«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

martes, 20 de noviembre de 2012

De Stalingrado a Gaza con amor


Benjamín Netanyahu está hecho de un material diferente al de Barack. A diferencia de Barack, que está obsesionado con la banal aplicación del poder militar, Netanyahu está preocupado por el poder de disuasión y también es lo bastante inteligente para darse cuenta de que las consecuencias de una invasión terrestre de la Franja de Gaza puede significar la total erradicación de este tipo de poder. Un despliegue a gran escala de infantería es una cosa complicada. Daría lugar a violentos enfrentamientos con civiles hostiles en un territorio urbano densamente poblado, interminables casos de crímenes de guerra inevitables y de lesa humanidad, la condena internacional, el conflicto inevitable con los aliados de Israel y así sucesivamente. Además, este tipo de escalada pondrá en evidencia, una vez más, la capacidad de recuperación de la sociedad palestina, a diferencia de los vulnerables israelíes. Déjame decirte, esto no es lo que Netanyahu tenía en mente hace dos semanas cuando decidió masacrar sólo a unos pocos palestinos con el fin de ganar las próximas elecciones de Israel.

Netanyahu prefiere matar a los palestinos desde lejos, arrojarles proyectiles desde los barcos de guerra israelíes, desde aviones teledirigidos o desde cazas F16. Israel tenía inicialmente un plan operativo limitado para llevar a cabo la Operación Columna de Nube (luego “Pilar Defensivo”, N. de T.). Sin embargo, sólo pasaron unas horas hasta que los generales israelíes se dieron cuenta de que habían caído en una trampa de HAMAS. Igual que en El Líbano en 2006, Israel estaba lejos de estar listo para este conflicto. No se dio cuenta de que HAMAS se ha estado preparando para esta batalla. Más temprano, hoy, vi en BBC News, ondear una bandera palestina en la parte superior de una casa en ruinas de Gaza, destrozada por Israel durante la noche. El mensaje estaba claro: HAMAS está dispuesto a convertir Gaza en un Stalingrado. Los generales israelíes se dieron cuenta, algunos de ellos son lo bastante inteligentes para comprender la suerte de sus soldados si deciden entrar en la ciudad. No están preparados para ser el ‘Sexto Ejército de Netanyahu’.

HAMAS ganó claramente esta ronda de violencia, ha logrado empujar a Israel a un rincón. Ahora los israelíes están esperando que Netanyahu y Barack disuelvan la “inmanente” amenaza de los misiles. Sin embargo, el ejército israelí no tiene una solución mágica militar excepto ofrecer una invasión terrestre total.

Pero, ¿puede el Estado judío redimirse?, ¿realmente Israel puede ganar en esta situación desesperada? Por supuesto que puede. Todo lo que necesitarían los israelíes es aprender a amar a sus vecinos, a aceptar la causa palestina, a comprender que los cohetes son en realidad una carta de amor a la tierra robada, a las ciudades, los pueblos, los campos y los huertos. Pero, ¿puede el Estado judío mirarse en el espejo y entender todo esto? ¿Puede el Estado judío comprender su pecado original, su propia realidad de entidad opresiva y saqueadora? Sí, por supuesto que puede, pero sólo si deja de ser un Estado judío.

Gilad Atzmon
Traducido para Rebelión por J. M. y revisado por Caty R.

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