«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

domingo, 25 de noviembre de 2012

A diez años de su creación ¿quién recuerda el Muro de apartheid israelí?



Es casi tres veces más alto y seis veces más largo que el de Berlín. Sin embargo, para Occidente -que fue tan sensible sobre el alemán- el Muro israelí parece ser invisible. A diez años de su creación, la indiferencia se refleja en el silencio con que los medios internacionales hacen pasar desapercibido este ignominioso aniversario.

“A fines de 2002 me encontré marchando por las calles de A-Ram, un pueblo palestino cerca de Jerusalén. La protesta era contra los planes de construir un muro en el corazón del pueblo; cuando los activistas locales me mostraron el plano del trazado, yo ingenuamente pensé que debía haber un error. Mirando alrededor veía un pueblo como cualquier otro, con casas, comercios, oficinas y escuelas a ambos lados de la calle principal. ¿Cómo podía ser que un muro fuera a construirse en medio de ellas y cortar al pueblo por la mitad? (…) Diez años después, un muro de cemento de 8 metros de altura divide a A-Ram en dos. Caminando a lo largo del muro –por la misma calle principal- ahora sólo se puede ver la mitad de las casas, de los comercios, de las oficinas y escuelas que se veía antes. El pueblo, al igual que las vidas de sus miles de habitantes, quedó partido en dos”. (Haggai Matar, activista israelí).

Objetivo: “La mayor cantidad de territorio palestino posible, con la menor cantidad de población palestina posible”

Hace exactamente diez años Israel comenzó a construir una barrera de separación entre su territorio y los territorios palestinos que ocupa. El argumento esgrimido fue –como siempre- la seguridad. No parecía difícil justificar esa decisión ante el mundo: 2002 fue el año más cruento de la segunda Intifada, que había empezado con manifestaciones masivas reprimidas sanguinariamente por Israel y continuó con una escalada de atentados suicidas palestinos.

Sin embargo, los datos crudos del Muro permiten fácilmente inferir cuál era la verdadera intención detrás de la iniciativa: la anexión y fragmentación del territorio palestino, que -al igual que la construcción de colonias judías- busca crear hechos consumados y hacer imposible la existencia de un estado palestino soberano.

En efecto, 85% del Muro está construido dentro del territorio de Cisjordania, y sólo 15% sigue la Línea Verde (frontera reconocida desde el armisticio de 1949 que despojó a los palestinos del 78% de su territorio). Su sinuosa y arbitraria ruta, que tiene más del doble de extensión que la Línea Verde, está trazada para dejar del lado israelí los principales bloques de colonias judías (ilegales según el Derecho Internacional). Cuando esté terminado, no sólo habrá fragmentado aun más el territorio palestino (ya reducido a bantustanes): también habrá partido a Cisjordania en dos mitades a la altura de Jerusalén.

Desde que Ariel Sharon anunció la construcción del Muro, su ruta oficial ha sido cambiada o su construcción detenida en distintos períodos. En ambos casos, debido a la controversia dentro de Israel sobre cuánta porción de territorio palestino se debía anexar, o a que las demandas judiciales de las comunidades afectadas llevaron a la Corte Suprema de Israel a frenar la construcción mientras estudiaba los reclamos. En casos excepcionales (los más emblemáticos: Budrus y Bil’in, por la inclaudicable lucha de sus habitantes) la Corte ordenó que la ruta del Muro fuera cambiada para devolverle a las comunidades palestinas una porción (nunca la totalidad) de la tierra robada.


¿Seguridad o anexión?


El Muro y su ruta también fueron motivo de debate entre los distintos grupos de interés en Israel: los colonos más extremistas se oponían a su construcción porque significaba poner un freno a sus ambiciones de expansión ilimitada hacia el territorio palestino. Otros grupos vinculados al estamento militar afirman que al no construir el Muro sobre la Línea Verde Israel ha puesto en peligro la seguridad de sus habitantes y de las fuerzas encargadas de custodiarlo, por priorizar los intereses de un grupo específico (los colonos) en detrimento de la seguridad general.

Es que siguiendo la ruta del Muro uno se encuentra con varios lugares donde la construcción se interrumpe abruptamente y el pasaje hacia el lado israelí es relativamente fácil. Las razones por las que esos tramos no están terminados son variadas y en algunos casos desconocidas: por falta de financiamiento, porque pende una resolución judicial que podría cuestionar su ruta, o porque la resistencia palestina es muy fuerte y ha atraído la atención y condena internacional.

Algunos analistas afirman que a Israel no le conviene concluir la construcción del Muro, por la misma razón por la que aún no ha definido sus fronteras definitivas (y por eso no tiene una Constitución): hacerlo significaría renunciar al territorio al este de él y entregarlo a los palestinos, cuando todo el mundo sabe que para los gobiernos israelíes “la tierra de Israel” (Eretz Yisrael) es indivisible entre el Mediterráneo y el Jordán.

Más allá de la intención anexionista, el argumento de seguridad es débil en sí mismo: es verdad que los atentados suicidas se redujeron hasta desaparecer, pero fundamentalmente porque hubo una decisión política de la resistencia palestina de ponerles fin y elegir otras estrategias. De hecho todos los días unos 60.000 palestinos entran a trabajar en Israel (sólo la mitad con permiso legal).

Un ejemplo reciente fue el pasado mes de Ramadán: por primera vez se liberalizó el acceso a Jerusalén, y se calcula que unas 300.000 personas de Cisjordania entraron en Israel –y hasta fueron a la playa en Tel Aviv, muchas por primera vez en su vida. Incluso miles de hombres jóvenes que no obtuvieron permiso igual treparon el Muro y entraron ilegalmente sin que se registrara un solo incidente de violencia, dando la razón a lo que organismos de derechos humanos vienen sosteniendo desde hace años: someter a todo un pueblo al castigo colectivo por las acciones de un puñado de personas es una política injustificada, inhumana y racista –además de un crimen de guerra, según el IV Convenio de Ginebra.


 *El Muro en el checkpoint de Qalandiya (entrada norte a Jerusalén) durante Ramadán (Activestills).


 *El Muro cerca de Al-Wallajah. Jerusalén al fondo (Oren Ziv, Activestills)


    *Tierras de Budrus robadas por la cerca electrónica; detrás, Tel Aviv (Ruth Edmonds)


*La ciudad de Qalqiliya totalmente rodeada por el Muro. Comparar la Línea Verde con la ruta del Muro (en rojo). En azul, los bloques de colonias judías arbitrariamente ‘del lado israelí’ (B’Tselem).


*Uno de los puntos donde el Muro se interrumpe abruptamente (Oren Ziv, Activestills).


*El Muro se convierte en cerca electrónica en algunos puntos (Oren Ziv, Activestills)


*Entrando sin permiso a Jerusalén en el último Ramadán (Activestills).


Los Pueblos Hablan

No hay comentarios:

Publicar un comentario

«¡Pedimos que se evite el insulto y el subjetivismo!»