria, toda comprensión de la cruda realidad exterior”, pueden defender la tesis de la transición pacífica hacia el socialismo. En las condiciones actuales de imperialismo capitalista, de militarismo sin precedentes, de estrangulamiento de las naciones oprimidas y los países débiles, de furiosa lucha entre países imperialistas por el reparto del mundo, “... la sola idea de querer subordinar pacíficamente a los capitalistas a la voluntad de la mayoría de los explotados, de la transición pacífica, reformista hacia el socialismo, no sólo es de un filisteísmo extremo, sino también un engaño total y absoluto a los trabajadores; es el embellecimiento de la esclavitud asalariada del capitalismo, una ocultación de la verdad. La cuestión de fondo es que la burguesía, incluso la más educada y democrática, ya no duda en recurrir a cualquier crimen o fraude, a masacrar a millones de obreros y campesinos a fin de salvar la propiedad privada de los medios de producción. Sólo el derrocamiento violento de la burguesía, la confiscación de su propiedad, la destrucción de toda la maquinaria estatal burguesa, de abajo a arriba -parlamentaria, judicial, militar, burocrática, administrativa, municipal, etc., cosa que conlleva incluso la deportación o el internamiento de por vida de los explotadores más peligrosos y recalcitrantes- poniéndolos bajo estricta vigilancia, a fin de combatir sus inevitables intentos por resistir y restaurar la esclavitud capitalista -sólo medidas de este tipo pueden asegurar una subordinación real de toda la clase explotadora.” (V.I. Lenin, Tesis sobre las tareas fundamentales en el Segundo Congreso de la Internacional Comunista, 4 de Julio de 1920).

Esto es lo responde Stalin ante la pregunta de si podría realizarse de forma pacífica una transformación sustancial del capitalismo, sin revolución violenta y sin dictadura del proletariado:

“Obviamente no. Quien crea que semejante revolución puede llevarse a cabo pacíficamente, sin salirse del marco de la democracia burguesa, adaptada a la dominación de la burguesía, ha perdido la cabeza y toda noción del sentido común, o bien reniega cínica y abiertamente de la revolución proletaria.” (Stalin, Cuestiones del Leninismo).

Así se expresaba Mao Zedong sobre esta cuestión en su artículo ‘Problemas de la guerra y la estrategia’, siguiendo las enseñanzas del marxismo-leninismo y de la experiencia de la revolución china (entre otras experiencias), “La toma del poder por las armas, la resolución de las contradicciones mediante la guerra, es nuestra principal tarea y es la más elevada forma de la revolución. Este principio marxista-leninista de la revolución tiene validez universal, tanto en China como en todos los demás países.” (Mao Zedong, Problemas de la Guerra y la Estrategia).

Y más adelante:

“La experiencia de la lucha de clases, en la época del imperialismo, nos enseña que sólo mediante el poder del fusil pueden el proletariado y las masas laboriosas derrotar a la burguesía y a los terratenientes armados; en este sentido, podemos decir que sólo se puede transformar el mundo con las armas.” (ibíd.).

Fueron aquellas enseñanzas elementales del Marxismo Leninismo, plenamente corroboradas por la experiencia histórica, las que traicionó el revisionismo jruschovista.

Lenin subrayó una y otra vez que, debido a sus rasgos económicos fundamentales, el imperialismo se caracteriza “por un mínimo apego a la paz y la libertad, por un desarrollo máximo del militarismo en todas partes. No advertir esto, hablando de lo típico o de lo probable que es una revolución pacífica o violenta, es rebajarse al nivel del más adocenado lacayo de la burguesía.” (Lenin, La Revolución Proletaria y el Renegado Kautsky).

En una momento en que un pequeño grupo de países imperialistas, principalmente los Estados Unidos, tienen cientos de bases militares en todo el mundo; en un momento en que, por sí solo, el imperialismo estadounidense destina 540 billones de dólares al año (23 000 dólares por segundo) a su presupuesto militar -suma que se ha de añadir al gasto militar global; en un momento en que cientos de miles de soldados imperialistas están ocupando países extranjeros y librando guerras de rapiña, matando a millones de hombres, mujeres y niños inocentes, como sucede en Irak, Afganistán y Palestina; en un momento en que el imperialismo, en connivencia con los regímenes más autocráticos, dictatoriales y medievales, está haciendo todo lo posible para ahogar las luchas de liberación nacional y por la revolución proletaria; en un momento en que las potencias imperialistas, armadas hasta los dientes, están preparadas para ahogar en sangre las luchas revolucionarias en su propio país y en el extranjero - en estas circunstancias, hablar de vías parlamentarias, pacíficas, hacia el socialismo, como hacen los revisionistas, entre los que incluimos a nuestros propios revisionistas del Partido Comunista Británico (PCB), es una muestra de locura, es repudiar abiertamente la revolución proletaria.

Evidentemente, por su propia naturaleza, aquellos que sufren de la incurable enfermedad del “cretinismo parlamentario, enfermedad que aprisiona como por encantamiento a los contagiados en un mundo imaginario, privándoles de todo sentido, de toda memoria, de toda comprensión del rudo mundo exterior”, no pueden sino apoyar la vía pacífica, parlamentaria, hacia el socialismo. (Karl Marx, El 18 Brumario de Luís Bonaparte).

Naturalmente, mientras subrayan la necesidad de la revolución violenta para derrocar a la burguesía, los Marxistas Leninistas siempre reconocen la necesidad, en determinadas circunstancias, de la participación del proletariado en la lucha parlamentaria. Pero el objetivo de tal participación es la utilización del parlamento como medio para desvelar la naturaleza reaccionaria, podrida y anticuada del sistema burgués, y para educar a las masas y no para sembrar ilusiones sobre la ‘transición pacífica al socialismo’. En otras palabras, el proletariado participa en la escena parlamentaria con el único propósito de utilizar el parlamento para desenmascarar el parlamentarismo burgués.

En palabras de Lenin: “El partido del proletariado revolucionario debe participar en los parlamentos burgueses a fin de esclarecer a las masas; esto se logra durante las elecciones y a través de la lucha entre partidos en el parlamento. Pero limitar la lucha de clases a la lucha parlamentaria, o considerar esta última como la forma superior y decisiva de lucha, a la que están subordinadas todas las demás formas de lucha, es una auténtica deserción al campo de la burguesía, contra el proletariado.” (Lenin, La Asamblea Constituyente y la Dictadura del Proletariado).

En vista de lo anteriormente expuesto, queda claro que aquellos que abrazan los ideales del comunismo, aquellos que están comprometidos con la emancipación del proletariado, y por tanto con la liberación de la humanidad, no pueden sino estar en total acuerdo con las palabras finales del Manifiesto Comunista:

“Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar. ¡PROLETARIOS DE TODOS LOS PAISES, UNIOS!”

Una vez consolidada su posición tras el XXII Congreso del PCUS (octubre de 1961), la camarilla jruschovista sistematizó la línea que había seguido desde el XX Congreso, cuya esencia era la “transición pacífica”, la “competición pacífica” y la “coexistencia pacífica”. El XX Congreso adoptó un programa abiertamente revisionista, que además de hacer énfasis de manera unilateral en las posibilidades de la transición pacífica, y de caracterizar la coexistencia pacífica como principio general de la política exterior de la Unión Soviética, sustituyó el concepto de dictadura del proletariado por el de Estado de todo el pueblo, y el concepto de partido del proletariado por el de partido de todo el pueblo. Sustituyó la teoría marxista-leninista de la lucha de clases por el humanismo burgués y los grandiosos ideales del comunismo por las consignas burguesas de libertad, igualdad y fraternidad. Aquel era un programa que se caracterizaba por su oposición a la revolución y a la continuación de la revolución en los países socialistas; era, de hecho, un programa para garantizar la restauración del capitalismo, cuya consecuencia final, desgraciadamente, fue el derrumbamiento del socialismo en la Unión Soviética y los países socialistas de Europa central y oriental, así como un enorme retroceso para la revolución proletaria y los movimientos de liberación nacional.

El revisionismo jruschovista y la desintegración de la Unión Soviética


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